Agonía jurídica del régimen cubano
La intensidad del acoso contra la bloguera Yoani Sánchez -hospedada en El Boomeran(g) desde que recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo- es un termómetro del umbral de tolerancia que puede permitirse el régimen cubano con sus disidentes. Leyendo sus crónicas de la vida cotidiana el lector puede hacerse una idea de las penalidades sorteadas por el ciudadano cubano para subsistir a la miseria, convivir con la impotencia y soportar la vigilancia de la policía política. Cabe preguntarse cuánto durará la permisividad de un régimen que no tiene previsto consentir semejante ejercicio de periodismo libre. El relato de Yoani, con su veracidad testimonial, corroe las consignas publicitarias del gobierno cubano y ridiculiza la opinión colegiada por las instituciones del régimen con una eficacia que hace de su blog un nudo de tensión narrativa: ¿cuándo durará? De hecho, el lector puede contrastar dos maneras de entender hoy el periodismo en Cuba: el virtuoso ejercicio de Yoani, seguido a diario por millones de lectores en todo el mundo (incluído desde hace poco el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama), y el nuevo periodismo que Fidel Castro redacta en el diario Granma. Desde su retiro, el Comandante en Jefe ensaya con su proverbial entusiasmo egocéntrico las interpretaciones que más convienen a su posteridad. Que las crónicas de Yoani sean la réplica contestataria y disidente del mandatario cubano nos da una idea de la fuerza y de la fragilidad que esta mujer tiene en la Cuba de hoy.
Ayer pudimos ver en la televisión las imágenes grabadas en una calle de La Habana. El periodista Reinaldo Escobar, esposo de Yoani, tuvo la osadía de poner en práctica un heroico ejercicio de disidencia pacífica: convocar al policía que había secuestrado y golpeado a Yoani Sánchez para conocer el motivo de tan descarnada violencia. La respuesta del régimen no se hizo esperar: una multitud de agentes disfrazados de pueblo cubano se prestó a escenificar el profundo deterioro del castrismo. Exento de posibilidades jurídicas, el régimen organizó ante la mirada estupefacta de medio mundo su último recurso de acción política: el linchamiento.
[Publicado el 22/11/2009 a las 12:12]
[Etiquetas: Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Fidel Castro]
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El pastor de ovejas descarriadas
Cuando en España los confesores alardeaban de discreción, probablemente para advertir a los penitentes, decían el pecado, no el pecador. Justo al revés sucede en Cuba, en dónde el pecador es proclamado y sus pecados, escondidos en un inaccesible sumario.
Los ciudadanos cubanos saben que Raúl Castro destituye a su vicepresidente y al ministro de Asuntos Exteriores, que los acusados reconocen haber cometido imprudentes acciones contrarrevolucionarias y que dentro de poco se anunciará el nombre de los sustitutos designados para enderezar el rumbo torcido de sus departamentos gubernamentales. Pero acerca de los graves motivos de la purga nada pueden saber a ciencia cierta.
Además de imitar el tradicional guión estalinista de purga y confesión, que mientras liquida al disidente exonera al juez de todo error, el régimen cubano quiere estimular la imaginación popular. ¿Qué no se llegará a decir en los mentideros cubanos de los miserables destituidos? Sea cual sea el abuso de poder cometido por los ministros caídos en desgracia, nunca será mayor que las tropelías que ya les deben estar imputando las porteras de los comités de vigilancia de la revolución.
La carta que Fidel Castro publica en Granma es, como siempre, una pieza maestra de su inconfundible arte de gobernar. Bajo el título de Reflexiones del compañero Fidel dedica el contenido de su reciente misiva a dos asuntos al parecer relacionados: la sana purga ministerial y un inminente partido de béisbol.
Fidel escribe su carta como si estuviera de campaña en Sierra Maestra y no hubiera oído nada acerca de las nuevas tecnologías. El longevo y animoso líder censura la perfidia de las "agencias cablegráficas" como si su ayudante fuera a transmitir en morse sus aclaraciones.
Uno de los propósitos de la carta es desmentir que Raúl esté eliminando del gobierno a los hombres de confianza de Fidel. Mostrando una encomiable preocupación por pulir los contornos confusos de su posteridad, se considera obligado a recordar que no nombró a los ministros cesados y que "no me dediqué nunca a ese oficio".
El empeño de Fidel por dar verosimilitud a la situación es digno de elogio. Los ministros cesados no hablan, no replican ni protestan, pero su silencio no es "en absoluto ausencia de valor personal". Los ministros cesados son corruptos, son indignos y, probablemente traidores (pues "el enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos") pero no por ello dejan de ser valientes y aguerridos. Al fin y al cabo, siguen siendo hijos de la Revolución Cubana.
[Publicado el 06/3/2009 a las 12:16]
[Etiquetas: Fidel Castro, Raúl Castro]
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Podemos leer la carta de Fidel Castro a los cubanos como el testamento de un hombre al que siempre le resultó más fácil hablar que escribir. Nada queda en el texto divulgado por Granma de la grandiosa teatralidad de sus actuaciones públicas; muy poco subsiste de la elocuencia que conmovía a las masas hipnotizadas.
Pero la brevísima disertación autobiográfica tiene su interés y no vale la pena conformarse llamándola "carta de dimisión". Lo sustancial se esconde detrás de algunas frases y leyéndolas uno debe preguntarse ¿a quién se dirige Fidel? ¿A quién dedica las sutiles consideraciones de su mensaje?
Quizás a los fervorosos partidarios del régimen, que hace tiempo temen sufrir la soledad de los huérfanos.
A lo mejor a los más razonables de sus herederos, conscientes del declive que aguarda a un régimen hecho a imagen y semejanza de su paternal tutor.
Sin duda la carta quiere consolar el corazón entristecido de sus admiradores y, en cierto modo, paliar la furia de sus detractores. Varias veces apela a la inteligencia.
En cualquier caso, la carta se dirige al único interlocutor que importa a Fidel Castro: la posteridad. Es un tuteo que mantiene desde hace tiempo.
El dictador derrotó a sus enemigos, sedujo a sus adversarios, humilló a sus contrincantes. Se elevó por encima de los traidores, de los taimados, de los dubitativos. Fue el fuerte, el único, el gran Yo de su yo, mientras la mayoría de sus contemporáneos, incluso los que presumían de ser sus amigos, caían aniquilados por la decadencia o la confusión.
Fidel Castro no cede ante nadie. Tan sólo en un lugar existe la potestad de dar por concluida su Historia: y este lugar es la muerte. Sólo con la muerte negocia Fidel. Y esto es lo que está haciendo.
"Mi deber -dice Fidel desde la clínica y a sus años- es no aferrarme al cargo ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes". No aclara por qué le costó tanto tiempo cumplir su deber.
¿Un inesperado rasgo de humor en boca del comandante?
Un par de párrafos antes había dicho: "mi deseo es cumplir el deber hasta el último aliento".
Ningún lector debe sentirse defraudado pues a pesar de la brevedad, el género epistolar resuelve sus cábalas: Fidel renuncia pero permanece.
El último párrafo de la carta es una sorprendente promesa: "seguiré escribiendo". Y anuncia el título elegido para su libro:"Reflexiones del compañero Fidel".
Pero la "autobiografía" del comandante ya la escribió un cubano exiliado, Norberto Fuentes. El segundo tomo apareció el año pasado, en la editorial Destino, de Barcelona. Ya les contaré.
[Publicado el 20/2/2008 a las 20:05]
[Etiquetas: Fidel Castro, testamento, biografía]
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Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
Tengo una pregunta para mí
En la 2 de RTVE
¿Quién nos enseña a vivir?
Basilio Baltasar conversa sobre enseñanza y educación
con Fernando Savater, Josep María Flotats, Rafael Argullol y Paco Ibáñez.
11/2/2012 17:53
Basilio, tú eres capaz de hacer...
Publicado por: artistas que somos
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Publicado por: Alégrese quien respira bajo la rosada luz del día.
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30/1/2012 17:15
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Apuntado queda el título, muy...
Publicado por: Juan Payeras
22/12/2011 03:25
Parece que la nogstica judia...
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21/12/2011 20:31
" Lo sagrado que me envuelve y...
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