El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 10 de febrero de 2012

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

Victoria con sordina

Tras los descalabros vendidos como victorias, llegan las victorias silenciosas. La actuación de la OTAN en Libia confirma un nuevo estilo de guerra o de intervención militar adoptado por Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama, un tipo de contienda en el que el protagonista, la mayor superpotencia militar, se mantiene discretamente en segundo plano, atendiendo más a los resultados y a la gestión política que a la publicidad de las victorias. Así sucede con la guerra de los drones, esos aviones no tripulados, cada vez más imprescindibles para el espionaje y para los bombardeos y disparos de precisión, que está diezmando a Al Qaeda a mayor velocidad con que la organización terrorista intenta reproducirse. Es también el tipo de intervención diseñada para Irak y Afganistán, una vez retiradas las tropas directamente de combate, y utilizada en Yemen, con tareas de apoyo y entrenamiento de las tropas nacionales de cada país en su lucha contra la insurgencia de Al Qaeda. Los resultados de estas intervenciones con sordina están ahí, en forma de dos éxitos iniciales en Libia: el primero, con la imposición de la zona de prohibición de vuelos que frenó la matanza que Gadafi preparaba en Bengasi; el segundo, con la caída del tirano, sin poner ni un solo soldado a combatir en tierra. Falta el tercero, quizás el más difícil y cuyo protagonismo corresponde entero a los libios, consistente en organizar y constituir la libertad después de haber conseguido la liberación. La victoria libia manda un mensaje inequívoco al resto de países árabes. Para Túnez y Egipto, países en difícil transición, es un alivio contar con un vecino al fin en paz, que emprenda un camino paralelo después de desembarazarse de su propio tirano. Para Siria, significa situarse ahora en el foco de toda la atención: el siguiente en la lista. Para el resto, la seguridad de que el impulso revolucionario, debidamente acompañado por el apoyo internacional, sigue vivo e intenso: deberán tomar nota quienes albergan dudas sobre la necesidad perentoria de reformas y cambios. El método de Obama en Libia es exactamente el contrario de Bush en Irak. La intervención aérea se ha producido a petición de los libios, cosa que no fue el caso en Irak. Los bombardeos y ataques, salvo contadas excepciones, han podido evitar las víctimas civiles. El derrocamiento del dictador ha sido obra de los propios libios. Nadie les va a decir cómo deben organizarse y construir su futuro. Por eso no le han faltado las críticas de quienes deseaban una legitimación retrospectiva de aquella guerra ilegal, unilateral e injusta que dividió a la comunidad internacional y a Europa, al menos mediante el fracaso de esta guerra legal, multilateral y justa según los parámetros del derecho internacional y que ha contado con la cobertura de Naciones Unidas. Una vez derrocado Gadafi, estos críticos hacen ahora de aves de mal agüero con maldiciones sobre el futuro de Libia para que sea de caos y guerra civil. Hay muchas razones para invertir aquel esquema nefasto de la Misión Cumplida, cuando apenas dos meses después de la invasión de Irak Bush exhibió imprudentemente sobre un portaviones una victoria que los hechos desmintieron cruelmente hasta el último día de su presidencia. Las victorias bélicas, reales o imaginarias, difícilmente hacen ganar elecciones, aunque su conducción insensata sí puede llevar a perderlas. Las elecciones se juegan hoy en la cancha de la economía y del empleo. No corresponde buscar rendimientos electorales a problemas de profundidad estratégica como es el cambio que se está produciendo en el mundo árabe. Sin EE UU y su apabullante aunque silenciosa participación, la OTAN no se podría apuntar ahora esta victoria. Los aliados atlánticos no tienen por sí solos las capacidades, ni siquiera la munición, para soportar una campaña como la de Libia. Esta guerra, siendo un éxito para quienes apoyaron la intervención, exhibe las debilidades de Europa ?y concretamente de una OTAN dividida y una UE inexistente?, que necesitaría más voluntad política, conciencia ciudadana y sobre todo presupuesto de defensa para poder actuar en crisis como la libia meramente como la potencia de ámbito regional que debería ser. Obama ha prestado las alas de esa victoria a Sarkozy y Cameron, que han llevado el peso de la imagen y le van a sacar buen provecho político; sobre todo el francés, que tiene elecciones en 2012 y puede aparecer como vencedor en Libia después de ser perdedor en el Túnez de Ben Ali. En el pasivo político de esta guerra sobresale Alemania, país instalado en la disonancia europea en todos los campos: el euro, Libia y próximamente el reconocimiento de Palestina en Naciones Unidas. Obama dirige desde atrás, pero Merkel frena desde delante. El primero, sin doctrina, está tejiendo una nueva doctrina. La segunda no quiere saber nada de lo que pasa en el mundo si no afecta estrictamente a la caja registradora de votos y de dinero.

[Publicado el 01/9/2011 a las 01:00]

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Se acabaron las sobras

La otra cara del ?demasiado grande para caer? nos explica la crueldad de los recortes sociales: porque afectan ante todo a los que son ?demasiado pequeños para aguantar?. Ahora adquiere visos de heroicidad quitarle el mendrugo de pan al pobre. Así es como el gobernante sacrifica su más íntimo y elemental sentido moral en el altar de un bien común al que llama equilibrio presupuestario o exigencias europeas. Cuando llega la necesidad y se extiende la pobreza, hay que cerrar el grifo: no da para tanta gente. No era solidaridad. Eran las sobras.

[Publicado el 31/8/2011 a las 01:00]

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El pícaro y el pirata

El pícaro es listo por definición. El hambre que pasó es lo que define su inteligencia. De ella aprendió a fascinarse por el poder y sobre todo por sus pompas. Conforman el espejo en el que se ve a sí mismo, cuando crezca. Sus relojes, sus coches, sus mansiones, sus barcos. Por eso se arrima al poderoso, le imita, le seduce, le engaña, le convence para que le convierta en su ahijado, su heredero, su sustituto, su sombra, su cuerpo y su alma al fin, hasta ser él mismo el poderoso al desnudo que viste y calza y encuentra un pícaro que también le ría las gracias. La adulación es un arte, lleno de sutilidades y trucos. De entrada, para que funcione correctamente y no produzca el efecto contrario, apenas debe notarse. Puede sobrevolar, apenas como una duda, sobre la cabeza del adulado. Pero debe envolverse en la ambigüedad, en la punzada crítica, en el toque de humor ácido, para no convertirse en un insulto. Nada hay más irritante que la entrada de un adulador ondeando la bandera de combate de sus intenciones. Para el envoltorio de los halagos son muy convenientes los arrebatos líricos y las referencias a la historia, el cine o la literatura, que con harta frecuencia no vienen a cuento pero embelecan al viejo filibustero y le preparan para que suelte la bolsa. La mirada, las manos, la voz, cualquier cosa sirve como motivo para las alabanzas. De mayor quiere ser como él, pero mientras tanto se contenta con que le ayude a salir de la necesidad en que se encuentra. Por eso no pone límites a sus cucamonas y lisonjas. Puede ir más lejos que el pirata en su descaro. Los asaltos y crímenes que al propio bucanero avergüenzan se convertirán en su boca en proezas de su oficio glorioso. El vicio en virtud. El crimen en beneficio para la humanidad. La avaricia en generosidad. Y la vejez en inmortalidad.

[Publicado el 30/8/2011 a las 01:00]

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Sadismo social

Algo anda muy mal en una sociedad cuando son los ricos los únicos que piden que se les haga pagar impuestos. ¿Qué se traerán entre manos? Significa en todo caso que la palabra solidaridad se ha convertido en una cáscara vacía al servicio de la retórica. Con la crisis llega la oportunidad para el sadismo social: bajar los impuestos a los ricos y quitarles ayudas a los pobres. El darwinismo social es pragmático y eficaz y apenas le interesa convertir su depredación en propaganda; el sadismo, en cambio, encuentra placer en la acción insolidaria y en su exhibición pública.

[Publicado el 29/8/2011 a las 01:00]

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Tamaño y poder

Decimos ?demasiado grande para caer? pero con frecuencia confundimos la dimensión con el poder. Se ajusta mejor ?demasiado poderoso para caer?. Exhibir el poder en plena crisis es una especie de conjuro para evitar quedar contaminado por esa peste. De ahí que los grandes ejecutivos se empeñen en aumentar sus sueldos y bonus aunque las empresas se hallen intervenidas, subsidiadas o en pérdidas.

[Publicado el 26/8/2011 a las 01:00]

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Adjetivos

No sabía escribir sin marinar sus frases de adjetivos. Luego un amigo le recomendaba que los quitara. Pero le quedaba un texto en los huesos que no servía para nada. Después de publicar su columna, se sienten tan aliviados de adjetivos que pueden empezar de nuevo en las tertulias con sus gamas de adjetivos nuevos para cargar la columna del día siguiente. Adjetivar es un peligroso ejercicio para la mente. Produce lesiones irreversibles como sucede con ciertos lances de cualquier deporte. Se trata de lesiones muy curiosas, que conducen a simplificar los movimientos mentales, de forma que al final la propia capacidad de adjetivar queda reducida a dos o tres imprecaciones. Los adjetivadores más impenitentes se arriesgan a terminar en un asilo blasfemando por los pasillos y recuperando el lenguaje escatológico y obsceno de su infancia.

[Publicado el 25/8/2011 a las 01:00]

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Democracia directa

El voto a mano alzada es magnífico para el tumulto. Los brazos se levantan como lanzas antes del combate y no hay más que decir. Si alguien quiere tomarse la votación en serio constituye entonces una invitación trágica: esos pobres brazos solitarios que se oponen a la mayoría, se ofrecen a ser contados como candidatos a la expulsión, la cárcel o la guillotina. De ahí la maravilla que hemos descubierto estos días: el voto positivo consiste en un aletear de ambas manos alzadas. Cunde y encandila. Nadie se fija luego en los votos en contra, las abstenciones y otras mandangas. Lo único que cuenta es conseguir que levanten el vuelo las palomas del asentimiento a una propuesta bien cargada de ideas audaces y de propuestas que alienten el narcisismo de esas nuevas masas convocadas a través de teléfonos y ordenadores.

[Publicado el 24/8/2011 a las 01:00]

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Un vocablo español

Como guerrilla, torero o pronunciamiento, también indignado está convirtiéndose en un vocablo español adaptado y pronunciado en todas las lenguas. Los indignados son hijos de la época de los derechos universales, que han quedado largamente insatisfechos. Compraron la utopía y al enchufarla no funciona. Quieren otra nueva o al menos que les reparen la vieja. Una mutación de las pasiones se ha producido en los corazones ibéricos. La indignación, la santa indignación, era el anuncio de cataclismos y amenaza de persecuciones inquisitoriales. Ahora es una pasión fría y tranquila, que se contiene y gradúa, que persevera y calcula estrategias, y por eso es ensalzada por todos.

[Publicado el 23/8/2011 a las 01:00]

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Indignados y encuadrados

Un indignado es todo lo contrario de un encuadrado. Este atiende obedientemente al catecismo y al magisterio y es una fabricación de la sociedad jerárquica. Los encuadrados siguen al Che o a Cristo, mientras que los indignados huyen de santurrones y redentores como gatos escaldados. El indignado solo atiende a su propio criterio y, sobre todo, a su indignación, y la única jerarquía que admite es la que se impone en la espontaneidad de la plaza. A veces manipulada, claro está, porque nada es más deslizante que la democracia directa, capaz de convertirse en la fórmula secreta del autoritarismo para meter en el redil a esas ovejas descarriadas e indignadas. Clericalismo y anticlericalismo regresan de la mano, azuzados sobre todo por esos obispos que no saben acostumbrarse a una sociedad que sigue su trantrán sin contar con ellos, sin hacerles caso y ni siquiera tomarse el tiempo y las ganas para detestarles como estaban acostumbrados cuando eran fuertes, crueles y poderosos. De su regreso los viejos prelados sabrán sacar jugosos y nada espirituales beneficios. Nadie como ellos sabe convertir el despecho por la hegemonía perdida en chantaje para seguir manteniendo sus arcaicos privilegios. Jóvenes felices y bien encuadrados nos cuentan el cuento de un mundo que de pronto regresa al viejo orden moral y a la jerarquía cálida de la familia y de los bondadosos pastores espirituales. Convocados por unos jerarcas ancianos que se regalan con la ficción de unos baños de juventud en vísperas de su extinción, biológica e incluso ideológica, recuerdan el Berlín de aquel octubre de 1989, poco antes de que cayera el Muro, cuando Gorbachev le dijo a Honecker la frase inolvidable: la historia castiga a quienes llegan demasiado tarde.

[Publicado el 22/8/2011 a las 01:00]

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Dos estilos

Hay dos estilos de ejercer el poder en este oficio. Uno es grandilocuente e impone su agenda por escrito con frases como retos. El otro es discreto y lo hace en privado y sin testigos. Ambos estilos atienden con igual cuidado al valor de la información. La acaparan, la atesoran, la cuidan como hace el avaro con el cofre donde guarda sus monedas. Raramente un poderoso atiende a un solo estilo. La perfección se consigue con dosis adecuadas de poder exhibido y de amenaza callada.

[Publicado el 19/8/2011 a las 01:00]

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Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

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