El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 15 de marzo de 2010

 Blog de Basilio Baltasar

Las minas del Rey Salomón

 

Es precisamente ahora, cuando la crisis global sacude los cimientos de nuestra ciega complacencia, que debemos aprovechar la oportunidad. El miedo al futuro nos conmueve de tal modo que las arrogantes presunciones de la cultura se encogen y por una vez nos veremos libres de los viejos dogmas. Por un momento será posible contemplar de otro modo la posibilidad de existir.

Los ciudadanos entregan su tiempo a dos acuciantes actividades sociales: trabajar al ritmo que impone la maquinaria productiva y gastar su dinero al ritmo que impone la maquinaria consumista.

En realidad, este gigantesco y sofisticado trueque tiene como única mercancía al tiempo que se escurre día a día. Por más que se haya impuesto el modelo mercantil, el precio real de los objetos lo fija el valor del tiempo que uno ha gastado en producirlos. Y el propio dinero representa el tiempo que uno ha perdido irremediablemente en ganarlo.

Nuestra desdicha es pertenecer a un sistema que en lugar de establecer el patrón tiempo ha optado por regularse mediante el patrón de la necesidad. Esta elección fundacional ha despreciado el valor de la única mercancía verdaderamente escasa: el tiempo que gastamos consumiendo nuestro paso por la vida.

El malestar y el estrépito de los dolores sociales procede de este equivocado sentido que hemos dado al tiempo que seguimos perdiendo.

[Publicado el 27/2/2009 a las 14:48]

[Etiquetas: Tiempo, oro, mercado]

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Asilo en la Tierra de Sión

 

Lo que viene a decir Simón Peres cuando ofrece asilo a Roberto Saviano es que en Israel encontrará refugio y protección. Es posible que veas estallar los cohetes de Hezbolá o las tracas de Hamás, pero no debes temer a los sicarios napolitanos: no aquí.

Espero que el Presidente de Israel haga el mismo ofrecimiento a Emilio G., el joven vasco que destrozó a martillazos la herriko taberna de Lazkao y cuyo apellido hoy no podemos conocer. Lo comprendió Emilio mientras la policía lo esposaba: "lo siento por mis padres".

Efectivamente, los patriotas vascos de la localidad ya pasean las antorchas por la calle y después de concelebrar la bomba con la que ETA reventó la casa de Emilio se apresuran a escenificar el progromo reservado a los que dan la cara.

Emilio es socialista e hijo del concejal socialista fundador de la Casa del Pueblo destrozada por la bomba de ETA, pero el Partido Socialista de Euskadi se siente obligado a recalcar ante la prensa que el impulsivo e impaciente joven "no mantiene ningún vínculo con el partido".

Ojalá Simón Peres comprenda la dimensión de la vendetta reservada contra Emilio G. y le ofrezca refugio en la tierra de Sión: sólo aquí estarás libre de los sicarios de ETA.

[Publicado el 26/2/2009 a las 14:36]

[Etiquetas: Emilio G., Simón Peres, Roberto Saviano]

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Un combate permanente

 

Los Consejos políticos de Plutarco pueden leerse como un mensaje a los dirigentes de nuestro siglo. Como si carecieran de su propio manual de instrucciones, el viejo Plutarco les recuerda el criterio que haría más eficiente su labor. En su breve y conocido tratado el polígrafo griego menciona la vocación, el carácter, la elocuencia, el estilo y la fuerza vocal necesaria para cumplir la llamada función pública. Y es admirable comprobar que, mientras exhorta a sus jóvenes discípulos a practicar la vía de la virtud, el autor perfecciona una deliciosa arenga contra los sinvergüenzas que envilecían a la ciudad con su avaricia. Entre otros ejemplos, cita la frase de Temístocles: "¡Jamás ocupé yo un puesto en que mis amigos no obtengan de mí más privilegios que quienes no lo son!

Quienes lamentan con agobiante pesadumbre el mísero espectáculo de estos días de oprobio, deberían sacudirse de encima la soporífera ofensa y leer con más provecho a los clásicos. De este modo sería más improbable que dieran su brazo a torcer y cayeran en la tentación de desistir.

[Publicado el 25/2/2009 a las 17:59]

[Etiquetas: Plutarco]

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Tiempos inútiles

 

Incluso los que no leían Tiempo de silencio contribuyeron con su reverencia al éxito de la novela. Pues no fue tan solo el retablo costumbrista de una época tenebrosa, sino el conjuro de una agonía espiritual. Por algún motivo pareció que todos podían beneficiarse de un exorcismo tan conmovedor como subversivo. De hecho, si Luis Martín-Santos no hubiera muerto en aquél desdichado accidente de carretera, habría consumado esas nuevas Escrituras que debían sustituir a las antiguas, falsas y caducas. Con una vida algo más larga su obra habría dominado el imaginario literario español y así lo comprendieron sus más cercanos y generosos admiradores. Entre los que se encuentra el que de algún modo pudo llevar a cabo la anunciada demolición del mito de la España Sagrada: Juan Goytisolo.

No obstante el aura de héroe sacrificado no libró a Luis Martín-Santos del sufrimiento que en vida torturaba a su talento.

Esta es una de las tristes conclusiones que uno saca de Vidas y muertes de Luis Martín-Santos, la biografía escrita por José Lázaro, publicada por Tusquets y ganadora de la XXIª edición del Premio Comillas.

El autor, médico e investigador, ha recuperado los testimonios que permiten conocer a Luis Martín-Santos y lo ha hecho con precisión quirúrgica y no pocas intenciones morales. Quizá sea éste uno de los rasgos que distinguen su minuciosa labor biográfica: hacer justicia al muerto. ¿Acaso era necesario? Se preguntará quién considerara indiscutible el prestigio del autor.

José Lázaro ha reunido un coro de voces para seguir la huella dejada por Luis Martín-Santos entre los que le trataron: algunos con incondicional complicidad, otros con más o menos afecto.

Mario Camus, Blanca Andreu, Enrique Múgica, Salvador Clotas, José Carlos Mainer, Alberto Oliart, José Vidal Beneyto, Josep María Castellet, entre muchos otros, hacen que la lectura de los fragmentos sea una entretenida evocación de la España de aquél tiempo. Aunque al final sólo nos quede la vaga sensación de que la amarga desdicha de España fue un inútil desperdicio.

[Publicado el 24/2/2009 a las 16:12]

[Etiquetas: Luis Martín-Santos, José Lázaro]

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La tristeza del cazador

 

El error cometido por el ministro de justicia y el juez (irse juntos a cazar venados) revela un extraño modo de procesar la experiencia que los dos han acumulado en su larga y estimable trayectoria. ¿Acaso hacía falta advertirles sobre la pregnancia de la realidad mediática? Hay simetrías que persiguen como un cazador a sus víctimas. Todos los sujetos públicos están expuestos a la inspección de esta mirada intransigente que no cesa de repetir: seréis comparados. Este juicio puede ser desmesurado pero siempre es implacable: descubre lo evidente. ¿Cazaban los juristas sin dirigirse la palabra? ¿Disparaban hablando de otra cosa? Lo que revela la pregnancia es la tendencia natural a imponer simetrías. La opinión pública no sabe, tan solo sabe reconocer lo poco que recuerda. La imagen del cazador poniendo su pie satisfecho sobre el cadáver de un ciervo revela un estado de ánimo que se aviene mal con la figura del administrador judicial. La escopeta humeante no es un instrumento adecuado al minucioso proceder del magistrado. Esta falta de correspondencia entre las dos figuras ha resultado de fatales consecuencias. El ministro dimite porque su imagen no puede derrotar a la imagen del cazador. Ha resultado ser una poderosa sombra la que dejó el ministro en la dehesa. Primera conclusión para los supervivientes: en la medida en que su acción política sea una eficaz actuación contra la corrupción, en esa justa medida deberá comprender que ya carece de vida privada. Su itinerario cotidiano deberá ser una monacal procesión de juiciosa sobriedad. Ay de aquéllos que lo olviden.

[Publicado el 23/2/2009 a las 18:38]

[Etiquetas: Bermejo, Garzón]

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Una ciudad de la Nada

 

El 21 de abril de 2010 hará cincuenta años que Brasilia surgió de la nada. He aquí un mote interesante para bautizar la voluntad política del Presidente Kubitschek. Nada es lo que había en este lugar abierto entre el Matto Grosso y Minas Gerais. La rala vegetación del sertao y quizá algún estrecho sendero de nómadas cazadores. Sin toponimia, sin ruinas: sin Historia. Ningún otro arquitecto ha recibido un encargo semejante: levanten una nueva ciudad. Quizá el de San Petesburgo fuera un arrebato semejante. Aunque la diferencia es notable: el Zar quiso imitar a Paris, Viena, Venecia. Y en Brasilia el modelo fue una quimera: la ciudad ideal, sin precedentes. Oscar Niemeyer y Lucio Costa la construyeron en menos de tres años. La idea pura, pitagórica, corbuseriana, todavía da forma a la ciudad hierática. Hay que recorrerla con una voluntariosa perplejidad. En la puerta del Palacio de los Arcos, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, conocido como Itamaraty, no hay guardias. Un bedel te deja entrar y tú deambulas absorto admirando la elegancia de un edificio que anticipó algunos propósitos del pensamiento urbano: lo transparente, lo diáfano, el minimalismo. Si se permitiera un cambio de uso al edificio oficial yo propondría dedicarlo a una neoclásica Academia de Filosofía. Viendo el discreto deslizamiento de las secretarias sobre el suelo de mármol pulido me pregunto si la arquitectura visionaria modifica o refuerza los hábitos de la clase política que la habita desde hace (casi) cincuenta años. Quién sabe. El gobierno de Brasil formula su influencia en la región y en el escenario global como el más decisivo vector de mediación. Los Estados tienen carácter y pasiones, a veces coléricas. Brasil ofrece su cordialidad a modo de arte diplomática. En este aspecto, la voluntad del Presidente Lula encuentra su vínculo con los discursos de Obama y Zapatero. Quizá la celebración de los 200 años de la independencia de los países americanos (prevista para el 2010) permita dar a este estilo de pensar la política internacional un espacio tan amplio y luminoso como el de la propia ciudad.

[Publicado el 18/2/2009 a las 20:43]

[Etiquetas: Brasilia, Niemeyer, Lula]

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La más vieja herejía del mundo

 

Cuando los danzantes pasean sus cuerpos bronceados por la blanca arena de Copacabana, o se tienden a dormir inmunes a la radiación solar, comprendo que debo tener cuidado con esta metáfora. Me dispongo a contemplar el país con un juego de miradas prestadas pero antes de empezar ya anoto en qué consiste la sensación. En ningún otro lugar me parecerá tan impetuosa la fertilidad que cerca a la metrópoli. Ya sea en las raíces trepadoras que debes podar día y noche o en el termitero de favelas que se encaraman a tu alrededor, la ciega y hambrienta Naturaleza hace acto de presencia. ¿Recuerdas ahora a Dylan Thomas? La fuerza que por el verde tallo impulsa la flor...

¿Será el Carnaval con su laboriosa faena el que seduce tu imaginación? La grotesca Misa del Asno desata el fervor dionisiaco. No es una broma lo que se quiere festejar. El turista, siempre accidental, sobre todo cuando cree tener un pensamiento profundo, quiere disfrazarse y bailar. Ya sabes, una corona de plumas, un pantalón de lentejuelas ajustado... Aunque en realidad, lo peor, como tantas veces, es que tampoco ahora saca provecho a su oportunidad: no entiende a qué ha sido invitado. Carnaval es la encrucijada elegida para quitarse el disfraz. No para hacer el ridículo con el petulante colorido que ofrecen las agencias de viaje. Contrariamente a lo que suele creerse, lo que hacen los brasileiros cuando llega el Carnaval, y de ahí la alegría con que esperan estas fechas heréticas, es quitarse el disfraz. Te das cuenta por la ligereza urgente de las conversaciones. Se acerca el día de la gran hoguera, cuando arderá en un solo destello el cansado flujo de los días pasados en balde. ¿Quién querría disfrazarse en tan magna ocasión?

[Publicado el 17/2/2009 a las 19:47]

[Etiquetas: Carnaval, Río de Janeiro, ]

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¿A quién pretende agradar Belloc?

 

Nada puede complacernos más que ver a los hombres celebrando a sus héroes particulares. Hay en este exceso un aspecto enternecedor. Hombres huérfanos de afecto rinden homenaje a sus protectores. Éstos deambulan por las regiones imaginarias del pasado pero la certeza de la creencia es formidable: subsisten y dan consuelo. Para algunos son un ejemplo a seguir. Para otros, el homenaje es dar aliento a una vida que sin su recuerdo se extinguiría. El caso es que las agrupaciones adoptan patronos como signos de su convicción. Ya se sabe: un denso y conciso símbolo, una abreviatura. En lugar de contarlo todo cada vez, se cita el nombre laureado del gran predecesor. Y así queda todo dicho. Para un jesuita será Ignacio de Loyola. Para un opusdeísta, Escrivá de Balaguer. Incluso los laicos, con menos fervor y más modesto entusiasmo, tienen su obosom: Manuel Azaña, -quizás.

Lo singular de la confusión española, no obstante, es ver como rezongan los políticos de izquierda. Parecen apesadumbrados. Como si se avergonzaran de sus antepasados. Un republicano o un socialista francés se reconoce en los nombres de la Historia que lo ha parido. No hay misterio en ello. Las ideas sobreviven a la muerte de sus mejores oradores y entre los vivos siguen tronando. Esto es así en Francia, en Alemania... Pero no en España.

A causa de perturbaciones patológicas que no han sido estudiadas, los socialistas españoles viven acosados por un dolido fantasma. Quién sabe lo que les susurra de noche en su dormitorio. Lo único cierto es cómo se despiertan al amanecer: dispuestos a pedir perdón. Luego acuden a obtener el beneplácito de sus adversarios. José Bono, Presidente del Parlamento, quiso homenajear a Sor Maravillas, una monja que había vivido con gran abnegación. Ahora Juan Alberto Belloc, alcalde socialista de Zaragoza, quiere rendir homenaje al fundador del Opus Dei, Monseñor Escrivá de Balaguer. Y declara el motivo que hace inevitable poner su nombre a una calle: "es santo".

Su argumento se refuerza con más profundos pensamientos, pocos dignos de la tradición a la que pretende pertenecer, pero frívolamente ruidosos: "no hay marxista culto que se oponga a esto".

El caso español.

[Publicado el 14/2/2009 a las 14:12]

[Etiquetas: Belloc, Escrivá de Balaguer, Zaragoza]

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Voilá

 

A François Whal, que también fue amigo de Severo Sarduy y huésped asiduo en Formentor, no le ha gustado ver publicado el Diario de Roland Barthes. Al parecer, el afamado crítico de la escuela estructuralista  francesa le había encargado vigilar el destino póstumo de su obra pero no llegó a nombrarlo albacea.

El enfado de Whal no impedirá la circulación del Diario de duelo que ha publicado Seuil pero su protesta pone en entredicho una vez más la frágil voluntad de los muertos. ¿Habrá quién la respete?

En este caso, parece que Diario de duelo no es una obra vetada por la insatisfacción estética de su autor, sino por la intimidad que revela. El amor a la madre enferma, a la madre muerta, a la madre ausente hace impertinente el saqueo del diario íntimo.

Ya veremos hacia dónde deriva la disputa pero por el momento parece un exceso de pudor el que ostentan los frustrados vigilantes. ¿Acaso es ofensivo ver a Barthes sollozar por la pérdida? En sus notas hay un conmocionado huérfano detallando sentimientos, desgarros y sueños. ¿Qué intimidad se está violentando?

Al viejo Barthes, si pudiera leerse como si no fuera el autor, el texto le permitiría formular sofisticadas evaluaciones acerca del sentido oculto en el afecto filial. La pluralidad de significados latentes en un texto a punto de reventar bajo el impaciente efecto de la curiosidad: "La camarera ha dicho voilá. Algo que ella y yo nos dijimos durante toda la vida. Me ha hecho saltar las lágrimas y de regreso a casa, lloro durante mucho tiempo".

[Publicado el 13/2/2009 a las 14:01]

[Etiquetas: François Whal, Roland Barthes, Seuil]

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La obligación de vivir a toda costa

 

La lánguida mirada que nos dirige Eluana desde su retrato nos llega casi al mismo tiempo que su luminosa sonrisa. La melena larga y oscura parece ondular con el suave movimiento de cabeza que hizo un instante antes de ser inmortalizada. No sabemos nada de la joven muchacha, pero uno diría que ciertos rasgos de su carácter nos resultan familiares (tal vez un sentido del humor admirable o una singular capacidad de amar el flujo de la vida). Al dolorido padre que hemos visto en los tribunales italianos lo imaginamos mientras daba a Eluana el afecto que ayuda a crecer a los adolescentes. La saludable confianza en sí misma que delata el rostro de la joven es una huella familiar, sin duda.

Obligado por las circunstancias a resolver una tragedia que ningún padre quisiera para sí, el padre de Eluana reclamó para su hija el derecho a evitar una agonía de la que nada podemos saber. Nada, excepto lo que nuestra sensibilidad revele sobre esa existencia inmóvil, yacente, amordazada en el oscuro calabozo de la mente.

Por si la familia no tuviera bastante con haber asumido la dolorosa decisión de interrumpir el auxilio de la técnica clínica, aparece el empresario Silvio Berlusconi y el Vaticano en pleno a movilizar a sus huestes. Un nuevo pretexto para su política a contra pelo.

El derecho a morir ha sido en la Historia de Europa una reclamación herética que se funda en una presunción: el Creador del Mundo no es el Dios bueno: es el Otro. El mundo es la cárcel del espíritu y el Demiurgo mentiroso nos tortura encerrándonos en la prisión de la carne. Tenemos, dijeron los bogomilos en la Bosnia medieval y los cátaros occitanos en el siglo X, derecho a escapar cuando nos parezca insoportable prolongar el tormento.

Lo que está en juego es una visión del mundo realmente perturbadora: ¿nacemos con la obligación de seguir vivos a toda costa? ¿Hay vigilantes encargados de hacernos cumplir semejante mandato?

Los periódicos y las televisiones se han sentido atraídos por la hermosura de Eluana, pero para participar en ésta polémica con cierto conocimiento de causa deberían ofrecernos la imagen que durante diecisiete años ha contemplado su familia: la belleza ya marchita de la muchacha, la carne macilenta hundiéndose en el colchón, la cabellera raída, los dedos doblándose como ganzúas, los párpados cerrados de esa tumba en vida que es el coma.

[Publicado el 10/2/2009 a las 18:29]

[Etiquetas: Eluana, Berlusconi, Vaticano]

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Foto autor

Biografía

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. En 1986 fundó la revista literaria Bitzoc y la revista de arte y arquitectura Gala. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Entre 1989 y 1996 dirigió un programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March y es vicepresidente de la Fundación Yannick y Ben Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo. Es editor de El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. En la actualidad es director de la Fundación Santillana.

 

baltasar@fundacionsantillana.com

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