El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
Dave Eggers ha escrito la historia de un perro contada por sí mismo: Después de que me lanzaran al río y antes de ahogarme (en Guardianes de la intimidad, Mondadori, 2005).
Su relato es el sencillo fruto de una sagaz comprensión. El pensamiento del perro discurre como la vida del perro. Como si el chucho conociera la máxima wittgensteiana: los límites de mi mundo son los límites del mundo.
Las sensaciones de placer –correr con otros perros por el bosque, dejarse manosear por las niñas de la casa, saciarse de pienso en el jardín- hilvanan su evanescente sentido del tiempo. Y aunque no le agradan los perros violentos ni los humanos despiadados –como el que le tira al río siendo un cachorro- su percepción está exenta de horror trágico. Cuando uno de los suyos aplasta en su mandíbula a una ardilla no siente escalofríos. Le asombra ser rescatado de las aguas y su asombro es el mismo cuando al final se ahoga frente a los perros que juegan en la orilla.
Ahora que el Ayuntamiento de Barcelona se pregunta cómo desalojar a los okupas (sin saber dónde podría instalarse a vivir una tribu urbana de estas proporciones) me acuerdo de su perro.
El perro del okupa no ladra a los transeúntes y mientras el joven malabarista hace en la acera sus números de circo, el perro se acurruca junto a la mochila y dormita. Mide a cada ciudadano con el mismo rasero. Tanto le da que dejes caer una limosna como que pases de largo. Luego, cuando regresan al refugio, una vieja fábrica abandonada por sus dueños, el perro, sin collar ni cadena, espera la hora de la comida.
[Publicado el 14/12/2006 a las 09:00]
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Thomas Pynchon sale en defensa de Ian McEwan. Lo peor de las acusaciones es que estás obligado a defenderte. Lo mejor, cuando tienes suerte, es que alguien sale en tu defensa. No es frecuente. Por lo general uno acaba hablando como un torero: dejadme solo.
Han identificado en algunos párrafos de Expiación la huella de una enfermera destinada a cuidar soldados heridos durante la II Guerra Mundial. Parece que Ian McEwan se inspiró en la experiencia de esta mujer y algunas escenas de Expiación suenan como si se las hubiera contado –lo cierto es que las escribió en No time for romance, por lo visto una “novela romántica de hospital”.
Dice Pynchon, en defensa de McEwan, que si no hemos estado en el lugar dónde sucedieron los hechos que deseamos narrar estamos obligados a contar con el testimonio de los protagonistas. No veo qué más podría decirse. Pero si uno lee los fragmentos que han dado origen a la controversia -nimias alusiones a los gestos de la enfermera- resulta difícil entender que un autor como McEwan haya plagiado algo tan insustancial. Sus admirables recursos narrativos hacen incomprensible esta desabrida pereza.
[Publicado el 13/12/2006 a las 13:47]
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15/5/2008 23:33
En Navidad me regalaron el libro...
Publicado por: rafi
14/5/2008 19:36
Publicado por: chiqui
14/5/2008 19:30
Publicado por: me
13/5/2008 20:50
Hoy,trece de mayo,a las 22:30,...
Publicado por: kjdj
13/5/2008 17:15
Publicado por: ossa
13/5/2008 04:03
Publicado por: Alejandra Tirapegui
13/5/2008 04:01
por favor necesito comunicarme...
Publicado por: Alejandra Tirapegui
12/5/2008 22:23
Publicado por: chiqui
12/5/2008 19:29
esa foto es lo de menos, lo de...
Publicado por: anse
11/5/2008 13:22
Publicado por: Enea
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