PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar
Converses formentor

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 30 de junio de 2016

 Blog de Basilio Baltasar

En la ruina de las batallas perdidas

En 1983 grabé con aquél arcaico sistema de vídeo una larga entrevista a Federica Montseny. La produjo el profesor Jaume Sureda para el archivo de historia oral de la universidad balear. Federica, la primera mujer ministra, sindicalista, escritora, había llegado a Palma invitada por los estudiantes de la Facultad de Derecho para participar en un debate que tuvo lugar en el Teatro Principal. La conversación con Federica Montseny fue el día antes en una de las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras, en el edificio de Son Malferit.

La anciana y longeva Federica conservaba su legendario vigor, una memoria nítida y una rara conciencia sobre el pasado, el curso de la historia y la marcha del tiempo. No me hablaba como la mujer tantas veces derrotada.

Antes de la primera pregunta recité un fragmento del relato que el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger dedica a los republicanos y anarcosindicalistas exiliados en Toulousse. En la más española de las ciudades francesas, los héroes de las mil batallas perdidas, subsistían con sobriedad, haciendo de su austeridad el sustento de una insobornable independencia. Sin rencor ni odios ideológicos, ni banales ejercicios de nostalgia, vivían en modestas viviendas sin televisor, pero con libros. Pertenecían a una generación que dio a la cultura y a la educación la más alta consideración moral. Reverenciaban a Don Quijote y en cada una de sus casas conservaban la obra magna de Cervantes. Me extendí citando los elogios de Enzensberger por los viejos compañeros de Federica, pero el homenaje no la conmovió. Recelando de la mitografía y avisada de lo que encubre el embellecimiento del pasado. Como si el reconocimiento al abnegado idealismo de aquellos hombres no fuera más que otro modo de redactar su epitafio.

Lo recuerdo ahora que la televisión francesa ha emitido un documental sobre Federica Montseny, “L’Indomptable”, dirigido por Jean-Michel Rodrigo. Allí aparecen fragmentos de mi entrevista a Federica y me cuenta el documentalista, Javier Campillo, bibliotecario del Instituto Cervantes en Toulousse, que no hay en los archivos ninguna otra intervención tan larga y completa como la que entonces quedó grabada y custodiada.

Le comento a Juan Luis Cebrián, el día que presenta la novela de Fernando Schwartz en la Embajada de Francia, acompañado por un locuaz y simpático embajador, que al recordar a los españoles maltratados por la Historia (los judíos, los moriscos, los republicanos…) siento una desagradable sensación de amarga melancolía. Los que conocí en mi adolescencia se distinguían por una singular generosidad vital, ajenos al instinto sectario que hemos visto fructificar en la política y en la prensa. Su extraña autonomía personal encarnaba un estilo de vida, una filosofía –en efecto, un anhelo de sabiduría- más que una doctrina para la predicación y la conquista del poder. Probablemente, mis recuerdos sean los restos deslavazados de un legado que hoy no podemos comprender.

Nuestro avaro y celoso país de infinitas sectas, enemistado con el pasado y rival de su futuro, poseído por una feroz disputa consigo mismo. Este país nuestro, intratable, presto al chantaje, y a la infamia, militando siempre en la trinchera de enfrente, consiente de mala gana que los Reyes de España se vayan a Francia a homenajear a los héroes de La Nueve. La valerosa compañía de españoles, los primeros en entrar en Paris y arrancar a las tropas alemanas su rendición.

 

 

[Publicado el 06/6/2016 a las 12:47]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

El santo patrón de los locos de aquí

No es extraño que los dominicos consideraran a Ramón Llull un hereje, que los profesores de la Sorbona desdeñaran su presunción, que los prelados de la Curia detestaran su intrusismo, que los teólogos de la Corte lo difamaran como un loco visionario. Al fin y al cabo, Ramón se presentó ante ellos como un elegido por Dios para escribir “el mejor libro del mundo” y como el “abogado y procurador de los sarracenos”.

Ramón Llull descendió del monte Randa como Moisés del Sinaí: iluminado por el resplandor de la divinidad y encargado de llevar a cuestas el pesado fardo de su apabullante tarea. El noble egipcio redimiría al pueblo de Israel esclavizado por el Faraón; pero a Ramón le tocó en suerte una misión descabellada: injertar en la cosmografía medieval la supremacía de la Razón. Desafiando a los tribunales de la época, Ramón Llull proclamó que su Ars Magna está por encima de los libros sagrados y que fundamenta entre los hombres el arte de entender, no la costumbre de creer.

A través de un vericueto no muy bien comprendido Ramón se anticipó a los humanistas florentinos, a los enciclopedistas ilustrados, y formuló en plena Edad Media un entusiasmo que sólo sería superado por el Siglo de las Luces. Su artefacto cibernético, un artilugio lingüístico sin precedentes, establece solidos rigores conceptuales para el pensamiento y enseña los modos en que la razón “duda, examina y comprueba”. El énfasis con que Ramón habla de su Arte es de una ambición deslumbrante. Concibió su Ars Magna para regalar ciencia al pueblo, “salir de la servidumbre de las ciencias confusas” y “ordenar todas las cosas que puedan caber en la investigación humana”.

La magnífica biografía de Llull que publica el profesor Fernando Domínguez Reboiras en Arpa Editores, “El mejor libro del mundo”, es oportuna no por coincidir con el 700 aniversario de la muerte del filósofo, sino por darse en el Mediterráneo la misma batalla que entonces tuvo lugar. La erudición con que Ramón aprende la lengua y la cultura árabe le permite poner en cuestión a sus orgullosos contemporáneos: “¿por qué son los sarracenos más inteligentes cuanto más envejecen, mientras que con los cristianos sucede lo contrario?”

Con su admirable energía Ramón reprochó a reyes, papas y cardenales que consintieran a “los que se pelean, matan y caen en cautiverio”. Su apología de la Razón concluía en un sorprendente alegato pacifista: “conservemos una forma de disputar de respeto y servicio mutuo, pues la guerra, el rencor y el vituperio impiden a los hombres estar de acuerdo”. La confianza de Ramón en el poder de la palabra, las virtudes de la persuasión, el genio de la elocuencia, nos hacen sospechar que, para él, la conversación era mejor que la conversión.

Su larga y prolífica existencia de agitador político y escritor -el virtuoso inventor de la lengua literaria catalana-  encontró su réplica en el cervantino Caballero de la Triste Figura. La amarga confesión de Llull, cuando casi al final de sus días hace balance de su fracaso, parece provenir de un indeseable desvelamiento: “soy viejo, pobre y despreciado, recorriendo sin cesar el mundo, se burlan como si yo fuese un fatuo que habla locamente”.

Ramon fue un “foll de amor”, del mismo modo que Dante fue un “fiel de amor”. El lema luliano - “recordar, conocer, amar”-, de sugerente afinidad platónica, es el programa filosófico del hombre que aún en la posmodernidad sigue siendo “ese animal que homifica, que va haciéndose hombre, deificándose”.

[Publicado el 05/5/2016 a las 17:59]

[Etiquetas: Ramón LLull, Domínguez Reboiras, Arpa Editores]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cínico 8

Enrique Murillo, al frente ahora de Los Libros del Lince, publica la cuarta edición del apabullante estudio del médico e investigador danés Peter C. Gotzsche. El libro tiene un gran interés para los ciudadanos cercados por el prestigio de la farmacopea industrial: “Medicamentos que matan y crimen organizado”. Joan-Ramón Laporte, profesor de Farmacología Clínica en la Universitat Autónoma de Barcelona, resume en el prólogo lo que el autor demuestra a lo largo de 500 páginas: “las prácticas reiteradas por la industria farmacéutica: extorsión, ocultamiento de información, fraude sistemático, malversación de fondos, violación de las leyes, obstrucción a la justicia, falsificación de testimonios, compra de profesionales sanitarios, manipulación y distorsión de los resultados de la investigación, alienación del pensamiento médico y de la práctica de la medicina, divulgación de falsos mitos en los medios de comunicación, soborno de políticos y funcionarios, corrupción de la administración del Estado y de los sistemas de salud”.

Al comenzar su exhaustiva exposición, Gotzsche nos trastorna con un dato que nadie nos había contado: “En EE.UU y Europa, los medicamentos son la tercera causa de muerte, después de las cardiopatías y el cáncer”.

Sabíamos algo de las demandas contra médicos imprudentes o cirujanos negligentes, pero nadie nos había dicho que los medicamentos fabricados para curar nuestras enfermedades sean una epidemia mortal consentida por los legisladores. (Aunque hace 40 años, el pensador austríaco Ivan Illich lo advirtió en su sagaz ensayo “Némesis médica”).

La Unión Europea estima que “las reacciones adversas –los famosos efectos secundarios- son las responsables de la muerte de 200.000 europeos cada año”. Por espeluznante que sea, el dato es inmediatamente digerido por la sociedad de consumo: si lo dice el prospecto del medicamento que te receta el médico ¿de qué te quejas? Y si organismos oficiales publican las estadísticas de los que mueren por ingerir medicamentos autorizados por organismos oficiales, ¡qué le vamos a hacer!


[Publicado el 25/4/2016 a las 18:37]

[Etiquetas: Peter C. Gotzsche]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cínico 7

Los buenos propósitos no siempre caen en saco roto. Voy a intentar que algún amigo lo crea y me cuente luego cómo sale del ejercicio. Se trata de una dieta experimental para desintoxicar la mente. Consiste en no leer la prensa, no escuchar la radio, no ver la televisión ni navegar por las redes sociales durante un año. ¿Cómo regresará un hombre entrenado en la realidad? ¿Cómo interpretará las noticias del mundo? La hipótesis puede formularse de este modo: la información satura nuestro circuito cognitivo y modela la ficción que nos envuelve. El perverso efecto de la algarabía global (hecha con las consignas tóxicas de prescriptores y followers) es que a cambio de la propia vida tangible, el individuo adopta las creencias de una comunidad imaginaria. Esta mimesis es la que conduce la fatalidad contemporánea: entre las dos únicas opciones, nadie vislumbra la tercera alternativa.

[Publicado el 06/4/2016 a las 18:15]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cinico 6

Si un locutor baja a la calle  con su micrófono y pregunta al transeúnte, aprovechando su alegre disposición a ser consultado, cuánto le suena el nombre de Mussolini o Stalin, verá hasta qué punto algunos nombres son conocidos por la población. Pero si en lugar de mencionar a las delirantes encarnaciones del siglo XX, le pide al desocupado paseante si recuerda algo de la vida y obra de Thomas Paine, comprobará el desdichado destino reservado a los  pioneros que fundaron los logros de nuestro tiempo.

Obviamente, la omisión que padece Paine no es una casualidad de la ignorancia común: responde al deliberado propósito de nuestros pedagogos y de los publicistas fieles al dictado de las potencias infernales.

En 1999 publiqué en Seix Barral la deslumbrante biografía que le dedicó Howard Fast (ya saben: el autor de Espartaco, el perseguido durante la exitosa Caza de Brujas de McCarthy…). Ratificando la imposible existencia de Paine en el paradigma académico de nuestro país, el libro pasó por las librerías sin recibir una sola reseña. Lo tomé como un síntoma de nuestra astenia intelectual. El desdén que los sabios españoles dedican a lo que no conocen ha conseguido ser la inconfundible rúbrica de la Marca España.

Veo ahora que la editorial Funambulista edita la obra con que Paine consolidó las ideas de la Revolución Americana (“El sentido común”) y que Debate publica el ensayo del ya ausente Christopher Hitchens sobre  Thomas Paine y su glorioso libro: “Los Derechos del Hombre”.

El ensayo es una brillante evocación y ratifica a Paine en el panteón de los hombres ilustres: la inteligencia con que desveló la clave de la última religión -la divinidad de lo humano latente en el hombre- resulta ahora de una acuciante urgencia.

[Publicado el 03/4/2016 a las 21:27]

[Etiquetas: Thomas Paine, Christopher Hitchens]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cinico 5

Martes

Habrá que hacer a los líderes políticos otra concesión: nunca ocultan lo que piensan, siempre dicen la verdad. Nos conviene sostener la quimera de un gobernante incapaz de tergiversar su pensamiento. Por ejemplo: cuando les veamos negar con vehemencia lo que han hecho o prometer solemnemente lo que nunca harán, debemos eximirles de cualquier sospecha e imputar su distorsión moral al dogma de los nuevos tiempos. En la sociedad de la información la lógica de lo incierto sustituye al sentido común. Heisenberg finalmente triunfante sobre Aristóteles. A causa de la velocidad cibernética, los desmentidos preceden al error y los asuntos pierden su encanto en medio de una revuelta cognitiva: los acontecimientos podrán ser y no ser al mismo tiempo. En este enloquecido paradigma sólo un ciudadano obsoleto, voluntariamente recluido en la nostalgia, pedirá certeza allí en donde apenas habrá una retorcida ambigüedad.

[Publicado el 20/3/2016 a las 13:42]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cínico 4

Viernes

Hace años, en Irlanda, en un bed and breakfast, al pedir el desayuno, me sirvieron unos granos de café flotando en agua caliente. Debajo de la jarra, en una baldosa, estaba escrita esta leyenda: “No te rías de los que no saben hacer café. Algún día también tú serás viejo”. Por extraño que parezca, eso fue lo que ocurrió. Lo recuerdo ahora leyendo el Diario del anciano averiado, de Salvador Paniker. Tomo nota de lo que dice: “Tengo setenta y cuatro años y me da vueltas la cabeza, pero todavía voy a las fiestas y todavía copulo con mi hembrita”. (He tenido que leer varias veces la cita para comprender el pánico con que el autor va hablando del  “problema de la ancianidad”).

[Publicado el 18/3/2016 a las 18:28]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cínico / 3

Miércoles.

A comienzos de la era cristiana el individuo de la sociedad mediterránea medraba en una trama jerárquica de patrocinio y clientela. A cambio de dar o recibir protección, rendía tributo al de arriba y cobraba al de abajo. Este intenso tráfico de dádivas amenizaba el comercio social y dejaba fuera de juego a los que no tenían a nadie a quién exigir obediencia: las mujeres y los niños. Eran el nimio estamento de una pirámide sin escrúpulos. Esos a los que se podía zurrar sin riesgo de que te devolvieran el golpe. Cerca de ellos, en los márgenes del sistema, merodeaban los leprosos, muy parecidos a nuestros bohemios, mendigos que preferían no deber nada a nadie y que con su mal genio pedigüeño atosigaban a los vecinos. Los pordioseros eran los únicos que recibían sin dar nada a cambio. Fue entonces cuando la caridad se reveló como un sarcasmo subversivo.

[Publicado el 10/3/2016 a las 18:36]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cínico / 2

 

Algunos se preguntarán por qué se celebra en Mallorca el juicio del siglo...

En los siglos XVI y XVII los bandoleros mallorquines campaban a sus anchas como mercenarios al servicio del clero y de la nobleza. Sus miembros se contaban por centenares. Los enfrentamientos eran brutales y las masacres, el pan nuestro de cada día. Pueblos y posesiones rurales se amurallaban no para defenderse del moro, como suele decirse, sino para protegerse de los belicosos y feroces vecinos. Asesinatos por encargo, venganzas, saqueos, sabotajes, secuestros, violaciones y amputaciones agitaban a una sociedad amedrentada por la rabia y la furia. Para evitar la persecución de la Justicia impartida en nombre del Rey, los bandoleros buscaban refugio en la Catedral. Allí se instalaban con sus pertenencias hasta que conseguían un navío en el que huir de la isla. En el tejado del templo, en sus bóvedas y en el campanario alquilaban o compraban habitaciones para estar a salvo de los alguaciles o de los sanguinarios adversarios.

Leyendo el estudio del historiador mallorquín Jaume Serra uno comprende mejor a los secuaces que han saqueado las arcas públicas de la isla. Desde su singular perspectiva histórica, sus delitos son en realidad un homenaje a la tradición, a lo que hoy se considera "la sagrada identidad de los pueblos". Por todo ello, mientras en los juzgados se enumeran sus fechorías, en los exquisitos cenáculos mallorquines se dictan otro tipo de sentencias. Los próceres hablan de los políticos procesados como si fueran las víctimas de un exceso de celo y reprochan a jueces, fiscales y guardia civiles su injerencia en los asuntos internos de la sociedad isleña. En este gabinete de alta alcurnia se fraguan subterráneas corrientes de opinión y se actualiza la vieja convicción de la nobleza mallorquina: "tenemos derecho a comandar nuestras propias bandas de forajidos".

[Publicado el 08/3/2016 a las 18:40]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dietario de un cínico / 1

 

Lunes.

En la conversación que mantuvo con Gina Lollobrigida, en Nueva York, en 1963, Robert Graves reconoce sentirse consternado por las estudiantes que acuden a oír sus conferencias. “Ver a todas esas bellísimas jóvenes, inteligentes, amables, tan bien cuidadas, con sus medias brillantes, junto a unos acompañantes sucios y desaliñados, que hablan únicamente de béisbol. ¡Y cuando pienso que todas esas muchachas tan lindas tienen que escoger entre esa gente a sus maridos!”.  

Redactaré la proclama de una campaña feminista: Mujeres del mundo entero, por favor, no seáis hombres. En lugar de imitar sus hábitos, descartadlos. En vez de adoptar sus poses, ridiculizadlas. A cambio de compartir sus logros mundanos, despreciadlos. Sólo de este modo os librareis de ellos.

No estaría mal un spot o un video clip en el que la misma Gina, alentada por el viejo poeta inglés, recitara con elocuencia dramática, y gran pasión escénica, esta declaración. Aunque me temo que mi ocurrencia haya llegado tarde. Las cuotas femeninas que se negocian en las altas instancias financieras y gubernamentales demuestran que el modelo de macho alfa les ha contagiado su inconfundible estilo de primate irritado.

[Publicado el 05/3/2016 a las 18:05]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

 

Basilio Baltasar es escritor, editor y periodista. Autor de la novela "Pastoral iraquí" (Alfaguara, 2013). Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral, editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober y dirigió el periódico El Día del Mundo.

 

 

 

Bibliografía

 

 

 

     Basilio Baltasar, editor

Obras asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2016 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres