Cuando un gobierno toma decisiones aventuradas debería tener a mano un documentado arsenal de razones convincentes. Un argumento al menos cuya lógica pueda ser admitida o rechazada por el ciudadano. Este derecho común no debería ser en ningún caso motivo de reclamación. Es algo que debe darse por supuesto.
Zapatero y Chacón, sin embargo, nos han sometido a una traumática experiencia de asombro y perplejidad. Anuncian la salida de las tropas españolas de Kosovo y dejan a sus aliados de la OTAN con dos palmos de narices. Pues tampoco los socios europeos y americanos de la alianza militar consiguen entender la razón que les hace romper de modo tan impertinente las normas básicas de cooperación vigentes en un organismo de tan acendrado protocolo.
A los corresponsales extranjeros que nos consultan para resolver el jeroglífico español debemos confesarles que no sabemos nada de nuestro gobierno. No sólo no sabemos qué espera sacar de su extraña maniobra sino que nos resulta imposible adivinar el secreto oculto en el fondo de su desorbitada estrategia de relaciones internacionales. ¿Pretenden Zapatero y Chacón demostrar quién manda aquí? ¿Intentan hacerse un hueco en el G-20 jactándose de tener un carácter impresionante? ¿Está preparando Zapatero la cumbre de la Alianza de las Civilizaciones con un teatral gesto de honor patriótico? ¿Querrá demostrarle a Obama con quién se las tendrá que ver el nuevo Presidente de Estados Unidos?
Ya saben ustedes que Hillary Clinton maneja una marca para su gestión diplomática. La llaman smart power para significar el estilo elegante, listo, inteligente y rápido que debe caracterizar su gestión en un mundo vapuleado y asustado. A Zapatero y a Chacón también les irá bien una marca que abrevie el enrevesado esfuerzo que debemos hacer para calificar su manera de hacer las cosas. A esa política podemos llamarla rush power: el estilo arrebatado y atolondrado con que uno se tira de cabeza a las piscinas vacías.
[Publicado el 23/3/2009 a las 19:51]
[Etiquetas: Zapatero, Chacón, Kosovo, OTAN]
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En el batzoki del PNV se respira una atónita decepción y todos se preguntan de qué sirve ser la lista más votada si al final no puedes gobernar. Afirma Urkullu, con inhóspita firmeza y un deje de ya lo decía yo, que el resultado de las elecciones es un aviso a los que quisieron vivir en un estado de campaña electoral permanente. Después de su ovacionado discurso le toca el turno al lehendakari en funciones y con el micrófono en la mano Ibarretxe anima a sus votantes a vivir en un estado de campaña electoral permanente. Más aplausos en el auditorio.
En el escenario gallego la llovizna arrecia pero no cala en un terreno impermeable. Los escándalos que atenazaban al Partido Popular no alteran la intención de voto y Feijóo se alza con la mayoría absoluta. ¿Habrán comprendido los gallegos que Rajoy necesitaba esta victoria para arreglar el Partido?
Los socialistas vascos dan por seguro que un gobierno de coalición con el Partido Popular les permitirá desalojar a los nacionalistas de las instituciones. La entente en el territorio vasco es de una urgencia moral inaplazable y tendrá consecuencias inesperadas en la política nacional. Obligará a los dos grandes partidos a enterrar el hacha de guerra y abrir un período de consenso institucional. Muy adecuado en este momento de crisis financiera internacional.
El test de las elecciones autonómicas ha resuelto equitativamente las expectativas más razonables: alienta el liderazgo de Rajoy y no desmiente el de Zapatero. ¿Habrase visto alguna vez un resultado tan a gusto de todos?
[Publicado el 02/3/2009 a las 19:48]
[Etiquetas: Feijóo, Rajoy, Urkullu, Zapatero]
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Siguiendo el guión que le corresponde como jefe de la oposición parlamentaria, Mariano Rajoy hace su trabajo: reprocha al gobierno el alcance de la crisis económica, le conmina a resolver el paro sangrante, la recesión, la política crediticia, la deflación. Rajoy exige medidas contundentes. Reclama al ejecutivo iniciativas que corrijan la tendencia al deterioro social y espera que el malestar redunde en favor de las expectativas electorales de su partido (las europeas y las inminentes autonómicas en Galicia y el País Vasco).
En suma, Rajoy se comporta a la vieja usanza: como si la sociedad de la información no inundara con sus certezas la percepción ciudadana. Se supone que sus asesores le animan a entrar en Facebook y a prodigarse a través de la web de su partido, pero Rajoy lo ignora todo sobre los ciudadanos a los que quiere convencer.
Habla como si su palabra pudiera modificar la tupida madeja de sensaciones que nos impone el espectáculo de la crítica catástrofe financiera internacional. Como si las noticias, las declaraciones, los artículos y los blogs no hubieran demostrado ya lo que todo el mundo sabe: el más patético infortunio de impotencia en el que han incurrido los poderosos rectores, expertos y especialistas, que hoy deben limitarse a agachar la cabeza (Sarkozy, Brown, Merkel) y reconocer que no saben qué hacer para salir del follón en el que nos han metido.
Rajoy desconoce lo hondo que va calando este estado de ánimo global: oleadas de opinión sincronizadas en la gran red de intercambio transnacional verifican a diario el zarandeo que padece un mundo sin rumbo ni timonel. Por primera vez los gobernantes -los arcontes que presumían de saber y poder- deben salir a la palestra como víctimas desazonadas que ni siquiera ocultan el temor que sienten ante la cercanía de lo peor todavía.
Las apariciones televisivas de Zapatero confirman que el origen de la crisis económica pasa por encima de su cabeza presuntuosa y elevándose más allá de sus posibilidades bienaventuradas se remonta hasta esos espacios de impunidad que avergüenzan incluso al presidente de los Estados Unidos.
Curiosamente, esta inutilidad no redunda en su perjuicio. Y esta salvedad es algo que Mariano no puede aprovechar.
[Publicado el 01/2/2009 a las 14:41]
[Etiquetas: Rajoy, Zapatero, crisis]
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Lo que debería haber dicho Zapatero

Se encienden los focos, se conectan los micrófonos y desde su podio el Presidente anuncia las medidas que deben paliar los efectos de la crisis financiera internacional en la economía española.
Un fondo de 50.000 millones de euros para inyectar liquidez al sector y una garantía pública de 100.000 euros a los ahorros bancarios.
¿Eso es todo?
La izquierda tartamuda vuelve a hacer de las suyas.
Además de padecer su tradicional parálisis de ideas ante el espectáculo organizado por los insensatos avariciosos de Wall Street, la izquierda imita las ocurrencias del capitalismo salvaje. Acepta sin rechistar que la única salida al expolio de los grandes directivos sin escrúpulos es... reponer con el dinero de los contribuyentes lo que aquellos han perdido en su última jugada.
La codicia infatigable de los especuladores ha llevado al mundo al borde del colapso y la izquierda se limita a compartir la preocupación con gestos compungidos. La misma liturgia en todos los países.
He aquí lo que ayer estaba obligado a decir Zapatero a los ciudadanos españoles:
"Además de las medidas monetarias de urgencia que acabo de anunciar, he ordenado al Banco de España y al Ministro de Economía la realización de una amplia auditoría que nos permita conocer el diámetro del agujero al que estamos siendo arrastrados y el alcance de la crisis que afecta a nuestro país. La investigación identificará a los agentes económicos que hayan burlado las reglas del sistema financiero y provocado la situación que hoy padecemos.
Además, he convocado una comisión gubernamental que elaborará las nuevas normas de control a las que, de ahora en adelante, estarán sometidos los operadores bancarios y bursátiles, especialmente aquellos que hagan uso de los fondos públicos puestos en circulación.
La era de la impunidad ha acabado. A partir de ahora el libre mercado será un instrumento de crecimiento y prosperidad regulado, como el resto de las actividades ciudadanas, por la ley y la justicia".
Esto es lo que debería habernos contado Zapatero.
[Publicado el 08/10/2008 a las 15:59]
[Etiquetas: Zapatero, crisis financiera, crisis de la izquierda]
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Barack Obama.
Acostumbrado a desconfiar de los discursos elaborados para darme satisfacción, he sentido siempre una natural inclinación por la crítica que los deja al desnudo.
Creo que ha sido esta sana costumbre la que me ha salvado de padecer la más común de las dolencias intelectuales de nuestro tiempo: la credulidad. Esa tendencia emocional a dar por bueno lo que se oye. Ya sea para elogiarlo o denostarlo.
Sin embargo, me veo obligado a reconocer mi reciente desconcierto. He leído las declaraciones de Barack Obama en la edición española de la revista Esquire y me pregunto con asombro de dónde procede la similitud entre su discurso y el de Zapatero.
Las figuras retóricas de nuestro presidente, que tanto me irritan por su aspecto de sermón moral, las maneja el candidato Obama con la misma desenvoltura, fuerza y convicción.
"Aprendí de mi madre el disgusto por la crueldad, la falta de consideración y el abuso de poder", "a nadie le gusta vivir con miedo", "quiero acabar con la guerra de Irak y cerrar Guantánamo", "los caminos del corazón son tan variados y mi vida tan imperfecta que no me siento cualificado para ser el arbitro moral de nadie", "hay que hablar con el enemigo directamente"...
Los motivos personales de Obama coinciden exactamente con las razones que hacen deseable su victoria como nuevo presidente de los USA.
Pero sigue vigente el origen de la sospecha que nos hace ser tan injustamente agrios con estos oradores: ¿puede una bondad programática corregir los vicios y abusos del poder?
Lo que uno se teme, cuando rechaza la benéfica invitación a la sinceridad colectiva no es la farragosa ínfula religiosa que agita sobre nuestras cabezas, sino que la convocatoria de los buenos sentimientos, en lugar de organizar la regeneración social, sólo haga más llevadera la hipnosis institucional y disfrace de nuevo la descarnada realidad de la corrupción.
[Publicado el 28/2/2008 a las 22:24]
[Etiquetas: Obama, Zapatero, elecciones]
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El falso debate de los candidatos

Debate electoral.
Si en medio de Zapatero y Rajoy hubieran sentado a un periodista dispuesto a ejercer de tal cosa, en lugar de resignarse a ser el amable cronómetro que vimos en pantalla, el televidente habría aprovechado mejor su tiempo, y su paciencia.
El falso debate de ayer por la noche, anunciado a bombo y platillo como el éxito cívico que todos debíamos celebrar con entusiasmo, fue en realidad un pequeño fracaso. No se cumplieron las reglas que hacen interesante un programa de televisión.
Sorprende que los asesores de nuestros líderes no tuvieran tiempo de adiestrarles a manejar lo que la industria del entretenimiento ha convertido en preceptivo: la habilidad de comportarse como si uno fuera real.
La televisión es ficción y su éxito consiste en haber remozado y triturado la realidad hasta darle un aspecto de gran verosimilitud. Lo que nos hemos acostumbrado a ver en televisión es algo que se parece terriblemente a lo real. Pero este efecto escénico requiere un tratamiento profesional depuradísimo: intervienen escenógrafos, estilistas, maquilladores, guionistas y directores de escena.
El miedo de los líderes políticos a lo real -esto es: un plató con varios periodistas conduciendo un debate sin condiciones- les hizo exigir un tratamiento en el que todo era previsible menos una cosa: ellos mismos, carentes de la pericia propia de los actores.
Si se medían los temas, los tiempos y las pausas, habría sido necesario medir también la calidad de la interpretación. Pues en el medio televisivo no hay término medio: o se retransmite una conversación -con todo lo que tiene de imprevisible y espontánea- o todo es (mal) teatro.
A esto les conduce su miedo escénico: a desconfiar de sí mismos.
[Publicado el 26/2/2008 a las 17:25]
[Etiquetas: Zapatero, Rajoy, campaña electoral, debate televisado]
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La baraka del candidato Zapatero

Zapatero
En nuestra democracia televisada, en donde tanto importa el impacto de las noticias fugaces y tanto cuenta el aspecto de los candidatos, el ganador se acerca a su victoria cuando aprovecha bien los defectos del adversario.
Aunque del candidato ejemplar se espera la modélica elegancia de los oradores -que publicite sus propias virtudes y reitere hasta la saciedad las desmesuradas promesas de campaña- lo cierto es que a veces parece inevitable el uso malévolo de los vicios que la moral censura.
La befa, por ejemplo. O la difamación, sin ir más lejos.
Si Zapatero fuera un rival salvaje no dejaría pasar de largo, como incomprensiblemente hace, los numerosos motivos que le brinda el Partido Popular.
Pero Zapatero prefiere el estilo pedagógico que le distingue y apenas se detiene a considerar las infaustas circunstancias en que anda enredado Mariano Rajoy. Cualquier otro se relamería los labios de gusto y pegaría dentelladas inolvidables al consternado enemigo.
La mímica de Rajoy delata los agobios de un hombre apesadumbrado por el peso que le ha tocado llevar encima. Sin duda, comparte el ideario extremista que hoy domina a su partido y se identifica con el tremendismo que agita en sus mítines. Pero hay algo revelador en la forzada impostura que arrastra con pesar. El anonadamiento de un hombre que está seguro de haberse equivocado y sin embargo no consigue averiguar ni cuándo ni en qué.
Rajoy se deja derrotar en público cuando Esperanza Aguirre, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, le exigió cerrar el paso apresurado de Alberto Ruiz Gallardón, Alcalde de Madrid, hacia la jefatura del partido. A cambio de nada, Rajoy ha perdido el activo que le permitiría reforzar su candidatura entre los centristas reticentes.
Si Zapatero dejara suelto su instinto asesino haría trizas al pobre Rajoy. Lo presentaría como un calzonazos acosado por Aguirre, Zaplana y Acebes, como un empleado de José María Aznar, y se preguntaría en público tantas veces como fuera necesario ¿qué cabe esperar de un candidato que ni siquiera manda en su partido?
Sin embargo, Zapatero prefiere confiar en su buena suerte en lugar de explotar la mala suerte de los demás.
[Publicado el 29/1/2008 a las 23:26]
[Etiquetas: Zapatero, buena suerte, elecciones]
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El sarcasmo que los voceros de la derecha española le dedican no revela nada sobre el extraño proceder del Presidente español. ¿Hará falta un experto que nos ayude a discernir las claves ocultas de su pensamiento político?
Antes del pasado verano los íntimos colaboradores de Zapatero en la Moncloa le aconsejaron adelantar la fecha de las elecciones generales. Se trataba de evitar el riesgo de la crisis económica que, ya entonces, los más lúcidos se atrevían a temer. Un vuelco inesperado en la boyante tendencia económica haría temblar la columna vertebral del discurso político. Y era preciso proteger el más destacado rasgo de identidad acuñado por Zapatero: el optimismo, el vigor de la buena voluntad de poder.
Al parecer, Zapatero se opuso vehementemente a aprovecharse de las prerrogativas del cargo. Como su doctrina le impele a ejercer a toda costa una ejemplar actitud de principios, decidió respetar el plazo máximo y convocar las elecciones el 9 de marzo. Lo hizo -dicen que dijo- por "pedagogía política". Esto es, para enseñar a los ciudadanos cómo deben hacerse las cosas.
Esta preocupación del Presidente por la didáctica pública adopta modos y expresiones que no siempre llegan a entenderse. Pero permite identificar iniciativas que de otro modo parecerían caprichos personales.
La Alianza de las Civilizaciones, por ejemplo. Que se haya celebrado en Madrid y en período electoral esta esperada cumbre no se debe a que la agenda intercultural del Presidente forme parte de las preocupaciones urgentes del ciudadano español. De hecho, por loable que sea el esfuerzo invertido en construir espacios de diálogo y reconocimiento, resulta que al ciudadano convocado a las urnas le parece ornamental e indescifrable la propuesta liderada por Zapatero en la escena internacional.
El podio prestado a Erdogan para ensalzar la paz entre culturas y religiones contrasta vivamente con las incursiones del ejército turco en el norte de Iraq -con el permiso de Estados Unidos y de la OTAN- persiguiendo a guerrilleros kurdos pero acribillando al que se ponga por delante.
Tampoco se entiende, por buena que sea la voluntad puesta en ello, el significado de la tolerancia proclamada por la Alianza cuando las señoras invitadas deben asistir a las sesiones embozadas con un velo, cumpliendo así las normas que ordenan el lugar de la mujer en este extraño mundo de patriarcas airados.
Pero si todo comportamiento gubernamental es pedagogía política no debe rechazarse de un plumazo la contradicción del que nos convoca a compartir una política de buenos sentimientos.
Al día siguiente de clausurarse las rimbombantes sesiones de la Alianza de Civilizaciones, la primera medida del consejo de ministros del gobierno de España fue venderle a Marruecos un artefacto que, según dicen los periódicos, consta de "ocho juegos de lanzadores de bombas de aviación". La venta se considera una "prueba de hermandad" dada por España a Marruecos pues en lugar de cobrar 86.848 euros -su precio de mercado- se facturará un euro simbólico.
La proximidad entre las dos operaciones gubernamentales -la cumbre de la Alianza de Civilizaciones y el obsequio de armamento al vecino marroquí- podría considerarse una exagerada muestra de desfachatez, pero hoy nos sentimos obligados a descifrar el significado de una pedagogía política más astuta de lo previsto.
¿Qué pretende decir con tan sutiles gestos el gobernante?
Al escéptico que no comulga con fervores utópicos le descubrirá el anverso de la retórica publicitaria gubernamental: los buenos deseos no nos eximen de cumplir complicidades temporales.
Al adversario que ridiculiza el alarde de las buenas intenciones le da una lección de realismo político: soy más de lo que imaginas.
Al ingenuo que no acaba de creérselo le da un par de palmaditas en la espalda: algún día lo entenderás todo.
[Publicado el 23/1/2008 a las 13:44]
[Etiquetas: Zapatero, elecciones, Alianza de Civilizaciones, armas]
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Que los procesos electorales en España y USA coincidan en el tiempo nos permitirá apreciar semejanzas no siempre tranquilizadoras.
Los que atizan con recelo la mercadotecnia de los publicistas americanos tienen a tratar con indulgencia a los candidatos españoles, como si su fervor doctrinal fuera una garantía de pureza política.
Lo habitual hasta ahora ha sido creer que entre nosotros predomina el énfasis ideológico y que ellos son más propicios a cultivar el alarde sentimental.
La lágrima de Hillary Clinton en el estado de New Hampshire confirma el alcance que la astucia teatral adquiere en una sociedad caracterizada por la credulidad. Su sollozo alteró los resultados previstos y se alzó con la victoria.
La ingenuidad como rasgo nacional típicamente americano es perfectamente compatible con cualquier vicio pero caracteriza los actos institucionales de una sociedad dispuesta a entregar su confianza a los que se suben al podio a reclamarla.
La estafa sentimental, sin embargo, es más ofensiva que la estafa ideológica, pues remueve en su beneficio ámbitos que deberían quedar fuera del litigio público. No cumplir el programa electoral prometido a los votantes no es tan grave como conducirlos por la senda del engaño a creer en el candidato.
El contrato que promete medidas incumplidas ofende menos. El contrato que reclama confianza ciega defrauda más.
El primero se dirige a la razón deficiente. El segundo, al corazón confundido.
Es precisamente en esta dicotomía en donde encontramos claramente destacada la novedad que el candidato Zapatero incorpora al panorama electoral español. El empeño con que pone de relieve la naturaleza épica de su YO es una sorpresa a la que debemos prestar atención.
[Publicado el 15/1/2008 a las 19:36]
[Etiquetas: campaña electoral, Clinton, Zapatero]
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Bill Clinton abraza a Zapatero
Mientras da comienzo la campaña electoral que recorrerá España entre hoy y el 9 de marzo de 2008 nos apresuramos a lamentar el trato vulgar que se dará a lo político. Manejado como una banalidad comercial y divulgado como un mensaje publicitario.
Semejante práctica pone en evidencia la penuria cultural de nuestro entorno: en lugar de convocar al ciudadano pensante, la propaganda "política" esparce a los cuatro vientos los reclamos que puedan seducirlo.
Antes se esperaba que la personalidad del líder permitiera atraer a los más confiados de los votantes, ahora, sin embargo, con el progresivo escarmiento de una población desconfiada, aunque perezosa, los partidos han dado un paso decisivo: ofertas y rebajas, ventajas y ocasiones que imitan la pauta de las grandes promociones comerciales.
Ya analizaremos las promesas que están poniendo en circulación los candidatos pero antes comprobemos cómo se construye el clima propicio a las emociones que desean suscitar.
El ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, visita a Zapatero en La Moncloa y elogia el "ejemplo español" en su lucha por el crecimiento, el pleno empleo y la reducción de los gases con efecto invernadero. Las declaraciones satisfacen al anfitrión y no considera necesario matizar el entusiasmo de su invitado. De hecho, le parece muy bien recibir un aval tan prestigioso. Después de implicar a notables científicos y profesionales de distintos campos en la redacción del programa electoral del Partido Socialista, Zapatero no puede considerar más pertinente un espaldarazo de semejante calibre.
La transferencia de prestigio garantiza el efecto de la imagen sobre una opinión pública más proclive de lo que parece a creer en la taumaturgia. Como si la unción carismática sobreviviera pese a todo en nuestro tiempo, tan solo por darse un fuerte apretón de manos en público.
Lo de menos en esta escena publicitaria, en el decorado de la Moncloa, es el nada despreciable detalle de que España, en realidad, no cumple los acuerdos del protocolo de Kyoto. Según las mediciones llevadas a cabo por la Generalitat de Catalunya, la única región que mide el alcance del envenenamiento ambiental, la emisión de gases de efecto invernadero ha aumentado un 3% cada año. En 1990 Catalunya emitió 38 millones de toneladas y en 2005, 59 millones de toneladas.
[Publicado el 21/11/2007 a las 20:04]
[Etiquetas: efecto invernadero, Bill Clinton, Zapatero]
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Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
Tengo una pregunta para mí
En la 2 de RTVE
¿Quién nos enseña a vivir?
Basilio Baltasar conversa sobre enseñanza y educación
con Fernando Savater, Josep María Flotats, Rafael Argullol y Paco Ibáñez.
11/2/2012 17:53
Basilio, tú eres capaz de hacer...
Publicado por: artistas que somos
08/2/2012 16:44
Nadie como Proust para buscar el...
Publicado por: Alégrese quien respira bajo la rosada luz del día.
30/1/2012 18:51
Devastador, deprimente panorama,...
Publicado por: Lector
30/1/2012 17:15
La profecía de Tocqueville ya...
Publicado por: no creo ya en nada.
29/1/2012 00:02
Es increíble lo que acabo de...
Publicado por: izquerdista sin partido
28/1/2012 14:59
Publicado por: Gabon
12/1/2012 18:17
Apuntado queda el título, muy...
Publicado por: Juan Payeras
22/12/2011 03:25
Parece que la nogstica judia...
Publicado por: Jaime
21/12/2011 20:31
" Lo sagrado que me envuelve y...
Publicado por: Roulette
06/12/2011 04:07
Publicado por: Natalia Donoso
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