Si es probable, no es imposible
Nos sorprende cómo la realidad adopta los modos narrativos de la ficción novelesca y cómo a veces titubea hasta encontrar el género más conveniente. Lo hemos comprobado estos días con Dominique Strauss-Kahn y el zarandeo al que ha sido sometido su personaje. Las primeras crónicas trataban su peripecia como si fuera el último capítulo de un folletín. Después de cometer sus numerosas tropelías donjuanescas, el poderoso político francés se encontraba al fin con la horma de su zapato. Una camarera negra, pobre e inmigrante, a la que creyó poder usar a su antojo, le daba su merecido. El villano esposado y humillado por la vergüenza comparecía ante los tribunales de New York y arrastraba sus pesados pies hacia la prisión. Y así acaba su carrera. Punto final.
A la lectura de este episodio de felonía machista contribuyó sin duda el entusiasmo de sus numerosos enemigos y esa especie de creencia arraigada en la supersticiosa opinión mundial. Gran parte de los analistas encargados de comentar el caso DSK hicieron suyo el poderoso instinto de la sospecha popular: si es probable, no es imposible. Dados sus conocidos hábitos de hombre mujeriego, nada impide suponer que haya hecho otra de las suyas.
Así se razonaba en aquél momento. La tranquilidad con que DSK abandonó su habitación en el Sofitel y la indolencia con que reclamó su olvidado teléfono móvil tan sólo confirmaban su delirante prepotencia. El director general del Fondo Monetario Internacional había perdido, en el más reciente de sus estallidos de testosterona, no sólo cualquier noción de culpa o pecado, sino el más razonable sentido de la conveniencia personal, y andaba por New York como un barón feudal por sus tierras de pernada. La denuncia, detención y encarcelamiento del prócer caído en desgracia perfeccionaron la moraleja: dimisión como dirigente del organismo internacional y fulminante destrucción de su carrera política hacia el Elíseo. Sus adversarios, en las filas de Sarkozy y entre sus colegas del Partido Socialista francés, sonrieron aliviados.
Sin embargo, lo que parecía ser el último capítulo de un folletín se transformó en el primer episodio de un thriller. El fiscal de Nueva York, cuya exitosa carrera, según los requisitos del género, necesita la captura periódica de algún pez gordo, se rindió ante las evidencias recogidas por la policía. La camarera pobre, negra e inmigrante, tiene amigos delincuentes y mantuvo con uno de éstos facinerosos alguna conversación comprometedora. Su credibilidad como víctima y único testigo de la violación padecida en la habitación del hotel Sofitel incurrió inmediatamente en un irreparable descrédito. Se levantó la orden de confinamiento y se permitió a DSK salir a cenar con su esposa y amigos. Un testigo declaró a los periodistas haberle visto en un restaurante de Manhattan comiendo de buen humor y mejor apetito.
La prensa francesa, siempre tan atenta a los vestigios literarios, identificó inmediatamente los pensamientos que bullían bajo ese rostro orondo y sonriente y se apresuró a reconocer en DSK al mismo Conde Montecristo. DSK se liberará, venían a decir los periódicos, y regresará a Francia con una sola idea entre ceja y ceja: vengarse de los traidores que montaron el compló.
[Publicado el 06/7/2011 a las 17:23]
[Etiquetas: Dominique Straus-Kahn, Fondo Monetario Internacional, Conde de Montecristo]
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Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
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