El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 11 de febrero de 2012

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

Buenas noticias en Davos

Gordon Brown, el ex primer ministro británico, dirige esta mesa redonda que va a desarrollarse dentro del más clásico espíritu davosiano: una brevísima introducción del moderador, intervenciones muy cortas de cada uno de los participantes, que van a ocupar media hora en total, y luego preguntas e intervenciones desde el público. En 60 minutos de cronómetro los asistentes pueden recibir una cantidad sensacional de información y de ideas y muy fácilmente pueden lanzar su pregunta o su reflexión para que sea también brevemente glosada por los ponentes. Esos cinco ponentes de esta mañana representan a cinco países que, sumados, tienen más de 200 millones de habitantes, con economías en crecimiento constante durante toda la década pasada y un horizonte de transformación económica y social que se escapa a la imaginación. En mitad de los debates sobre el estado del euro, sobre la marcha de la economía global, o la ausencia de liderazgos, todo lo que dicen estos cinco hombres son noticias excepcionales y un bálsamo contra la depresión. La democracia multipartidista sigue avanzando en el conjunto de la región donde se encuentran estos cinco países que han mandado a tres presidentes y dos primeros ministros al Foro Económico Mundial. Es la segunda región de mayor crecimiento económico del mundo, una zona emergente que atrae inversiones de las grandes potencias inversoras, aunque luego tenga escasa visibilidad y traducción en influencia política. Las oportunidades de negocios que hay allí son colosales, pues está experimentando el mayor crecimiento urbano de toda su historia, con la aparición de unas extensas e incipientes clases medias urbanas emergentes. Cuenta con una demografía muy joven, uno de los mejores regalos que puede tener cualquier país si sabe aprovecharlo mediante la educación y la creación de puestos de trabajo. Hacia estos países de enorme oferta de mano de obra se puede conducir la próxima oleada de deslocalizaciones, una vez se encarezcan los sueldos en Asia. Aunque cuentan con dificultades de corrupción y de inseguridad, también están mejorando la gobernanza económica, así como unas políticas monetarias y fiscales prácticamente inexistentes hasta ahora. No todo es maravilloso, ni mucho menos. Lo maravilloso es el potencial y la vía emprendida que va en la buena dirección, aunque todavía sea todo muy incipiente. Estos cinco hombres están convencidos de que en sus manos están cinco países del continente que definirá el siglo XXI, donde todo o casi todo está por hacer en infraestructuras de todo tipo, carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos o redes eléctricas. Esto es así por el enorme caudal de materias primas que tiene escondido en su suelo, origen del caudal de riqueza de los últimos diez años, cuando la globalización y el incremento del consumo mundial ha hecho explotar su potencial comercial y también los pecios. Uno de ellos cree que deben buscar el ejemplo de la Unión Europea, que partió de la Comunidad del Carbón y del Acero, para construir también paso a paso la unidad de su continente a partir de un mercado común de la energía y de las infraestructuras. También hay que romper las barreras del comercio y eliminar las fronteras, por supuesto. Hay que cambiar de hábitos culturales y acostumbrarse a las tecnologías: ?Debemos ser tan puntuales al empezar las reuniones como lo son los europeos?. El lector ya habrá adivinado de qué estamos hablando. Esto es Africa y entre los cinco países representados hay de todo, en rentas, en democracia y en crecimiento: Guinea, Tanzania, Kenia, Etiopía y Sudáfrica. Pero todos comparten la misma sensación y la misma sintonía. También comparten una escasa visibilidad desde Europa, que se explica por uno de los mayores cambios geopolíticos de la última década: participan plenamente en la economía global, pero sus principales inversores ya no son occidentales, sino China para extracción e infraestructuras e India para productos de consumo. La evolución del continente africano interpela directamente a quienes les colonizaron, ya no por la herencia colonial, o no solo, sino sobre todo por su escasa capacidad para revertirla en positivo como bazas para una cooperación más estrecha. Africa está ahora más cerca del mundo pero más lejos de Europa, y por eso es una buena noticia que Davos intente enmendarlo.

[Publicado el 26/1/2012 a las 18:43]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Interiores

La globalidad en crisis conduce la política hacia las interioridades. No es un repliegue defensivo, al menos todavía, pero sí una mirada concentrada en las dificultades más próximas. El repliegue llegará si hay que bajar otro peldaño que nos conduzca a una nueva y más tenebrosa fase. No es todavía el caso: Obama y Merkel ofrecen casi simultáneamente una aproximación interior o ensimismada a la globalidad, el primero en su discurso sobre el estado de la Unión, y la segunda en la entrevista a seis periódicos europeos, doblada por su discurso en el Foro Económico Mundial. Davos actúa siempre como una encrucijada de procesos y conflictos, en la que aparecen los actores más destacados de la actualidad global. Este año, la noticia es la llegada, por primera vez, de una cohorte de dirigentes políticos, empresarios y universitarios árabes sin vinculación alguna con las dictaduras que se acercaron por esta localidad alpina en las décadas anteriores. Si en la pasada edición, con el tirano tunecino derribado, nadie prestó atención a las revoluciones en curso, esta vez se les empieza a recibir con gran curiosidad, como hace dos décadas a los nuevos Gobiernos surgidos de la caída del Muro de Berlín. Llegan con una idea que sintoniza con las preocupaciones transatlánticas: la perentoria creación de empleo. La falta de puestos de trabajo, sobre todo para los jóvenes, estuvo en el origen de las revueltas y la falta de puestos de trabajo es lo que puede arruinar el futuro de la democracia. En las tres próximas décadas hay que crear 100 millones, la mitad en la orilla sur y la otra mitad en la orilla norte, para enderezar el rumbo torcido de las economías y de las evoluciones demográficas en toda el área. En el arranque del magno seminario alpino interfiere casi indefectiblemente la voz política más poderosa de la escena internacional, que es la del presidente de Estados Unidos; en su discurso inaugural cuando es el año de instalación en la Casa Blanca, y en su discurso sobre el estado de la Unión en los tres años siguientes. En muchas ocasiones es grande el acoplamiento entre ambas frecuencias: este año lo es también en la preocupación central, de nuevo el crecimiento y el empleo, tema obligadamente recurrente en un foro que lleva ya cuatro años empujando puertas falsas para dar con la salida de la crisis, aunque en poca cosa más. Los interiorismos de Obama y de Merkel pertenecen a géneros distintos, aunque ambos forman parten de una ardua partida por el poder. El presidente estadounidense debe volcarse en la escena propia, donde se juega su reelección, en condiciones que muchos analistas consideran desfavorables, por el débil estado de su economía, el déficit desbocado, la imperiosa necesidad de crear puestos de trabajo y el nulo margen de acción ante un Congreso de mayoría republicana que le mantiene paralizado y contra las cuerdas. Sus mejores expectativas radican en las debilidades de los candidatos republicanos a las primarias, subrayadas por ellos mismos en una disputa fratricida que promete prolongarse. El interiorismo de Merkel tiene una traducción muy simple. Alemania conduce la política europea porque esta se ha convertido en política interior alemana. Le pasó a Washington después de los atentados del 11-S respecto al mundo entero y le ha sucedido a Berlín con la crisis de las deudas soberanas, que han convertido la política presupuestaria de cada uno de sus socios en un capítulo de la política económica alemana. A EE UU le ocurrió con su política de seguridad interior y su política exterior y de defensa que se convirtieron en idénticas. Ambas crisis, una de seguridad y la otra monetaria y financiera, han producido modificaciones políticas. En EE UU fue la creación del Departamento de Seguridad Interior, la declaración de la Guerra Global contra el Terror y una legislación de excepción que rebajaba todos los estándares sobre derechos humanos. En el caso alemán, es la UE la que está sujeta a su mayor transformación desde el Tratado de Roma, bajo la tracción casi unilateral alemana, con la primera quiebra en su unidad que ha significado la automarginación de Reino Unido del pacto fiscal. La palabra clave para Obama es la igualdad, mientras que para Merkel es la austeridad. Calladamente, ambos discursos señalan a la izquierda y a la derecha en sus formulaciones más clásicas. El primero quiere subir los impuestos y la segunda recortar el gasto social y flexibilizar el mercado de trabajo. Uno sugiere el fantasma de la lucha de clases y el otro de una Europa de hegemonía alemana. Obama se juega su reelección a final de año, mientras que Merkel se la juega en las generales de 2013. Es decir, con el próximo Davos un republicano puede estar en la Casa Blanca, moderado como Romney o radical como Gingrich, y un socialdemócrata a punto de alcanzar la cancillería de Berlín. Después de todo momento unilateral, llega otro de multilateralismo: Obama lo representa respecto a Bush, y a Merkel le sucederá lo mismo, con ella misma o con quien la suceda.

[Publicado el 26/1/2012 a las 07:28]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Conduciendo en la oscuridad

¿Por qué nos equivocamos tanto? ¿Cómo es posible que contando con tantos y tan sofisticados instrumentos de conocimiento y de predicción sigamos equivocándonos de forma tan extraordinaria a la hora de prever y resolver las crisis económicas, sociales o políticas? La reunión anual de Davos que hoy empieza es una buena ocasión para formularse estas preguntas. Al Foro Económico Mundial se deben sin duda muchos méritos, pero es bien claro que este seminario anual de sabios, poderosos y ricos ha venido fabricando regularmente una de las mayores colecciones de errores y desaciertos del mundo. Ahora mismo se cumplen cuatro años de predicciones erróneas sobre la salida de la crisis, prácticamente desde enero de 2009, cuando el hundimiento de la banca de Wall Street acababa de suceder apenas tres meses antes, pero el optimismo antropológico propio de la época, que no era exclusiva de Zapatero, llevaba a pensar a la mayoría que la recuperación sería rápida y que la acción concertada del G20 conseguiría estimular las economías y regresar rápidamente a la normalidad de siempre. No ha sido así. La frivolidad ha dado paso ahora a la más negra de las depresiones. El Índice de Confianza Global que da a conocer el Foro de Davos en los días previos a la reunión no puede ser más truculento. El 54 por ciento de los 1.200 expertos de todo el mundo consultados esperan que en los próximos 12 meses se producirán trastornos geopolíticos serios en el mundo, entre las que se cuenta la eventualidad de la quiebra de algunos de los Estados actualmente en apuros financieros. Un 60 por ciento de los consultados señalan su falta de confianza en la gobernanza global y en los liderazgos. Conduciendo a oscuras es el título de un estudio, publicado por el Center for a New American Security, uno de los más destacados think tank estadounidenses sobre temas de seguridad y defensa. Su autor y presidente de la institución, Richard Danzig, ha reflexionado sobre la dificultad de prever el futuro en cuestiones militares, pero las ideas que ha destilado valen perfectamente para la política y para la economía y permiten comprender por qué nos equivocamos tanto. Según Danzig, predecir, intentar preparar el futuro, es una actividad inherente al ser humano, aunque sea origen de numerosas frustraciones. En efecto, las exigencias de predicción que se nos imponen o nos imponemos son superiores a cualquiera de nuestras capacidades. Y a pesar de todos nuestros esfuerzos, el largo plazo es totalmente impredecible. Finalmente, la planificación y la preparación, siempre necesarias, no nos van a ahorrar el fracaso predictivo. Estos eran principios descriptivos, pero Danzig también propone otros normativos. Hay que prepararse para tomar decisiones con gran rapidez, pero a la vez para saber posponer algunas decisiones que requieren precisamente la menor improvisación. Hay que agilizar la producción de procesos, es decir, la capacidad de cambiar de modelos rápidamente. La capacidad de adaptación y de resistencia se convierten en primordiales. Preocupados como estamos en un largo plazo que no podemos prever, debemos trabajar bien el corto plazo, de forma que podamos ir cambiando en función de sus modificaciones. La diversidad y la competencia nos proporcionan experiencia y suministran las pruebas acierto/error a toda velocidad. Danzig está pensando en técnicas y tecnología militar, en armas, submarinos y blindados, pero puede servir también para ideas políticas y económicas. El siglo XXI probablemente es más impredecible que los siglos anteriores, aunque tenemos los mejores instrumentos de predicción científica de la historia, también en las ciencias sociales. Sucede por causa de la aceleración, la proliferación y la diversificación tecnológica y también por la globalización económica. Son tiempos eléctricos e instantáneos, de procesos ultrarrápidos, en los que la comprensión intelectual y la posterior decisión política siempre llegan cuando todo está ya jugado. Tenemos que estar preparados a no estar preparados, a saber improvisar, nos dice Danzig. A saber conducir a ciegas en la oscuridad.  

[Publicado el 25/1/2012 a las 01:13]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La gran transformación

Este es el lema de Davos este año. Estamos ante una gran transformación que obliga, según el presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, a buscar nuevos modelos políticos, económicos y sociales, es decir, nuevas formas de poder, una organización del pluralismo, un crecimiento económico sostenible y sobre todo la creación de empleo. Todo suena como un organillo, como el resultado previsible de una ficha. Pero la frase que preside la reunión señala también en otra dirección: ?La gran transformación? es el título de una magna opera del pensamiento económico, publicada en 1944, cuando todavía Europa estaba en guerra, y que empieza con este párrafo de síntesis: ?La civilización del siglo XIX se ha hundido. Este libro trata sobre los orígenes políticos y económicos de este acontecimiento, así como de la gran transformación que la ha provocado?. La reunión de Davos que mañana empieza es la cuarta en crisis. Cada uno de los foros anteriores giraba el torno a la idea del mundo después de la crisis. Las palabras de Schwabb van en la misma previsible dirección. Pero el lema no. Va mucho más lejos. Nos sugiere que esta crisis ya no es tan solo un momento depresivo especialmente agudo y largo de un ciclo económico, sino una crisis de civilización, como la que diagnosticaba el austro-húngaro Karl Polanyi en su libro. Con su gran transformación se cayeron el patrón oro, el equilibrio de las potencias, el estado liberal y el mercado autoregulado, que habían regido el mundo durante los anteriores cien años. ¿Qué se caerá ahora? ¿El euro? ¿La hegemonía occidental y sobre todo estadounidense en el mundo? ¿La democracia parlamentaria? ¿El capitalismo financiero? Los orígenes del cataclismo de los años 30, según Polanyi, radican en el proyecto utópico imaginado por el liberalismo económico: crear un sistema de mercado auto regulado, que dirige la suerte de los seres humanos y del medio natural por encima de estados y de gobiernos y convierte la tierra, el trabajo y la moneda en meras mercancías. ¿No nos dice nada esta tesis en el momento de la historia en que los mercados financieros se imponen a la política y a la democracia y dictan de nuevo la marcha del mundo occidental? ¿Habrá llegado hasta Davos, centro neurálgico de las ideologías que sustentan el sistema de mercado, esta negra visión trazada para los años 30? Polanyi se sumerge en la investigación histórica y antropológica para probar que el sistema de mercado es una construcción reciente, que no ha existido en todas las épocas ni en todas las sociedades, muy al contrario de lo que una cierta filosofía pretende inculcarnos. Claro que han existido siempre operaciones regidas por las leyes de la oferta y de la demanda, pero tenían un papel secundario en la vida económica. La gran transformación de los años 30 descrita en su libro, y que culmina con la Segunda Guerra Mundial, significa el final de la época del mercado autoregulado y la aparición de economías de Estado primero y luego mixtas, cuya evolución se sostiene al menos durante cuatro décadas, hasta la llegada de Reagan y Thatcher al poder. El primer Davos después de la crisis, en 2009, ofrecía el Foro como el balneario antituberculoso donde debía curarse en capitalismo. El segundo, en 2010, insistía en que había que repensar, rediseñar y reconstruir, en eco a la refundación del capitalismo imaginada por Sarkozy. El tercero, en 2011, ya anunciaba la necesidad de reglas compartidas para la nueva realidad, es decir, dudaba de la propia ideología del mercado. Esta cuarta edición, todavía en crisis, sin que sea vea la salida del túnel, se enuncia con el título histórico y dramático de Polanyi, que sugiere el final de la era en que el mercado financiero regía el destino del mundo y el inicio de una nueva era gobernada. ¿Quieren decir realmente esto los organizadores de Davos con el guiño intelectual a uno de los más audaces pensadores y analistas del capitalismo? Lo veremos los próximos días. (Si el guiño es meramente una invitación a la lectura, también vale. El libro de Karl Polanyi. La Gran Transformación. Ediciones La Piqueta, 1989, es una lectura fascinante en estos días de crisis financiera, llena de paralelismos deslumbrantes entre dos momentos de la historia. Bastan unas pocas frases entre muchas para ver que lo que servía en el caso del patrón oro sirve exactamente para la Europa que intenta salvar al euro: ?Los partidos socialistas se vieron obligados a abandonar el poder para que se pudiera ?salvar la moneda? (?) Se redujeron los servicios sociales y se intentó romper la resistencia de los sindicatos ante los reajustes de salarios (?) Era la moneda la que estaba amenazada y con idéntica regularidad la responsabilidad por ello se atribuía a los salarios excesivos y a los presupuestos desequilibrados (?) La organización bancaria está así en situación de obstaculizar cualquier medida en la esfera económica si con razón o sin ella esta medida le desagrada. Desde el punto de vista político, los gobiernos deben pedir la opinión de los banqueros sobre la moneda y sobre el crédito, pues son los únicos que pueden saber si una medida financiera pondrá o no en peligro los mercados financieros y de cambio?.)

[Publicado el 24/1/2012 a las 00:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Convergencia federalista

Hay un federalismo del corazón y otro de la razón, surgido el primero de las creencias y los sentimientos, y el segundo de las conveniencias y los intereses. El nacionalismo catalán conservador se ha declarado históricamente ajeno al federalismo español. En la actual democracia española le bastaba el autonomismo para avanzar sin necesidad de cerrar el modelo: ni por el lado de una estabilización a la baja, como piden regularmente las fuerzas más centralistas, ni por una federalización definitiva del Estado que termine con su dinámica bilateralista. Federalismo es unión, lo contrario de la separación. Lo saben los alemanes y los canadienses. Por eso los nacionalistas consecuentes, abiertos siempre al horizonte máximo que se puede plantear un nacionalista, no pueden contentarse con la federación. La actual doctrina nacionalista establece que la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto ha zanjado la ambigüedad en la que se había movido con enorme pericia e incluso comodidad desde 1979: la vía autonómica se declara agotada e impracticable, y la vía federal, sin interlocutores españoles para emprenderla. Así es como se encaran las elecciones de 2010 y el programa de gobierno para esta nueva etapa, con Artur Mas a la cabeza, con unos nuevos ímpetus: 'Ara és l?hora, catalans!' Y con un análisis de la correlación de fuerzas que luego se revela radicalmente desacertado: se parte de un pronóstico moderado respecto a la envergadura de la mayoría parlamentaria que obtendría Mariano Rajoy en las elecciones generales del 20 de noviembre pasado y al inmenso poder autonómico y municipal del PP. El programa que se defiende es una astuta combinación de vectores estratégicos y de ofertas tácticas, organizadas bajo el solemne rótulo de ?la transición catalana? y la oferta de ?un pacto fiscal en la línea del concierto económico vasco?. Con la primera, Artur Más quiere ser el Josué que alcance la tierra prometida, a sabiendas de que Moisés, Pujol, no iba a conseguirla. Con la segunda, se ofrece una alternativa monetizable al ideal nacionalista: si no queréis que pidamos la independencia, dadnos al menos el equivalente al concierto vasco. Esta construcción argumental funciona muy bien de puertas adentro, en Cataluña, y todavía mejor dentro de la esfera pública nacionalista, pero apenas produce ecos más allá del Ebro. Su defecto de cálculo electoral es como el que cometió Pasqual Maragall con su reforma del Estatuto, pensada para la confrontación con el PP: no contaba con que el PSOE ganaría las elecciones en 2004; pero en su caso con efectos inversos, pues Artur Mas no había tenido en cuenta que Rajoy podía obtener la mayoría intratable de 2011, que le impide negociar con ventaja una nueva financiación. También tiene otro defecto de análisis respecto a la profundidad de la crisis económica: cree que con los primeros y drásticos recortes quedará todo zanjado y se permite incluso el lujo de eliminar el impuesto de sucesiones. Esta máquina retórica es endiablada: una vez que está ya en marcha, va cargando de razón e indignación a quienes se enchufan, limitando seriamente el margen de acción a quienes tienen el encargo del día a día a medida que se alejan en el horizonte los objetivos propuestos. El Gobierno catalán necesita al PP en todo. Para obtener mayorías parlamentarias en Cataluña y para no quedarse con las arcas vacías. Finge geometrías variables, pero sabe que está a un paso de gobernar en coalición con los populares: no en Madrid, donde no se les necesita, sino en Barcelona, en casa. A la vez, la máquina retórica, como el disco rayado en un gramófono, sigue repitiendo que el Estado de las autonomías está muerto, la Constitución enterrada y la vía federalista liquidada. Y sin embargo, la realidad es que ahora mismo no hay ningún partido más federalista en su práctica que Convergència Democràtica de Catalunya. Sin convicción alguna, por supuesto. Por estricta imposición de la crisis y de la correlación de fuerzas. Para no quedar al margen, no en España, sino en Europa. Para no convertirse en la Lega Nord o en Hungría. Es decir, para gobernar en Barcelona y pagar nóminas y proveedores. Llegarán tiempos mejores, es cierto. Pero veremos entonces en qué estado ha quedado la máquina retórica.

[Publicado el 23/1/2012 a las 11:44]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Independencias

No sabemos si es un elefante o un ratoncillo, pero está en la habitación y todos se han dado cuenta. Al menos en cinco territorios de la UE, ese conjunto de países comprometidos a construir una unión cada vez más estrecha, han cuajado fuerzas centrífugas que plantean seriamente y en plazos no muy largos la eventualidad de separarse de los Estados a los que pertenecen. Los escoceses fueron los primeros en alzar la bandera, cuando el Scottish National Party ganó las elecciones en 2011 con un programa que incluía la celebración de un referéndum de independencia. También en 2010 ganó las elecciones un partido independentista flamenco, que no planteaba una inmediata resolución de sus proyectos separatistas, pero no pudo formar Gobierno por la radicalidad de sus planteamientos inmediatos. La dimisión de Berlusconi y la disolución de su coalición con la Lega Nord ha situado de nuevo a esta fuerza en la tesitura separatista, aunque en su caso estrictamente fiscal, y, por tanto, resultado de un independentismo sin nación ni nacionalismo. Estos tres independentismos, a pesar de sus distintos grados de elaboración estratégica, buscan un gradualismo que les proporcione más poder y más dinero. Alex Salmond quisiera un referéndum de tres opciones, que le permitiera apostar por una independencia meramente fiscal dentro de una Europa unida, incluso con la eventual adhesión al euro que los ingleses descartan. La Nueva Alianza Flamenca de Bart De Wever busca su realización en la consolidación de la territorialidad lingüística y la total independencia presupuestaria. Los liguistas de Umberto Bossi son tan antieuropeos como antiitalianos, sobre todo del bolsillo, pero ni siquiera poseen un proyecto de nación. Si hay algo serio, elefante más que ratoncillo, habrá que buscarlo en el rincón ibérico de Europa, donde hay dos nacionalismos históricos y europeístas que han llegado al siglo XXI con tanta o mayor fuerza que la que tuvieron en la travesía del XX. Uno, el vasco, se ve ahora liberado de la lacra imperdonable de la violencia terrorista, que ha desnaturalizado su mensaje y le ha hecho cómplice en ocasiones del aprovechamiento político del terror. El otro, el catalán, perfectamente rodado en el gobierno de un territorio de tanto peso económico y cultural como Cataluña, se encuentra ahora tensado entre sus expectativas soberanistas y su obligada solidaridad con el ajuste doloroso lanzado por los conservadores españoles. Estos cinco puntos de fricción centrífuga no existirían en su actual agudeza sin la recesión y sin la crisis del proyecto europeo. Esa Europa irreconocible es hija de su debilidad y de su pérdida de peso en el mundo. Si lo que hay en la habitación es un ratón, estos secesionismos serán meros signos de una anemia episódica. Pero si es un elefante, Europa hará nacionalistas felices, pero habrá menos europeísmo y menos Europa.

[Publicado el 21/1/2012 a las 13:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

¿Ingresaría la UE en la UE?

Ya no hay lecheros en la Europa de hoy que alguien pueda confundir con la policía cuando alguien llama a la puerta de madrugada. Sigue cumpliéndose todavía una de las más bellas definiciones políticas de Europa: el territorio donde no hay pena de muerte. Y sin embargo, no son estas las mejores horas para la democracia europea. Nunca lo son los tiempos de crisis económica, cuando se encogen los salarios, familias enteras se quedan sin ingresos por trabajo, se pierden o limitan derechos sociales, la pobreza y la incertidumbre se cierne sobre una fracción creciente de la población y para postre, resurgen viejas rivalidades y pruritos nacionalistas a cuenta de quien asume las facturas para enjugar los déficits públicos y los efectos de la burbujas inmobiliarias o financieras. Las consecuencias políticas e ideológicas de la crisis se notan con distinta intensidad en todos los países y desde hace ya bastantes meses. Tiempos como estos son propicios para que se apoderen de las agendas parlamentarias las fuerzas más extremistas y derechistas. Los más menesterosos son los primeros en sufrir y caer en las celadas que les tiende el populismo. Es muy fácil la denuncia de la xenofobia y el racismo con un puesto de trabajo y pensión asegurados, vivienda sin hipoteca en unos barrios altos bien equipados y vigilados y una conciencia óptima, más que buena, instalada en una ideología respetable, convencional y conveniente. Este no es el mundo real cuando uno de cada cuatro demandantes de trabajo no lo tiene, dos de cada cinco jóvenes se halla en el paro, y centenares de miles de pensionistas y personas asistidas ven disminuir sus ingresos a la porción congrua. De ahí el naufragio socialdemócrata, la marea conservadora que inunda Europa y la pegada que tiene el populismo derechista, incorporado incluso a distintos gobiernos o mayorías parlamentarias, a cambio de concesiones a sus idearios chauvinistas y de exclusión. La libertad de circulación de personas ha recibido varios reveses durante el pasado año a cuenta de las migraciones incontroladas desde el norte de Africa. Dinamarca recuperó durante unos meses las viejas restricciones a la libre circulación de personas dentro de la UE. Una norma comunitaria, la llamada directiva de la vergüenza, de 2008, sintetiza esta deriva peligrosa en la que estamos metidos todos los europeos, puesto que autoriza el internamiento sin juicio hasta 18 meses de los inmigrantes sin papeles y la expulsión de menores a terceros países. Basta con recordar como consecuencia, el lamentable estado en que se encuentran los centros de internamiento de extranjeros en distintos países, España entre otros, cuya clausura han pedido decenas de asociaciones de derechos humanos. Una parte de estos desastres se los procuró la propia UE mucho antes de esta crisis con el método elegido para ampliar el club europeo, que pasó de 15 a 25 miembros en 2004, a 27 en 2007 y será ya de 28 este 2012, cuando entre Croacia, uno de los países que ahora hace veinte años se hallaba en guerra en los Balcanes. Tienen razón quienes persisten en valorar aquella ampliación como una de las mejores proezas de la UE, convertida en fábrica de estabilidad, prosperidad y democracia. Pero a ocho años de la macro ampliación, cuando empieza a fallar la prosperidad, está sobradamente comprobado que la UE no siempre ha sabido ni podido absorber la incorporación de cada uno de estos países, algunos con escasa vocación europea y otros con problemas de minorías irresueltos, por no hablar de los nacionalismos étnicos, que en algunos de ellos campan todavía a sus anchas. Los efectos de una ampliación defectuosa confluyen ahora con la aparición de averías democráticas entre los socios más veteranos, de forma que el conjunto de la UE se aleja de la idea misma de Europa, moldeada en sus 50 años de historia. Hungría concentra todos estos males, ahora compartidos en grado menor por casi todos los otros socios, gracias a la mayoría absoluta con la que ha reformado la constitución y al peso de una extrema derecha antisemita y antieuropea propia de los años 30. A menos que lo impida la Comisión Europea, Viktor Orbán consolidará un régimen de casi dictadura parlamentaria, que expande los poderes del ejecutivo, erosiona la división de poderes, limita la independencia judicial, reduce el pluralismo, amordaza a los disidentes, margina a las minorías, reduce la libertad religiosa e impone una visión uniforme, nacionalista y excluyente. Pero se quedarán cortas las instituciones europeas si limitan su castigo a Hungría por atentar a la independencia del poder judicial y del banco central y por politizar la agencia nacional de datos, sin abordar el problema paneuropeo de una democracia con flojera, que pierde calidad por todas partes. Y es verdad, nadie puede confundir al lechero con la policía de madrugada. Por el momento.

[Publicado el 19/1/2012 a las 11:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La máscara funeraria

Hubo una época en la que a los grandes hombres se les sacaba un molde del rostro cuando morían. Del negativo en cera de la cara del moribundo salía la escultura mortuoria, la máscara funeraria, que pasaba a engrosar las reliquias del finado. Esta tarea la hacen ahora los medios de comunicación, que vuelcan en cuestión de horas un torrente de palabras e imágenes sobre la muerte del ?grosso personaggio?, al que le sucede lo que a todas las súbitas corrientes de agua: la falta de control produce desbordamientos y excesos, a veces bordeando el ridículo, casi siempre entrando de lleno en la exageración. No hay que darles mucha importancia, porque son meras coronas mortuorias, licencias mediáticas que se desvanecen en cuanto se da el duelo por despedido a la salida del cementerio. El escultor que se encarga de la máscara quiere construir una imagen culminante, la síntesis de una personalidad y de una vida, trenzada por los éxitos y los logros a los que se debe la fama y el prestigio y apenas moteada por los fracasos, las villanías o los comportamientos mediocres. De ahí que este momento crucial para la posteridad descarte la teoría contraria: que una vida pueda ser una concatenación de fracasos, uno detrás de otro, apenas ensombrecidos por unos pocos destellos victoriosos, que en ninguno de los casos alcanza la cima anhelada y señalada por el desenfreno de la ambición. Este hombre quiso ser presidente de su país y tuvo que contentarse con presidir su región. Quiso reformar desde dentro un régimen de matriz estrictamente totalitaria, y lo hizo con talento y talante autoritarios, pero tuvo que conformarse con que fueran otros correligionarios suyos los que pactaran la ruptura con las instituciones y leyes de la dictadura en los acuerdos de la transición con la oposición. Intentó ganar en las urnas lo que había perdido sin ellas y también fracasó, convirtiéndose en el líder de una derecha nostálgica y ultramontana. Se creía rompetechos pero nunca rompió el suyo y esto fue su ruina: era más apreciado por la izquierda en el gobierno como jefe sempiterno de la oposición que por la derecha aspirante. Cayó en un error internacionalmente imperdonable: no propugnar el voto afirmativo en el referéndum sobre la OTAN, suficiente para descalificar a un partido conservador occidental. Le costó sacar a la derecha del pozo, pero lo que él no había podido conseguir lo hicieron sus herederos; sin complejos, después de haberle creado el complejo de que un ministro de la dictadura jamás llegaría a la meta. Fracasos, errores, villanías... No voy a seguir, los materiales están a mano: Grimau, Ruano, Montejurra, Vitoria... Nunca fue un demócrata, aunque arrimó el hombro en favor de la democracia después de navegar en tantas ocasiones en dirección contraria. No olvidemos a uno de sus maestros, don Carlos, el jurista nazi Carl Schmitt. Era una vocación política total, una ambición sin freno, dispuesto a todo. Habría sido un caudillo en tiempo de caudillos y quiso ser un presidente electo en tiempo de elecciones. Pero no pudo ser, entre otras razones porque mucho habría que decir sobre su pericia y sus habilidades; bien discutibles a la vista de tantos fracasos. Más claro sería hablar de oportunidades, que las tuvo en dictadura y en democracia: este hombre tuvo muchas y no consiguió sacarles provecho, aunque se esforzó con voluntad bien oportunista, haciendo concesiones cuando hiciera falta. Nadie puede decir que fuera un hombre de convicciones. Como sucede con las trayectorias largas, hay una piadosa tendencia a confundir las virtudes de su tiempo con los méritos de quien finalmente no es más que uno más entre muchos protagonistas. Cuesta encontrar un momento, una institución, una historia concreta que se la debamos entera y sea toda ella mérito suyo. Algunos caracolean buscándola y se dan de bruces con lo contrario, con los fracasos y los errores. Para mi gusto quien más se ha acercado a la definición de su máxima obra de beneficencia ha sido Rosa Montero: es el tipo que se comió a los caníbales y un caníbal él mismo al que debemos estar agradecidos por esta hazaña que justifica toda su vida política.

[Publicado el 16/1/2012 a las 14:57]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La meada del héroe

Son imágenes insólitas, nunca vistas. Lo que reflejan no, al contrario. Forma parte de los ritos de la violencia guerrera desde que el mundo es mundo. El robo, la rapiña, la violación, la mutilación o la profanación de cadáveres son el resto inercial de una fuerza a la que se le ha permitido proyectarse sin límites. ¡Ay de los vencidos! La frase latina incluye la meada sobre los muertos y los heridos. No hay guerra civilizada, por más esfuerzos que la humanidad haya realizado en su historia, desde la invención de unas reglas idealizadas para la caballería medieval hasta las convenciones de Ginebra y los códigos de los ejércitos profesionales occidentales. Civilizar la guerra es un esfuerzo encomiable que ayuda a tragar la píldora amarga cuando no hay más remedio que librarla. Pero al final, la guerra es siempre guerra. Sucia, inmoral, corrupta y corruptora, hasta destruir el alma de quien la emprende aunque tenga todas las razones morales y legales en su favor. El orden y la formalidad de los ejércitos sirve precisamente para domesticar en la medida de lo posible esta violencia irrefrenable y para convertir las miserias que la acompañan en grandeza, honores y heroicidades. Esos héroes pillados en plena meada jamás podrán convertirse en ciudadanos normales y mentalmente sanos. La virtud que tiene nuestra época es que la tecnología que la caracteriza, tan provechosa para el arte de matar, también lo es para el arte de la transparencia. Si en épocas anteriores podíamos esconder bajo las alfombras la suciedad insoportable de las guerras que librábamos, ahora las imágenes del horror se nos aparecen como pesadillas en Youtube y se difunden por Twitter y Facebook. Sin la miniaturización de las cámaras digitales y su incorporación a los móviles y sin las redes sociales no habrían existido ni se habrían publicado las imágenes de los cuerpos vejados y martirizados de Abu Ghraib, la grabación de la matanza de civiles en Bagdad difundida por Wikileaks bajo el título de 'Asesinato colateral' o ahora esos cuatro marines que orinan sobre los cuerpos recién ametrallados de unos talibanes. Tan expresivas como las imágenes son las tomas de sonido que las acompañan sin dejar asomo alguno de duda, por si pudiera haberla, sobre la actitud de los soldados. En Abu Ghraib fueron los propios torturadores, fascinados por las imágenes, quienes obtuvieron las pruebas de sus crímenes. En el caso del helicóptero, la grabación es el protocolo audiovisual que acompaña al ametrallamiento aéreo, algo de creciente interés precisamente para controlar el comportamiento de los soldados al entrar en fuego. Las imágenes del escuadrón de los meones, tomadas por un quinto soldado con su teléfono móvil, se dirían, en cambio, fruto de la casualidad. No parece haber dudas de que alguien pedirá explicaciones sobre su difusión a este quinto marine que no meó sobre los cadáveres y que es el único héroe de los cinco.

[Publicado el 14/1/2012 a las 12:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La podadera y el misil

La primera para los recortes y el segundo, desde un avión no tripulado, para realizar las operaciones bélicas sin riesgo ni tropas sobre el territorio. La podadera y el misil podrían ser los símbolos de la nueva época militar que acaba de inaugurarse. Falta un tercer símbolo: los palillos asiáticos frente al cuchillo y al tenedor de origen europeo. Ya es un tópico de nuestra época el desplazamiento de poder desde Europa hasta Asia, pero ahora tropezamos con su concreta traducción militar y estratégica. En la cuenca del Pacífico se concentrarán las fuerzas militares y los riesgos del siglo XXI y hacia allí va a desplazar Estados Unidos sus recursos militares en detrimento de los países europeos, durante siglos productores de violencia y demandantes de seguridad hasta el final de la Guerra Fría, pero ahora fábricas de tranquilidad y exportadores de estabilidad y paz al resto del mundo. Así se contempla en el documento sobre las prioridades militares de EE UU, difundido por el Pentágono a principios de enero, que constituye el anuncio apenas disimulado del fin de una época. Washington va a cerrar bases y cuarteles y a sacar tropas y recursos de Europa, para trasladarlos a la zona de Oriente Próximo, Asia y del Pacífico, donde se sitúan los peligros y los retos del siglo XXI. La guerra de Libia, dirigida militarmente por la OTAN y políticamente por París y Londres, prefigura otros conflictos en los que EE UU seguirá ?dirigiendo desde atrás? (leading from behind), como se le reprochó a Obama frente a Gadafi, antes de percibir las ventajas que podían extraerse de esta nueva modalidad de liderazgo. Como resultado de este giro, ha quedado seriamente resquebrajado el vínculo transatlántico, ídolo geoestratégico de la Guerra Fría que desde Europa se quería conservar a toda costa, como si los buenos resultados del pasado tuvieran que repetirse obligatoriamente en el futuro. Para Washington, la tendencia a aflojar el vínculo estaba en un guión muy anterior a la llegada de Obama a la Casa Blanca. Lo estaba hace casi 20 años, cuando desapareció la Unión Soviética. Quedó seriamente tocado con la guerra de Irak y, entre paréntesis, con la llegada de un presidente de tan escasa sensibilidad europea como el actual. Ahora llega el golpe definitivo. Para los países europeos, sobre todo los antiguos socios del Pacto de Varsovia, es preocupante este nuevo resquebrajamiento del cemento que sostiene a la OTAN cuando Rusia, suministrador energético de Europa y vencedor geoestratégico de esta partida, todavía no ha decidido si su futuro tendrá algo que ver con la democracia tal como la entienden los otros europeos. La jugada de Obama, además de marcar un hito en la historia de las relaciones internacionales, es una decisión de consecuencias tácticas y electorales. Su móvil inicial es presupuestario. El déficit público estadounidense no se puede reducir sin atajar el crecimiento constante del gasto militar. En dólares constantes, EE UU está gastando ahora como en la Segunda Guerra Mundial y como los 18 países sumados que le siguen entre quienes más invierten en defensa. Este capítulo del presupuesto lleva 13 años consecutivos creciendo. Obama acaba de cerrar una década protagonizada por dos guerras, en las que se ha hecho realidad que su país debía poder librar dos contiendas a la vez para asegurar su capacidad de disuasión y afirmar su autoridad como superpotencia en el mundo. Una vez realizado el experimento, a cargo de Bush hijo y sus neocons, se ha visto que hubiera sido mejor no gastar tanto tiempo y dinero en pruebas. Sobre todo, por la pobreza de los resultados obtenidos en comparación con los recursos y vidas humanas dilapidados, además de los efectos perversos inducidos en inestabilidad y en pérdida de prestigio. Nunca más se librarán dos guerras a la vez como estas y ni siquiera es previsible que regresen las grandes guerras de ocupación de países como fueron las dos mundiales, modelo seguido también en Irak y Afganistán. El recorte del gasto militar será de 487.000 millones de dólares durante diez años, equivalentes al 8% del presupuesto militar. El objetivo es contar con un ejército más pequeño, ligero y barato, con una concepción muy tecnológica e innovadora. Con este presupuesto, Obama se ve capaz de mantener la enorme ventaja militar que tiene EE UU sin mermar ni un ápice en la disuasión. El anuncio, en año electoral, es una respuesta a la presión del Congreso, de mayoría republicana, que rechaza toda limitación de gasto que comporte aumentos de impuestos, ni siquiera para el 1% de los más ricos. Si no hay acuerdo entre el Congreso y la Casa Blanca en los próximos meses, para 2013 se producirá un corte automático, que duplicará el recorte militar: pasará a ser del 17%, casi un billón de dólares. Entonces sí afectaría drásticamente al número de soldados y a la disuasión nuclear. Quien aparezca como responsable de tal desastre ya puede empezar a prepararse para recoger unos malos resultados electorales. La podadera puede tener el efecto de un misil.

[Publicado el 12/1/2012 a las 10:40]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

Vídeos asociados

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres