PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 16 de octubre de 2019

 Blog de Julio Ortega

Las mejores lecturas del año

 

            Le he propuesto a varios jóvenes escritores compartir en este conversatorio sus cinco libros preferidos del año que acaba, y algunos de ellos me han hecho llegar sus listas, que aquí transcribo no sin ánimo cómplice, propio del entusiasmo y la ironía de la charla.

            De estas listas de fin de año debo confesar que me interesa más la diversidad de opciones de cualquier lector, hecho en la benevolencia de la lectura, que las estadísticas  de votos, que promedian una suma de restas, es decir, una declaración de ignorancia.  Siempre habrá un lector que al leer una página confirme su mal humor entrañable; y otro que en cualquier lista verifique su ausencia. Pero estas listas en sí mismas no son buenas ni malas, se deben a su inclusividad y riesgo, o sea, a su apuesta por el diálogo.  La mejor lista, digo, es un decir, sería aquella que ofreciera sólo libros que no hayamos leído.  Salvo que uno lea para confirmar sus opiniones, y requiera reafirmarlas a costa de la conversación.

            Por lo demás, nuestro idioma todavía no ha democratizado, por mala educación dialógica, la distribución moderna de las buenas noticias. Todavía creemos que una antología es buena porque está hecha para la posteridad, cuando es evidente que las mejores se deben a su fugacidad: documentan  el gusto del presente. Y son, por ello, más valiosas, más vivas; ilustran la fugacidad de nuestro propio gusto.  Es patética la violencia contra el lenguaje de algunos escritores que proclaman su antología como la mejor, hecha de los mejores, y a nombre del porvenir.  Las mejores son aquellas que dan cuenta de la escena actual, y haciendo adiós con el sombrero dejan paso a la siguiente muestra de lo nuevo.  En español sólo con muy poca fe se puede hacer una mala antología; hay tánto bueno de donde elegir que es difícil equivocarse.  Otro tanto con las listas.

            Al final, las listas no son de los mejores libros leídos, sino de los mejores lectores elegidos por los libros que, contra todas las razones en contra, han logrado encendernos con la luz de la atención.

 

Jordi Carrión

(www.jorgecarrion.com/blog/)

Agustín Fernández Mallo: Nocilla Lab.

La conclusión del proyecto Nocilla en una hibridación total (prosa, poesía, ficción, ensayo, cómic y video).

 

Martín Caparrós, Una luna.

Otra vuelta de tuerca a la no ficción de viaje, según Caparrós.

 

Manuel Vilas, Aire Nuestro.

Desopilante, desprejuiciada, la novela española en una órbita inédita.

 

Mathias Enard, Zona.

Si la tendencia en novela contemporánea es abarcar Europa, Enard pretende abarcar el Mediterráneo; con ese objetivo, conecta a Cervantes con el conflicto palestino-israelí, los Balcanes con Barcelona. La historia es una corriente de conciencia.

 

Quentin Tarantino: Malditos bastardos.

Un guión (y una película) que trasladan el topos "segunda guerra mundial" a una dimensión nueva: brillante (artísticamente) e incómoda (éticamente), pero imprescindible.

 

Felipe Cusen

(www.letras.s5.com/archivocussen.htm)

álvaro bisama (chile, 1975): musica marciana (emecé).

una novela episódica en la que, debajo de las capas de cultura pop y posmodernismo, se descubre una intensa melancolía.

 

pablo torche (chile, 1974): acqua alta (emecé).

mucho más que una serie de "ejercicios de estilo," una completa operación de barrido de todos los estilos.

 

cynthia rimsky (chile, 1962): los perplejos (sangría).

dentro de la "moda" por mezclar ficción, historia y crónica, rimsky no hace trampas: se suelta de las barandas y se arriesga a perderse verdaderamente al interior de sí misma.

 

mario montalbetti (perú, 1959): 8 cuartetas en contra el caballo de paso peruano (album del universo bakterial).

este libro renueva una vez más las estrategias de montalbetti, capaz de construir una poesía a partir de ruidos, reiteraciones y dislocaciones de sentido, sin concesiones: seca y dura.

 

julian barnes (inglaterra, 1946): nothing to be frightened of (jonathan cape).

al igual que todos los mortales, me aterra la muerte. barnes exprime hasta la última gota de este terror.

 

Heriberto Yépez

(heriberto-yepez.blogspot.com)

 

Antonio Saborit: Una visita a Marius de Zayas (Universidad Veracruzana, 2009).

 

Ruben Bonet: Jaikus maníacos (Moho, 2009).

 

Jongsoo Lee: The Allure of Nezahualcoyotl. Pre-Hispanic History, Religion and Nahua Poetics  (University of New Mexico Press, 2008).

 

Vanessa Place y Robert Fitterman: Notes on Conceptualisms (Ugly Duckling Press, 2009).

 

Christine Wertheim et al. Feminaissance (Les Figures Press, 2009).Nuevas poéticas experimentales de mujeres en Estados Unidos.

 

Andrea Jeftanovic

(www.losnoveles.net/e3ajeftanovic.htm)

Cynthia Rimsky: Los perplejos (Santiago de Chile, Sangría editores, 2009).

Una novela que sigue un registro de diario de viaje contemporáneo, pero esta vez tras la ruta del filósofo Maimonides, donde baja y alta cultura se cruzan en un desplazamiento insólito por el sur de Chile, los Balcanes y el sur de España.

 

Giovanna Rivero: Niñas y detectives (Madrid, Bartebly, 2009).

Reúne los relatos de esta escritora boliviana que indaga en lo erótico, la femeneidad  y la infancia de modo fresco, transgresor y preciso  con un húmedo Santa Cruz de fondo.

 

Juan Terranova: Los amigos soviéticos (Buenos Aires, Mondadori, 2009).

Novela que trata las migraciones en un escenario global, en este caso desde los rusos que llegan a la Argentina tras la Perestroika, y lo hace con una escritura desenfadada; conocemos esa historia de cruce cultural.

 

Erri de Luca: El día antes de la felicidad (Siruela, 2009).

Este escritor italiano, obrero de formación, ha sido un descubrimiento; su prosa intimista y  melancólica nos habla de un Napóles escenario de guerras y miserias.

 

Diego Trelles Paz, editor: El futuro no es nuestro (Eterna Cadencia- Argentina, La Hoguera_ Bolivia, Uqbar- Chile, 2009).

Recomiendo esta antología  no sin pudor porque hay un relato mío incluido, pero hace tiempo no leía una muestra tan novedosa y sólida de distintos narradores latinoamericanos. Autores: Oliverio Coelho y Samanta Schweblin (Argentina), Giovanna Rivero (Bolivia), Santiago Nazarian (Brasil), Juan Gabriel Vásquez y Antonio Ungar (Colombia), Ena Lucía Portela (Cuba), Lina Meruane y A. Jeftanovic (Chile), Ronald Flores (Guatemala), Tryno Maldonado y Antonio Ortuño (México), María del Carmen Pérez Cuadra (Nicaragua), Carlos Wynter Melo (Panamá), Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo (Perú), Yolanda Arroyo Pizarro (Puerto Rico), Ariadna Vásquez (República Dominicana), Ignacio Alcuri (Uruguay) y Slavko Zupcic (Venezuela).

 

Mayra Luna

(www.mayraluna.blogspot.com)

Slavoj Zizek: Cómo leer a Lacan.

 

Roger Fowler et al: Lenguaje y Control.

 

Soren Kierkegaard: Diario Íntimo.

 

Peter Sloterdijk: Crítica de la razon cínica.

 

 

 

[Publicado el 24/11/2009 a las 15:28]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Se busca lector

 

¿Te acuerdas, ocupadísimo lector, de aquellas maravillosas novelas cuyo personaje central eras tú? 

Presuponían que el lenguaje no tenía la obligación de ser literal;  y hacían de tu lectura un proyecto  de invención.

¿Habrá pasado la hora del lector?  Yo protesto que no, porque no me resigno a darte por perdido.

Prefiero creer que tu mejor hora apenas empieza.

Es cierto que todo conspira para someterte al regimen laboral del lenguaje normativo, programado como un mapa al tamaño de lo real. 

Pero, en español, contamos con el mejor remedio para ello: el Quijote,  que se debería recetar a los adolescentes hispanofónicos para que aprendan a tiempo el arte de leer creativamente. 

Nos dice la novela que cuando Don Quijote está frente a la imprenta, en Barcelona, lee escrito en la puerta: “Aquí se imprimen libros.”  Wittgenstein aprobaría esa ironía contra el lenguaje tautológico. “Aquí” está de más, no es en otra parte; “se imprimen” es redundante, no se dibujan ni pintan; y “libros” sale sobrando, ese es su oficio. Bastaría con una palabra: “Imprenta”, que contiene todas las palabras.

 La crítica del circunloquio, que ignora la agudeza y  el sobrentendido, recorre el Quijote, y tiene en el refranero de Sancho su énfasis cómico. Mi tesis es que la novela le enseña a leer a Sancho para que se lea a sí mismo. Y en feliz lección moderna, Sancho, al final, aprende, y lee. Lo demuestra en su Insula, cuando lee cada caso como una novela, pero ya no desde la carencia de lo literal sino desde el horizonte de la lectura  y su promesa.  

El ocio y la poca fe de la crítica tiene mucho que ver con esta validación del lenguaje como sopor del mundo. La pesadumbre del habla de cada día ha consagrado el pleonasmo,  y  se ha perpetuado en una prosa “municipal y espesa.” Esa servidumbre referencial explica, por ejemplo, que la poesía del Aleixandre de la “comunicación”  sea considerada superior a su poesía, más intrigante, de los cuadernos “parasurrealistas.”  O que los profesores taciturnos prefieran el luto de La colmena al goce verbal de la Mazurca. Es la misma tozudez que descarta la inventiva como mera “experimentación.” Es una crítica que declara su nombradía con la monotonía de Mario Benedetti.

Contra el pesimismo  que ese modelo de leer impone, y que casi todos los escritores de éxito han terminado por asumir (con la valerosa excepción de algunos autores mayores que siguen haciendo camino al desandar), las literaturas alternas a las obligaciones domésticas del lenguaje están abriendo espacios no cartografiados. Recuperan la interacción trasatlántica, no se resignan a las representaciones  sancionadas, y registran una más libre percepción. Se trata de una mirada que fluye entre la cultura popular, el repertorio tecnológico,  el descentramiento del sujeto, las lenguas migratorias, el humor truculento,  las elisiones en la gramática del relato, y la invención operativa del lector. 

En efecto, las nuevas narrativas te asignan la conducción del aparato novelesco y te convierten en un lector pasajero.

Porque el lector o el espectador de hoy ya no se debe a los cortes del collage y los recortes del montaje. Su  percepción deja de ser  homóloga a la “imagen-tiempo” del cine, cada vez más dado a los “efectos especiales.” Se hace, en este siglo de anticipaciones, en la fragmentación y lo discontinuo, entre tensiones  que despliegan un campo de fuerzas en flujo que resisten su rearticulación. Seguramente sabremos cada vez más sobre la construcción tecnológica de la representación y la percepción biológica del objeto artístico. En todo caso, el arte incorpora sus mediaciones y la mirada sabe que una obra no es del todo literal. Sólo la pornografía es transparente, dice Rosalind Krauss.

Pues bien, las nuevas literaturas empiezan a demostrar su función en este debate sobre los modos de desrepresentar lo ideologizado y liberar la lectura. Y es una demostración de los turnos en relevo el que algunas editoriales mayores busquen sintonizar con la diversidad proteica de esta nueva narratividad trasatlántica.  Se trata de una Comedia de la Lectura que trama las varias orillas del lenguaje literario, entre España, Estados Unidos y América Latina. Esa triangulación hace del español internacional una intermediación horizontal, dialógica y celebratoria. Con inteligencia, con humor, con audacia, estos textos preguntan por el lector venidero, lo imaginan, incluso lo inventan; y le hacen lugar en la página para que se reconozca de paso, pasajero.

En mi próxima conversación daré noticia de algunas lecturas recientes.  No diré nada de best-sellers, que contribuyen con el calentamiento global, sino de libros que te buscan porque requieren de un gran lector.

Tenemos, en español, una extraordinaria literatura contemporánea. Lo que no tenemos son mejores lectores. Y sin grandes lectores no habrá una literatura mayor.

Pero, antes, te invito a listar las fórmulas en sobreuso que habría que descartar este fin de año. Propongo dos: el  voluntarioso “en definitiva” (reemplazarlo por “en total incertidumbre”) y el grito callejero “¡Venga!” (decirlo interrogativamente). Juan Goytisolo propone combatir el abuso del idiotismo “paradigmático,” y jura haber escuchado la variante diminutiva “es un libro muy paradigmático.”

Te dejo con una parábola.

Contaba Borges que el maravilloso pintor Xul Solar había declarado una guerra personal contra el gerundio: veía uno y lo tachaba con su lápiz. Una tarde, después de varias batallas, llegó al café con la gran noticia:

-Amigos, ¡el gerundio ha muerto!

Una dama contertulia exclamó:

-Pobrecito. ¿Quién era…?

 Xul Solar fue quijotesco. La señora, literal.

 

 

 

 

 

 

 

 

[Publicado el 14/11/2009 a las 19:37]

[Enlace permanente] [8 comentarios]

Compartir:

Novelas orales

De la conversación del camino he recuperado algunas "novelas orales," como dimos en llamar a las pequeñas historias que algunos escritores dejaban caer como quien no quiere la cosa.

El antipático término de "minicuento" (o también y tampoco, "microficción") hoy día nombra a todas las formas breves, con lo cual no diferencia a ninguna y sólo designa la brevedad. Para que haya un "cuento" tiene que verificarse, al menos, la infracción de un código. De otro modo se trata de poema en prosa, estampa, fábula, parábola, paradoja, anotación, aforismo, anécdota...O de lo que Juan José Arreola llamó "prosa de varia invención."

En todo caso, adelanto aquí estas anotaciones, más o menos reconstruidas por la memoria, como mínimos tributos al cuento compartido en el azar de los viajes. Como se dice en el Quijote, "en el camino de la amistad".

 En San Juan de Puerto Rico, en medio de un congreso de escritores, me encontré a solas con Juan Rulfo en una mesa de café. Recordó, como si lo dictara, el episodio de su vida que transcribo. Después entendí que me había contado el origen de Pedro Páramo, donde el hijo recupera el alma al volver a su pueblo. Pero hoy creo algo más: también el lector es atado en Comala y, gracias a la lectura, salvado.

En Guadalajara, en una pausa entre sesiones de la Cátedra Julio Cortázar, hablando de la capacidad de mentira de Alberto Fujimori, Gabriel García Márquez anunció que había escrito una novela sobre el Perú, y nos la dijo de memoria, como una sentencia histórica sobre el tiranuelo y su fuga. La realidad, siempre mejor novelista, lo devolvió después a una cárcel peruana.

En Providence, en una de sus visitas a mi Universidad, Carlos Fuentes me contó la versión londinense del confinamiento clínico de Pinochet. Como Artemio Cruz, el monstruo por fin se mira en el espejo, y reconoce su banalidad.

En Albuquerque, Nuevo México, invitados por Ángel González fuimos con Juan Benet a conocer Madrid, un pueblo fantasma, antiguo recinto minero. Benet se entusiasmó con este Madrid abandonado como el set de una mala película. Su conclusión sobre la verdad autoritaria, esa mentira encarnizada, me pareció un conjuro contra el fantasma de Franco, que insiste en regresar.

En Madrid, con Javier Ruiz y Julia Castillo visité una tarde a María Zambrano, y  de esa conversación en torno a las convicciones mayores (César Vallejo, José Lezama Lima) anoté la anécdota que nos contó sobre la despedida de Machado y Emilio Prados en Barcelona, días antes de la caída de la República.

Estas versiones quieren ser fieles, pero los autores no son responsables de su mera transcripción. 

 

Juan Rulfo: Fábula mexicana

En una época de mi vida viajaba yo por los pueblos de la sierra recogiendo historias. Una noche, ya muy tarde, llegué a un pueblito perdido en la montaña. Para mi sorpresa, los pobladores me estaban aguardando. Sin decir una palabra, me rodearon y me llevaron al centro de la plaza. Me ataron al tronco de un árbol y, en silencio, se marcharon. A la mañana, muy temprano, regresaron. El que parecía autoridad, me dijo: "Cuando te vimos llegar nos dimos cuenta de que venías sin tu alma. Tu alma te andaba buscando. Por eso te amarramos, para que te encuentre. Ya podemos soltarte."

(San Juan, 24 de febrero, 1982)

 

Gabriel García Márquez: Parábola peruana

Había en Japón un niño muy astuto que de grande quería ser rico. Decidió que para conseguirlo tenía que mudarse a un país lejano, donde hacerse elegir presidente. Estudió el globo terráqueo, y descubrió el Perú. Fue elegido presidente. Se hizo poderoso y rico. Y regresó al Japón.

(Guadalajara, junio, 2003

 

Carlos Fuentes: Espejo chileno

Cuando el general Pinochet entró a la Clínica de Londres, el memorable dia de 1998 en que la justicia española lo reclamó a juicio, no sabia él que se trataba de un hospital de lunáticos. En el jardín interior vio a unos señores ingleses que paseaban en silencio. Se acercó a uno de ellos, y le tendió la mano:

-Soy el general Pinochet -le dijo.

El otro se la estrechó, y respondió:

-Yo también soy el general Pinochet.

(Providence, abril, 2000)

 

Juan Benet: Lección española

Vivir en el franquismo fue no saber nada.

Cuando la policía nos pedía confesar lo que sabemos, decíamos toda la verdad: no sabemos nada.

Quien dice en España "Yo tengo la verdad," es que forma parte de la policía.

Todos los demás dudamos.

Sólo la policía sabe.

(Albuquerque, 29 de octubre, 1977)

 

 María Zambrano: Adioses de Barcelona

Mientras esperaba ser trasladado a Francia, Antonio Machado pasó unos días en una casa que le asignó la República en Barcelona. Allí lo visitó una mañana Emilio Prados. La pasaron conversando y, cuando se despedían en la puerta, escucharon, de pronto, el canto de un pájaro en el árbol de la calle. Los dos quedaron absortos, mirando al árbol. Hasta que Machado le dijo a Emilio:

-No se lo cuente Ud. a nadie. Nos acusarían de trotskistas.

Se despidieron para siempre, con una sonrisa.

(Madrid, primavera de 1982)

 

NB. Algunos lectores me exigen las fuentes bibliográficas de las versiones sobre soñar en Berlín con que inauguré estas conversaciones. Tendría que haber sugerido  las varias atribuciones de autoría, para sumarlos con mejor humor. Agradezco tambien a quienes prometen enviarme su pedazo del muro.

[Publicado el 06/11/2009 a las 00:15]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

José Donoso pregunta por su obra


 Me envía Luis Rafael Sánchez una crónica dedicada a la visita que a mediados de los años 90 hizo José Donoso a Puerto Rico. “De premios y desengaños” se titula, apropiadamente, su evocación. De buenas a primeras, dice, José Donoso le preguntó: “Luis Rafael, ¿qué piensas de mi obra?”  Y después de escuchar la admiración del amigo, volvió a preguntar: “¿ Entonces, por qué no me han otorgado uno de los premios importantes?” Luis Rafael, que tampoco ha ganado todavía ningún premio importante, replicó (me temo que piadosamente) que cada lector que selecciona una novela suya es el mayor premio. Pepe Donoso había perfeccionado esa suerte de epifanía suya,  la pregunta por el premio que no le darían nunca. Ese candor, ese reclamo, empobrecía premios y premiados. Nadie mereció más que Donoso recibir uno; no por el premio, que se repiten sin decoro, sino por Donoso, que es irrepetible.

Carlos Fuentes le votó año tras año para el Cervantes, como vota ahora por Juan Goytisolo, cada año.  Ya que uno duda de toda forma de justicia, al menos la justicia poética debería ser menos dudosa. Me temo que el Cervantes termine siendo redundante.

Justamente el día que se dictaminaba el Cervantes, hace doce o trece años, estaba Pepe en mi despacho, luego de su conferencia, y me pidió llamar a Madrid para saber el resultado del premio. Alegué la diferencia de hora, no encontré el número de Juan Cruz, cambié de tema.  Pero insistió y tuve que llamar.

Fue un gran escritor signado no necesariamente por lo que Julio Ramón Ribeyro, otro extraordinario narrador que jamás tuvo un premio,  llamó “la tentación del fracaso;” sino por una suerte de desamparo.  No era capaz de rencor o sarcasmo, esa aridez de los escritores cuyas deudas de afecto son impagables.  Tampoco era ajeno al humor de su propio destiempo.

Me sorprendió, sin embargo, cuando unos periodistas chilenos convirtieron sus cartas íntimas, que están en la Universidad de Iowa, en un escándalo sobre su sexualidad.  No porque lo hicieran sino porque Donoso no había protegido sus papeles. Por falta de instrucciones suyas, al día siguiente de su muerte eran públicos.  Llamé a la biblioteca de esa universidad para protestarles el protocolo y no distinguir entre lectores y buitres. Pero después dudé. ¿Y si Pepe deliberadamente no protegió su intimidad? ¿Habría apostado a un culto póstumo? Pero la idea de morirse para salir del closet resultaba estrafalaria, incluso para un escritor familiarizado con lo monstruoso. Sólo Enrique Lihn había sido capaz de convertir su muerte en un taller literario.

Por eso, cuando Alfaguara me pidió editar el manuscrito de la novela abandonada que su hija, Pilar Donoso, encontró entre sus papeles en la biblioteca de Princeton, profusamente acepté. Una novela incompleta de José Donoso, me dije, sólo puede ser una obra maestra en el sentido contrario.  Casi una novela restada de la novela. 

Pepe había empezado a escribir La cola de la lagartija (publicada como Lagartija sin cola el 2006) en enero de 1973 en el pueblo aragonés de Calaceite, donde había adquirido una casa desvencijada, que él y Pilar llamaban “un palacio del siglo XVIII.” Revisando el manuscrito para su edición,  fue inevitable concluir que Donoso renunció a terminar la novela. Corrigió unas  páginas, se detuvo en el primer capítulo, y dejó el resto en su primera redacción.  Lo extraño, lo admirable, es que ordenó esos papeles como un libro: los organizó en partes, pasó el primer capítulo a tercero,  y sospecho que imaginó su publicación.

Pilar Donoso, que escribía una memoria sobre su padre, me ha dicho que tal vez el golpe contra Salvador Allende interrumpió la novela y otras demandas narrativas se le impusieron, lo que me parece verosímil.

Dos líneas argumentales se alternan en el relato. Una es la historia amorosa  de un artista desencantado; otra, su búsqueda de una casa auténticamente antigua en un pueblo perdido de Cataluña. La idea de que un largo amor culmina finalmente en la amistad, es laboriosa y requiere más aliento. Pero la idea de que un pintor renuncia al mercado sólo para descubrir que el lugar ideal, donde busca refugiarse, ha sido tomado por el turismo, es anticipatoria. Esta novela es una de las primeras versiones de la pérdida de España en manos de las hordas de turistas.  Como suele ocurrir con su obra, hay también un subtexto, quizá dos: uno, público, la historia de un escándalo homosexual; otro, secreto, unos primos incestuosos.

Walter Benjamin había adelantado que la subjetividad adquiere las formas de la mercancía. “La cola de la lagartija” es una hipótesis sobre la ausencia de lugar  para la subjetividad, ocupada por la sociedad residual. El artista se rebela ante un sistema que lo reproduce como costo agregado. Pero la sociedad del espectáculo toma incluso los márgenes, y por eso los del pueblo no quieren que este artista compre una casa vieja sino la mejor casa, para convertirla en discoteca y atraer turistas. Quieren pasar directamente de la historia a la basura, gracias al espectáculo. Donoso prefigura el actual desvalor del artista, que empieza por su conversión en figura pública y culmina con su sobre-exposición, lo que satura su mensaje, que damos por sabido. El exceso de presencia deriva en ausencia: la reproducción cancela el diálogo y termina en residuo.

La visión de una Casa que convoque todos los tiempos vividos en un convivio liberado de la sociedad y sus demandas, se torna melancólica. La Casa está en venta pero no para alguien que busca darle lugar a su vida sino para quienes imponen el tiempo incautado del bienestar, y van ofertando los pueblos, uno a uno. La actualidad de esta novela (irónicamente deshabitada) es perturbadora.

Es raro que un escritor abandone una obra de tanta promesa. Pero Donoso era un artista mayor, y hasta el hecho de que dejase este libro lo confirma. Quiero decir, de un poeta esperamos que esté rodeado de inéditos. No de un novelista, que vive en la inminencia de ser premiado, usualmente no por su mejor libro. De modo que recorrí el texto preguntándome por su abandono; y por ti, por tu lectura.

¿Qué es la literatura sino la genealogía de una conversación.

Intentó vivir en varias ciudades como si viviera en Santiago pero siempre fue un extranjero. Una vez, en Sitges, me dijo que no podía entender a los nativos: nadie le había devuelto la invitación. Como a un personaje de Proust, no le respondían las preguntas para no tener que prolongar la conversación. Sólo atiné a excusar la amargura local de cenar en silencio. Por eso, fue feliz con su regreso a Chile. Lo reconocían en Correos, y decía él: “¡Que pueblo tan culto!”  Como en el caso de Cortázar, hoy nos interesa mucho más su sensibilidad narrativa, esa intimidad de su lenguaje; y mucho menos las familias chilenas que lo obsesionaron por su gusto perverso en lo banal. 

Siempre pensé que la calidad de Donoso se hacía evidente en la amistad de quienes lo querían.  En otra ocasión en que pude invitarlo a mi universidad, lo llevé a una fiesta en casa de Robert Coover y de inmediato se hizo amigo de Coover y John Hawkes. Pocos años después, cuando le conté a Hawkes que Pepe había muerto, me miro demudado y se le humedecieron los ojos. Lo había visto unas horas, había leído El obsceno pájaro de la noche, y no aceptaba su muerte.

 

 

 

[Publicado el 29/10/2009 a las 04:47]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Próximo Congreso de la Lengua


 

Estoy releyendo La Araucana de Ercilla para estar en forma y remontar el Congreso de la Lengua Española que se reunirá en Santiago de Chile.

Recuerdo que para el primer Congreso  me quedé con la sesión puesta: el congreso tuvo que ser cancelado debido a la insurrección Zapatista, que fue la primera guerrilla posmoderna, porque empuñó las armas para reclamar un lugar en la mesa. Habíamos pasado, en las izquierdas relevadas, del modelo de la resistencia (forjado por el fervor de los años 60) al modelo de la negociación (debido a la noción de que la vida pública demanda consensos). El debate sobre el congreso que no se produjo reveló el vasto substrato linguístico del español americano. Imaginar un Congreso de todas las lenguas, esa Utopía plural bien valía las penas.

Del segundo Congreso, en Zacatecas, leí que Gabriel Garcia Marquez había pedido la abolición de la ortografía a nombre del habla oral, y que un delegado catalán se declaró silenciado por el español. Las voces de los márgenes, que prologan el presente, se hacían escuchar. El tercer Congreso, en Valladolid, fue interrumpido por el ataque a las Torres Gemelas. Una sesión a mi cargo, sobre la literatura latina en EEUU, fue diezmada por el miedo al terrorismo, que es peor que el terrorismo. El tema fue luego recuperado, gracias a Víctor García de la Concha, en un número de la revista Insula.  

Al Congreso de la Lengua en Rosario, Argentina, le nació un contra-congreso, dedicado a las lenguas indígenas. Precisamente, me había tocado organizar una mesa de escritores y críticos sobre el español como lengua de contacto, para demostrar que lo que tienen en común el catalán, el quechua, el zapoteco, y el aymara, es el español, que promedia entre ellas y nos hace, con suerte, bilngues. Le sugerí a César Antonio Molina que desde el Instituto Cervantes iniciara una Escuela de Verano donde todos aprendiéramos quechua y catalán gracias al español. Me respondió que ya empezaba una para las lenguas de la península.

Y en el último congreso, en Cartagena de Indias,  en una mesa propiciada por el Fondo de Cultura Económica en torno a las comunicaciones y el libro, Juan Luis Cebrián y Carlos Monsiváis dieron las primeras voces de alarma sobre la disparidad de la tecnología digital y la lectura en español. Estos congresos han estado recargados de futuro, y no es casual que sea así;  el español es la lengua con más horizonte y, por ello, un debate permanente.

En todo caso, aunque no conviene fundar otra superstición, parecería que estos congresos del español universal coinciden con la urgencia de ocupar su plaza para interrogar su lugar en un tiempo contrario y muchas veces contrariado. Es claro que se precisa ampliar la mesa y compartir las otras voces. 

El congreso en Chile ha empezado más temprano. Arrancó con la polémica entre Pablo Neruda y Gabriela Mistral como figuras tutelares. Los últimos congresos le han dedicado un libro clásico al país huésped (el Quijote en Valladolid, Cien años de soledad en Cartagena), pero en el caso de Chile se han exigido dos, porque Neruda y la Mistral ya no son sólo escritores sino alegorías nacionales, y es mejor un empate que una derrota.  Si alguna vez le toca a mi país, tendrán que ser cuatro libros: el Inca Garcilaso, César Vallejo, José María Arguedas y Mario Vargas Llosa, porque la agonía de los empates nos sabe a triunfo.

La buena noticia es que la literatura Mapuche es de muy alta calidad. Y en Chile, uno de los países más modernos de América Latina, será cabalmente moderno tener a ese pueblo pleno de identidad como interlocutor del mundo a través del español.

Por lo demás, éste será el primer congreso de la lengua en la era posglobal. Ahora que caen las ilusiones economicistas de la globalización, el español puede ser también una lengua de las regiones y las particularidades, que la globalidad no pudo acallar.

No está nada mal que dejemos de polemizar sobre el Mercado, que exageró las validaciones y confundió los valores, y volvamos a la literatura y la conversación.

 

[Publicado el 24/10/2009 a las 16:20]

[Enlace permanente] [5 comentarios]

Compartir:

El muro de Berlín

 Berlín deja una huella profunda en el viajero, de modo íntimo y a veces insólito. Walter Benjamin y Alfred Doblin trazaron esos pasos como el eco que otros caminantes retoman. Aquí el viajero sueña más que en ninguna otra ciudad. Quizá porque Berlin es, en verdad, un mausoleo. Y uno, de paso, se sueña soñado. En este aniversario de la caída del Muro, y para que caigan muchos otros, a algunos amigos les he propuesto este enigma alemán. He aquí sus respuestas, libremente transcritas.


Juan Goytisolo: La arena del desierto

Es cierto que uno sueña mucho en Berlin. Pienso que se debe a que Berlín está construida sobre un lecho de arena. De noche, dormidos, percibimos que la ciudad oscila, se desliza y mece. La arena es una materia similar a la del sueño, hecho a su vez del horror de lo vivo.


Carlos Fuentes: Los lagos de la imagen

Yo creo que soñamos más en Berlin no porque sea un cementerio, como dices, sino porque la ciudad está rodeada de grandes lagos. Son lagos que, de noche, reproducen el cielo como espejos fieles. La noche se hace clara gracias a esos tramos de luz que nos multiplican. En el sueño, vemos esas imágenes entre la luz nocturna. Aunque yo no escribo los sueños que recuerdo sino los que olvido.


Julián Ríos: La leche nocturna

Los meses que pasé en Berlín soñé muchísimo, pero yo no creo que los sueños sean lecturas, creo que deben escucharse. En Berlin, las voces que nos hablan en el sueño hablan turco. En las terrazas del Kreuzberg yo saboreaba la crepitación del lenguaje más terrestre. Y en mis sueños mamaba de esa fuente propicia.



Alfredo Bryce Echenique: Los ojos de Nefertiti

Vine a Berlín porque me dijeron que aquí estaba la Nerfertiti. Tomé un taxi, que resultó conducía un peruano, y le dije: Lléveme a ver a Nefertiti. Me llevó a una casa de ventanas ciegas, más allá del barrio árabe. Le aclaré que ella estaba en un museo, que era una reina egipcia. Por fin la vi, pero fue un encuentro antidramático. Ella no está acabada de hacer: el escultor que la perpetuó, seguramente un esclavo enamorado de la Reina, no le dibujó los ojos para no ser descubierto. Por eso soñamos, para que por fin Nefertiti nos vea.

 

Eugenio Montejo: Dos poetas en la cafetería

Fui en compañía de Antonio Gamoneda, y convinimos en que, después de estar frente a ese busto maravilloso, ya no se podía ver nada más ese día. Bajamos a la cafetería del Museo. Aparte de la belleza, de la estilización fascinante de la figura, me impresionó su cercanía humana, la concepción terrestre del arte egipcio. El egipcio ve a la sagrada mujer de un Faraón con la misma humanidad de una mujer que vende en una tienda del desierto. Sólo la distinguen los atuendos y la dignidad de la pose, pero es también la muchacha que Pound vio en el metro como el súbito temblor de unos pétalos


Héctor Abad: El aprendizaje de la filosofía

Sobre los sueños te digo algo muy triste para mí: casi nunca los recuerdo. Sé que sueño, pero no sé qué sueño. Y Machado decía que sólo el arte de evocar los sueños es el que hace al poeta, o algo así. Por eso escribo prosa, tal vez. Sin embargo, al poco tiempo de llegar a Berlín, tuve un sueño bellísimo, que recuerdo muy bien: un niño muy pequeño, de unos seis o siete años, se pasó toda la noche dándome clases de filosofía. Supongo que será uno de tus niños muertos; el idioma alemán es filosófico. ¿Sabes cómo dicen aquí "cámara lenta"? Zeitluppe, lupa del tiempo.

 
Diamela Eltit: El muro de Berlín

Soñé, en Berlín, con el muro de Berlín. En mis sueños todavía está, pero al despertar sé que ha sido derribado hace tiempo. Fui, como todos, a comprar mi pedazo de muro. Me vendieron en un sobre una estría del supuesto muro, con un sello de autentificación: "Éste es un fragmento verdadero del muro de Berlin". Berlin hace indistinta la verdad del muro y la falsificación turística del muro. La primera es del orden del sueño: la verdad es soñada. La otra, del simulacro: el precio de lo residual.


Antonio Cisneros: Monólogo del insomne

Me convertí en Berlín, al caer de la noche, en un insomne radioescucha de onda corta. Y terminaba, aburrido y errático, recorriendo sin cesar el dial del aparato en pos de alguna palabra reconocible. La BBC de Londres, Radio France y las emisiones en lengua española de Viena, Tirana o Budapest fueron voces de arrullo en esos siniestros duermevelas donde maldije, más de una vez, el siempre bien ponderado ocio creador de los helenos.


Antonio José Ponte: El hilo del habla

En el Museo de Arte de Berlin me encuentro con una magnífica serie de estelas aztecas.

Un sacerdote vestido de tigre sujeta a su victima mientras le corta, de un tajo, el hilo de habla que ondea bajo su boca, circula sin peso y se apaga. El sacrificio humano no es aquí estrellarle la cabeza ni sacarle el corazón: es cortarle el habla. En mis sueños soy el sacerdote, soy la víctima, soy la frase cortada. Y escucho que alguien sentencia: "Ha dejado de hablar." Despierto, salvado por una sílaba.

 

Agustín Fernández Mallo: Informe a la Academia

Fui a Berlín a estudiar la lengua alemana pero me asaltaban unas pesadillas en las que hablaba sin pausa en alemán. Entendí que uno no aprende alemán, vuelve a nacer en ese idioma. El alemán se apodera de tí y te obliga a traducirlo todo, como si todo fuese transparente menos el alemán mismo, que es intraducible. Sospecho que por eso hay tantas malas novelas en español que ocurren en alemán. Y tuve miedo de hablarlo porque todos los otros idiomas, incluso el mío, me hubiesen abandonado. Ya casi no lo sueño, pronto lo habré olvidado.


Imma Turbau: Las puertas del infierno

Pensé que el Grito de Munch no se debía al horror de Europa sino al de la ciudad: ocurre exactamente en una calle como ésta, ante un puente vacío. Un autobús pasó a mi lado y se detuvo en la esquina. No iba nadie en él y tampoco nadie lo esperaba. Pero el chofer abrió las puertas. Quedé inmóvil, temiendo que se abrían para mi. Pero él sólo cumplía su deber: se detenía en cada paradero, donde nadie lo esperaba, y abría sus puertas. Pronto las cerró, y pleno de nada, siguió su ruta vacía. El Grito viaja en bus.

 
Matilde Sánchez: Einbahnstrasse

Libro A-Z. Durante la noche siguiente sueño con Anzorena, el amigo de mi padre. Lleva túnica y birrete de juez...está de pie, en medio de la corte, extiende algo, un paquete. Es un libro. Cuando lo abro compruebo que es el viejo libro de fotografías de la guerra que he comprado esa misma tarde. (La ingratitud)

 

Libro-ciudad. En mi versión la lectura se aproximaría al estilo de un paseo fortuito de un inmigrante que descubre su ambiente...Un relato como una ciudad en laberinto, donde se pasara una y otra vez ante las mismas fachadas sin reconocerlas ni dar con la salida, al principio azarosamente y después de acuerdo a un método establecido, una ruta interna como sólo podía ofrecer Berlín, con un principio y un final. (La canción de las ciudades)


Juan Francisco Ferré: Ver Berlin


Fui a la Ópera a ver las ubérrimas valquirias wagnerianas pero no quedaba un asiento libre y me ofrecieron una entrada para ciegos. Todo está irreversiblemente ordenado, como en una pesadilla: yo pagaría la mitad por sentarme al lado de un ciego, que se sentaría frente a una de las columnas casi al final de la platea. No necesitaba, claro, ver a Wagner. Pero yo tendria que llevarlo a su casa esa noche. Me tocó en suerte una ciega, de anteojos de pedrería brillante y peluca violeta. Es la condena de Fausto, me dije, resignado.


Jorge Carrión: Último hombre en Berlín

Vi parado en una esquina con las manos en los bolsillos a un hombre soñoliento. Parecía un trabajador temporero, seguramente agrícola. Tú eres español, le dije, adivinando. Se sobresaltó. ¿Y se puede saber qué haces?, le pregunté. Nadar, respondió. ¿Cómo que nadar? Es el intransitivo de nada, dijo, sin ironía. Desperté, en una esquina de Berlín, conjurado.

[Publicado el 22/10/2009 a las 14:31]

[Enlace permanente] [5 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."

Bibliografía

Crítica

 

Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006

 

Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004

 

Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000

 

El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997

 

Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995

 

Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994

 

El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992

 

Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992

 

Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991

 

Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988

 

Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988

 

Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987

 

Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986

 

Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971

 

La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969

 

 

Ficción

 

Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009

 

Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007

 

Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005

 

Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001

 

Emotions. Poems. New York: 2000

 

La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995

 

Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994

 

 

Ediciones

 

México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008

 

Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007

 

Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006

 

Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004

 

"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008

 

The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000

 

Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002

 

Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997

 

La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994

 

César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996

 

Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993

 

America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984

Enlaces

Página web de Julio Ortega

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2019 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres