El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 20 de marzo de 2010

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

Atrapados

Malas sensaciones las que se desprenden del discurso de Obama en West Point. De las reacciones de unos y otros, claro está. Pero también de la gravedad de una jugada en la que está en juego la seguridad nacional: suele ser la gloria y la tumba de los presidentes. Malas sensaciones también de la racanería europea. Admiramos a Obama pero preferimos a Bush: ponía las cosas más fáciles. Ahora Sarkozy y Merkel, tan americanos ellos, son tan reticentes como Chirac y Schroeder. Y Zapatero y Brown tan solícitos como Aznar y Blair. Cada uno de ellos está atrapado en su propia historia: Sarkozy de la Grandeur y de su ego, Merkel del pasado alemán y de la democracia más exquisita del mundo, Brown de la certeza teológica sobre la relación especial con Estados Unidos, Zapatero de la ligereza y vacuidad. Todo tiene además un cierto aire trágico. Este buen hombre, premio Nobel de la Paz, que tantas ilusiones ha levantado, manda a la guerra a sus jóvenes compatriotas, esos cadetes tan frágiles como él que le aplauden en el anfiteatro de West Point. Los gobernantes de nuestro mundo, bajo la apariencia de una normalidad mediática, siguen siendo figuras desgarradas que deciden sobre la vida y la muerte y se ven arrastradas por los vientos de la historia. Al fin ha actuado como el comandante en jefe, este papel tan exigente y exigido por los electores con el que se compone la figura presidencial. Nada se hace que no tenga abundantes referencias históricas comparativas, que a veces pesan como losas sobre las decisiones de quienes se ven agobiados ahora por el fantasma del eterno retorno: Afganistán repite a Vietnam pero también se repite a sí mismo en relación a la Rusia y a Reino Unido, y remotamente incluso a Alejandro Magno. Las decisiones se toman después de estudios exhaustivos y de cálculos sofisticados, se diría que hasta agotar el margen de indeterminación. Pero al final todo dependen de un azar incontrolado o lo que es peor de una mala apreciación de principio de la entera realidad. Se diría que el mundo no tiene remedio, que ninguno de estos dirigentes que nos hemos dado con nuestras democracias puede ser capaz de evitar que las cosas sigan siendo como han sido siempre en su repetición tediosa. Pero ellos, en cambio, siguen tomando decisiones con todo el optimismo, con la esperanza seguramente vana de que las leyes cambian la realidad, las órdenes presidenciales mueven el mundo y la voluntad sostenida de sus gobiernos consigue enderezar el rumbo torcido de las cosas. Hay momentos en que parece que nadie conduce nuestro mundo. En la era Bush era peor. Había conductor y una dirección clara: el abismo. Ahora hay buena voluntad e incluso buena gente, pero es dudoso que los medios de que se dispone sirvan para los objetivos que se buscan. El resultado es la indeterminación y el caos, corregidos de vez en cuando por alguna jugada suelta que resulta acertada. Si fuera el caso con Afganistán, Obama se aseguraría ocho años de presidencia y un lugar destacado en la historia del mundo. En caso contrario corre el riesgo de situarse entre Johnson y Carter, presidentes también demócratas a los que la seguridad nacional les ganó el pulso y les rompió la muñeca.

[Publicado el 04/12/2009 a las 08:09]

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Morir por Afganistán

Esa guerra se ha llevado ya en sus ocho años de duración las vidas de más de 1.400 soldados de la coalición de 44 países que encabeza Estados Unidos, entre los que hay que contar a 88 españoles. A petición de Barack Obama, España va a incrementar ahora el número de sus tropas en dos centenares, con el consiguiente incremento del riesgo sobre las vidas y la salud de nuestros soldados. El discurso de Obama el martes por la noche en la academia de West Point, además de anunciar un incremento de tropas y presentar un calendario de salida de Afganistán que empieza en julio de 2011, aporta una nueva estrategia civil y militar, y sustituye la idea de una victoria sobre los talibanes y Al Qaeda por unos objetivos más modestos, como son consolidar el gobierno afgano y transferirle lo más rápidamente posible la seguridad y el control de su propio país. La nueva concepción responde por una parte al análisis crítico realizado por el comandante en jefe norteamericano en Afganistán, el general Stanley McChrystal, y a su petición de incremento de tropas, que había planteado en términos de un dilema dramático: la alternativa es la aceptación de la derrota. Pero por la otra converge con las ideas de intervención mixta civil y militar de los europeos. Quizás hay continuidades entre Obama y su antecesor. Algunos comentaristas han querido hallarlas incluso en la retórica y argumentos de su discurso. Cabe incluso presentarle como más belicista todavía que Bush: el surge o incremento de 20.000 soldados que puso en práctica en Irak en 2007 es inferior al actual de 30.000 de Afganistán, sin contar que ésta es la segunda ocasión en que incrementa las tropas, de forma que estamos ante una auténtica escalada que situará la presencia militar en el país afgano a la misma altura que en Irak. Se diría, por tanto, que ha habido un trueque de guerras: la de Irak era la de Bush y la de Afganistán es la de Obama. Pero es una falsa impresión. Nada de lo que ha hecho Obama, ni su método de decisión, ni su presentación, ni sus argumentos, tienen que ver con Bush. El anterior presidente eligió la guerra de Irak, mientras que la guerra de Afganistán ya en marcha eligió a Obama. Bush tenía una posición fija, clara y radical acerca de la guerra contra el terrorismo, mientras que Obama es un moderado y un centrista, que quiere atender a los intereses y obligaciones de su país buscando el mejor equilibrio posible entre las posiciones contrapuestas, incluyendo las exigencias presupuestarias. Tiene toda la lógica que se haya tomado tres meses para la reflexión y el análisis, aunque muchos, sobre todo desde la derecha, intentarán confundir la deliberación tan propia de una democracia de calidad con los titubeos de un carácter débil. Pero también cabe interpretar su decisión, tomada en contra de las encuestas, con más apoyos entre los republicanos para el incremento de tropas que entre los demócratas, como una lección de liderazgo y de compromiso personal. Las imágenes de la madrugada del miércoles nos muestran a un Obama frágil y civil, lejos de todo belicismo, que argumenta con humildad y todo tipo de cautelas ante unos jóvenes cadetes, hombres y mujeres muy jóvenes, tan frágiles como el joven presidente. El paso es discutible y lleno de riesgos, pues parte de un plazo muy estrecho, 18 meses, para obtener resultados concretos y visibles, que le permitan empezar el prometido repliegue. Pero tiene margen de maniobra, puesto que no hay compromiso sobre la fecha final para irse ni sobre el nivel y ritmo del repliegue a partir de julio de 2011. Cabe imaginar, además, que un Afganistán estabilizado a cargo de un Gobierno afgano pueda contar en el futuro con alguna presencia militar marginal mientras persista el peligro de una resurgencia talibán. Este margen no evitará que la guerra afgana juegue en su contra electoralmente, en noviembre de 2010, cuando se celebren elecciones de mitad de mandato y ya se vislumbre el balance de la nueva estrategia, y sobre todo en noviembre de 2012, cuando bregue por su segundo mandato presidencial. Las bases legales y morales de la guerra, expuestas en su discurso del martes, son formalmente impecables. También tiene coherencia el análisis de la zona y del papel que juega como vivero mundial del terrorismo de Al Qaeda. Puede que todo sea erróneo, como sucedió con la guerra de Vietnam, cuando the best and the brigh-test (los mejores y más brillantes) dirigían la política norteamericana con Kennedy y Johnson. Pero de momento los argumentos de Obama en West Point tienen suficiente consistencia como para que los europeos se planteen seriamente sus responsabilidades. Obama pide que Europa mande a sus soldados a morir por Afganistán no para salvar la cara a nadie, ni para salvaguardar intereses económicos o hegemonía geopolítica alguna, sino para mantener la seguridad en Madrid y Londres o para evitar que se incrementen los secuestros de cooperantes españoles en el Magreb.

[Publicado el 03/12/2009 a las 10:38]

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Mafiosos, xenófobos y castristas

No vamos a olvidarnos ahora del Caimán. Ni de sus últimos avatares judiciales, en los que el cerco sigue estrechándose, y esta vez por un delito de complicidad mafiosa. Nada puede ocultar esta historia de creciente tensión y ansiedad para ?il presidente del Consiglio?. Ni las historias de sus velinas y de sus ardores interminables. Ni la demanda de separación multimillonaria que le ha presentado la señora Verónica. Las sospechas sobre el Gran Besluca son antiguas y serias. Su capacidad para eludir la acción de la justicia le ha facilitado las cosas por un lado pero se las ha complicado por el otro. Antonio di Pietro, el ex magistrado, se lo ha dicho con meridiana claridad: ?En vez de seguir haciendo proclamas, que vaya a los jueces y se haga juzgar y explique las relaciones que ha mantenido con empresarios y otros personajes próximos a la Mafia?. De momento, Berlusconi ha anunciado querellas contra todos los que le atacan, especialmente los periodistas de Repubblica, y se ha defendido con un argumento que es todo un clásico (de la cara dura): ?Si hay alguien que está lejísimos de la Mafia por carácter, sensibilidad, mentalidad, formación, cultura y voluntad política esta persona soy yo?. Ya dijo en otro momento que él es el mejor primer ministro que ha tenido Italia en toda su historia. En cambio, hay muchos italianos y no italianos que piensan que es el peor primer ministro de la historia y el mejor jefe que ha tenido jamás la Mafia, hasta el punto de colocarle al frente del Consejo de Ministros. No vamos a dedicarle mucho más tiempo, porque esto sólo acaba de empezar. Levantada la inmunidad judicial por el tribunal constitucional italiano, ahora pesa sobre el magnate la acusación de ?concorso in associazione mafiosa?, que ha servido para condenar a varias decenas de amiguetes de la Cosa Nostra. Todo esto tendría un interés limitado casi si toda la vida política italiana no girara alrededor de dos ejes vergonzosos: la defensa panza arriba de Berlusconi ante la justicia, con baterías de leyes ad hoc y una manipulación montruosa del Estado de derecho; y las leyes xenófobas y racistas promovidas desde la Lega Nord. Sólo faltaba ahora que los vecinos suizos se hayan lanzado en brazos de la extrema derecha en el referéndum contra el islam. Este voto de la intransigencia y la intolerancia, contra la pluralidad religiosa, tendrá unos efectos que irán mucho más lejos que la mera prohibición de construir alminares en cada mezquita. El rechazo del islam será recibido como una bendición celestial por quienes viven de atizar el odio de los inmigrantes contra los europeos, empezando por los grupos terroristas. Más alarmante es que estas posiciones encuentren la comprensión de partidos y medios conservadores: en vez de moderar a los radicales prefieren que los moderados se radicalicen, algo que también estamos viendo en nuestras latitudes en relación a otras cuestiones. Finalmente, reseñar aquí que me alegra poder desmentirme. Cuando publiqué ayer el post sobre Juan Juan Almeida, la policía ya le había soltado, aunque dudo que esté en libertad. Ningún cubano con residencia en Cuba, salvo la nomenclatura del régimen, está en libertad. Lo que todos queremos es que los presos políticos cubanos salgan de la cárcel y luego que todos los cubanos queden en libertad cuanto antes. (Enlaces: con Repubblica; con el artículo ?La dignidad del catalanismo? de Antoni Puigvert, donde puede leerse la siguiente frase: ?mientras el catalanismo consigue, no sin dificultad, moderar a sus radicales, el españolismo consigue con demasiada facilidad radicalizar a sus moderados?; enlace con la información sobre Cuba del Nuevo Herald.)

[Publicado el 02/12/2009 a las 07:50]

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Vaya si devora a sus hijos... y a sus nietos

El comandante Almeida murió el día 11 de septiembre de 2009. Se le había considerado el número tres, después de Fidel y Raúl y ostentaba el cargo de vicepresidente del Consejo de Estado. Era el único dirigente negro de la revolución y el más popular de todos los comandantes. Entre otras cosas porque lo suyo, más que la política, era la canción, a la que se dedicaba en su calidad compositor y letrista. No han pasado ni tres meses de muerte, y su hijo Juan Juan ha sido detenido, situación de la que me llegan varios e mails alarmados de sus amigos y familiares. Ya he escrito en otra ocasión de Juan Juan, autor de ?Memorias de un guerrillero cubano desconocido?, en cuya portada se reproduce su foto de niño miliciano con Raúl Castro. El hijo de Almeida ha pertenecido a la nomenclatura del régimen, pero ahora es un disidente más y un preso político cuya vida puede correr peligro y merecve toda la atención y la solidaridad internacionales. La proximidad a la familia Castro, que mientras vivió su padre le protegió pese a su progresivo distanciamiento del régimen, puede ser en estos momentos una desventaja. El dictador Raúl Castro le vio nacer, pero ahora ha convertido en inquina lo que en el pasado fue proximidad familiar. La detención de Juan Juan por pasearse con una pancarta en la que pedía la dimisión de Raúl Castro ha coincidido con una oleada de detenciones y con nuevas actuaciones de los grupos de porristas que se dedican a agredir y amedrentar a quienes osan hablar o escribir libremente. Entre las personas amenazadas y acosadas están la bloguera Yoani Sánchez y su marido, máximo exponente de la explosión de blogs que se está produciendo en Cuba y motivo de preocupación creciente por parte de la dictadura. La revolución devora a sus hijos y cuando se convierte en una anciana decrépita, como es el caso de la cubana, sigue también zampándose a sus nietos, como demuestra el trato proporcionado por el régimen al hijo de uno de los comandantes históricos de Sierra Maestra. (Enlaces: con la necro escrita por Mauricio Vicent acerca del comandante Almeida; con mi anterior post acerca de Juan Juan Almeida; con el blog de Yoani Sánchez; con el informe de Human Rights Watch acerca de la represión raulista).

[Publicado el 01/12/2009 a las 07:19]

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Sísifo vuelve a casa

Javier Solana, el español que más ha pugnado por dar a la UE una política exterior y de defensa, termina hoy su mandato como 'ministro' de Exteriores del conjunto continental. Es bien conocido el mito de Sísifo, condenado a subir un enorme pedrusco hasta la cima de un monte, que cae una y otra vez hasta el pie en cuanto ha coronado su esfuerzo. Como en todo mito, esa figura trágica y circular ha sido utilizada para expresar numerosos problemas de la vida y de la naturaleza humana. A la vista de lo que ha ocurrido desde 1989, año de partida de la recomposición de nuestro mundo, se diría que también se acomoda muy bien a la pugna de nunca acabar de esa Europa que intenta construirse a sí misma como protagonista de la escena internacional y justo cuando parece conseguirlo se divide y hunde en la depresión. Si alguien ha estado ahí todo este tiempo, en pleno campo de brega europeo, acarreando una y otra vez el pedrusco, ese es Javier Solana. Un Sísifo dialogante y componedor, capaz de tejer consensos y conseguir imposibles acuerdos, pero Sísifo al fin, enfrascado en la tarea y angustiado por la precariedad de su esfuerzo. Era ministro de Educación de Felipe González cuando cayó el muro de Berlín, pero no pasaron ni tres años cuando entró, como ministro de Exteriores, en la arena de la diplomacia internacional que no ha abandonado hasta hoy mismo. No hay, por tanto, crisis europea y mundial de los últimos 20 años en la que no haya estado implicado de una u otra forma desde entonces, algo ciertamente extraño en la historia de España. Solana no es un caso aislado. Bastan los ejemplos de Federico Mayor al frente de la Unesco, Marcelino Oreja del Consejo de Europa o Rodrigo Rato del FMI. Desde el ingreso español en la UE en 1986, ha sido creciente el compromiso con las instituciones internacionales. Pero pocos políticos encarnan de forma tan duradera e intensa el cambio que se ha producido en las relaciones entre los españoles y el mundo desde que España ha regresado a los asuntos internacionales tras varios siglos de inhibición o aislamiento. Lo mismo sucede con el éxito de la transición o la apoteosis europea del nuevo socialismo español, que ha podido ofrecer una continua presencia en sus instituciones desde el protagonismo de Felipe González en Maastricht, hasta la actual comisaría de la Competencia obtenida por Joaquín Almunia, pasando por la presidencia del Parlamento de Josep Borrell. Los 17 años de Solana son la expresión de un éxito socialista y español. Pero las reacciones que suscita en España son también la manifestación de un fracaso y el regreso de un viejo y tradicional vicio nacional. No es seguro que los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE hayan sabido aprovechar su presencia primero en la OTAN y después en la UE para mejorar la presencia española en el mundo, afinar la política exterior e incluso resolver convenientemente los contenciosos en curso. Más bien cabe pensar lo contrario, que desde los despachos gubernamentales se ha evitado solicitar sus consejos. Se diría, incluso, que la sociedad civil, el mundo económico y universitario, 'think tanks' y medios de comunicación, han tenido en mayor consideración y estima su trabajo que sus compañeros de profesión política e incluso de partido. Un reciente artículo del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, sobre los 10 años de PESC y la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, publicado por este periódico el pasado 13 de noviembre, evitaba toda mención a la presencia y a la labor al frente de la institución europea del español que mayor protagonismo ha tenido en la escena internacional en la historia contemporánea. Esta irrupción española en la escena internacional ha encontrado una fuerte resonancia generacional en el resto del mundo. Los jóvenes que en los años sesenta, y especialmente en 1968, se rebelaron contra las sociedades conservadoras de la época son los mismos que en los años noventa y primera década del siglo XXI se han encontrado con responsabilidades internacionales. Pocos episodios explican mejor esta sintonía que la guerra de Kosovo en abril de 1999, uno de los momentos más polémicos de la trayectoria de Solana, el secretario general de la OTAN que tuvo que ordenar los bombardeos sobre la Serbia de Milósevic para frenar un genocidio. La derrota serbia y la independencia de Kosovo no hubieran sido posibles sin Joschka Fischer en el Ministerio de Exteriores alemán, Tony Blair en Downing Street, Bill Clinton en la Casa Blanca, Bernard Kouchner ?actual ministro de Exteriores de Sarkozy? como primer administrador de Naciones Unidas para Kosovo y Solana al frente de la OTAN: todos ellos jóvenes manifestantes contra la guerra de Vietnam en los años sesenta. En aquellos combates se forjó un nuevo americanismo. Los antiguos izquierdistas, aleccionados por la historia, transformaron su viejo antiimperialismo en antitotalitarismo, su militancia en acción humanitaria y su pacifismo en disposición para la intervención internacional armada para derrocar tiranos e impedir nuevos genocidios. La presidencia de Bush dividió luego el campo y convirtió a un buen puñado de ellos, encabezados por Tony Blair, en auténticos neocons. No fue el caso de Solana, que acomodó como pudo, en calidad de Alto Representante, la nueva estrategia de seguridad europea después del 11-S sin caer en las doctrinas de la guerra preventiva y del unilateralismo imperial. De su etapa de la OTAN cabe destacar los acuerdos de cooperación con Rusia, firmados en 1997, que marcan el fin de la guerra fría y de la Europa dividida por la Conferencia de Yalta (1945). Sin ellos la Alianza no podía abordar su primera ampliación a Polonia, Chequia y Hungría (1999). La tarea más espinosa fue la gestión de las guerras balcánicas y las sucesivas misiones europeas, y en ella actuó primero en su calidad de jefe civil de una alianza militar y después de jefe político de una institución civil y militar en construcción como es el 'ministerio' de Exteriores y Defensa europea del que ahora se hará cargo la británica Catherine Ashton. Respecto a los diez años de política europea exterior y de seguridad, un estrecho colaborador suyo, Robert Cooper, ha señalado que la UE ?en su conjunto ha funcionado mucho mejor que antes, especialmente comparado con la década de los noventa?. Entonces Europa tuvo que tratar con la crisis bélica y el genocidio en su propio territorio y no consiguió avanzar hasta que Estados Unidos se decidió a hacerlo. Las 22 misiones internacionales emprendidas no han dado todavía como resultado ?una política coherente?, pero al menos se han hecho pequeños pasos en vez del retroceso que supuso la década de guerra y genocidio anterior. Lo más importante es que 'míster Europa' se ha convertido en una persona de confianza de los países aliados, empezando por EEUU, y siguiendo por los socios europeos. Según Bill Clinton es mérito de Solana haber colocado y mantenido a Europa en el mapa. El Alto Representante ha tenido un papel primordial en varios de los lances más complejos de la reciente política internacional, como el proceso de paz entre israelíes y palestinos o la negociación con Irán sobre su programa nuclear. Solana no tiene dudas sobre lo mejor de su larga etapa: la ampliación de la UE hasta 27 socios, el mayor proyecto europeo de fabricación de paz, estabilidad y prosperidad de su historia. Tampoco las tiene sobre la tarea pendiente: la paz en Oriente Próximo. Donde mejor se refleja el carácter circular de la imposible tarea europea es en la elección de la sucesora. Los 15 eligieron en 1999 a un experimentado secretario general de la OTAN y ex ministro de uno de los países grandes como su primer ministro de Exteriores, todavía con la denominación de Alto Representante. La UE se imaginaba a sí misma como una superpotencia, tal como ha señalado el director del Centre for European Reform, Charles Grant, mientras que ahora, cuando nombra a la británica Ashton, aparece ?orgullosa de su poder blando? y totalmente exhausta de ambiciones y horizontes. Solana tomó a su cargo un invento de nueva creación, sin estructura ni personal, y lo deja convertido en lo que será la diplomacia más numerosa y, cabe esperar, potente del mundo. Diseñado a partir de su experiencia, él mismo estaba destinado a ocuparlo si la Constitución hubiera llegado a buen puerto. Pero Francia dijo no y luego todo se retrasó cinco años. Ahora, cuando se inaugura el servicio exterior europeo, los 27 han colocado en su lugar a una persona sin su calibre, por tanto incapaz de volar por sí misma dentro de una UE en la que Durão Barroso ha conseguido convertirse en la figura preeminente. Hoy será su último día de trabajo en esta tarea circular pero necesaria. El debate y la reflexión sobre el futuro de Europa y de su política exterior son parte del acarreo que nunca termina de esa mole de piedra. Pero Solana no piensa jubilarse ni dejará de ser Sísifo, con la ilusión y la angustia de la piedra europea sobre sus espaldas. Sísifo sólo vuelve a casa.

[Publicado el 30/11/2009 a las 07:23]

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Editoriales conjuntos

No me gustan. Los editoriales me gustan cada uno con su propia voz. Aunque luego las voces formen un coro. El texto unánime sufre en su credibilidad y en las marcas que deja sobre el territorio de los lectores. Los de dentro y los de fuera. Los de la unanimidad y los otros. No me voy a referir ahora al contenido, lo haré más adelante. Igual estoy de acuerdo. Pero no es el caso al menos en dos frases que no firmaría. La que lo encabeza: la dignidad de Cataluña. Sólo conozco la dignidad de los ciudadanos de cualquier país en general y naturalmente la dignidad de los catalanes en particular. Y luego la frase final, por razones más complejas que más abajo explicaré. Regresemos al gesto unánime, antítesis de la expresión plural y variada, de la deliberación libre y racional de la que deben seguirse posiciones y decisiones. El periodismo no puede sentirse cómodo en este campo de juego en el que se convierte en puro instrumento de otros. Se dirá que ya lo es en muchas otras ocasiones: razón de más. Que los medios sean agentes políticos no significa que los periodistas aceptemos sumisamente que se nos convierta en instrumentos políticos.  Vamos ahora a las rayas marcadas sobre el territorio. ?La práctica totalidad de los diarios cuya línea se determina en Catalunya?. ¿Por qué no ?todos?? ¿Habrá algún periódico cuya línea se determine en Cataluña que no haya firmado el editorial? Pues sí: hay un editor en Barcelona que determina la línea de uno de los periódicos que se editan en Madrid, un periódico que milita contra el Estatut, algo que curiosamente es compatible con mantener la propiedad de un periódico que no tiene suficiente con este Estatut. Los otros periódicos y editores 'cuya línea...' quedan fuera, separados, segregados. La frase final: ?Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable?. No está en el plano del análisis ni de la valoración. Más allá de la toma de posición, entra directamente en el terreno puro de la acción política. Como un partido. O mejor, una coalición de periódicos que mima a una coalición de partidos. La advertencia es clara: en 1906 todos los partidos catalanes, desde los carlistas hasta los republicanos federales, se unieron en un potente movimiento que primero se movilizó en la calle y luego se presentó a las elecciones generales de 1907, obteniendo 41 de los 46 escaños catalanes. La Solidaritat Catalana surgió frente a la Ley de Jurisdicciones, que sometía los delitos de opinión a consejos de guerra formados por militares. El catalanismo de principios del siglo XX buscaba la unidad en un movimiento que quería modernizar y democratizar España. Por tanto, ni la cruz ni la raya. Pero el resto, el fondo, podría llevar mi firma. Aunque hay que decir que los editoriales conjuntos son, ante todo, cuestión de formas.

[Publicado el 27/11/2009 a las 07:23]

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Dioramas del nuevo mundo

Es el abrazo del ángel con el diablo. Luis Inácio Lula da Silva, el presidente que ha convertido el país del futuro en la potencia del presente, admirado e idolatrado en las capitales occidentales, se estrecha sin remilgos con el presidente déspota y tramposo que han puesto los ayatolás fundamentalistas al frente de la República Islámica de Irán, ese maldito Mahmud Ahmadinejad que amenaza a Israel con un nuevo holocausto y prepara para ello un arma nuclear en sus silos secretos. No son, pues, Obama en Pekín ni el primer ministro indio, Manmohan Singh, en la cena de Estado de la Casa Blanca los protagonistas de los dioramas que estos días mejor reflejan las nuevas relaciones internacionales. No hubo grandes noticias ni por tanto imágenes de alto significado en el viaje asiático de Obama hace dos semanas respecto a sus predecesores. Como tampoco las hubo en el máximo tratamiento protocolario recibido este martes por India en su compleja y cada vez más estrecha relación con Washington. Siendo ambos muy significativos en el despliegue de las nuevas relaciones internacionales del Washington obamiano, lo que prima ante todo es la continuidad. Con China, ya remota, desde la semilla sembrada en 1972 por Kissinger y Nixon. Con India, más inmediata, culminado ya con Bush hijo el viraje o cambio de alianzas desde las estrechas relaciones con Moscú hasta las actuales casi perfectas con Washington. Lo nuevo es esa foto, de calibre todavía prohibido en el resto del mundo, que expresa las prisas y el adelanto que está tomando Brasil en su acción internacional respecto a otros jugadores más conservadores o débiles. Una foto que no hay que contemplar suelta, sino en el álbum presidencial, donde aparecen los recientes y correspondientes abrazos con el presidente israelí Shimon Peres y con el presidente palestino Abu Abbas. Brasil no es tan sólo una nueva potencia económica y el mayor jugador de la escena latinoamericana. Ahora ha enseñado cartas de mayor calibre: quiere jugar en los dos conflictos más envenenados de la nueva escena, en un paso con el que Lula apuesta por adoptar posiciones propias y no siempre en perfecta sintonía con su aliado Barack Obama, como demuestran las diferencias respecto a la resolución de la crisis hondureña. La jugada está llena de riesgos. No es extraño el contraste entre el abrazo y las severas palabras de Lula respecto a los principios, quizás más duras y directas que las que tuvieron que escuchar los chinos de boca del presidente norteamericano: "La política exterior brasileña está anclada en el compromiso con la democracia y el respeto a la diversidad. Defendemos los derechos humanos y la libertad de elección de nuestros ciudadanos con la misma vehemencia con la que repudiamos todo tipo de intolerancia y de recurso al terrorismo". El abrazo y la admonición. Los intereses y los principios. La jugada de riesgo y la garantía para cubrirse. Finalmente, Lula sólo puede ceder en la imagen si consigue ganar en los hechos, algo que no está nada claro pero que va en su propio interés y credibilidad como potencia. Para jugar en el nuevo tablero global hay que tener cartas de todos los palos. El papel que Brasil está imaginando ahora se recorta sobre el que ha venido desempeñando Europa. Y sucede en el preciso momento en que la Unión Europea estrena Tratado y remoza su cúpula dirigente. Pero estas escenas de cambio apenas cuentan como dioramas del nuevo mundo. Expresan el ensimismamiento europeo frente al hambre de balón de los emergentes. No son resultado de la voluntad sino de su falta. Los nombramientos de los nuevos cargos, y sobre todo la sustitución de Javier Solana, el político europeo con mayor experiencia de la escena internacional, por la baronesa Upholland, sin experiencia diplomática alguna, se hallan en las antípodas del gesto arriesgado de Lula. No es ya la teoría del mínimo común denominador lo que ha conducido a que Durão Barroso renovara su mandato como presidente de la Comisión tan prematura y frescamente antes de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, y a que luego se nombrara para los dos nuevos altos cargos a quienes menos molestan a los grandes de la UE. Los tres nombramientos son fruto de la ausencia de voluntad y de objetivos por parte de los líderes de los 27 y sobre todo de los más grandes, de forma que finalmente gana quien pasa más desapercibido. Es la elección por defecto. Todo lo contrario de la energía que mueve las jugadas protagonizadas por quienes de verdad están jugando la partida: Estados Unidos, China, Brasil, por supuesto, pero también Rusia, Irán o Venezuela. La política internacional también es un deporte de riesgo y de contacto, en el que de vez en cuando, para vencer, hay que abrazar al diablo.

[Publicado el 26/11/2009 a las 10:21]

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El deber con la palabra

No es la economía. Tampoco la tecnología. Es la sociedad. La disolución o devaluación de conceptos sobre los que se han asentado nuestras sociedades hasta ahora. La idea de que pueda haber un interés general, por ejemplo: está desapareciendo como el hielo de los polos, sustituida por el barro de una agregación de intereses individuales y grupales. El espíritu ilustrado, que concedía mayor valor a la pluralidad y a la libre confrontación de ideas que a las ideas mismas; sustituido por el aire chamuscado de la corrección política. El optimismo de un mundo que se sentía capaz de gozar de la libertad y de decidir con atención a su raciocinio; arrollado por la civilización de los riesgos y de los miedos, en los que cada uno se defiende a sí mismo y a los suyos y las gentes se agrupan para defenderse y protegerse de todo y en todo: intereses, ideas, seguridad física. ¿Cómo no estará en crisis el periodismo, si ha crecido en una tierra y ha respirado un aire que a veces parecen esfumarse? Sin interés general, sin pluralismo ni libre confrontación de ideas, sin decisiones tomadas en libertad tras la correspondiente deliberación democrática, poco puede quedar del periodismo que hemos conocido. Poco también de la idea de ciudadanía democrática, sustituida por las tribus y los lobbies, los fundamentalismos y las religiones culturales. Ahí quedaremos, solos y aislados, políticamente corregidos según el código de adhesión elegido, agazapados todos en los correspondientes nichos tecnológicos, cada uno con los nuestros, en un mundo globalizado pero atufante y esclavizado. Esta antiutopía que ahora asoma el morro no debe llegar a convertirse en realidad. Y los primeros que debemos estrangularla en su nacimiento somos quienes vivimos de la palabra, de su ejercicio libre, y a la palabra nos debemos. 

[Publicado el 25/11/2009 a las 07:29]

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Desmemorias políticas

Ni siquiera en Francia. El género parece irremediablemente perdido. Las memorias ya no se escriben, se dictan. A toda prisa, por encargo de un editor y en la extraña simbiosis con un colaborador que aporta la escritura. Es el signo de la época. El personaje público que ya se ha alejado de las duras justas políticas huye así del examen de conciencia, de la penitencia de una escritura trabajosa en la que purgar sus pecados y sus errores e incluso del gusto por la remembranza o el placer de pasar cuentas mediante el arte literario. Todo se limita a atender a unas preguntas y a pulir después las inconveniencias, en un plano ejercicio de ?fotoshoping? sobre la propia imagen histórica. Por este lado de la vida, la vida política quiero decir, la literatura agoniza en un pantano de mediocridad y comercialismo fatuo. Esta reflexión viene a cuento de mi reciente lectura de las memorias de Jacques Chirac, presidente de la República Francesa desde 1995 hasta 2007, primer ministro de Giscard d?Estaing y de Mitterrand, y sin duda uno de los hombres políticos más importantes del último medio siglo francés y europeo. Su experiencia biográfica y su personalidad son material de buena calidad para tejer unas memorias de primerísimo nivel literario, y sin embargo?El resultado es decepcionante. Mucho menos que los lamentables intentos memorialísticos y novelísticos de su antecesor Valéry Giscard d?Estaing, aunque lejos de la desenvoltura y la mordacidad de su predecesor François Mitterrand, y eso sí a años luz de su modelo político e ideológico, el general De Gaulle. Hay algunos destellos en ?Chaque pas doit être un but?, sobre todo en los primeros capítulos que relatan la infancia y juventud. Pero lo que se impone sobre la sinceridad y sobre la verdad literaria es la corrección política, la perfecta adecuación entre la imagen labrada durante décadas y su reflejo actual, hasta el punto de que sólo en muy raras ocasiones el memorialista se suelta y confiesa. Uno de sus mejores momentos tiene que ver con François Mitterrand, del que fue primer ministro durante la primera cohabitación entre 1986 y 1988, y al que admira e incluso profesa algún género de afecto. El anciano presidente socialista contaba entre sus especialidades una cierta habilidad en el maltrato a su primer ministro conservador, al que tachaba de sectario e intolerante y al que calificaba de jefe de clan y de banda. Pues bien, veinte años después, Chirac admite compungido que su ya desaparecido adversario tenía razón: ?Debo reconocer hoy en día que sus críticas al Estado-RPR (en referencia a su partido, el neogaullista Ressemblement pour la Republique) no eran del todo infundadas y que yo mismo me había encerrado, sin darme cuenta, en un funcionamiento político partidista y en unos esquemas de pensamiento demasiado rígidos?. Este libro abarca hasta la llegada de Chirac al Palacio de Elisée, en 1995. Puede ser que el siguiente volumen sea más sabroso, en la medida en que se intensifica la vida política del personaje y las luchas por el poder en su entorno se convierten en una maraña de conspiraciones y odios sarracenos. Pero este primero apenas nos deleita con los dioramas de arrogancia y de desprecio que protagoniza Giscard d?Estaing y con los atisbos de sus futuras relaciones tempestuosas con Nicolas Sarkozy. Tienen interés algunos retratos políticos, como el que hace de Deng Xiaoping, al que admira profundamente. Mucho más convencional es el de Juan Pablo II. Y se queda corto a la hora de darnos información sobre Sadam Husein, al que trató suficiente como que considerarle ?inteligente, no faltado de humor e incluso bastante simpático?. Pero de todos los retratos, como en cualquier autobiografía, es el suyo propio el que ocupa un lugar central: en estas memorias Chirac se retrata a sí mismo como un francés inconformista y orgulloso, curioso heredero conservador que se reconoce en la tradición radical socialista, europeo de razón pero no de pasión, más a la izquierda que todos sus amigos políticos, aunque siempre centrado en evitar que la izquierda socialista y comunista se lleve el gato al agua. Cuestión central en esta figura, es que no oculta ni su antiamericanismo de raíz totalmente francesa ni su admiración sin límites por el general De Gaulle. Siendo unas memorias interesantes, esmaltadas incluso de algunos detalles jugosos y desconocidos, es una lástima que no haya estado a la altura de su recorrido vital y del brío político con que ha conducido su carrera a la hora de empuñar la pluma. Lo que nos lleva a una pequeña lección europea de esta desigual aventura literaria. Aquí necesitamos de nuevo políticos que escriban de su propia mano. (O que sepan como mínimo poner a trabajar a sus colaboradores sobre sus ideas de fondo. Como hace Obama). Liderar requiere ideas y no hay ideas sin escritura. La regeneración política es también una regeneración literaria. En las memorias de nuestros políticos se mide el ángulo de la pendiente en la que nos deslizamos. Suavemente, sin darnos cuenta. No se entiende la publicación de este libro fuera del contexto de la actual presidencia de Sarkozy, personaje que contrasta en todo con la humanidad y la entrega generosa a su país de que quiere hacer gala Chirac. A sus 76 años, su autor se halla, además, encausado ante los tribunales por el escándalo de los empleos ficticios en el ayuntamiento de París e impugnado por quienes fueron sus amigos políticos por su comportamiento en el llamado Angolagate. Además, ha quedado también salpicado por el asunto Clearstream en el que ha sido juzgado su ex primer ministro Dominique de Villepin. No es extraño su esfuerzo por salvarse con estas memorias ante sus conciudadanos, entre los que conserva una alta popularidad, en contraste con las amarguras que le ha proporcionado su turbulenta y rica vida política.

[Publicado el 24/11/2009 a las 07:22]

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La eficacia del diablo

Diabólicamente eficaces a la hora de preservar sus propios márgenes de poder y de acción. La frase de Felipe González, pronunciada en los mismos días en que se estaba cocinando el acuerdo sobre los nombramientos de altos cargos de la Unión Europea, vale para el todo, pero no es aplicable a las partes. Tiene toda la razón el presidente del Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa al hablar de ineficacia diabólica cuando se refiere al Consejo Europeo y a sus decisiones, pero no la tiene si se refiere a las decisiones en las que están en juego los poderes de todos y cada uno de los representantes de los 27 ejecutivos que conforman el Consejo. Éste es el caso de los nombramientos. A los 27 les interesa contar con una cúpula de la UE dócil y manejable: un presidente de la Comisión que limite su capacidad de iniciativa y de agitación y actúe como un coordinador y secretario al servicio del Consejo; un presidente del Consejo Europeo que se limite a presidir ordenadamente las reuniones y sea incluso capaz de buscar consensos; y un alto representante y vicepresidente de la Comisión que sea, sobre todo, el coordinador del nuevo Servicio Exterior, a disposición de las políticas exteriores de los 27. Ninguno de los tres personajes debe eclipsar, sobre todo, a los tres grandes: al premier británico, al presidente francés y a la canciller alemana. Y de carambola, tampoco a los no tan grandes, como son el italiano, el español o el polaco. Conocemos perfectamente cómo funcionan las cosas. La eficacia diabólica de que han hecho gala ahora con los nombramientos es la que explicará la ineficacia diabólica que se seguirá en el futuro cuando se quiera tomar decisiones. Lo que ha contado no son las biografías europeístas más brillantes, sino la capacidad de adaptación a las conveniencias de los jefes de Estado y de Gobierno. Conveniencias que son de dos tipos. Las más formales: que se acomoden a los sistemas de compensaciones, cuotas y equilibrios. Y las más de fondo: que se comporten exactamente como quieren los primeros ministros y jefes de Estado. Las designaciones del jueves por la noche de Herman van Rompuy como presidente del Consejo Europeo y de Margaret Ashton como alta representante para la Política Exterior, que se suman a la designación adelantada en junio del presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, han cumplido con buena parte de los primeros requisitos y con la totalidad de los segundos. Hay dos conservadores, el presidente de la Comisión y el presidente del Consejo, y una laborista, la alta representante. Uno de los tres es mujer, una exigencia finalmente perentoria. Los países pequeños, que conforman ahora mismo la mayoría de los socios, están representados por el presidente belga. Falta la componente de Europa oriental. Pero, de otra parte, los tres son de perfil bajo y con unas biografías políticas que no van a hacer sombra alguna a los amos de Europa. No hace falta insistir en el nombre de Tony Blair, con fama y trayectoria oscurecidas por su sumisión a Bush y su apoyo impenitente a las mentiras de las armas de destrucción masiva que condujeron a la guerra de Irak; ni el de Felipe González, que no quería. Basta con citar al finlandés Martti Ahtisaari, premio Nobel de la Paz en 2008 por su labor de mediación en procesos de paz en Namibia, Irlanda del Norte, Aceh y Kosovo; a Joschka Fischer, el alemán que hizo cambiar la política exterior de su país y le implicó por primera vez en operaciones militares de mantenimiento de la paz en el extranjero; o a la ex presidenta de Irlanda y ex comisaria de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Mary Robinson. Los interlocutores de Obama y Hu Jintao en la globalidad multipolar que estamos diseñando no serán Durão, Van Rompuy o Ashton, sino que seguirán siendo Gordon Brown (pronto David Cameron), Nicolas Sarkozy y Angela Merkel. En vez de actor global, varios actores débiles y divididos. Una Europa que espontáneamente adopta el lema de la sumisión: el divide et impera que propugnaban los romanos. Europa merecía más, pero deberá conformarse y trabajar con menos. Como ha venido sucediendo siempre. Gracias a la eficacia del diablo. (Enlace con las palabras de Felipe González).

[Publicado el 23/11/2009 a las 07:10]

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Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

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