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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 31 de agosto de 2015

 Blog de Julio Ortega

¡No, Calatrava no!


 
 
Preferiría no hacerlo, pero tengo que compartir contigo, lector incrédulo, la  atroz noticia de que Calatrava también.
 

Sí, Santiago Calatrava, la figura estelar de la arquitectura española de este siglo, cuya carrera fulgurante fue hace poco destacada por el New Yorker;  y cuyas edificaciones en Valencia son un capítulo reciente de la constelación arquitectónica  que se despliega a lo largo de nuestras vidas.  La torre de apartamentos de lujo, todos vendidos antes de construirse, y el proyecto de la nueva Central Station, en Manhattan, son obras maestras de diseño audaz, aun si estos edificios calatraveños no están pensados para morar.  ¿Cómo entender que Calatrava haya cobrado, según las denuncias, 5,8 millones de euros por proyectos que no ha hecho?

La Fiscalía de Valencia ha abierto investigación penal por delitos de prevaricación, malversación y fraude fiscal por las Torres de Calatrava, de las que sólo se conoce la maqueta, que el mismo arquitecto presentó como de “trascendencia mundial.” Cobró 2,5 millones de euros pero el proyecto nunca se ejecutó. ¿Alguien, por favor, podría explicarlo, excusarlo?

Según informa EFE, Calatrava y  su equipo técnico de Valencia están condenados a abonar 3,5 millones de euros por el derrumbe sufrido en el Palacio de Congresos de Oviedo durante su construcción, el 9 de agosto de 2006. La sentencia es del Juzgado de Instrucción número 2 de Oviedo. La aseguradora Allianz espera recobrar 3.510,000 euros.  Se diría que  Salvador Dali (Avida Dollars según Bretón) había fatigado la infamia. ¿No hay al menos un abogado capaz de desmentirlo?

La administración valenciana encargó decenas de proyectos arquitectónicos a Calatrava, informa Lucas Marcos en Público (28 de mayo, pag. 21). “Izquierda Unida (del País Valenciano) pide revisar todos los contratos de Calatrava con Francisco Camps,” titula su denuncia. El diputado Ignacio Blanco, portavoz de EUPV, sostiene que el Palau de les Arts de Valencia, inaugurado en 2005, tiene problemas de inundaciones y de acústica, lo que ha sobregirado su coste en seis millones de euros. El contrato de la Generalitat con el arquitecto es un ejemplo de avaricia:  cobra un porcentaje del coste total pero también de los sobrecostes. De modo que sus errores técnicos perjudican al erario valenciano pero favorecen a la firma de Calatrava, situada en Suiza. ¡Alguien, por favor, que demuestre una conspiración anarquista!

Blanco le ha pedido a Camps que le reclame el dinero indebido. Esperemos que Camps haya firmado recibos esta vez y que no nos pase, además, factura. 

Revisando El País en línea compruebo que el affaire Calatrava-Camps ha tenido amplia cobertura, incluso sobre el proyecto gigantesco y millonario de nuevas torres, que tuvo que cancelarse. No he podido verificar si el arquitecto ha respondido a los cargos. Me sorprendió, sin embargo, leer que Calatrava ha sido nombrado embajador honorario de la Marca España en el mundo...

Estas noticias ensombrecen la vida pública (he aquí un "understatement"); corrompen el ejemplo debido a los buenos oficios (¿cómo podrá un joven creer en el Arquitecto o en el Político?); y hacen dudar de la capacidad de cambio que tienen las victorias electorales (¿para arropar a líderes como los de la Generalitat valenciana, adelantar las elecciones?).

Pero no se trata sólo de esta bárbara comedia  y su lugar en  la corrupción. Se trata de la corrupción misma del lenguaje.  Las palabras, se diría, mienten para encubrir la distorsión. Orwell no había imaginado este lenguaje que sustituye no sólo a la realidad sino al lenguaje mismo.

¿Cómo no darle razón a los jóvenes  acampados en las plazas de España?

La incredulidad, la resaca de mala fe que revelan algunos comentaristas al negarle el pan y el agua al M-15, demuestran, precisamente, la pobreza del habla pública. Es notable que cada cronista que ha tratado de descalificarlos, lo ha hecho con un lenguaje tan mezquino como amargo. Nos redime, de esa miseria, la indignación de los dignos.

El término clave “des-crecer” refuta el modelo de crecimiento de un capitalismo con más deudas que capital. “No nos representan,” cuestiona el abuso partidista de la representación. “Lo llaman democracia y no lo es” separa el lenguaje público de la comunidad posible. No son eslogans: son la crítica de un lenguaje cuyo intercambio se ha hecho clandestino y de tahúres.

Manuel Castells lo ha visto bien: “aquellos que minimizan las wikiacampadas no entienden todavía su profundidad. Podrían salir de las plazas para volver periódicamente a ellas, pero no saldrán de las redes sociales y de las mentes de quienes participan...Partidos e instituciones tendrán que aprender a vivir con esta sociedad civil emergente” (La vanguardia, 28 de mayo).

En la misma Vanguardia, se lee: “La pregunta es: ¿por qué tan tarde? El operativo empezó a la luz del día, a las siete de la mañana. Esas operaciones policiales se hacen de madrugada....¿Por qué no se hizo de este modo, para evitar el alud de personas contrarias a la intervención policial?” (Albert Gimeno).  Otro cronista tiene mejor olfato: “En la plaza Catalunya hay mucha escoria: es decir “cosa vil y de ninguna estimación”... La plaza huele a sudor, a orina, a incienso, a las flores. Apesta a calor, rabia y revuelta ¨(Felip Vivanco).

¿Para qué seguir?

Recobremos el valor sin precio del lenguaje en este célebre poema de Pound:

Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra

Con bien cortados bloques y dispuestos

de modo que el diseño lo cobije,

con usura no hay paraíso pintado para el hombre en los muros de su iglesia

harpes et lutz (arpas y laúdes)

o lugar donde la virgen reciba el mensaje

y su halo se proyecte por la grieta,

con usura

no se ve el hombre Gonzaga,

ni a su gente ni a sus concubinas

no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa

sino para venderlo y pronto

con usura,

pecado contra la naturaleza,

es tu pan para siempre harapiento,

seco como papel, sin trigo de montaña,

sin la fuerte harina.

Con usura se hincha la línea

con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos)

y nadie encuentra un lugar para su casa.

El picapedrero es apartado de la piedra

el tejedor es apartado del telar

con usura

no llega lana al mercado

no vale nada la oveja con usura.

Usura es un parásito

mella la aguja en manos de la doncella

y paraliza el talento del que hila. Pietro Lombardo

no vino por usura

Duccio no vino por usura

ni Pier della Francesca; no por usura Zuan Bellini

ni se pintó "La Calunnia”

No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,

no hubo iglesia de piedra con la firma: Adamo me fecit.

No por usura St. Trophime

no por usura St. Hilaire.

Usura oxida el cincel

Oxida la obra y al artesano

Corroe el hilo en el telar

Nadie hubiese aprendido a poner oro en su diseño;

Y el azur tiene una llaga con usura;

se queda sin bordar la tela.

No encuentra el esmeralda un Memling

Usura mata al niño en el útero

No deja que el joven corteje

Ha llevado la sequedad hasta la cama, y yace

entre la joven novia y su marido

Contra naturam

Ellos trajeron putas a Eleusis

Sientan cadáveres a su banquete

por mandato de usura.

 

(Versión de Javier Calvo)

 

 

 

 

 

[Publicado el 03/6/2011 a las 06:21]

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Sí, gracias


 
 

Sólo un cretino pudo ordenar el desalojo de los jóvenes acampados en la Plaza de Cataluña y justificar la violencia a nombre de la limpieza.

Cualquiera que haya visitado alguno de los muchos acampados de este mayo descontentadizo es testigo de que esos jóvenes han tomado la idea de la ciudad como el lugar de la ciudadanía.  Nunca la Puerta del  Sol estuvo más abierta.

Si la policía es lo último que nos queda de la polis, hacerla cargar contra estos jóvenes es prehistórico.

Visitando el acampado de Sol me he sentido representado por cualquiera de esos muchachos, a los que no he necesitado votar, y quienes, más bien, me han elegido a mí como interlocutor de una jornada lectoral donde no hay vencedores ni vencidos, esa penuria del lenguaje, y cualquiera que lee corre la suerte de intervenir el paisaje.

Me temo que los pacíficos ocupantes de la Plaza tendrían que ocupar la ciudad, la comunidad y la región, para convertir el espacio público en un taller de readaptación ciudadana.  Y repartir documentos de identidad imaginaria al colectivo más anónimo y civilizado que se ha puesto de pie en estas plazas del camino. Aunque, para el caso, bastaría ocupar un adoquín, como si fuera la primera sílaba del ágora portátil. 

Tal como estos jóvenes han multiplicado en las plazas de España talleres de feminismo, para aprender los márgenes no socializados que liberan las mujeres en la sociedad mercantil; y talleres de migración, para entender que la familia española desaparecería sin  la concurrencia de los migrantes, que sostienen su humanidad, en contra de la xenofobia y el racismo, esas pestes donde la clase media pierde el alma; así mismo, digo, es un decir, deberían ellos iniciar, en cualquier umbral español,  talleres de ciudadanía, donde nuestros melancólicos descreídos, incapaces de admiración porque nadie apostó por ellos, recuperen la luz de la atención, y adquieran su mayoría de edad ciudadana.

Gracias a uno de esos talleres estos secretarios que sacan la escoba después de la porra, podrían merecer en su pedacito de plaza un muro arrepentido.

Limpiar la plaza para que la fatiguen los fanáticos del fútbol es un sarcasmo burocrático si no fuese otra violencia política.

Urge un taller de desintoxicación futbolística. Con la siesta nos iba mejor, con el fútbol nos hemos hecho más distritales y bárbaros.  En tanto inconciencia colectiva, es una superstición que justifica la mala prosa regionalista.  Sólo el turismo ha producido más basura que el desaforo futbolero.

Pero los jóvenes utopistas de la Ciudad de los hombres podrían ensayar muchos otros talleres de recuperación solidaria, madurez ciudadana, y español compartible como nuevo orden de las cosas en el lenguaje.  Su carpa, tenderete, mesas y sillas, despliegan la nueva sintaxis de un lenguaje cuya primera piedra, su ladrillo tribunicio, postula el discurso de los dignos de indignación.

Hace falta, con urgencia, un taller que mejore nuestra capacidad de renuncia, que nos descubra la emoción del relevo, la gracia de ceder espacio a los que siguen. Esa ética contemporánea, te define por el lugar que el otro tiene en tí.

No hay absolutamente ninguna razón, sino todo lo contrario, para que los pocos mismos se multipliquen excediendo su presencia como si nadie sino el "yo" tuviese derecho al lugar que abusa.  Ignoran que en la economía simbólica actual esa promiscuidad los hace irrelevantes.

Requerimos con urgencia de un taller de vergüenza ajena en el que unos jóvenes más escrupulosos enseñen el límite del presupuesto público que puede alguien acumular sin propósito de enmienda.

Ya que casi no hay lugar en las instituciones (la Universidad fue, alguna vez, ese lugar indignado, pero hoy legitima en muchas partes, la endogamia y el clientelismo), los jóvenes tendrán que abrir Plaza para talleres de capacitación en remontar la poca fe y medianía mucha.

¿Se puede, por ejemplo, escribir sobre ellos sin visitarlos y hablar con ellos? ¿Basta con que cites sus sentencias reproducidas por los medios, sin reparar la ironía de que ellos trabajen para ti?  ¿O toda opinión bien firmada tendría que derivar sus ingresos hacia los sujetos que permiten la buena conciencia?  Con urgencia, se requiere tomar otra plaza para levantar un taller dedicado a la economía del discurso en la balanza.

Los jóvenes indignados ponen en duda el lenguaje que ha hecho natural la corrupción de la palabra.

"Sí, gracias," dice la medalla de papel que recogí en Sol. No se puede creer mejor. 

 

 

http://www.laverdad.es/murcia/multimedia/fotos/espana/77931-mossos-desalojan-indignados-barcelona-0.html

 

 

  

[Publicado el 29/5/2011 a las 17:46]

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Portal del Sol

 

 

El pasado nos sorprende como futuro: no había terminado porque no acababa de empezar.

(Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir)

"El sol también es histórico," me digo en un rapto.

Lo que nos han querido arrancar por la boca, como una rama del lenguaje, es el contratiempo: la protesta de lo que está siempre por conjugarse.

(Estamos aquí por dignidad y por solidaridad con los que no pueden estar aquí)

Los adustos portaestandartes habían proclamado la muerte de la revuelta, el sinsentido de la promesa, el fin de la heterotopía, esa plaza hecha de lugares interpuestos, en trance, sin comienzo ni final.

De cartones, colchones, sillones, bidones, está construido el trayecto residual que se alza en la Plaza.

(Que no tenemos miedo!)

No hay árboles más verdaderos ni tierra firme como mi cabeza.

Figuran la raíz de un bosque súbito que florece en el futuro del español.

Materiales que del pasado derivan en esta precaria orilla del porvenir hecho verbo.

(Deleuze tenía razón)

Hoy florecen en las copas de los árboles todas mi raíces.

De esta disformidad se desencadena la forma expansiva del lenguaje que rehabita la Plaza para proponer el ensayo de un espacio interpuesto.

Es un pensamiento que se piensa pensar.

Un lenguaje que dice desdiciendo, deshabitando el hábito, rehaciendo puente entre rutas abiertas por nuestro derecho de ciudad.

(Yes, we camp!)

El relámpago define la edad del futuro.

El sentido contrario es la nueva articulación.

La trama pliega y despliega su fuerza aleatoria.

(Lo queremos todo, lo queremos ahora)

Una tribu nace en el desborde de la acera de enfrente.

La muchedumbre es una cita de la muchedumbre. Su memoria restituida por el lenguaje, da la vuelta.

(Contrato-basura=esclavo-libre)

Y ya es otra y mucha. Encendida por el asombro de sus voces contrariadas que no se resignan a las sumas que nos restaron.

Nos encontramos con nosotros mismos y nos damos un abrazo emocionado. Después de todo, hombre que fuiste rebelde, y capaz de decir que no.

(Vi a la multitud marchar por las Alamedas, las Plazas, los Soles, vi las manos que se agitan sobre mi cabeza, vi a una madre abrazar a su hija, vi a todos mis compañeros cantar un himno trágico y alegre, y tuve ganas de llorar)

Un Aleph para este tiempo rehace la lectura.

Y caminamos junto a nosotros mismos. Más ciertos entre este tiempo que nos demanda un precio.

pertenezco a una GENERACIÓN MUERTA que todavía sueña con el festín del amanecer.

(Tu futuro es ahora)

Que no se  te apague el corazón.

 

 http://www.mi-web.org/miembros/50405-politica/videos/61100-web-cam-en-directo-en-puerta-del-sol

 
 

(Las citas parentéticas provienen de la Plaza del Sol,  M-15. Las itálicas, de poemas de Rolando Sánchez Mejías, Daniel García Helder, Tamara Kamenszain, Martin Gambarotta y Vicki Guerrero)

 

 

 

[Publicado el 21/5/2011 a las 12:46]

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Réquiem

 

Antonio Calvo, natural 
de España, ha fallecido en Nueva York, de su propia mano. No he leído ninguna necrológica que dé noticia de su entierro.

Espero que el cónsul español haya preguntado por él. 


La suya, como muchas otras, es una historia que comienza
 en una orilla del Atlántico y sigue sobre las tierras 
sumergidas ante Platón, creyendo que en América otra Atlántida se levanta entre los muros de la Universidad.

Su suicidio, francamente, me parece un crimen. Entre los comités, los emails y los memorandums, recibió sentencia de muerte por mano propia: la abolición de su persona viva, recusada del ágora, de la civilidad que vino a buscar. Raro tribunal el suyo que le reclamó la muerte para que pruebe su razón. Lógica perturbadora la suya, que ejerció sobre su cuerpo la violencia con que habían tomado su alma.

No lo conocí pero pude haberlo conocido, cuando estuvo en mi Universidad, conduciendo un taller de enseñanza del español al que asistieron algunos de mis estudiantes. Lo conocí, en cambio, gracias a quienes lo escucharon aquí y, me dicen, era persona seria, y ducho en el oficio de amar el español. Pero al ver su foto el 2 de mayo en el New York Times ("Princeton Suspends An Instructor Four Days Before He Killed Himself"), compruebo que tiene, como dicen en Lima, cara conocida. "Usted tiene cara conocida," podría haberle dicho yo, jugando con las palabras que dicen otra cosa que su mero sentido literal, gracias al leve permiso que ellas se toman para dar un salto sobre la realidad incólume que nos ha tocado, en español, humanizar. Me recuerda a tantos estudiantes, jóvenes instructores, lectores y profesores aspirantes, que tienen el claro asombro de la cara crédula, españoles y latinoamericanos, tocando a las puertas de la Universidad, creyendo que están hechas para abrirse para ellos. "Pase, Antonio -le hubiera dicho yo, como dicen en México, -ésta es su casa."

Confío que se haya sentido, en Brown, bienvenido. Espero haber demostrado a mis estudiantes, si algo, la gracia de lo gratuito.

Requiem aeternam,
 Antonio Calvo.

Ahora descienden a tus cumbres
garras de águila. Dies irae.

Vino un día 
porque su tierra es pobre. Y más aún porque su universidad protege a los hijos de familia, los publican y los premian. El catedrático plagia la tesis de una alumna, y es ella quien cae en desgracia. El mundo no es endogamia. El mundo
 Liberame Domine es patria.


Y ha muerto. No fundó ciudades. 
No dió su nombre a un mar. No hizo 
más que morir por un puesto de mierda (él lo convirtió en el mayor trabajo de un español digno). Requiem aeternam.


El crimen ocurrió en la Universidad de Princeton, cerca de Haskell, New Jersey, donde otro español, Manuel del Río, sobrevivió su propia muerte en un poema de José Hierro. No sabía Pepe que lo escribía también para otro españolito, expulsado de Princeton, al que ya él había llorado,

Antonio Calvo, el suave ofendido.

Ya estaba escrita la misa cantada 
por su alma.

Fue víctima de algunos estudiantes (¡estudiantes de qué!) a quienes supervisaba y reclamó cumplir con sus tareas de instructores de español. Los hechos son triviales e indignos pero también burocráticos y brutales. Colegas amigos me escriben lamentando profundamente la tragedia.

Eran colegas suyos, y alguno amigo suyo. Él sabía que las acusaciones de esos malos estudiantes lo perjudicarían, a pesar de que la renovación de su contrato había sido recomendada por su Departamento, que dirige la profesora argentina Gabriela Nouzailles, valiosa estudiosa y colega latinoamericanista, a quien hace algunos años intentamos traer a Brown.

Sorprende que la administración de la Universidad decididera ir en contra de la recomendación del Departamento y dejara al profesor Calvo sin contrato y, en tanto extranjero, automáticamente sin visa. La acusación de los estudiantes malevos parece haber sido de acoso verbal con implicancias sexuales, según se deduce de las crónicas periodísticas. Con esa fe que tenía en las palabras, al parecer el profesor Calvo le había escrito en un email a alguno de ellos: "deja de rascarte los cojones" y cumple tus tareas. La hipérbole fue su sentencia literal: el embozado, sin escrúpulos, le dió la primera puñalada. Todo ocurre como en una tragedia de Tirso, de modo casual y fatal. Puedo imaginar la reunión del comité disciplinario, sobrealimentado de buena conciencia y corrección política, preguntando a los hispanoparlanchines del campus si "rascarse los cojones" es un insulto, y de qué grado la ofensa. La segunda puñalada vino de quien juró por su madre lengua que la ofensa era grave. De malevos es el juego.

Me cuenta una amiga que Antonio Calvo sabía que lo sancionarían, que su contrato no sería renovado. Recibió un memo confirmándole el agravio. Le pedían entregar la llave, abandonar su despacho, dejar su clase. Alguien (siempre hay alguien más en estas comedias negras) debe haber llamado a la policía de la Universidad cuando lo vieron intentar su última clase y despedirse. Los agentes lo escoltaron a las puertas del campus, para siempre.

En honor de Princeton hay que decir que sus estudiantes más jóvenes protestaron y pidieron explicaciones.

Antonio Calvo merece también excusas, y le deben, además, las gracias.

Es el primer mártir del español en Estados Unidos.

 

[Publicado el 11/5/2011 a las 18:07]

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El dinosaurio estaba allí


 

 

En una pausa de la Cátedra Cortázar, en la Universidad de Guadalajara, Felipe González contó que Alberto Fujimori, por entonces prófugo del Perú, le había propuesto un plan de cooperación entre el gobierno peruano y el español, con tal detalle y convicción, que lo creyó verdadero. “A mí también me engañó”, confesó Felipe, con entusiasmo, como si eso fuera la prueba máxima de su capacidad de creer.  Carlos Fuentes repasó con elocuencia su galería de dictadores mexicanos pero tuvo que reconocer que Fujimori era imbatible en la mentira. Fue entonces que García Márquez, como siempre, necesitó decir la última palabra. “He escrito una novela sobre Fujimori – dijo-, y se las voy a contar.”  Ésta es la novela o, más bien, como la recuerdo hoy:

            “Había una vez en el Japón un niño muy astuto que quería ser rico. “¿Qué puedo hacer para volverme rico?,” se preguntó; y se respondió: “Tengo que ser presidente de algún país lejano.“ Le dio vueltas a su globo terráqueo buscando un país capaz de elegirlo, y puso su dedo sobre el Perú. Fue al Perú, lo eligieron, se volvió rico, y volvió al Japón."

Todos rieron. Yo sentí la punzada de verguenza nacional que le debemos a Fuji, me temo que para siempre. 

Antes de su fuga, posterior captura y amenaza actual de su retorno, en Santiago de Chile, en una comida, un empresario me había contado que él y sus socios no invertían más en el Perú. Las comisiones que espera el gobierno, explicó, son mayores que el margen de ganancias. 

No se podía salir a comer en Santiago sin tener que padecer otra historia sobre la corrupción en el Perú.  Felizmente, para empatar con Chile,  se descubrió que Pinochet no había sido menos corrupto: sus cuentas bancarias secretas revelaron que sus prédicas de la economía liberal, los valores de Occidente y la familia cristiana fueron una burla del pacto de resignación chilena. Chile recuperó la dignidad jurídica cuando su poder judicial nos devolvió a Fujimori.

Ningún limeño, por mazamorrero que sea, podrá olvidar la lección de dignidad, esa emoción insólita, que fueron las marchas populares contra la corrupción y el asesinato.  Todos hemos lavado la bandera nacional.

Es cierto que tratándose del Perú, cualquiera, alguna vez, se ha equivocado. Pero la vuelta de Fujimori pertenece a otra dimensión del error: a la extirpación de la memoria civil. ¿Qué sentido político tiene el actual éxito económico si el modelo necesita a Pinochet o Fujimori? Hasta los economistas de Chile reconocen hoy que tienen una pobreza endémica. En el Perú, históricamente, el avance del sector moderno ha robustecido al sector más conservador, a las clases dominantes y sus alianzas, a costa de los sectores emergentes, cuya modernidad limita con sus pocos recursos, no con su creatividad. Es suicida creer que el fujimorismo puede hacerse cargo del futuro en descargo del pasado.  Nunca el futuro se ha construido abriendo las cárceles. 

Que mi admirado  Pedro Pablo Kuczynsky diga que Fujimori ha hecho cosas malas pero también cosas buenas es relativizar el mal, o sea, internalizarlo. Y que Hernando de Soto se juegue el peso que tiene por un título de propiedad, es suponer que el fujimorismo (socialmente, un clientelismo impune) es titulable. Pero que el Cardenal le eche en cara su juventud izquierdista a Mario Vargas Llosa, por decir lo que piensa sobre Fujimori, es exonerar, con la otra mano, el pasado del diablo.  La próxima gran novela de Mario tendría que ser sobre la debacle moral de una clase social doméstica, su prensa filistea, y su corte de milagros mercantil.

Yo nunca he conocido a un fujimorista. Pero si Lima, que los conoce, vota por ellos en contra del Perú de las regiones, que los rechazan, demuestra cuánto puede retroceder la conciencia democrática, y qué poco adulta puede ser la moral pública. Cada uno tiene derecho a votar por quien quiera, pero debe ser responsable de las consecuencias. Si mañana, al despertar, encuentra al dinosaurio en Palacio, le deberá una buena explicación a sus fujinietos.

 

 

[Publicado el 08/5/2011 a las 12:51]

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Taller de lectura

imagen descriptiva

(Serie Luna - Luis Gordillo)

Ana-Irma Patete: Luna

 

Llevaba lápiz de labios color "Nice Spice."

Se llamaba Luna, aunque nadie sabía su verdadero nombre.

El mundo había halagado su esmalte dental que ahora se deterioraba dadas las noches sin fin de fumar y tomar. Era su único pasatiempo, la pobre.

Vivía su vida según el dictamen, "And everything under the sun is in tune, but the sun is eclipsed by the moon."

Su sonrisa era la única característica que la separaba de todas las demás.  También, era la causa de varios corazones (soles) rotos.

Nunca supo qué crear, así que destruyó.

Esa sonrisa de oreja a oreja, manchada de sangre, es lo único que durará.

Hace tiempo que toda memoria suya se extinguió.

Sólo quedan fragmentos, pedazos de una vida vivida para destruirse.

Pero, ¿no es ésta una creación en si misma?

 

Aida Manduley: Cuarto de doble vegetación

 

 (Double Vegetation Room - Cristina Iglesias)

 

Era la quinta vez que soñaba con el mismo lugar desconocido y la séptima vez que se encontraba en un laberinto sin saber qué había afuera ni qué había en el centro. ¿Sería mejor escapar o adentrarse más? Las opciones parecían igual de imposibles.

Caminando por los corredores, extendía sus brazos para sentir la textura de las paredes. Le recordaban pinturas antiguas del purgatorio católico, fósiles prehistóricos,  películas con pozos sin fondo. No sabía por qué estaba allí, pero algo la continuaba trayendo de vuelta una y otra vez.

De repente, sintió el deseo de lamer las paredes, de consumirlas poco a poco. Sin pensarlo, puso su cara frente a la pared más cercana y extendió su lengua. El sabor era algo metálico, como la sangre. Inmediatamente, sus manos empezaron a temblar y hasta parecían tener vida propia, ordenándole a sus dedos que se hundieran dentro de las ranuras de la pared. No sabía qué estaba pasando, pero ahora no podía pensar con coherencia. El aire se tornó pesado y sus pulmones se sintieron sobrecargados, preñados de moléculas invisibles. Todo era sensación. Todo era textura. Todo era verdor y  oscuridad, y las paredes susurrando en sus oídos.

Sentía que su cuerpo vibraba, su espina dorsal se convertía en una serpiente hambrienta,  sus brazos en lianas de un bosque húmedo y lejano. Estaba en proceso de mutación, sus células en un frenesí de cambio. Como si respondieran, las paredes también comenzaron a vibrar, a secretar un líquido baboso. Las grietas se expandieron y sus manos encontraron espacios más grandes para penetrar las paredes. Estaba transformándose en medio de una selva primitiva, tomando forma grotesca y abstracta.

Ella sería parte del laberinto y no despertaría más.

 

Jackson Shaad: Sin título

 

 (basado en una pintura de Frederic Amat)

 

Plaf Plaf Plaf: El hombre empieza otra pintura.

 

Primero

Saca el lienzo

Limpio y puro

Con la inocencia de un niño y la posibilidad de un sueño

 

Luego

Mezcla la pintura

Cremosa y suave

Las circulaciones repetidas como la mano del reloj.

 

Y plaf plaf plaf: el hombre empieza otra pintura.

 

Ahora

Con líneas

Estructurada pero aún imperfecta

Porque si el pintor madura pierde la inocencia del riesgo

 

Entonces

La batalla continúa

Difícil pero universal

La transición de la juventud a la adultez trae dolor.

 

Y plaf plaf plaf: el hombre empieza otra pintura.

 

Siempre

Aspiraba la perfección

Meticulosa y dolorosa

Su sangre roja como una firma en la punta de cada lucha

 

Finalmente

Renuncia a la perfección

Se da cuenta de que la vida está llena de errores

Y mantiene la imperfección incompleta.

 

El pintor ha vivido muchos años

Pero vivirá para siempre en la percha de su arte.

 

Plaf.

 

Lizette Chaparro: Belchite/South Bronx

 

A Trans-Cultural and Trans-Historical Landscape - Francesc Torres. (http://www.umass.edu/fac/calendar/universitygallery/events/FrancescTorres.htmlSouth)

 

Union City, 2002.

En una esquina queda el restaurante Colombiano y en la otra el Chino. Yo vivo a una cuadra de allí y estoy regresando de la escuela. Un hombre me ve y me lanza mi primer piropo. Yo no le digo nada pero corro hacia mi departamento para verme en el espejo. Por primera vez, a los once años, me creo bonita.

 

Manhattan, 1996

Por fortuna, vivimos en la 96, en uno de esos edificios elegantes, con portero y todo. Hay un hombre que vive en el piso sexto y ha aparecido en varias películas. Mi hermana y yo lo anunciamos a nuestros compañeros de escuela.

El Hombre nos conoce. Incluso sabe nuestros nombres, aunque los pronuncia como si fueran exóticos.

"Jezeenia...

and Leezette."

El hombre está tan entusiasmado que mi hermana y yo ni siquiera nos ofendemos.

 

Havana, 2010

La acera entre A y B es medio estrecha. El pavimento está destruido y casi me tropiezo con un viejo gordo. El viejo está arreglando un carro con sus amigos. El viejo se acerca hacia mi y me agarra el cachete. El viejo me dice que soy linda y yo le digo que no me toque, coño. El viejo me imita con una voz infantil y espera que yo siga caminando. Yo cumplo su expectativa.

 

Bronx, 2011

Mi mamá me dice que es mejor quedarme en Manhattan si se hace tarde. Yo no le hago caso porque tengo veinte años y soy invencible.

Salgo de la estación a las dos de la mañana y camino por el Estadio Yankee. No hay nadie en la calle, salvo un hombre que camina detrás de mi. El hombre me pasa con pasos ligeros. De pronto, se resbala sobre el hielo, y yo me río sin disculpa.

El me reclama: "Ah, crees que es chistoso?" Me muestra sus dientes blancos.

"Claro que si." Nos reímos juntos, y él me desea feliz año nuevo.

 

 

Sarah Denaci: Retrato

            Estoy harto de mi mujer y ese montón de pelo amarillo suyo que siempre se mete en mis cosas. Había una época en la que la consultaba sobre mis cuadros. Llamaría su nombre y vendría corriendo, deseosa de complacerme. Pero, a poco, me di cuenta de que sus consuelos fueron basura. No a causa de su estupidez total (al contrario, su estupidez es refrescante, una de las pocas razones por las que me casé con ella) sino porque ella es del todo alguien ajeno de mí. Cuando quiero consuelos, los quiero de alguien exactamente igual que yo aunque todavía no es yo; alguien desinvolucrado de mi cuadro, que tiene mis gustos, mis habilidades, mi educación. Un yo externo para darme lo que yo carezco. Aunque muchas veces sus consuelos tienen razón, añaden algo externo a mis cuadros, como si los tacos de sus zapatos rosados hubieran dejado huellas en mis paisajes.

            Inspirado por esos relatos de retratos monstruosos que, a causa de su estilo realista, se volvieron vivos, me encerré en mi estudio y me puse a pintar un retrato de mi mismo. No vine cuando mi mujer me llamó a la cena porque estaba trabajando con disciplina. Trabajé por tres semanas, pintando y repintando. Cuando mi mujer se fue al supermercado, pedí unas pizzas por teléfono. Comí pizza tras pizza. Usé las cajas como lienzos. Usé pintura como pintura. Después de las tres semanas,  tuve un retrato de proporciones realistas, colores realistas, todo realista. Podría haber sido un espejo. Lo cubrí con una tela y me fui a dormir, esperando que, cuando me despertara, el cuadro ganara vida para tener un compañero artístico.

            Sin embargo, cuando me desperté tres días mas tarde mi cuadro todavía no se había despertado. Además, carente de las experiencias que cotidianamente me distorsionan, el retrato  ha drenado su color, y ya no nos parecemos. Peor aún, mi mujer se había ido con otro hombre, menos talentoso, a quien no le gusta la pizza. "¡Tendrías que haberlo consultado con tu otro yo antes de casarte con esa puta ignorante!," quizás diría mi retrato.

 

(Retrato-Luis Gordillo) 

 

Corina Arnal: Perder la cabeza

 

            ¿Qué puedo hacer si las palabras no son suficientes? Cultivé el arte de la escritura bajo esa demanda perpetua de los artistas por algo de significado, que nos aseguraría un propósito superior al mundo doméstico. Leí novelas y poemas pensando que sus escritores legendarios tenían acceso a alguna realidad recóndita, encontrando en sus palabras consuelo en la camaradería de nuestra labor.  Pero esa relación es tan absurda como la nuestra.  Tu te fuiste.  Ellos también están lejos. Y lo que queda es un documento, una novela frágil e inútil.

            Cada vez más encuentro que mis palabras son huecas, elevadas en un péndulo volando hacia lo que creo será brillante o que les va a sorprender. Pero lo opuesto a lo que se frecuenta en la cultura corriente no es la innovación, es simplemente lo opuesto de una base fundada en lo superfluo y comercial.  Crecemos, nosotros los agentes del mundo literario, bajo una concepción de que dentro de las ficciones hay algún carácter expositivo de nuestra naturaleza humana.  Últimamente encuentro que las ficciones son solo eso.  Son un ejercicio mental.  ¿Y lo mental? No se refiere a nada mas que a un ejercicio de químicos. También lo nuestro fue  algo titulado amor, y por ese simple titulo decidimos que debería valer algo.  Pero no, tu te fuiste y solo espero que a mi cerebro le llegue la señal de que ya no debo pensar en ti.

            Y si logro terminar esta novela seré otro fraude vendiendo un producto sin valor.  Quédate con los ocho dólares y cómprate una cajetilla de cigarrillos, aquella nicotina va a lograr algo que yo nunca podré.

            Y este writer's block es terminal.  El block como tal es el momento de epifanía.  Tratamos de estrellarnos contra el block con técnicas frustradas, pero tal vez el momento en la escritura que tratábamos tan ansiosamente de encontrar es ese mismo block.  La respuesta de nuestros rezos prosaicos es que no queda más que decir.

Debería celebrar que te marcharas.  Feliz de estar liberado. Debería aceptar que fue sólo otro intento mío por encontrar significado en la ficción.  Pero, ¿cómo es que también te di el poder de terminar con mi oficio literario?

 

 Perder la Cabeza: Francesc Torres

 

Benjamin Slater: La luz más allá

            En un cuento de Borges, un sacerdote azteca sueña que ha despertado a otro sueño, que está atrapado en un laberinto de sueños, y que el camino de fuga es interminable. ¡Qué hermosa debe parecer la realidad inalcanzable fuera del laberinto!

            De una manera íntima, sabemos que estamos, cada uno, atrapados en un laberinto de sueños e ilusiones. Hemos tejido nuestro mundo como una estructura de texturas estampadas.

            ¿Cómo sabemos que hay una realidad que no podemos ver, si no podemos verla?

            La textura crea un espacio detrás de ella, y existe sólo en esta relación. Ella es la ausencia de la luz,  pero es la luz del exterior lo que hace visible y real a la textura. En otras palabras, sólo podemos ver nuestras ilusiones, pero no podríamos ver nada sin ellas, sin su promesa de una realidad y una luz más allá.

            La textura de una ilusión se produce precisamente en su promesa de sugerir la realidad en sus rendijas. Es ella la que dice que es una ilusión, que estamos atrapados. El sacerdote azteca va a tejer su laberinto de sueños en su intento de huirlos.

            ¿Y no es éste un mundo maravillosamente formado y tejido? ¿Quién preferiría un cuarto vacío?

 

 (Habitación- Cristina Iglesias)

 

 

 

 

[Publicado el 06/5/2011 a las 10:11]

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Lima, mariantonietesca

Los voceros de los candidatos a la presidencia del Perú que no pasaron a la segunda vuelta exhiben una obscena falta de respeto por los votantes, la votación y el voto. 

Ningún sistema inteligente puede, sin perder autoridad, descontar las evidencias. El voto de los menos favorecidos es el más crítico: demanda el mejor desarrollo social de los programas económicos y promueve un proceso de transiciones negociadas, que amplíe la redistribución.

Los ganadores han sido estigmatizados como enfermedades sociales, discriminando a los que las padecen, dicho sea de paso. Mariantonietescos, acusan a la mayoría de haber ganado. Ya que el pueblo no se deja gobernar, disolvamos el pueblo, concluyen. Para la segunda vuelta que al menos nos firmen un cheque en blanco, exigen los dueños del banco.

Esta ceguera hace recordar a la Venezuela de los partidos políticos corruptos y clientelistas, que controlaban el estado y sus presupuestos pero olvidaron a los más pobres, que con su voto disolvieron a los partidos. Una clase dirigente políticamente suicida, fue incapaz de incorporar a los más para legitimar el sistema democrático y, precipitada en la complacencia y la negligencia, pronto hacía maletas a Miami.

En cambio, en España después de Franco, y en Chile después de Pinochet, fueron los partidos socialistas los que dieron contenido social vivo a la transición democrática. Y en Uruguay y Paraguay pero, sobre todo, en Brasil, las transiciones del modelo de mercado dominante hacia procesos de redistribución de bienes, construyen un discreto futuro compartible.

Escuché a Lula, en Madrid, decir que al llegar al gobierno descubrió que el estado era incapaz de participar en el desarrollo social del mercado.

Brasil, dijo, se creía capitalista pero carecía de capital. Su primer acto fue fundar un banco estatal para dar préstamos a las iniciativas populares y ampliar el mapa productivo.

En Chile, en cambio, la pobreza que reveló el terremoto hizo que los más pobres saquearan los supermercados. Había gobierno pero no había estado: un año después, esos pueblos siguen en ruinas.

Tú, elector ocupadísimo entre tantas descalificaciones mutuas, elige libremente y deja que yo libremente elija.


Se trata de reconocer el valor de los otros, esa prueba del propio valor.


[Publicado el 24/4/2011 a las 06:19]

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Español y poesía en Chicago


  

Pilsen fue un pueblo checo fundado en el sur de Chicago y es hoy un pueblo mexicano, el corazón de esta ciudad. Ahora que el censo de población ha revelado el extraordinario crecimiento de las migraciones hispanas, que son ya la minoría número uno en EEUU y convierte a éste en el segundo país hispanoablante del mundo, luego de México; es bueno reafirmar, por lo pronto, el significado político del voto hispano, que podría garantizar, en las próximas elecciones, la calidad democrática de la vida norteamericana.  No habrá otro modo de defender a los migrantes (mueren todos los días en las fronteras) sino con los votos que recobren el espacio democratizador.

Mientras  los estados fronterizos se resisten a dejar el siglo XIX y siguen criminalizando y apresando a los trabajadores migrantes del español, en Pilsen ocupan un espacio legitimado por su capacidad de habitar. Ese afincamiento en construcción  traza un mapa alterno del país, hecho por el peregrinaje de la migración.  Pilsen pertenece al “habitus,” a esa temporalidad recuperada de un México construido de memoria. En esta ciudad uno cree ver a la migración hispánica reconociéndose en su propia representación. Pilsen está situada en un tiempo mexicano fuera del ciclo de desarrollo urbano del tardo capitalismo. Y es que la migración hispánica, a diferencia de las otras, no acaba de llegar, sigue llegando, y para alarma de los más conservadores, se resiste a desaparecer. Pilsen, me pareció, era parte de un archipiélago no cartografiado, el de una geografía humana hispánica. Pilsen, me dije, es la capital de los afectos.

Yo sabía, como lector de  “Contratiempo,” que Raúl Dorantes y Febronio Zatarain, entre otros escritores hispanos, animaban en Chicago la cultura del español transfronterizo, en una dimensión poco igualada de inclusividad y diversidad de orígenes. En esa revista que tiene la virtud de no publicar dos números iguales (cada uno es un documento completo) había leído yo los poemas y relatos de los concursos periódicos; y podía reconocer, con alegría, el español peregrino, este idioma migrante que viene de muy ayer, nos incluye, y prosigue, a lo largo de su trayecto y su versión oral de los hechos, su saga de las fronteras vencidas.  No es sino inevitable, por lo mismo, que Pilsen sea un taller literario. La cultura urbana que revela es una forma de la vida mexicana, capaz de humanizar el espacio contrario y controlar, así, la violencia. Pero no se trata de una nostalgia anacrónica: es ésta una forma del tiempo fluido, que viene de lejos y gira sobre sí mismo para hablarnos desde estos poetas de varios mundos cuya lengua franca es el español que se detuvo, no sin gracia, en Pilsen. El Taller es aquí la forja de un lenguaje capaz de comunicar estos tránsitos del español multinacional.

Vocesueltas se llama la editorial del grupo literario Contratiempo, que coordina el escritor dominicano Jochy Herrera, y que acaba de publicar En la 18 a la 1, antología del taller de creación literaria del grupo.  Este taller del español internacional se remonta a 1990, cuando los poetas mexicanos Raúl Dorante, Enrique Murillo y Febronio Zatarain, fundaron el primero de la serie como quien funda una ciudad. Cada poeta que desempaca sus manuscritos seguramente repite lo mismo: Vine a Pilsen porque me dijeron que aquí hay un taller de poesía. En esta Pilseneana me ha tocado la tarea de escribir su saga  en el prólogo al grupo de escritores que este libro acoge.  Da, por  ello, su dirección como título.

Lo primero que hay que decirle al lector que ha abierto la puerta de este libro y se detiene en su umbral, es que además de antología es una  muestra y repertorio: selecciona lo más representativo de cada autor, muestra la diversidad de su talento, y documenta el estado de la literatura hispánica en su paso por Chicago. Siendo varios libros, se nos demanda, como lectores, cambir de registro, de referencias y gustos en cada tramo de su compilación, porque cada escritor espera las respuestas que la lectura reconoce y prodiga. Como lector, uno se convierte en el último tallerista de este laboratorio. Este libro postula una intensa actividad verbal, y debe ser leído con un lápiz en la mano y una libreta cerca, para hacer preguntas, y buscar a los autores en nuestra biblioteca.  

De inmediato se advierte que el control del lenguaje y las formas permite que estos escritores se hayan liberado del testimonio inmediato y confesional, que en mucha literatura hispánica de la migración documenta los dramas de la adaptación, lo cual tal vez es válido para la psicología social pero no siempre para la literatura. Hace treinta años los migrantes hispánicos solían autorepresentarse como víctimas; hoy prefieren ser agentes y construir sus propias agencias para articular redes y rearticular sus márgenes. No es que muchos no sean víctimas, es que no quieren seguir siéndolo. Por lo demás, estos escritores tampoco se han entregado a la tentación del lenguaje de la protesta callejera, más bien formulaico y voluntarista, que suele remplazar con buena conciencia las tareas más arduas de validación comunitaria. Son, quiero decir, escritores, y como tales manejan un discurso más complejo, no menos material ni cotidiano, sino más revelador de la subjetividad contemporánea.

Elizabeth Narváez-Luna dota a sus poemas de una sosegada fluidez, y es capaz de reconstruir una mirada que une por dentro la diversidad; llama “conjugar” a ese unir lo revelado. Ignacio Guevara asume en sus relatos la dimensión inmediata de lo cotidiano, aunque su parábola “Un árbol soñó” es un notable ejercicio en  clave fantástica. José Luis García de la Fé es un poeta analítico y elocuente en sus indagaciones de la identidad, que dramatiza desdoblando al hablante, dándole la capacidad de hacer dialogar al exilio.  Johanny Vázquez Paz prueba su versatilidad en las formas, y con ironía pero también con intimidad dirime el paisaje cotidiano y su lugar en el mismo; sus prosas poéticas impresionan por su fervor y agudeza. Stanislaw Jaroszek es polaco de nacimiento, norteamericano por ciudadanía, y narrador por gracia del español.  Sorprende con la tierna ironía de sus relatos, de economía pefecta, sobre héroes marginales, plenos de vida. Rafael Franco es un poeta de notable capacidad formal, capaz de convertir en cuento o canto las experiencias más inmediatas, dándoles la formalidad de un lenguaje sensible. Adrián Zavala posee un especial talento para hacer del lenguaje recortado una metáfora de la fragmentación de lo real, y construir escenarios de validez poética. Raúl Dorantes nos sorprende con otra muestra de su capacidad para hacer veraces situaciones extremas, esta vez gracias a una suerte de oratorio que parece ocurrir en una Comala de encrucijadas, donde conversar humaniza las fronteras, “esa barbaridad.” Jorge Montiel escribe con convicción pasional y  concentración intensa una poesía de rebeliones que empiezan con el poema mismo, que él sabe convertir en una suerte de sismógrafo para registrar los efectos de la verdad. Verónica Lucuy Alandia trae desde Bolivia el sentido elemental de las cosas mutuas, que animan su poesía con la presencia terrestre de lo entrevisto y celebrado. Jesús Guerrero Martínez escribe poemas que son actos y ceremonias de presencia intensa y vigor interno que configuran el soliloquio del migrante capaz de construir, palabra a palabra, su propio camino. Humberto Uribe recobra la memoria mágica de una Colombia rural y mítica pero también, con humor, las aventuras de infancia y, con plenitud, la textura de la vida cotidiana. Santiago Weksler dice en el poema lo que no se puede decir en otra parte: con muy pocas palabras construye un espacio de dramas asumidos y compartidos. Y, para cerrar el taller, Febronio Zatarain nos lleva a los Andes, a las alturas de Macchu Picchu y las orillas del lago Titicaca, para poner a prueba el lenguaje con su palabra limpia y traslúcida, y dejar de tributo a los dioses tutelares sus sílabas mexicanas, a nombre de Pilsen y la poesía escrita en español, a comienzos del nuevo siglo de esta migración.

 

[Publicado el 19/4/2011 a las 05:53]

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Votar en el Perú


 
 

Celebro  la estimulante experiencia peruana de no saber bien  por quién votar. Me parece que declara no una falta de convicciones sino un ejercicio de saludable incertidumbre.  Quienes condenan a unos candidatos para celebrar al suyo, ejercitan su derecho a la fe. Pero el método de persuadir a partir de los males del otro produce, en la política como en la retórica, el efecto contrario.  Me temo que la política sea el espacio del efecto contrario: los que ejercen una convicción encarnizada son los que peor se engañan.  Dados los costos de la política como descalifiación mutua, que deprime la civilidad en todas partes, hoy se  configura una hipótesis de la política como la negociación permanente.

Borges dijo ser conservador porque era la única opción política que renunciaba al entusiasmo. No menos irónico es el caso de quienes se declaran “liberales” pero se dedican a descalificar con violencia a quienes no lo son. Los liberales son unos señores reposados que creen que la verdad está al medio; y su deportivo escepticismo los hace más civiles y relativistas. El liberalismo descree de las luces extremas, las de los iluminados; cultiva, más bien, una zona gris, esa gama de matices que llamamos tolerancia. Los neo-liberales (o neo-cons) son los marxistas de hoy: están poseídos por convicciones incólumes, autoritariamente jerárquicas, y nos ven a los demás como neófitos en trance de aprendizaje, a punto de ser salvados por la verdad universal del mercado.  Hablan de “mantener el modelo” haciendo eco a Fujimori, cuando se proclamaba candidato por tercera vez a nombre del “modelo” por preservar. Ignoran que nosotros somos expertos en dudar.

He leído en alguna parte que la democracia se distingue por la incertidumbre. Recuerdo bien el día siguiente a la caída del PRI mexicano después de 70 años en el poder. Muchos amigos míos vivieron una emoción desconocida: el paso incierto de tener que elegir. Por primera vez, cuando despertaron el dinosaurio ya no estaba allí. 

Por otro lado, votar no es un acto tan privado como se dice. Uno entra a la casilla acompañado de sus simpatías y diferencias, filiaciones y expectativas. Platón dijo ser más amigo de la verdad que de sus amigos. Se ve que no tenía mucho talento para hacer buenos amigos.  La amistad es una forma de la certidumbre, y esa verdad es una ética afectiva.  Claro que es una verdad zozobrante, porque la afectividad nos resulta trabajosa, si no bochornosa. Por eso los peruanos somos los mejores amigos pero también los peores testigos.  Vallejo, por ejemplo, estuvo rodeado de amigos pero merecía testigos mejores.

Para responder a tu pregunta por quién, finalmente, votaré,  debo confesar que yo habría votado por Manuel Rodríguez Cuadros, amigo mío desde comienzos de los años 70, cuando él empezaba su brillante carrera diplomática. Todavía me parece inconcebible que la prensa no le diera el espacio que, democráticamente, merecía como candidato a la presidencia y como intelectual crítico con un mensaje serio.  También conozco a Pedro Pablo Kuczyinski con quien he coincidido en las reuniones anuales del Foro Iberoamericano. Él es uno de los pocos profesores que puso a prueba sus saberes y dejó las aulas por las finanzas, con éxito.  Y debe ser el único ciudadano norteamericano que ha recuperado su pasaporte peruano para apostar por la presidencia y renunciar, con suerte, a su ciudadanía americana. PPK pasa en Lima por un gringo deportivo pero, en verdad, es un limeño de antes.  Tiene un sentido del humor tolerante y dice lo que piensa sin insultar al expresidente Toledo, que ya es decir. Habla de las finanzas como quien comenta una obra de arte.

Para complicar mi voto, el otro día escuchando a un asesor de Humala, me pareció recuperar una entonación del entusiasmo universitario:  la posibilidad de que una izquierda prudenta legitime (como en España y en Chile los partidos socialistas en su hora) el proceso de desarrollo en su racionalidad social.  ¿De qué nos serviría como nación un capitalismo exportador que no reporta ni reparte? Sólo haría que la base social acreciente el otro lado del mercado triunfante: el mercado negro, hoy dia ocupado por el narcotráfico y la violencia.  Hablando con un colega peruano de estas grandes indecisiones que uno debe tomar, le confesé que estaba estudiando el programa de otro candidato. “Yo también,” me dijo, bajando la voz. Lo cual quiere decir que un buen número de peruanos decidiremos a solas, con el lápiz en la mano. Dada la paridad de intenciones de voto, confiemos que la legitimidad pase por el ágora de las convergencias.

Me preguntó el otro día Carlos Fuentes por qué todos los peruanos quieren ser presidente. Sospecho, respondí, para poder hacer otra cosa. Por ejemplo, dar un discurso de pie en una piedra. Pero no por vanidad o banalidad, que son lo mismo. Si no por el sueño colectivo de reconstruir una casa perdida. Tal vez sea ésta una variante del deseo primario y peruano de recuperar una familia. En todo caso, por las razones contrarias. 

Al final, votaré en contra, por las dudas.

 

[Publicado el 04/4/2011 a las 04:52]

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Taller: El otro, el mismo


Mis estudiantes reconocen en el español una libertad que a veces los protocolos del inglés no les concede. En Borges descubren que el lenguaje puede ser la materia de que estamos hechos; y que el "y/o" en español es ilativo y desiderativo a un tiempo. Comparto aquí estos ejercicios de lectura que si algo testimonian es la promesa del Taller. 

 

Nicolás Jaar: X y X

Quiero recordar la primera vez que me ví a mi mismo.

Seguramente, me ví por la primera vez en una casa.

Quizás, la de mis padres. La casa que tenían cuando era pequeño.

Cuando tenia dos o tres años.

Quizás, había un espejo en esta casa.

Un espejo mas grande que yo.

Yo sé que los ojos de una madre - la mía - me vieron. Me vieron cuando me vi.

Pequeñito y casi trasparente, me encontré por  primera vez. Ella lo vio todo.

Sí. Seguramente me vió, y tal vez lloró.

Supo que empezaba algo.

Supo que en el reconocimiento de mí mismo me olvidaría de ella.

Pero quizás se olvidó, y yo también – tan transparente como ella.

Tal vez, nos olvidamos de ese momento, y hasta el día de hoy ni pensamos en él.

Seguramente ella estaba vestida de rojo y yo de blanco.

Quizás yo había dormido esa mañana.

Seguramente mi padre todavía no regresaba.

Quizás se le había olvidado.

Seguramente se le había olvidado que yo me iba a ver por la primera vez. En su casa. Al frente de un espejo infinitamente más grande que yo, pero de su talla.  

Se le olvidó que mi cuerpito y yo nos íbamos a ver.

Y con éso, se le olvidó casi todo. Hundida. La mujer de su vida.

Esta madre de mis ojos. De mi reflejo.

Hundidos en el desierto del padre. Qué paso aquí. Eso es lo que queremos saber.

Por qué tan hundidos. Por qué tan hundido yo, en mi mísmo , en ese momento.

Creándome solo ante esos ojos verdes, también hundidos.

Qué habría escrito yo en ese momento.

Ésto? Qué desierto? Cuán hundido el desierto? Cuán hundidos estos ojos verdes?

No sé cuantas veces he pensado en mi madre y me he visto solo, frente a un espejo.

Espejo hundido. En las aguas silenciosas que mi padre quizás algún día escuchara.

 

Ben Slater: Ben y yo

Durante muchos años he esperado tomar control de Ben. Yo soy un laberinto de pensamiento, sensaciones y miedo, pero no creo que exista para él. Ben vive en proceso de abandonarme. Cada oración que escribe, cada decisión que toma es más perfecta, más clara, de lo que yo pudiese prever. Él tiene el control, cuando le importa: escribe, lee, habla, besa. Yo me veo en silencio, tartamudeando, perdiendo la página por donde iba. Pensé que Ben era un efecto que yo producía, una ilusión de mi unidad. Ahora me pregunto si él es más real que yo mismo. Yo sabía que una visión desde fuera sería útil; como creo que Tom Sawyer lo sabía. Aunque no puedo explicar a Ben, sabía que él sí podría explicarme. Como Odiseo, yo quería andar disfrazado, haciendo preguntas sobre Ben. Ahora tengo otra alternativa,  preguntar a los que me conocen más íntimamente. A los quince años, supuse que Ben no era normal, que era excepcional, por muy bueno o por muy  malo (más malo) que fuese. Ayer, hablando con mi novia, nos dimos cuenta de que no conocemos a ninguna persona cerca de lo normal; de hecho, ella me dijo que Ben es el más normal. ¡Qué alivio para Ben y para mi! Él supo que ya se había casi liberado de mí. ¿Pero por qué eso es un alivio para mí? Quizás porque yo sólo puedo verme en los demás, menos en los que conozco y más en mi concepción general del hombre. Nunca estuve conciente de ello, pero nunca quise ser un individuo como Ben. Acepto su tiranía; hay bastante de mí en cualquier parte.

 

Alexandra Watson: Alexandra y yo

Paseo por Manhattan y observo el destello de la acera y  las caras sudadas de las trabajadoras. Alexandra se queja del calor y, con gesto dramático, pasa una mano sobre la ceja. Ella habla otras idiomas con lengua perezosa, pero no escucha las cadencias de las oraciones. A mí me toca el ritmo del idioma, me pierdo en su música, y las palabras extranjeras se forman en mí por su voluntad. Ella va por la ciudad y compra comida frita de la calle. Saluda a los niños con un guiño, y piensa tener hijos algún día, pero yo le quiero decir que los hijos no podrían quitarle su soledad ni compensar la falta de cariño que siente. Recibo noticias de ella en el Internet: tiene novio, quiere ser escritora, ha sido aceptada por un programa de escritura en una escuela prestigiosa. Pero cuando alguien le pregunta  qué quiere escribir,  no puede contestar. Yo, en cambio, estoy tan involucrada con las palabras, la tinta y el papel, que a veces pienso que estoy convirtiéndome en las palabras mismas, y que yo no existiría sin la palabra escrita. Quizá Alexandra siente algo similar, pero en ella la inspiración de la tinta se transforma en un deseo perverso de hacerse más tatuajes.

En cada historia hay una narradora y algunos personajes. Detrás de ellos, hay también una autora tácita. En nuestra historia yo alterno entre los tres, pero en este momento no sé quién soy.

 

Lizette Chaparro: Lizette y yo

Oí decir que ella es independiente. Mentira. Ella no sabe dónde está parada. Yo dirijo sus pasos mientras ella mira hacia el cielo y suspira. De vez en cuando la dejo tomar riesgos para mi propio entretenimiento. Parece tan libre, como si ella fuera su propia guía.

Ella está en el pasado. Yo la puse allí  y ni siquiera lo sabe. Sólo sigue los mismos movimientos cada día. Pero yo soy quien la inspira; soy la que le muestra estas memorias. Soy un poco malosa, lo sé. Pero nadie nos puede separar, porque ella me necesita a mi tanto como yo a ella.

Ella es simplemente la superficie, yo soy lo que encuentras adentro. Yo veo la sangre que corre por sus venas para entrar en su corazón y nado hacia su mente. Sí, es cierto que no todas las memorias son bellas. Y lo más triste es darle una memoria de algo bello que nunca volverá. A veces me da lástima y la dejo tranquila por cierto tiempo. Me imagino que piensa que está sola, pero siempre regreso. La desvelo por las noches pero cuando al fin duerme, le mando sueños dulces para que despierte con más animo. Así que nadie me puede acusar de maltrato.

Siempre voy a estar aquí. Mientras sus pies caminen en el pavimento, yo voy a ser quien los guíe. Mientras su mente exista, yo voy a ser quien la llene con lo que me de la gana. Al final, yo soy la doña, quien hace las decisiones. Nadie me puede criticar porque yo le doy voz cuando ella tiene pena. Y me encanta verla cuando la dejo ser descarada.

 

Justine Stewart: Yo y yo

Me dijeron: “Qué precioso anillo de boda;” y luego: “¿Cómo se llama tu pareja?" Es verdad, llevo un anillo en la mano derecha, y ya conocen a mi pareja porque ella es yo misma. Fíjate que no soy ni soltera ni feminista, no tengo dos personajes. De hecho, yo llevo ese anillo para demostrar a todos que estoy completa. Las mujeres exitosas como yo buscan una pareja con la que puedan compartir sus vidas. Y si ellas  no la obtienen, ellos se enojan. Usualmente, los fines de semana salgo al restaurante y ordeno una cena para dos. Yo y yo compartimos la comida, discutimos los diarios y  disfrutamos el tiempo juntos.

Aunque en esta relación lo más importante es la confianza, mi compañera me dice mentiras amorosas. Cuando tengo mucho trabajo, me dice que deberíamos ver la tele. Cuando quiero bajar de peso, me compra mis galletas favoritas. De noche, la sábana nos envuelve y nuestros cuerpos respiran como uno. Qué suerte la mía, tener esta buena relación.

 

Ana-Irma Patete: ( y Yo)

La otra, Ana-Irma, es la que toma decisiones. Yo soy una chica renuente, poco dispuesta a suscribir  conceptos rígidos y dogmas inútiles. Prefiero pasar mi tiempo caminando por las calles de mi aburguesada ciudad natal, o tocando el repertorio de Liszt en mi Steinway. Me gustan los pendientes azules, el helado de fresa, el cine mudo, la música de Brian Eno, la prosa de Wilde. Ana-Irma y yo compartimos estos gustos, pero ella siempre está consciente de cuán triviales son. Ella prioriza, organiza, y clasifica. Yo vivo para ella porque sé que si ella no me tuviese a su lado, ella moriría de tanta ansiedad. Siento pena por ella, por la forma en que se encarcela. Ella finge ignorar las contradicciones entre nosotras; yo no. Puedo aceptar que lo absoluto no existe, que sólo hay matices complicados. Pero como ella es el producto doméstico de la socialización, y yo una fabricación de nuestra propia imaginación, ella me esconde. No sé porqué. Tampoco sé cuál de las dos no escribe esta página.

Jackson Shaad: Jackson y yo

Al otro, a Jackson, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por los senderos de la Universidad de Brown para encontrarme a mí mismo en este mundo enorme. Jackson es estudiante también, y por alguna razón extraña tenemos las mismas clases cada semestre. Jackson y yo somos muy similares, pero hay diferencias evidentes. Bebo un café cada mañana, con un sobre de azúcar y una cucharada generosa de leche, después de leer el periódico, asegurándome de terminar el crucigrama con tiempo suficiente para caminar a mi primera clase. Cada mañana esa es mi rutina. Jackson comparte esas preferencias ritualistas pero de un modo muy pensado, como un espectáculo. Ha perfeccionado el arte de agradar a la gente. En las clases, nunca dice lo que quiere sino lo que el profesor quiere oír. Sería una mentira afirmar que nuestra relación es completamente negativa; yo vivo y me dejo vivir para que Jackson pueda sacar buenas notas y ser popular, y esa “vida perfecta” me justifica. Nada me cuesta confesar que ha adquirido amigos maravillosos y se ha preparado bien para un futuro próspero, pero eso no me puede salvar, porque este personaje de ficción creado para entretener no  duplica al personaje por dentro. Poco a poco, me convenzo de que Jackson es quien realmente soy; poco a poco estoy convirtiendo a esta persona falsa en otra. Estoy perdiendo la verdad hasta el punto de que lo falso ya no es más falso. Yo he de quedar en Jackson, no en mí; pero reconozco que la felicidad es la individualidad de los otros, ya que no tengo ninguna en mí mismo.

Aida Manduley: Ella y yo

Pocos la llaman Manduley; ese era el nombre reservado para mi abuelo, quien falleció y ahora solamente vive en la palidez de su nieta, o tal vez la cara de mi padre. Tampoco la llaman Aida—ella tiene mil apodos y disfraces más populares que ese. El nombre Aida está reservado para mí, pero ella no tiene problema con que la llamen igual. Las líneas divisorias son porosas y con una diferencia de pronunciación, todo puede cambiar—nos fundimos en una, pero reteniendo por alguna magia el poder de desenredarnos, de revertir el proceso químico.

Ella es como la sombra de Peter Pan, atada a mis pies con finos hilos de arco iris. Yo soy la que vive en tecnicolor, la que se retuerce en discotecas, y ella es la que codifica estas experiencias en poesía enumerada, creando su historia al mismo tiempo que la vive—algo suyo y a la vez, nuestro. Esta gemela se fragmenta en pedazos—escondidos, complejos, vanidosos, públicos—dispersados por la galaxia tecnológica. Le tengo que agradecer su existencia. Nuestra vida compartida y sus historias crean un espejo y no sé a cuál de las dos estoy viendo, y pienso que todo nos pertenece a ambas. La materia prima nos une y los productos nos diferencian, pero no nos dividen.

Me perderé algún día, cuando me lleve la muerte. Mi carne se convertirá en comida para los gusanos. Ella vivirá en los servidores de Internet, bailando dentro de los procesadores, sus nombres viajando con la rapidez de la luz. Cuando ya yo esté bajo tierra, o tal vez ahogada en altamar, su voz se confundirá con la mía en los videos que dejamos atrás. Ella es la que todos podrán accesar, aunque tal vez no entender. A mi me recordarán, pero esos recuerdos pasarán al olvido porque el contacto de piel y las emociones crudas no se puede preservar en papel como una flor disecada. Se convertirá en leyenda. Yo seré la que pasará a la historia, elusiva y fugaz, transmutada en cuentos contados; pero ella será la que todos podrán encontrar, aunque tal vez no entender. Yo cambiaré, pero ella será fiel a si misma hasta el final. Yo seré otra cosa.

Chelsea Sokolow: Chelsea y yo

Yo camino por la calle y mis alrededores como si  estuviera viendo una película, banda sonora y todo. Es la otra quien toma clases, saluda a la gente en la calle,  va a las fiestas a veces,  al supermercado más a menudo, que escribe cuentos en tres idiomas. Yo soy, más bien, muda. Escucho lo que dice, escucho las palabras que salen de su boca. ¿Pero, y yo? ¿Que hay para mí de decir? Nunca sé qué decir. Todas las palabras me parecen inadecuadas para verdaderamente expresar esto que estoy presenciando. Por eso, me quedo encerradita, guardando mi centro con una ferocidad desesperada e invisible. A ella le deseo éxito en su búsqueda de la poesía, pero no quiero nada que ver con aquella tarea interminable e incierta.

Ella me parece alguien enrumbada, aunque no la conozco bien para decirlo con certeza. Compartíamos unas metas parecidas (existenciales y prácticas) pero ahora estoy menos segura de lo que yo deseo. Siento que estamos distanciándonos suavemente, y eso me da miedo.  Si yo la pierdo, no sé con quién me quedaré. Sin Chelsea, sin mi espejismo, corro el riesgo de perderme también. Y al perderme me tocaría decidir cual verdad será la mía.

Yo no sé a cual de las dos le gusta leer a Borges, y mucho menos cuál de las dos cree escribir esta página. 

 

Anna Costello: Ana y yo

A veces no me reconozco: a veces no reconozco a Ana, la chica que me representa. Ella es optimista y entusiasta. Está entusiasmada con todo. Es efervescente y llena de vida. La pasa  riendo y abrazando a todos. Ella está llena de amor. Le gusta bailar y cantar. Cultiva los libros viejos y el fútbol americano. Cuando sus amigos hablan de ella, dicen que es muy mona.

Pero yo no soy mona. No quiero decir que no soy optimista ni alegre, porque lo soy, pero quiero decir que soy otra cosa que mona. Yo he limpiado cadáveres para que sus familias puedan despedirse. He hecho resucitación cardiopulmonar por cincuenta minutos, y he sentido cómo un hombre muere y renace bajo mis manos. Yo reconozco la cianosis, rigidez cadavérica, y el color moteado de la muerte. Le he contado a una madre que su bebé había fallecido. He tenido la sangre de un feto en mis manos. Y he trabajado con  pacientes que han recibido un tiro.  Reconozco a los alcohólicos que vienen cada día para espabilar la borrachera en nuestros pasillos; yo sé sus nombres, el modo en que su sangre coagula, sus olores distintos. 

Las chicas monas no tienen apodos de los alcohólicos sin techo. Las chicas monas no pasan sus veranos en el cuarto de urgencia. Y sobre todo, las chicas monas no escriben cosas así, llenas de sangre y muerte. No soy una chica mona. Ana sí, pero yo no. 

 

Sam Yambrovich: Sam y yo

Al niño herido, aquí tienes una curita. Cubre esas heridas y deséale lo mejor. Gracias a Dios que te puedes divertir tanto y todavía te queda sangre. ¿Dónde está ese niño, el de los ojos curiosos y la risa rara? Enséñame el shining morning face y vence al melancólico Jacques. Ponte los calcetines a rayas, el sombrero tontorrón y sonríele a la cámara. Si oyes una voz dentro, recuerda que hay dos lados en cada monólogo. Habla contigo mismo, se trata de que hables con otra gente. Y no olvides cantar.

Al saboteador, que te vayas. La vida es demasiada corta para dar excusas. Que sí, dormí lo suficiente, puedo presentarme hoy, leí el email, voy a llegar temprano, te quiero. Voy a hacer lo que me gusta hacer porque me gusta hacerlo. Elton, Madonna, Cher: son famosos porque siempre han sido famosos. Como yo. Si lo escojo, lo puedo obtener. Pero no puedo pedir perdón por lo que deseo. Aunque seas tú.

Al prostituto, enséñame un buen negocio. ¿Qué hay que vender para conseguir lo que quiero? ¿Quién invertirá? ¿Cómo negociaré las condiciones? ¿Siempre insisto en que paguen primero? ¿Qué hago con los pagarés? ¿Cuál es el significado de un buen sacrificio? ¿Qué se hace en un mundo donde el sexo es el dinero y el dinero es el sexo? ¿Darle una mamada al camarero y un veinte a mi mamá? La dificultad con un puesto así es qué hacer cuando ciertas partes dejan de funcionar.

Y a la víctima, eres culpable también. Respétate para que puedas equivocarte. Se puede descansar en la posición fetal, pero finalmente la clase de yoga va a terminar. Come un poco de charqui, bébete un Red Bull, y llama a la puerta. Pregúntate: ¿eres víctima porque lo disfrutas? ¿O porque nunca te has permitido querer lo que el corazón quiere? Y si el corazón es víctima, con todo ese músculo, entonces el cerebro te está matando, y quizás te lo quieras quitar.

 

Mariel Heupler: Mariel y yo

Yo camino por Pasadena y me demoro contemplando las formas de los edificios, las curvas de las montañas, el sol que se filtra entre los árboles.  La otra nota estas cosas pero maneja sobre el pavimento, pasa por las montañas, entra a los edificios.  Me gusta el baile, el olor de una tormenta, y las traducciones bien hechas; la otra comparte estas preferencias, pero de una manera vacía.  No siente la música como yo, no saborea el aire tormentoso, no lee por placer.  Es más inteligente, más benévola, y sin duda más educada.  Todos saben que va a tener mucho éxito; no se molesta como yo con la filosofía que dice que la incertidumbre nos libera.  Sabe ser feliz, exitosa, y amada.  Dependo de ella: me mantiene, me guía, me da rumbo.  Y veo como poco a poco su energía va apropiándose de mi curiosidad, de mi pasión.  Hace años traté de librarme de ella, pero no sabía si mi rebelión sería sólo otra parte de su plan, como un paso más en su lista de actividades pendientes.  Continúo esperando un error suyo que la lleve al fracaso, aunque no sé si una podría sobrevivir sin la otra.  Sólo así podré vivir como quiero, con la manía desenfrenada de un amor prohibido. Sin ella habría olvidado escribir esta página.

 

Sarah Denaci: Sarah y Yo

‘Sarah’ nunca ha sido algo propio; siempre ha pertenecido a la otra Sarah, la Sarah de Abraham; la Sarah genérica, escrito simbólico de un libro de nombres infantiles; la Sarah que tuvo el pupitre al lado del mío en el tercer grado. Ya no respondo  cuando alguien grita ¡Sara! en un callejón, en una discoteca centelleante, en un cine donde estoy pidiendo pochoclo saltado de una chica aburrida que lleva una chapa identificatoria que dice “Hola Me Llamo Sara.” ‘Yo’ no es nada mío tampoco, porque todos han visto la luz caer de las ventanas en las tardes primaverales; han descubierto con placer un bultito de azúcar al fondo de su taza de té; se han preocupado horas por la forma particular de su nariz bizqueando en el espejo probablemente engañoso; y han pensado que su subjetividad es algo único.  Las cosas realmente mías son mi cara, mi cuerpo, aunque no son nada tangible tampoco, van transformándose con el tiempo, imperceptiblemente. Pudiera medir el crecimiento del tiempo vivido en el largo del pelo, pero voy cortándolo cada tanto; y aun si no lo hiciera, seguro que nunca diría nada de “Sarah” o “Yo”.

 

Corina Arnal: Corina y Yo

Hay cosas que hace Corina, hay cosas que hago yo, y hay cosas que hacemos juntas. Soy yo la que se come las uñas, buscando con mis dientes perforar la agilidad didáctica de Corina cuando trata de escribir.  Soy yo la que se queda despierta en las noches, oyendo mi respiración profunda y esperando que pasen las horas. A mi me gusta la música cursi y objetivamente mediocre, mientras que Corina pretende tener mas gusto. Ella es la que estudia, la que busca conversaciones en la biblioteca cuando se cansa de estudiar, la que todos creen que es tan genial.  Las personas que logramos amar juntas, esas son en las que verdaderamente confío. Creo que cuando bailo, bailo con ella, elevando mis brazos sin gracia ni ritmo pero igual, auténtica.  ¿Será que sólo soy auténtica cuando coincido con Corina, o mejor dicho, cuando ella coincide conmigo?  No creo que sea cuestión de tratar de engañar al mundo o a mi misma.  No creo ser un fraude.  Hemos llegado a un arreglo bastante amigable, dividiendo horas y espacios correspondientes a cada una. Coexistimos pacíficamente, yo llenando los vacíos de su personalidad, disponiendo de mis ansiedades más vulnerables, que ella transforma en chistes o breves momentos íntimos. 

Al final, este breve paseo por mi psique es una farsa en si. ¿Seré yo quien escribe este pasaje?  Corina es la de las palabras.  Pero si es ella la que escribe, ¿qué medio me queda de expresión?  

[Publicado el 28/3/2011 a las 04:32]

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Biografía

Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."

Bibliografía

Crítica

 

Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006

 

Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004

 

Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000

 

El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997

 

Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995

 

Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994

 

El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992

 

Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992

 

Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991

 

Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988

 

Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988

 

Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987

 

Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986

 

Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971

 

La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969

 

 

Ficción

 

Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009

 

Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007

 

Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005

 

Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001

 

Emotions. Poems. New York: 2000

 

La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995

 

Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994

 

 

Ediciones

 

México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008

 

Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007

 

Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006

 

Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004

 

"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008

 

The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000

 

Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002

 

Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997

 

La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994

 

César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996

 

Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993

 

America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984

Enlaces

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