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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 23 de noviembre de 2008

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

Guerras del siglo XXI

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Una mujer llora frente a los cuerpos de los varones asesinados en Kiwanja, en la República Democrática del Congo, a manos de rebeldes tutsis.

Las de Afganistán e Irak nos parecen, de pronto, viejas guerras, muy parecidas a las que vimos en el último tercio del siglo XX. Salvadas todas las distancias, por supuesto, respecto a sus respectivas coberturas jurídicas y a los motivos reales o ficticios que llevaron a emprenderlas. La que está en curso en Darfur o el Congo es más desconcertante, más nueva en la dificultad para orientarse entre tanta matanza y tanto desorden político, pero sigue siendo dramáticamente próxima de las guerras que vienen asolando la geográfica africana desde hace años. La guerra nueva, la distinta, la que rompe con todos los esquemas que actúan en nuestra cabeza es esa contiende naval de dimensiones desconocidas que se desarrolla en el mar, frente a las costas de Somalia, donde una flota de barcos piratas, perfectamente pertrechados con las más avanzadas tecnologías, asaltan como plaga de langostas la cosecha de buques mercantes y petroleros que circulan por la principal vía marítima del planeta.

¡Atención! Nosotros también estamos. Ahí están pesqueros españoles. Por estos caminos del mar circulan mercancías que nos interesan. Probablemente de vez en cuando algún mercante habrá con tripulación, capitán, bandera o destino que en algo nos concierne. En el dispositivo aeronaval que está poniendo en marcha la Unión Europea está también la Armada española. Esa sí es una guerra, sin declaración previa, de enemigo enmascarado y difuso, aunque muy bien localizado. Y si estamos allí no es para defender a Occidente, porque nos lo piden nuestros amigos y aliados o porque la OTAN no puede ser derrotada en su primera misión fuera de zona. Es porque nos interesa, porque defendemos allí lo que es nuestro.

Nada de valores, tal como se esgrimen, al menos sobre el papel, en otras guerras: lo que está en juego son meros intereses materiales, los nuestros legítimos y legales, y los otros totalmente fuera de la ley, pero vinculados a ese estado fallido que es Somalia y a los modos de vida de su población. Los piratas quieren cobrar peajes del tráfico marítimo que circula frente a las costas donde han levantado sus campamentos y participar ellos también en los pingües beneficios del comercio internacional. Se han atrevido con todos, China incluida. Y de momento, la única potencia que ha tomado el camino de en medio, el único practicable ante esos casos, ha sido India, la sabia y plural patria de Gandhi. Sus cañonazos, que han hundido un buque nodriza de los piratas, es la advertencia que nos reafirma en el carácter de esta contienda.

Eso sí es una guerra, que merece actuaciones urgentes, la máxima resolución a la hora de tomar decisiones y presupuestos especiales. Tiene, además, una peligrosa potencialidad: puede satisfacer a quienes sólo se sienten cómodos con aquella Guerra Global contra el Terror que Bush quiso librar contra la fuerza oscura de Bin Laden. Si no se ataja bien y pronto toda esta infección pirata, tomará cuerpo muy pronto como las fuerzas navales de Al Qaeda. Hay reclutas que empiezan a guerrear antes incluso de conocer la causa y la bandera. No deberíamos esperar a que el presidente Obama decida y zanje sobre el estado de las cosas. Habrá que olvidarse desde ya de la guerra global contra el terror y empezar a librar y vencer en las guerrillas concretas que nos aprisionan como a Gulliver los liliputienses. Encaminemos con Obama, por supuesto, las guerras de Irak y de Afganistán, pero la urgencia obliga a atacar y vencer a esa flota irregular de piratas del siglo XXI que parte cada día de las costas somalíes para cobrar sus rescates del tráfico marítimo internacional.

[Publicado el 21/11/2008 a las 09:46]

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Sin Moisés, y en el desierto

Dura y larga se aventura la travesía del desierto de los socialistas franceses, después del congreso del pasado fin de semana en Reims, de donde salieron tan divididos o más de como entraron y con tantas incógnitas abiertas sobre su futuro como el 7 de mayo de 2007, al día siguiente de la tercera derrota consecutiva en una elección presidencial. /upload/fotos/blogs_entradas/el_eurodiputado_benot_hamon_y_la_alcaldesa_de_lille_martine_aubry_disputan_a_sgolne_royal_el_liderazgo_del_ps_francs_med.jpgHoy por la tarde sus más de 180.000 militantes tienen la palabra y pueden dar todavía la sorpresa de ofrecer la mayoría, que debe ser absoluta, a uno de los tres candidatos en liza: la ex candidata presidencial frente a Sarkozy, Ségolène Royal; la ex ministra de Trabajo, madre de la jornada de 35 horas e hija de Jacques Delors, Martine Aubry; y el tercero en discordia, el eurodiputado Benoît Hamon. Lo más probable es que sea necesaria todavía una tercera vuelta entre los dos más votados, circunstancia que todas las apuestas asocian a las dos mujeres candidatas.

Para alcanzar el poder no basta con un impulso súbito, por intenso y oportuno que sea. Hace falta iniciarlo lentamente desde la oposición, en una larga carrerilla que sirva para aclarar las ideas y concentrar las fuerzas. En la Francia presidencial de la V República, hay que contar además con un partido unido detrás, que aspire a convertirse en el partido del presidente. El modelo perfecto de esta ascensión, imitado con éxito por Sarkozy, es el de Mitterrand: siendo ajeno él mismo al socialismo clásico, consiguió primero, a partir de 1971, una síntesis política entre todas las tendencias alrededor de su liderazgo y alcanzó luego la cumbre, en 1980; fue, por cierto, la única vez en toda la historia de la V República en que el PS puso el pie en el Elíseo. Royal lo intentó en 2007 frente a Sarkozy, después de vencer en las primarias socialistas, jugando al relevo generacional y a la democracia directa, a dos pesos pesados, el actual director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, y el ex primer ministro Laurent Fabius. Sin el partido detrás, que entonces conducía quien era y pronto dejó de ser su pareja François Hollande; con un programa nebuloso trabajado en la participación digital, pero atento a los reflejos conservadores; y una apuesta arriesgada por su personalidad femenina y su carácter combativo, llegó hasta donde podía llegar ante este Sarkozy demoledor que todavía no se conocía en toda su dimensión arrolladora.

Año y medio después de la derrota, las cosas no están mucho mejor para la briosa presidenta de la región de Poitou-Charentes. El PS está tendido y acomodado en la oposición, como bostezante partido provincial, que cuenta con las pingües rentas de una implantación municipal y regional extensa y mayoritaria. Ha sido drenado de dirigentes e intelectuales por la apertura practicada por el presidente Sarkozy, que ha colocado a ex ministros y cuadros socialistas desde el consejo de ministros hasta las comisiones especiales para estudiar las reformas. Sus ideas se hallan cercadas a derecha e izquierda: por un Sarkozy camaleónico, que pasa del thatcherismo al keynesianismo sin respiro, en función de las circunstancias; y por una izquierda radical, alrededor del fenómeno Olivier Besancenot, que muerde el hemisferio izquierdista hasta alcanzar al propio PS. Y también por el centro: François Bayrou, el ex candidato presidencial, de obligado cortejo por quien quiera alcanzar la presidencia desde la izquierda.

La señora Royal, que fue candidata sin tener el partido en la mano, ahora intenta tomar la secretaría general que abandona su ex y padre de sus cuatro hijos para poder aspirar de nuevo a la presidencia en 2012. Su primer movimiento fue bueno: consiguió llegar al congreso socialista el pasado fin de semana con su moción en cabeza. Pero ni era de síntesis ni ella fue capaz de la síntesis. Su candidatura arrastra a una mayoría, no se sabe si suficiente, de militantes, pero no federal; al contrario, divide y excita: TSF, todo salvo Ségolène, es la consigna. Había otras tres: las de Aubry y Hamon, y la del alcalde de París, Bertrand Delanoë, que luego se retiró desalentado. Los delegados socialistas al Congreso no fueron capaces de elegir a quien les dirigiera. Hoy o quizás mañana zanjarán los militantes. Pero si gana Royal tendrá que enfrentarse todavía con una dirección del partido de la que sólo controla un tercio de votos y trabajársela para alcanzar la candidatura presidencial en 2012: ardua tarea, quizás imposible.

Todas estas tribulaciones llegan además en pésimo momento. Sarkozy quería hacer en Francia, 20 años después, la revolución conservadora de la señora Thatcher y ahora se adapta al keynesianismo que nos invade. El PS nunca realizó la transformación que hicieron sus partidos hermanos en el resto de Europa, acorde con el mercado y la globalización. Hace unos meses, con la Declaración de Principios adoptada por unanimidad el pasado junio, enfiló por primera vez este camino. Pero ha llegado el cambio de ciclo y los socialistas franceses están todavía meditando en el ciclo anterior. En el desierto y sin Moisés, pueden terminar como una tribu perdida de la izquierda.

[Publicado el 20/11/2008 a las 10:26]

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La paz está al alcance de la mano

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Ehud Olmert abandona el cargo de primer ministro de Israel, y da la enhorabuena a la nueva jefa del partido Kadima, Tzipi Livni.

Todos los primeros ministros de Israel suelen decir cosas parecidas cuando se van. Eso se lo dice Avi Steinberg, periodista de Yedioth Ahronoth, a Ehud Olmert. Pero el primer ministro dimitido y ahora en funciones, a la espera de las elecciones, le contesta que esta vez es distinto. Olmert asegura que llegó a estas conclusiones hace mucho tiemopo, no ahora que se va: "Establecí contactos con los sirios en febrero de 2007, mucho antes de que la policía abriera investigaciones sobre mí", dice. El actual dirigente de Kadima, investigado por asuntos de corrupción política, considera que estamos en un momento especial, con una oportunidad que quizás no volverá a producirse para alcanzar la paz con los palestinos y con Siria. Implica devolver el Golán a estos últimos y alcanzar un acuerdo definitivo sobre fronteras entre Israel y Palestina, que "significa la retirada de casi todos, si no todos, los territorios ocupados (...) incluyendo Jerusalén, puedo imaginar, con acuerdos especiales para el Monte del Templo y los lugares históricos".

La entrevista sale traducida en inglés en The New York Review of Books y en ella Olmert asegura con solemnidad: "Lo que yo estoy diciendo nunca habían sido dicho por un líder de Israel. Pero ha llegado el momento de decir cosas así. El momento ha llegado de ponerlas sobre la mesa". Es conocida la evolución de Olmert, que se opuso a Menachem Begin por la devolución del Sinaí a Egipto en los acuerdos de Camp David y ahora confiesa su error.

Las declaraciones de Olmert, coincidiendo con el final de la presidencia de Bush, son un elemento más del cambio de clima que está experimentando Oriente Próximo. Se hace difícil creer que los colonos sigan siendo la fuerza de tracción principal de la política israelí como ha sucedido hasta ahora. Su principal ayuda era la derecha norteamericana en el poder y el lobby judío conservador, más poderoso a la hora de marcar la agenda e imponer sus ideas que a la hora de arrastrar a los votantes, igualmente preocupados por la seguridad de Israel pero mucho más liberales, o progresistas en términos europeos, tal como demuestran los resultados de las presidenciales.

La evolución de Olmert hay que entenderla como fruto del pragmatismo de un político sensato y realista. Pero esto no significa que tire la toalla en cuanto a la valoración de su propia posición: "Lamento decir que a los palestinos les ha faltado el coraje, el poder, la fuerza interior, la voluntad y el entusiasmo. Si no alcanzamos la solución, no estoy dispuesto de ningún modo a reprochárselo a Israel. La culpa queda primero y ante todo en el otro lado".

Lo que le lleva a estas conclusiones que considera tan rompedoras es el argumento demográfico, cada vez más extendido entre los israelíes. Respecto a Jerusalén, por ejemplo, asegura que "quien quiera mantener el control sobre la ciudad entera deberá absorber a 250.000 árabes dentro de las fronteras de Israel". Es curioso observar cómo Olmert va más lejos que Obama respecto a la capital de palestinos y judíos. Pero sus declaraciones, reproducidas enteras en una revista del prestigio de la NYRB, son todo un guiño a una presidencia que empieza y a la que le dice que tiene la oportunidad de hacer cambiar definitivamente las cosas en Oriente Próximo.

Por cierto, recordemos que ahora se cumplirá un año de la Conferencia de Anápolis, convocada con gran solemnidad por Bush para alcanzar la paz antes de terminar su estancia en la Casa Blanca. Se irá de vacío, y sin remordimientos ni confesión de sus errores como Olmert: los únicos reproches que se hace a sí mismo son por haber hablado más de la cuenta. Misterios de la naturaleza humana que impiden reconocer ni un solo defecto a quien más gala ha hecho de ellos.

[Publicado el 19/11/2008 a las 10:00]

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El primer presidente judío

Bill Clinton fue el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, según la Premio Nobel de Literatura, Toni Morrisson. Barack Obama, según testimonios recogidos por el diario israelí Haaretz, será el primer presidente judío. /upload/fotos/blogs_entradas/barack_obama_junto_a_su_consejera_valerie_jarrett_en_primer_plano_med.jpgEl comportamiento de los ciudadanos norteamericanos que se identifican como judíos fue muy claro: un 77 por ciento votaron por Obama, tres puntos más que lo obtenido por Kerry en 2004 y sólo dos menos que Al Gore en 2000. Portavoces de la comunidad afro americana subrayaron inmediatamente después de las elecciones las estrechas relaciones que habían establecido ambas comunidades desde los años 60 con motivo de las movilizaciones por los derechos civiles.

El diario Haaretz ha recogido testimonios de dirigentes de la importante comunidad judía de Chicago en los que se subrayan las estrechas relaciones con Obama, al que reconocen prácticamente como uno de los suyos. Uno de los dirigentes, el abogado Alan Solow, asegura que la biografía del nuevo presidente, hijo de un extranjero y una norteamericana, su búsqueda de las raíces propias y su énfasis en la educación y en el trabajo forman un perfil semejante a la de los judíos de América. "Cuando dice que la seguridad de Israel es sacrosanta, yo le creo", asegura. "Siempre ha tenido una profunda comprensión de la necesidad que tiene Israel de seguridad".

Michael Bauer, otro dirigente de Chicago, observa las afinidades por un lado más ideológico. La separación entre iglesias y estado, el derecho de las mujeres a escoger y por supuesto su comprensión de las relaciones entre Estados Unidos e Israel le sitúan muy cerca de la comunidad judía de Chicago, de características muy progresistas. Bauer cuenta que Obama ha visitado Israel dos veces y ha estado en Sderot, la ciudad próxima a la frontera con Gaza que ha sufrido numerosas víctimas mortales por el impacto de centenares de cohetes Qassam. "Está comprometido con la existencia de Israel como Estado judío con fronteras seguras, no tengo ninguna duda", ha dicho Bauer.

Rahm Emmanuel, el jefe de gabinete de Obama ya nombrado, es un miembro destacado de la comunidad judía de Chicago, hijo él mismo de israelí y voluntario durnate la primera guerra del Golfo en tareas de autodefensa en Israel. Al vicepresidente Joseph Biden se le considera un político también muy comprometido en la seguridad de Israel. Y el propio Obama realizó un discurso ante el American Israel Public Affairs Committee, justo después de ganar a Hillary Clinton en las primarias, en el que dijo que "Jerusalén debe seguir siendo la capital de Israel y debe permanecer indivisa".

Hay que leer este discurso para observar hasta qué punto Obama está integrado en el consenso americano sobre la seguridad de Israel, algo que desde Europa cuesta o no se quiere entender siempre. Con un matiz, sin embargo, respecto a la posición de Obama y de la propia comunidad judía que ha votado mayoritariamente al candidato demócrata. "George Bush ha sido un desastre para el Estado de Israel", le dice Michael Bauer a la periodista de Haaretz. Algo parecido dice Obama en su discurso. Y yo también he oído palabras semejantes en boca de destacados isarelíes, identificados con el gobierno de Olmert y sobre todo con Tzipi Livni.

El compromiso de Obama con Israel conducirá a intentar de nuevo el camino de la paz, para evitar que se estreche todavía más el camino. Cada vez más gente sabe que el dilema ahora es entre la existencia de dos estados, con garantías para la seguridad de Israel y un país viable y gobernable para los palestinos, o un futuro Israel desbordado demográficamente que terminará siendo binacional y clausurando el sueño sionista. Ojalá este primer presidente judío americano consiga lo que Clinton no pudo y Bush no quiso. La existencia de Israel no tan sólo no está en contradicción con una paz justa e inclusiva para los palestinos sino que ésta última se está convirtiendo en condición indispensable para su futuro.

[Publicado el 18/11/2008 a las 09:55]

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Diálogos con la historia

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Paul Krugman se preguntaba la pasada semana: ¿Franklin Delano Obama? (Salió como cada lunes en The New York Times el 10 de noviembre y lo publicamos aquí ayer, en El País, en el suplemento Negocios). Hoy Bill Kristol, el director del semanario necon Weekly Standard, le respondía en su columna también semanal de la ‘vieja dama gris' neoyoquina con otra pregunta: ¿George W. Hoover?. Este es un diálogo muy americano y muy alejado de las costumbres hispánicas. Por desgracia, la historia política de nuestro país no da para estos juegos comparativos. La historia de España es un espejo roto y mellado en el que preferimos no mirarnos. Los norteamericanos, en cambio, pueden regresar con alegría y desenvoltura a su historia presidencial para iluminar el debate político de hoy, como lo hacen Krugman y Kristol de forma fructífera: Obama debe hacer como Roosevelt, pero mejor, dice el primero; los conservadores deben evitar que Bush termine siendo como Hoover y empiecen una larga travesía del desierto que sólo terminó más de cuarenta años después, cuando ganó Ronald Reagan, dice el segundo.

/upload/fotos/blogs_entradas/roosevelt_med.jpgHoover fue el presidente que no quiso o no supo reaccionar ante el crash de 1929. Roosevelt, que alcanzó la presidencia en 1932, ya en plena Gran Depresión, lanzó el New Deal, creando el estado de bienestar con sus políticas keynesianas de gasto público. Estos son los estereotipos que se asocian a cada uno de los dos presidentes, aunque la realidad sea algo más compleja y matizada: Hoover puso en marcha instituciones que fueron muy útiles a Roosevelt para combatir la crisis; y este último, según el mismo Krugman, fue demasiado prudente en sus políticas de gasto hasta que se declaró la Segunda Guerra Mundial, la auténtica oportunidad para una política colosal de gasto público.

Pero lo más interesante es lo que dice Kristol, el neocon que descubrió a Sarah Palin y que anda desesperado ante la eventualidad de que los demócratas se instalen por un período de tiempo muy largo en el poder, quien sabe si tantos años como lo hicieron a partir de Roosevelt. Y ahí es donde el conservador radical asoma la oreja pragmática, algo que no está nada mal: "Sospecho que los partidarios del libre mercado deben ser menos doctrinarios y (...) deberían depender menos de los modelos econométricos". El periodista neocon concluye que si los republicanos no son capaces de repensar sus políticas económicas se quedarán fuera de juego para una muy larga temporada.

Ha empezado una muy interesante batalla intelectual y uno de los primeros espadas conservadores se ha puesto ya ala defensiva. Seguiremos el desarrollo de este combate.

[Publicado el 17/11/2008 a las 10:30]

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Las crisis ponen a cada uno en su sitio

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Los jefes de Estado o de Gobierno del G-20 escuchan el discurso del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, durante la cena organizada en la Casa Blanca.

No se trata de ensalzar las crisis. Menos aún de apuntarse al entusiasmo más salvajemente liberal de aplaudirlas como una purga necesaria que limpia el sistema y lo deja como nuevo para empezar otra vez, sin que sea necesario aplicar terapia alguna fuera del darwiniano sálvese quien pueda. Pero no hay duda que toda crisis pincha burbujas y diluye espejismos. Las crisis son una cura de realidad. Para todos. Incluso para quienes pretenden erigirse en los doctores que van a curarnos de esa enfermedad.

La primera cuestión que se me ocurre a propósito de la reunión ayer en Washington es que, si no tuviéramos instituciones ni historia, quienes hubieran bastado para intentar resolverla hubieran sido Hu Jintao y George Bush. En tal caso, quizás antes y después habrían consultado con algunos de los socios planetarios más grandes, como Alemania y Japón, Brasil e India. Afortunadamente para todos tenemos ambas cosas: instituciones, aunque estén obsoletas, e historia, que también quiere decir experiencia.

El Reino Unido ha aportado en solitario mucho más a la solución de esta crisis que el resto de socios: de Gordon Brown es la idea, adoptada rápidamente por los europeos, de que los estados compren participaciones en los bancos y aseguradoras en crisis en vez de hacerse con los activos tóxicos. El Plan Paulson, que en sus inicios iba a servir para esto último, ha terminado europeizándose, de forma que su Gobierno participará directamente en las empresas.

También ha hecho su aportación Sarkozy: su afán de protagonismo ha sido uno de los motores de la reunión de Washington. Y aun reconociendo su parte de vacía representación, la conferencia del G 20+2 está bien y debía hacerse, así y en este formato: ha emitido un mensaje de voluntad política y ha definido una agenda de trabajo. Por supuesto, quedará en nada o en peor que nada, en un engaño, si a partir de ahora no adquiere una buena velocidad. Y esto sólo sucederá, aterricemos de nuevo, si Obama y Hu Jintao se ponen de acuerdo.

En la composición de esta mesa washingtoniana se pueden observar los dos movimientos: el de la realidad que nos sienta en nuestra silla y el de la fantasía escenográfica que persiste. El desplazamiento del centro de gravedad del mundo hacia Asia y hacia el Sur es visible incluso en las fotos y el protocolo. No son los europeos ni el japonés quienes flanquean la presidencia. Ahí está Bush, en la cena de la Casa Blanca, con Lula a su derecha y Hu Jintao a su izquierda. Al lado de Lula está Susilo Bambang, presidente de Indonesia, cuyo rostro apenas conocemos los europeos, y al lado de Hu Jintao, el rey saudí Abdalá, más conocido pero insólitamente convocado en una cumbre mundial. Así es el mundo en el nuevo siglo. Los europeos y el ruso quedan muy lejos.

La fantasía escenográfica la aportan esas cuatro instituciones que no han podido resolver la crisis y necesitan como mínimo revocar las fachadas y cambiar los muebles y el orden de las sillas: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Naciones Unidas, Foro de Estabilidad Financiera. Pero el esfuerzo y el barroquismo de mayor calidad es obra, como siempre, de los europeos con sus sillas tan sabiamente repartidas y administradas: ocho para la Comisión Europea, cuatro de primera fila y cuatro detrás; ocho más para Francia, en su presidencia de la Unión Europea, debidamente repartidas: la mitad para España, que cede una de la segunda fila a la siguiente presidencia de la UE, Chequia, y la otra mitad para Francia que , a su vez, cede una silla de primera fila a Países Bajos. Todos estos se quedan sin bandera propia y acuden bajo el manto azul con las estrellas. No está mal: debieran desaparecer todas. Francia, la France, tampoco luce su tricolor: Sarkozy no tiene inconveniente alguno en renunciar a la enseña a cuenta de su propio protagonismo. El presidente se considera a sí mismo mucho más que la bandera.

En el consenso europeo para asistir a la reunión se refleja la debilidad de sus instituciones y su incapacidad para ser y parecer alguien en el mundo. Si los europeos hubiéramos hecho nuestra unidad política, quizás la reunión se habría convocado directamente en París y el presidente Sarkozy podría tocar el cielo. Como no es el caso, ahí estamos, incomprensibles, confusos, repartiéndonos las sillas y sin bandera la mitad de los asistentes. No está nada mal para España, reconozcámoslo, y que lo reconozcan incluso aquellos a quienes les puede su fobia antizapateril, antisocialista o antiespañola. Jamás el Gobierno de Madrid había estado hasta hoy en una reunión de este calibre, que pretende poner en marcha una nueva forma de trabajar y de organizarse en el mundo. Según la vice, hemos salido del rincón de la Historia. Lleva razón, pero lo hemos hecho a la vez que seguimos empantanados en la insignificancia europea.

La crisis va poniendo a todos en su sitio: nos hace subir unos puestos y a la vez nos difumina en la irrelevancia de nuestra falta de voluntad europea. Algo parecido, a otra escala, le sucede a Bush, que ayer tuvo su día de gloria, pero sabe que le esperan los vastos jardines sin aurora, por más que Aznar le cante responsos gloriosos en las páginas de Le Figaro.

[Publicado el 16/11/2008 a las 10:00]

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Esa extraña reunión de Washington

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"Bush defiende el capitalismo y el libre mercado a un día de la cumbre del G20"

Pongamos las cosas en claro. Esa reunión ni es lo que se dice ni puede salir de ella lo que se está contando. En primer lugar, no es el G 20. Parte de la idea del G 20 de ampliar los encuentros entre los mandatarios de los países más ricos a los principales países emergentes. Pero no es el G 20 porque este formato ha reunido hasta ahora sólo a los ministros de Economía y Finanzas. Tampoco es exactamente el G 20 porque la presidencia anual corre a cargo este año de Brasil, país que naturalmente estará representado pero que no es el convocante de la reunión como correspondería: los convocantes son Nicolas Sarkozy y George Bush, dos presidentes en precario, que hacen uso uno del otro para reforzarse mutuamente; el primero en sus últimos días en la Casa Blanca para dorar un poco es lamentable cuadro que deja a su sucesor, el segundo para hinchar y a ser posible prolongar su presidencia semestral de la Unión Europea. Ni siquiera es el G 20 por la lista de países que acuden: Holanda y España se han sumado al encuentro, con toda la lógica del mundo, y eso no hace más que mejorar el formato de la reunión, pero no pertenecen a este grupo en el que se integran las economías que fueron hace unos años de países en desarrollo.

Sigamos con los asistentes. Sabemos que Barack Obama no va a ir y ni siquiera desea convertirse en un interlocutor de los asistentes en paralelo a la reunión. Tampoco habrá una representación de su equipo en el encuentro. No hay dos presidentes de Estados Unidos a la vez, se ha cansado de repetir. El presidente electo estará en Chicago, donde vive y tiene su distrito senatorial. Pero una cosa será la reunión estricta, con su comunicado y sus fotos y otra muy distinta los contactos oficiosos en los pasillos y en los hoteles y restaurantes de Washington. Como todo el mundo da por hecho que las delegaciones extranjeras querrán entrevistarse con gente de Obama, habrá tres interlocutores para atender las peticiones, según ha contado The Washington Post.

Dos de los interlocutores han sido dispuestos por los consejeros de Obama. Se trata de la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright, y del ex congresista Jim Leach, un ‘republicano de Obama', que le apoyó públicamente en la convención Demócrata en Denver. Y en un tercer caso, ha sido la propia Casa Blanca la organizadora del contacto: se trata del profesor de Georgetown y ex consejero de Clinton, Daniel Tarullo, que forma parte de los equipos de asesores de Obama y apareció en la foto de Chicago de la primera rueda de prensa después de la victoria. Tarullo está muy arriba en la lista para ocupar el cargo de máximo negociador comercial de Estados Unidos.

La confusión que reina en torno a la reunión no disminuye ni un ápice su importancia. La tiene el sólo hecho de que se aborde la crisis financiera en una cumbre a la que se convocan las grandes economías emergentes, y principalmente a China. Supone reconocer, de entrada, que se ha terminado la época en que Estados Unidos y Europa eran los únicos que discutían y tomaban decisiones cuando había que abordar situaciones difíciles. Cabe suponer, además, que se pondrá en marcha un debate a fondo, que desbordará a los gobiernos participantes, sobre cómo hay que organizar el nuevo orden económico y financiero internacional.

Está claro que sobra prosopopeya. No habrá reforma alguna del capitalismo, será un proceso lento y complejo, tardaremos en saber la orientación exacta del proceso. Exactamente el tiempo en que la nueva Administración Obama se instale y adopte posiciones claras: de momento el equipo del nuevo presidente prefiere no comprometerse ni atarse las manos. Y por eso se ha quedado en casa.

[Publicado el 14/11/2008 a las 10:15]

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¿Y ahora qué hacemos?

La noche de su inesperada victoria en las urnas, un Robert Redford caracterizado como el candidato al Senado por California Bill McKay inquiere estupefacto a su jefe de campaña: "¿Y ahora qué hacemos?". La pregunta pertenece al filme El candidato, por el que su guionista Jeremy Larner obtuvo en Oscar al mejor guión en 1972. /upload/fotos/blogs_entradas/elcandidato1_med.jpgPero se acerca bastante a lo que venía sucediendo en la realidad. "Si salgo elegido, no quiero despertarme la mañana del 9 de noviembre y preguntarme a mí mismo, ¿y ahora qué hago yo con el mundo?", le dijo John F. Kennedy a su consejero Clark Clifford en agosto de 1960, cuando todavía era candidato a la presidencia. Más lejos en el tiempo, Harry Truman, todavía vicepresidente de Estados Unidos, le dijo a Eleanor Roosevelt en abril de 1945, ante su marido de cuerpo presente: "¿Puedo hacer algo por usted señora?". La enfática respuesta a quien iba a suceder al presidente fallecido fue la siguiente: "¿Hay algo que pueda hacer yo por usted? Es usted quien se halla en dificultades ahora".

La transición presidencial es uno de los grandes momentos en la historia americana. Es un período de vacío, que se llena con la celebración de un rito de paso, una compleja ceremonia para sustituir y civilizar el crimen más o menos ritualizado por el que las sociedades arcaicas eliminaban al jefe anciano y lo sustituían por otro más joven. Desde hace decenios se vienen estudiando y preparando las transiciones presidenciales americanas, hasta el punto de que existe un cuerpo de sólidos trabajos sobre cómo han sucedido hasta ahora y sobre cómo hay que preparar la que está en puertas. Esto último es lo que ha hecho Stephen Hess, que ha trabajado en varias ocasiones en la /upload/fotos/blogs_entradas/what_do_you_now_med.jpgCasa Blanca desde los años cincuenta como uno de esos consejeros que vemos en El Ala Oeste, en un libro que lleva por título el mismo que la columna (What do we do now?) y está redactado como un manual escolar dirigido al presidente novicio, incluidos ejercicios y cuestionarios. También lo han hecho Kurt Campbell y James Steinberg, politólogos ambos y el segundo consejero también de Bill Clinton (Transiciones difíciles. Dificultades en la política exterior en los comienzos del poder presidencial), que consideran esta transición como una de las más complejas y arriesgadas: es la primera después del 11-S, hay dos guerras abiertas y una crisis económica que amenaza con una profunda recesión y es producto de un fuerte antagonismo y de una ruptura drástica con la anterior presidencia.

Obama y su gente forman quizás el equipo humano más preparado para aplicar esos buenos consejos de los especialistas sobre cómo hacerlo. Saben, por ejemplo, que no hay que confundir las etapas. Hay que tener un equipo para la campaña, que es el que han encabezado los davides, Axelrod y Plouffe. Otro para la transición propiamente dicha, que encabeza el último jefe de gabinete de Clinton, John Podesta. Un tercero, el que se pondrá al mando el 21 de enero, y que ya tiene como piloto a Rahm Emmanuel, jefe de gabinete de Obama. Y otros más para tareas específicas, como el que se presentó el pasado viernes, en la primera conferencia de prensa, que permitió fotografiar juntos a todos sus asesores económicos, un impresionante plantel donde hay desde ex secretarios del Tesoro hasta empresarios millonarios.

La transición empieza con la campaña y termina con los cien días, período inventado precisamente por Roosevelt, ahora tan citado, para poner en marcha su plan contra la Gran Recesión. Pero su núcleo es el período actual, esas once semanas en que hay un presidente pato cojo casi desposeído de poder, pero capaz de seguir firmando decretos. Bush lo está haciendo en temas ideológicamente muy propios: en cuestión de libertades, con nuevas autorizaciones al FBI para espiar a los ciudadanos; en medioambiente, con el levantamiento de la protección de especies en extinción y de la prohibición de emisiones y residuos cerca de zonas protegidas; y, en costumbres, con nuevos límites al acceso de las mujeres al derecho a interrumpir el embarazo y a la información sobre salud reproductiva. El nuevo presidente, sin poder ejecutivo todavía, puede presionar para que la industria automovilística severamente tocada por la crisis reciba ayudas antes de instalarse en la Casa Blanca, pero preferirá no quemarse todavía en otras iniciativas, como ese Breton Woods II del próximo sábado. Obama tiene, además, otro equipo trabajando desde hace siete meses en 200 primeras medidas para destejer la tela de araña de Bush antes de que esa difícil transición toque a su fin. Y esto es algo que se produce, normalmente, alrededor de cien días después, cuando llegan los primeros y grandes desengaños.

[Publicado el 13/11/2008 a las 10:10]

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La nueva corte de Washington

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George W. Bush y su esposa Laura reciben a Barack y Michelle Obama frente a la Casa Blanca.

Dime de quién te rodeas y te diré quien eres. La instalación de un nuevo presidente en la Casa Blanca es un rito de paso que da lugar a muchos exámenes y pruebas. Estamos ahora en el momento de las apuestas, las sugerencias, las presiones...Los distintos grupos de interés quieren colocar a quienes les representen. Los más ambiciosos se abren pasos a codazos. Los hacedores de reyes, esos personajes que quieren hacer notar su influencia, intentan imponer a sus recomendados. Todo esto se traduce en filtraciones, rumores o meramente en la utilización abierta de los medios de comunicación para lanzar un nombre, un globo sonda o un valor que no estaba en el mercado.

La lista de quienes pueden recibir grandes encargos del presidente Obama empieza a ser larga. En ella están candidatos presidenciales derrotados como John Kerry o Hillary Clinton, actuales cargos de Bush como Robert Gates, republicanos con cargo como el gobernador de Califormia Arnold Schwarzeneger o sin cargo como Colin Powell, antiguos secretarios de Estado de Clinton como Lawrence Summers, un ex embajador en Naciones Unidas como Richard Holbroolke, un ex vicefiscal general como Eric Holder o el presidente de la Reserva Federal de Nueva York Timothy Geithner.

Se detecta, de una parte, una cierta voluntad de apertura partidista, transversalidad o, como se dice en Estados Unidos, bipartidismo: hay que trufar el nuevo equipo con los nombres de algunos republicanos ilustres. De la otra, destaca en las quinielas la cantera del anterior presidente demócrata, Bill Clinton. Esto último también sucede con los equipos que están preparando el relevo: John Podesta, el último jefe de gabinete de Clinton, es quien se encarga de ello; y el próximo jefe de gabinete ya nombrado, Rahm Emanuel, fue consejero especial de la Casa Blanca entre 1993 y 1998.

La instalación del nuevo equipo llevará tiempo. La costumbre dice que en Thanksgiving, el Día de Acción de Gracias, que cae este año en 27 de noviembre, deben conocerse todos los nombres. Si es así, será el momento de observar y analizar qué tipo de equipo ha construido el nuevo presidente. Si se rodea de los mejores, como apuntan buena parte de los nombres barajados, tendremos un nuevo signo positivo acerca del tipo de presidencia que nos aguarda: ya se ha escrito, entre los profetas optimistas, que Obama será un gran presidente. (Para Estados Unidos, naturalmente. Algo que suele ser también bueno para el conjunto del planeta). Lo malo son los presidentes que se rodean de mediocres y arribistas, o de gente a la que pueden dominar y puentear. Es decir, los presidentes que prefieren la mediocridad y la sumisión a la inteligencia y la rebeldía. No daré nombres ni miraré a nadie.

[Publicado el 12/11/2008 a las 10:30]

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En manos de Obama

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Barack Obama sigue llevando a sus niñas a su colegio en Chicago.

Pasamos de un tema a otro sin respirar. Ahora estamos ya instalando a Obama en la Casa Blanca y en el mundo. Y apenas hemos tenido tiempo de pararnos y ver qué ha sucedido realmente, analizar con detalle los mapas electorales, las estadísticas, las encuestas, la distribución del voto. O la campaña, la más larga de la historia electoral norteamericana, que merece ser destripada y analizada en las facultades de política y en las escuelas de comunicación, debido al gran número de novedades que presenta: un nuevo salto en el uso de nuevas tecnologías, financiación popular muy extensa, modificaciones en las formas de operar y de organizarse los dos grandes partidos...

El mapa electoral está en pleno movimiento sísmico: levemente hacia la izquierda, al impulso sobre todo de la crisis económica. Los grupos sociales que han desplazado su voto son principalmente los que eran considerados alógenos en la vieja América wasp (white, anglosaxon and protestant) de hace solo 30 años. Obama ha ganado entre los negros de forma abrumadora, pero también entre los asiáticos e hispanos. Es la América mestiza, esa América que se parece tanto al mundo cómo es y tan poco al mundo cómo ha sido. Pero no hay que lanzar las campanas al vuelo: los que han rechazado el matrimonio entre personas del mismo sexo en tres estados son votantes que en gran parte han optado por Obama. Este es un capítulo que requerirá su propio desarrollo en algún momento.

Pero el fenómeno más importante es generacional: solo entre los mayores de 60 años ha ganado McCain. La generación de Obama penetra incluso en el electorado sudista de los cristianos renacidos: sus jóvenes también se entusiasman con el mensaje del hasta ahora senador por Illinois. Otro dato significativo: los tres condados de mayor crecimiento de renta en todo el país han votado también a Obama. Son Riverside County en California, Clark County en Las Vegas y Research Triangle's Wake County en Carolina del Norte, según el diario Politico. Todo esto compone un cuadro de la América emergente, joven moderna: el futuro.

También están en plena efervescencia los dos grandes partidos. Uno transformado por la victoria, el otro cuarteado ya antes de la derrota, pero ahora todavía más propenso a las luchas cainitas. Habrá que analizar con detalle cómo quedan las ideologías correspondientes. La neocon ya lo sabemos, aunque tiene una gran resistencia y fuerza reactiva. Puede ser muy cierto que al final todo sea una gran victoria de la moderación y del centrismo. Disgustará a algunos pero complacerá a muchos.

Lo más preocupante del cambio que se avecina son los acentos proteccionistas que le acompañan, pero esto no tiene que ver directamente con la campaña n con Estados Unidos, sino con aires que soplan en todas partes. No sería buena noticia que se levantaran nuevas fronteras para las personas y para las mercancías, pero tampoco hay que esconder que algún peso han tenido estas ideas en las elecciones. El tema de la inmigración , como si hubiera un pacto de silencio entre ambos candidatos, apenas ha asomado.

La mayor revolución se ha producido en la integración del fenómeno generacional con el cambio tecnológico. Estados Unidos sigue siendo un país de punta en el capítulo político gracias al dinamismo social y a la capacidad tecnológica. De estas elecciones sale una nueva forma de hacer política y de ganar elecciones, unos sistemas organizativos y partidarios totalmente distintos, muy bien acoplados a los teléfonos móviles, a los blakcberrys, a los videojuegos y a la televisión por Internet, que desborda y supera a la televisión convencional.

El capítulo de la financiación de las campañas es especialmente trascendental. Obama ha superado todo lo que cabía imaginar. Ha sido la campaña de los mil millones de dólares (one billion dollar campaign), pero más del 60 por ciento lo ha recogido Obama. Él solo ha juntado más por la vía de las aportaciones populares de menos de 20 dólares que McCain con todas las suyas juntas. Según los especialistas, McCain ha hecho una muy buena campaña, bastante cara, dentro de los parámetros que se podía esperar. El problema es que Obama ha hecho una campaña todavía mejor.

Y dentro de lo mejor, la cuestión con más interés para el futuro es la utilización del enorme banco de datos fabricado durante los 21 meses transcurridos desde que lanzó candidatura. Tienen tanto valor porque en ellos están todos los que han aportado y participado de cien formas distintas, que muchos los consideran como la pieza clave y un instrumento organizativo de primer orden para el futuro del Partido Demócrata. En manos de Obama, por supuesto. Con este presidente y esta arma, que se cuiden las espaldas los congresistas.

[Publicado el 11/11/2008 a las 10:15]

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Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

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