El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de marzo de 2010

 Blog de Basilio Baltasar

Breviario del año que acaba: la nueva ley del aborto (4)

 

Aceptar la ley que regula el aborto voluntario no significa librarse de su dilema moral. La ley dispone las garantías sanitarias y jurídicas que amparan a las mujeres afectadas pero no puede ir más allá. No puede resolver los interrogantes que sólo en el ámbito personal tienen sentido.

No obstante, las objeciones contra la ley persisten: se considera que la mujer no sabe lo que hace y que sólo una prohibición legal con fundamentos religiosos le permitirá ser eximida de la condena divina que recae sobre quién comete la blasfemia abortista.

Como una polémica formulada en estos términos resulta difícil de conducir, la exasperación de los adversarios del aborto es cada día mayor. Pero en lugar de introducir argumentos reflexivos, profieren anatemas cuya refutación es imposible.

Para el arzobispo de Valencia el aborto no sólo es un crimen sino la más tremenda de las dictaduras. Para el arzobispo de Granada, el aborto es un genocidio y para la totalidad de los obispos, inevitablemente, un pecado.

Ajenos a la controversia intelectual de la inteligencia civil, los obispos enemistan a la moral con el buen gusto y apelan sin cesar a la credulidad de sus fieles. Sin embargo, los estrategas eclesiásticos no sólo intentan imponer a las mujeres el duro yugo de la penitencia mortal sino sacar un provecho inesperado a la polémica abortista.

Mientras la Iglesia de los Estados Unidos quiebra después de pagar cuantiosas indemnizaciones por sus delitos de pederastia y la iglesia de Irlanda ve dimitir a los obispos que protegieron a sus curas pedófilos, la iglesia española afirma que  "el aborto es peor que la pederastia".

La palabra clave de esta declaración es "peor". Después de haber calificado al aborto como genocidio, tiranía y pecado, a los obispos les corresponde desvelar en qué grado la pederastia es un crimen menos grave. Sobre todo después de admitir lo que va implícito en la oración: si sus contrincantes son partidarios del aborto, ¿significa acaso que ellos lo son de la pederastia?

Parece una torpeza dialéctica o un rudimentario acto fallido, pero la consigna tiene un significado que va más allá de lo aparente. El sorprendente juicio proclamado en Ginebra por Silvano Tomasi, observador permanente del Vaticano en la ONU y decidido abogado de los sacerdotes implicados en casos de pederastia, nos ayudará a comprender el sentido de este atrevimiento. Al parecer, para el Vaticano resulta esencial diferenciar entre los pedófilos que abusan de los niños y aquellos homosexuales que se sienten atraídos por "varones" de 11 a 17 años. Según Tomasi, éstos curas no son pedófilos: son "efebófilos". Lo cual supone, por lo visto, un atenuante.

¿De dónde procede la ambigüedad institucional con la pederastia? ¿Qué necesidad hay de vincular la polémica del aborto al sórdido episodio de los abusos sexuales a menores? ¿Para qué turbar a los fieles y creyentes con esta inexplicable indulgencia?

La sensatez política aconseja una condena sin contemplaciones y dejar limpio el buen nombre de la institución imputando a los curas la única responsabilidad de los delitos cometidos. Pero la Iglesia se empecina: ¿qué la inclina a fomentar sospechas tan perjudiciales para el prestigio que quiere proteger?

Tanto en lo relativo al aborto como a la pederastia, la Iglesia da continuidad a una tradición de 1.700 años: sostener en cualquier dilema la más incomprensible de las opciones. El desafío al mundo moderno es todavía más agudo pues de la inaccesibilidad de sus motivos depende el futuro de la institución. La arrogante y aristocrática presunción de unos obispos ajenos al sentido común y a la razón democrática es la única garantía de su singularidad. Pues si consintieran entablar conversaciones mundanas ¿quién les querría escuchar?

Conviene no olvidar que los obispos hablan en nombre de dios. Y un dios que puede ser comprendido, pierde su divinidad. Un dios con el que se puede discutir, pierde su autoridad. Este es uno de los fundamentos de su creencia.

[Publicado el 02/1/2010 a las 23:37]

[Etiquetas: Silvano Tomasi, Conferencia Episcopal, ley del aborto]

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Teólogos contra filósofos

 

El autobús de los filósofos y el autobús de los teólogos circulan por Madrid fomentando con sus mensajes un viejísimo dilema: "Probablemente, Dios no existe. Deja de preocuparte". "Dios sí existe, confía en Él".

Como era de esperar, los prelados de la Conferencia Episcopal ya han hecho público su enfado y el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco, ha dedicado al asunto su reciente homilía dominical. El presidente de los obispos considera que la iniciativa de los librepensadores españolas es una "publicidad lamentable" aunque aprovecha el reproche para advertir que si un católico respeta y ama a todos los hombres también ama y respeta a los ateos: "especialmente a ellos, que por vivir sin fe son los que más necesitan respeto y amor".

Sin embargo, subraya el cardenal,  el respeto no supone dejarles decir lo que quieran pues no es aceptable que se diga o insinúe que "los creyentes vivimos preocupados por creer en Dios" y por ello apela a las autoridades competentes "para que tutelen como es debido el derecho de los ciudadanos a no ser menospreciados y atacados en sus convicciones de fe".

Pocas veces podrán verse tan pulcramente resumidos los 1.700 años de historia romana: si solicitamos al poder temporal que haga callar a los hombres es a causa del amor que nos inspira su desordenada existencia.

La homilía contiene fragmentos reveladores sobre la reorganización conceptual de la ciencia jurídica que implacablemente acomete la jerarquía católica española. Para la institución eclesiástica, la libertad de expresión que utilizan los librepensadores es mofarse del amor divino y "hablar mal de Dios". En suma, las opiniones laicas son un "abuso" que al cercenar "la libertad religiosa" perjudica a los creyentes.

[Publicado el 28/1/2009 a las 13:01]

[Etiquetas: Rouco, Conferencia Episcopal, librepensadores]

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Biografía

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. En 1986 fundó la revista literaria Bitzoc y la revista de arte y arquitectura Gala. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Entre 1989 y 1996 dirigió un programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March y es vicepresidente de la Fundación Yannick y Ben Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo. Es editor de El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. En la actualidad es director de la Fundación Santillana.

 

baltasar@fundacionsantillana.com

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