El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Basilio Baltasar

Síntomas de confusión moral

 

La primera plana de los periódicos nos obsequia hoy con dos manifiestos estropicios morales. En el primero de ellos se celebra la muerte de Gadafi sin aclarar cómo se le ha linchado después de ser detenido vivo. Las crónicas no lamentan el espectáculo de un hombre cazado, arrastrado y asesinado por sus sonrientes perseguidores. Esta extravagante omisión difunde además una vieja y tenebrosa sospecha: hasta qué punto puede seducirnos la venganza cuando se comete con visos de impunidad.

El segundo chirrido moral nos lo proporciona el anuncio del fin de ETA. La lectura del comunicado difundido por la banda de pistoleros vascos suscita múltiples interrogantes pero el más notable, y quizá al que menos atención se presta, es cómo podemos ser los interlocutores de unos encapuchados. En principio, la parafernalia de estos imitadores del Ku Klux Klan debería hacernos desconfiar de una paz promocionada con tanto fervor como misterio. Realmente, resulta difícil entender que Kofi Annan o Jimmy Carter se conviertan en valedores de la banda furtiva que ha amedrentado, acosado, cercado y asesinado a tantos ciudadanos indefensos. A esta cacería inmisericorde de más de cuarenta años, los mitógrafos de la banda la llaman "confrontación armada". Algo que parece creer a pies juntillas el grupo de notables amparados por ese prestigio que en España tiene todo lo que habla inglés. Pero lo más chirriante de lo publicado es precisamente lo que no se publica: que no se traduzca al español, ni por supuesto al inglés, la consigna con la que se despiden los tres enmascarados de ETA: Jo Ta Ke..., dicen al final de su soflama. Que vendría a ser algo parecido a decir golpea, da fuerte, una y otra vez, hasta ganar.

[Publicado el 21/10/2011 a las 14:48]

[Etiquetas: Gadafi, ETA, Kofi Annan, Jimy Carter]

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Si es probable, no es imposible

 

Nos sorprende cómo la realidad adopta los modos narrativos de la ficción novelesca y cómo a veces titubea hasta encontrar el género más conveniente. Lo hemos comprobado estos días con Dominique Strauss-Kahn y el zarandeo al que ha sido sometido su personaje. Las primeras crónicas trataban su peripecia como si fuera el último capítulo de un folletín. Después de cometer sus numerosas tropelías donjuanescas, el poderoso político francés se encontraba al fin con la horma de su zapato. Una camarera negra, pobre e inmigrante, a la que creyó poder usar a su antojo, le daba su merecido. El villano esposado y humillado por la vergüenza comparecía ante los tribunales de New York y arrastraba sus pesados pies hacia la prisión. Y así acaba su carrera. Punto final.

A la lectura de este episodio de felonía machista contribuyó sin duda el entusiasmo de sus numerosos enemigos y esa especie de creencia arraigada en la supersticiosa opinión mundial. Gran parte de los analistas encargados de comentar el caso DSK hicieron suyo el poderoso instinto de la sospecha popular: si es probable, no es imposible. Dados sus conocidos hábitos de hombre mujeriego, nada impide suponer que haya hecho otra de las suyas.

Así se razonaba en aquél momento. La tranquilidad con que DSK abandonó su habitación en el Sofitel y la indolencia con que reclamó su olvidado teléfono móvil tan sólo confirmaban su delirante prepotencia. El director general del Fondo Monetario Internacional había perdido, en el más reciente de sus estallidos de testosterona, no sólo cualquier noción de culpa o pecado, sino el más razonable  sentido de la conveniencia personal, y andaba por New York como un barón feudal por sus tierras de pernada. La denuncia, detención y encarcelamiento del prócer caído en desgracia perfeccionaron la moraleja: dimisión como dirigente del organismo internacional y fulminante destrucción de su carrera política hacia el Elíseo. Sus adversarios, en las filas de Sarkozy y entre sus colegas del Partido Socialista francés, sonrieron aliviados.

Sin embargo, lo que parecía ser el último capítulo de un folletín se transformó en el primer episodio de un thriller. El fiscal de Nueva York, cuya exitosa carrera, según los requisitos del género, necesita la captura periódica de algún pez gordo, se rindió ante las evidencias recogidas por la policía. La camarera pobre, negra e inmigrante, tiene amigos delincuentes y mantuvo con uno de éstos facinerosos alguna conversación comprometedora. Su credibilidad como víctima y único testigo de la violación padecida en la habitación del hotel Sofitel incurrió inmediatamente en un irreparable descrédito. Se levantó la orden de confinamiento y se permitió a DSK salir a cenar con su esposa y amigos. Un testigo declaró a los periodistas haberle visto en un restaurante de Manhattan comiendo de buen humor y mejor apetito.

La prensa francesa, siempre tan atenta a los vestigios literarios, identificó inmediatamente los pensamientos que bullían bajo ese rostro orondo y sonriente y se apresuró a reconocer en DSK al mismo Conde Montecristo. DSK se liberará, venían a decir los periódicos, y regresará a Francia con una sola idea entre ceja y ceja: vengarse de los traidores que montaron el compló.

[Publicado el 06/7/2011 a las 17:23]

[Etiquetas: Dominique Straus-Kahn, Fondo Monetario Internacional, Conde de Montecristo]

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A Isaías, que en el 2009 no cumplirá los 43 años

imagen descriptiva

El pistolero vasco que campa ejecutando las órdenes recibidas vive bajo la protección de una autoridad ancestral.

El pistolero no teme por su piel y no le afecta la incertidumbre del futuro. Por duras que sean las condenas recibidas en el caso de ser detenido y juzgado, y por larga que parezca la pena de reclusión, las tiene todas consigo: es miembro de una comunidad solidaria que le ofrece calor humano y reconocimiento social.

Al pistolero vasco no sólo se le garantiza el salario de subsistencia que lo exime de preocupaciones mundanas, sino que recibe algo muchísimo más importante: la absolución. Una absolución religiosa y civil.

Al caer en acto de servicio, la comunidad patriótica sacraliza al pistolero en el panteón de los héroes nacionales.

De ahí procede la osadía criminal del pistolero, pues para la comunidad patriótica religiosamente unida por el yugo sacramental del más antiguo de los mandamientos, matar no es pecado.

[Publicado el 07/3/2008 a las 17:04]

[Etiquetas: ETA, Isaías Carrasco, nacionalismo]

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Biografía

 

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.

 

 

 

Bibliografía

     Basilio Baltasar, editor

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