El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008

Barack Obama.
Acostumbrado a desconfiar de los discursos elaborados para darme satisfacción, he sentido siempre una natural inclinación por la crítica que los deja al desnudo.
Creo que ha sido esta sana costumbre la que me ha salvado de padecer la más común de las dolencias intelectuales de nuestro tiempo: la credulidad. Esa tendencia emocional a dar por bueno lo que se oye. Ya sea para elogiarlo o denostarlo.
Sin embargo, me veo obligado a reconocer mi reciente desconcierto. He leído las declaraciones de Barack Obama en la edición española de la revista Esquire y me pregunto con asombro de dónde procede la similitud entre su discurso y el de Zapatero.
Las figuras retóricas de nuestro presidente, que tanto me irritan por su aspecto de sermón moral, las maneja el candidato Obama con la misma desenvoltura, fuerza y convicción.
"Aprendí de mi madre el disgusto por la crueldad, la falta de consideración y el abuso de poder", "a nadie le gusta vivir con miedo", "quiero acabar con la guerra de Irak y cerrar Guantánamo", "los caminos del corazón son tan variados y mi vida tan imperfecta que no me siento cualificado para ser el arbitro moral de nadie", "hay que hablar con el enemigo directamente"...
Los motivos personales de Obama coinciden exactamente con las razones que hacen deseable su victoria como nuevo presidente de los USA.
Pero sigue vigente el origen de la sospecha que nos hace ser tan injustamente agrios con estos oradores: ¿puede una bondad programática corregir los vicios y abusos del poder?
Lo que uno se teme, cuando rechaza la benéfica invitación a la sinceridad colectiva no es la farragosa ínfula religiosa que agita sobre nuestras cabezas, sino que la convocatoria de los buenos sentimientos, en lugar de organizar la regeneración social, sólo haga más llevadera la hipnosis institucional y disfrace de nuevo la descarnada realidad de la corrupción.
[Publicado el 28/2/2008 a las 22:24]
[Etiquetas: Obama, Zapatero, elecciones]
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La baraka del candidato Zapatero

Zapatero
En nuestra democracia televisada, en donde tanto importa el impacto de las noticias fugaces y tanto cuenta el aspecto de los candidatos, el ganador se acerca a su victoria cuando aprovecha bien los defectos del adversario.
Aunque del candidato ejemplar se espera la modélica elegancia de los oradores -que publicite sus propias virtudes y reitere hasta la saciedad las desmesuradas promesas de campaña- lo cierto es que a veces parece inevitable el uso malévolo de los vicios que la moral censura.
La befa, por ejemplo. O la difamación, sin ir más lejos.
Si Zapatero fuera un rival salvaje no dejaría pasar de largo, como incomprensiblemente hace, los numerosos motivos que le brinda el Partido Popular.
Pero Zapatero prefiere el estilo pedagógico que le distingue y apenas se detiene a considerar las infaustas circunstancias en que anda enredado Mariano Rajoy. Cualquier otro se relamería los labios de gusto y pegaría dentelladas inolvidables al consternado enemigo.
La mímica de Rajoy delata los agobios de un hombre apesadumbrado por el peso que le ha tocado llevar encima. Sin duda, comparte el ideario extremista que hoy domina a su partido y se identifica con el tremendismo que agita en sus mítines. Pero hay algo revelador en la forzada impostura que arrastra con pesar. El anonadamiento de un hombre que está seguro de haberse equivocado y sin embargo no consigue averiguar ni cuándo ni en qué.
Rajoy se deja derrotar en público cuando Esperanza Aguirre, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, le exigió cerrar el paso apresurado de Alberto Ruiz Gallardón, Alcalde de Madrid, hacia la jefatura del partido. A cambio de nada, Rajoy ha perdido el activo que le permitiría reforzar su candidatura entre los centristas reticentes.
Si Zapatero dejara suelto su instinto asesino haría trizas al pobre Rajoy. Lo presentaría como un calzonazos acosado por Aguirre, Zaplana y Acebes, como un empleado de José María Aznar, y se preguntaría en público tantas veces como fuera necesario ¿qué cabe esperar de un candidato que ni siquiera manda en su partido?
Sin embargo, Zapatero prefiere confiar en su buena suerte en lugar de explotar la mala suerte de los demás.
[Publicado el 29/1/2008 a las 23:26]
[Etiquetas: Zapatero, buena suerte, elecciones]
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El sarcasmo que los voceros de la derecha española le dedican no revela nada sobre el extraño proceder del Presidente español. ¿Hará falta un experto que nos ayude a discernir las claves ocultas de su pensamiento político?
Antes del pasado verano los íntimos colaboradores de Zapatero en la Moncloa le aconsejaron adelantar la fecha de las elecciones generales. Se trataba de evitar el riesgo de la crisis económica que, ya entonces, los más lúcidos se atrevían a temer. Un vuelco inesperado en la boyante tendencia económica haría temblar la columna vertebral del discurso político. Y era preciso proteger el más destacado rasgo de identidad acuñado por Zapatero: el optimismo, el vigor de la buena voluntad de poder.
Al parecer, Zapatero se opuso vehementemente a aprovecharse de las prerrogativas del cargo. Como su doctrina le impele a ejercer a toda costa una ejemplar actitud de principios, decidió respetar el plazo máximo y convocar las elecciones el 9 de marzo. Lo hizo -dicen que dijo- por "pedagogía política". Esto es, para enseñar a los ciudadanos cómo deben hacerse las cosas.
Esta preocupación del Presidente por la didáctica pública adopta modos y expresiones que no siempre llegan a entenderse. Pero permite identificar iniciativas que de otro modo parecerían caprichos personales.
La Alianza de las Civilizaciones, por ejemplo. Que se haya celebrado en Madrid y en período electoral esta esperada cumbre no se debe a que la agenda intercultural del Presidente forme parte de las preocupaciones urgentes del ciudadano español. De hecho, por loable que sea el esfuerzo invertido en construir espacios de diálogo y reconocimiento, resulta que al ciudadano convocado a las urnas le parece ornamental e indescifrable la propuesta liderada por Zapatero en la escena internacional.
El podio prestado a Erdogan para ensalzar la paz entre culturas y religiones contrasta vivamente con las incursiones del ejército turco en el norte de Iraq -con el permiso de Estados Unidos y de la OTAN- persiguiendo a guerrilleros kurdos pero acribillando al que se ponga por delante.
Tampoco se entiende, por buena que sea la voluntad puesta en ello, el significado de la tolerancia proclamada por la Alianza cuando las señoras invitadas deben asistir a las sesiones embozadas con un velo, cumpliendo así las normas que ordenan el lugar de la mujer en este extraño mundo de patriarcas airados.
Pero si todo comportamiento gubernamental es pedagogía política no debe rechazarse de un plumazo la contradicción del que nos convoca a compartir una política de buenos sentimientos.
Al día siguiente de clausurarse las rimbombantes sesiones de la Alianza de Civilizaciones, la primera medida del consejo de ministros del gobierno de España fue venderle a Marruecos un artefacto que, según dicen los periódicos, consta de "ocho juegos de lanzadores de bombas de aviación". La venta se considera una "prueba de hermandad" dada por España a Marruecos pues en lugar de cobrar 86.848 euros -su precio de mercado- se facturará un euro simbólico.
La proximidad entre las dos operaciones gubernamentales -la cumbre de la Alianza de Civilizaciones y el obsequio de armamento al vecino marroquí- podría considerarse una exagerada muestra de desfachatez, pero hoy nos sentimos obligados a descifrar el significado de una pedagogía política más astuta de lo previsto.
¿Qué pretende decir con tan sutiles gestos el gobernante?
Al escéptico que no comulga con fervores utópicos le descubrirá el anverso de la retórica publicitaria gubernamental: los buenos deseos no nos eximen de cumplir complicidades temporales.
Al adversario que ridiculiza el alarde de las buenas intenciones le da una lección de realismo político: soy más de lo que imaginas.
Al ingenuo que no acaba de creérselo le da un par de palmaditas en la espalda: algún día lo entenderás todo.
[Publicado el 23/1/2008 a las 13:44]
[Etiquetas: Zapatero, elecciones, Alianza de Civilizaciones, armas]
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El estreno de la campaña electoral
Ha empezado la campaña electoral y la entusiasta oferta de los candidatos a presidir el Gobierno de España se impondrá con elocuencia. Aunque su presencia en los paisajes urbanos se parezca a la de cualquier anuncio comercial: el mismo intruso y la misma afabilidad.
La prometedora sonrisa, el gesto complaciente, la amigable cercanía, la insólita confianza que se nos ofrece a cambio de tan poca cosa.
¿Qué puede ser más fácil: meter la mano en el bolsillo y sacar un euro -o un voto?
Al fin y al cabo, la publicidad ha sofisticado el milagro: dirige deseos insaciables hacia artefactos perecederos. Una técnica que los expertos admiran, cultivan y perfeccionan. Una vez localizada la fuente de la credulidad, los reclamos actúan sin cesar. Zapatos, relojes, bufandas o vestidos de alta costura prestan a la personalidad un poderoso fetiche. Con este amuleto -no importa lo barato que llegue a ser- se conoce la felicidad, aunque la pulsión del deseo no se agote y, sorprendentemente, nunca sienta decepción. La fusión del deseo con el objeto es perfecta: se satisface la ilusión, se sacia la insatisfacción. ¿Cuánto dura el efecto? Apenas un instante, pero su valor es supremo.
La economía de consumo en el torbellino productivo del mundo es un pacto entre el individuo y la más escéptica de sus numerosas almas: se propone colmar placeres y conoce la inutilidad del trueque. Todo es falso y ¡tan placentero!
Los candidatos que utilizan las técnicas publicitarias para implicar a los ciudadanos en la gobernanza del país cometen un terrible error. Convocan y movilizan los mismos impulsos, las ilusiones que yerran entre fugaces objetos de placer. Y reproducen el mismo pacto: todo es falso ¡y tan fácil!
En lugar de convocar la inspección sumaria del ciudadano, la publicidad electoral prefiere excitar sus emociones: ¡ensalzar al individuo sentimental!
Mejor sería aleccionar al ciudadano en la gravedad de su responsabilidad, en vez de empujarle a creer en el futuro. Mejor sería prescindir del consumidor de ilusiones y restaurar al adulto que llevamos dentro.
Vamos a seguir el rastro a esta campaña electoral. A ver qué nos depara.

[Publicado el 20/11/2007 a las 17:41]
[Etiquetas: elecciones, consumo, propaganda]
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15/5/2008 23:33
En Navidad me regalaron el libro...
Publicado por: rafi
14/5/2008 19:36
Publicado por: chiqui
14/5/2008 19:30
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13/5/2008 20:50
Hoy,trece de mayo,a las 22:30,...
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13/5/2008 17:15
Publicado por: ossa
13/5/2008 04:03
Publicado por: Alejandra Tirapegui
13/5/2008 04:01
por favor necesito comunicarme...
Publicado por: Alejandra Tirapegui
12/5/2008 22:23
Publicado por: chiqui
12/5/2008 19:29
esa foto es lo de menos, lo de...
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11/5/2008 13:22
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