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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 20 de septiembre de 2019

 Blog de Julio Ortega

Mario pasionario


 
 

El Premio Nobel hará que la obra de Mario Vargas Llosa sea, por fin, leida más allá de la política. Los que nos hemos peleado con sus ideas neoliberales nos sentimos reivindicados por el Nobel, que libera su obra literaria como tal. Como yo fui amigo suyo en su época izquierdista, cuando vivíamos en Barcelona, y nos perdimos de vista durante su época neoliberal, estoy feliz de poder recuperarlo, ya que su obra estuvo siempre a la izquierda de él mismo. Después de todo, hemos coincidido en la crítica de estos tiempos de corrupción y violencia, y compartimos el compromiso con los derechos humanos. Ya hace un par de años que finalmente nos reconciliamos.

 

En literatura soy de un optimismo permanente. Ceo que el ejemplo de MVLL como artista apasionado fomentará la lectura pero también el culto de la literatura, que él  encarna como pocos, y sin el cual no se puede llegar muy lejos. Espero, por lo pronto, que la nueva literatura peruana sea, por fin, tomada en serio por los lectores del español, más provinciano que nunca ahora que nos hemos vuelto globales. La clase política y gerencial que desgobierna el país (no olvidemos que, casi como en una novela de Mario, la corrupción actual es exactamente el otro lado del mito del mercado libre), confío que por fin acuda al menos a la Feria Internacional del Libro, en Lima, donde han exagerado su ausencia. En todos los paises civilizados las autoridades públicas asisten a las Ferias y hasta el Rey de España compra un libro. En el Perú, no han asistido nunca. La presidenta Bachelet fue a Lima a inaugurar el pabellón chileno de la Feria pasada, que el nuestro ignoró, una vez más, sin rubor

 

Hace tiempo que he propuesto que la obra de MVLL se puede leer como una arqueología del mal. Su famosa primera linea de Conversación en la Catedral ("en qué momento se jodió el Perú") se puede traducir bien a cualquier habla nacional ("en qué momento se chingó México," por ejemplo, o “en qué momento se corrompió Cataluña”) porque corresponde a la genealogía del origen del mal-estar. Aunque viene de más lejos, esa visión deriva, en América Latina, de Octavio Paz y su noción agonista de que somos hijos de una "violación," histórica y existencial. De modo que la frustración nos define por un mal de origen, que nos destina al fracaso. Esta visión catastrofista, muy fuerte en los años 50, fue contestada puntualmente por el utopismo de los años 60, pero la frustración de los proyectos nacionales pronto nos devolvió al escepticismo. Aunque Mariátegui recomendaba escepticismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad, lo cierto es que los peruanos tenemos una excesiva intimidad con el descreimiento. Hasta la palabra “yo” nos resulta un énfasis del español. Pero la obra de Vargas Llosa es, además, un exorcismo. No sólo la ilustración de la debacle social y política sino su purgación, sacrificio y conjuro. Funde el agudo análisis de Voltaire a la furia descarnada de Dostoyevski. Su radical escepticismo tiene fuerza política porque denuncia el poder corruptor que, como en el gran realismo del siglo XIX, es intrínsico a la sociedad misma. En la novela española no hay todavía una visión equivalente del mal, donde en lugar de una deuda de origen podría haber un presupuesto original.  Isaac Rosa, José Ovejero, Juan Francisco Ferré, Manuel Vilas están en ello, pulsando las entrañas del monstruo barroco, a punto de quemarse las manos.

 

No es casual, por ello, que MVLL haya elaborado la tesis de que todo artista es hijo de un desgarramiento. Esa extraordinaria deuda de origen define al escritor, que busca saldarla con renovado entusiasmo por la agonía de la purga. Los escritores felices, concluímos, no escriben buenas novelas; en cambio, los desdichados des-dicen el decir de que estamos mal-hechos.

 

De allí el extraordinario regusto en la derrota irredimible de personajes magníficos, cuyas heridas y cicatrices configuran su verdadero cuerpo heroico. Estos personajes viven el arrebato de su propia derrota, hasta convertirse en esperpentos deshumanizados. Se diría que MVLL ha explorado el asombro del dolor, que nos abre la mirada al horror despupilado de una verdad intolerable. Se trata de las estaciones de la pasión, sin consuelo ni promesas, del peregrinaje del hombre (el "hombre pobre" vallejiano, desamparado de los discursos reparadores), una y otra vez caído en su viacrusis social. Si en el lenguaje de Vallejo, Dios agoniza; en el de Vargas Llosa se ha ausentado definitivamente, y somos, como en la obra de García Márquez, “huérfanos de nuestros propios hijos.”

 

Aunque muchos de sus lectores hemos lamentado sus ideas políticas, hay que decir que Mario no sólo ha sido un formidable antagonista, cuya obra, está a la izquierda de su política; si no que ha mejorado el debate apasionado por las ideas y las certezas de la pasión. Al final, más allá de las posturas de la hora, esa vehemencia recorre su vida pública tanto como su escritura. Quizá, en una figura barroca de la agudeza, se pasó al otro lado de su obra para tolerar los demonios que la dictan. 

 

En una época corrompida por el egoísmo, diezmada por la mediocridad de los lenguajes al uso, cuando ya no se reconocen valores sin precio, la obra de MVLL es un fuego de la tribu, que alumbra esta noche negra del mundo en español.

 

[Publicado el 10/10/2010 a las 10:30]

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El bello ombligo de la literatura argentina


 

 

Gabriela Mayer (DPA): ¿Cuáles considera son las obras u autores emblemáticos del siglo XX de la literatura argentina? En la Feria de Fráncfort lo son Borges y Cortázar. 

 

Borges y Cortázar cambiaron el lugar del lector en la literatura. Borges demostró que el lector es autor de lo que lee, y que somos lo que hemos leido porque estamos hechos por el lenguaje. Cortázar encontró que nos leemos los unos a los otros en un mundo no siempre legible, a veces inexplicable y asombroso. La inteligencia de leer es un juego preciso y azaroso. Pero la lectura es también espacio de la subjetividad, de los afectos y el diálogo. Al final, B y C son las dos caras de la misma moneda: el juego y el diálogo se turnan entre uno y otro, y ambos nos son del todo imprescindibles. Celebrarlos es sumar lo mejor de nosotros mismos. Lo bueno de la literatura argentina es que cada lector pone al día su canon; lo malo, que ello hace irrelevante la idea misma del canon; y lo feo, que el canon se convierte en el capital simbólico de un mercado cultural, académico y periodístico, que perpetúa autoridades, impide el relevo, y practica la exclusión. Es irónico que una literatura que ha contemplado, con éxito, su bello ombligo, no haya hecho su propia crítica. Y no advierta, por eso, el provincianismo de una melancolía que pregunta quejosamente por  el sujeto.  Propongo, por ello, un subcánon: Silvina Ocampo, Arturo Carrera, Fogwill, Josefina Ludmer, Héctor Libertella...

 

G. M.: ¿Cuáles son las particularidades que encuentra en la literatura argentina que de alguna manera la identifiquen o diferencien de otras literaturas del continente en este período?

 

Cuando advertí que en el documento fundador de Argentina ("El matadero", esa acta de su nacimiento moderno en la violencia) el nombre se trocaba en "Matadero", con mayúscula (haciendo del  lugar un escenario alegórico), fui a la biblioteca de Yale a comprobar su primera publicación en la "Revista del Río de la Plata". En efecto, allí se consigan los dos nombres. Habría, claro, que verificarlo con el manuscrito,  pero ese manuscrito desapareció, como han desaparecido los archivos de J. M. Gutiérrez, las crónicas de Darío en La Nación, el archivo de “Sur”, volúmenes de la Biblioteca Nacional, y hasta primeras ediciones en la biblioteca de Victoria Ocampo. Tanto como han desaparecido Enrique Molina, Néstor Sánchez, Roberto Juarroz, y tantos otros desatendidos. Estas desapariciones, así como las pérdidas de la casa familiar en "El Aleph" y en "Casa tomada", alegorizan el Desaparecedero, la mecánica de la substracción de la memoria, esa tachadura siniestra que cabría estudiar como un sistema de restas del tu por el yo, del otro por lo uno. Digo, es un decir.

 

G.M.: ¿Cómo se desarrolla la tensión entre lo local y lo universal en este período de la literatura argentina?

 

Esa tensión ha gestado lo mejor de la literatura argentina. Todavía la academia afinca en lo nacional como parque temático o cementerio privado. Impone, así, una descendencia melancólica, de lectores que se parecen demasiado a sus maestros, a los que no logran remplazar. En cambio, Borges, Cortázar, Héctor A. Murena, Tomás Eloy Martínez, Luisa Valenzuela, Juan José Saer, Ricardo Piglia, César Aira, Perlongher, entre tantos otros, han articulado el afincamiento y el traslado, y le han dado a la intemperie local un estremecimiento mundial. Pero para las nuevas voces del relevo, ya no se trata de la deuda de los afectos nativos sino de su espectáculo sobrescrito. Por eso buscan recomenzar echando a las palabras del templo, haciéndolas chillar, poniendo en duda su vocación melodramática, ahora perpetuada por el cine nacional.  De allí la  certeza posible en el hueco del discurso nacional, que practican Tamara Kamenszain, Matilde Sánchez, Jorge Aulicino, Rodrigo Fresán, y varios más jóvenes, hartos del español que habla Maradona.

 

G.M: ¿De qué manera se imbricaron la historia y la política en la literatura argentina?

 

J.O.: La literatura argentina es hija de la ironía. Y si la historia es trágica y la política patética, la literatura (el ensayo relativista, la poesia especulativa, la narración crítica) ocupan el presente (el más fugaz de este idioma), el futuro (toda poesía aquí convoca otro hablante), y pone al día el pasado (el melodrama nacional de parejas imposibles). De modo que la historia y la política se tachan mutuamente, para rescribir los nuevos acuerdos nacionales del poder de turno. Es un turno que ya dura 60 años...La corrupción y la violencia son hoy el otro lado del mercado neoliberal. Acabo de cruzar los Campos de Soja, ese espacio paradigmático del pais (mientras dure la soja), y no ha de extrañar al viajero que las ganancias no han mejorado el paisaje.

 

G.M.: ¿Cree que existe lo que se denomina una nueva literatura argentina? ¿Tiene elementos en común en cuanto a estilos y temáticas?

 

Creo, y apuesto con fe en las  penúltimas promociones, y también en las renovadas literaturas de las regiones, más que en las nacionales. Los que empiezan tienen que expulsar, como sus pares en los ámbitos de esta lengua, al español del lenguaje para poder escribir en un español más libre. Este idioma nuestro arrastra sobrepeso tradicional, ideología ultramontana, autoritarismo juriásico, machismo, racismo, xenofobia... Para no insistir en la recusación del otro como principio de identidad, en la estereotipia y prejuicio, prolijidad y redundancia. Batir el mercado, resistir la banalidad del éxito, restaurar el entusiasmo del riesgo, y cruzar las fronteras, son tareas pendientes de esta nueva década. Confiemos en la crítica como una política de reapariciones, capaz de retener lo que de otro modo seguirá desapareciendo.

 

[Publicado el 05/10/2010 a las 05:13]

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Cervantes en tiempos de crisis


 

  

En el Prólogo a la segunda parte del Quijote Cervantes nos cuenta, con humor del bueno, que el emperador de la China le ha enviado un embajador para contrartarlo de preceptor de español y pedirle que su novela sea libro de texto. Hoy que las instituciones académicas y culturales padecen en todas partes de autocomplacencia, la que empieza por creerse su propia publicidad,  deberíamos  cuidar que la crítica y el debate sean parte de la inteligencia de las comunicaciones.  Ahora que casi todo está subvencionado, la sonrisa de Cervantes sólo podría ser burlesca. ¿No habrá ya una beca para leer su novela?

 

Desde esta orilla norteamericana del español, quienes trabajamos en el Hispanismo atlántico, hemos contado con el Instituto Cervantes para ampliar el debate por un español internacional, hecho en una política incluyente, que no discrimine a América Latina; y que en lugar de un activismo histérico (redundante y sin público) sintonice con el diálogo académico.

 

Con sus directores (Fernando Rodríguez Lafuente, Joan Juaristi, César Antonio Molina) he compartido el clásico deporte local  de planear el futuro como un simposio. Cervantinamente, el camino no ha sido regional: nunca tuvimos que volver a La Mancha. Más bien, todos queríamos ir más lejos. Y, gracias a ello, ninguno ha tenido que vender el Quijote en la China.  Aunque es probable que más difícil será venderlo ahora en España, ya que con el Máster de Boloña hemos topado. Estoy yendo a visitar  a la actual directora para compartir los duelos y quebrantos.

 

En América Latina, las casas de España forman parte del paisaje local, y varias de ellas son un término de referencia para los más jóvenes. Las otrora anacrónicas Academias de la Lengua, son hoy todas distintas y responden a su entorno. Algunas traman el tejido literario y el académico, que muchas universidades no han sabido aún sumar. No estaría mal que los Congresos de la Lengua Española consideren incluir a las lenguas regionales.  En verdad, esos Congresos podrían ser modelos  de la conversación,  más allá de las zonas de contacto evidente, en torno a la nueva  hibridez lexical y las sumas sintácticas, que hoy son una práctica literaria y hasta un  paradigma cultural. Por ejemplo, el español andino, bien documentado por los linguistas,  produce hoy una literatura de notable riqueza, hecha en la mezcla del quechua y el español. Se trata de una lengua que se transforma en el avance de las migraciones internas, en el cruce de fronteras y normas. Por eso digo que es una lengua peregrina, que estos migrantes llevan como el instrumento más refinado de nuestra modernidad conflictiva. No muy distinto es el caso de Dante: exiliado acarreaba su lenguaje, bebiendo de él, como buen peregrino. Por eso no deberíamos extrañarnos si la próxima gran literatura hace el camino paralelo: el de los exilios, la migración, y la mezcla idiomática, allí donde la creatividad humana ya no es de este mundo. De éste, digo, no del otro. 

 

Despúes de todo, ¿qué tienen de común el quechua y el catalán, aparte de que lo usan un número igual de hablantes? ¿Qué tienen en común  el aymara o el náhuatl con el vascuence o el gallego?  El español, naturalmente. Es la lengua franca para todos ellos, esto es, la lengua de negociación civil. Si unas comunidades linguísticas han sobrevivido mejor que otras es porque han sabido dialogar. El ejemplo más vivo (menos burocrático) lo dan hoy mismo los mapuches chilenos: 35 de ellos están en huelga de hambre hace 60 días (mapuexpress.net), reclamando lugar en la mesa de negociaciones nacional.  El presidente Piñera ha hecho el ridículo al declarar que “no hay que confundir a los pueblos originales con la treintena de comuneros.” La brutalidad (no hay otra palabra) de esa declaración demuestra que se les quiere negar el origen, que es su humanidad.

 

No pocos escépticos creen que las instituciones culturales españolas son la avanzada neocolonial de una España empresarial y bancaria cuyos capitales ocupan cada vez más espacio. No deja de ser irónico que el Banco Santander haya tenido que cargar con esa mala prensa. Josefina Ludmer, a propósito de su último libro (Aquí América Latina, Una especulación) denuncia un neocolonialismo español en el espacio académico y cultural. Pero la simetría de los mercados no es homóloga a los pisos de la ecología cultural, aun si hay, como es claro, un sistema de objetos culturales que reproducen la lógica del mercado. La cultura opera en español como un sistema de pisos articulatorios.  No tendría que ser tan difícil separar la paja del grano. Pero en tiempos de crisis ni Cervantes está libre de que se perjure en su nombre. Yo ya no estoy seguro de que la nueva literatura hispánica siga siendo española y latinoamericana, sospecho que es otro mundo, más cerca del futuro.

 

Por eso, sería saludable cierta cautela al batir tambores acerca de la expansión internacional del español.  Primero, porque no es prudente hacer números con una lengua hablada por los más pobres sin pasarles el micro a ellos.  Segundo, porque valdría la pena mirarse en el espejo del francés y la Alianza Francesa, que estuvo más enraizada que el Instituto Cervantes.  La nuestra, en efecto, es una cultura institucionalmente vulnerable, que sufre hoy la burbuja de sus montos de inversión, rebajando el valor de su oferta. El costo de producción cultural es excesivo, y en la crisis actual el encarnizado modelo endogámico empeora el control de las restricciones. Más bien, éstas pueden imponer  la regresión hacia el Estado y, en su seno, el autoritarismo entrañable, y el desgaste. Tampoco parece inteligente mantener programas subvencionados donde hay menos estudiantes que funcionarios. La total ausencia de autocrítica ha creado un sonambulismo no sólo ético sino del buen gusto: el punto de saturación, en las comunicaciones tanto como en la cultura, promueve  la irrelevancia.  En tiempos de crisis, el derroche.

 

El concurso de proyectos artísticos para representar a Cataluña en la sección “Eventos” de la Bienal de Venecia, que convoca el Instituto Ramon Llull, ofrece 450,000 euros al ganador (uaav.org/wordpress/ archives/6180).  Si cada comunidad y país nuestro inviertiese esas sumas en su imagen artística, los mapuches serían nuestro último espejo verdadero.

 

[Publicado el 21/9/2010 a las 12:04]

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Prosa por el 11 de setiembre


 
 
 

Pude, por fin, visitar “Ground zero.” Te confieso que lo había evitado deliberadamente. No sólo por eludir a los turistas pornográficos, sino porque el luto no había terminado. Cómo medir la dimensión de la tragedia. Por el número de muertos o por la sombra que nos dejó.  Ha sido, sigue siendo, un asombro sombrío.

 

Con las construcciones en marcha, todavía este junio descontentadizo, se han encontrando restos humanos.  El lugar de la tragedia es ahora una tumba encubierta.

 

Pertenece al lenguaje de las catástrofes el que cada uno tenga una memoria distinta de las Torres cayendo. Tal como se ha demostrado en este caso, hasta los testigos terminaran narrando experiencias contrarias. Porque si la memoria es una economía del olvido, en la de una catástrofe el lenguaje ya no nos acoge, zozobra. La “cero zona” es esa resta.

 

Qué monumento sería suficiente para las víctimas de lo mucho que puede el hombre contra el hombre. Casi todo lo que se ha construído es entrañablemente ofensivo. Desde el monumento a los caídos, levantado por los pálidos ofendidos de la Guerra Civil, hasta la desagradable estela a las víctimas del terrorismo en la calle Tarata, en Lima, que impone el nombre del alcalde como custodio de la memoria, ese exhibicionismo  público termina siendo obsceno. 

 

Me temo que el Museo del  11 de Setiembre, que se construye bajo tierra, en el mismo lugar donde estuvieron las Torres, y debe inaugurarse en un par de años, sea otra representación agonista.  Se sabe que mostrará las columnas originales de las Torres Gemelas. De las 2,752 víctimas no se ha podido identificar  a 1,100; el Museo tendrá que albergar los miles de mínimos fragmentos sin nombre. Alrededor del jardin, seis nuevos rascacielos empiezan a ser levantados. Se espera que sea menos espectral el nuevo Port Authority diseñado por Santiago Calatrava.

 

No se a tí, pero a mi las Torres Gemelas nunca me parecieron un prodigio arquitectónico sino un ominoso exhibicionismo. No me extraña que Lewis Mumford las haya descalificado por su diseño claustrofóbico. Después de la tragedia, he descubierto que otros también han sentido, caminando a su sombra, la inquietud de lo siniestro.  Rosalba Campra, la escritora argentina, lo ha escrito mejor que yo: lo monumental nos intimida como precario. Qué son las torres sino desafíos de poder, y  cuántas veces se han venido abajo en la historia de la ambición humana.

 

Mis muertos favoritos, lo tengo dicho, son dos. El peruanito que recibe una llamada del restaurante Windows on the World ofreciéndole unas horas extras para mañana, a la hora del desastre. Su madre dijo que él nunca habría rechazado trabajar más. Y el colombiano, empleado de una inversora, que esperando turno frente al ascensor, al abrirse las puertas le ofrece su lugar a una mujer sollozante. Su padre dijo que en ese gesto reconocía a su hijo. Son doblemente dos, por dentro, hasta hacer sentido.

 

De vuelta de Nicaragua, una estudiante me contó que ese 11 de setiembre, desde la escuelita en construcción, vio a un campesino que subía la montaña. Lentamente llegó hasta ella y le dió un abrazo. Reciba, le dijo, mi más sentido pésame, por la desgracia que sufre su país.  Ella encendió la radio al horror. Pero aquel campesino la había acogido en el lenguaje.

 

 

 

 

 

[Publicado el 11/9/2010 a las 04:32]

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Los mineros salieron de la mina


 
 
Ante otra catástrofe, Chile ha vuelto a demostrar que es una nación: el país se une para celebrar a los 33 mineros vivos. Están vivos porque los hemos visto y estamos vivos porque nos ven.
 
En otros países nuestros se persigue a sus dirigentes, se les niega sus derechos elementales, se envenena sus fuentes y corrientes, y todos los días muere un minero abaleado.
 
En mi país, hoy son de China (lo acaba de denunciar el Times) las empresas que los explotan, segregan y abusan.
 
Hay una nación allí donde la policía no dispara contra los ciudadanos. Los unos se reconocen a favor de los otros, y no se añade aflicción al afligido.
 
La historiadora Drew Gilpin Faust, en su Republic of Suffering: Death and the American Civil War (2008) demuestra que en su Guerra Civil los norteamericanos vivieron la muerte de modo tan descarnado, que esa experiencia colectiva brutal  forjó la identidad ciudadana: una cultura de la austeridad y el ahorro, nacida de la pobreza. Hasta los hábitos funerarios y el laconismo sobre la muerte se gestaron en ese fratricidio.
 
La dictadura de Pinochet no fue una guerra civil, pero sí  una ocupación militar de la nación y, por eso, un desgarramiento social. Con la vuelta de la democracia, y a pesar de los límites, se fue saliendo de las cavernas. Fue una transición sobria, gris, y discreta;  casi una repartición del luto.
 
La emoción de ver a estos 33 mineros en ese espacio de pesadilla,  me hace recordar las historias de presos políticos peruanos que, en el encierro impuesto, mantenían la razón gracias a los versos que repetían como un conjuro, como si se aferraran a los bordes del lenguaje. "Lamentablemente, me dijo uno de ellos, eran versos de Chocano."
 
El culto de la poesía en Chile es la mejor metáfora de su fe en la comunicación. Mientras otros pueblos presumen de ser fundados sobre los huesos de Petrarca, la primera edición del Bardo, o los manuscritos de Pushkin, el pueblo de Montegrande, donde Gabriela Mistral tuvo infancia, acaba de descubrir una botella enterrada por ella en la plaza con un mensaje, casi ilegible, fechado el 28 de setiembre de 1954, durante su última visita. La llamada “reliquia” será parte central del museíto del pueblo que está en la Escuela. Un ánimo fundacional alienta en esta exhumación de la letra. Mientras haya alcaldes que sumen la Escuela, el Museo y la Poesía, habrá ciudad.
 
No me sorprendería que como buenos trabajadores chilenos, los mineros  pidan leer libros de poesía, y terminen escribiéndola. Nicanor Parra hace tiempo me advirtió que el pueblo chileno habla en octosílabos y la clase media en endecasílabos.  Debe ser para aferrarse al lenguaje, hacerse lugar en el orden de las palabras y seguir reconociéndose. Y en el diálogo, hacer sentido.
 
La Iglesia chilena se ha hecho presente en la mina y a través de la sonda de comunicación les ha bajado 33 rosarios bendecidos por el Papa romano.  Dado el ritual colectivo, ¿no habría bastado con uno?
 
Me temo que otras empresas les regalen sus ofertas, fabriquen camisetas, y los usen de nombre de marca.  No me resigno,  protesto.
 
Buscando qué decir, recordé estos dos poemas, que dicen bien.
 
CESAR VALLEJO
Los mineros salieron de la mina
remontando sus ruinas venideras,
fajaron su salud con estampidos
y, elaborando su función mental,
cerraron con sus voces
el socavón, en forma de síntoma profundo.
 
¡Era de ver sus polvos corrosivos!
¡Era de oír sus óxidos de altura!
Cuñas de boca, yunques de boca, aparatos de boca (¡Es formidable!).
 
El orden de sus túmulos,
sus inducciones plásticas, sus respuestas corales,
agolpáronse al pie de ígneos percances
y airente amarillura conocieron los trístidos y tristes,
imbuidos
del metal que se acaba, del metaloide pálido y pequeño.
 
Craneados de labor,
y calzados de cuero de vizcacha,
calzados de senderos infinitos,
y  los ojos de físico llorar,
creadores de la profundidad,
saben, a cielo intermitente de escalera,
bajar mirando para arriba,
saben subir mirando para abajo.
 
¡Loor al antiguo juego de su naturaleza,
a sus insomnes órganos, a su saliva rústica!
¡Temple, filo y punta, a sus pestañas!
¡Crezcan la yerba, el liquen y la rana en sus adverbios!
¡Felpa de hierro a sus nupciales sábanas!
¡Mucha felicidad para los suyos!
¡Son algo portentoso, los mineros
remontando sus ruinas venideras,
elaborando su función mental
y abriendo con sus voces
el socavón, en forma de síntoma profundo!
¡Loor a su naturaleza amarillenta,
a su linterna mágica,
a sus cubos y rombos, a sus percances plásticos,
a sus ojazos de seis nervios ópticos
y a sus hijos que juegan en la iglesia
y a sus tácitos padres infantiles!
¡Salud, oh creadores de la profundidad...! (Es formidable).
 
 
PABLO NERUDA
Ronca es la americana cordillera,
nevada, hirsuta y dura,
planetaria:
allí yace el azul de los azules,
el azul soledad, azul secreto,
el nido del azul, el lapislázuli,
el azul esqueleto de mi patria.
 
Arde la mecha, crece el estallido,
y se desgrana el pecho de la piedra:
sobre la dinamita es tierno el humo
y bajo el humo la osamenta azul,
los terrones de piedra ultramarina.
 
Oh catedral de azules enterrados,
sacudimiento de cristal azul,
ojo de mar cubierto por la nieve
otra vez a la luz vuelves del agua,
al día, a la piel clara
del espacio,
al cielo azul vuelve el terrestre azul.
 

[Publicado el 03/9/2010 a las 18:14]

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Radio Latina en un vuelo a Lima


 

Ni en el tango sobre volver con la frente marchita, ni en la ranchera que reitera quiero volver, ni en el vals que promete que todos vuelven, nadie, en verdad, regresa. En cada caso se trata de la pesadilla despierta de volver. O sea, de un fantaseo masoquista que pone a prueba el lenguaje y la paciencia. Como dice un cuento de Alfredo Bryce Echenique a propósito del peruano que en París anuncia, “sonriente y optimista” que regresa a su país: “La sonrisa le quedaba muy mal.”  Los mexicanos, en cambio, saben cuando volver: “Si muero lejos de tí.” En “Si vas para Chile,”  el chileno no va. Y el que protesta que se va “pal pueblo,” no ha salido de él. En Madrid, cuando alguien  anuncia “Me voy al pueblo” declara que está harto de la humanidad.

 

Donde quiera que vayas la ciudad estará contigo, o al menos una incierta traducción del poema de Cavafis.

 

La ciudad donde viviste demasiados años, te seguirá.  Dicho de otro modo: camines las calles que sean, serán la misma calle.  Tal vez el poeta dijo que al andar no se hace camino: el camino te hace. Pero el mismo caminito te obliga a caminar de regreso.  La ciudad, en fin, es un cuadrado vicioso.  Pessoa imaginó tal vez 70 heterónimos para leer lo que habría querido escribir, incluso en inglés; alguno abadonó la ciudad; otro navegó por Oriente, y al volver escribió: “Vuelvo a Europa descontento.” O sea, no he salido del discurso.

 

Baudelaire, en cambio, no vió la ciudad con melancolía. Vio desde su ventana pasar al hombre que transporta vidrios (un emblema de la ciudad modernista) y se imaginó la piedra que podría demoler ese espejo. Benjamin anotó que para Baudelaire la ciudad tenía la forma de su mayor mercancía: la prostituta.  (“La mercancía emerge en Baudelaire como el contenido social de la forma alegórica de la percepción. Forma y contenido están unidos en la prostituta, como su síntesis,”  The Arcades Project, pag. 335). En ella el comercio pagaba su dominio urbano. 

 

Me pregunto qué veía Benjamin tras los pasos de Baudelaire, de paseo por los bulevares.  En las galerías de París creyó ver que el lector elegía un libro del poeta y  que la poesía lo reconocía como consumidor privilegiado. No vio el mundo en un libro sino la ciudad en un lector. La prostituta (el comercio), la poesía (el lenguaje) y el lector (el consumidor) armaron, en la imaginación alegórica de Benjamin (que Adorno le reprochó acremente, a nombre de la razón, o sea, de una disciplina académica), esta manera de descifrar un discurso dentro de otro. Esa figura se abre en la trama de la lectura. Y es una nostalgia (irónica) del sentido (improbable).

 

Fui a Soria tras los pasos de Machado y, como a cualquier lector suyo, se me encogió el corazón.  Me temo que el trayecto de sus pasos sería el mismo: de su segunda planta (si fue una segunda planta) a su pequeña aula de francés (habrá leído fábulas didácticas); y a su sillón del Club (discurren los mismos contertulios, o sus nietos, hablando de fútbol). Y al cementerio, donde Leonor comparte una tumba de pobres. 

 

Pudo, por ello, encontrar en la ironía la entonación moderna del español urbano.  Siempre creí que Campos de Castilla es un gran tratado del ritmo no del verso sino de la prosa rimada. Esos campos son una invención de la imposibilidad lírica: una construcción prosaista (la dicción poética ya no es versal, es prosódica); es decir, un discurso de la ciudad.

 

La ironía es la inteligencia del habla española, ajena a la rotundidad, capaz de decir más con menos. Y sabia en el silencio, requerido por una lengua que no había pasado aún por la crítica del lenguaje.  Si Baudelaire era consciente de que se había perdido “el aura del poeta,” Machado es nuestro primer poeta civil.

 

No queremos esta ciudad, sospecho que nos dice. No vale la pena volver a ella.

 

Porque la ciudad del diálogo, que ayudó a fundar a costa de su vida, nos sigue siendo negada por la incólume mentira diaria. Hoy no es la prostituta el emblema de la mercancía y la ciudad. Lo es el lenguaje, su prostitución en el mercado y en la violencia mutua.

 

Becektt, otro descreído de la ciudad del Comercio universal, escribió: “Personalmente, no tengo nada contra los cementerios.”  Un heterónimo machadiano añadiría: “Salvo, claro, los cementerios.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Publicado el 21/8/2010 a las 20:57]

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Proceloso caballero

La revista Nueva Sociedad, dedicada a los dilemas de América Latina, prepara un próximo número sobre uno de los más actuales y cruciales, el dinero. Me piden decir algo al respecto pero mi experiencia con el tema es, lamentablemente, modesta, y apunto en esta bitácora aproximaciones al mismo, por si el lector, espero que más ducho, quiera sumarse aunque sea para no restarse.

Se trata, claro, de un dilema, en primer término, histórico (el oro del Nuevo Mundo produjo la banca moderna en Italia, y sustentó la primera gran burguesía en Flandes); y en segundo término, filosófico (la ética protestante alentó el desarrollo del capitalismo); aunque fue también un dilema cultural (la abundancia americana, hecha en la fecundidad del intercambio, postuló que el modelo de lo moderno es la mezcla). Góngora se pasó la vida reclamando por “mis alimentos;” y Cervantes protestó servidumbre al horroroso Conde de Lemos en las vísperas de su muerte, en vano. Una amiga me recuerda que no sólo buena parte de los más grandes escritores españoles conoció prisión, sino que de ellos no quedan ni sus huesos: brazo, cabeza, restos, han desaparecido. La mejor crónica sobre el tema se debe a Juan Valera; explicando que un escritor español no puede comprarle con sus magros ingresos un buen vestido a su mujer, concluye que somos unos miserables.

Antonio Machado le pidió dinero prestado a Rubén Darío para llevar a su mujer, enferma en París, de vuelta a su pueblo; y Darío, a quien todos creían rico aunque era el más pobre, se lo consiguió. Vallejo escribió cartas lamentables pidiendo préstamos a los amigos, que se los giraban de buena gana. Gerardo Diego fue uno de los más generosos, pero cuando en una conferencia en Lima recordó el préstamo, Georgette Vallejo le arrojó unas monedas –ofendiéndonos, de paso, a todos. No en vano repetía Vallejo: “La cantidad de dinero que cuesta ser pobre.” En cambio, Ernesto Cardenal, al narrar el Apocalipsis (durante el cual, según un economista, la inflación llegó al 120%), profetiza:

Y el ángel me dio un cheque del National City Bank
Y me dijo: Cambia este cheque
Y en ningún banco lo pude cambiar porque todos los bancos
habían quebrado.

Si finalmente logro vencer el tabú de hablar sobre el tema, tendría que empezar por las grandes novelas latinoamericanas (para no demorarme ya en las de Balzac, Dickens o Flaubert) que giran en torno al dinero. Pedro Páramo, por ejemplo, tiene su eje en la avaricia; como Los ríos profundos, la formidable novela de José María Arguedas, donde el avaro vacía de sentido al mundo, desde su centro, el Cusco. En cambio, en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, la economía simbólica es moderna: Artemio es un capitalista sin reglas ni escrúpulos, cuya acumulación lo termina devorando. La novela hace el trabajo de luto: 350 páginas apenas alcanzan para su obituario.

Las familias, en español, sólo hacen buenas novelas cuando empobrecen. Gracias a ello, todas las grandes novelas nuestras son sobre familias venidas a menos. El héroe de la novela europea del siglo XIX es un joven de provincias que viene a la capital a probar fortuna: basta verlo vestido puntillosamente, inclinado sobre la mesa de juego, poniendo a prueba su suerte, para saber que es totalmente legible: representa la fe en la sociabilidad. La novela del XIX es un formidable aparato de leer, al revés y al derecho, el destino social, que todo lo decide en sus términos.

No es irónico sino lógico que el fundador del Partido Comunista Peruano, José Carlos Mariátegui, haya sido el primer intelectual moderno nuestro: creyó en una vía nacional para el socialismo, cultivó las vanguardias, y fundó el patrimonio de una editorial próspera, la Minerva, editora de sus obras completas y responsable de la escolaridad peruana.

La pobre Ingrid Betancourt ha querido ser recompensada por su gobierno por sus años de cautiverio, pero el imperturbable Uribe le pasó la cuenta del precio de su liberación, y ella ha perdido el aura que tanto le costó. Podría asumir el coraje de la víctima que supera, en sus memorias de cautiverio, la miseria de sus cancerberos. Sería hoy un best-seller. Pero habiendo dilapidado su capital, tendrá que resignarse a la ronda de los famosos que la tele española infama.

La economía del discurso está hecha de paradojas probablemente irresolubles. Digamos, para acordar lo básico, que es bueno que los narradores cobren muy bien por su trabajo y puedan vivir, holgadamente, del mismo. No todos han tenido esa fortuna, cuya ecuación es reciente, y está dictada por el mercado más que por la misma calidad de los libros, como es obvio. Pero tampoco cabe sostener que el éxito se debe a la mala calidad, o que el fracaso económico bendice a lo mejor. Acabo de ver la lista de los libros más vendidos en Chile: todos, sin excepción, son basura. Urge que una excelente novela, como la de Arturo Fontaine (La vida doble, Tusquets), esté en la próxima lista.

El problema, en fin, no está en las altas y bajas de la bolsa literaria, de por si inflacionaria. A pesar de los sociólogos de la literatura (que torturan a sus estudiantes con encuestas a los vecinos, cuyas lecturas delatan su clase social), no hay reglas en estos temas. Incluso la proporción calidad-rédito no está decidida de antemano, por más que lo que más vende nos inspire horror y piedad. Resulta anacrónico que Julio Cortázar recibiera 300 dólares por sus derechos y que Borges ignorara cuanto recibía por una conferencia. Nuestra amistad fue anterior a los agentes literarios: cuando nos preguntaron por el adelanto que esperábamos por un librito al alimón, Cortázar y yo respondimos: ninguno.

Más urgentes, por ser de hoy y de mañana, son otras preguntas.

¿Se puede cobrar, sin compartirlo, por unas charlas sobre Sarita Cartonera, la pequeña editorial alternativa, nacida del reciclaje, que empezó el poeta argentino Wáshington Cucurto?

¿Puedo, sin pestañar, recibir un pago por una crónica en que protesto la muerte del cubano Orlando Zapata?

Algunos ejemplos son dignos de consideración. José Saramago creó una Fundación para ayudar a jóvenes escritores. García Márquez donó tanto dinero a tantas causas perdidas que su mujer sopesó la necesidad de proteger a sus hijos. Tomás Eloy Martínez, con quien compartí la alarma de estos temas, me confió que sostenía una escuela en su pueblo. Pero quizá la mayor lección la debo a Toni Morrison cuando la invitamos a una semana de diálogos en Brandeis, y pidió dividir sus honorarios con una fundación educativa.

Se trata, en efecto, de la pregunta por nuestro lugar de escritores en estos tiempos de más pobres y desiguales distribuciones. O sea, por el lugar del otro en ti.

[Publicado el 08/8/2010 a las 23:51]

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Diario de MAD


 

1. Lectura de Manuel Vilas

Vine a MAD porque me dijeron que aquí conseguiría la auténtica Roja. Una amiga me puso al día : en tienda de chinos está a 4.50, en tenderete  árabe a 10, en stop nigeriano a 12, en Souvenirs a 20. Pero la oficial, en el Corte Inglés, vale 70 euros. Es la verdadera, me advierte ella: lleva el sello de Adidas. Y es 100% polyester, de tecnología Climacool.  Compruebo en la página de Adidas que han previsto una réplica de la Furia Roja, más liviana, por 40 euros. ¿Cómo elegir sin definirse como otro dato estadístico?

2. Variaciones de Juan Francisco Ferré

Ya que hemos ganado con los pies, podríamos ahora triunfar con la cabeza.

3.  Pilar del Río en el Centro de Arte Moderno

En la terraza de la esquina tomamos un té lleno de tarde.  

Convertirá su casa de Lanzarote en un Archivo, construirá un tercer piso, alojará investigadores becados por la Fundación Saramago.

–No ha habido nadie como José.

4. Para leer a Patricio Pron

Félix de Azúa ha escrito una extraordinaria crónica de entusiasmo (incluida en su bitácora vecina)  por los libros de este joven y talentoso narrador argentino, educado en Alemania y radicado ahora en MAD. Pocas veces se puede leer una bienvenida literaria tan generosa y lúcida, como ésta, hecha por un escritor maduro en libre ejercicio de su lectura. Quien haya levantado su casa en el lenguaje, reconocerá el buen tiempo, inusual en la frontera. El esplendor del entusiasmo es uno de los rasgos de la Teoría, del lenguaje como el proyecto de otra articulación. Nuestra lengua está más hecha a la negación del otro, a la autonegación, esa indulgencia de los pobres de espíritu.  Los indiferentes se quedan a las puertas del Infierno, porque habiendo sido incapaces de una pasión no tienen nombre ni lugar.

Patricio concluye ahora una novela de substrato autobiográfico,. Ha debido negociar con sus padres los límites de lo decible. Le recuedo la tesis de Lacan: se escribe siempre  dentro de una censura. Y a favor de ella, el lenguaje podría  decir más; convertir la autobiografía en una desautorización, en lo que se puede llamar una lecto-grafía.

San Agustín había definido el género cuando escribió que, de muchacho,  con sus amigos robaba manzanas del vecino porque sentía “verguenza de no haber sentido verguenza.” Pero en España no hay autobiografías, se decía, por pudor.  De pronto, con la devolución plena del lenguaje, los escritores de la transición asumieron la primera persona, y contamos con dos memorables autobiografías parteaguas, las de Juan Goytisolo y Carlos Castilla del Pino. Hace poco, pensé que el género había terminado cuando al abrir una, leí: “De chico, yo iba a la escuela…” No estaría mal si fuese una novela. Podría ser, al menos, balzaciana y, con más suerte, picaresca. Pero como biografía, ya esas palabras revelan que el numerario está destinado al funcionariado endogámico.

5.  Visita al blog de Vicente Luis Mora

Leo que la palabra más buscada en línea es “Internet” bajo la forma de una pregunta: “¿Qué es Internet? “ Internet responde: “Internet soy yo”. Y la segunda palabra más buscada es “leer,” también como pregunta: “¿Qué es leer?” Lo que equivale a preguntar: “¿Quién soy yo?”

6. Anotado en una página de Fernández Mallo

Picasso: No busco, encuentro.

Cortázar: Busco, lo demás es literatura.

El mejor lector de Julio Cortázar es el que aún no ha leído a Julio Cortázar.

7. Nostalgia de María Zambrano

Fui al Círculo de Lectores para acompañar la presentación de la antología de María Zambrano que hizo José-Miguel Ullán, pero al doblar la esquina no estoy seguro por dónde seguir, y se lo pregunto al dependiente de un quiosco de periódicos. “Todo derecho,” responde, por cumplir. Un contertulio suyo interviene y se ofrece a llevarme. Agradezco, profusamente. Es tartamudo, pero se deja entender.  Mientras me guía, pienso que María habría aprobado la mediación filosófica de este hijo del lenguaje.

8. Nueva crítica atlántica

La editorial Iberoamericana (www@ibero-americana.net) resuelve la crisis del modo más creativo: ha incrementado y diversificado su producción. Son de este mismo año algunos títulos de lectura placentera, como Madrid|Barcelona, Literatura y ciudad (1995-2010), compilado por  Jorge Carrión, que tiene el buen tino de incluir a escritores capaces de cruzar fronteras y lenguas, como Javier Marías, Enrique Vila Matas, Belén Gopegui, V.L. Mora, Mercedes Cebrián y Robert-Juan Cantavella. También es novedad La memoria sublevada, Autobiografía y reinvidicación del intelectual ibérico del medio siglo, de Pepa Novell, dedicado a las variaciones biográficas de Carlos Barral, Juan Benet, Oriol Bohigas, Carlos Castilla del Pino, Juan Goytisolo y Jorge Semprún, cuya palabra siempre tuvo al mundo como interlocutor. Edith Mendoza Bolio, por su parte, nos entrega un espléndido trabajo de recuperación: los manuscritos de Remedios Varo, la notable pintora española que vivió en México, donde fue parte de la vanguardia transatlántica. A Veces escribo como si trazace un boceto. Los escritos de Remedios Varo es una revelación de la capacidad creativa  de una artista española libre de  fronteras.

9.Proyecto Banda Sonora

Diego Neuman Galán, músico y artista, me hace llegar noticias del proyecto Banda Sonora, que en la favorable encrucijada de Granada explora vínculos e interpolaciones felices de música y literatura. Integran este estimulante grupo, además de Diego, Lucía Martínez Cabrera, Jesús Ortega, Erika Martínez y Pepa Merlo, quien ha compilado el tomo Peces en la tierra, Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27 (Renacimiento), de lectura imprescindible y actual. 

He aquí la información:

www.bandasonoradellibro.es

 

10. La Balada del Paseo de las Letras

En La Casa del Libro te regalé una edición del Quijote sin notas.

Subimos las escaleras del Círculo de Bellas Artes.

Bajamos las escaleras del Centro Cultural de la Villa.

Fundación Mapfre (Recoletos, 23): La subversión de las imágenes.

En La Casa de América hicimos pausa para el café. 

Y a la sombra de La Casa Encendida nos despedimos.

Fue un día que estuvo escrito en el “Time Out.”

[Publicado el 27/7/2010 a las 05:56]

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Preguntas en Santander


  
¿No es éste magnífico Palacio de la Magdalena, en Santander, el lugar donde España deja de ser un énfasis de la opinión y se convierte en una pregunta reiterada con la urgencia de nuevas respuestas que pregunten mejor?
 
¿Será la Universidad Internacional Menéndez Pelayo la puesta al día de la voluntad inquisitiva de Don Marcelino, rico en erudición enciclopédica, cuyo proyecto fue una biblioteca de la diferencia heterodoxa?
 
Su Horacio en España lo he leído, más bien, como un Horacio en español universal. Su extravagante enjuiciamiento de la poesía hispanoamericana, en sus  antologías distraídas, le hizo decir que en Chile, dada la aridez del medio, no podía haber  buenos poetas, lo que demuestra los límites de su lenguaje. Y sin embargo, recuperó a Blanco White, ese Horacio de España y las Américas.  Blanco White, el precursor, y Andrés Bello, el fundador, andaban buscando, desde Londres, un príncipe desocupado que gobernara en América para hacer la primera gran transición.
 
Como diremos mañana, en la UIMP, convocados por la Fundación Instituto de Cultura del Sur, nos hicimos las preguntas que la transición española a la democracia dejó sin responder. Dedicado a Juan Luis Cebrián, en reconocimiento de su puesta en claro del diálogo como asignatura española, este coloquio sobre “El futuro de la transición” tuvo, felizmente, más interrogaciones que resoluciones. Y si algo quedó claro es que la biografía intelectual de la transición española a la democracia, varias veces ensayada, todavía requiere de distancia, y como casi todo en España, de mejor memoria y más reconciliación.
 
No hubo buenos y malos en la transición, que fue negociada por los hijos de los vencedores y de los vencidos, a nombre de una democracia compartible, concluyó Cebrián. Y Felipe González adelantó que estos treinta años de transiciones han sido los mejores de tres siglos de vida, en español, casi siempre irreconciliable. 
 
Pero la transición española ¿no es también una etapa del mismo idioma español, que transitó desde su larga  tradición autoritaria a una más horizontal comunicación?  Las revistas, los medios de prensa independientes, los intelectuales capaces de hacer la crítica del lenguaje para aliviarlo de su pesadumbre oscurantista, ¿no propiciaron también el laborioso parto civil del tú?
 
¿Hemos hecho camino al dialogar? ¿ Es, por fin, el tú la confirmación del yo?
 
Por lo demás, ¿no le falta al español  recorrer serios tramos pendientes? El machismo, el racismo, la xenofobia, esas plagas que devoran hoy mismo el lenguaje, ¿no nos retrotraen a la jungla preverbal donde, como se sabe, los demás primates mayores son menos violentos que nosotros?
 
Dijo el Dr. Johnson que “el patriosmo es el último refugio del bribón”.  Pero, ¿hay que sorprenderse de que el regionalismo ultramontano requiera negar, para afirmarse, la humanidad de los otros, de los que son diferentes por culpa de la más superficial información biológica, la pigmentación de la piel?  El espejo del otro negado,  ¿no descubre, acaso, monstruos?
 
Nos preguntábamos con José María Ridao por la necesidad de las preguntas que tendrán futuro.  Porque la negociación es un pacto para acordar el presente pero la interrogación mutua es un trabajo por la futuridad, por la calidad de futuro que puede abrir el lenguaje español cuando no se calla (es, felizmente, el lenguaje en el cual es más dificil callar).  Pero, ¿no hace falta bajar un poco la voz y esperar que el otro termine de preguntar? ¿No es acaso necesario devolver la palabra, esperar turno, favorecer los relevos? Y sí, siempre afirmar, aunque sea dificil, afirmar.
 
Es inolvidable el momento en que Orwell en su libro sobre España dice encontrarse por primera vez con un campesino,  darle la mano, y sentir,  “la inmediata decencia de un campesino español.”
 
¿Cómo no creer que entendió que ese hombre lo reconocía como el tú que creía y en quien podía creerse?
 

[Publicado el 18/7/2010 a las 20:45]

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Pase en profundidad

 

De este mundial de fútbol me han interesado dos lecciones: las de la ética, que compete a la conciencia;  y la copiosa participación de Dios, que se debe a la lengua española.

 

Hace tiempo que se ha estudiado el fútbol como un rito tribal de violencia negociada. Ya a fines de los años 60 el etnólogo peruano Luis Millones documentó  el ritual de agresividad exacerbada por las tensiones de región, clase y color.  El racismo se ha hecho oir en los estadios como un grito de las junglas. Y en Madrid, en un coloquio sobre el diálogo de las culturas, escuché al futbolista Etóo contar que en Barcelona los niños le decían a su pequeña: “Por qué no te marchas a tu país.”  En Perú hay dos equipos con nombres ilustres: Inca Garcilaso de la Vega y César Vallejo. Supongo que se enfrentan como una guerra civil.  Si el fútbol es una metáfora nacional, a los peruanos un agonizante empate nos sabe a triunfo. En cambio, en España, el fútbol ha remplazado a la siesta.

 

Pero el episodio del futbolista uruguayo, Luis Suárez, que en la puerta del arco de su equipo detuvo con las manos un gol, merece alguna consideración. Habría sido gol si no hubiese manoteado el balón. No me extraña que Suárez, que parece una persona inteligente, haya apelado a la autoridad de Dios. Y, enseguida, a Maradona. Dijo que se trataba de otra “mano de Dios” (en este caso, de ambas manos) en alusión a la mano divina con que Maradona se ayudó para anotar el gol de la victoria en un campeonato anterior. Ninguno de los dos pudo tapar el sol con una mano porque las cámaras documentan su infracción clamorosa. Y ya que Dios anda en ello, el dilema de este “caso de conciencia”  es digno de un dictámen de la casuística. 

 

Habiendo usado las manos para detener el balón, ¿debería el árbitro haber sancionado el gol? La pregunta es retórica porque lleva su respuesta: depende de si eres aristotélico o platónico. Pero la ley ha previsto una doble sanción equivalente: tarjeta roja para el infractor, y tiro de penal contra su equipo. Lo extraordinario es que ese tiro se estrelló (¿o fue estrellado por un dios tahur?) en el travesaño y no hubo gol. La figura es de una elegancia teoremática, digna del juicio de Wittgenstein, porque todo ocurre en el lenguaje, demostrando no los límites de lo real en las palabras sino, en español, su licencia. 

 

Porque allí no termina el dilema, que despliega una escena barroca: el partido concluye sin goles y hay que jugar tiempo extra, que así mismo termina sin anotación. Por lo tanto,  el partido debe definirse por  penales. Como en otra teoría de las equivalencias, las manos de Luis Suárez desencadenaron una tormenta de patadas al arco, hasta que, batido, el equipo rival quedó eliminado. Nunca un acto ilegal fue premiado más legalmente.

   

Espero que ningún chico de escuela llegue a la conclusión de que romper una ley puede terminar en un triunfo nacional.

 

Pero desde la tesis de Weber sobre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad, cabe revaluar la infracción de Suárez. La primera es la moral de los principios generales, encarnizados e irrenunciables. La segunda es la moral de las consecuencias de los actos, decididos en conciencia. Si Suárez actuó por convicción, buscando impedir la derrota de su equipo a cualquier precio, tendría que asumir la ignominia de su acción, de otro modo la suya sería una mera convicción egoísta y selectiva.  En cambio, si actuó por responsabilidad, el hecho de que su transgresión beneficiara a su equipo, no lo exime de la irresponsabilidad. En ambos casos, se trata de un crimen moral.  Contra el equipo de Ghana, contra el suyo, contra su país. O sea, contra las reglas de juego del mercado universal del fútbol.

 

Confiemos que no haya una “burbuja del fútbol,” producida por la inflación de salarios y el costo mundial de inversión, equivalente a la crisis financiera de un mercado sin regulaciones ni sanción. Subvencionar al planeta futbolero, convirtiendo en funcionariado  a quienes hoy apelan a un Dios cara pintada, sería un circo romano o, mejor todavía, una distopia novelesca digna de Manuel Vilas o Juan Francisco Ferré.

 

Parece que la Virgen anda también activa en estas lides. “La verdad, pensé (dijo el futbolista español Piqué a propósito de la gran atajada del arquero Ike Casillas), que acababa de bajar la Virgen y había parado el penalti.” Tarjeta amarilla para la Virgen o, en rigor, para el idioma español.

 

Para mantener el humor, y a propósito de la abusiva presencia de Dios en los campos de fútbol, te dejo esta glosa, por si quieres prolongarla y mejorarla. Sólo hay una regla. La letra O de “dios” es un balón que circula  (o rebota) entre los versos y tus manos.

 

Pase en profundidad

 

Los jugadores que entran a la cancha,

tocan el ardiente grass y se persignan,

¿esperan de Dios el milagro del gol?

Rinden su paso al azar, pero la fe

eligen de un orden favorable.

Esa idea de orden asume la mirada

del Dios creador del hombre y del fútbol

que decide otro match a las 3 pm.

Salvo que Dios no haya previsto aún

usar cabeza y mano, foul o penal,

y esté el jugador librado al azar

de un pase en profundidad, dividido.

Nos repite el juego, pero cada match

Espera de Dios mayor certidumbre.

Y no, ¡oh Inconstante!, Tarjeta Roja.

 

 

 

 

[Publicado el 05/7/2010 a las 18:46]

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Biografía

Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."

Bibliografía

Crítica

 

Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006

 

Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004

 

Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000

 

El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997

 

Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995

 

Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994

 

El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992

 

Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992

 

Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991

 

Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988

 

Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988

 

Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987

 

Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986

 

Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971

 

La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969

 

 

Ficción

 

Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009

 

Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007

 

Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005

 

Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001

 

Emotions. Poems. New York: 2000

 

La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995

 

Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994

 

 

Ediciones

 

México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008

 

Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007

 

Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006

 

Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004

 

"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008

 

The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000

 

Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002

 

Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997

 

La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994

 

César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996

 

Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993

 

America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984

Enlaces

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