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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 24 de agosto de 2019

 Blog de Francisco Ferrer Lerín

La prueba

Jorge Luis Borges, en su Libro de los sueños, incluye una nota, escrita por Samuel Taylor Coleridge a finales del XVIII o principios del XIX, que Borges titula La prueba y que dice así: “Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces, qué?” Pues yo, en mi época de gran soñador, tuve repetidos sueños en los que hallaba un tesoro y, cuando notaba que el sueño iba a terminar, lo agarraba con fuerza pegándolo contra el pecho... pero nunca conseguí traerlo a este lado de la realidad. Ahora me sorprenden dos cosas. La primera que fuera consciente en el sueño de que este iba a concluir. La segunda que fuera capaz de encadenar los sueños, que propiciara sueños que fueran continuación o que recrearan situaciones vividas en otros. 

[Publicado el 30/12/2017 a las 23:17]

[Etiquetas: Borges, sueños.]

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Apreciaciones arriesgadas


 
 
 Las confluencias entre discursos son a menudo chocantes. El político Artur Mas, interpelado en una cadena de televisión sobre las características de su proyecto de reforma del catalanismo, formula un deseo: Cataluña ha de estar (ha de existir) en un Estado confederal, un Estado en el que su centro (su capitalidad) no esté en concreto en ninguna parte y sí en todas. El escritor Jorge Luis Borges publica, en 1952, el libro Otras inquisiciones que recoge el texto “La esfera de Pascal”, un recorrido por las versiones fundamentales de la siguiente metáfora: Dios es una esfera infinita cuyo centro está en cualquiera de los puntos que la conforman. O sea que Artur Mas quizá sólo difiera de Jorge Luis Borges en detalles accesorios; cabría incluso la posibilidad de confundir ambos personajes, conjeturar que Arturo no es ciego pero parece alto y que Jordi Lluís no luce tupé pero sonríe a menudo.
 

 El profesor Taibo Arias en un famoso artículo periodístico de comienzos de 1999 llama la atención sobre ciertos conflictos terminológicos. Delimita con facilidad la diferencia entre Estado federal y Estado confederal pero advierte que así como el federalismo tiene imagen de marca el confederalismo no la tiene, ya que en su propia definición prospera una tenaz paradoja. Describe el Estado federal como un Estado en el que existe una clara distinción entre el ámbito del poder central y el correspondiente a las entidades federadas que, en general, disponen de mayores cotas de autogobierno que las regiones de los Estados unitarios descentralizados. En cambio, el Estado confederal no es para Taibo siquiera un Estado, en el sentido pleno de la palabra, sino el resultado de un pacto entre varios Estados independientes y soberanos para poner en común algunos elementos de sus políticas, especialmente las militares. Es evidente, por tanto, y ahí radica el señalamiento de Taibo, que no debe hablarse de Estado confederal sino de confederación de Estados.   

 Qué sentido tiene entonces la propuesta de nuestro héroe convergente. ¿Trascender la teoría federal? ¿Mejorar un modelo que en puridad, en nuestro país, nunca ha sido aplicado? ¿Rechazarlo simplemente por evocar el Estado de las Autonomías? En la entrevista hay un momento crítico en el que el periodista alude a la frase acuñada por Manuel Clavero Arévalo: “café para todos”. Artur Mas frunce el ceño, aprieta los labios en heladora mueca y, con la dificultad idiomática que siempre surge en los llamados bilingües, contesta vacilante: “ese tipo de solidaridad no es el que desde Cataluña contemplamos y propugnamos”. Se certifica entonces que la similitud entre los discursos es casual. El mero hecho de comparar el maravilloso escrito borgiano, muestra ejemplar del uso creativo de la inteligencia y la erudición, con la estulta prepotencia del envarado personaje de tira cómica, roza el disparate. Pido pues disculpas por la broma sobre sus parecidos, que quiso ser genial. Si ahora pudiera, ¡la borraría!   

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Francisco Ferrer Lerín, Heraldo de Aragón, 3 de enero de 2008.

 
 

[Publicado el 28/2/2017 a las 19:41]

[Etiquetas: Sociedad, Borges.]

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Necrologías y 7

 

 

Borges publica en 1985, un año antes de morir, su último libro de poemas, Los conjurados, donde incluye el poema “Un lobo”, no asociado a la moderna preocupación por el agotamiento de los activos faunísticos sino al espacio literario de “la última vez”, ese recurso en el que, con señalamiento preciso de las coordenadas temporales, se registran las últimas veces que se llevan a cabo determinadas tareas.  

  

UN LOBO

 

Furtivo y gris en la penumbra última,

va dejando sus rastros en la margen

de este río sin nombre que ha saciado

la sed de su garganta y cuyas aguas

no repiten estrellas. Esta noche,

el lobo es una sombra que está sola

y que busca a la hembra y siente frío.

Es el último lobo de Inglaterra.

Odín y Thor lo saben. En su alta

casa de piedra un rey ha decidido

acabar con los lobos. Ya forjado

ha sido el fuerte hierro de tu muerte.

Lobo sajón, has engendrado en vano.

No basta ser cruel. Eres el último.

Mil años pasarán y un hombre viejo

te soñará en América. De nada

puede servirte ese futuro sueño.

Hoy te cercan los hombres que siguieron

por la selva los rastros que dejaste,

furtivo y gris en la penumbra última.

  

No se sabe qué día murió ese último lobo salvaje inglés. Aunque sí que a principios del siglo XVI, en ese país, ya habían sido exterminados. En cambio, por lo que respecta al continente, disponemos de algunas efemérides lobunas. Paul Mégnin, en su Gibiers rares de France (París, 1942) cuenta que en Morbihan, en el invierno de 1880, una niña que jugaba en una granja fue parcialmente devorada por un lobo y que en 1914, en La Coquille, en el Perigord, otra niña, a las ocho horas de la tarde, cuando atravesaba un bosque al regresar de la escuela, fue sorprendida por una manada que sólo dejó algún hueso, los vestidos y una cestita. Sin embargo es M. Tripier, nos dice Mégnin, quien en un estudio titulado Les derniers loups de France, ofrece la fecha del último ataque mortal en Francia a un ser humano por parte de lobos. Lacónico, el especialista, asevera: “El último francés caído bajo los dientes del lobo fue una anciana devorada el 2 de octubre de 1918 cerca de la Chapelle-Montbran, en Alto Vienne”. Por lo que respecta a España, reseñar el ataque, a lo mejor el último con esas peculiaridades, que narra el mastozoólogo Ángel Cabrera en su obra Mamíferos (Madrid, 1914): “En Diciembre de 1895, la diligencia que hace el servicio entre Riaza y Segovia fue asaltada por una manada de lobos, que llegaron hasta ocasionar el vuelco del carruaje, resultando heridos dos viajeros y con graves mordeduras las caballerías.”

Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986. Y murió ciego. De hecho lo fue desde muchos años antes. Los documentos que dan fe de ese proceso de pérdida de visión nos dicen que fue hereditario y paulatino. Imaginamos a Borges imaginando los libros de su biblioteca a medida que día a día va cobrando conciencia de que no volverá a poner los ojos en ellos. Ese diccionario, ese manual, esa tragedia, debieron de tener una última fecha de lectura; luego, a lo que parece, alguien, su madre, su secretaria, pudieron leérselos. Todos pasamos o pasaremos por esa dolorosa circunstancia. No quizá por la ceguera sino por esa muerte, más cruel que la definitiva, que es la enfermedad o la invalidez. Tengo ante mí, al alcance de la mano, un libro extraordinario; se trata de Il Cavallier del Sole, che con l’ arte militare dipinge la peregrinatione della via humana, et le proprietà delle virtù, e de vitti, et come s’ ha da vivere per ben morire. Tradotto nuovamente di Spagnolo in Italiano per Messer Pietro Lauro. Lo adquirí en Madrid en una subasta. Es la traducción al italiano de El Caballero del Sol, libro de caballerías a lo divino, que con el título Peregrinación de la vida del hombre puesto en batalla debajo de los trabajos que sufrió el Caballero del Sol en defensa de la Razón fue publicado en Medina del Campo en 1552 y cuyo autor fue el presbítero palentino Pedro Hernández de Villaumbrales. Explica el catálogo del subastador que ese ejemplar, en 8º, publicado en Venecia en 1557, disfruta de bella tipografía cursiva y de hierros dorados en el lomo aunque, lo que me inclinó a pujar por él, fue el final del informe: “Primera edición italiana, de la que no hay referencias de ejemplar en biblioteca pública española. El autor es uno de los buenos prosistas ascéticos del XVI. Rarísima.”

Pasan los meses y no me atrevo a cogerlo. Sé que cuando lo haga será la primera y última vez. No me queda tiempo para más. Quizá entonces anote, en un papelito que pondré en su interior, la fecha y la hora en que lo abrí y, también, la fecha y la hora en que agotada la lectura me dispuse a dejarlo en su lugar para que descanse puede que un siglo; seguro que no le resultara extraño permanecer callado, intocado, durante ese periodo.

 

 

[Publicado el 21/2/2017 a las 10:56]

[Etiquetas: Bibliofilia, Borges, poesía, caza, zoología, muerte.]

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Inventarios

Volviendo a Otras inquisiciones nada hace suponer que la clasificación recogida en la enciclopedia Emporio celestial de conocimientos benévolos y que divide a los animales en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas, sea consecuencia del título del inventario de Étienne-Gabriel Peignot Répertoire de Bibliographies Spéciales, Curieuses et Instructives, contenant la Notice raisonnée 1) des Ouvrages imprimés à petit nombre d'exemplaires, 2) des Livres dont on a tiré des exemplaires sur papier de couleur, 3) des Livres dont le texte est gravé, 4) des Livres qui ont paru sous le nom d'Ana (Paris. Renouard et Allais. 1810).

[Publicado el 13/11/2015 a las 19:17]

[Etiquetas: Borges, bibliofilia]

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Mánor

Avisa Borges en el ensayo “Sobre el Vathek de William Beckford”, recogido en Otras inquisiciones, que ‘hay un intraducible epíteto inglés, el epíteto uncanny, para denotar el horror sobrenatural’; pero Borges habla de significado. Con todos los respetos propongo otra palabra inglesa, el sustantivo manor, como muestra de horror aunque este venga por el significante. Y si escribo mánor, así con tilde, y si empleo la fonética española, supero, sin dificultad, los resultados –extraño, misterioso- que algunos atrevidos diccionarios atribuyen a uncanny. Mánor, su sólo sonido, conduce, sin recovecos, a oscuridad, y quizá a muerte.    

[Publicado el 11/11/2015 a las 18:03]

[Etiquetas: Borges, bibliofilia, léxico.]

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Foto autor

Biografía

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, filólogo y ornitólogo. Traductor, al español, de Flaubert (Trois contes), Claudel (L'Annonce faite à Marie),  Tzara (L´Homme approximatif), Monod (Le Hasard et la Nécessité), Montale (Ossi di sepia). Ha publicado los siguientes libros de poesía: De las condiciones humanas (Trimer, 1964), La hora oval (Ocnos, 1971), Cónsul (Península, 1987), Ciudad propia (Artemisa, 2006), Fámulo (Tusquets, 2009) y Hiela sangre (Tusquets, 2013). Es autor de una novela, Níquel (Mira, 2005), reeditada y ampliada en 2011 por Tusquets bajo el título Familias como la mía, de El Bestiario de Ferrer Lerín (Galaxia Gutenberg, 2007), de un libro de bibliofilias, facsímiles y artículos titulado Papur (Eclipsados, 2008), así como de la antología de relatos breves Gingival (Menoscuarto, 2011). En 2014 Jekyll & Jill ha publicado la selección de materiales oníricos, Mansa chatarra, y Leteradura el libro de retratos literarios, 30 niñas.

Hoy vive en Jaca dedicado a la literatura.

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