El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Basilio Baltasar

Actas Pin 2

 

 

En la ley en el origen Víctor Gómez Pin cita muy pertinentemente mis comentarios sobre la excepcionalidad de nuestras costumbres sexuales, pero omite la mordaz voluntad polémica del texto.

Mi alusión a los hábitos monógamos del gibón no podía ser más que una licencia irónica, por lo que veo insuficientemente acentuada.

Efectivamente, el gibón no puede dejar de ser monógamo, pero éste rasgo de su comportamiento, que entre nosotros sólo puede entenderse como una evidencia de su imposibilidad seminal, lo mencionaba yo como contrapunto del orgullo con que solemos honrar nuestras conquistas culturales.

El preámbulo acerca de la conducta de los animales -relativo a su confuso parentesco con alguna de nuestras prácticas- esboza un punto de vista radical con alguno de los perturbadores interrogantes de la condición humana.

Regreso ahora al asunto sabiendo cuántas páginas has dedicado a pensar la controvertida cuestión de nuestra singularidad. Y devuelvo a la discusión la perspectiva que le da su mejor sentido. Pues de poco podría servir el cuestionamiento de lo político sin remontarnos a esa antropología que hoy parece temblar bajo los cimientos de la crisis contemporánea.

Las preguntas que al respecto puede hacerse el espectador de esta disputa urgente (precisamente la que se nos exige para ponernos en cuestión), también contribuirán a dilucidar lo que está en juego.

¿Le corresponde al hombre la supremacía del mundo? ¿Es su inteligencia el fruto de la superioridad? ¿Procede de un azar evolutivo o ha forjado él mismo su dominio? ¿Le faculta su rango a poner en orden la Naturaleza? El hecho de saberlo casi todo ¿le obliga a ser responsable de casi todo?

No es difícil identificar en estas coloquiales inquisiciones las influencias bíblicas, aristotélicas o darwinianas que el tiempo ha convertido en acervo de la sabiduría popular.

Ya sea por ciencia, costumbre o doctrina, lo cierto es que cuando se habla de la singularidad humana se destacan ante todo las singulares cualidades del hombre. El torno que moldea nuestras certezas gira alrededor de un eje tan sólido como inmóvil. El lenguaje articulado, la inteligencia simbólica, el pensamiento conceptual y el desarrollo de la tecnología aparecen como el irrefutable signo de una singularidad que inevitablemente connota superioridad, derecho y dominio.

Es esta tabla de portentos culturales la que jerarquiza la posición de los animales en el mapa del mundo. Pero antes de entrar a considerar las consecuencias de estos jalones (el hombre como el más sofisticado de los animales, de cuya familia salió para no regresar jamás), debo recuperar la observación hecha entonces:

 el hombre es el único animal que organiza matanzas colectivas de seres de su misma especie.

Por poco alentadora que ahora parezca esta constatación, lo cierto es que la Historia y la etología la verifican como un juicio irrefutable. De ahí la importancia que tiene para nuestra discusión preguntarnos por qué al hablar de la singularidad humana se destacan las grandes cualidades del hombre y se omite el rasgo más perturbador de su rareza como especie en el escenario natural.

Investigar la función del hombre sin ponderar el significado de su patología como animal caníbal supone excluir el más incómodo de los interrogantes y quizá la que podría llegar a ser la más reveladora de las respuestas.

La evaluación de nuestra excepcional Naturaleza no debe deleitarse admirando la invención de la escritura o cualquier otro de nuestros prodigios culturales, sino ponderar la trilogía de nuestra más espectacular eclosión: Gulag, Holocausto e Hiroshima.

Indagar de este modo las condiciones en que surge, se expande y consolida la singularidad humana, andar tras la causa de nuestra excepcional condición, quizá nos ilustre sobre nuestro tenebroso gen criminal.

Subrayado ahora como hipótesis del texto que acaba y cómo prólogo del siguiente: así como el gibón no puede dejar de ser monógamo, el hombre no puede dejar de ser criminal.

No en balde la expresión acuñada para caracterizar uno de los rasgos más notorios de nuestra singularidad -genocidio- evoca la imposibilidad genética de hacer otra cosa distinta a la que hemos venido haciendo.

 

 

 

[Publicado el 30/3/2011 a las 12:48]

[Etiquetas: genocidio, Darwin, Aristóteles, La Biblia]

[Enlace permanente] [6 comentarios]

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Biografía

 

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.

 

 

 

Bibliografía

     Basilio Baltasar, editor

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