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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 26 de mayo de 2017

 Blog de Francisco Ferrer Lerín

Beneficio de la ruina

 

El esplendor de la ruina está vinculado a la vegetalización y a la ausencia de materiales innobles no mineralizados. La ruina espléndida la forman, pues, hierro, piedra y madera. La escayola, como las telas y los plásticos, son materiales innobles que, además, tardan en desaparecer.

 

Habría que ir a una clasificación de las aves en función de la rapidez en colonizar un edificio abandonado, clasificación que se obtendría utilizando los parámetros de una línea de investigación parecida, la que valora la rapidez en posarse en un objeto -farola, chatarra, mobiliario urbano- instalado en sus áreas de campeo. (La restauración convencional de un edificio supone la pérdida de capacidad para albergar especies rupícolas)


Es recomendable una maniobra de acercamiento a la ruina reciente. Por ejemplo prestar atención a las instalaciones ganaderas o a las estaciones de servicio cuando han sido abandonadas definitiva y absolutamente por razones de peso como, en estos dos casos, la inviabilidad de las pequeñas empresas del sector ante una situación general de exceso de oferta y el cambio de trazado de la red viaria por la construcción de una autovía. Se trata de configuraciones mortecinas que, contempladas a cierta distancia en sus primeras etapas de degradación, proporcionarán notable placer al diletante.

 

Escayola: yeso espejuelo calcinado.

Mineralizar: comunicar a una sustancia las condiciones de mineral o mena.

 

 

 

[Publicado el 13/4/2016 a las 18:04]

[Etiquetas: Arquitectura]

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Ya es verano en El Corte Inglés

Parece que fue Patricia Highsmith quien ofreció a la ciencia una de las más atinadas reflexiones sobre la conducta del ser humano; la formulación de la siguiente dicotomía: hay individuos que se cambian de ropa en público e individuos que lo hacen en privado. Ahora que llegan de nuevo los contumaces calores son muchos los componentes del magma social que, en aras de la consecución o mantenimiento de cotas de libertad, necesitan imperiosamente mostrar sus carnes hasta conseguir un celebrado escenario de carnes flojas, carnes amarillentas o, simplemente, carnes caducadas. Yo, al cumplir los cincuenta años, hice arrancar los espejos de mi hogar y, hasta donde llegó mi influencia, los de los lugares de trabajo y ocio que frecuentaba.

 

[Publicado el 12/4/2016 a las 11:32]

[Etiquetas: Libertad.]

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Dos casos de sinestesia

Vi el otro día, en la televisión, la irregular comedia australiana "La boda de Muriel" (1994) y supe, antes que nadie, que se había quemado el jardín. La secuencia sitúa a los hermanos en una habitación con una ventana abierta que es por donde ha de llegarles el olor a hierba chamuscadada pero, por un fallo de la script o del escenarista, el olor me llega antes a mí. O sea que cuando se ponen a gritar y la cámara ofrece en un picado, desde la ventana, la imagen del jardín quemado (de hecho un patio de vecindad con cuatro hierbajos) yo ya no estoy sorprendido por el incendio sino enfrascado en la búsqueda de una explicación racional del raro recorrido de las emanaciones. 

De nuevo ha sucedido. Estaba viendo los informativos de Telecinco cuando la presentadora Marta Fernández, al mover el torso algo más de lo habitual, ha expandido por mi salón de estar un excelente perfume italiano. ¡Sinestesia! he dicho. Esta es la explicación; sensaciones, episodios sinestésicos.

 

[Publicado el 07/4/2016 a las 12:03]

[Etiquetas: Sinestesia, cine.]

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Willi Luvus

El escritor y geólogo Jorge Ordaz adquiere, en una librería de Iowa City, un ejemplar de Pharos and Pharillon, de E. M. Forster, publicado en 1923 por Leonard y Virginia Wolf en su editorial Hogarth Press. Ordaz nos lo cuenta en su exclusivo blog Obiter Dicta añadiendo algo realmente apasionante, que el libro, hasta llegar a sus manos, "ha hecho un largo viaje a juzgar por las inscripciones que han ido dejando algunos de sus dueños: Willi Luvus, I/II/33; Library Hawai, I-II-1938; Wyckoff Gelber, San Francisco; Bourjaily". Finalmente nos dice que "este último nombre seguramente responde a Vance Bourjaily (1922-1984), un escritor estadounidense de ascendencia libanesa, autor de novelas de mérito, y que fue profesor asociado en la Universidad de Iowa". Identificado Bourjaily, obviada la biblioteca, nos quedan Gelber y Luvus. De Gelber no hallo rastro. De Willi Luvus propongo lo siguiente.

‘Willi', según Gutierre Tibón en su Diccionario etimológico comparado de nombres de persona (México, 1996), es el hipocorístico alemán de ‘Guillermo' lo que me lleva a investigar en ese país o entre personas vinculadas a esa nacionalidad instaladas fuera de sus fronteras. Encuentro la referencia de un ciudadano español, Mariano García de Estremera (Madrid, 1900-1959), adscrito a varios consulados de Alemania en Estados Unidos entre 1932 y 1937 y que, a su regreso a España, publica un opúsculo titulado Palabras y frases de gran belleza puestas a disposición de escritores y personas sensibles en general (Madrid, 1938) que firma como Willi Luvus. Ahondando en la materia descubro a un posible antecedente, un tal Guillén Lupo, "que regalaba versos", y que se cita en un apéndice al Discurso acerca de la situacion y division interior de los hospicios, con respecto á su salubridad (Sevilla, 1778) de Gaspar Melchor de Jovellanos.    

[Publicado el 03/4/2016 a las 15:17]

[Etiquetas: Bibliofilia.]

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Azar y gravedad

En un proceso aleatorio la razón entre el número de casos favorables y el número de casos posibles es la probabilidad; cantidad singularmente baja en el proceso que llevó a impactar en el cráneo de Esquilo una tortuga terrestre desprendida de las garras de un quebrantahuesos el año 456 antes de nuestra era. Que a lo largo de los siglos los monjes del monasterio oscense de San Juan de la Peña recibieran en sus cráneos u otras partes del cuerpo el impacto de algún bolo desprendido de la pudinga que conforma el espectacular extraplomo entraría dentro de la dinámica de un proceso parecido, aunque aquí la probabilidad, dado el número de cabezas y el tiempo de exposición, pudiera considerarse algo más alta. Esquilo fue advertido por los dioses de que moriría al venírsele la casa encima y el poeta griego vagó desde ese instante por los campos al solo refugio de la luna y las estrellas. Los monjes pinatenses no sabemos que tomaran ninguna medida ya que la construcción del claustro no parece que obedeciera a razones preventivas. Hoy, el cultivo de esos vectores de riqueza denominados turistas, aconseja a las administraciones públicas envolver con una malla la sagrada montaña, pero no son criterios de delirante estética sino de piadosa tutela los que conducen a dicha maniobra. No se trata de buscar –con Christo Javacheff- la involuntaria belleza de lo efímero a través de una arriesgada decisión sino de salvaguardar la integridad física de las masas bullangueras, las que ahuyentaran a gritos, bocinazos y quizá a pedradas, a la pareja de quebrantahuesos que utilizaba para su fase de reproducción una oquedad demasiado próxima a lo que es ahora aparcamiento de autobuses.  Porque esta ave, el Gypaëtus barbatus de los científicos (algo así como Buitreáguila barbuda), es animal solitario, de fidelidad territorial y matrimonial, al que no le intimidan los rigores climáticos extremos y que tiene el hábito de arrojar los huesos -de los cadáveres que halla por el monte- sobre canchales y roquedos, para quebrarlos y así devorarlos fragmentados y con la rica médula accesible a su peculiar pico. Esta licencia casi deportiva, en tan austera y mística personalidad, supone, durante un largo periodo de su vida, aprender a utilizar la fuerza y dirección del viento, las calidades de los posibles rompederos, y los movimientos adecuados de las patas y del total de su anatomía. Tortugas terrestres y quebrantahuesos ya no coinciden en España: relegadas la Tortuga mediterránea y la Tortuga mora a escasos enclaves meridionales nunca se verán sorprendidas, como en la Antigua Grecia, por la mirada penetrante y el metálico plumaje de una presencia maravillosa, también dolorosa y estúpidamente relegada por el hombre hasta el punto de convertir en elegidos a los que todavía tenemos la inmensa fortuna de poder coincidir con ella en secretos e inaccesibles parajes de la cordillera pirenaica.

 

[Publicado el 29/3/2016 a las 13:06]

[Etiquetas: Azar, ornitología.]

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La casa

Regresé a los treinta años de mi muerte. La casa, vieja, sin aquella mano de pintura que nunca pudimos dar; los libros sepultados por el polvo; los muebles, devorados por la carcoma. Ni rastro de los míos. Mi mujer, enterrada lejos, en el sur seco y amarillo. Mis dos hijos, a los que tanto quise, irremisiblemente borrados, sin pistas para saber qué habrá sido de ellos. Subo y bajo escaleras, cojo el ascensor, recorro el inmenso garaje, paseo por la acera, pero no conozco a nadie, no queda nadie de aquel tiempo. Y no puedo preguntar a esa gente extraña, porque no me oyen y, quizá, ni me ven. No debí volver.

[Publicado el 22/3/2016 a las 10:27]

[Etiquetas: Familia, visitas.]

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Argumentum herpetologicum

Nunca sé si el hecho de encontrar culebras de Esculapio atropelladas debe ser motivo de alegría o de tristeza. Cada accidente permite comprobar que aún existen ejemplares de esta rara especie pero supone un tributo excesivo para el mantenimiento de una población viable. (Culebra de Esculapio: Elaphe longissima)

[Publicado el 16/3/2016 a las 18:37]

[Etiquetas: Zoología.]

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Mariety y la armónica

 

Muchas veces el excesivo autoritarismo de los padres produce efectos nocivos en sus vástagos. Es el caso de Mariety que, en un diario hasta ahora secreto, escribe: “Cuando hice la primera comunión mi padre me regaló una armónica en miniatura, marca Hohner, de plata, con una cadenita. Por lo que sea, un día se soltó de su cadenita, me la llevé a la boca y me la tragué sin querer. No me atreví a decirlo y tampoco nadie me preguntó. Unos meses después mis padres me llevaron al médico porque tenía fiebre y me dolía mucho la garganta. Resultó que tenían que extirparme las amígdalas. Yo no sabía nada de amígdalas y simplemente me explicaron que tenían que quitarme de la garganta algo que no debía estar allí porque era lo que me producía el dolor. Estaba segura de que se trataba de la armónica. Me aterraba que descubrieran que me la había comido y que no había dicho nada.” El diario termina aquí. Mariety fallecería antes de ser operada sin que los médicos aclararan los motivos. Y la historia también terminaría aquí si no fuera por Julián Mamarras, el enterrador del cementerio donde se inhumó el cuerpecito de Mariety. Mamarras era dado a la astronomía y muchas veces al oscurecer, con el buen tiempo, se tumbaba sobre una losa, elegida al azar, y escudriñaba el firmamento. Una noche, sería a principios de agosto, oyó un sonido muy agradable que parecía surgir del interior de la tumba. Sobresaltado, leyó, a la luz de la luna, la inscripción sobre la que había reposado su espalda. Se trataba de una niña. Muerta hacía poco. Permaneció un rato immóvil, atento. Y aunque el sonido aún se percibía, se iba atenuando, hasta desaparecer al avanzar la noche. Volvió Mamarras al día siguiente. Y el fenómeno se repitió. Y así en las jornadas sucesivas. Una musiquilla que en el crepúsculo sonaba con cierta potencia y que al pasar las horas desaparecía, como si el frescor nocturno no le conviniera. Julián avisó al forense y, en presencia de los autoritarios padres, se exhumó el cadáver, ya descompuesto. Descomposición que producía gases, virulentos a las horas de calor y que, acumulados, se expandían al atardecer, dando vida al instrumento.  

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30 niñas. Leteradura. 2014. 

 

[Publicado el 09/3/2016 a las 11:40]

[Etiquetas: Familia, música, cementerios.]

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Malas sábanas

 

Nos dieron dos juegos de sábanas usadas para que duraran lo que la estancia en la finca. Pero no fue así. La ínfima calidad y la poca limpieza pasaron factura. A los dos días Víctor despertó con la espalda comida por los ácaros. A la semana hubo que amputársela. Sin espalda mal le fueron las cosas. Le puse algodón, empapado en mercromina, sujeto al pecho con esparadrapo. El remedio no sirvió, supuraba y lo echaron del trabajo. Aburrido, ocupaba las horas persiguiendo a las chinches; se convirtió, eso sí, en un hábil cazador, las envolvía en los jirones de las sábanas que se amontonaban en el suelo. Pensamos en una venta directa. Gustaban las chinches (y las liendres) en ese pueblo. Montamos un tenderete en la plaza pero descubrieron la mala calidad de los jirones de las sábanas y fracasamos. Ahora, de vuelta a casa, Víctor sin trabajo y sin espalda, no hago más que pensar en lo tonta que fui, que por ahorrarme unos pesos he traído la desgracia.   

 

[Publicado el 04/3/2016 a las 17:50]

[Etiquetas: Familia, zoología.]

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Voluble

 

Conocí a Vera Listán Vozlatino en la bolera de la calle setenta y dos. Vestía chándal color frambuesa, gorra del Sleeper Club y deportivas Julián Mamerto cinco estrellas. Nos caímos bien. La segunda noche, aparcados en el callejón del Viento, cercano a su domicilio, le confesé que la amaba, y ella sacó la multiusos y segmentó mi miembro en un abrir y cerrar de ojos. Pasaron años, iba ya por la octava operación y empezaba a desesperar, las cicatrices seguían escupiendo pus y sólo reteniendo la orina durante dos semanas conseguía una erección satisfactoria. Salía de la clínica Altea, y allí estaba ella, en la acera, acompañando a un hombre que pudo ser mayor y que ahora era un despojo tirado sobre una silla de ruedas. Me abrazó. Se mostraba arrepentida. Con un gesto rápido, nervioso, típico en ella, se apartó, soltó el freno de la silla de ruedas, la empujó para que rodara calle abajo, abrió el bolso, y me entregó un tarro de pegamento Larios. “Lo pega todo”, dijo, divertida, casi alborozada, mientras se colgaba de mi brazo derecho e iniciábamos la búsqueda de una buena tratoría. Le encanta la comida italiana.

 

[Publicado el 25/2/2016 a las 18:43]

[Etiquetas: Sexo, cirugía, restaurantes.]

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Foto autor

Biografía

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, filólogo y ornitólogo. Traductor, al español, de Flaubert (Trois contes), Claudel (L'Annonce faite à Marie),  Tzara (L´Homme approximatif), Monod (Le Hasard et la Nécessité), Montale (Ossi di sepia). Ha publicado los siguientes libros de poesía: De las condiciones humanas (Trimer, 1964), La hora oval (Ocnos, 1971), Cónsul (Península, 1987), Ciudad propia (Artemisa, 2006), Fámulo (Tusquets, 2009) y Hiela sangre (Tusquets, 2013). Es autor de una novela, Níquel (Mira, 2005), reeditada y ampliada en 2011 por Tusquets bajo el título Familias como la mía, de El Bestiario de Ferrer Lerín (Galaxia Gutenberg, 2007), de un libro de bibliofilias, facsímiles y artículos titulado Papur (Eclipsados, 2008), así como de la antología de relatos breves Gingival (Menoscuarto, 2011). En 2014 Jekyll & Jill ha publicado la selección de materiales oníricos, Mansa chatarra, y Leteradura el libro de retratos literarios, 30 niñas.

Hoy vive en Jaca dedicado a la literatura.

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