El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 11 de febrero de 2012

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

Doble e infame veto

La superpotencia derrotada de la Guerra Fría y la superpotencia ascendente del siglo XXI han trazado una raya en la arena. Hasta aquí hemos llegado. El momento es dramático. Moscú y Pequín sacan pecho justo cuando Washington y Bruselas demuestran mayores dificultades para gobernarse, gobernar el mundo y rescatar a las economías occidentales del pozo. Es una demostración de la debilidad de unos y de la pujanza de los otros, un momento del desplazamiento de poder en el mundo, del que las revueltas árabes son el último y más espectacular avatar. Detrás de las superpotencias clásicas también sacan pecho las aspirantes, los emergentes: Brasil, India y Suráfrica. A costa de los sirios, que sufren lo indecible bajo la bota de un régimen criminal: 2.700 ciudadanos fallecidos en los seis meses de revuelta, millares de heridos, detenidos y torturados, decenas de miles de refugiados en Turquía, Líbano y Jordania. La discusión y el debate en el Consejo de Seguridad sobre Siria ha sido la segunda vuelta, con resultado adverso, de las resoluciones sobre Libia, que permitieron la intervención área de la OTAN y el derrocamiento de Gadafi. Rusos y chinos han rechazado una aguada resolución largamente negociada por los europeos contra el régimen de Bachar el Asad, en la que ni siquiera se hablaba de sanciones y todo se limitaba a advertencias, reproches y buenos deseos. Los argumentos de los rusos, que como es habitual son los que han llevado la voz cantante, son terribles y devastadores para los revolucionarios árabes que quieren deshacerse de los autócratas: simetría entre régimen y oposición, a la que también se responsabiliza de la violencia; exclusión abierta de cualquier intervención internacional; rechazo ya no a cualquier régimen de sanciones sino a las meras presiones; y reconducción de la acción internacional a las arcangélicas recomendaciones de diálogo y de reformas. No hay hipocresía alguna, al contrario. En todo caso, cinismo. Es una exhibición de fuerza y una advertencia. La responsabilidad de proteger, consagrada por Naciones Unidas en 2005, recibe un duro revés después de aquel éxito inesperado en el caso de Libia. Regresan al galope los principios de no injerencia y de respeto a la soberanía nacional. Moscú y Pekín se sienten más que insatisfechos por la aplicación de las resoluciones contra el régimen de Gadafi. Sostienen que no se ha protegido a la población civil de los ataques del coronel sino que todo se ha hecho para cambiar el régimen. Por la cuenta que les trae como países violadores de los derechos humanos y sin escrúpulos a la hora de acudir a la fuerza, cortan por lo sano la posibilidad de una expansión del principio de la responsabilidad de proteger. Es también un recordatorio a Washington respecto a su reiterado uso del derecho de veto para defender al gobierno de un país como Israel, vecino y enemigo nada menos que de Siria, protegido y aliado histórico de Moscú desde los tiempos gélidos del mundo bipolar. Rusia y China han utilizado el derecho de veto para frenar a los occidentales en Siria. Es un hito en la evolución de las revueltas árabes: las dos superpotencias han sacado el lápiz para marcar el mapa. Lo hizo ya anteriormente Arabia Saudí con su intervención armada en Bahrein. Europa y Estados Unidos, en un instante excepcional de acierto geopolítico, lo consiguieron también con los bombardeos de la OTAN en Libia. No es frecuente el uso del derecho de veto conjuntamente por parte de dos países en el Consejo de Seguridad. Esta rara pareja lo ha utilizado en tres ocasiones nada gloriosas, que marcan una línea de conducta en defensa de las dictaduras y un inquietante sendero para el siglo XXI. En 2007, Rusia y China rechazaron una resolución que pedía el respeto de los derechos humanos y la liberación de los presos políticos, entre ellos de Aung San Suu Kyi, en Birmania; en 2008 evitaron un régimen de sanciones y el embargo de armas contra el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe; y ahora sortean cualquier apercibimiento a Siria por la represión desencadenada contra las protestas ciudadanas. Brasil, Suráfrica e India no han querido dejar solos a chinos y rusos: situados junto a Estados Unidos y Europa, la votación hubiera arrojado doce votos a favor y dos en contra, con la abstención obligada de Líbano, suficiente para salvar a Assad pero con un alto precio simbólico para Rusia y China, que igual hubiera cambiado su voto. Los emergentes también esperan sacar su tajada geopolítica de los cambios y de la debilidad europea y estadounidense, y a la vez no enemistarse innecesariamente con los ganadores del envite. La infamia del veto doble ha llevado a Alemania, propensa a desmarcarse como si fuera un emergente más, a votar con Washington y los otros países europeos y dejar así un incongruente mensaje después de abstenerse en la resolución contra Gadafi. Europa es débil, pero al menos esta vez existe.

[Publicado el 06/10/2011 a las 01:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

El mito de la guerra limpia

Los márgenes de error pueden disminuir, pero es muy difícil que desaparezcan. La guerra de los drones, ahora tan de moda, también mata a inocentes. Recibimos datos de su eficacia cuando los golpes teledirigidos se llevan por delante a algún enemigo destacado de Washington, pero nada se nos dice sobre la cantidad de víctimas inocentes que caen por su proximidad física con los presuntos culpables o sencillamente por errores en la información recogida sobre el objetivo. Algunos especialistas aseguran que el nivel de error es tan alto como para poner en cuestión el método, sin necesidad de entrar en otras consideraciones, por importantes que sean, de tipo jurídico y moral. El principal problema que plantean los drones en el plano político es que pueden servir para liquidar a enemigos de Estados Unidos pero poco contribuyen a ganar partidarios entre la población civil. De ahí que puedan producir incluso efectos contraproducentes y conduzcan a perder políticamente las guerras que se vencen militarmente. Algo así es lo que está ocurriendo en Afganistán y Pakistán, donde muchos terroristas han sido eliminados pero no se ha avanzado mucho en ganarse la simpatía y las voluntades de unos civiles que se sienten atacados y perseguidos por la superpotencia. Algo similar puede estar ocurriendo en Yemen, donde la CIA ha efectuado su último y más espectacular golpe en mitad del caos de las protestas, la represión y combates entre grupos armados. En el caso yemení, la guerra de los drones tiene este inconveniente suplementario. Se produce en un territorio donde ahora mismo hay numerosos enfrentamientos y guerras civiles cruzadas entre el gobierno del dictador Ali Abdulá Salé, disidentes de su ejército, guerrillas tribales y la población civil que quiere terminar con el régimen. De momento, el golpe teledirigido que terminó con Al Aulaki puede servirle al presidente Salé para reforzar su posición y evitar el cumplimiento del acuerdo, varias veces firmado y otras tantas incumplido, de abandonar el poder. Es probable, incluso, que este haya sido el objetivo diseñado desde la CIA, como una contribución a la tarea estabilizadora y contrarrevolucionaria de Arabia Saudí. El mito de la guerra limpia está asociado a la tecnología. La primera guerra del Golfo ya nos transmitió la idea perversa de que se podía hacer la guerra con golpes de precisión desde el aire. Los vídeos verdes fosforescentes donde se podían ver supuestos objetivos militares alcanzados pretendían ilustrarla y demostrarla. Pero después las informaciones y las imágenes de la devastación entre la población civil fueron destruyendo con gran rapidez aquella candorosa mitología militar. Ahora, con el golpe de Yemen, esta guerra de los drones pinta como todo lo contrario de la guerra limpia. Puede que sea sucia incluso en su objetivo político. (José Ignacio Torreblanca daba ayer en su estupendo Café Steiner algunos enlaces sobre la guerra de los drones. Ahí van dos más muy sugerentes: uno ya clásico de Jane Meyer en New Yorker y otro más reciente de Michael Moran en GlobalPost).

[Publicado el 05/10/2011 a las 01:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

El poder soberano

El poder soberano es el que tiene derecho a disponer de la vida de los súbditos. Es así en sus orígenes remotos y sigue siendo así en esencia en las formas más evolucionadas de la soberanía, que rige o venía rigiendo hasta ahora en los límites acotados de un territorio. Siempre se ha creído que la superación de las soberanías nacionales se produciría por su reabsorción desde nuevas instancias multilaterales. Este sería el caso si llegara a existir una jurisdicción penal internacional con capacidad y mandato para actuar en cualquier rincón del planeta. El derecho a disponer de la vida de los seres humanos quedaría confiado así a una suprema instancia del derecho. Algo se ha avanzado en esta dirección, como muestra la notable actividad de la Corte Penal Internacional en la persecución de los criminales de las guerras balcánicas. Pero en paralelo ha avanzado otra ámbito de acción soberana universal, ajena al derecho, y que por ello mismo no puede merecer el nombre de jurisdicción, como es la ejecución sumaria sin detención previa, sin investigación probatoria ni juicio público y contradictorio por parte de las autoridades estadounidenses de aquellas personas a las que consideran que ponen en peligro vidas e intereses de su país. Para que tenga lugar tal tipo de operación no basta con la voluntad de realizarlas. Muchos Estados de todos los tamaños y potencia han realizado anteriormente ?asesinatos selectivos?, Estados Unidos entre otros, mediante la actuación de agentes de sus servicios especiales en el extranjero. Lo que caracteriza y define las actuales transformaciones en este tipo de acciones es el uso de una tecnología sofisticada, como son los aviones teledirigidos, que permiten eliminar a extraordinaria distancia a cualquier víctima previamente seleccionada, sin necesidad de contacto ni siquiera visual con el objetivo. La muerte en Yemen del dirigente de Al Qaeda Anuar el Aulaki es la acción más espectacular y publicitada de una actuación de amplio alcance en la que Estados Unidos está eliminando con gran paciencia y precisión a decenas si no centenares de militantes y dirigentes de grupos que tienen declarada la guerra a Washington en puntos muy distintos del planeta, Al Qaeda entre otros, y fundamentalmente en Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia. Uno de los más graves problemas de estos avances tecnológicos en las formas de librar esta especie de guerra es el efecto de la emulación. Algún día Rusia o China van a intentarlo, y también Corea del Norte, Irán o Arabia Saudí, países todos ellos que suscitan escasa confianza. Hay un país, como Israel, que ya está en la vanguardia y del que se puede decir que ha marcado el camino a Washington, pues ha sido pionera en asesinatos selectivos y probablemente también en el uso de los drones. No basta o es muy poco útil una visión meramente pragmática y utilitarista de estas acciones armadas. Quienes no quieran acogerse al garantismo judicial a la hora de criticar y emitir su valoración sobre estas ejecuciones extrajudiciales, y se sientan en cambio tentados a defender el uso legítimo por parte de Obama de unas armas con las que se desembaraza de enemigos evidentes de su país y de un peligro cierto para sus conciudadanos, deben pensar precisamente en la emulación que desencadenan estas actuaciones. Todos los países que se precien querrán tener acceso a esta tecnología, poseer su equipamiento en drones y luego ejecutar sumariamente a sus enemigos peligrosos en el extranjero, algo sumamente peligroso si además son países o poderes antidemocráticos e iliberales quienes pueden disponer de ellas. Los drones configuran la idea tenebrosa de un poder soberano planetario, cuyo control y escrutinio queda fuera del alcance de quienes están sometidos o protegidos por su acción letal. Como máximo, pueden controlarlo unas instituciones nacionales o locales que necesariamente no se preocuparán de los intereses y los derechos del conjunto de los afectados, todos los seres humanos. Basta con imaginar la construcción de un catálogo de enemigos de la paz y de la humanidad, ejecutables por una orden presidencial desde Washington, para que nos demos cuenta del laberinto legal y moral en el que nos están metiendo o nos estamos metiendo.

[Publicado el 04/10/2011 a las 01:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Una incertidumbre menos

De todas las sorpresas que nos puede deparar 2012, una ha quedado ya descartada. No sabemos si Obama alcanzará su segundo mandato presidencial o si un republicano lunático y extremista será el próximo inquilino de la Casa Blanca. Tampoco si un socialista conseguirá desbancar a Nicolas Sarkozy como presidente de la República. Tenemos la quiniela bastante segura respecto a la futura cúpula del comunismo y del Estado chino, la quinta generación después de Mao Zedong, aunque habrá que esperar al congreso del omnipotente Partido único para conocer la correlación de fuerzas interna entre los mandarines que rigen la nueva superpotencia emergente. Donde no queda margen para el error es en Moscú: ya sabemos los resultados de las elecciones presidenciales de marzo. Quienes siempre hacen la apología de lo previsible en política pueden estar satisfechos. La democracia soberana rusa ha proporcionado toda una lección de cómo evitar los cabos sueltos, fuente siempre de conflictos, respetando las sagradas apariencias de los procedimientos electorales. Habrá elecciones. Con distintas opciones. La Constitución, que prohíbe al presidente presentarse a un tercer mandato, será respetada, sin necesidad de cambiar las reglas de juego a mitad del partido. Y, sin embargo, todo saldrá según lo previsto. Por si no estaba claro. Las democracias soberanas solo son democracias en el nombre, es decir, en la apariencia de una farsa electoral con urnas y papeletas. No hay división de poderes. No hay control parlamentario del ejecutivo. Menos todavía lo hay del judicial. Los medios de comunicación se hallan encadenados, los periodistas independientes son acosados y a veces asesinados. La libre empresa funciona si se somete al poder; en caso contrario, se convierte en actividad delictiva, que comporta la desposesión y la cárcel. Y eso sí, quien se somete a las tácitas reglas de la autocracia puede llegar lejos, en poder y en riqueza. A esto se dedica la nueva burguesía de los 'siloviki', los exmiembros de los servicios secretos que tienen en Putin a su máximo representante. Presidente y primer ministro los últimos doce años, ocho y cuatro respectivamente, el jefe de los 'siloviki' será presidente como mínimo los próximos seis. Llegó al poder como primer ministro de un Borís Yeltsin convertido en una ruina, en agosto de 1999; el último día de aquel año se convirtió en presidente interino; y ya no se ha ido. Presidente en 2000 y de nuevo en 2004, ante la imposibilidad de una inelegante reforma constitucional que le diera un tercer mandato --aunque sí la hizo para alargar cada período de cuatro a seis años?, dejó a Dmitri Medvédev que le calentara la silla y ahora va a enfilar doce años más, seis y seis, que le colocarán en el olimpo ruso de los autócratas, junto a Stalin (31 años), Bréznev (18) y los zares más longevos.

[Publicado el 03/10/2011 a las 01:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Catálogo del cambio

Las mujeres tunecinas van a votar el 23 de octubre en las primeras elecciones democráticas que contarán con listas paritarias y servirán para conformar la Asamblea Constituyente. Las mujeres saudíes no votan en las elecciones municipales que se celebran hoy y deberán esperar a 2015 para gozar del sufragio activo y pasivo en los comicios locales. La caída de Ben Ali decapitó los proyectos de sucesión dinástica organizada por los familiares del dictador, al igual que ha sucedido en Egipto y en Libia. En Túnez no eran los hijos los candidatos sino la propia esposa de Ben Ali, la todopoderosa Leila Trabelsi, quien aspiraba a sucederle. En Arabia Saudí las mujeres apenas aspiran a conducir el automóvil, delito por el que una señora de Yeda ha sido castigada a recibir diez latigazos. Entre la revolucionaria Túnez y la contrarrevolucionaria Riad, se extiende el catálogo del cambio que se ha producido en el mundo árabe desde el 14 de enero cuando Ben Ali se fugó a Arabia Saudí, donde vive ahora exiliado. En toda la geografía árabe la oleada ha producido unos efectos internos en cada uno de los países, desde el cambio de régimen hasta el anuncio del sufragio femenino. Y otros externos, desde los bombardeos de la coalición internacional para apoyar la revolución contra Gadafi en Libia hasta la intervención militar de Arabia Saudí, junto a los países del Consejo de Cooperación del Golfo, para reprimir a los revolucionarios en Bahréin. En este amplio abanico encontramos de todo: dos transiciones en marcha con elecciones democráticas ya programadas, una guerra civil a punto de concluir, dos largas revueltas de horizonte incierto, varias reformas constitucionales, remodelaciones de gobierno o simples medidas económicas para aplacar las protestas. La factura de sangre no es liviana, sobre todo donde hay guerra como en Libia, una represión desenfrenada como en Siria, o ambas cosas, enfrentamientos civiles y represión como en Yemen: son millares los heridos y muertos por efecto de la represión y de los enfrentamientos, hay cárceles que se vacían y cárceles que se llenan según los países, y policías que dejan de torturar, policías que siguen torturando y policías que torturan más que nunca. Cada uno de los casos permite identificar un modelo de comportamiento frente a las protestas, aunque también un aprendizaje por parte de los gobernantes. Ben Ali y Mubarak creyeron que bastaría la promesa de abandonar el poder en las siguientes elecciones y de renunciar a una sucesión familiar. Gadafi dedujo que debía aplastar la revuelta antes de pensar en ceder en algo. Ali Abdalá Saleh combinó ambas estrategias: ha prometido todo, no ha cedido nada y sigue reprimiendo, aunque ha estado a punto de morir en los enfrentamientos. Ha quedado demostrado algo que ya se sabía, desde Maquiavelo al menos: que los príncipes hereditarios proporcionan más estabilidad que los príncipes nuevos. Mohamed VI decepcionó al principio y avanzó algo más en las reformas en cuanto percibió la profundidad del tsunami, para acotar luego el perímetro del cambio con el objetivo de no perder el control patrimonial del Estado, que es lo que intentan todos los monarcas. El rey saudí Abdulá Abdulaziz tenía un esquema claro: el inmovilismo, pero también la contrarrevolución. Si hay que hacer cambios, que sea en proporciones microscópicas. Hay que rechazar el comportamiento desagradecido de Washington y de los europeos con Ben Ali y Mubarak. También para evitar que cunda el mal ejemplo: solo faltaría que todos los descontentos del mundo derrocaran a quienes deben obediencia. Y si hace falta, se manda los tanques para asegurar la estabilidad en la Península Arábiga, donde los vecinos se rigen con los Saúd por la doctrina Breznev de la soberanía limitada: véase Bahréin y Yemen. Fuera del catálogo también cuentan tres países que ni son árabes ni están directamente afectados por esa primavera. El primero es Israel, entreverado con los árabes y acogido a la vía inmovilista de los saudíes: mejor que nada hubiera cambiado y en todo caso vamos a seguir como si nada haya cambiado. El segundo es Irán, totalmente ambivalente. Su esfera de influencia chií le llama a temer la caída del régimen amigo de Siria, pero a la vez a promover las revueltas chiíes en su zona de influencia. Teme que la revolución erosione al régimen de los ayatolás pero el régimen revolucionario islámico debe apoyar a los revolucionarios. El tercero es Turquía, que empezó arrastrando los pies como los occidentales, pero aspira a convertirse en la potencia regional decisiva. Es un catálogo abierto, del que solo conocemos las primeras páginas. Desmiente a los escépticos del cambio. Han cambiado todos los países internamente y ha quedado modificado el entero mapa geopolítico. Pero solo es el comienzo. Dentro de pocos meses este catálogo necesitará muchas más páginas y empezaremos a saber cuál es el color dominante.

[Publicado el 29/9/2011 a las 01:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Dos tazas

La respuesta es siempre la misma. Llueva o haga sol. Para responder a la violencia o para enfrentarse a una iniciativa pacífica. Cuando negocia y dialoga o cuando rompe relaciones. El gobierno de Israel va a autorizar la construcción de 1.100 viviendas adicionales detrás de la línea verde, la antigua demarcación que separa al territorio reconocido internacionalmente de los territorios ocupados en 1967. Si los palestinos no querían caldo, Israel les va a dar dos tazas. Construir en territorio conquistado y seguir poblando fuera del perímetro de sus fronteras legales es lo único que saben hacer los gobiernos de Israel en cualquier circunstancia. El nuevo anuncio es la respuesta a Mahmud Abbas por su petición de reconocimiento internacional, pero también es la respuesta a Obama, cuya administración ya ha condenado la iniciativa. Para que sepa que el apoyo incondicional recibido del presidente estadounidense no genera obligación alguna de facilitarle las cosas. Al contrario: habilita a Netanyahu a seguir torciéndole el brazo. También es una respuesta astuta a quienes desde la derecha de Netanyahu, la ultra derecha, claro, piden directamente la anexión de Cisjordania: que no se quejen, algo les han dado. Las nuevas viviendas estarán emplazadas en Jerusalén Este, donde cualquier asentamiento recibe una doble legitimidad para el expansionismo israelí: estamos hablando de la capital eterna de los judíos. Estas viviendas traducen un patrimonio espiritual en propiedades inmobiliarias, un elemento central en la cultura judía en una pieza clave de la política israelí y un mensaje inconfundible de la diplomacia de Netanyahu: es el rechazo sin paliativos a la fórmula de los dos Estados. Dos tazas de colonización, pero un solo Estado, el israelí. La razón, la ley o la justicia no tienen nada que ver con esto. Menos todavía los valores morales y religiosos judíos. Solo atiende este caso a una dimensión: la fuerza. Quien más tiene es quien gana. Al menos de momento. Israel tiene el ejército más poderoso de Oriente Próximo, el arma nuclear y el apoyo incondicional de Estados Unidos, la mayor superpotencia militar de la Historia. Por eso puede seguir colonizando cuando la lógica más elemental aconsejaría paralizar los asentamientos, incluso sin reconocerlo. Pero no: a Netanyahu tampoco le basta con el fuero, quiere el huevo. Lo quiere todo, el poder y la gloria. Pero debe ir con cuidado: los excesos y la falta de mesura suelen terminar mal. Quien lo quiere todo, puede terminar con nada

[Publicado el 28/9/2011 a las 10:19]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La historia inconmovible

"La Historia Inconmovible de mi nación me enseña que en esta parte del mundo nada cambia y que está prohibido albergar cualquier esperanza. La Literatura Recalcitrante de mi nación me enseña que la falta de esperanza no me impide pedir un cambio y, más generalmente, comportarme como debe hacerlo un ser humano". Leo estas frases en Varsovia, en las mismas horas en que Mahmud Abbas pide para Palestina lo que le niega Benjamin Netanyahu, justo cuando los yemeníes y los sirios salen una vez más a la calle y mueren tiroteados por sus propios ejércitos. Son palabras que trascienden las circunstancias en que fueron escritas. Pertenecen a Stanislaw Baranczak, Poznan, 1946, poeta, crítico literario, profesor en Harvard cuando las escribió. Su país empezaba entonces a navegar en libertad, hace 20 años. Versaban sobre lo que ocurrió 10 años antes, ahora se cumplen 30, en 1981, cuando la ley marcial cortó por lo sano la oleada liberadora que significó la creación de Solidarnosc. El libro se titula 'Respirando bajo el agua y otros ensayos sobre Europa oriental', editado en 1990, y es uno de los pocos que hay a la venta en inglés a disposición del viajero que embarca en el aeropuerto Frederic Chopin. Esta vieja historia de los combates polacos por la libertad interesa cada vez menos a quienes viajan a este próspero país socio de la Unión Europea, cuya economía crece al 4% y se cuenta entre las naciones más felices de Europa, según una encuesta del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo. Tampoco parece interesar mucho a los polacos, orientados hacia el futuro y optimistas como nunca lo habían sido durante su larga y trágica historia de pueblo oprimido y nación abolida. Acaban de descubrir ahora en su subsuelo un enorme yacimiento de gas de esquisto, el mayor de Europa, que podría proporcionarles suministros para 300 años, la soberanía energética que ahora no tienen, y que compensa la amargura por el nuevo pacto germano-ruso de la energía -el gaseoducto submarino Nord Stream, que suministrará gas ruso a los alemanes, puenteando a Polonia-, sombra pacífica del maldito pacto Molotov-Ribbentrop que significó la partición entre Berlín y Moscú en 1939. Esas palabras salidas de la resistencia valen todavía para el vecindario oriental de Polonia, donde se cruzan los intereses y los ideales. En Ucrania, la jefa de la oposición, Yulia Timochenko, está en la cárcel. En la dictadura que es Bielorrusia podría caber perfectamente Gadafi como exiliado de honor. Moldavia es un país escindido, pues alberga desde 1990 el territorio de la república de Transnistria, prorrusa y no reconocida internacionalmente. Georgia se halla en una situación parecida, con la escisión de la república de Osetia del Sur, prorrusa, resultado de la guerra de 2008. Armenia y Azerbaiyán, sin relaciones diplomáticas entre ambas, mantienen todavía el contencioso por Nagorno Karabak, por el que mantuvieron hostilidades entre 1988 y 1994. Desde su actual presidencia semestral europea, Polonia va a impulsar ahora la Asociación Oriental, en la que están incluidos estos seis países europeos que anteriormente pertenecieron a la Unión Soviética, con el objetivo de promover las relaciones comerciales y económicas, favorecer el desarrollo político y el respeto de los derechos humanos, construir una zona de libre comercio y libre circulación de personas y plantear incluso en el futuro la integración en la UE. El 29 de septiembre todo este programa recibirá un fuerte impulso cuando se reúna la primera cumbre de dicha Asociación en uno de los momentos más cruciales de la presidencia semestral polaca. Es del interés económico de Varsovia proyectar su influencia como socio europeo en su inmediato entorno oriental; pero también quiere atraer a estos países hacia Europa para avanzar sus piezas en el juego geopolítico frente a Rusia. Tendrán que pasar quizás veinte o treinta años para que uno de los países árabes alcance una posición como la que tiene Polonia ahora. La Historia Inconmovible de Baranczak no cambia sin ayuda ni empujones, como los de los polacos estos días a favor de sus vecinos de la Europa exsoviética. Nuestros vecinos del sur del Mediterráneo también lo esperan.

[Publicado el 27/9/2011 a las 01:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La Jerusalén ideológica

Por las piedras de Jerusalén han combatido ferozmente tres religiones, judaísmo, cristianismo e islam. Pero el viejo conflicto religioso apenas explica una sombra de la realidad. Es la capital de las tres religiones pero es también la encrucijada de donde salen tres vías hacia el futuro, tres formas de entender el mundo, la vida y la sociedad política que se entreveran en cada una de las tres religiones y desbordan la geografía jerosolimitana, la del conflicto entre israelíes y palestinos e incluso la inmediata región de Oriente Próximo. Según el filósofo y psicoanalista israelí Carlo Strenger (International Herald Tribune, 17-18 de septiembre), conviven en Israel tres modelos de sociedad radicalmente distintos si no directamente contradictorios: el democrático liberal, el autocrático y el teocrático. El primero atraviesa una seria crisis: cita el profesor al menos tres leyes aprobadas por la Knesset que "ponen en serio peligro la identidad liberal democrática de Israel", todas ellas dirigidas a prohibir o limitar la expresión de la identidad palestina. El segundo, en ascenso, autoritario y laico, muy bien representado por Avigdor Lieberman y sus votantes de origen ruso, tiene que ver más con la democracia soberana de Putin que con la tradición fundacional israelí: considera que Occidente está en declive precisamente por sus excesos liberales e individualistas y ahora es el momento de los Estados fuertes y sin complejos. El tercero, demográficamente en auge, es el de los partidos nacional-religiosos, que esgrimen la Biblia como si fueran las actas de propiedad colectiva del pueblo judío. En los territorios palestinos aparecen solo dos modelos, el teocrático de Hamas y el forzosamente autoritario de la Autoridad Palestina, pero son evidentes los esfuerzos hasta ahora infructuosos por construir la identidad democrática liberal. Lo mismo sirve para el entorno de Israel, sobre todo tras la primavera árabe. El modelo autoritario laico acaba de fracasar. El teocrático fracasó antes: en Irán sobre todo. Y el reto ahora es evitar el regreso a las andadas y la construcción sobre la identidad islámica de unas nuevas democracias liberales. Sólo un modelo conduce a la paz. Por eso sólo se alcanzará si la tracción es de los demócratas liberales de un lado y otro. Cuanto menos haya, cuanto más débiles, menos posibilidades para la paz. Vale incluso para el papel en esta pugna de Europa y Estados Unidos, donde también funcionan los tres modelos, y uno de ellos, el de los cristianos fundamentalistas americanos, es el ancla que impide la partida al navío de los dos Estados. El conflicto entre israelíes y palestinos ha sido fácil excusa o coartada para otros conflictos o burda explicación para muchos males. Pero es bastante más: es la Jerusalén del siglo XXI, el ombligo ideológico del mundo. Define la identidad de unas ideas y un modelo de sociedad política.

[Publicado el 26/9/2011 a las 01:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Multilateral y legitimadora

La iniciativa del presidente Abbas solicitando el reconocimiento de Palestina en Naciones Unidas ha sido tachada por Benjamin Netanyahu de unilateral y deslegitimadora para el Estado de Israel. Como sucede con las consignas eficaces, fruto de un trabajo político y diplomático cuidadoso, ambos argumentos ya han hecho fortuna y hoy no faltan en ninguno de los debates sobre los acontecimientos que se producirán en los próximos días en la sede de la organización internacional. Un tercer inconveniente o tacha se deduce de los dos anteriores: su propósito es aislar a Israel. De todos los pasos que han realizado los palestinos a lo largo de la historia para ejercer sus derechos, el movimiento diplomático elegido por el presidente Abbas es de los más pacíficos y multilaterales posibles. Se trata, de entrada, de una petición. Que se somete al juicio de la entera comunidad internacional. No de una acción irreversible que se toma al margen del multilateralismo. La Autoridad Palestina solicita de los otros países un gesto similar al que obtuvieron los judíos de Palestina en 1947 cuando se aprobó el plan de partición que les permitió crear el Estado de Israel. La petición cierra el círculo, puesto que lleva a consagrar interna y externamente dicha partición, entonces no aceptada por el conjunto de los Estados árabes; y de ahí, no cabe olvidarlo, la oposición al gesto de Abbas del campo radical ?Hamas e Irán-- que quieren meramente la desaparición de Israel. No es un gesto deslegitimador. Del reconocimiento del Estado palestino sobre las fronteras de 1967, surgiría por primera vez un Israel reconocido por sus vecinos. En el ?impasse? actual, entre los vecinos solo lo reconocen los que tienen acuerdos de paz, Egipto y Jordania, y muy pocos más en el entorno árabe y musulmán. La precariedad de las relaciones con estos y otros países hace temer, por el contrario, que el ?niet? de Israel no hará más que complicarle el futuro, convertido en esta fortaleza que no quiere integrarse en su marco geográfico natural, según descripción del rey Abdalá de Jordania. Tienen razón quienes esgrimen este argumento si centran la deslegitimación en los territorios ocupados de Cisjordania. Son los colonos, esos okupas ilegales y consentidos, quienes quedan deslegitimados. Lo único que podía justificar la defensa de las colonias, incluso retrospectivamente, era su utilización como arma negociadora, y así fueron concebidas en los años posteriores a la conquista militar de 1967 por los gobiernos laboristas. Hasta que llegaron los derechistas del Likud, con los mapas del Gran Israel bajo el brazo, el mandato bíblico sobre la entera Palestina histórica y el propósito de hacer saltar los Acuerdos de Oslo por los aires, perfectamente cumplidos. No es un gesto unilateral en la forma, como dice Netanyahu, porque rompa la negociación multilateral de una negociación rota y suspendida como la de Oslo. Tampoco lo es en su contenido: su objetivo es regresar a Oslo y a la fórmula de esos dos Estados que no quieren ni Hamas ni tampoco el socio de Netanyahu, Avigdor Liberman; el padre centenario y consejero del primer ministro e historiador de la Inquisición española, Etzion Netanyahu; y probablemente el propio Netanyahu. Sin contar con la ironía de una acusación de unilateralidad desde Israel, país surgido del multilateralismo pero asentado en el unilateralismo y en el derecho de veto de Washington en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Llegamos así a la tercera tacha, la voluntad de aislar a Israel que esgrime el partido de Netanyahu. Las pruebas son evidentes: Abbas quiere negociar de Estado a Estado y tener la oportunidad de actuar internacionalmente en condiciones más equilibradas, algo que puede conducir a emprender acciones penales internacionales contra los colonos, sus gobernantes y los militares. Pero este no es argumento respecto al Estado de Israel, sino a determinados responsables políticos. Que compromete también a los palestinos que actúen fuera de la legalidad internacional, como es el caso de Hamas. Si Israel está aislado no es por la acción diplomática de Abbas, sino por la acción aislacionista y deslegitimadora de Netanyahu, que ha roto la entera arquitectura de alianzas forjada durante los 60 años de historia de su país. El mérito de Abbas es su camino legal y pacífico, que no debe abandonar en ningún caso. ¿Cómo no quieren que la comunidad internacional aplauda a unos palestinos que ahora solo esgrimen la rama de olivo y al fin han entregado la pistola? La palabra es lo que les da su fuerza moral y política; desautoriza y anula el erróneo camino violento que algunos todavía quieren transitar; y coloca a EE UU e Israel en un brete. La derecha israelí está a punto de repetir aquel gesto de 1948 pero con las tornas cambiadas. ¿Declararán la guerra los conservadores israelíes como hicieron entonces los árabes?

[Publicado el 22/9/2011 a las 00:21]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La burbuja soberanista

Un libro compuesto bajo el signo de la urgencia, cuando más duelen los golpes de la crisis económica, y sus consecuencias sobre el empleo, el bienestar o la cohesión social. Centrado, sin embargo, en los efectos más morales de una crisis que desborda a los actuales percances económicos y se extiende sobre la entera idea de sociedad y de ciudadanía. Y de todos los efectos morales, los que se sienten como más cálidos y pegados al corazón humano, los más dolorosos, por tanto: los que afectan a la identidad, es decir, a la lengua, la religión, la cultura, la imagen que cada uno de nosotros nos hacemos de nosotros mismos. El objeto que el autor ha escogido para armar su libro es también un antagonista: no quiere exaltar la identidad, sino combatirla; tampoco preservarla, sino fragmentarla y multiplicarla; y ni siquiera mantenerla como concepto, sino sustituirla por los de ciudadanía y pacto republicano, equilibrio de deberes y derechos entre iguales. Parte para ello de lo más próximo: las más recientes tensiones españolas a propósito y como consecuencia del Estatuto catalán y de sus avatares jurídicos; pero llega hasta lo más lejano, la fórmula de hierro que combina la impugnación de la política con un neoliberalismo extremo además de la politización de la religión y el rechazo del extranjero, tal como aparece en los populismos rampantes de Europa y Estados Unidos. Pensado desde unas referencias culturales y políticas inequívocas, las del catalanismo autonomista, este libro circula en dirección exactamente contraria a la deriva independentista adoptada por el catalanismo mayoritario pujolista y también en discordancia con el endurecimiento anticatalanista de la política española. En realidad, contra los dos nacionalismos catalán y español, que se reatroalimentan uno a otro incluso cuando se camuflan y no quieren aparecer como tales. Es también un envite valiente y contundente, desde la tolerancia y la lealtad, a favor de un nuevo entendimiento. ?La independencia no es para mí ni un somni (un sueño) ni un malsón (una pesadilla), sino un miratge (un espejismo?. Esta crisis que favorece a las identidades unívocas es también una burbuja, pero no hay que esperar pasivamente a que se deshinche sola sino que hay que pincharla. (Reseña del libro de Rafael Jorba ?La mirada del otro. Manifiesto por la alteridad?, publicada en Babelia el pasado sábado, 17 de septiembre)

[Publicado el 21/9/2011 a las 00:04]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

Vídeos asociados

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres