El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 10 de febrero de 2012

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

El guión

El guión, la hoja de ruta, el relato, la farsa incluso. El grueso de este debate no versa sobre hechos, sino sobre dichos, intenciones atribuidas por unos a otros, significados descifrados, palabras interpretadas, pactos secretos incluso. Hay desacuerdos radicales que son fundamentalmente semánticos: sobre el significado de las palabras, sobre el derecho a usar unas y no otras, sobre la fuerza narrativa del adversario. Y sin embargo, cuando se trata de la acción por las armas, la única realidad que importa es la que afecta a su uso y sus efectos, en forma de amenaza, de muerte, de dolor, de cárcel. Las armas han callado. La gran mayoría cree que definitivamente. Los amenazados respiran de alivio. Los escoltas se reúnen para organizar un futuro en el que su protección será innecesaria. Pero nadie se fía de la palabra de quien las ha usado a placer desde hace tantos años. Hay motivo para no fiarse. Así, en general. En principio no es de fiar la palabra de quien tiene como dedicación primordial el acto homicida. Siempre puede quedar, además, una fracción disconforme con las palabras de paz y dispuesto a proseguir con las acciones de guerra. Esta vez sí, nos dicen. Las palabras definitiva e irreversible. El ahogo político y electoral: si matan de nuevo, se hunde el proyecto de relegalización y participación en las instituciones; ni cargos ni dinero. El cerco policial en Francia y España: apenas queda algo, pero dos años más así y no quedará nada. El aislamiento internacional: ya no hay Estados que echen una mano, y en la próxima ocasión ni siquiera encontrarán rincones de América Latina donde esconderse. Habrá que creerles, entonces, aunque con enorme prudencia. Sin hacer ni un solo paso en falso. Lo que importan son los hechos. Si entregan las armas será más fácil que se les crea. Si se disuelven, todavía más. Sabiendo que esta decisión es solo por interés, por su interés, sin arrepentimiento, sin dolor, incluso con la arrogancia de quien asegura que valió la pena y lo volvería a hacer en aquellas circunstancias. Hay otros hechos a los que habrá que atender. Los efectos de esos crímenes persisten y persistirán mientras siga vivo su recuerdo a través de los familiares y amigos de las 823 personas asesinadas. Va para muy largo. Es de desear incluso que vaya para largo, porque no merecen pasar página y el olvido. Ningún consuelo puede haber para su muerte y su ausencia, ni siquiera esta paz que ahora les prometen, tan difícil si antes no hay piedad, y después petición de perdón. No es una cuestión política, no. Ni debe serlo. Es algo mucho más complejo y personal, que afecta a cualquier víctima y de cualquier color: quienes han sobrevivido a un golpe del terror certifican con sus vidas que no valió la pena, que no debió suceder, que ninguna causa por inmensa que pueda ser justifica quitarle la suya a una persona. Hay que cuidar de ese dolor, procurar que nadie ofenda a quienes soportan su carga; que nadie se permita ignorarlo en los pasos que habrá que hacer en ese camino nuevo sin armas. Sobre todo porque ahí están, silenciosos, vivos, palpitantes, esos centenares de presos por terrorismo, esa masa decisiva para un futuro sin violencia. Ellos también son un efecto de los hechos: el retroceso del arma asesina, que hiere a quien la usa, destroza su vida en muchas ocasiones; las vidas de sus allegados también, hasta extender otro rencor distinto, pero igual de profundo, más retorcido, porque es un dolor culpable que no quiere reconocerse como tal. Lo que cuenta es el debate sobre los hechos. Es decir, las víctimas y los presos. La pelea por las palabras puede facilitar las cosas, pero es lo de menos. Las de Mayor Oreja sobre una negociación secreta entre Zapatero y ETA, una hoja de ruta soberanista, y esa paz-trampa continuadora de todas las trampas anteriores, insultan al gobierno y ahora incluso al PP, pero satisfacen a Otegi y a su capacidad de convicción sobre ETA. También esas ocurrencias extremistas tienen su función en este guión que por el momento está obteniendo el aplauso reticente pero a la vez unánime del público.

[Publicado el 24/10/2011 a las 10:00]

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Una historia sin parteras

La partera todavía anda muy atareada en estos tiempos. Recuerden al viejo Marx: ?La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una sociedad nueva?. En Europa se le acabó la tarea, al menos hasta los glacis de Rusia. Debió acabar mucho antes. Por ejemplo, a partir de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín y regresó la libertad para los países atornillados por Moscú al extinguido pacto de Varsovia. No pudo ser: prendió en los Balcanes primero, rebrotó en el Caúcaso y todavía mantiene algunos rescoldos en Ucrania, Bielorusia y Moldavia. Lo mismo sucedió en España. Pudo y debió ser en 1978, cuando los españoles se dotaron de su regla de juego. Y hubo luego más oportunidades: al terminar la guerra fría, con la paz en el Ulster, ante la polarización de un megaterrorismo demoledor y sin límites... Nada convenció a la vieja matrona ensangrentada, empeñada en permanecer en el que fue el más violento continente de la historia y ahora se ha convertido en todo lo contrario. Una historia que por nada del mundo quiere transcurrir con partos de dolor y de muerte, eso es Europa. El relato de la libertad que excluye a quienes saben tomar ventaja de la violencia. Por eso el mismo día en que se retira avergonzada de la península ibérica, encapuchada y arrogante en su derrota, muestra en Sirte su ferocidad magistral. A esa vieja sanguinaria e injusta le complace de vez en cuando dar a cada uno su merecido, en proporción a la crueldad de su resistencia al cambio. A Ben Ali, que aguantó poco, el exilio. A Mubarak, que se resistió hasta el último día a tirar la toalla, la cárcel. A Gadafi, que redobló sus instintos asesinos para acallar las protestas, la guerra civil, la derrota y la muerte.Mucho les costará a los árabes expulsarla de su territorio. Aunque sus servicios sean indeseables, fácilmente se cuela en las casas y se instala con su guadaña entre la gente. Ahora gracias a los móviles y a las redes sociales, nos llegan en tiempo real las imágenes repugnantes de su siega sangrienta. Ya sucedió en 1989, con la filmación del juicio irregular y fusilamiento del matrimonio Ceaucescu en Bucarest; como ahora desde Sirte con esas imágenes captadas por los móviles del apresamiento, vapuleo y tiro en la sien al tirano. La nueva Libia nace con ese tiro descerrajado a Gadafi, prisionero y herido, ante las cámaras. Como muere un perro. O una rata. Los animales que le gustaba evocar al dictador para despreciar a sus enemigos. Este nuevo mundo sigue alumbrándose en la sangre y el dolor. Como siempre. Un punto de partida difícil para que los libios se den libremente una regla de juego que a todos les pacifique e incluya. Y un mal presagio para las transiciones tranquilas. Los árabes, como los europeos, merecen también una historia sin parteras.

[Publicado el 23/10/2011 a las 10:09]

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El primero de la clase

Es pequeño pero vibrante y determinado, brillante y puntual: el primero de la clase. Se anticipó en la revuelta y derribó al tirano. Allí saltó la chispa y de allí salió el impulso que levantó la oleada de revueltas. También es ahora el primero en celebrar elecciones democráticas, que en su caso son para elegir a los diputados de una Asamblea Constituyente. Su modelo de transición es el más maduro y avanzado. Egipto está bajo tutela militar y ha modificado ya la Constitución, con referéndum incluido, sin llamar antes a las urnas a los ciudadanos. Marruecos ha seguido el mismo camino, pero en este caso bajo tutela de la monarquía. Túnez, que ya tuvo la primera constitución en el mundo árabe en el XIX, ahora quiere ser el primer país de la zona que no tenga una carta otorgada, el primero en romper con el viejo régimen y el primero en gobernarse por un poder civil y democrático al que se subordinen todos los otros poderes. También será el primero en el experimento del siglo, que consiste en comprobar cómo ligan islam y democracia en territorio árabe, donde nunca antes habían conseguido encontrarse. Los resultados electorales de este domingo nos darán una primera aproximación del peso del islamismo político en el paisaje tunecino. Que será grande, según adelantan ya las encuestas. Lo que de ahí salga importa en Túnez ante todo, pero es una prueba también y un espejo donde se mirarán los siguientes en pasar por las urnas, que son los marroquíes el 25 de noviembre y los egipcios el 28 del mismo mes. El dibujo ideológico que ofrezcan las elecciones tunecinas va a prefigurar cómo será la Constitución, y sobre todo el peso en su texto de las ideas laicas y de las islamistas. El modelo tunecino será, en cualquiera de los casos, el más diferenciado del otro modelo que se ofrece a los árabes como respuesta a su primavera: el del paternalismo autoritario y reformista de las monarquías petroleras. Hasta dónde llegará este modelo empezará a saberse el domingo, cuando conozcamos las proporciones de la fórmula que arrojarán las urnas, pero la novedad absoluta de unas elecciones abiertas, el sistema proporcional, el 30 por ciento de indecisos, y las seis circunscripciones de los tunecinos en el exterior (700.000 votantes potenciales) dejan unos amplios márgenes a la indeterminación y la incertidumbre. La libertad también es eso. Cada uno puede aportar su explicación a este vanguardismo tunecino. Es un país de 10 millones de habitantes y 163.000 kilómetros cuadrados, dimensiones modestas en comparación con la extensa geografía y la población de sus vecinos, a excepción para esta última de Libia. También es el más homogéneo cultural y étnicamente, sin divisiones religiosas, lingüísticas o tribales relevantes. No ocupa un lugar estratégico, como es el caso de todos los países que se hallan en la línea de la tensión entre chiitas y sunitas y entre Arabia Saudita e Irán. Todo esto facilita más que explica que haya sido el primero en cambiar de régimen y el más veloz en derrocar al tirano. El historiador y demógrafo Emmanuel Todd, acreditado por su pronóstico prematuro acerca de la desaparición de la Unión Soviética, asegura en su libro 'Alá no tiene nada que ver con esto' ('Allah n'y est pour rien', Le Publieur), que es la evolución demográfica árabe lo que explica las revueltas. Túnez es el primer país árabe que ha culminado su transición demográfica, es decir, una etapa de fuerte crecimiento de la población a la que sigue una caída de la mortalidad y de la natalidad, como ya ha sucedido en Europa. En 2005 la tasa de fecundidad había caído hasta 1'9 nacimientos por cada mujer, inferior a la de Francia, según las cifras exhibidas por Todd. El excelente conocedor del Magreb y compañero de estas columnas que es Sami Naïr considera, en su libro de muy reciente aparición 'La lección tunecina. Cómo la Revolución de la Dignidad ha derrocado al poder mafioso' (Galaxia Gutemberg), que Túnez ha sido el primero porque era el eslabón más débil en la cadena de estados policiales árabes, donde se había llevado hasta el extremo la identificación del poder del Estado con una mafia familiar. La dureza del blindaje dictatorial explica así que se quebrara por el mero efecto de la presión de la sociedad tunecina. Esta explicación enlaza con otra primacía de Túnez: en ningún otro país tuvieron un impacto tan espectacular los documentos del Cablegate filtrados por Wikileaks, en los que se explicaba con todo lujo de detalles coloristas los desmanes de la familia de Ben Ali y de su esposa Leila Trabelsi. El régimen intentó bloquear su difusión digital, lo que todavía incrementó el interés por su lectura, principalmente a través de una página web, llamada Tunileaks, profusamente difundida viralmente a través de twitter y facebook. El primero de la clase fue también el primero en tecnología y en comunicación. (Enlaces: con la entrevista televisiva a Emmanuel Todd, de la que ha salido su libro; con la ficha del libro de Todd y con la del de Naïr; con Tunileaks).

[Publicado el 20/10/2011 a las 08:00]

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Walesa, de 1989 a 2011

No sabemos a dónde nos lleva la indignación mundial. Pero sí sabemos a dónde nos conduce la acogida que están teniendo los indignados. Sólo alrededor del Tea Party hemos encontrado la sal gruesa de las imputaciones enormes, y desde aquí en su inefable imitador español, José María Aznar. La tendencia mundial, conservadores y derechas incluidos, es a comprender a quienes protestan y a execrar a los codiciosos que están suscitando tanta indignación. Leo en Der Spiegel una muy interesante información en la que se nos dan los nombres de personalidades que han manifestado en algún grado u otro su comprensión con los indignados y su insatisfacción por el poder excesivo de los banqueros en esta crisis: Wolfgand Schäuble, José Manuel Durao Barroso, Rainer Brüderle, Mario Draghi, Angela Merkel? También Obama ha expresado su simpatía. Pero el caso más espectacular e insuficientemente citado es el Lech Walesa que ha mostrado su solidaridad con el movimiento Ocupemos Wall Street y ha denunciado los excesos del capitalismo. Walesa sabe de qué habla. Sabe lo que es una protesta, porque fundó el sindicato Solidarnosc, que consiguió cambiar el régimen en Polonia y abrir las puertas a la democracia. Sabe también lo que es el comunismo, porque fue un combatiente en su contra, de forma que nadie puede venirle ahora con monsergas sobre las pretensiones criptocomunistas de los indignados. Y sabe lo que es una sociedad de libre mercado, porque él contribuyó a crearla en su país. Pero Walesa es también un obrero y una persona sencilla, que ha trabajado duramente al servicio de los trabajadores y de sus conciudadanos sin ninguna pretensión de enriquecerse. No puede haber dudas de que debe producirle urticaria comprobar cómo actúa la codicia económica y cómo quienes se han enriquecido sin escrúpulos hacen luego ostentación de su poder y de su riqueza. Las declaraciones de Walesa a la agencia AP desde Varsovia enlazan dos momentos especiales de la historia reciente del mundo como son 1989 y 2011. En aquella fecha cayó el Muro de Berlín y a continuación el entero sistema comunista: lo que queda son reminiscencias (Cuba y Corea del Norte) o regímenes metamorfoseados en capitalistas (China y Vietnam). Este año han caído tres dictaduras árabes protegidas por Occidente y los jóvenes de muchos países de todo el mundo parecen haberse contagiado de las energías y de la tecnología que ha servido a los árabes para su liberación. En 1989 se trataba de terminar con la dictadura sin mercado, mientras que este 2011 ha empezado contra las dictaduras con mercado y ahora está contra las dictaduras del mercado. No sabemos a dónde lleva, pero sí la línea que traza la ola de indignación entre quienes critican el reino de la codicia y quienes siguen haciendo la apología de los codiciosos: a la vista está que ni siquiera tiene que ver con la distinción entre derecha e izquierda, al menos tal como era en el siglo XX.

[Publicado el 19/10/2011 a las 01:00]

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La paz y sus facturas

ETA va a desaparecer. No parece haber discusión alguna sobre esto. Y la razón fundamental es porque ha sido derrotada. El ritmo de reproducción de sus comandos, es decir, el ciclo de adoctrinamiento, reclutamiento y entrenamiento, hace ya tiempo que era mucho más lento que el ritmo de desarticulación policial. Mérito de las distintas policías ocupadas del asunto y de los ministros del Interior. Pero no es la única razón para la extinción de ETA: las hay y muy poderosas de orden internacional. Desde hace años es el último vestigio de una vieja y desgraciada época, la guerra fría en cierta forma, en que una gran parte de la sociedad consideraba aceptable la acción política a través del asesinato. Que nadie se haga ahora el despistado como si no fuera con ellos. Esa idea ha sido también derrotada, al menos en Europa; algo menos en otras latitudes, a pesar de que la globalización hace una muy buena contribución a la universalización de los derechos humanos. Esa es la gran derrota de ETA: sus seguidores han comprobado en la práctica que hoy ya no es posible en Europa obtener ventajas políticas con la amenaza o el uso de la violencia. Tres derrotas en una entonces: una derrota militar de su estructura armada, una derrota política de una organización que ha usado la violencia para financiarse, hacer propaganda u obtener ventajas incluso electorales y una derrota moral de quienes, militantes, seguidores o votantes, menosprecian la vida humana y sitúan sus ideas o quimeras políticas por encima de la convivencia y del respeto a sus vecinos. Sin contar con las sucesivas derrotas jurídicas de sus brazos políticos, que llegan hasta el tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Los nacionalistas quieren evitar que la derrota de ETA se convierta también en una derrota del nacionalismo y llevan razón, aunque el riesgo es evidente. Véase el caso del nacionalismo alemán, descalificado hasta nuestros días gracias a su total sumisión a un proyecto genocida. Está claro que el sector más afectado e infectado por ETA es el nacionalismo radical, que lo es en sus ideas independentistas pero sobre todo en su inhibición moral a la hora de escoger esos métodos execrables o de sacar provecho de los atentados como si nada tuvieran que ver con ellos. Pero ni siquiera el radicalismo independentista merece ser contagiado por la derrota de ETA. Al contrario: la derrota de la violencia política debiera servir para legitimar el combate independentista democrático y pacífico. Las dos horas de conferencia de paz organizada ayer en San Sebastián merecen un análisis detallado. Y la correspondiente crítica, claro que sí. Lo que no merecen es esa artillería de epítetos e insultos utilizados por la derecha española, tan cómoda en su radicalismo verbal, que termina metiendo en el mismo saco a ETA, a los nacionalistas, a los socialistas vascos por asistir, al gobierno de Zapatero por callar y a Kofi Annan, Gro Harlem Brutland, Jerry Adams, Berti Ahern y Pierre Joxe por ofrecerse a encabezarla. Es muy plausible que la conferencia sea un ejercicio vacío. Útil solo para adornar la rendición de ETA como si fuera el resultado de una paz acordada. Todos sabemos que no es así. Los abertzales quieren vestir la derrota y convertir la humillación del final en la victoria de un nuevo comienzo, que además les dé réditos electorales. Han pasado de buscar paz por presos, o paz por paz a falta de otra cosa, a contentarse con paz por elecciones. Si les siguen poniendo las cosas a huevo, es posible incluso que consigan sacar rendimientos extra entre unos electores más que hartos de ETA y sometidos en alguna medida al síndrome de Estocolmo. Hay algo muy positivo en la declaración de la conferencia, que no es posible tergiversar: ?Llamamos a ETA a hacer una declaración pública de cese definitivo de la actividad armada?. Todo lo que sigue a esta frase contundente y clara pertenece al reino de los matices y las ambigüedades más o menos calculadas. No pide un diálogo entre ETA y los gobiernos de España y Francia, sino que ETA lo solicite. Dejen las armas y pidan dialogar a los dos gobiernos es lo que dice el primer punto, y una vez hecho esto, estas personalidades internacionales ?instan? a los gobiernos a dar la bienvenida a la declaración e iniciar las conversaciones. Nada dicen de cómo debe hacerse esto, ni de qué tipo de conversaciones deben organizarse. No hay distinción entre víctimas y victimarios en el tercer punto de la declaración, es cierto. Se habla de ?todas las víctimas?, pero se hace en términos tan generales y respetuosos que se hace difícil convertir este punto en una vejación como algunos pretenden. Han hecho muy bien los familiares de víctimas agrupados en una de las asociaciones en entregar una detallada y excelente documentación sobre las más de 800 personas asesinadas. No hay simetría posible entre víctimas y verdugos, pero no estamos ante una rendición de ETA sino ante un intento de reintegración en la sociedad vasca de un amplio sector abertzale que no sabía hacer política sin utilizar la violencia. Los dos puntos siguientes han suscitado todavía más reticencias. Los intermediarios aluden a su experiencia en la resolución de conflictos, y a partir de eso sugieren y apuntan iniciativas que puedan ser útiles para avanzar, es decir, para que ETA deje definitivamente las armas. Sugieren, por ejemplo, ?que los actores no violentos y representantes políticos se reúnan y discutan cuestiones políticas?. Lo mismo dicen de las ayuda que puede proporcionar una eventual ?consulta ciudadana?. También insinúan que unos intermediarios, ellos mismos, pueden echar una mano en la ayuda al diálogo y en el seguimiento del proceso. Todo esto, obviamente, es discutible. ¿Por qué no esperamos a discutirlo después de que ETA haya hecho caso al primer punto? ¿Qué nos lleva a pelearnos por las sugerencias e insinuaciones si todos sabemos que tienen como objetivo convencer a ETA de que deje de una vez las armas? Sería un mal negocio que nuestras sutiles razones democráticas impidieran o retrasaran el abandono definitivo de la violencia. ETA quiere salvar la cara, al menos ante sus propios partidarios o sus hipotéticos electores. Si el precio que hay que pagar para que salve la cara es esta declaración hay que decir que ETA pide calderilla, aunque algunos consideran cualquier precio, por pequeño que sea, como una fortuna inadmisible.  

[Publicado el 18/10/2011 a las 01:00]

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Una democracia que respire

Hay que mirar con atención lo que está sucediendo en Francia. No tan solo por la corrosión de la presidencia de la República como efecto del carácter impetuoso y ególatra de su actual titular, Nicolas Sarkozy, sino ante todo por una revolución tranquila que ya se ha producido en el interior del Partido Socialista, cuyos efectos pueden modificar el paisaje partidista e incluso algunos elementos definitorios de la V República. Aún cabe que estos efectos vayan más lejos, pues a fin de cuentas el molde político del socialismo francés ha sido adoptado en muchos aspectos por partidos de otros países europeos. El PS francés era hasta hace pocos días un partido de electos locales, provinciales y nacionales, fuertemente organizado en tendencias y con un cierto maltusianismo en la adhesión de nuevos militantes. ¿Les suena? Según Alain Bergounioux y Gérard Grunberg, dos historiadores del PS, lo más específico del socialismo francés es su dificultad para reconocerse como partido de gobierno. En su ADN originario, dicen, están la revolución y el socialismo. Gobierna como si estuviera a disgusto y parece sentirse aliviado cuando está en la oposición. Esto explica que desde la fundación de la actual República, en 1958, sólo un presidente de los seis que ha habido, François Mitterrand, haya sido del PS. Esto se acabó. Las primarias socialistas abiertas a todos, le 'peuple de gauche', han terminado con esta historia de un partido agobiado por el peso de su ideología y encerrado en sus viejas estructuras de matriz decimonónica. La decisión es de alto riesgo. No es seguro que al final del camino esté realmente el palacio del Elíseo. Ni la derecha francesa ni Sarkozy van a caer sin combate. A pesar de sus errores, esta República es suya en su origen y en la mayor parte de su gestión, por lo que harán mangas y capirotes para retener la presidencia. De momento, los socialistas franceses han hecho dos cosas. Con la campaña de primarias y las dos vueltas electorales han ocupado largamente el espacio público y mediático y movilizado a casi tres millones de ciudadanos, para desesperación de Sarkozy. Pero han hecho algo más crucial todavía, como es recuperar el gusto por la política, el sentido de la participación y del debate, el valor de las ideas, justo en una época de desafección y de crisis. No puede descartarse, sin embargo, que el balance final sea doloroso y que se queden sin Elíseo y con el socialismo todavía más maltrecho. De momento, el socialismo hasta ahora más arcaico de toda Europa ha demostrado que sabe modernizarse y abrirse, arriesgar y exhibir a dos finalistas perfectamente preparados para presidir la República: levemente más centrista, François Hollande, y levemente más izquierdista, Martine Aubry. A esta última pertenece la idea de conseguir ?una democracia que respire?. Que cunda el ejemplo. Allí y aquí.

[Publicado el 16/10/2011 a las 13:00]

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Ventaja para los halcones

Quiere el tópico que los más duros entre quienes se combaten sean los que deban hacer las paces. Algunos ejemplos históricos así lo demuestran, aunque el más socorrido es el de la paz ofrecida en 1958 a los combatientes independentistas argelinos por el general De Gaulle y así calificada: la paix des braves. En esta ocasión los más duros no han hecho ni quieren hacer la paz. Pero han negociado entre ellos y han cerrado un acuerdo de intercambio de prisioneros, mil por uno, que es todo un gesto de pacificación, el primero después de mucho tiempo de bloqueo en las relaciones entre israelíes y palestinos y la primera buena noticia en muchos años que aportan al alimón las dos partes del conflicto. Hamás quiere la destrucción de Israel. Netanyahu sólo de boquilla admite que pueda existir un Estado palestino. El movimiento que gobierna Gaza ni siquiera apoya a Abbas en su petición del reconocimiento de Palestina por Naciones Unidas. El Gobierno que encabeza Netanyahu considera que el acuerdo de unidad entre Hamás y Fatah es un obstáculo insalvable para la paz. Hamás y Netanyahu, que se rechazan mutuamente como interlocutores en una negociación política, siempre han accedido en cambio a negociar en secreto para intercambiar prisioneros. Hay una diferencia esencial entre la Autoridad Palestina y Hamás, que conduce a que sea el movimiento islamista el único que puede jugar en esta cancha. La entidad que preside Abbas no combate contra Israel, al contrario: colabora con su Gobierno aunque quiera vencer política y pacíficamente mediante la negociación. Hamás en cambio es un movimiento calificado de terrorista por la UE y por Estados Unidos, que secuestró a este jovencísimo soldado y lo ha mantenido escondido durante cinco años como si fuera un tesoro. Y lo es. De guerra.Para utilizarlo como arma negociadora, por tanto. Hamás estaba en horas muy bajas. Con su principal protector, Bachar el Asad, reprimiendo las revueltas de su población y atacando incluso a los refugiados palestinos. Con su enemigo Abbas convertido en el padre de la nación, después de recuperar la iniciativa con su demanda de reconocimiento internacional. También Netanyahu se encontraba en un momento difícil. La arquitectura diplomática construida desde la fundación de Israel se ha ido desplomando durante su mandato. Las relaciones con Turquía, Jordania y Egipto se han deteriorado. Al igual que la imagen internacional de su país. La simetría es prodigiosa, incluso en las reacciones, y ayuda a comprender la jugada inesperada de un acuerdo alcanzado en unas pocas jornadas de negociación. Palestinos e israelíes han acogido con idéntica alegría el anuncio de la liberación de los mil presos y del soldado secuestrado. En ambos lados se han escuchado y escrito idénticos argumentos de orgullo y afirmación colectiva.Para el dirigente de Hamás, Jaled Meshal, es ?una victoria nacional de la que debemos estar orgullosos?. Para Benjamín Netanyahu, una demostración de que ?Israel es una nación excepcional?. Si tantos y tan claros eran los beneficios para ambas partes, cabe preguntarse por qué se ha tardado tantos años en forjar el acuerdo. Una parte de la respuesta la encontramos en las explicaciones del primer ministro israelí, que ha calificado el momento actual de una ventana de oportunidad que podía cerrarse inmediatamente. Apenas hay violencia entre israelíes y palestinos, a pesar del grave rebrote de agosto, cuando guerrilleros de Gaza atacaron autobuses civiles israelíes en el Sinaí: entonces no prendió, pero el callejón sin salida alcanzado en el proceso de paz podría conducir muy pronto a esa tercera Intifada tan temida. Las próximas elecciones egipcias, el 28 de noviembre, abrirán una nueva etapa en la que el Estado Mayor militar y los servicios secretos, que juegan un papel crucial en las relaciones con Israel, pueden verse obligados a responder ante un Parlamento y un Gobierno reticentes a una cooperación tan estrecha con los israelíes. La ventana también es interior para Netanyahu, un primer ministro que no ha empezado ninguna guerra, no ha firmado ni quiere firmar por el momento la paz, pero se empeñó desde el primer día en que entró en su despacho de gobernante en devolver a Gilad Shalit a su familia. Una sexta parte de los presos palestinos saldrán de las 22 prisiones israelíes. Quedan todavía 5.000, incluidos los líderes palestinos más destacados, moneda útil para una posterior negociación. Hamás, en cambio, ya no tiene tesoro para negociar. Si la paz sigue estando muy lejos, demasiado lejos, hoy está un poco más cerca. Netanyahu podría irse a casa satisfecho del deber cumplido. Ha obtenido un respiro. Ha comprado tiempo. Sin ceder una colonia. Y quiere ganar las siguientes elecciones.

[Publicado el 13/10/2011 a las 01:00]

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Las tres pruebas de la revolución

Tres son los requisitos que debe cumplir un cambio como este. Debe abrir las puertas a la libertad de los ciudadanos. Todos los ciudadanos deben acceder a la igualdad ante la ley. Difícilmente se puede hacer sin un sentido de respeto y de fraternidad mutua que vincula a unos ciudadanos con otros. No hay libertad más difícil y sensible que la de expresión. La prueba de que el cambio ha alcanzado sus objetivos es que todos puedan expresar sus opiniones libremente y que nadie utilice excusas ideológicas o religiosas para exigir el regreso de la censura. La igualdad ante la ley afecta ante todo a los poderosos, que siempre consiguen ser más iguales que otros. Pero la piedra de toque la proporcionan las mujeres. Allí donde han conseguido la igualdad después de que se abrieran las puertas a la libertad, cabe pensar que el cambio prometido ya se ha alcanzado. La fraternidad entre ciudadanos libres e iguales se basa en el respeto a lo que son y lo que piensan unos y otros, lo que sienten y lo que creen otros y unos. La mayor prueba de fraternidad la proporcionan cuando los creyentes de una religión están dispuestos a defender y sacrificarse por los creyentes de otra que son atacados en sus derechos o en sus vidas. Donde haya medios de comunicación libres, mujeres en pie de igualdad con los hombres y creyentes e increyentes respetuosos y fraternales unos con otros, se habrá alcanzado el ideal de la ciudadanía por el que tantos combaten. Los jóvenes de la plaza de Tahrir y de la avenida Habib Bourguiba querían la libertad, la igualdad y la fraternidad. Son las tres pruebas de la revolución árabe, ahora bajo amenaza. No las podrá pasar un régimen que no asegure previamente la división de poderes, la primacía del poder civil sobre el militar y la plena separación entre los poderes religiosos y los poderes del Estado.

[Publicado el 12/10/2011 a las 01:00]

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La resistencia

La derecha americana navega en una mar de dudas, incapaz de optar por el candidato que desaloje a Barack Obama de la Casa Blanca. La izquierda francesa se enfrentó este pasado domingo a 'l?embarras du choix' y deberá desempatar el próximo entre dos opciones, Martine Aubry y François Hollande, ampliamente vencedoras en el campo de juego virtual de los sondeos, para evitar que Nicolas Sarkozy pase junto a Carla Bruni y su bebé recién nacido cinco años más en el Elisée. La derecha española en cambio se pellizca y todavía no se lo cree; sin esfuerzo alguno, sin programa y sin promesas, sin embarazo y sin elección, sin nada, lo tiene todo: ahí está fresco y preparado el futuro presidente, listo para inaugurar la etapa de más poderío y hegemonía de toda su historia democrática, acariciando la mayoría absoluta que le proporcionan los sondeos. El Partido Republicano ha contado con una tracción política de primer orden en el Tea Party, el movimiento de base populista que se organizó para combatir los rescates bancarios, la reforma de la sanidad y las políticas federales de gasto. Y sobre todo al primer presidente afroamericano de la historia. Su fuerza de propulsión proporcionó la victoria republicana en las elecciones de mitad de mandato del pasado noviembre, que conformaron un Congreso de composición intratable para la Casa Blanca. Pero esta misma fuerza puede llevarle a pasarse de órbita y dejar el campo libre a Barack Obama a falta de definir y apostar por un candidato republicano del gusto radical. Estos problemas son muy lejanos y ajenos al socialismo francés, a pesar de que su gesta, la organización de unas primarias por primera vez abiertas a toda la población, sea profundamente americana. En Europa, sólo la izquierda italiana ha intentado algo parecido, con resultados mediocres, en virtud de la ocupación y compra del espacio político y mediático por parte de Berlusconi: funcionó en formato minimalista con Romano Prodi, que alcanzó el Gobierno por muy escaso margen en 2006, pero no pudo ser con Walter Veltroni, después de unas primarias muy participativas, que fue derrotado en 2008. Una victoria del candidato socialista francés sobre el impetuoso Sarkozy sería un buen estímulo para quienes abogan por la democracia interna en los partidos, después de muchas experiencias de prueba y error. La más reciente y frustrante es la que ha convertido a Alfredo Pérez Rubalcaba en cabeza de cartel socialista frente a Mariano Rajoy, después de que Carme Chacón renunciara a competir en unas primarias internas que ya no se celebraron. Hubiera sido inimaginable la apertura de un proceso de primarias socialistas, no ya abiertas a todos los votantes de izquierdas, algo nunca propuesto ni experimentado en España, sino tan solo limitadas a los militantes, frente a un Partido Popular con todas sus líneas perfectamente preparadas para ganar las elecciones sin despeinarse ni bajar del autobús. Este es el milagro de la democracia, capaz de adoptar formas contradictorias e igualmente válidas según las latitudes. Lo que sería inadmisible en un país, es agua de mayo en el otro. Derrotado en dos ocasiones en unas generales, designado la primera vez a dedo por su antecesor y tolerado luego por el núcleo duro, el Tea Party interior del partido, Mariano Rajoy es ya la opción ganadora, presidente in pectore antes de abrir los colegios electorales y quién sabe si la envidia futura de los republicanos americanos y de la derecha francesa. La proeza de Rajoy tiene una explicación gallega e hispánica. ?En España, quien resiste gana?, dejó dicho Camilo José Cela. Pero tiene otra más generalizable a otros países e ideologías. También se gana por disolución, desistimiento y deserción del contrario. Aunque Obama, Sarkozy y Zapatero declinan pautas similares de comportamiento, de momento sólo Rajoy encara la demostración del teorema. Sarkozy puede todavía resucitar y los republicanos americanos encontrar finalmente a su candidato. Pero al final, nada de ello depende de las primarias o del denostado dedo dinástico, designador de los sucesores, sino más bien de la pegada de esta crisis, que va derribando todos los gobiernos y dando la vez a quien está fresco y a punto para ocupar su sitio.

[Publicado el 11/10/2011 a las 01:00]

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El casino de las transiciones árabes

Las transiciones a la democracia requieren pesadas inversiones. Los partidos no se crean o refundan de la noche a la mañana. Tampoco los futuros cuadros políticos. La preparación de las reformas y de las elecciones, con sus correspondientes campañas, tienen altos costes. Todo esto requiere muchas inversiones, una gran perspicacia en las apuestas y también un buen nivel de control público y de transparencia, si se desea evitar la corrupción y asegurar unos sólidos cimientos de estos futuros sistemas políticos. En la financiación de las transiciones se juega en parte la orientación geoestratégica de los países en proceso de cambio. Los países excomunistas recibieron una copiosa financiación de fundaciones, partidos y 'think tanks' americanos. En la transición española destacó notablemente la financiación de los dos grandes partidos alemanes. Y ahora, con las transiciones de los países árabes, se abre un auténtico casino político en el que van a apostar y competir fuerzas, partidos y países en muchos casos rivales e, incluso, enemigos a muerte. Las apuestas no van a esperar a las citas electorales, sino que funcionan desde el primer momento en la actitud de los medios de comunicación, en la ayuda a los organizadores de las revueltas y a los partidos ya constituidos, e incluso en la participación en operaciones militares en apoyo de los rebeldes, como es el caso de Libia. Casi todos los países con vocación de potencia regional, como Turquía, Arabia Saudí o Irán, participan en la enorme ronda de apuestas que han abierto las revoluciones árabes. Pero hay también países pequeños que juegan con bazas y desenvoltura de potencias, como es el caso de Qatar. La televisión catarí Al Yazira basta para definir el enorme radio de acción y la influencia del emirato en esta crisis. La cadena panárabe ha tenido tanta o mayor influencia que las redes sociales en la organización de las protestas en Túnez y Egipto, pero con su canal en inglés ha obtenido credibilidad incluso en Estados Unidos. Pero Qatar, además, ha desempeñado un papel primordial en Libia, con la participación de su aviación en el dispositivo de la OTAN, duplicada militarmente por la ayuda, entrenamiento y quizás la intervención directa de sus fuerzas especiales. Puede que también pujen europeos o americanos en esta mesa de juego sobre el futuro, pero esta no es su ruleta. Lo que en buena parte se dilucida en esta partida es cómo serán estas sociedades que quieren ser a la vez democráticas e islámicas. Dos de los tres modelos que compiten, el iraní y el saudí, son abiertamente autoritarios, y solo el turco permanece abierto, a pesar de todas las dudas que suscite. Pero el mejor y más democrático de los modelos será el que sean capaces de construir los ciudadanos de cada país despegándose de las inversiones e intereses exteriores.

[Publicado el 10/10/2011 a las 01:00]

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Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

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