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Periodismo cultural

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 30 de mayo de 2016

 Blog de Basilio Baltasar

El santo patrón de los locos de aquí

No es extraño que los dominicos consideraran a Ramón Llull un hereje, que los profesores de la Sorbona desdeñaran su presunción, que los prelados de la Curia detestaran su intrusismo, que los teólogos de la Corte lo difamaran como un loco visionario. Al fin y al cabo, Ramón se presentó ante ellos como un elegido por Dios para escribir “el mejor libro del mundo” y como el “abogado y procurador de los sarracenos”.

Ramón Llull descendió del monte Randa como Moisés del Sinaí: iluminado por el resplandor de la divinidad y encargado de llevar a cuestas el pesado fardo de su apabullante tarea. El noble egipcio redimiría al pueblo de Israel esclavizado por el Faraón; pero a Ramón le tocó en suerte una misión descabellada: injertar en la cosmografía medieval la supremacía de la Razón. Desafiando a los tribunales de la época, Ramón Llull proclamó que su Ars Magna está por encima de los libros sagrados y que fundamenta entre los hombres el arte de entender, no la costumbre de creer.

A través de un vericueto no muy bien comprendido Ramón se anticipó a los humanistas florentinos, a los enciclopedistas ilustrados, y formuló en plena Edad Media un entusiasmo que sólo sería superado por el Siglo de las Luces. Su artefacto cibernético, un artilugio lingüístico sin precedentes, establece solidos rigores conceptuales para el pensamiento y enseña los modos en que la razón “duda, examina y comprueba”. El énfasis con que Ramón habla de su Arte es de una ambición deslumbrante. Concibió su Ars Magna para regalar ciencia al pueblo, “salir de la servidumbre de las ciencias confusas” y “ordenar todas las cosas que puedan caber en la investigación humana”.

La magnífica biografía de Llull que publica el profesor Fernando Domínguez Reboiras en Arpa Editores, “El mejor libro del mundo”, es oportuna no por coincidir con el 700 aniversario de la muerte del filósofo, sino por darse en el Mediterráneo la misma batalla que entonces tuvo lugar. La erudición con que Ramón aprende la lengua y la cultura árabe le permite poner en cuestión a sus orgullosos contemporáneos: “¿por qué son los sarracenos más inteligentes cuanto más envejecen, mientras que con los cristianos sucede lo contrario?”

Con su admirable energía Ramón reprochó a reyes, papas y cardenales que consintieran a “los que se pelean, matan y caen en cautiverio”. Su apología de la Razón concluía en un sorprendente alegato pacifista: “conservemos una forma de disputar de respeto y servicio mutuo, pues la guerra, el rencor y el vituperio impiden a los hombres estar de acuerdo”. La confianza de Ramón en el poder de la palabra, las virtudes de la persuasión, el genio de la elocuencia, nos hacen sospechar que, para él, la conversación era mejor que la conversión.

Su larga y prolífica existencia de agitador político y escritor -el virtuoso inventor de la lengua literaria catalana-  encontró su réplica en el cervantino Caballero de la Triste Figura. La amarga confesión de Llull, cuando casi al final de sus días hace balance de su fracaso, parece provenir de un indeseable desvelamiento: “soy viejo, pobre y despreciado, recorriendo sin cesar el mundo, se burlan como si yo fuese un fatuo que habla locamente”.

Ramon fue un “foll de amor”, del mismo modo que Dante fue un “fiel de amor”. El lema luliano - “recordar, conocer, amar”-, de sugerente afinidad platónica, es el programa filosófico del hombre que aún en la posmodernidad sigue siendo “ese animal que homifica, que va haciéndose hombre, deificándose”.

[Publicado el 05/5/2016 a las 17:59]

[Etiquetas: Ramón LLull, Domínguez Reboiras, Arpa Editores]

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Dietario de un cínico 8

Enrique Murillo, al frente ahora de Los Libros del Lince, publica la cuarta edición del apabullante estudio del médico e investigador danés Peter C. Gotzsche. El libro tiene un gran interés para los ciudadanos cercados por el prestigio de la farmacopea industrial: “Medicamentos que matan y crimen organizado”. Joan-Ramón Laporte, profesor de Farmacología Clínica en la Universitat Autónoma de Barcelona, resume en el prólogo lo que el autor demuestra a lo largo de 500 páginas: “las prácticas reiteradas por la industria farmacéutica: extorsión, ocultamiento de información, fraude sistemático, malversación de fondos, violación de las leyes, obstrucción a la justicia, falsificación de testimonios, compra de profesionales sanitarios, manipulación y distorsión de los resultados de la investigación, alienación del pensamiento médico y de la práctica de la medicina, divulgación de falsos mitos en los medios de comunicación, soborno de políticos y funcionarios, corrupción de la administración del Estado y de los sistemas de salud”.

Al comenzar su exhaustiva exposición, Gotzsche nos trastorna con un dato que nadie nos había contado: “En EE.UU y Europa, los medicamentos son la tercera causa de muerte, después de las cardiopatías y el cáncer”.

Sabíamos algo de las demandas contra médicos imprudentes o cirujanos negligentes, pero nadie nos había dicho que los medicamentos fabricados para curar nuestras enfermedades sean una epidemia mortal consentida por los legisladores. (Aunque hace 40 años, el pensador austríaco Ivan Illich lo advirtió en su sagaz ensayo “Némesis médica”).

La Unión Europea estima que “las reacciones adversas –los famosos efectos secundarios- son las responsables de la muerte de 200.000 europeos cada año”. Por espeluznante que sea, el dato es inmediatamente digerido por la sociedad de consumo: si lo dice el prospecto del medicamento que te receta el médico ¿de qué te quejas? Y si organismos oficiales publican las estadísticas de los que mueren por ingerir medicamentos autorizados por organismos oficiales, ¡qué le vamos a hacer!


[Publicado el 25/4/2016 a las 18:37]

[Etiquetas: Peter C. Gotzsche]

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Dietario de un cínico 7

Los buenos propósitos no siempre caen en saco roto. Voy a intentar que algún amigo lo crea y me cuente luego cómo sale del ejercicio. Se trata de una dieta experimental para desintoxicar la mente. Consiste en no leer la prensa, no escuchar la radio, no ver la televisión ni navegar por las redes sociales durante un año. ¿Cómo regresará un hombre entrenado en la realidad? ¿Cómo interpretará las noticias del mundo? La hipótesis puede formularse de este modo: la información satura nuestro circuito cognitivo y modela la ficción que nos envuelve. El perverso efecto de la algarabía global (hecha con las consignas tóxicas de prescriptores y followers) es que a cambio de la propia vida tangible, el individuo adopta las creencias de una comunidad imaginaria. Esta mimesis es la que conduce la fatalidad contemporánea: entre las dos únicas opciones, nadie vislumbra la tercera alternativa.

[Publicado el 06/4/2016 a las 18:15]

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Dietario de un cinico 6

Si un locutor baja a la calle  con su micrófono y pregunta al transeúnte, aprovechando su alegre disposición a ser consultado, cuánto le suena el nombre de Mussolini o Stalin, verá hasta qué punto algunos nombres son conocidos por la población. Pero si en lugar de mencionar a las delirantes encarnaciones del siglo XX, le pide al desocupado paseante si recuerda algo de la vida y obra de Thomas Paine, comprobará el desdichado destino reservado a los  pioneros que fundaron los logros de nuestro tiempo.

Obviamente, la omisión que padece Paine no es una casualidad de la ignorancia común: responde al deliberado propósito de nuestros pedagogos y de los publicistas fieles al dictado de las potencias infernales.

En 1999 publiqué en Seix Barral la deslumbrante biografía que le dedicó Howard Fast (ya saben: el autor de Espartaco, el perseguido durante la exitosa Caza de Brujas de McCarthy…). Ratificando la imposible existencia de Paine en el paradigma académico de nuestro país, el libro pasó por las librerías sin recibir una sola reseña. Lo tomé como un síntoma de nuestra astenia intelectual. El desdén que los sabios españoles dedican a lo que no conocen ha conseguido ser la inconfundible rúbrica de la Marca España.

Veo ahora que la editorial Funambulista edita la obra con que Paine consolidó las ideas de la Revolución Americana (“El sentido común”) y que Debate publica el ensayo del ya ausente Christopher Hitchens sobre  Thomas Paine y su glorioso libro: “Los Derechos del Hombre”.

El ensayo es una brillante evocación y ratifica a Paine en el panteón de los hombres ilustres: la inteligencia con que desveló la clave de la última religión -la divinidad de lo humano latente en el hombre- resulta ahora de una acuciante urgencia.

[Publicado el 03/4/2016 a las 21:27]

[Etiquetas: Thomas Paine, Christopher Hitchens]

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Dietario de un cinico 5

Martes

Habrá que hacer a los líderes políticos otra concesión: nunca ocultan lo que piensan, siempre dicen la verdad. Nos conviene sostener la quimera de un gobernante incapaz de tergiversar su pensamiento. Por ejemplo: cuando les veamos negar con vehemencia lo que han hecho o prometer solemnemente lo que nunca harán, debemos eximirles de cualquier sospecha e imputar su distorsión moral al dogma de los nuevos tiempos. En la sociedad de la información la lógica de lo incierto sustituye al sentido común. Heisenberg finalmente triunfante sobre Aristóteles. A causa de la velocidad cibernética, los desmentidos preceden al error y los asuntos pierden su encanto en medio de una revuelta cognitiva: los acontecimientos podrán ser y no ser al mismo tiempo. En este enloquecido paradigma sólo un ciudadano obsoleto, voluntariamente recluido en la nostalgia, pedirá certeza allí en donde apenas habrá una retorcida ambigüedad.

[Publicado el 20/3/2016 a las 13:42]

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Dietario de un cínico 4

Viernes

Hace años, en Irlanda, en un bed and breakfast, al pedir el desayuno, me sirvieron unos granos de café flotando en agua caliente. Debajo de la jarra, en una baldosa, estaba escrita esta leyenda: “No te rías de los que no saben hacer café. Algún día también tú serás viejo”. Por extraño que parezca, eso fue lo que ocurrió. Lo recuerdo ahora leyendo el Diario del anciano averiado, de Salvador Paniker. Tomo nota de lo que dice: “Tengo setenta y cuatro años y me da vueltas la cabeza, pero todavía voy a las fiestas y todavía copulo con mi hembrita”. (He tenido que leer varias veces la cita para comprender el pánico con que el autor va hablando del  “problema de la ancianidad”).

[Publicado el 18/3/2016 a las 18:28]

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Dietario de un cínico / 3

Miércoles.

A comienzos de la era cristiana el individuo de la sociedad mediterránea medraba en una trama jerárquica de patrocinio y clientela. A cambio de dar o recibir protección, rendía tributo al de arriba y cobraba al de abajo. Este intenso tráfico de dádivas amenizaba el comercio social y dejaba fuera de juego a los que no tenían a nadie a quién exigir obediencia: las mujeres y los niños. Eran el nimio estamento de una pirámide sin escrúpulos. Esos a los que se podía zurrar sin riesgo de que te devolvieran el golpe. Cerca de ellos, en los márgenes del sistema, merodeaban los leprosos, muy parecidos a nuestros bohemios, mendigos que preferían no deber nada a nadie y que con su mal genio pedigüeño atosigaban a los vecinos. Los pordioseros eran los únicos que recibían sin dar nada a cambio. Fue entonces cuando la caridad se reveló como un sarcasmo subversivo.

[Publicado el 10/3/2016 a las 18:36]

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Dietario de un cínico / 2

 

Algunos se preguntarán por qué se celebra en Mallorca el juicio del siglo...

En los siglos XVI y XVII los bandoleros mallorquines campaban a sus anchas como mercenarios al servicio del clero y de la nobleza. Sus miembros se contaban por centenares. Los enfrentamientos eran brutales y las masacres, el pan nuestro de cada día. Pueblos y posesiones rurales se amurallaban no para defenderse del moro, como suele decirse, sino para protegerse de los belicosos y feroces vecinos. Asesinatos por encargo, venganzas, saqueos, sabotajes, secuestros, violaciones y amputaciones agitaban a una sociedad amedrentada por la rabia y la furia. Para evitar la persecución de la Justicia impartida en nombre del Rey, los bandoleros buscaban refugio en la Catedral. Allí se instalaban con sus pertenencias hasta que conseguían un navío en el que huir de la isla. En el tejado del templo, en sus bóvedas y en el campanario alquilaban o compraban habitaciones para estar a salvo de los alguaciles o de los sanguinarios adversarios.

Leyendo el estudio del historiador mallorquín Jaume Serra uno comprende mejor a los secuaces que han saqueado las arcas públicas de la isla. Desde su singular perspectiva histórica, sus delitos son en realidad un homenaje a la tradición, a lo que hoy se considera "la sagrada identidad de los pueblos". Por todo ello, mientras en los juzgados se enumeran sus fechorías, en los exquisitos cenáculos mallorquines se dictan otro tipo de sentencias. Los próceres hablan de los políticos procesados como si fueran las víctimas de un exceso de celo y reprochan a jueces, fiscales y guardia civiles su injerencia en los asuntos internos de la sociedad isleña. En este gabinete de alta alcurnia se fraguan subterráneas corrientes de opinión y se actualiza la vieja convicción de la nobleza mallorquina: "tenemos derecho a comandar nuestras propias bandas de forajidos".

[Publicado el 08/3/2016 a las 18:40]

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Dietario de un cínico / 1

 

Lunes.

En la conversación que mantuvo con Gina Lollobrigida, en Nueva York, en 1963, Robert Graves reconoce sentirse consternado por las estudiantes que acuden a oír sus conferencias. “Ver a todas esas bellísimas jóvenes, inteligentes, amables, tan bien cuidadas, con sus medias brillantes, junto a unos acompañantes sucios y desaliñados, que hablan únicamente de béisbol. ¡Y cuando pienso que todas esas muchachas tan lindas tienen que escoger entre esa gente a sus maridos!”.  

Redactaré la proclama de una campaña feminista: Mujeres del mundo entero, por favor, no seáis hombres. En lugar de imitar sus hábitos, descartadlos. En vez de adoptar sus poses, ridiculizadlas. A cambio de compartir sus logros mundanos, despreciadlos. Sólo de este modo os librareis de ellos.

No estaría mal un spot o un video clip en el que la misma Gina, alentada por el viejo poeta inglés, recitara con elocuencia dramática, y gran pasión escénica, esta declaración. Aunque me temo que mi ocurrencia haya llegado tarde. Las cuotas femeninas que se negocian en las altas instancias financieras y gubernamentales demuestran que el modelo de macho alfa les ha contagiado su inconfundible estilo de primate irritado.

[Publicado el 05/3/2016 a las 18:05]

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Un café con Antonio Socias

A mediados de los años setenta nos impresionaba la solemnidad con que las bellas artes hablaban de sí mismas pero gracias a algún don misteriosamente recibido supimos esbozar a tiempo una irónica sonrisa de desconfianza. No es que despreciáramos el mérito de los viejos maestros pero en su retórica –y en sus entusiastas imitadores- reconocíamos una sospechosa impostura. No pasó mucho tiempo antes de verles tratar con enojo nuestra precoz filiación cínica. Por más que nos correspondiera el turno de ponerlos en cuestión, no les pasaba por la cabeza la idea de consentir nuestra insolente manera de ver el mundo. Un desmesurado afán de respetabilidad les llevaba a imaginarse como el recambio de los viejos carcamales del siglo y fue esta pretensión la que alentó nuestra sardónica displicencia. Ahora, con la lección del tiempo aprendida, comprendo la dificultad que entraña enseñar a unos discípulos tan alegres como descreídos. Qué le vamos a hacer. La credulidad no fue una de nuestras cualidades. El misterioso don, lo supimos luego, se remonta a una de las corrientes filosóficas más subversivas que han atravesado la historia de la cultura. Fuimos escépticos con irritante intensidad y este espíritu nos procuró una excelente educación sentimental. Nuestra negativa a compartir la ingenuidad contemporánea nos hizo inmunes a las doctrinas que por entonces se expendían en el mercado de las creencias. Ya fueran estéticas, políticas, religiosas o musicales, la elocuencia de estas ideas fue acogida con una afilada suspicacia. Esta ironía nos salvó de la ingenua complacencia con que muchos transigían.

Es en el recuerdo de aquellos años de esplendor, en la iniciación compartida durante una adolescencia hecha de aprendizaje y fraternidad, en donde se encuentran algunas reveladoras claves de la trayectoria recorrida por Antonio Socias.

Su destreza como pintor, escultor y fotógrafo, el dominio adquirido en cualquier de las disciplinas que ha elegido para sus insólitas exploraciones del mundo, la libertad con que ha sabido deshacer sus logros artísticos, lo han convertido en uno de los artistas españoles más brutalmente implicado en la incesante destrucción de su propia obra.

El talento proteico, virtuoso, voraz, sarcástico y cruel enérgicamente desplegado tras las mutaciones del lenguaje emergente en cada época, le ha permitido manosearlo, elaborarlo y abandonarlo con la urgencia que exige su genio intransigente.

Desde sus primeros trabajos le he visto consumar una y otra vez el mismo ciclo.  Cuando se aposenta en un dominio artístico, cuando forja la inconfundible personalidad de sus estilos y ve reconocida su marca, se apresura a abandonar el estorbo de lo logrado.

Hay que entender el valor implícito en esta actitud de constante renovación. Es un desafío que muy pocos están en condiciones de aceptar. Renunciar a la singularidad de una obra hecha, dejar atrás lo laboriosamente conquistado y dirigirse de nuevo hacia el deshabitado horizonte, supone ejercer un supremo despojamiento.

Vivir abierto al reclamo de lo desconocido, a lo que uno debe dar otra vez de sí mismo en circunstancias inesperadas, sentirse atraído por lo que no existe, comprometerse con lo que llegará a ser, significa cumplir una de las más radicales exigencias del Arte.

El paso del tiempo ha dado a ésta búsqueda su exacta magnitud heroica. Antonio Socias se ha librado de la servidumbre impuesta por las expectativas de los demás y ha seguido el rastro de su poderosa intuición, de su despótico instinto de depredador de sí mismo. Quién sabe hasta dónde querrá llegar.

Después de contemplar su nuevo trabajo me apresuro a escribirle, con el asombro de siempre:

Con esta serie, Toni, inauguras una nueva mirada. Se nota de nuevo esa deliberada “confusión de las mentes” con que sacudes las certezas ajenas. Te deslizas una vez más por esa frontera en donde lo absurdo y lo doméstico se encuentran, se agreden y lesionan. Tu viaje a África maneja con maestría la potencia teatral, narrativa y metafísica de las imágenes pero provoca una perturbadora y sutil decepción. ¿Qué será?

Tu punto de vista en África es un ejercicio de estilo que destruye la distancia entre el fotógrafo y el mundo. Las visiones africanas que nos ofrece la industria cultural sustentan una narrativa retorcida por la cautela, los prejuicios y las ilusiones del viajero. Por un lado, ya se sabe, admira lo exótico y le encanta ser fascinado. Por otro, temeroso de lo que ve, recela y retrocede. Quiere atrapar lo que mira, pero no quiere tocarlo. Persigue una simulación aceptable de lo real, pero sabe que su presencia estropea la integridad de esa imagen exótica, primitiva, virginal. ¿Cómo sortear esta tensión?

Tu viaje es una parodia del género: la ilusión de ese fotógrafo invisible ha sido cancelada, ridiculizada. Tu obra es una confesión: estoy aquí. ¿Podría ser de otro modo? Las “personas” me sonríen o me repudian. No hay modo de impedirlo. Lo confieso. Debo tocar todo lo que veo. Este es el acuerdo entre mi ojo y el mundo. Lo que no pueda tocar, no existirá. No basta con ver, no es suficiente mirar. Hay que tocar. Aceptar el riesgo supremo de ser rechazado.

La indulgencia de los sujetos con los que te encuentras es sorprendente. También será perturbadora. ¿Cómo lo has conseguido? Nadie sabrá interpretarla. ¿Es un signo de tu poder personal? ¿Prepotencia, abuso, injerencia…? ¿O una sorprendente fraternidad entre desconocidos, en la plaza del mercado?

La construcción cultural de África llevada a cabo por Occidente, la elaboración de ese exotismo oriental que tan severamente desveló Edward Said, las emociones salvajes que ha pulido la literatura y el cine, ese vértigo ortopédico con que el viajero se paseaba por el otro mundo (la aventura impostada por la agencia de viajes), entra ahora en su fase de declive y con tu mirada levantas acta de un cambio sustancial. Los otros exóticos han entrado en nuestra vida y son ellos los que apoyan su mentón en tu mano. Es la gran migración que los trae a casa pero también la insurgencia de una voz propia, modulada por su memoria personal (no la especie, ni la tribu, ni el país, ni la religión, ni las costumbres, ni el folklore); y en ese recuerdo íntimo en cada uno de ellos reverbera insólitamente la experiencia de la fatuidad con que nos hemos hartado de nosotros mismos.

 A partir de ahora no habrá nadie a quién admirar. Ellos son lo que somos. Decepcionantes imágenes de lo poco que hemos llegado a ser. Hasta ahora nos han servido de consuelo, posibilidad remota de otra vida. Nos bastaba asomarnos a su  mundo de vez en cuando para obtener un consuelo necesario. Y sin embargo ahora son hombres en lugar de imágenes, se han hecho prójimos, semejantes, iguales. No van a servirnos como refugio mitológico de nuestras almas cansadas. Podemos darles la mano, conversar, aburrirnos con ellos. No serán la imagen idílica de la Humanidad ancestral, la inocencia custodiada en el primer origen del mundo. Ese caudal de estampas útiles a nuestro fracaso cultural se ha agotado.

Tu viaje a África, Toni, es la crónica de una transformación cultural pero no evoca lo que ocurre allí, entre ellos. Sino lo que sucede aquí, entre nosotros. La nueva mirada, a la que das forma precisa y elocuente, acoge a personajes inesperadamente semejantes a nosotros mismos. Ese yo tiznado de negro que sonríe en el espejo, en el reverso del mundo, lo ha dicho todo. Nunca antes había sido visto de este modo.

[Publicado el 08/2/2016 a las 12:04]

[Etiquetas: Antonio Socias, Africa]

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Biografía

 

Basilio Baltasar es escritor, editor y periodista. Autor de la novela "Pastoral iraquí" (Alfaguara, 2013). Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral, editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober y dirigió el periódico El Día del Mundo.

 

 

 

Bibliografía

 

 

 

     Basilio Baltasar, editor

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