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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 9 de diciembre de 2018

 Blog de Francisco Ferrer Lerín

Jowett Javelin

¿Qué habrá sucedido esta noche? Es como si mis neuronas, en vez de seguir su proceso destructivo, se hubieran dado un respiro iniciando la recuperación, al menos de algunas de sus conexiones. He despertado con el recuerdo nítido de un sueño. Un sueño que fue recurrente hace muchos años y del que sólo mantenía una tenue memoria. Circulaba por una carretera con muchas curvas y fuertes pendientes, una carretera que recorría una zona de montañas próxima a mi lugar de veraneo. Y pese a que en esas fechas yo debía de ser un niño, me hallaba al volante de un automóvil, quizá el Jowet Javelin que mi padre compró a su socio Enríquez en Madrid, y, además, la presencia ya no incipiente de chalés diseminados por las laderas, heridas de muerte por pistas y caminos de tierra, denotaba un tiempo posterior a mi infancia. Pero mi angustia radicaba en no saber dónde me llevaría la carretera, en qué punto del pueblo desembocaría y cómo iba a llegar hasta nuestra casa que ahora veía desdibujada en su aspecto y en su emplazamiento. El sueño terminaba aquí,  pero tenía como una continuación carente de imágenes, a excepción de la figura de una abubilla posada al borde de un camino que yo observaba cuando iba andando hacia la finca de unos familiares. Y la imagen de la abubilla me hacía reflexionar, aunque quizá esta reflexión no perteneciera sensu stricto al sueño; me hacía reflexionar sobre qué grandes aves voladoras surcarían esos cielos, en esos años tan poco proclives a la prospección. Porque para mí, aquella no fue una época ornitológica, mi interés por las aves era inexistente (me centraba en reptiles y anfibios) por lo que deduzco que, efectivamente, la reflexión no formaría parte del sueño, quizá se limitara a una premonición del niño que contempla la abubilla.     

 

[Publicado el 18/7/2018 a las 10:31]

[Etiquetas: Sueños.]

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Anfibologías y Ciudad Corvina

 

Francisco Ferrer Lerín ha publicado en estos últimos meses dos nuevos libros que se suman a su ya abundante bibliografía. Me refiero a Ciudad Corvina (Valencia, Banda legendaria, 2018) y Besos humanos (Barcelona, Anagrama, 2018 ). El primero de ellos es un texto híbrido de poemas y prosas o, si se me permite poemas en prosa; en el segundo, Ignacio Echevarría ha seleccionado y reunido una serie de textos, de carácter sobre todo narrativo, escogidos tanto de sus libros como de su blog personal.

 

José Luis Falcó.- Desde la perspectiva que confieren los años, ¿qué sentido tiene ahora para usted el que se le haya considerado casi desde el principio “padre nutricio de la generación novísima” y, quizá un tanto confusamente, “fundador del ala extrema de la escritura novísima”?

 

Francisco Ferrer Lerín.- La formulación exacta es 'padre nutricio de la secta de los novísimos' que, según creo, aparece por primera vez en la sección "Biografías" de Pasiones literarias (Ediciones del Bronce, 2001), un volumen que recoge las conferencias, que bajo este título, se impartieron en el Instituto Francés de Barcelona a comienzos del año 2000. En cuanto a 'fundador del ala extrema de la escritura novísima', aseveración recogida en el frontispicio de Cónsul (Ediciones Península, 1987), aunque insiste en mi condición fundacional, acota el alcance llevándolo al terreno de la radicalidad, cuestión, para mí, no del todo placentera. En fin, que sólo desde el humor y los buenos sentimientos pueden contemplarse tamañas atribuciones que, efectivamente, con el tiempo han perdido buena parte de su razón, no sólo por el contraste entre el tono desenfadado de mi enfoque inicial de la escritura y el tono profesional del enfoque inicial de mis compañeros, sino por la abismal diferencia en lo que vino después, la disparidad entre mi biografía y la de ellos.    

 

J.L.F.- Viene siendo habitual también el afirmar que su escritura no ha cambiado apenas, cuando parece evidente que, al menos tras la publicación de Níquel (2005) y Papur (2008), sí lo ha hecho, al producirse una ampliación léxica, temática y genológica en relación a sus propias vivencias y lecturas, aun manteniendo el ritmo como principio constructivo de sus textos. ¿Qué opina usted al respecto?

 

F.F.L.- Los escritores, concretamente los poetas, mantenemos, durante toda nuestra vida útil, una espada de Damocles en modo de desagradable sentencia, la que dice que sólo somos capaces de  escribir un poema y de que todo lo demás son repeticiones o, como mucho, ligeras variaciones del mismo. En mi caso no es que haya trazado un programa para desmontar esa teoría pero el carácter misceláneo de mi obra literaria surgida a partir de mi reaparición en 2005, tras treinta y tres años de agrafía, puede haber ayudado a confundir a los que, con ánimo indudablemente constructivo, llevaban tiempo advirtiendo del carácter monolítico, indeformable, casi ciclópeo, de mis más preciados versos.     

 

J.L.F.- Se le conoce también a Francisco Ferrer Lerín como creador del “Arte casual”, que ha definido como “el que se da entre objetos o grupos de ellos, materiales sin vocación artística que por su ubicación, colocación o combinación producen placer visual en el observador, sin haberlo pretendido el responsable de la situación”. Parece que este fenómeno se da también en su discurso literario, ya que al menos una parte del mismo no procede de artefactos artísticos, solo que en este caso sí hay una voluntad estética que los modeliza. ¿No?

 

F.F.L.- La vejez trae consigo, entre otros molestos disturbios, la pérdida de capacidad imaginativa. En mi escritura, sustentada en el manejo de generosas dosis de fabulación, la quema de neuronas puede tener efectos catastróficos, por lo que el apoyo en las fuentes es cada vez más necesario llegando ya, en esta etapa preagónica, a la utilización descarada de las mismas. Quiere esto decir que los materiales primigenios que siempre he utilizado -manuales, enciclopedias, prensa escrita- dejan de actuar como referencias para pasar a la categoría de citas o, mejor, de copias. Y aquí se da la circunstancia, hasta cierto punto semejante a lo que constituye la esencia del movimiento artístico que definí en un manifiesto en 1984 y que nombré como Arte Casual, que los materiales que hallo y que empleo en mis versos carecen, en principio, de vocación artística, literaria, y que en un proceso, a veces arduo, los procuro convertir en literatura, en poesía, al descubrir, a menudo, que bajo su aspecto ramplón se esconde un potencial estético.     

 

J.L.F.- La escritura de una serie de poemas de Ciudad corvina surgió, al parecer, de la lectura de dicho nombre en La Filomena de Lope de Vega. La Filomena es también un texto misceláneo, híbrido. ¿Hasta qué punto la lectura de los clásicos recorre y/o está en su escritura “vanguardista”? ¿Hasta qué punto la idea de “novedad” es, al menos en algunas ocasiones, el resultado de un olvido o desconocimiento de la tradición literaria?

 

F.F.L.- Los clásicos forman parte de la modernidad y como tales los leo y los venero. La manera en que tratan léxico y sintaxis me excita y me rejuvenece. Han quedado ahí esperando a que el lector curioso los descubra y que el escritor ávido de nuevas experiencias creativas los capture y los coloque en el lugar que se merecen que, a veces, no es el párrafo o el poema que se construye gracias a ellos. Por lo tanto la actitud reverencial que nos lleva a trasladarlos a nuevos predios ha de ser lo suficientemente firme para evitar que puedan caer en manos de dudosa higiene, que sólo reaparezcan en textos calibrados y justos. Y en eso estoy, o al menos eso es lo que intento. 

 

J.L.F. “Definición de poema” es el título del poema, que abre su libro. Ninguna poética hace solo referencia a lo que el autor entiende por poesía. Su espacio suele ser bastante más amplio y entre sus líneas se lee la vida, que a menudo se conjuga con la idea que el autor tiene sobre las vidas y condiciones de humanas. En “Definición de poema”, ¿está inscrita paradójicamente la imposibilidad de tal definición, pese a que en definitiva hable de la suya y de ese “detalle áspero”, generalmente culturalista, adjetivo con el que Lope criticaba también los versos de Góngora?

 

F.F.L. Casi nunca, por lo que a mí respecta, la redacción de un poema  disfruta de un plan previo. El poema que usted comenta podría resultar paradigmático en esta cuestión. Surge fuera de lugar, en un momento en que nadie me había encargado texto alguno y teniendo cerrado el cupo de  Libro de la confusión. De golpe, tengo la necesidad imperiosa de escribirlo, me siento ante el ordenador, y brota como un estallido. ¿Qué ocurre?, que a medida que progreso en su redacción me doy cuenta de que tengo ante mí una poética, como aquel poema "Tzara" de 1970, publicado en La hora oval (1971), que fue fruto de mi traducción de L'homme approximatif. Sin embargo, en esta ocasión, esta poética es más una declaración de principios vitales que un manual o un libro de estilo. En efecto "Definición de poema" abandona, no sé si derrotado, la posibilidad de definir qué sea la poesía para ensayar un balance de mi vida, y también la de mis semejantes. En cuanto a 'detalle áspero' remite a 'montes ásperos' que no sé ahora si fue cosa de Lope o de mi querido Góngora.  

 

J.L.F. Todo el resto de Ciudad corvina está atravesado por un triple eje temático ya presente en algunos de sus escritos anteriores: el paso del tiempo, la vejez y la muerte. ¿Qué supone para usted su irrupción en este libro, con más presencia quizá y tal vez con una mayor consistencia física y dramatismo teñidos de ironía?

 

F.F.L.- Teñir de ironía la muerte es una ingenua añagaza que empleamos los desesperados, creyendo que todavía podemos atraer parte de la vida. Los poemas de Ciudad Corvina son recientes, tan recientes que han sido escritos en el momento en que los ochenta años de mi cronología están más cerca que los setenta. Así, es normal que el paso del tiempo, la vejez y la muerte se muestren en toda su crudeza.  

 

J.L.F. La segunda parte del mismo está en su mayor parte escrita sobre cartas, tal vez mails, que usted ha recibido o que ha imaginado haber recibido. ¿La mayoría de estos textos podríamos considerarlos poemas en prosa que mantienen el tono rítmico de la primera y una cierta visión de la temporalidad humana, como ya se ha apuntado antes?

 

F.F.L. "Cinco cartas" forma parte de la correspondecia real, y ya no privada, mantenida con algunas de las protagonistas del libro 30 niñas. Mi intervención ha sido mínima, quizá la refundición en una carta de lo que se exponía en varias, y la supresión de datos biográficos demasiado precisos. Decidí incluirlas al ver en ellas una evidente carga lírica y, en especial, una gran riqueza formal y argumental.      

 

J.L.F. La tercera parte, bajo el título de “Cuatro poemas del Libro de la confusión”, de próxima aparición en Tusquets, parece retomar los ejes temáticos de la primera. Creo que es en ella donde se sitúan los poemas más intensos, como “Todo pirata vivo”o “Difícil término” (título que admite, por supuesto, una ambigua “anfibología”). Pero los dos últimos versos parecen ofrecernos un sentido oculto, referido, una vez más, a un tiempo pasado (“en ese año, / dejé de hacer comparaciones extraordinarias.”) ¿Se podría leer como un definitivo alejamiento de cierta visión estereotipada de las vanguardias históricas que se pretendieron ver en su escritura, por otra parte tremendamente realista?

 

F.F.L.- Soy un defensor irreductible de la intensidad, de ello mi voluntad de escribir poemas y, en el caso de la narrativa, mi voluntad de escribir textos breves, denominados "casos" por mi amigo y doctorando Antonio Viñuales. Esta intensidad, que conduce a veces a la asepsia temática y al estilo forense, he querido intensificarla en estos cuatro poemas finales que, como en el total de los que conforman Libro de la confusión, que publicará Tusquets este otoño, pretenden rematar con éxito una obra que ha buscado en el despojo de excrecencias, en la concisión, en la huida de la metáfora e incluso en la obsesión por la vehemencia, su seña evidente de identidad, su marca literaria. Nunca quise ser original y ni siquiera vanguardista, algunas complacencias pudieron ofrecer pistas equivocadas y de esa falta de rigor pido disculpas; otra cosa es que mi escritura resulte distinta a la que practiquen otros, pero es algo de lo que no me reconozco culpable, son cosas que pasan.   

 

J.L.F No me gustaría terminar esta entrevista sin referirme a Besos humanos. La intención del su editor, Ignacio Echevarría parece clara en el “Epílogo”. ¿Qué cree que ha supuesto o puede suponer para usted publicar un libro de este tipo en una editorial tan conocida como Anagrama?

 

F.F.L. Ignacio Echevarría ha seleccionado, ordenado y epilogado los textos que constituyen Besos humanos. Este volumen misceláneo está en la línea, por ejemplo, de Papur, Gingival y Mansa chatarra, es decir, recoge prosas éditas e inéditas datadas a lo largo de varios o incluso de muchos años, pero dispone de una particularidad respecto a sus predecesores, se publica en Anagrama, cuya penetración en el mercado es muy superior a la de los pequeños aunque minuciosos sellos que en estos años arriesgaron sacando unos relatos que sin el soporte de una potente imagen editorial es muy difícil que lleguen al gran público. Como resultado hay que decir que la respuesta de la crítica, nutrida y unánime, ha sido de asombro; ¿por qué tardó tanto en llegar este peculiar producto?    

--  

José Luis Falcó.

Suplemento « Posdata » del diario Levante.

30.06.18.

 

[Publicado el 01/7/2018 a las 19:21]

[Etiquetas: Literatura, sociedad.]

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54 años después

El 11 de junio de 1964 Joaquín Buxó-Dulce y Montesinos, que sería V Marqués de Castell-Florite, me entrega en mano, en Barcelona, una caja con 35 ejemplares de De las condiciones humanas, mi primer libro, que recoge poemas escritos entre 1961 y 1962. Buxó, director de la colección "De trigo y voz provisto" en la que se publica el volumen, me recibe en su despacho de la oficina central de la Caja de Ahorros situada en Vía Layetana esquina Avenida de la Catedral. 

El 11 de junio de 2018, 54 años después, me llega, por correo postal, una caja con 35 ejemplares facsímiles de De las condiciones humanas, obsequio de mi amigo editor y librero Antonio Moll Mengual. 35 ejemplares de un total de 70, en edición impecable, no venal, impresos por Laimprenta CG, en la ciudad de Valencia, en este mes. 

 

[Publicado el 23/6/2018 a las 18:23]

[Etiquetas: Bibliofilia, edición, poesía.]

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La ceguera

Mi nombre es Berta Anselma Martínez y Martínez de Riaza, la Tréboles, la que fuera fiel acompañante, durante décadas, del ornitólogo español Francisco Ferrer Lerín, descubridor, en la subbética jiennense, de la única población, en la penínusla ibérica, de águila rapaz (Aquila rapax belisarius) y descubridor también, en el oscense Reguero del Tomizar, de la única nidificación conjunta, conocida por la ciencia, de las tres especies europeas occidentales de aguilucho (Circus aeruginosus, Circus pygargus y Circus cyaneus). 

Ahora, en este momento de dolor tras la reciente muerte del maestro, quiero dar testimonio de algunos de los hitos del proceso de pérdida de visión que le afectó y que acabó por anularlo. Sería mayo de 2014, en los pinares solanos de los castellonenses Puertos del Rico, cuando me sorprendí indicando a don Francisco la presencia de una pareja de águilas culebreras (Circaetus gallicus) planeando sobre nuestras cabezas; siempre era él quien identificaba las aves, adelantándose al resto de ornitólogos y aficionados. En junio de ese mismo año, en los Cañones del río Mesa, en la provincia de Zaragoza, fue incapaz de distinguir el vuelo a ras de acantilado, críptico sin duda, de un ejemplar juvenil de águila-azor perdicera (Aquila fasciata). En enero de 2015 la disminución de su capacidad visual era ya palmaria, hasta el punto de que no veía con claridad las nubes de grullas (Grus grus) que aterrizaban al atardecer en los campos de la localidad de Bello, en la porción turolense de la laguna de Gallocanta. A primeros de febrero me armé de valor y le sugerí visitar al oftalmólogo Perico, amigo de su familia. El diagnóstico fue demoledor: degeneración macular asociada con la edad (DMAE), de tipo húmedo, en ambos ojos.    


Se inició entonces un peregrinaje por las clínicas oftalmológicas más sofisticadas, para acabar, desesperado, estos últimos dos años, acudiendo a las consultas naturistas europeas y luego a las asiáticas y africanas. Pero todos los intentos de curación resultaron vanos. Sin herramientas de trabajo, sin una razón clara para seguir viviendo, Francisco Ferrer Lerín, opta por concluir con su existencia. Convoca a Carlos Sánchez Peragón, su abogado de toda la vida, y le pide ayuda para resolver el trance, que busque a un profesional que dé al óbito carácter de suicidio. Pero entonces Peragón le comunica que los recursos económicos, tras los periplos terapéuticos, se han agotado; no puede hacer frente a la minuta del sicario. Don Francisco se levanta violentamente del sillón orejero y, a tientas, se dirige con desenfreno hacia el resplandor de la ventana, la rompe con la cabeza ciega, salta al vacío y, planeando gracias al holgado batín de seda, se estrella contra los veladores de la terraza del Café Comercial donde alguna vez departiera con Esperanza Aguirre.

[Publicado el 12/6/2018 a las 12:36]

[Etiquetas: Ornitología, dolencias, suicidio.]

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La Tulipe y demás


LA TULIPE Y DEMÁS

José Luis Falcó presenta a Ferrer Lerín
Universidad de Valencia 06/05/09

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Julio/Agosto de 1980. Calima sobre Madrid: 39 grados. Un reloj de arena en la garganta. Flaneur de los libros reconvertido en antólogo. ¿Qué fue de mi vida? Primeras entrevistas, charlas. Discusiones con Fanfán. A punto estuve de romper el pacto. Por fin, cede la doncella. Una antología de poemas, no de autores. El orden deberá ser el de su publicación, de la publicación de cada uno de los poemas seleccionadados.(Telón de fondo). Cada lector reescribe la historia literaria. La hace suya. La alucina. Se la inventa. Todos los poetas saben que también son sus lecturas. La experiencia vivida y la simbólica llenan todos los poemas y libros de la Biblioteca Nacional. Pero, ¿por qué nacional? Fanfán y Omar llegan a un acuerdo. Cede la doncella de nuevo y la pareja, asfixiada, sube por Claudio Coello como una sola serpiente de papel. En esa calle histórica tiene su sede la Editorial Alhambra. El flaneur no recuerda un edificio menos parecido al Lazarillo. El ascensor funciona. Se firma el contrato definitivo. La decisión: Fanfán se ocupará de las relaciones públicas y Omar será el machaca.De acuerdo. A las nueve en punto, cada mañana, Omar llega en góndola a la puerta de la Biblioteca. Una pareja de monjas civiles custodian la entrada. Tras el registro, la gran sala: algo así como un campo de fútbol repleto de archivadores. Cada noche, a las nueve en punto, sale Omar y cruza medio Paseo de Recoletos. Sólo medio. Un banco nunca está lejos. Omar se tiende un buen rato en el primero que encuentra cada noche, hasta volver a casa de Fanfán. Fanfán, ¿qué hacíamos tú y yo antes de conocernos? Lerín tiene que estar en esta antología, dice Omar. Nadie me sabe dar su dirección. Nadie parece tampoco tener el primer libro de Francisco Ferrer Lerín, De las condiciones humanas, publicado en 1964, aunque escrito en el sesenta y dos. En la misma colección en la que Gimferrer había publicado Mensaje del Tetrarca. Sospechas. Infundaciones. Pero Omar se enterará veinticinco años más tarde. Al final de todas estas pesquisas, alguien, tal vez Talentos, me proporciona el teléfono de Lerín. Al parecer a Talentos se lo dio Félix Lengua de Cal. Pero no recuerda, no recuerdo. Este número es el de Jaca. Allí está ahora Paco, le dice, le dicen. ¿Por qué en Jaca?. Clero y ejército. Fronteras. La leyenda "Lerín" ya se había extendido. Omar vuelve a Lixia y desde allí logra hablar, no más de cinco minutos, con Francisco Ferrer Lerín: el permiso para que sus poemas puedan ser publicados unos meses después, en 1981, bajo el título Poesía española contemporánea (1939 1980). Selección, estudio y notas de Fanny Rubio y José Luis Falcó. Se publicó con una extensión que fue aproximadamente la mitad de lo que era. La parte del "Prólogo" atribuido a Omar fue manipulada. ¿Por quién? No asistí a la presentación. Omar leyó a Lerín en 1971: La hora oval, en la colección de poesía Ocnos. No había olvidado aquella lectura, ni el título. Lo que encontró en La Oval: unos poemas que esperaba hacía tiempo. Durante su adolescencia había probado un poco de todo. Es un decir. De Thomas Man a Pío Baroja, de Salgari a Valéry, de Campoamor a Tristan Tzara porque la fiebre canta en los alambres mentales. De Joyce a Cernuda. Y Unamuno. Se había enamorado perdidamente de algunos poetas surrealistas encontrados en Antología de la poesía francesa contemporánea, del poeta Manuel Álvarez Ortega, cuya poesía fue entonces de su agrado. Y de los manifiestos surrealistas de Breton. Del amor loco. Y de Artaud. Pero también de Apollinaire y Larrea: Por las carreteras cinemáticas/en aquel automóvil,/ íbamos filmando. Y del gesto pugilístico y suicida de Cravan. Golfo de México. Tal vez encontró en La hora oval, decía, lo que estaba esperando y que los novísimos, pese a la memoria mancomunada, pastiches y collage, no le habían ofrecido. Al menos, no del todo. Se encontraba delante de una poesía que le pareció radical como el deseo y no una especie de amalgama reciclada (eso sí, muy bien reciclada, aunque confusamente presentada): una amalgama que, en general, carecía de aquel espíritu vanguardista que por entonces le atrajo. Aunque la vanguardia, piensa Omar que se dijo Omar, puede que sólo sea una un estado de ánimo. Un carácter. Una mirada. El ojo. No, con ello no pensaba ya en las vanguardias históricas, sino en la posibilidad de escribir, en el marco de las décadas del sesenta y setenta, desde una mirada nueva, desde un punto de vista (es decir, desde una moral) vanguardista, desde un territorio de libertad y humor, (el humor, ese motor del mundo, dice Lerín), suficientemente alejados de paradigmas congelados y cánones y artificios. Amén. Seguramente fue eso lo que Omar encontró entonces en aquella primera lectura de La Oval y por eso quiso que Lerín estuviese en aquella magna antología. ¿Sólo por eso? Olvidaron mi acento./Borrada la andadura/Quemaron mi nombre. Suficiente, desde luego, pero no sólo. Más tarde, Fanfán, El tiempo y una mujer nos separaron. En posteriores lecturas de La hora oval, fue encontrando más cosas. La calle de la risa, pero también El consejo de los rostros. Y entonces le gustó especialmente la confusión genológica que la poesía leriniana había levantado. Revulsión. Mascletá. De hecho, Omar explicaba genología. (Cuánta aspereza, ya entonces.) El tiempo y una mujer nos separaron. La fantasía conquistada. Críticos y Abogados de pleitos divinos ¿Cómo debe leerse lo que ha publicado Lerín bajo el rótulo poesía? ¿Como poesía? ¿Como relato? ¿Como texto dramático? ¿Como guión cinematográfico? ¿Como qué? ¿Y cómo leer Níquel, la novela de Lerín? Definitivamente, ¿por qué "se debe¨? En aquel tiempo sedujo a Omar una ilusión: leer los textos como textos, como propuestas abiertas no sólo al Dios del Sentido, sino también a su ubicación o no en el marco imposible de los géneros literarios. Chata genología. Noches lúgubres. Cadalso. La Celestina. Noticias de yerros cometidos en olor de santidad, leyó en Lerín. Dicen que la luna es el sol de los pobres. Pues bien, tuvieron que pasar años para que aquel desterrado espía publicara un nuevo libro en el que seguía persiguiendo y anotando crímenes y metamorfosis. Dieciséis años más tarde, aparece Cónsul. 1987. Omar no sabe todavía si se trata o no del libro más maduro de Ferrer Lerín, como se ha dicho. Tal vez sí, pero en ¿qué sentido? Tampoco ve muy clara esa "nueva" unión entre bios y grafos, pues piensa, pensó, que estuvo en la poesía leriniana desde el principio. Bueno, quizás ahora más explícita. Bios y Grafos. Hay algo así como dos tipos de poetas: los que escriben para saber algo de sí mismos y del mundo, y descubrirlo a través de su proceso, y los que, antes de ponerse a escribir y al ponerse a escribir, ya lo saben todo. Lo que no se explica Omar es el porquéparaqué de estos segundos. ¿Para terminar conta.constatándose? Poema es esto y esto y esto. Y esto que nace en mí en calidad de entrega, que existe porque existo. Y porque ambos podemos dejar correctamente de existir. La experiencia de la escritura y no sólo la poesía de la experiencia. Oí gritar Frenk Frenk y comprendí de qué se trataba. La imaginación de Lerín es singularmente poética. Creadora. Basta con echar un vistazo a cualquiera de sus libros y padecer la angustia de lo original más que la de las influencias. Lerín desterrado de Siete novísimos poetas españoles. ¿O es quizás por eso? Sí y no. Sí, por la época, el lugar. Y no, porque Lerín escribe desde su cuerpo, desde la patrística iconoclasta que él mismo ha levantando. El cuerpo es el territorio de la memoria. En él están tatuadas las huellas de todos nuestros pasos. De ahí a los versos de "Homenaje a Perse", que está en el pórtico de Las condiciones humanas : Pero si prefieres balancearte con los remolinos del nuevo día / asciende a las cimas donde sólo reina el olvido y tus pasos serán descontados. Olvidar para escribir. Escribir los pasos descontados. La escritura como metamorfosis. La metamorfosis como crimen. Siempre hace falta un muerto. Su cadáver. Aquí está apoyada la vieja máquina Kodak. Instantánea. Pero ya me he referido, líneas más arriba, a todo esto. Claro que Omar sólo pudo leer completo el primer libro de Ferrer Lerín, De las condiciones humanas, cuando apareció la recopilación de su poesía en 2006: Ciudad propia. Poesía autorizada. El primero como el último, Papur. 2008. El imperativo biológico de la poesía. Parecidas sensaciones que las de la primera vez, cuando me entregué a La hora oval, piensa Omar. Es decisiva esta caricia. Lírico y burlón, lo dijo Corredor. Qué años cuando corría por la era. Lerín y los neologismos. Palabras inventadas, derivadas. Y su enciclopedia ¡Túa! La fantasía de otra tradición. ¡Qué cielo más alto¡ Y por fin conozco a Lerín. En Jaca. Me habían invitado a participar allí en un curso urgente de verano: Poesía contemporánea: convergencias y divergencias 10, 11 y 12 de julio. Fui y fue. Pero lo que Omar quería era conocer a Lerín. Tuvo suerte. Una mañana, en medio de una de las clases. Sigiloso. No sé por qué, ya no nos separamos durante los días que estuve allí. Me llevó al Casino, seguramente para alimentar su leyenda de tahúr. Me enseñó los agujeros que habían dejado las balas de un guardia civil friolero (¿o fue un militar?) en las paredes de uno de los salones. Supe que su madre se apellidaba Lerín Falcó (como Omar) y tuvo la amabilidad de enviarme, en adjunto, el "Recuerdo de la Primera Comunión" de María Luisa Lerín Falcó, celebrada el 4 de mayo de 1924. Y más cosas. "Guárdeme usted el secreto, pero en realidad soy espía", le había dicho a alguien en Jaca hacía tiempo. Casualidades. Azar objetivo. Me gustaría creer. Termino. Omar les deja ahora con uno de sus poetas preferidos y con un estupendo amigo. Lengua de cal dijo una vez que todos deberíamos tener en casa un poeta como Lerín, aunque sólo fuese para alegrarnos la vida. Así que aprovechen la oportunidad.

 

 

[Publicado el 23/5/2018 a las 19:54]

[Etiquetas: Relato, poesía, poeta, edición, literatura, biografía.]

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El muro

Coroné el muro. Sin dificultad. Y desde arriba vi lo que no quería ver, una inmensidad gris en la que el cielo, o las nieblas y nubes del cielo, se confundían con el horizonte, no muy lejano. Decidí seguir, progresar hacia el Norte, pese a lo tenebroso e incierto de lo que imaginaba. Tanteé la posibilidad del salto, mas la tierra que se me ofrecía debía de ser pantanosa y temí quedar atrapado. Descendiendo esa cara oscura del muro, como una salamanquesa, adherido, lento, recordé aquel viaje a Alemania a observar pigargos, aquel atardecer o amanecer en que paré el coche y me acerqué, caminando, al muro que cerraba el septentrión. Y esto era lo mismo: frío, humedad, silencio. Avancé. Usaba zancos. Y, a unos metros, difuminada, surgió una forma. El Crucificado, pensé. Pero era mujer, Kelly LeBrock. Transformada. O en transformación. Y al acercarme, ¿o se acercaba ella?, cobraba luz, y mucho color. Esa mujer, cómo apareció, ni siquiera sé si se encontraba allí. Formada, sin duda, por retazos de otras, lucía falda de muselina, refulgente, que ondeaba sin que soplara el viento. Quise abrazarla. Así de pie. Contra la nada. A mi manera. Tan grande la pasión, que desperté. Y no era yo. 

[Publicado el 11/5/2018 a las 20:19]

[Etiquetas: Sueños, ornitología.]

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Pablo Ruiz Picasso

 

 

Pablo Ruiz Picasso senil demente

junto al infinito árbol del delirio

abres los brazos a inmundas calamidades

y el corazón de cuerda metálica

resuena en la sala de máquinas

tampoco conozco el color del viento

pero sí en cambio sus pisadas

 

(1966)

 

Edad del insecto, Barcelona, SD Edicions, 2016 

[Publicado el 01/5/2018 a las 11:28]

[Etiquetas: Poesía.]

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La noche

Aunque breve, el recorrido por los cementerios de la ciudad de Buenos Aires me ha permitido obtener valiosa información acerca de las costumbres de los difuntos allí residenciados. Han sido, en general, conversaciones con los empleados, sin desdeñar algunos apuntes aportados por los visitantes. Quizá, el material más jugoso lo haya obtenido del sepulturero jubilado Amalio Paladini que, tras más de cincuenta años de ‘laburo’ en La Chacarita, posee un gran caudal de conocimientos y, lo más importante, vende, por unos pocos pesos, el folleto titulado Hábitos y vicios de los cadáveres de los camposantos bonaerenses. De este documento entresaco lo siguiente: “Nadie crea que los cadáveres no tienen exigencias, que abarcan varios pecados como el de la lujuria, la gula y la avaricia (...) prefieren entre todas las bebidas el fernet con coca, las gaseosas y el vino Toro Viejo (...) a veces devienen bien chaludos si, cuando salen a timbear, la diosa fortuna les ha favorecido en los juegos favoritos que son el crapó y el culo sucio (...) no existe diferencia en el trato sexual y muchas muertas presumen de concubinato (...) de las confiterías gustan del sándwich especial de pan francés y jamón cocido.”    

[Publicado el 12/4/2018 a las 23:59]

[Etiquetas: Cementerios.]

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Casino en provincias

 

CASINO EN PROVINCIAS

 

 

Hay una mesa hexagonal,

verde como la risa, que nos reúne.

La madera del borde, donde los cigarros

queman, soporta, horas

más horas, nuestros codos.

Así, bajo la escayola

y sobre el crujiente suelo

paso las tardes.

No parece importar

el clima, tampoco las modas

y sólo quizá el suceso

cruento, en la línea

de los de la guerra

o algún atropello.

No diré que pierda,

después de todo

no sería cierto, pero

el cariz conviene,

por eso del aire,

que sea sombrío.

A veces no puedo

aguantar, y cuento

algún chiste: chistes

viejos mal contados;

y sólo el sordo

y aquel que gane

levantan los ojos. Como

entre sueños,

creo incluso

que vivo.

 

 

(1971)

 

Cónsul (1987)

 

 

[Publicado el 02/4/2018 a las 17:17]

[Etiquetas: Poesía, póquer.]

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Invitación a La Gloriosa o En la plaza Eguilaz

 

Recuerda el raro jugador los tiempos de estrepitosas timbas en la poca ventilada estancia; también la llegada de los puntos, anunciada a bombo y platillo, y cómo eran, según Bedoya:

 

1.- Produce lluvia.

2.- No te fíes de él.

3.- No tuvo una vida alegre.

4.- Había estado enfermo.

5.- Hablará de lo negro.

 

Cágney, taciturno, da las cartas mientras canturrea la balada de Francisco de Asís. Gregorio, de Caspe, conoce el sentido de las rachas. Narbo, endocrino, pincha los naipes como si fueran senos.

 

Sé que los ases circulan con inusitada brillantez aunque no es prudente hablar de la combinatoria: jugadas sin duda fruto del azar pero en las que influyen la posición de los codos, el recorrido sanguíneo y el peso de los rotuladores y puntas finas. Hay chequeras desvencijadas, horizontes de la infancia poco feliz, divertículos infectos y, al clarear, esa sensación de abandono y dejadez que nos lleva al reclinatorio y a la punción raquídea. En marzo vi a un perdedor recalcitrante sacarse los ojos con el rey de espadas tras un intento baldío de provocarse el vómito.      

 

Se completa la secuencia con un barrido de la cámara, situada a metro y medio del suelo, prestando especial atención a los enseres desperdigados sobre la mesa del comedor y, luego, al cuerpo de una mujer vestida, y quizá muerta, echada en el sofá: “Está la cabeza, está el tronco, están los brazos, pero no las piernas que quedan ocultas por una elevación del terreno sobre la que reposa una ciudad escalonada.”  

 

[Tecnología futura permite entrar en esa descripción de una ciudad escalonada y verme avanzar, una tarde de sábado de comienzos de los sesenta, por la barcelonesa calle Buigas camino de la casa de J.P., en la plaza Eguilaz, donde,  para conformar la partida de póquer, también se espera al vitriólico J.L.B.S., al elegante y apacible G.L. (copia anticipada de Eduardo Mendoza) y, quizá, a los atorrantes P. y R.]

 

[Publicado el 26/3/2018 a las 11:45]

[Etiquetas: Póquer.]

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Biografía

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, filólogo y ornitólogo. Traductor, al español, de Flaubert (Trois contes), Claudel (L'Annonce faite à Marie),  Tzara (L´Homme approximatif), Monod (Le Hasard et la Nécessité), Montale (Ossi di sepia). Ha publicado los siguientes libros de poesía: De las condiciones humanas (Trimer, 1964), La hora oval (Ocnos, 1971), Cónsul (Península, 1987), Ciudad propia (Artemisa, 2006), Fámulo (Tusquets, 2009) y Hiela sangre (Tusquets, 2013). Es autor de una novela, Níquel (Mira, 2005), reeditada y ampliada en 2011 por Tusquets bajo el título Familias como la mía, de El Bestiario de Ferrer Lerín (Galaxia Gutenberg, 2007), de un libro de bibliofilias, facsímiles y artículos titulado Papur (Eclipsados, 2008), así como de la antología de relatos breves Gingival (Menoscuarto, 2011). En 2014 Jekyll & Jill ha publicado la selección de materiales oníricos, Mansa chatarra, y Leteradura el libro de retratos literarios, 30 niñas.

Hoy vive en Jaca dedicado a la literatura.

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