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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 21 de abril de 2014

 Blog de Julio Ortega

Diaria imagen

María Bayo

En el audio de Iberia han incluido canciones de María Bayo,  entre ellas su rendición de “Lascia Ch’io Pianga,” de Handel, que tuvo lugar memorable en la música que acompañó la muestra del Pompidou sobre la Melancolía en 2006. Lo primero es la voz. Su repertorio es tan diverso que sus seguidores la encontramos entre escenarios interpuestos; pero cuando la Bayo se deja oír a solas, como en esta aria, tiene una fuerza rendida, una seguridad de timbre, y un valor de registro que la hacen una cantante con el raro poder de pulsar sus límites, que es una de las definiciones del talento. En “Lascia” cada frase recomienza con mayor textura,  profundidad y bravado. Me gustaría poder demostrar que el registro vocálico del español revela su resonancia absorta, bajo la variante idiomática, en la ductilidad de esta voz. El español, se ha sospechado siempre, mantiene mejor el timbre plateado del latín.

 

Año de José María Arguedas en EEUU

Declaración del Año de José María Arguedas en Estados Unidos

 

Las asociaciones internacionales de profesores, grupos de investigación latinoamericanista y revistas culturales que suscriben han acordado declarar este 2011, "Año de José María Arguedas en Estados Unidos."

 

Al conmemorarse los cien años del nacimiento del gran escritor peruano, quienes trabajamos en universidades y agrupaciones culturales en Estados Unidos, queremos expresar nuestra admiración por una obra cuya fe en la creatividad cultural del mestizaje y las mezclas, son ejemplo y desafío de inclusividad, pertenencia y universalidad.

 

Convocamos al hispanismo, al latinoamericanismo multidisciplinario y a los centros culturales independientes al diálogo que postula esta celebración.

 

Julio Ortega, José Antonio Mazzotti, Raúl Bueno.

 

Grupos de trabajo y revistas que suscriben esta iniciativa: Proyecto Transatlántico de la Universidad de Brown (Providence), INTI, Revista de Literatura Hispánica (Providence College), Asociación Internacional de Peruanistas (Universidad de Tufts, Boston), Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (Universidad de Tufts), New England Council of Latin American Studies (Dartmouth College, Hanover), Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (Universidad de Pittsburgh), Revista Iberoamericana (Pittsburgh), Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York (N.Y.), Hostos Review (Nueva York), Grupo de escritores de la Revista Contratiempo (Chicago), UC-Mexicanistas (Intercampus Research Program).  Adhieren a esta declaración la Unidad de Investigación "Recuperaciones del Mundo Precolombino y Colonial en el Siglo XX Latinoamericano" y la  Revista  América sin nombre (Universidad de Alicante).

 

Providence, 31 de enero, 2011.

 

 

Fax de Frederic Amat

 

 

Recibí este Fax de Frederic Amat, uno de los artistas catalanes que inventó el lenguaje atlántico como un anudamiento transdiciplinario, poco antes de su visita; pero como ocurre a veces con la lectura, me doy cuenta hoy, leyendo su grafía, que se trata de una carta en el lenguaje con que él anotaba ya el futuro. Esta página me pareció una cita que  hacía la tinta de Amat al desborde de este siglo. Una anticipación, en efecto, que es propia  de su obra, a la cual este Fax convoca en su figura rotante, cuya constelación  pasa por la página. Es un acto que vacía la escena con su evento súbito, desplegado ya no como las palabras  en la tipografía estelar  simbolista, sino como la traza de lo efímero en trance. Esa multiplicidad reinscrita a mano es un operativo reticular. Lo transdisciplinario, se ha dicho, es el encuentro de dos disciplinas en el punto donde  se desconocen. Esa zona  indeterminada es citada, entre signos que en lugar de sumar buscan vaciar su peso semántico para tramar la forma de los reencuentros, el principio de la mezcla y la hipóesis del desencadenamiento. Esa inventiva, que en Tapies fue rastro de prodigo, y en Luis Gordillo es interioridad emotiva, se desencadena en los objetos mexicanos de Amat, monumentos de soga entretejida, en sus papeles hindúes, en sus escenarios flotantes, en sus sueños filmados; en su puesta al día, quiero decir, de una vanguardia tan memoriosa como futura.  Me ha tomado un tiempo responder este Fax de Frederic Amat. Pero tratándose del devenir siempre es tiempo de subir una  señal  de su Taller.

 

 

 

 

Prácticas de lectura asociativa

Mitologías Hoy. No. 1, enero 2011 (Universidad Autónoma de Barcelona)

El primer número de esta revista, que debemos al grupo de trabajo inspirado por Helena Usandizaga, debuta con esta declaración:

Mitologías hoy inaugura un espacio de intercambio y exploración en la cultura y la literatura de Latinoamérica, con nuevas  lecturas que buscan ser compartidas y debatidas.
 Los trabajos de este número confluyen, desde diferentes lugares teóricos, en la pregunta  sobre el relato latinoamericano como lugar de manifestación de las contradicciones y las rupturas de la modernidad y la postmodernidad, y como campo de ejercicio de estrategias tales como la parodia, la ironía y el pastiche que, a la vez que discuten y deconstruyen los relatos de la identidad y de la nación, buscan nuevas preguntas a partir de las que destruir/construir el sentido.
 Con el primer número de Mitologías hoy esperamos entrar a un terreno fértil, abierto y combativo.

Artículos

Bolognese, Chiara. “Delamanchaliteraria.blogspot.com: propuesta de un nuevo espacio para el cuento en español”.

Calafell Sala, Núria. “Hacia una poética del palimpsesto: el “extraño” caso de la literatura uruguaya seguido de un ejemplo”.

Falconí Trávez, Diego. “Fernando Vallejo: la (re)creación de Colombia a partir de las post-identidades”.

Ferrús Antón, Beatriz. “De ‘género’ dudoso: sobre la narrativa de Marosa di Giorgio”.

Mandolessi, Silvana. “¿Es posnacional la literatura argentina contemporánea? Apuntes para un debate”.

Usandizaga Lleonart, Helena. “Tres lecturas paródicas de la (de) / construcción de la nación”.

Zabalgoitia Herrera, Mauricio. “¡Mexicanos, al grito de relato! De la reescritura paródica de la nación a la negación burlesca de la patria”.

 

De las dificultades de ser jurado

En varios concursos recientes el jurado ha terminado arrojándose los libros por la cabeza incapaz de llegar al acuerdo razonable de arrojar, más bien, una moneda al aire. Como yo he sido jurado demasiadas veces, podría escribir un Manual del Jurado Ilustrado, aun si no hay concursos de autoayuda. Jura un colega que una novela concursaba con el título de “Novela para ganar este concurso.” Ya he contado que una vez un conjurado me dijo: “Me cuesta mucho votar por otro.”  Otro crítico exigió que empezáramos con la lista de concursantes excluidos; le expliqué que menos fácil era empezar haciendo la lista de incluidos. Un colega peleó por sus tres preferidos hasta el final, con lo cual, matemáticamente, perdieron los tres. ¿Alguien ha tenido a Roberto Bolaño en un jurado?  No yo, felizmente. Pero el peor jurado es aquel que se siente derrotado por la mera razón de haber perdido; y lleva para siempre una pelea personal contra el jurado, que lo incluye.  En México se anunció un concurso cuyo primer premio era un tomo del peso pesado nacional; el segundo premio, dos tomos; el tercero, su obra completa.  Contra la opinión generalizada, sí hay concursos honestos.  Ser jurado del Premio Rómulo Gallegos es un trabajo de tiempo completo: debes leer a prisa cientos de novelas antes de que te llenen el piso.  En otro certamen, bajando en el ascensor del hotel a la última sesión, donde abriríamos la plica y sabríamos, por fin, el nombre del ganador, sentí la zozobra del juicio literario: esa incertidumbre en la cual el jurado, por suerte, es un concursante gratuito.  Es duro ser jurado, pero se aprende.

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[Publicado el 14/3/2011 a las 14:07]

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Conversaciones con Mariano Picón Salas


Todo lector conversa con sus autores favoritos pero supongo que hay uno con el cual seguramente tú preferirías charlar.  De los grandes ensayistas de la lengua española, a mi me hubiese gustado conversar  con Mariano Picón Salas (Venezuela, 1901-1965). Leyéndolo a lo largo de los años, he podido  reconocer, entre tantas voces, la entonación de la suya, distintiva; y volver a sus páginas como quien retoma la charla, en español siempre interrumpida. La suya es una conversación a la vez plena y gentil; llena de actualidad aunque sabiamente desasida de las opciones de turno; sutil y compleja en su análisis y, a la vez, ajena a todo énfasis. Este es el español que hablaríamos cuando estuviésemos en paz con el otro. Es una conversación que nos imagina como interlocutores hechos en la inteligencia de la atención, donde el lenguaje nos hace mutuos. Si Borges es responsable de haber renovado el ejercicio de la lectura, al conferirle el poder de la duda y la ironía; Picón Salas debe ser responsable de haber renovado la interlocución, al convertirnos en dialogantes en el proyecto de encender , en español,  la modesta realidad que nos ha tocado.


De allí que las grandes y durables virtudes de este escritor no se impongan nunca al lector. Sus afirmaciones están matizadas por el protocolo de la opinión; es decir, por la discreción y la excusa, por el relativismo de la afirmación personal y subjetiva. Le molestaba lo que llamó el “yoismo,” esa primera persona que dice “yo” como quien da un puño en la mesa. Jamás sus opiniones son imperiosas ni buscan encimar las de otros, ni pretenden cambiar las nuestras.. Por eso, uno extraña la mesura de esa voz familiar,ahora que predominan los juicios encarnizados, el imperativo de la verdad única, y la promiscuidad opinadora. En su “Pequeña confesión a la sordina” (1953) escribió: “Y como son las palabras las que producen las más enconadas e irreparables discordias de los hombres, a veces he cuidado- hasta donde es posible- la sintaxis y la cortesía, con ánimo de convencer más que de derribar.” La sintaxis y la cortesía: ese sería el lema de este ensayista discreto. Porque si la sintaxis es el orden del mundo en el lenguaje, esto es, el espíritu geométrico que da razón del mejor entendimiento;  la cortesía es el orden de la sociedad en el diálogo, el principio ético de reconocer el turno del otro en el nuestro.

Escribiendo sobre el Nuevo Mundo, Montaigne lamentó alguna vez que Platón se hubiese perdido las noticias del descubrimiento de América. Pero, en verdad, no lo lamentaba por Platón sino por él mismo, porque se había perdido conocer sus reacciones y comentarios. Montaigne hubiese querido compartir la mesa de Platón para charlar sabiamente a gusto sobre tan grandes noticias. Porque parecía echar de menos una dimensión arquetípica del conocimiento: la intimidad de la charla, esa escena original del asombro pensado. Muchas veces, Picón Salas parece necesitado de conversar con los héroes culturales del pasado. Y lo hace, en efecto, con Francisco de Miranda, Andrés Bello, Rubén Darío, José Martí, Domingo Faustino Sarmiento… Pero está libre de la superstición biografista, y revela su estirpe intelectual en su interés central: las ideas, los movimientos estéticos, los fenómenos históricos. En definitiva, la historia de la cultura como diálogo creativo, que nos remonta al pasado pero para enriquecer nuestro presente y no para pasarle los cargos de los desbalances actuales, de los que somos responsables. 

Por eso se puede decir que Picón Salas, en sus grandes libros (De la Conquista a la Independencia, 1944;  Formación y proceso de la literatura venezolana, 1940) y en sus ensayos de reflexión americanista, hizo dialogar a Hispanoamérica consigo misma y con Europa. Fue, es cierto, un historiador de la cultura, que en lugar del tratado académico utilizó el ensayo histórico, no menos erudito pero más expositivo. Escribió para un público menos especializado y más venidero, un lector que estaba aún formándose como interlocutor del mundo que le había tocado en herencia y lectura. Tiene, por ello, el equilibrio moderno entre la información y la crítica, entre la historia y el ensayo, entre la enciclopedia y el periodismo. Esas armonías no descuentan la pasión crítica, que se transparenta en la alta demanda de sus opciones estéticas, pero tampoco eluden la convicción política, que se evidencia no sólo en su condición de exiliado sino en su crítica de las dictaduras y vocación de independencia. Pero esta intimidad equilibrada que lo distingue no deja de ser una operación intelectual. Por un lado, se trata de una virtud clásica, que cultiva la noción del término medio como más justa, base además del liberalismo serio que lo distingue. Pero tambien, sus ensayos suponen una economía disciplinaria, ya que no se rinde a la especialización de los discursos y practica, desde la historia cultural, una mirada más objetiva y de largo alcance, que suma los procesos y gusta de los sumarios. Y, por lo demás, ensaya una actitud pedagógica, porque Picón Salas es un escritor que siempre tiene en cuenta al sujeto de la lectura, este hispanoamericano acabado de nacer a la biblioteca de su propio mundo. Al releerlo, uno sospecha que Picón Salas debe haber pasado un rato decidiendo donde empezar su cuento, tentado por muchos comienzos, ya que es un cuento de no acabar que incluye su propio comienzo.. 

  Hay una cierta suma fecunda en el origen venezolano de Mariano Picón Salas, que no es caraqueño sino merideño. Mérida es una antigua ciudad aristocratizante enclavada en los Andes, señorial y criolla, pero también de larga gravitación nacional y reposo letrado. Cuenta Picón Salas que los negocios paternos vinieron a menos (“Regresé a la provincia para asistir a otro drama de la consumación de la juventud: la ruina de mi familia”), y la familia sufrió ese ostracismo. En 1923, con su padre, se marcha a Chile, donde seguirá estudios de historia en el famoso Instituto Pedagógico. Fue tras la ruta del gran Andrés Bello, pero no para hacerse cargo del Código Civil sino del código de las urbanidades, Pronto empieza a enseñar y luego es empleado de la Biblioteca Nacional. El 28 se recibe de Profesor con una tesis sobre Lima en el siglo XVIII. Su aprendizaje vital se convierte en docencia americanista. El exilio es el otro polo de la identidad intelectual de Picón Salas, tan decisivo como sus orígenes. Aunque sin duda él hizo de ambas fuentes no una discontinuidad traumática sino una suma intensa. En 1936, a la caída del dictador Gómez, vuelve a su país. Hace su primer viaje a Europa con un cargo diplomático pero al año renuncia y regresa a Chile. Cuando Rómulo Gallegos es elegido presidente de Venezuela, le nombran embajador en Colombia, pero Gallegos es derrocado y vuelve a renunciar. Pasa varios años de profesor en universidades norteamericanas. Y esa es la prueba definitiva que hizo a este intelectual lo que es: toda su vida y obra ocurrirán en ese espacio de ida y vuelta, entre varios países latinoamericanos y Estados Unidos, espacio desarraigado pero propio del oficio intelectual y la independencia de un hombre cuyas adhesiones políticas estaban con la izquierda reformista de Rómulo Betancourt, esa corriente modernizadora y renovadora, que buscaba promediar entre el conservadurismo y el marxismo, con vocación continental y fe en los desarrollos nacionales. Después de la caída del dictador Pérez Jiménez, regresa en 1963 a su país y es designado embajador en México, pero enferma y retorna a Caracas, donde muere dos años después. Su obra lleva el signo de este renovado exilio: movimiento y armonía, dispersión de lo actual y reflexión articulada, intensidad política y lección clásica. 

Gracias a su concepción de una historia común,  podia ubicar la casa paterna en la memoria, la ciudad provinciana en el mapa, y el país en el futuro. Es lo que le permite, además, entender que el fenónemo literario no es solamente estético, que Doña Bárbara no es mejor que Canaima pero que Gallegos ha logrado con la primera una novela capaz de incluir al lector, al venezolano que reconoce en ella las representaciones de su propio medio como un mundo en proceso de hacerse. Le permite también reconocer, entre los primeros, el talento excepcional de Teresa de la Parra, la gran novelista de Venezuela, que sumó la tradición regional y la velada parisina en su lenguaje de criolla sutil. En la  fecunda obra de Picón Salas no sólo hay páginas de valoración e intuición, que dan la medida del crítico, sino también de permanente actualidad, que confirman al maestro. Me refiero, sobre todo, a los ensayos que dedicó al barroco. De pronto, en estos extraordinarios recuentos, Picón Salas revela un gusto íntimo por nuestras formas más audaces y menos mesuradas. Se demora con deleite en los “agudísimos sofismas” y en la “extravagante exageración” (los epítetos son de Gracián), en el desfile alegórico que en Lima incluye un carro de Apolo donde va un muñeco que representa a Góngora; pero se detiene también en la paradójica “retórica del llanto,” que dijo sor Juana. Esa “demasía” de la forma ha tenido pocos intérpretes de apetito tan cumplido. 

El español americano de este artista de la lengua incluye al lector como la parte decisiva de esa utopia discreta del siglo XX: una civilidad dialógica capaz de forjar una civilización compartida.
 
 
 

[Publicado el 06/3/2011 a las 18:23]

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Diario imaginario


 
 
 

La lectura en Granada

Abrí en la Biblioteca el tomo de la Enciclopedia para verificar el lugar de una de las batallas de la saga emancipadora. Pero leyendo la entrada me encontré ingresando a otra historia, donde los hombres eran más casuales que el lenguaje.  A veces abrir un libro es abrir una puerta que se abre al paisaje donde acontece la permanente sustitución de la mirada por lo visto. Como si al pasar una página se abriese otra dentro, dictada por el lenguaje, más libre en el libro.  

Como un espejo, el lenguaje nos lee, siendo éste factual y aquel ilusorio, si bien ambos están hechos de la misma materia, del verbo conjugado por la gran traducción de lo vivo.

Volví la página y vi en el lenguaje el libro, discurriendo silencioso en el sentido contrario, como si los libros fuesen las puertas al mundo. Esa lección de la  escritura de lo dado, que no acabaremos de leer, pero que protestamos cifrar, requiere de las palomas que laten como sílabas del día.

Como las palomas, levemente medievales,  las palabras son la súbita diferencia de lo claro, libres de la redundancia literal, esa servidumbre.

 

Traducciones del Dr. Sintaxis

No es mi antagonista, sólo un contemporáneo.

Nuestro poeta  ha hecho suya una filosofía que justifica sus inclinaciones.

Los viejos amigos son nuestros peores testigos. 

Nuestro novelista está poseído por una idea fija, y es una idea equivocada.

La razón que presumes en el Yo es la sinrazón que asumes en el Tú.

La libertad que demandas para ti me deja sin aliento.

 

Lecturas de poesía en Rosario

La poesía, concluimos, desafía el orden geométrico. Enzia Verduchi despidió a la ley de  gravedad. Ana Gorría terminó con la referencialidad.  Antoni Marí demostró que la imagen es el sello de agua del poema. Nadia Prado evocó las voces sin voz que esperan por el poema. Salimos haciendo adiós con el sombrero, mientras  el río de Rosario discurría, liviano y cierto. 

 

Feria del libro quechua

Obras de 615 autores escritas en quechua se exhibieron en la Feria Runa Simipis Quelqakunmi. Runa Simita akllay (El quechua también se escribe. Elige el quechua), que se llevó a cabo en la plazoleta Espinar del Cusco. Se presentaron también investigaciones académicas y estudios linguísticos sobre el quechua y otras lenguas nativas. “Esto es el inicio de una campaña para incentivar la lectura y escritura en quechua entre los niños en edad escolar y también entre los adultos que sólo hablan este idioma”, adviritó el escritor cusqueño Luis Nieto Degregori.  Y añado yo:  el quechua es una rama del lenguaje que a los peruanos nos han arrancado por la boca. Cuando mi país sea mundo habrán escuelas para recuperar ese bosque.  Pero no necesitamos una beca para aprenderlo. Recomiendo un Diccionario, el más vivo, si es posible del siglo XVII. Es el azogue del espejo.

 

Los lectores en 1661 según Covarrubias

Y queriendo publicar este Tesoro y sacarle a luz, temo que las lenguas de los maldicientes y mal contentadizos me lo han de volver en carbones, pero estos mismos, en manos de los sabios y bien intencionados, con el soplo de los ingenios y rectos juicios, han de encender en ellos un amoroso fuego y convertirlos en radiantes carbunclos y hermosos rubies.

 

Leído en una hoja de papel

Esta hoja de papel prueba que  el libro no morirá.

Alberga la intimidad del lenguaje que nombra, como si este papel

fuese del calendario futuro.

Porque la escritura traza su inteligencia imaginaria.

Y de la tinta fluye el verbo y en la letra reverbera, de paso.

Leyendo esta hoja que vendrá.

 

Poesía completa de Nicanor Parra

Ignacio Echeverría ha hecho un espléndido trabajo crítico al editar la Poesía de Nicanor Parra para el Círculo de Lectores. Veo en el Diccionario en linea de la RAE que el término “editor” consigna la acepción “Persona que edita o adapta un texto.” Se advierte que se trata de un artículo “enmendado,” desduzco que puesto al día. Pero al definirse editar como publicar la acepción requiere añadir que se trata de preparar, establecer o compilar. Petrarca habría agregado que se trata de restaurar con cuidado y no sin devoción. Ahora prepara Echeverría el segundo tomo, y me pregunta detalles de la antología de Parra que edité en el Fondo de Cultura Económica, donde aparezco como “compilador,” porque en México (a pesar de la acepción de “preparar una publicación” que Luis Fernando Lara consigna en su espléndido Diccionario del español usual en México) no suele usarse tal acepción.  La antología se titula Poemas para combatir la calvicie (1993). Le respondía yo a Ignacio que el título se lo pedí a Nicanor, y me lo dio con la explicación de que la poesía debería servir para algo, tendría que ser escrita por gente joven, y era, además, un título que no pondría nunca Octavio Paz. Incluye una sección de poemas inéditos, entre los cuales viene éste, que dice mucho de la ironía de sus obsesiones:

 

                      EPITAFIO            

           

            Yo soy Lucila Alcayaga
 
    alias Gabriela Mistral
 
            primero me gané el Nobel
 
            y después el Nacional

 


            a pesar de que estoy muerta
            

    me sigo sintiendo mal 

            porque no me dieron nunca 

    el Premio Municipal

 

[Publicado el 26/2/2011 a las 18:18]

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Cien años de José María Arguedas

 
 

El debate sobre los modelos de la modernidad, sus agentes y programas en un país multinacional y desigual como el Perú, tuvo en la obra de José María Arguedas (1911-1969) una lección creativa que es hoy más actual y, contra todas las apariencias, más universal. Ese debate se produjo en torno a dos ejes: las representaciones del país, debidas a las ciencias sociales; y las interpretaciones emancipatorias, elaboradas por la cultura política de la época. Sin las Utopías no habríamos tenido pasado.

El Perú remontó la crisis de la violencia terrorista y la represión militar (70 mil muertos en una “guerra sucia” que llevó al expresidente Fujimori a prisión); y debate, otra vez, su propia versión de lo moderno que es ahora más mestiza y compleja; y sólo en apariencia más legible desde el programa de una economía de extracción y exportación, cuyo horizonte es convertir la vida cotidiana en mercado. Aunque el país crece económicamente, la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción son el otro lado del bienestar, tanto como la mayor desigualdad y la pobreza endémica. Esto es, los dilemas que Arguedas confrontó en su obra, nos siguen advirtiendo sobre la destrucción del medio y de la comunidad hecha por una modernización compulsiva.

En la obra de Arguedas el mestizaje celebrado se ha vuelto universal (migratorio, transfronterizo), y es  parte hoy de un pensamiento crítico que reconstruye el espacio cultural operativo (democratizador, dialógico) entre redes de estrategia asociativa y fuerza inventiva. Sus hipótesis son una agenda de futuro.

El Perú se define en su obra como el raro lugar donde un hombre no puede hablar libremente con otro. Pero no se limitó a las evidencias y trabajó las opciones: convocar las demandas del diálogo y ampliar los límites de la comunicación es su propuesta más creativa. Por eso, forjó una representación del mercado como el espacio de la interlocución donde sería posible reapropiar la función humanizadora del diálogo. En su obra mayor, Los ríos profundos, el mercado de las “chicheras” es un espacio de intercambio empírico, donde muchas voces regionales suman la celebración de lo vivo. Ese espacio está presidido por las mujeres, por las madres, quienes convierten al mercado en esfera cultural, en plaza pública del intercambio, la individualización y la comunicación horizontal. Estas vendedoras de comida y bebida son agentes mediadores entre clases y etnias y, como tales, propiciadoras de la música y las voces  del ágape y el banquete. Son ellas las que se rebelan contra el Estado protestando el monopolio de la sal, y son por eso perseguidas por el ejército. Si el pueblo confirma su carácter de espacio cerrado al estar situado dentro de una gran hacienda, el mercadillo abre por dentro la afirmación de la cultura popular como lenguaje alterno.

En cambio, en El zorro de arriba y el zorro de abajo un lenguaje profundamente dividido encarna en el habla del tartamudo, del pescador envilecido, del burdel degradante, del loco profético. Esta división ilustra las hablas de la migración, esa formidable agencia del nuevo poder de negociación cultural. El lenguaje es oral, y la oralidad es la forma del mundo reciente. Su actualidad es indeterminada y su habitat está en construcción. 

La prostitución sitúa a la mujer en la clandestinidad del mercado como centro de la violencia de la modernización. La misma naturaleza se ha prostituído en la economía de extracción (el boom town se debe a la industria de la harina de pescado), que genera la corrupción subyacente y fatal, donde el mismo lenguaje se fractura. La novela encuentra su mejor alegato en las voces rotas de los sujetos, en la conversación que reconstruye sus historias, sus heridas, horrores y agonía. El lenguaje no es una conciencia analítica sino una zozobra confesional, una gestualidad dramática, de emotividad cruda e incierta. “Lloraba y hablaba; lloraba y hablaba,” se dice de una prostituta.

La escena dantesca de los pobres de una barriada trasladando las cruces de las tumbas de sus muertos, dramatiza la reorganización del espacio de la ciudad desde la perspectiva de la muerte. Esta escena fantasmática es conjurada por el rezo de tres mujeres: “Dios, agua, milagro, santa estrella matutina...” La oración suma motivos de los varios lenguajes del migrante: el animismo quechua, el salmo católico, el castellano reciente. El imaginario de la migración se construye desde el habla como el trayecto de una subjetividad desarraiga. No demasiado distinta fue la lengua de Dante como metáfora del exilio (la peregrinación) y la intemperie (la caída).  
 

En las cartas de suicida que Arguedas incluyó al final de su novela herida, se puede advertir que encontró albergue entre los personajes. Se asumió como parte del peregrinaje peruano, que es la forma  de su migración; y lo hizo desde la conciencia trágica, y también paradójica, del suicida que se despide protestando su fe en nosotros, sus lectores.  Se excusa de su muerte,  y nos delega su vida.

La Biblia, fragmentos del libro de Isaías y al final una epístola de Pablo, alimenta con citas y alusiones, una inquietante persuasión cristiana. En primer lugar, este plano de alusiones parece darle sentido sacrificial al padecimiento sin discurso de las víctimas de la modernización. En segundo lugar, la vehemencia enunciativa de Isaías, que resuena también tras algunos poemas de Vallejo, se aviene a la lengua desasida y tremebunda del relato. Pero, lo que es quizá más importante, este lenguaje bíblico posibilita una mediación entre la vida sin sentido y la muerte sin discurso. Ya que la representación social se agota en su propia explicación, en las evidencias; y ya que el mundo es percibido desde la subjetividad alterada por la violencia moderna, esta dimensión mítico-religiosa posibilita articular la diáspora andina como un sacrificio patente y un renacer latente. Los indios que un antecesor de Arguedas (Guamán Poma de Ayala) llamó “los pobres de Jesucrito,” son en el mapa de la migración los nuevos cristianos primitivos.

"Con el Señor hablo bien, derecho," anuncia don Esteban, declarando su independencia de la práctica religiosa pero afirmando su estirpe cristiana. En su ojo, dice, hay candela que ataja a la muerte.  El habla se levanta "contra la muerte," a la que ha jurado vencer. Esta figura de rebeldía y sacrificio parece nutrirse de la teología de la liberación, que por entonces Arguedas ha empezado a apreciar desde su diálogo con el padre Gustavo Gutiérrez. Un capítulo se cierra con la epístola de Pablo: "Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un tambor que resuena…”

Por un lado se levantan los mercados de la muerte, por otro los discursos de linaje sacro y mágico, sus fragmentos, que confrontan a la modernización desnaturalizadora con su fuerza regenerativa y su utopía comunitaria. Una utopía capaz de recuperar para lo humano el espacio revertido: contra el desierto, tan peruano, del desvalor, Arguedas nos sigue prometiendo la casa acrecentada por el mutuo hacer y el bien decir.

La intimidad religiosa de ese proyecto utópico, recorre el espacio infernal convirtiendo al lector en “hombre dialógico”. Contra la moneda del mercado, la palabra es gratuita y compartida. Pero ese gesto no es “arcaico” o “premoderno;” es, más bien, un exceso de modernidad: su promesa medida desde sus incumplimientos. Lo más moderno es lo diverso, inclusivo y plural. Porque si hubiese una sola razón, una sola verdad, un solo discurso, América Latina no tendría lugar en este mundo. José María Arguedas le dedicó la vida a esa esperanza.

 

 

 

 

 

 
 

 

 

[Publicado el 15/2/2011 a las 01:11]

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Visita a la Librería de Mala Poesía


 

A la Librería de Mala Poesía se entra por una puerta doble y noble que directamente lleva a la gran mesa de las antigüedades. Porque en esta librería profunda lo más importante no son las novedades (al fin y al cabo identificables como malas desde su populoso nacimiento por un mero cálculo de posibilidades), sino las viejas ediciones que el tiempo ha degradado, convirtiéndolas en curiosidad estrambótica, énfasis de estilo, o fantasma bibliográfico.
 
Sin embargo, la pulcritud elegante de esta librería reclama una suerte especial de atención, casi la reverencia del lector obediente.
 
Me detengo ante la mesa de raros, que son escasos y, por eso, menos valiosos.
 
Deduzco que esta librería demuestra la confesión casual de la peor literatura como otra divagación erudita. Y, por lo mismo, no está consagrada a la ironía correctiva ni tampoco a confirmar el buen gusto dominante. De otro modo, declara el carácter excepcional de la poesía, incluso de la muy mala.
 
Me demoro en la curiosa edición de un folleto bellamente impreso en París a fines del siglo XIX. No es exactamente un libro, aunque lo simula: parece uno de esos almanaques indistintos que hay que leer entre avisos publicitarios y consejos de salud. Es un panfleto estrafalario, que me gustaría tener, pero su precio es irrisorio, y dudo.
 
Sigo hacia la iluminada sala de las naciones, donde hay estantes severos para cada país. Llego a la sección francesa, dedicada a poetas grandes, menores y olvidados. La de Inglaterra está organizada según la dicción distrital de sus bardos. Previsiblemente, la estantería italiana sigue el vasto diccionario de los ismos. En cambio, España se distribuye de acuerdo a sus lenguas regionales, recargadas de juegos florales  y  premios en especies. Me sorprende la sección norteamericana, robusta y frecuente, dedicada a las variaciones biográficas del sujeto. Pero no hay ironía en esta exibición de lo peor de nosotros mismos; por el contrario, hay una resignación católica. Tal vez la cruda sal de la nostalgia.
 
Me asalta el temor de que ésta sea sólo en apariencia una librería. ¿No encubrirá a una sociedad secreta dedicada al culto perdido de la poesía? Reconozco esa presunción de la verdad como la pregunta que uno espera resolver con unos versos.
 
Amo la luz de Garcilaso, la vehemencia de John Donne, el fuego apagado de Baudelaire, el silabeo de Emily Dickinson. Ninguno de esos poetas está aquí, pero todo los reclama y al mismo tiempo los delata. Estoy solo en este templo vacío donde sobrevuelan los pájaros salvajes de la poesía de Vallejo.
 
Vuelvo a la alta estantería de la lengua española, y me sobresalta la desagradable sospecha de una revelación. Los delgados volúmenes se acomodan unos sobre otros, azorados, con la inocencia de su propio bochorno, brutal tipografia y títulos imposibles. Parecen escritos en el balbuceo de la sinceridad pueblerina, que fascinó a Stendhal.  Hasta los nombres de los poetas resuenan repetidos.
 
Algún lector truculento debe haber seleccionado estas secciones y estantes para probar la vida dudosa de la poesía en tiempos del mercado universal, la baba de la fama, y la amnesia. Los poemas malos, decía Darío, no acaban nunca.
 
No obstante, temo que estas evidencias escondan una certeza mayor. Y me retiro convencido de que la profusión iletrada promete la inteligencia de Wallace Stevens, el arrebato de Zanzotto, el arabesco de Celan, el ardor de René Char, el paladeo de Lezama Lima. Después de todo, me digo, el corazón del lector está más allá del bien y el mal, en el centro del lenguaje, puntual, como un animal contentadizo.
 
¡Pobre lector!, protesto y salgo, seducido por estas ominosas sirenas palpitantes que le prometen, bajo la luna de papel, una noche de margaritas y zafiros.
 

[Publicado el 04/2/2011 a las 21:45]

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Variaciones sobre el tema mismo

 

1. Genealogía crítica

Tesoro de Covarrubias, 1611: Primera definición

CORROMPER, del verbo Latino corrumpo, contamino, vitio, destruo. Corromper las buenas costumbres, estragarlas. Corromper los juezes, cohecharlos. Corromper los licores, estragarse, y ellos suelen corromperse. Corromperse las carnes, dañarse. Corromperse uno, es desmayar, yéndose de cámaras. Corromper las letras, falsearlas. Corromper la donzella, quitarle la flor virginal. Corrupta, la que no está virgen. Corrupción, pudrimiento. Corrupción de huessos, quando se pudren hasta los huessos, enfermedad gravíssima, y mortal. Corruptela, término forense.

Diccionario de la Lengua Castellana. RAE, tomo 2, Letra C, 1729

Las páginas 621-623 ilustran los usos de 16 variantes de Corrupción, que incluyen Corrompedor, Corrompimiento, Corruptense, Corruptabilidad, Corruptíssimo, Corruptivo y Corruptar.  El árbol barroco del concepto se alimenta de los clásicos, busca en el modelo enciclópedico razonar lo real desde la documentación, y es pródigo en casos y ejemplos. Muchos se deben al ingenio,  otros al grotesco, y algunos incluso a los esterotipos y el clima moral. 

 Góngora: Aunque sin lengua, bolsa

 

Viendo el escribano que

Dan a su legalidad

(Por ser poco el de verdad),

Nombre las leyes de fe,

Su pluma sin ojos ve,

Y su bolsa, aunque sin lengua,

Por la boca crece o mengua

Las razones del culpado,

La bolsa hecha abogado,

La pluma hecha testigo;

 

                                            Y digan que yo lo digo.

 

Santa Teresa: Tentaciones en Sevilla

No sé si el mismo clima de la tierra, que he oído siempre decir que los demonios tienen más mano allí para tentar, que se la debe dar Dios, y en ésta me apretaron a mí, que nunca me vi más pusilánime y cobarde  en mi vida que allí me hallé; yo, cierto, a mí misma no me conocía

 

(Libro de las fundaciones)

 

 

2.  Crítica del discurso

 

La crítica moderna del lenguaje es de órden ético y, por ello, político. César Vallejo, por ejemplo, postula en uno de sus poemas de París que la miseria urbana (le tocó la crisis del 29) demanda no sólo el lenguaje anti-idealista que la poesía de su tiempo asumía, sino también la urgencia del drama cotidiano como materia emotiva; el lenguaje debía elegir entre lo inmediato y lo improbable. En la aguda lectura que hace el novelista chileno Carlos Franz de El astillero de Juan Carlos Onetti, el dinero inexistente organiza el contrato social; y la corrupción se explica como el irónico mercado que desde la ilegalidad sostiene un sistema fantasmático.  Lo que equivale a decir que los límites del lenguaje son los de la pobreza.

 

Vallejo: Ética de la crisis

 

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente

¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

(Un hombre pasa con un pan al hombro)

 

Carlos Franz: La corrupción camuflada

Gálvez (en El astillero de Onetti)  le anota a Larsen en los libros de contabilidad, cada mes, un sueldo de 5.000 pesos que nunca cobrará, por supuesto, pero que suena adecuado a la dignidad de su cargo. Pronto, hambriento y humillado, Larsen acepta su parte en las ventas clandestinas de chatarra.

Espléndida imagen del discurso de la dignidad -personal e institucional- que camufla al fracaso social y económico, y la consiguiente corrupción en nuestras sociedades. Se trabaja en tareas improductivas, para cobrar un dinero que no paga lo que necesitamos. Sólo queda el recurso a la corrupción , a corrompernos -mucho o poquito- y sacar algo de lo que se corrompe en torno nuestro.

El éxito en una empresa fracasada, se me ocurre, ha de ser fracasar totalmente. Larsen lo sabe o lo sospecha (en Santa María todo saber es sospecha).

Luego de semanas o meses inverificables -el narrador nunca está seguro-, pero siempre en el invierno de este descontento, allí donde no pasa nada ocurren dos cosas súbitas: el pretendido Gerente Administrativo, el señor Gálvez, renuncia y desaparece, es decir, huye. Y el viejo Petrus es encarcelado en Santa María, acusado de emitir títulos falsos, acciones sin respaldo de capital para solventar su empresa fantasma.

Larsen va a la cárcel a ver a Petrus, y allí ocurre otra de esas paradojas que en Santa María son necesidad: Larsen se pone una vez más al servicio de este patrón de la farsa. Incluso en esas circunstancias no quiere o no puede dejar de engañarse. La razón -pero sería mejor en Santa María hablar siempre de la sinrazón- se ha expuesto a todo lo largo del libro:

(“Latinoamérica, el astilerro astillado. Una lectura de la Santa María de Onetti como metáfora latinoamericana”, www.cervantesvirtual.com/)

 

3.  Algunas respuestas

 

Algunos amigos me han hecho llegar variaciones al tema, que requeriría un Observatorio alerta para que las noticias (truculentas, a veces involuntariamente cómicas) no se borren unas a otras.

 

Alexis Márquez:  La Enciclopedia del país

El sustantivo “corrupción” está cada día más vigente en la  sociedad contemporánea. En todos los países –en unos más que en otros, pero en todos– la “corrupción”, sobre todo la de tipo administrativo, está cada vez más presente.
De esta palabra el DRAE dice, en su 4ª acepción:En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. Es esta la definición de la llamada “corrupción administrativa”.
“Corrupción”, por otra parte, es un derivado de “corromper”. Este, de origen latino (“corrumpere”), es un compuesto del prefijo “co-“ y el verbo “-romper” (en Latín “cum-” y “-rumpere”). Sin embargo, como una curiosa peculiaridad “corromper” tiene dos participios, uno regular, “corrompido”, usado sólo en la formación de los tiempos compuestos (“he corrompido”, “habrá corrompido…”), y otro irregular, “corrupto”, que empleamos sólo en oficios de adjetivo (“funcionario corrupto”, “sociedad corrupta”) o de sustantivo (“un corrupto”, “esa corrupta”). Mi amigo el escritor peruano Julio Ortega, me cuenta: “Estoy componiendo, burlas veras, un Diccionario de la corrupción, con ejemplos peruanos, ya que mi pobre país avanza en lo económico y se hunde en la corrupción”. Lástima que sea sólo con ejemplos de su país. Si fueran de Venezuela, el diccionario le resultaría una voluminosa enciclopedia.

(Caracas: Tal cual)

Mirko Lauer : Sabiduría limeña marginal

Julio, vasta tarea has asumido en lo de este lado oscuro de la lengua. Alguna vez con Enrique Carrión empezamos a imaginar un diccionario de la pendejada (en ese tiempo todavía no se hablaba de corrupción en los términos de ahora), con expresiones como "Amor con amor se paga", "Una mano lava a la otra", "Toda taza tiene su asa". Al final la lista se nos hizo larga, y los dichos de la pendejada empezaron a confluir extrañamente con los dichos de otras formas de sabiduría marginal. El proyecto se diluyó entre los cafés cortados del Haití de esa época. Ahora renace en un contexto menos claro.

4. Perú de plata y melancolía

 

Cortoplasismo: Inversión segura.

Colgado de la brocha: Quedar sin apoyo.

Escándalo de candidatos: La enfermera del reo Fujimori y el guardespaldas del reo Montesinos aparecieron de candidatos a congresistas en la lista de Keiko Fujimori.

Sueño del indultado: Fujimori es el primer preso que dirige desde la cárcel una campaña política a la presidencia, la de su hija, que de ganar lo indultaría.

Limpieza pública: Quince altos funcionarios del Municipio de Lima son procesados por haber pagado 36 millones de soles en lugar de 14 a una empresa de limpieza pública; el exalcalde Castañeda no está inculpado.

Mugropolítico: experto en rumorología.

Candidato con más calle: Toledo, expresidente, candidato a la presidencia.

Marqueteramente: Política hecha en el modelo de la farándula.

Cura en salud: A Toledo le pasaron un cuy  (cobayo) por el cuerpo para curarlo.

“Niña sirenita”: Niña de siete años que nació con las piernas juntas; los padres han enjuciado al exalcalde Castañeda, que había ofrecido ayudarlos, acusándolo de “aprovechamiento de imagen.”

 

 

 

 

[Publicado el 28/1/2011 a las 04:32]

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Diccionario de la corrupción

  

I. “La plata entra sola”
 
El presidente peruano Alan García definió la política con una frase que el país ha asumido como la del año: “La plata entra sola.” Se la dijo a Jaime Bayly a propósito del sueldo de un presidente del Perú. Buscando sacar el pie del pozo, aclaró a la prensa que, en verdad, le había dicho a su amigo que es después de ser presidente que la plata entra sola.
 
El Perú crece económicamente más que cualquier otro país de la región pero, inversamente, el indice de percepción de la política aumenta su desvalor. ¿Cómo se explica, se preguntan los expertos, que el éxito económico del sistema sea tan grande como el desprestigio del sistema? El esperado “goteo” es demasiado lento, y el índice de la pobreza pasa del 30% de la población. El país está económicamente, es verdad, mejor que nunca; pero, moralmente, nunca ha estado peor. La corrupción ha terminado siendo aceptada como fatal: se ha hecho intrínsica al sistema. Todos los candidatos a las prontas elecciones prometen combatir  la corrupción, y quiero creer que casi todos están empeñados en ello; pero el hecho de que el fujimorismo sea una de las  cuatro principales fuerzas en competencia es un síntoma alarmante. La conversación, como en todas partes, se ha vuelto incivil: la corrupción reparte infamia en su gran teatro del mundo mercantil.
 
El psicoanalista Jorge Bruce ha diagnosticado la enfermedad: “Es esquizofrénico pregonar el éxito económico sin mencionar que somos el primer productor de cocaína del mundo. Una proporción considerable de la masa monetaria que circula, en toda suerte de inversiones y gastos, es dinero manchado de blanco...una de las filtraciones de Wikileaks indica al actual jefe del ejército como uno de los militares captados por el narco. Lo cual no sorprende a nadie.”
 
No estoy seguro de que la información de Wikileaks sea un tribunal de la verdad, aunque tampoco se puede trivializar sus revelaciones. El trabajo diplomático cultiva la épica del chisme, pero no se podría negarle a nadie la libertad de hacerlo público,  si uno cree ejercerla como derecho democrático. Mi libertad no es mejor que la tuya, quiero decir. Pero que la droga ha sido protegida por las fuerzas del orden es un hecho denunciado, aunque sin consecuencias, desde dentro del mismo estado. Bruce lleva razón cuando advierte la gravedad del caso:
 
“Limitarse a hablar de crecimiento económico sin mencionar esta fuente inagotable de dinero sucio es un acto psicótico. Creer que la corrosión del tejido social generada por el narco va a permanecer en los linderos de los valles de producción, centros de acopio, laboratorios y vías de distribución es de una frivolidad criminal...No podemos seguir hablando del modelo –ese que tantos comentaristas declaran intocable– ignorando ese reverso obsceno y violento.”
 
Se trata, así, del lenguaje, del valor que tú des a las palabras. El sociópata cree que todos son culpables pero no siempre está, como el asesino de Tucson, armado. La violencia verbal contamina la esfera pública, esa trama de las comunicaciones y la política. Y desnuda la subjetividad perturbada de quienes denigran aquello que supuestamente los niega. Esa negatividad divide el espacio social en buenos y malos, degradando no la diversidad social y humana, sino el lenguaje. 
 
Mirko Lauer piensa que la crítica de la corrupción se ha convertido en el espacio de debate porque, al no ser ideológica, la competencia electoral  no se decide en un cambio del sistema sino en su mejora social. Los partidos de centro izquierda son los más exigentes en la demanda de transparencia política, anulación del actual pereclitaje de delitos de corrupción, y control de las contribuciones partidistas.  Lo que está en disputa, así, es la definición del centro.
 
En español, todavía estamos lejos de desearle lo mejor a quien gane las elecciones.  Quizá porque todavía creemos que las ganaremos destruyendo minuciosamente al rival imaginario, ese espejo monstruoso.
 
 
II. Una modesta proposición
 
Excusa la deformación profesional, pero te propongo una hipótesis: la corrupción es el reverso del modelo económico dominante. Es un modo de sobrevivencia de los que no se han beneficiado, ni mucho menos, con las inversiones y las exportaciones; y un principio de acumulación de los gestores del modelo. La suma de las ganancias de inversión (de muy baja tasa y nula reinversión) es inversa a la resta en pobreza, servicios, educación, comunidad y sensibilidad ética. No se trata solamente de la brecha entre ricos y pobres, sino de la regresión civil,  la delincuencia y el desvalor de la solidaridad, que es el lado oscuro del mercantilismo, patente en el culto del exitismo y en la violencia cotidiana. Tampoco se trata sólo del mercado (las formas del intercambio en el mercado regulado, lo sabemos, promueven la individualización de los sujetos, la horizontalidad civil) sino de la comercialización regresiva de la vida cotidiana. Este mercantilismo autoritario, termina determinando el valor hasta de lo que no tiene precio. En esa sociedad sin comunidad, el mercado es sustituido por el marketing. No ha de extrañar, por lo mismo, que el gobierno peruano haya preferido declarar este 2011 “Año de Machu Picchu” para fomentar el turismo, en lugar de consagrarlo a José María Arguedas, quien cumple cien años. Mucho mejor así tratándose de un escritor que creyó en la suma de las naciones de un país donde cualquiera, dijo, podría ser feliz, si no ha sido “corrompido por el egoísmo.”
 
 
III. Para un diccionario panhispánico
 
Leyendo sobre estos temas, he encontrado que debajo del debate político actual en el Internet hay un léxico sobre la corrupción, del cual anoto algunas acepciones. Descarto insultos, y atiendo al uso, de regusto hiperbólico. No dudo que tú tienes otras acepciones que separen imparcialmente el grano.
 
 
Política: “Arte de combatir a los animales,” Platón
Nacionalismo: “El último recurso del pillo,” Dr. Johnson. Otras versiones prefieren “canalla,” “truhán,” “bribón,” “pícaro,” pero “pillo” me gusta más para sugerir la manipulación sentimental de una ideología arcaica
Nacionalismo de izquierda:  Monstruo de dos cabezas
Inmunidad parlamentaria: Impunidad
Candidateable: Que aguarda ofertas
Chorreo: Goteo prometido
Piloto automático: Intelectual multiempleado
Ultrasubevaluados: Terrenos de precio falso
Caciquismo académico: Ansiedad de herencia,  endogamia
Turista electoral: “Votante aburrido de su candidato favorito, ensaya otro,” M. Lauer
Politica: “Arte de impedir las revoluciones,” Aristóteles
Sin bandera: Narcocapitalista
Regalías: Ingresos extras
Internet gratis: Utopía anarquista
Carga tributaria: Atentado contra la libertad
Curva de experiencia: Valor simbólico de cambio
Empate técnico:  Valor añadido
Soborno: Derecho territorial
Economía subterránea: Horas extras
Cuota partidaria: Dinero invertido
Electorado: Clientela
Clientelaje: Suma presupuestable de facciones
Colchón electoral: Base de salario mínimo
Política: “Arte de mantenerse en el poder,” Machiavelo
Elecciones: Reorganización de las expectativas
Funcionariado difundido: Socios académicos
Pragmatismo: Buen precio
Masividad: electorado que no vota
Recicladísimo: Ministro de izquierda en gobierno de derecha
Red social: Opiniones antisociales
Opinionitis: Fiebre verbal omnipresente
Lobismo: Lobos del “lobby”
Residuo del poder: “Conjunto de materias y atribuciones sobre ellas que las constituciones federales o autonomistas no atribuyen expresamente ni al poder central ni a los regionales,” RAE
Residual: Sobreproducción de escribiente que termina dándose por leida
Absolutista: Sociópata realizado
Gúligan: Pasó sin transición del franquismo a la corrupción
Transición: Tiempo histórico en que se perdió la paz
Politica: “El arte de lo imposible,” Internet
 
 
IV.  Multimedia
 
En la juramentación del alcalde de un pueblo peruano, uno de los regidores exclamó: “Juro por Dios...y por la plata.”  El lapsus delata que el idioma de la corrupción interrumpe al lenguaje, poniendo en duda su valor de uso:
 
 
La siguiente intervención de “bolsillos vacíos” en el Banco Santander de Sevilla, declara, que el humor no está perdido:
 
 
El caricaturista Carlín (La República) comunica muy bien la suerte tragicómica de la política peruana y su actual fase electoral, donde trece candidatos purgan sus listas de corruptos embozados. El presidente García indultó a un empresario de la televisión, preso por corrupción,  pero se descubrió que el certificado médico que permitía esa licencia era falso. El empresario fugitivo fue capturado tres meses después. Carlín da una versión de esta moraleja sin moral:
 

http://www.larepublica.pe/11-01-2011/carlincaturas-11012011

[Publicado el 16/1/2011 a las 17:07]

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La rara integridad de José Lezama Lima

Gabriela García (Santiago de Chile): Pienso que leer a Lezama es como internarse en un bosque tupido, en un acertijo, un laberinto. Se sabe, sin embargo, que detrás del tupido velo está el alumbramiento, la revelación. Y es ésta última vivencia la que te paga el viaje. Me gustaría saber qué imágenes, sensaciones  le vienen a usted al leer o pensar en Lezama Lima.
 

Lo más inmediato es lo bizarro. El placer de lo raro, esa exaltación del lenguaje que dice más de lo que vemos. Garcilaso de la Vega escribe: “Oh dulces prendas por mi mal halladas.” Lezama: “Una oscura pradera me convida.” Son endecasílabos de una plena sonoridad vocálica, sensorial y degustada. Pero el primero tiene como perspectiva la nostalgia reflexiva, que sugiere la memoria del bien perdido; mientras que el otro ocurre en el futuro: todo está por ser gustado, con tentación y misterio;  “oscura” y “pradera” crean un claroscuro, propio del barroco, donde la mirada es el misterio del mundo. Lezama, además, es un poeta anagramático: en ese verso leemos “cura,” “era,” “con vida.” El barroco es inmanentista: el modelo cultural de la mezcla, y por eso una forma plena de lo moderno.

Lezama y usted mantuvieron una larga correspondencia. ¿Cuándo surge ésta y hasta cuándo se mantiene? ¿Cómo era la relación que alimentaron por escrito? ¿llegaron a ser amigos? ¿Cuál es el Lezama que develaba su letra, el contenido de esas cartas?

Nuestra amistad es anterior al correo electrónico. Escribí en1968 un largo ensayo sobre Paradiso que le gustó mucho. En una carta a su hermana Eloísa, a quien tuve el gusto de conocer creo que en Puerto Rico, publicada después de su muerte, le dice: “Ortega ya se ocupó del Paradiso.” Pero, en verdad,  Paradiso se ocupó de mi. Cuando estuve en Yale (1970-71), donde dicté un curso sobre narrativa cubana, con su sobrino y alumno mío, Manolo Alvarez, hoy crítico de arte en Puerto Rico, tratamos de llevarlo a un coloquio. Y empezamos a escribirnos. Varias veces me animó a visitar Cuba. Y me envió sus libros. Lamentablemente, perdí sus cartas en una mudanza. Una de ellas se publicó en la Revista de la Biblioteca de la Habana, se ve que habia hecho una copia al carbón.

¿Por qué nunca llegaron a conocerse? ¿Pudieron despedirse por carta antes de su muerte? ¿Cuál es el primer libro que lee del cubano?

Me invitaron un par de veces a Cuba pero ir de jurado de concursos literarios me parecía poco estimulante. Yo había sido alumno del padre Gustavo Guitérrez  y el turismo revolucionario me parecía hecho a costa de los más pobres. Siempre creí que la Revolución Cubana había exagerado la importancia de los escritores, convirtiéndolos en figuras públicas, ilusamente poseídos por el poder de su  palabra, que suele ser una licencia del lenguaje y una indulgencia mediática. La última comunicación fue el 74, cuando  le pedí unos poemas para una revista; me envió un par de los últimos. Lo primero suyo que leí fue Paradiso. Luego, la poesia y los ensayos. Angel Rama me pidió una antología de Lezama para la Biblioteca Ayacucho (Caracas) que titulé “El reino de la imagen.” Finalmente, fui a La Habana hace un par de meses para inaugurar el congreso sobre Lezama Lima que organizó el Instituto de Literatura.

Dentro de los dolores de Lezama Lima, está la muerte. Contra ella parece haber escrito y para llenar ese vacío, parece haber tejido una red de imágenes. ¿Cuán determinantes fueron las muertes de su padre y madre en su vida?

La ausencia del padre está en el origen, y la partida de la madre en el fin. Sobre el vacío del uno se abre la obra, y sobre la pérdida de ella se cierra. Lezama habia hecho de su familia la casa del lenguaje. Habia construido la morada donde habitaba. Por eso no requería viajar, vivia ya en un viaje circular perpetuo, el del lenguaje alimentado por la conversación, la escritura, y la celebración de los dones recibidos siempre como prodigio. Fue un escritor como no ha habido otro.

Devorador de libros, asmático como Proust, obeso. ¿De qué manera cree usted que la enfermedad forja la personalidad y la obra del escritor?

El primer día que llegué a La Habana, fui a conocer su casa que  acababa de abrir sus puertas convertida en Casa Museo Lezama Lima. Es una casa pequeña y acogedora, detenida en los años 50, de una pobreza discreta, pero llena de retratos y cuadros maravillosos, y de estantes de libros envejecidos por el uso. El asma la habia incorporado   como  otra  respiración, como un ritmo propio del lenguaje y del cuerpo. Lezama trocaba lo cotidiano en imagen, y vivía en la alegoría de una   “era imaginaria,” donde el día era la orilla de un tiempo epifánico. No  ha habido escritor menos catastrofista. Sólo José María Arguedas ha creído tanto en la creatividad cultural latinoamericana. 

Se cumplen 100 años del nacimiento de Lezama y el mundo entero le rinde pleitesía. Sin embargo, algunos reclaman que el autor de Paradiso fue ninguneado mientras estuvo vivo, que además de ser tratado de elitista y  hermético por los comisarios de la época, su obra fue censurada, tratada de   pornográfica y pagó el precio por ser homosexual y católico en su Cuba natal. 

No dudo que haya habido policías que lo malquerían. Y sufrió privaciones en el período de durezas y cerrazones. Pero dudo que Lezama asumiera el papel de víctima. Me parece que el poder político no supo qué hacer con él. Era admirado por Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Cintio Vitier. Y Lezama no ocultaba su crítica de las censuras y persecuciones. Pero es un hecho  que sus libros se publicaron en Cuba y después de su muerte ha habido una creciente dedicación a su figura y obra.  Yo creo que hay que alentar la transición cubana, para que tenga el menor costo posible en sufrimiento, y no creo que se deba utilizar  la muerte de un poeta con fines políticos.  La dignidad de su obra es un acto de fe, cuyo sentido no es menos político que poético: nos enseñó a creer en la suficiencia del arte como integridad vital, y en la capacidad permanente  de la literatura de rehacer el  mundo en el lenguaje.  La vehemencia lezamiana, el radicalismo que alienta en el grupo de Orígenes, son una plena versión cubana del mundo.

Algunos argentinos sostienen que Lezama Lima fue el engendro, la semilla de lo que luego se conoció como realismo mágico. Otros sostienen que además es el patriarca, el autor más importante de Cuba. ¿Qué importancia le da usted en la literatura hispanoamericana? ¿Tiene herederos Lezama Lima?

Todos somos herederos de Lezama Lima, aun sin saberlo. Nos recordó que nuestro origen es el barroco, que hemos nacido adultos como cultura latinoamericana. No estamos “en busca de nuestra expresión,” dijo, la tenemos desde el comienzo, plenamente. No somos hijos de la violencia ni  del fracaso sino de las sumas regionales y las multiplicaciones atlánticas. Ese optimismo en las formas es una afirmación profunda de la identidad creativa hispánica. Con Haroldo de Campos, con Severo Sarduy, con Julia Castillo he compartido esos acuerdos

Mucho se habla de su obra pero poco de su muerte. Mientras Tomás Eloy Martínez habla de que lo terminó matando el asma, otros hablan de infarto, de operaciones, de su obesidad. ¿Cómo y por qué muere Lezama Lima?

Muere de su propia muerte, como todos los hombres.  Ignoro los detalles, pero extraordinariamente su muerte hizo más viva su presencia. Lezama, y todos sus discipulos cubanos, demostraron que se puede vivir dentro del arte como en una naturaleza equivalente, con certidumbre y plenitud. Por eso es que en La Habana de hoy, en medio de la privación, uno cree entender que la austera vida de Lezama fue una forma innata de la vida genuina del artista contemporáneo en cualquier lugar. Hablando en la calle con estas gentes, dialogando con los poetas, con los maestros, uno reconoce la verdad elemental de sus palabras. Saben que tienen una crisis a las puertas y quieren que los tomemos en serio. En cambio, en casi todas nuestras capitales uno siente que el lenguaje es un mutuo engaño porque hemos convertido la vida cotidiana en mercado, y el crimen y la corrupción son el otro lado de esa moneda. Por eso nuestro lenguaje está hecho de prejuicios, estereotipos, machismo, descreimiento y violencia: está hecho en la negación del otro.

Lezama era un amante de la imagen, de la metáfora. Recuerdo por ejemplo, en Antes del anochecer, cuando Lezama le recomienda al joven Arenas que  lea la Biblia. ¿Qué concepción tenía de Dios?, ¿cuál habrá sido su pasaje favorito?

Lezama era católico pero también neoplatónico. Y trató de encontrar no una     síntesis sino una fluidez entre su sensorialidad y su espiritualidad. El arte fue el instrumento de hacer dialogar esos extremos. Reinaldo era un muchacho del campo, quizá le recomendó la Biblia para que reconozca sus orígenes. Sospecho que su Dios no era el de las Tablas de la Ley. No dudo que seguía la lección más cristiana: la de no añadir aflicción al afligido. Tal vez su libro favorito fue la Apócrifa y las Epístolas. “Creo porque es imposible,” solía decir, citando a Tertuliano. Y siempre he pensado que tenía  el arrebato paulista que Cervantes insufló en su Quijote.

Poeta, narrador, ensayista, novelista y fundador de Orígenes y otras revistas literarias. ¿Cómo fueron las reuniones de pauta de Orígenes, el  ambiente de esa época y cuál es la herencia que dejan estas   publicaciones? 

 

Sin las revistas literarias de los años 40 no habría habido nueva novela  latinoamericana.  “Orígenes” fue una fuente de inspiración, rigor y libertad. Pero también fue un taller de diálogo, una feria del libro, una escuela de justicia poética. Allí  escribieron los maravillosos Cintio Vitier y Fina García Marruz, a quienes conocí en 1985, cuando los encontré en un coloquio sobre Lezama en Poitiers. Debemos siempre recordar la gran lección lezamiana: sólo lo dificil es estimulante. O sea, la poesía es superior a nuestras fuerzas. Y su demanda da la medida de nuestro lugar en el mundo.

“Lo que me ha interesado siempre es penetrar el mundo oscuro que me rodea”. ¿A qué se refería?

Al misterio de todo lo existente, que a pesar de la religiosidad y la fe, sigue siendo en buena medida ilegible. La poesia busca iluminar lo oscuro, y es un don que nos hace dar lo que no tenemos. La oscuridad y la luz dialogan, al final, cediéndose la palabra. En la obra de mis amigos, los poetas cubanos Reina María Rodríguez, Victor Fowler y Antonio José Ponte yo creo reconocer esa sutileza lezamiana de vivir plenamente en la luz gracias a la oscuridad.

 

[Publicado el 09/1/2011 a las 07:01]

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Los mejores libros del año, y 2

 
 
 
 
Vicente Luis Mora: Alba Cromm
 
Hay que decirlo pronto: VLM es el nombre de un taller de escritores que ha asumido la máscara del joven escritor cordobés VLM, hace poco más de un año doctorado en la Universidad de Córdoba con una tesis sobre Borges en la literatura española. Y ahora, éste mismo, no el otro,  funge de director del Instituto Cervantes en Marrakesh.  Estratégicamente, aparece al mismo tiempo en coloquios de escritores en Estados Unidos, América Latina y Europa, sin saberse con seguridad quién habla dónde. No ha de extrañar por lo mismo que su novela Alba Cromm no sea en verdad suya, a pesar del © de Seix Barral. Sus detractores, también creados por él, aseguran que esta novela es el producto de un cálculo de posibilidades programadas para el MacBook Air y, por eso, su lectura dura un viaje trasatlántico de Iberia con pausas para el iPad. Esos lectores volando son un homenaje al realismo mágico. Por lo demás, el hecho de que VLM asumiera el vario estilo de sus agonistas y antagonistas para escribir él solo un número completo de Quimera dedicado, no sin ánimo sadomasoquista, a sus obras,  prueba para no pocos lectores literales, que nuestro autor ya no es el poeta de la lengua como cicatriz, ni el ensayista programático de la invención digital, ni el crítico de un blog, oculto tras el improbable nombre de “Diario de Lecturas,” ni el fresco y casual narrador de Círculo, novela en la que nos sometía a la tortura de recorrer Madrid a pie, y donde se declaró, para despistar, admirador de Francisco Umbral. Y si tampoco es él la quimera holográfica que destrozó con entusiasmo su propia novela, no queda sino concluir que Alba Cromm, en verdad, es una novela diseñada que se resignó a ser narrada; pero que entre las premoniciones de la lectura aipádica, y lo que resta de escritura digital, es la primera novela producto de un plagio del futuro. En efecto, VLM ha plagiado una novela que aún no ha escrito, con lo cual ha creado el primer objeto de arte que es del porvenir y anacrónico a la vez. Un libro que será la única prueba que tendremos de un mundo que habrá desaparecido mañana. VLM es una conspiración literaria.
 
 
 
Martín Lombardo: Locura circular
 
Las "pequeñas editoriales" independientes acompañan a la narrativa de invención que se renueva con urgencia en distintas latitudes, no sólo capitalinas sino también regionales. Dos de las más vivas son Periférica (que dirige el escritor Julián Rodríguez en Cáceres) y Los Libros del Lince (a cargo del editor Enrique Murillo en Barcelona), y éste año ambas ofrecieron verdaderas primicias de jóvenes escritores. El argentino y trotamundos Lombardo es uno de ellos, y su “locura circular” (en Libros del Lince) hace de la novela la cura del lugar, por vía de “esquizofrenizar” el lugar del yo, perseguido esta vez por su propio pensamiento desbordado. Se trata de un monólogo en torno a la crisis del lenguaje articulado, que la novela convoca a través de personajes que nunca son ellos mismos, que siempre son otros, sobrevivientes de la danza de la suerte de habitar; esta vez, Barcelona en tiempos del doblaje, cuando hasta los gritos deben ser traducidos. No es casual sino sintomático que Lombardo deba replantearse la función del lenguaje narrativo, que es la forma de la identidad forjada entre opciones que ponen a prueba el sentido mismo de la libertad: “El arte: el asesinato metafórico. Decir que un hombre cruzó la puerta no es la mejor manera de decir que un hombre cruzó la puerta. Tampoco es la más cierta.” “Somos los asesinos de la lengua…Yo soy el principal asesino de la lengua,” dice el personaje de habla híbrida, cuyas imágenes suscitan la “metaforización” que busca para saber quién habla cuando habla. “Hay veces que ni siquiera sé quién eres, suelta ella. ¿Es un reproche dirigido hacia mi o hacia ella?”  Para responder a esa cuestión se escribe la novela. “All you need is love?,” se pregunta, y se responde: Mentira.” Con desenfado inquisitivo, esta primera novela nace directamente de la novela y va hacia ella, circularmente, protestando toda su promesa celebratoria.
 
 
 
Alonso Cueto: La venganza del silencio
 
El narrador de esta novela de Cueto (Lima, 1954), publicada por Planeta Perú, cuenta el asesinato de su tío, un banquero gentil. La indagación de esa muerte va desentrañando los secretos de la familia, los pactos del poder, pero bajo la intriga, como ocurre con las novelas de este agudo narrador de engañoso realismo pulcro, se abre el abismo de la experiencia moral que fractura la vida doméstica y taciturna de la clase dirigente peruana. La moral ya no es la buena opinión que tenemos de nosotros mismos y que convalida nuestros actos. Tampoco es solamente producto de la convicción, de los principios inculcados, que arman una ideología como tribunal de valores. Ni siquiera es la opción madura sobre la responsabilidad que asumimos y que define el bien o el mal como la consecuencia de nuestras acciones. La moral, más bien, viene a ser el lugar del otro en mí. Esto es, el valor que le concedo al tú como parte de mi yo.  El turno del diálogo, la palabra del relevo, la justicia de la igualdad improbable.  Este es el drama en que agonizan los personajes de Cueto, la arena movediza de la frágil fábrica social peruana. Educados, ricos y buenas gentes, se ven de pronto como parte de la corrupción o incluso el crimen. La novela sugiere que sólo el lector sabe y puede evaluar, porque los tíos y tías son hijos del discurso de la indulgencia, que ha forjado un Ego neurótico y egoísta, cuyo suelo es el clan familiar y cuyo horizonte es la clase social dominante. Lo extraordinario es que “el silencio” es mutuo: los amos asumen el bien pero ejercen el mal con sus subordinados; en cambio, los siervos son demasiado nobles, pero al exonerar a sus amos los hieren mortalmente. Las palabras ya no sirven para romper el  silencio abismado de la culpa hecha carne.
 
 
 
Matilde Sánchez: Los daños materiales
 
Matilde Sánchez (Buenos Aires 1958) es autora de La ingratitud (1990), una de las mejores novelas breves de este español hecho a novelas desmesuradas; El Dock (1993), una novela donde una mujer ve en la tele un acto de represión militar y entre las víctimas reconoce a una amiga, cuyo hijo luego acoge; y El desperdicio (2007), seguramente su obra más significativa, donde unas amigas reconstruyen su historia que las palabras devuelven con vida ardorosa. Los daños materiales (Buenos Aires, Alfaguara) es la más brillante deconstrucción del macho que la literatura haya producido en este idioma que lo sigue confirmando. Acto de denuncia de la masculinidad incólume, es una estrategia por desbrozar el lenguaje de la autoridad patriarcal, empezando por el método de una carta envenenada que documenta la miseria del amante vano. Venganza puntual del posesivo desaprensivo, cuyo placer es la medida de la felicidad ajena, “este libro es mi fatwa,” dice la narradora. Y el lector la aprueba con entusiasmo, porque ella nos persuade, no como víctima sino como rival desigual del amante,  de que su descuartizamiento prolijo del lenguaje sexista es un espectáculo digno de celebrase. Implacable en su precisión sadiana, gozosamente inventiva en su crueldad a lo Silvina Ocampo, esta novela sobre el desamparo amoroso es también una comedia desgarrada que cuenta con el humor y el sarcasmo para mantener la lucidez del exorcismo y la tradición de la salud satírica. Pocas veces el Yo narcisista, que requiere de la mujer para validarse, ha sido puesto tan fuera de combate.
 
 
 
Patricio Pron: El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan
 
Estos cuentos (Mondadori, 2010) de Pron (Buenos Aires, 1975) constituyen la revelación literaria del año. Aunque es autor de varios libros y ha sido reconocido por premios de calidad, estos cuentos revelan al escritor maduro en pleno uso de sus artificios de precisión. Porque esta espléndida colección postula la fábula como su origen y la ficción como su fin. La fábula circula como una  visión del mundo, ni sentimental ni condescendiente, ajena a los estilos y el énfasis; más bien, límpida de expresión, de un estilo neutro y terso, que deja fluir la historia como la corriente interior del sinsentido humano, de pronto ganando la vía del relato. El cuento, así, es una maquinaria autorizada a operar con la extravagancia y la excepción a nombre del rigor del lenguaje y la inteligencia de la ficción. Los cuentos despejan el camino del  viaje en un mundo sobrenarrado; se deben al arte de narrar sin tregua, sin prisa y deleitosamente. Todo recomienza, vuelve y parte en el acto de contar, cuyas voces comparten la intimidad de su trayecto fabuloso. Cuentos sobre cuentos, se despliegan entre enigmas y desafíos, cuya resolución queda a nuestra capacidad de leer dentro de lo leído, en esa transparencia del lenguaje. “En las ideas”, por ejemplo, los niños de un pueblo de la República Democrática Alemana empiezan a desaparecer. Rehúsan, se diría, ser como sus padres pero tampoco quieren ser como los hijos de sus padres. A los pocos días, regresan, pero ya no son ellos mismos. No dan ninguna explicación ni sus padres se las piden. En “Es el realismo” P. es un escritor que juega a desaparecer entre viajes. Un novelista de su ciudad, escritor mediocre y corrupto, hecho a las miserias del medio profesional, lo busca en Paris, donde P. deambula, pobre y en torno a sí mismo.  Esa búsqueda parece una persecución entre avenidas, estaciones, cafés y museos. Finalmente, en el Louvre parecen coincidir pero el encuentro social se torna una epifanía para P., que sigue de largo, recuperado por su propia certidumbre.  Libro imprescindible para imaginar la década que recomienza con mejores noticias, gracias a los escritores que saben seguir de largo.
 
 
 
Antonio López Ortega, Carlos Pacheco, Miguel Gomes: La vasta brevedad, Antología del cuento venezolano del siglo
 
López Ortega y Miguel Gomes habían dedicado atención al cuento en Venezuela, siendo ellos mismos notables narradores; sumados ahora al profesor Pacheco culminan esta antología espléndidamente editada (Alfaguara, Caracas) en dos tomos. Siempre me han resultado valiosas las antologías que documentan el gusto del presente literario. Por eso, son más valiosas las que hacen los mismos practicantes, sobre todo los más jóvenes y, esperemos, audaces.  Pero hay otras antologías, como ésta, que son términos de referencia, que uno lee como la memoria de la lectura, y a las cuales acude sabiendo que el cuento desde su primer día (Cuando el cuento despertó, la novela aún no estaba allí) hasta su orilla actual, donde la escritura digital presume prescindir del protocolo (Cuando el iPad despertó, el escritor ya no estaba aquí), sigue siendo el arte del asombro.  La narrativa venezolana me ha parecido que se escribe como si la narración no tuviese pasado, como si cada relato fuese el primero. El mundo recomienza, la escritura acaba de ser inventaba, el país empieza en el cuento.  Como si Venezuela, siendo el país más moderno, hubiese tenido que rehacerse en el discurso, ensayando su invención, buscando exceder la penuria literal.  Los cuentos de este tomo documentan la creatividad extraordinaria con la que este país de gente maravillosa y políticos atroces ha creído tener más de una oportunidad en el lenguaje. Los cuentos de Guillermo Meneses, Salvador Garmendia, José Balza, Federico Vegas, entre otros narradores de talento, están entre los que dan prueba fehaciente de esa Tierra de Gracia.
 
 
 
Aldo Mazzucchelli 
: La mejor de las fieras humanas:
 
vida de Julio Herrera y Reissig
 
 
 
 
 
 
 
 
Este año son los cien de este poeta parteaguas, el último modernista o el primer vanguardista, que entre Montevideo y Buenos Aires exploró la calidad representacional del lenguaje mismo,  encontrando entre las palabras y las cosas una tensión de asombro y  fractura.  Entre Darío y Vallejo elaboró un lenguaje de fuerza expresiva y ardor lírico, y lo leemos siempre descubriéndolo, siendo la suya una poesía que transcurre como presente. El profesor Mazzucchelli ha logrado en este libro (Montevideo, Taurus)  una proeza: la biografía del poeta incluye otra, la de su poesía, que a su vez descubre otra, la de su tiempo, ideas y contextos. Así, de su turbulenta vida amorosa recobra los poemas que la revelan, pero también el anarquismo que alienta en su erótica. Vida, Eros, poesía y anarquismo se sobreponen, sin falsas síntesis, en su violencia íntima, y confirman la actividad intelectual de un poeta que antagoniza, feroz y espléndido, con su tiempo. Documentado y fundamental, este libro es también analítico e interpretativo, y acierta plenamente al ver en la biografía la obra, y al revés; pero no como si una explicara a la otra sino como si ambas fueran, al final, inexplicables separadas, siendo, en su trama, más vivas.
 
 
 
Eloy Fernandez Porta:  €®0$. La sobreproducción de
los afectos

Toma lo suyo escribir EROS en la grafía propuesta por Eloy  Fernández Porta ya que en mi portátil (el hoy, Fernández, es portátil) los dos primeros signos requieren pulsar Option y repasar el abecedario digital para encontrarlos como un subtexto casi porno. La primera provocación del autor es este emblema con que titula su ensayo (Anagrama) para postular que Eros se viste de Euros en esta fase de “capitalismo emocional.” Leer en el título un libro es la operación a que nos reta y que uno asume también provocadoramente.  R. Kraus había demostrado que la pornografía es la transparencia. Esto es, la representación sin mediaciones, desnudamente, de un sujeto. Pero que el espectáculo (el “tiempo real”) haya sustituido a los afectos con su representación demuestra que la pornografía es una naturaleza sustitutiva, instaurada como norma.  Por ello, hoy creemos que la emotividad es fundamentalmente irrepresentable, y solo referible a través de mediaciones, relatos y eventos. Como bien plantea este libro desde su propio protocolo (la ironía, el humor), el mercado ha ocupado la subjetividad, el último espacio de indeterminación que creíamos libre. Baudelaire, que fue el primero en pensar lo moderno desde su centro, la representación, vio en la prostituta la forma del intercambio urbano.  Hoy el intercambio, nos recuerda EFP, está dominado por la tecnología y su reproducción infinita de sustituciones, empezando por nuestro lugar en el sistema. Esta es la parte más crítica de su libro porque nos pregunta por el Eros/Euros de que estamos hechos. O sea, por nuestro papel en la sobreproducción pornográfica, que hoy impone la confesión del yo como medida de la verdad. El discurso que predica “porque lo digo yo,” “porque lo siento yo,” “porque me sale de las entrañas,” es violento y obsceno: postula un sujeto exhibicionista, y es casi un grito de auxilio.  Cancela, en efecto, el Eros, que supone la sexualidad pero también la simpatía, la intimidad, el goce, la empatía dialógica. Los materiales que documentan la hipótesis de EFP son las redes de intercomunicación tecnológica que han creado un espacio de “ruido” (basura comunicativa) de efecto contrario: se trata de una sobreproducción que elimina la conversación. Las mediaciones de esta escena desnudan a la pareja, y la despojan de su valor emotivo en el mercado de la confesión exhibicionista. Irónicamente, en esta sobrevaloración del “Ego” se produce la más descarnada subyugación del “yo.” Se trata de un sujeto forjado por la saturación, la sobre-presencia, la pantalla como plaza pública, y la fama como banalidad. Se ha dicho ya que el correo electrónico, por ejemplo, ha aumentado las relaciones conflictivas al exacerbar la violencia verbal. Y se acaba de decir que el portátil ha terminado subyugando aun más a las mujeres: ellas llevan el trabajo a casa. Sobre estos costos afectivos se seguirán haciendo excelentes películas malas. Todo lo cual pertenece al humor del Eros, a la  “Improv” (suerte de tele-ensayo) donde un cómico de turno asegurara que los dinosaurios desaparecieron porque no podían abrazarse. Al final, este Eros simpatético  de EFP es un brillante manual de primeros auxilios en el formato de un amenísimo obituario.

 
 

 
 

 
 

[Publicado el 01/1/2011 a las 01:24]

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Los mejores libros del año, 1


 


Entre los que he leído y encuentro más inventivos de forma y radicales de proyecto, doy fe de doce títulos. 

 

Francisco Márquez Villanueva: Moros, moriscos y turcos de Cervantes

Francisco Márquez Villanueva (Sevilla, 1931) es internacionalmente reconocido como uno de los mayores cervantistas. Sólo que, en su caso, el rigor académico sostiene la capacidad crítica de tramar la obra y sus contextos como una biografía intelectual de Cervantes y una historia cultural de la España de su tiempo. Desde su retiro de Harvard, ha podido culminar su larga dedicación a la obra de Cervantes y su tiempo en este libro que recupera al Quijote haciendo camino en el siglo XXI. Un Cervantes libre del oxímoron museológico o burocrático, capaz de representar el debate de su tiempo, las ideas que articulan un proyecto crítico, y el humanismo puesto al día contra los dogmas de su presente, en más de un punto lamentable, paralelo al nuestro. Publicado por Bellaterra (Barcelona), este libro revela la constelación  cervantina como matriz de lectura. Esa rearticulación crítica sitúa en el lenguaje, en la narración y las ideas la formidable experiencia cervantina de lo moderno.  Estudiando la tradición paulista, la extraordinaria significación de Ricote, y los diálogos con los erasmistas de su plazo, Márquez Villanueva nos devuelve a las encrucijadas que hicieron de la obra de Cervantes una lección de modernidad. La orilla americana asoma aquí, como otra promesa de esa latente utopía, de formas irónicas pero de impronta humanista, que le hicieron concebir, deduzco yo, el mundo americano como espacio moderno: el lugar de la mezcla. Este magnífico libro hace más nuestra la obra de Cervantes.

 

Ana Merino: Curación

La inteligencia afectiva de Ana Merino (Madrid, 1971) explora los formatos de la cultura popular, del cómic a la literatura para niños, y tiene en el taller de escritura creativa, en la Universidad de Iowa, su centro lúdico. Ella es parte de la última promoción del hispanismo trasatlántico, libre del autoritarismo y la endogamia.  En su poesía alienta el juego analógico y el drama antitético, las voces que atan y las que desatan, la fuerza de las evidencias y la inteligencia de las diferencias. La poesía, nos dice en Curación (Visor), no es sólo el cuento de la experiencia a flor de piel sino su recuento puesto a prueba en el lenguaje. El cuerpo se descubre en la enfermedad; el amor, en su ausencia; la memoria, en el olvido; y Dios, con suerte, en un gato. “Debajo de la lengua/ habita la serpiente/ del primer paraíso,” advierte. La “curación” del poema es una virtud clásica: “tragar el desafecto/con ternura” nos previene del “entramado hostil/ de las causas perdidas.” La poesía es el taller, al final, de otra libertad. No entendida como la mera autorización del yo sino como la más sana noción de sus límites, y la opción de redimirse con los otros. Un libro que reverbera con irónica simpatía.

 

Alfonso Reyes: Diario, I y II

No ha existido un autor más escrupuloso con su propia obra que Alfonso Reyes (México,1911-1959). Cultivó todos los géneros con brío, nunca fue autoindulgente, ni ofendido ni ofensor;  y seguimos conversando con él, gratuitamente. Una vez Octavio Paz me dijo que Reyes se había ocupado de los griegos para eludir la actualidad. Pero, en verdad, nos había hecho conversar con griegos y latinos para hacernos más actuales. Preparó, con minucioso detalle sus Obras Completas, pero no para configurar sus calas sistemáticas en un todo magistral; sino para darle forma a la charla con el lector. Como todo escritor serio, no escribía  para validar su yo sino para darnos turno en el  lenguaje. Su idea de sus Obras fue la de una partitura de la lectura. Contó Carlos Fuentes que la criada de Reyes recogía de la papelera los borradores descartados, los alisaba y los ordenaba en una carpeta, que tituló: “Papeles rotos de Don Alfonso.” La criada era filóloga.

La edición de su Diario empieza a ser publicada por el Fondo de Cultura Económica en México gracias a una labor de transcripción y edición cuidadosa, bajo la coordinación editorial de Mariana Flores Monroy, con el auspicio de El Colegio de México y varias universidades e instituciones culturales. El primer tomo (1911-1927), a cargo de Alfonso Rangel Guerra,  consiga las entradas más tempranas, de México y París, a donde fue como modesto diplomático luego de la muerte trágica de su padre; el segundo tomo (1927-1930), a cargo de Adolfo Castañón, incluye entradas de París y Buenos Aires. La edición está planeada en siete tomos. La lectura de estos dos es, por cierto, plena de impresiones, anécdotas y juicios.  Más que un diario íntimo es un diario de escritor, diplomático y lector . Es central el carácter de Reyes como hombre de letras dedicado a la cultura hispánica en el mundo; y sin alardes, capaz de ayudar a  los amigos y fundar una comunidad de la escritura, de la que se beneficiarían, a la hora del exilio y la pobreza, los escritores españoles.  Con humor y paciencia discurre entre las figuras de su tiempo, revelándolas en un apunte. La amistad de Reyes se nos hace más íntima en estos Diarios, no exentos de alguna nota galante. Ya se sabe que cultivaba a las musas (una vez, se repite, lo pilló su mujer, y le dijo: “Alfonso, estoy sorprendida;” “No, corrigió él, el sorprendido soy yo, tú estás estupefacta”); pero lo que no sabíamos es que en Buenos Aires, requerido por José Ortega y Gasset para un cita, le prestó su llave secreta.

 

Jorge Carrión: Los muertos

Es notable que algunas novelas (y no pocas telenovelas) hayan coincidido en el tema del protagonista que no recuerda quien es o prefiere olvidarlo, y decide buscarse a si mismo o forjarse otra identidad.  Pero no se trata de la memoria sino del lenguaje, y por eso en la excelente  Nocturama (2006) de Ana Teresa Torres,  el personaje debe leer novelas para recuperar las palabras.  Los muertos (Mondadori) es el libro más inventivo, irreverente y divertido que ha escrito Carrión; y su personaje, el Nuevo, no en vano el producto de los relatos de viaje, que Carrión ha cultivado como una pregunta pertinente por lo nuevo, llevará el tema a su disolución, tan festiva como apocalíptica. Despierta el Nuevo en Nueva York, la capital de los Otros, cuyo exceso de identidad es una oferta de precio variable, y donde hasta los mendigos le quieren vender una. “Los muertos” de Joyce despiertan en N.Y. como una serie de televisión, entre el sicodrama de ¨Sopranos” y el programa virtual “Mypain”. Los Otros no son ya los subalternos del multiculturalismo bienpensante sino la diversidad televisiva en degradado “tiempo real,” lo único vidente y actual, que da cuenta de un mundo “postraumático,” donde Hillary Clinton es afroamericana y cada novela, como ésta misma, lleva inclusa la crítica que suscita. Pero no es ésta un pastiche ni una parodia. Como las narraciones de Juan Francisco Ferré,  Germán Sierra, Agustín Fernández Mallo, Manuel Vilas, Mercedes Cebrián, Javier Calvo, Vicente Luis Mora, Imma Turbau en ésta orilla; y las de César Aira, Diamela Eltit, Mario Bellatin, Juan Villoro, Matilde Sánchez, Rodrigo Fresán, Antonio José Ponte, Cristina Rivera Garza, César Gutiérrez, Yuri Herrera, Carlos Labbé en la otra, ésta novela (que sí vela ) nos dice que nuestra noción de lo real ha caducado (incluso, tal vez ha muerto de literalidad, esa melancolía que quiso matar Cervantes), y que hay que recomenzar enterrando su lenguaje.

 

Diamela Eltit: Impuesto a la carne

Se dice que César Aira escribe libros cada vez más breves, en editoriales cada vez más pequeñas, para menos y menos lectores. Mario Bellatin, en cambio, escribe el mismo libro con distintos personajes, descontando más y mejor las historias que eluden ser contadas. Por su lado, Diamela Eltit (Chile, 1949), que reparte el año entre Santiago y  la Universidad de Nueva York, escribe una novela distinta cada vez con la misma idea de un lenguaje español en el sentido contrario, que se plantea la resta del mundo, su desacumulación. Ha resistido, con éxito, las obligaciones del mercado, haciendo de la lectura una labor crítica del lenguaje, y del libro un instrumento conspirativo contra el orden dominante. Sus libros repelen al lector de best-sellers y premios obligatorios, y convierten la lectura en una sediciosa labor clandestina, de vocación anarquista, radicalidad estética, y despojado estilo.  En Impuesto a la carne  (Santiago, Seix-Barral), que evoca la “libra de carne” imaginada por Shakespeare, ha fundido el mercado, el estado y el hospital. Para renovar la tradición satírica contra los médicos, ha hecho del oficio una corporación mundial capaz de controlar la salud para regimentar los cuerpos. Aunque Etit se formó  en el entrecruzamiento de Foucault (la sociedad es disciplinaria) y Lacan (el Ego es obsceno y feroz), su lugar está en el neo-barroco hispánico, entre Perlongher y Lemebel, y en la saga de la mujer como servidumbre del neoliberalismo manifiesto.  En esta novela se satiriza el Bicentenario de la Independencia de Chile desde el sistema hospitalario,  y se desmonta la noción neo-feminista francesa de que la melancolía es matrilineal (Kristeva). La madre y la hija yacen en el hospital donde esperan ganar un premio oficial por el Bicentenario; pero donde está prohibida la palabra HAMBRE, que terminaría con su expulsión de los fastos históricos: la función de las madres es acallar a las hijas. Eltit es la escritora más importante de la lengua, y la más crítica del español complaciente.  “Voy a escribir la memoria del desvalor,” anuncia la hija, porque ella y su madre han cumplido 200 años de chilenas y viven, operadas y cosidas, en el Hospital menos hospitalario que la sátira haya podido pagar con creces.

 

Tamara Kamenszain: El eco de mi madre

La poeta argentina más intrigante, Tamara Kamenszain en este libro hace el trabajo de luto materno: el diálogo con la madre muerta es planteado por interpósita poeta, como si el enigma de esa muerte fuese una pregunta por el yo de la hija, nacida del lenguaje. El “eco,” por ello, es la voz de las otras escritoras que ante la vejez, enfermedad y muerte de sus madres le demandaron a la lengua española explicaciones. No es la primera vez que Tamara cita al linaje del dolor en el poema, y se vale de otras rupturas del idioma, sobre todo de Vallejo, para que la cita sea a pulso. Por eso empieza El eco de mi madre (Buenos Aires, Bajolaluna) con los limites del lenguaje: “No puedo narrar.” Y añade: “la gramática se torna un escándalo,” porque la madre olvida los nombres. Sigue luego una conmovedora secuencia de diálogos con otras escritoras, que en trance semejante buscaron el mismo eco: “Coral le contrató una profesora de baile” (Coral Bracho); “la amiga de Sylvia que perdió el voseo/la desconoce hablándole de tú (S.ylvia Molloy); y “Diamela le construyó una casa atrás de la suya” (D. Eltit.). La poesía, al final, es también “un idioma para hablar con los muertos.”

 

[Publicado el 28/12/2010 a las 01:59]

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Biografía

Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."

Bibliografía

Crítica

 

Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006

 

Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004

 

Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000

 

El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997

 

Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995

 

Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994

 

El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992

 

Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992

 

Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991

 

Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988

 

Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988

 

Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987

 

Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986

 

Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971

 

La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969

 

 

Ficción

 

Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009

 

Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007

 

Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005

 

Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001

 

Emotions. Poems. New York: 2000

 

La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995

 

Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994

 

 

Ediciones

 

México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008

 

Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007

 

Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006

 

Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004

 

"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008

 

The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000

 

Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002

 

Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997

 

La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994

 

César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996

 

Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993

 

America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984

Enlaces

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