El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 12 de marzo de 2010

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

Dos tazas de desconfianza

La técnica es bien conocida. Hay que sentar a los dos adversarios que sostienen posiciones de imposible conciliación y buscar acuerdos sobre asuntos a veces marginales o menores para que sirvan de estímulo a sucesivos acuerdos de mayor calibre. Se trata de poner en marcha el círculo virtuoso en el que cada paso que se da, por pequeño que sea, es un estímulo para dar el siguiente. La negociación total, en la que nada se acuerda hasta que todo el acuerdo está cerrado, no ha funcionado nunca entre israelíes y palestinos: al final se rompe o ni siquiera hay energías para levantarlo. Empiezan sin esperanza alguna los contactos de proximidad entre israelíes y palestinos El punto del que se parte ahora no puede ser más débil. Llevan ambos bandos 14 meses sin hablarse. Israel está gobernado por un Gobierno extremista, en el que los colonos que ocupan ilegalmente tierras palestinas siempre terminan pesando más de la cuenta. Los palestinos se hallan divididos, territorial y políticamente, entre el terrorismo de Hamas, que malgobierna la franja de Gaza en condiciones de miseria creciente, y el débil Fatah, sin legitimidad electoral, con mando en Cisjordania. Cualquier progreso anterior, y los hubo en los últimos meses de Bush con la conferencia de Annapolis, quedó arruinado con la guerra de Gaza y la trabajosa formación de un Gobierno israelí en el que no faltan xenófobos y antiárabes, pero que destaca por la presencia de un ministro de Asuntos Exteriores de origen ruso, como Avigdor Lieberman, que es un auténtico antidiplomático y en todo caso el peor rostro internacional de toda la historia de Israel. Barack Obama llegó a la Casa Blanca en enero de 2009 con muchos bríos y espléndidas promesas sobre la paz en el mundo y, naturalmente, en Oriente Próximo. Hizo solemne promesa de amistad inquebrantable con Israel y de garantía de su seguridad nada menos que ante un público árabe en El Cairo, y en contrapartida conminó a Netanyahu a que congelara los asentamientos como paso previo a la negociación directa para la creación de un Estado palestino al lado del Estado israelí. Eso fue el 4 de junio pasado; pues bien, el 14 de junio, Netanyahu no tuvo más remedio que recoger el guante en un discurso tan solemne como lleno de condiciones y de cautelas en el que apoyó con la boca pequeña la fórmula de los dos Estados, aunque rechazó la congelación de los asentamientos. Luego corrigió el tiro y también decretó la congelación por 10 meses de la construcción de nuevas viviendas en territorio palestino, pero con más envoltorio de cautelas y condiciones que sustancia: la ampliación de las actuales colonias, a cuenta del crecimiento vegetativo, no está incluida; tampoco Jerusalén. Resultado: las colonias han seguido creciendo sin freno. La estrecha amistad entre Washington y Jerusalén es ahora una pelea de familia. Son como un matrimonio malavenido que jamás querrá divorciarse y se prodiga en piques y discusiones. Obama ha viajado a Turquía y Egipto, pero todavía no a Israel. No se dio prisas para recibir a Netanyahu en la Casa Blanca y antes recibió al vecino rey Abdalá de Jordania. Ahora manda al vicepresidente Joseph Biden, de inconfundibles simpatías hacia Israel, para que inaugure esta fase de contactos de proximidad; pero evita así la solemne visita que escenifique este amor inquebrantable tantas veces predicado. Por eso la respuesta que obtiene es una doble bofetada. El lunes, se anuncia el permiso para construir 112 hogares en el asentamiento de Beitar Illit y el martes la construcción de 1.600 viviendas en Jerusalén Este, en territorios dentro de la ciudad destinada a ser la capital palestina. Biden iba a fomentar la confianza. Quería caldo y le han dado dos tazas. Pero de desconfianza. Su respuesta sobre el terreno ha sido todo lo contundente que podía esperarse. Primero se comportó con Netanyahu como un jeque árabe: le hizo esperar una hora y media. Y mientras tanto redactó el comunicado de condena, al que no le faltaba ni una letra: "Condeno la decisión del Gobierno israelí de promover la construcción de nuevas viviendas en Jerusalén Este". En realidad, no ha sucedido nada que no hubiera sucedido antes. Netanyahu ya desafió a la autoridad de Washington con la formación y composición de su Gobierno, y desde entonces todo ha ido confirmando la desgana israelí ante las negociaciones de paz y los argumentos de los palestinos respecto a la burla de los asentamientos. Ayer recibieron a Biden en Ramalah compungidos pero más cargados de razón que nunca. Así empieza esta nueva ronda de negociaciones. Con la modestia de un método que ni siquiera exige a los negociadores que se saluden y miren a los ojos. Sin esperanza alguna, porque una parte sólo piensa en Irán y la otra desconfía absolutamente de todos, incluso de sus propias fuerzas. Quizás ésta sea la única luz al final del túnel: cuando nada se espera, algo puede obtenerse por pequeño que sea.

[Publicado el 11/3/2010 a las 08:56]

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Jugadores de riesgo

No hay gobierno sin riesgo. Quien no arriesga no gana. Pero se puede arriesgar de muchas formas. Por ejemplo, con red o sin red. A lo grande o modestamente. En una mesa de juego o en varias a la vez. La prudencia política aconseja la dosificación del riesgo. Aunque el primer cálculo de riesgo que hay que asumir es el de saber tasar las propias fuerzas y debilidades. Es el mayor riesgo de todos: apostar por unas fuerzas meramente virtuales, de las que se desconoce lo más elemental, es decir, si funcionarán en los momentos decisivos. Quien arriesga en exceso y sin cauciones termina tropezando con la estadística, es decir, con que el peligro de que surja el percance. Obama es un buen ejemplo de jugador de alto riesgo. A lo grande, jugando en varias mesas, confiando sobradamente en sus virtudes políticas y sobre todo oratorias. Tiene sin embargo una gran ventaja: hay un sistema de fusibles fantástico, que irán saltando uno detrás de otro antes de que la descarga eléctrica pueda alcanzarle. El primero de todos es su jefe de gabinete, el príncipe de las tinieblas de su Casa Blanca, Rahm Emmanuel. El debate político estos días se centra en saber si la pérdida de la supermayoría en el Senado, que garantizaba la reforma sanitaria, debe cobrarse una pieza de su envergadura para devolver un cierto margen de acción al presidente. Sarkozy es otro jugador de riesgo. También le gustan los grandes espacios y las cifras con muchos ceros. Como le sucede al presidente norteamericano, cuenta asimismo con un espléndido sistema de fusibles preparado para defenderle. Pero le gusta tanto el riesgo que no puede resistirse a asumirlo él personalmente. A la hora de optar entre exponerse personalmente o ceder algo de protagonismo a su primer ministro o a los ministros del Gobierno no tiene duda alguna. Su voracidad le impide actuar de otra forma. En algún momento es evidente que sacrificará a François Fillon, el resignado ?colaborador? suyo que tiene oculto bajo su sombra. Pero probablemente no será para evitar un riesgo, sino exactamente por lo contrario. Berlusconi también ama el riesgo, aunque las únicas dimensiones colosales que le interesan son las de su enorme fortuna. Arriesga mucho, vaya si arriesga; pero en un sentido muy distinto. Y sus fusibles son el ejército de abogados que le acompaña. No necesita más. Sirvientes y abogados. Además de velinas, por supuesto. El ?vivere pericolosamente? se adapta muy bien a su moral. Pero quien sufre el peligro y el riesgo son los italianos. Zapatero tiene algo de cada uno de los anteriores: es un jugador de riesgo, obviamente. También abre más partidas de las que puede jugar. Atendiendo a las características del sistema español podría contar asimismo con un buen sistema de cautelas y fusibles. Pero desde el primer día ha preferido, como Sarkozy, asumir en soledad el desafío. Cada uno de los grandes envites ha terminado directamente en sus manos. Sus ministros parecen franceses, borrados por el hiperactivismo presidencial. Pero ZP no tiene nada del narcisismo del presidente francés, aunque sea a quien más se parece en estilo político. Con el inconveniente de que el presidente del Gobierno español tiene un blindaje institucional más suave que el todopoderoso jefe del Estado de la República vecina. De manera que nadie en la derecha francesa discute su liderazgo, mientras que no puede decirse lo mismo de la izquierda española. Por eso allí lo único que interesa es si alguien tendrá la oportunidad de desafiarle seriamente desde la oposición en las próximas presidenciales en 2012, mientras que aquí ya se hacen cábalas sobre si hay que buscarle rápidamente un sustituto para situar en cabeza del cartel socialista.

[Publicado el 10/3/2010 a las 07:42]

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Gestores de crisis

Lo mínimo, lo elemental, es saber gestionar las crisis. Matizando un poco más: saber comportarse ante las crisis. Nada nos irrita más que un gobierno que no sepa comportarse ante una crisis. Y esto vale para una breve crisis de los transportes en una tarde de nieve que colapsa una ciudad y un país entero como para una larga crisis económica. Ante las crisis hay muchas formas de reaccionar, pero la peor de todas es la negacionista: los gobernantes no reconocen que existe mientras los ciudadanos están sufriéndola. Es la peor pero no es la única mala. No hay que olvidar a los que aprovechan todas las crisis para barrer para casa: ciertos gobiernos pueden utilizarlas para acumular más poder o para dedicarse a lo único que saben hacer, que en algunos casos puede ser algo tan lamentable como extender la corrupción. Tenemos ejemplos muy próximos y actuales. Frente a quienes saben sacar siempre partido de las crisis, reconozcamos, de entrada, que no hay crisis buena. Quien está al cargo tiene todos los números para cargar con la responsabilidad entera, por lo que se ha hecho y por lo que no se ha hecho, por lo que tiene remedio y por lo que no tiene remedio alguno por mucha voluntad y trabajo que se le eche. A Bush le partió la presidencia la catástrofe del Katrina porque no supo comportarse. A Zapatero se lo llevará probablemente una crisis económica en cuyo origen tiene tanta responsabilidad como cualquier otro, pero en su caso sucederá porque se empeñó y quizás sigue empeñado en confundir el necesario optimismo que se necesita para dar confianza a los mercados con el realismo de reconocer las cosas tal como son en toda su crudeza. A Berlusconi, en cambio, no hay crisis que le haga temblar ni que haga mella sobre su imperturbable acción depredadora; al contrario, él y sus amigos sacan beneficios y dividendos sustanciosos de las crisis: quizás porque la crisis es él mismo y no terminará la que sufre la política italiana hasta que no se jubile. Caso aparte, interesante, es el de quien vive de superar las crisis. Es lo que sucede con la Unión Europea. Si no hay crisis nada se mueve y sólo las crisis la obligan a ponerse en marcha: en su caso, toda crisis es buena. El gobierno económico del euro surgirá de la crisis griega, eso sí, siempre que el euro aguante. Esta es la forma tecnocrática de gestión de crisis: no se toca nada mientras la máquina funciona; y en cuanto se produce la avería se cambia de máquina. Hay que decir que, hasta ahora, éste ha sido un método excelente. Europa ha crecido de crisis en crisis. Pero todo tiene un límite y no puede descartarse la llegada de una crisis más fuerte que los equipos de bomberos destinados a cortarla. Eso es lo que desean los más hostiles al proyecto europeo, que la crisis griega sea sólo el aperitivo de un magno colapso del euro, indefectiblemente iniciado, según su imaginación eurofóbica, por la economía que combina el máximo tamaño con la máxima fragilidad, es decir, España. Hemos detectado, así, tres estilos de enfrentar las crisis por parte de los negacionistas, los cínicos o los tecnócratas. Hay muchos más, seguro. La carismática, por ejemplo: frente a la crisis el gobernante se arremanga y se pone al frente. A quitar nieve si se ha colapsado la red de calles y carreteras, como no hizo nadie ayer en Barcelona y Cataluña. A dar la cara ante el terremoto devastador, el quinto registrado en la historia del planeta, que ha golpeado Chile, como sí hizo Bachelet. A achicar agua si va de inundaciones, como hizo Schroeder en 2002 antes de una campaña electoral que le dio una victoria tan merecida como inesperada. A contar la que se nos viene encima en pérdida de empleo como ha hecho Obama. Todos sabemos que la acción de este gobernante que se pone al frente sirve para poco si no hay medios y sobre todo si la catástrofe es de dimensiones apocalípticas. Finalmente, ésta puede ser la mejor técnica para revertir los efectos de la crisis a favor de la imagen electoral; pero requiere reflejos y un cierto sentido del riesgo que suelen escasear en esta profesión tan conservadora que es en el siglo XXI la de político. En cualquiera de los casos, los ciudadanos necesitan y deben exigir que sus representantes sepan explicarles y acompañarles cuando las cosas vienen mal dadas y se les paga para que nos den ánimos y nos ayuden, aunque sirva para poco, y no para que utilicen las crisis para sacar provecho, como ha sucedido en Italia, o para reírse de nosotros en nuestras barbas desde el estribo de sus coches oficiales mientras nosotros nos quedamos tirados por la nieve en las vías y carreteras.

[Publicado el 09/3/2010 a las 08:00]

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Lo que Barcelona debe a Sarkozy

Al presidente francés le gustan los toros, Madrid, la cultura española y Estados como el suyo, bien centralizados, con una gran lengua universal y las mínimas monsergas regionalistas. Cuando se sacó de la manga la idea de una institución europea volcada al Mediterráneo, a principios de 2007 y en plena campaña electoral, lo último que podía ocurrírsele era que quedara vinculada al nombre de Barcelona. En la noche de su victoria fue una de las banderas ideológicas que levantó: iba a organizar una Unión Mediterránea que cambiaría al mundo. Su idea era organizar una alternativa mediterránea a la Unión Europea, de la que quedarían excluidos los países no ribereños del Norte y, en especial, Alemania. Sería una construcción en la que Francia ocuparía el lugar central, aunque, eso sí, los fondos para los programas deberían salir de las arcas de Bruselas. También quitaría a los españoles la iniciativa del Proceso de Barcelona, iniciado en 1995 con la Conferencia Euromediterránea que se celebró en la capital catalana. Compensaría, así, el desastre cosechado por su antecesor Jacques Chirac con el Tratado de Niza, cuando Francia dejó de pesar lo mismo que Alemania en la Unión Europea a la hora de votar y de contar con cuotas de poder. Ya se sabe que Francia siempre ha viajado en primera con billete de segunda, según frase vitriólica del canciller alemán Konrad Adenauer. Afortunadamente para todos, barceloneses incluidos, la diplomacia francesa, el famoso Quai d?Orsay, da sopas con onda a su presidente. Las genialidades de Sarkozy fueron troceadas y pasadas por los tamices de sus magníficos diplomáticos, que negociaron con destreza hasta destilar una fina composición, afortunadamente irreconocible, pero que su presidente podrá exhibir como trofeo personal. En los anales quedará que al voluntarismo de Nicolas Sarkozy se debe la Unión por el Mediterráneo-Proceso de Barcelona, que tal es el nombre del artefacto, nacido en una cumbre en París el 13 de julio de 2008. El organismo, formado por 43 países de las dos orillas, integra a todos los socios europeos y forma parte de la arquitectura de la UE. Es menos grandilocuente y ambicioso que el anterior Proceso de Barcelona. Recordemos que entre los objetivos de la Conferencia de 1995 se contaba que en 2010 el Mediterráneo sería una gran zona de libre cambio, objetivo que queda muy lejos de la realidad de los intercambios y obstáculos todavía existente. Ahora, en cambio, se trata de hacer lo que Sarkozy llama humildemente una unión de proyectos. A pesar de la cura de realismo, el camino para que la UpM eche andar no es nada fácil. Hubo un ligero rifirrafe por la designación de la sede. Los méritos de Barcelona frente a La Valeta o Túnez, las otras candidatas, eran obvios. Aunque bien pudieron surgir otras apuestas, como Marsella o Tánger, el pragmatismo francés quiso complacer a los socios españoles, no fuera caso de que hicieran descarrilar todo el invento. Todavía habrá que saltar alguno de los muchos obstáculos de los que el Mediterráneo dispone en abundancia antes de que empiece a navegar: la enemistad entre Argelia y Marruecos con el Sahara de fondo, la tensión entre Chipre y Turquía por la parte turca de la isla, la permanente hostilidad antieuropea del Estado freaky que es la Libia de Gaddafi y, en el centro de todos los conflictos, esa paz siempre pendiente, siempre lejana, entre israelíes y palestinos. Este fue el obstáculo que enrocó al Proceso de Barcelona y al que hay que sortear ahora para que no vuelva a bloquearse de nuevo. Al final, pues, hete aquí que Barcelona será y es ya la capital del Mediterráneo, con su pequeña secretaría abierta en Pedralbes desde el pasado jueves. En junio albergará la primera cumbre de la UpM ya en funcionamiento y cabe esperar que muy pronto arranquen esos proyectos que deben definirla: energía solar, autopistas del mar, protección civil ante las catástrofes, intercambios universitarios y desarrollo de las pymes de las dos orillas. Las banderas de los 43 ondean frente a Pedralbes, el Palacio Real construido para Alfonso XIII, donde se hospedaba el general Franco en sus viajes a Barcelona. El símbolo de la vocación de capitalidad queda así satisfecho, con la secretaría que dirige el diplomático jordano Ahmed Masadeh. ¡Al fin, gracias a Sarkozy, capital europea de algo!

[Publicado el 08/3/2010 a las 08:09]

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Esclavos del holocausto

Esta expresión pertenece a Idith Zertal, filósofa israelí nacida en un kibutz y autora de un libro imprescindible, que se titula ?La Nación y la muerte. La Shoá en el discurso y la política de Israel? (Editorial Gredos). Esta mujer de 66 años, discípula de Hannah Arendt, critica a quienes han devaluado el Holocausto hasta convertirlo en un proyectil político y retórico para cualquier cosa. ?Calderilla para zanjar sus rifirrafes políticos?, lo denomina en la entrevista que publicó ayer La Vanguardia y donde puede encontrarse también la expresión que encabeza estas líneas. Ahí están, en este grupo, quienes buscan infames simetrías históricas en las que se identifica a Israel con el nazismo y a los palestinos con los judíos; pero también, incluso con mayor vergüenza, quienes hacen lo contrario como identificar a Arafat o Ahmadinejad con Hitler y utilizan a las víctimas del nazismo para camuflar al actual militarismo israelí y al extremismo xenófobo de los colonos. La señora Zertal es una ciudadana inteligente, civilizada y sobre todo compasiva, cuya obra intelectual constituye un timbre de orgullo para Israel y sus instituciones universitarias y para sus conciudadanos, aunque algunos no lo aprecien así. Estas líneas son sobre todo para recomendar calurosamente la lectura de su libro, que aparece ahora en castellano después de su traducción al catalán nada menos que hace cuatro años, por parte de un espléndido y recóndito editor de Mallorca llamado Lleonard Muntaner. Uno de los atractivos de la edición castellana es el prólogo que ha escrito justo ahora el historiador y ex ministro de Exteriores de Israel, Shlomo Ben Ami. ?Israel necesita dominar la memoria en vez de convertirse en su rehén?, escribe Ben Ami. ?La presión obsesiva de la memoria de la Shoá corre el riesgo de convertirse en base ideológica de una sociedad de víctimas con inmunidad moral en su confrontación con el mundo árabe, y con el mundo en general?, añade. Y con otra cita más, de ésas que hablan por sí solas y parecen pensadas para los últimos acontecimientos y debates, doy por terminada mi incitación a la lectura de Zertal. Es de su mismo libro: ?Israel se ha transformado en un lugar crepuscular donde la Shoá ya no representa un acontecimiento del pasado, heterogéneo y complejo, sino una eventualidad permanente y una ideología comodín, aplicable a todas las circunstancias. A través de Auschwitz ?que se ha convertido en la principal referencia de Israel ante un mundo definido como antisemita y hostil? Israel se dota de un aura de sacralidad, la de la víctima final, y se muestra impermeable a la crítica y al diálogo racional con el resto de la comunidad internacional?. Hay que decir, que probablemente uno de los últimos políticos israelíes que intentó con gran coraje, desgraciadamente sin éxito, salir de este laberinto de la memoria de la muerte fue el prologuista del libro. (Cada día quisiera escribir sobre Cuba y sus presos, sobre la infamia de declararles delincuentes comunes y la mentira del angelismo castrista: dice que nunca ha torturado ni asesinado, y es una verdad como las que describió Orwell en 1984, es decir, que significa exactamente lo contrario. La ficción de un Estado regido por el derecho, al que se someten todos, del comandante abajo, es tan absoluta que se puede torturar y asesinar con el aval de todo el aparato y sistema políticos. El Castro de turno manda y ese Estado ficticio ejecuta, y se acabó. Es la ley del cacique supremo, la autoridad que se ejerce no tan solo sobre las cosas sino sobre el nombre de las cosas. Quien quiera tener un buen canal de noticias y artículos sobre la actualidad cubana, con especial atención por supuesto a los disidentes y al huelguista de hambre Guillermo Fariñas, hoy le recomiendo el portal cubaencuentro.com.)

[Publicado el 05/3/2010 a las 08:40]

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El ajedrez nuclear

Barack Obama quiere ganar como sea la partida de la reforma sanitaria, aunque sea a costa de entregar muchas piezas. El presidente americano, según metáfora de Henry Kissinger, abrió el juego político en varios tableros, como hacen los grandes maestros en sus partidas de simultáneas; pero de momento no ha ganado ni una sola partida y se ha empantanado en las que despertaban mayor expectación y expectativas: Oriente Próximo, sin ir más lejos. De todas las partidas en curso, hay una, la más alejada de la vida diaria de sus conciudadanos y la menos aireada en los debates públicos, que no puede empantanarse, pues está destinada a dejar la marca más indeleble en su presidencia por su carácter estratégico y casi definitorio de la época y del papel de Estados Unidos en el mundo, y ésta es la del desarme nuclear. En los próximos días, Obama deberá dar su aprobación a la llamada Nuclear Posture Review, la nueva teoría sobre el uso del arma nuclear, que pone al día y revisa la realizada por Bush en 2002. El presidente deberá decidir si EE UU renuncia al primer golpe nuclear, algo que le haría avanzar enormemente hacia la visión de un mundo sin este tipo de armas u opción cero, tal como la expuso en su histórico discurso de Praga en abril de 2009. Hasta ahora, Washington ha nadado entre dos aguas, sin renunciar formalmente a realizar un primer disparo nuclear en respuesta a un ataque no nuclear del tipo que fuere: químico, biológico o convencional. Todos los consejos que Obama está recibiendo se dirigen en dirección contraria, a pesar de que la efectividad de un golpe nuclear en respuesta a un ataque no nuclear pertenece al territorio de lo simbólico. El arma nuclear, utilizada sólo en una ocasión en la historia, en Hiroshima y Nagasaki, sirve para disuadir, pero no para atacar ni para ganar guerras. Quienes la poseen tienen en ella el símbolo más ajustado de su poder soberano y de su independencia, y en el caso de EE UU, como sucede con Rusia, de su condición de superpotencias durante la Guerra Fría. Por eso a los asesores de Obama les cuesta aconsejarle que renuncie a su primer uso y se limite a garantizar un arsenal mínimo para mantener la superioridad y por tanto la disuasión. Ésta sería la decisión más coherente con la filosofía que inspiró su victoria electoral y con la nueva política internacional desplegada en el primer año de presidencia. Pero las dos amenazas de proliferación con las que tiene que lidiar actualmente en Irán y en Corea constituyen un acicate para la preservación de la doctrina tradicional e incluso desincentivan la reducción más realista y pragmática del actual arsenal. De ahí que Obama esté obligado a una complicada contorsión que signifique un avance hacia su utopía desnuclearizadora y a la vez evite entregar bazas a los Estados gamberros que animarían a la proliferación. Éste es un año especialmente oportuno para esta partida, con la firma pendiente de la revisión del tratado START II (segundo tratado de reducción de armas estratégicas) con Rusia, que conducirá al recorte más drástico después de la guerra fría con el desmantelamiento de entre 1.500 y 1.675 ojivas; la convocatoria para abril de una cumbre internacional de desarme nuclear; y la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación convocada para este año. El recorte de Obama, sin embargo, estará acompañado del mantenimiento y modernización de un arsenal más pequeño, aunque superior y más letal que el de cualquier otro país, y por tanto con suficiente capacidad disuasoria. La reducción responde a razones objetivas: toda esta cohetería corresponde a otra época y su conservación en los actuales niveles constituye un acicate para la proliferación e indirectamente una amenaza para la seguridad más que una garantía. Pero la crisis económica también cuenta. En el momento en que crecen los déficits públicos y el endeudamiento de los Estados adquiere proporciones gigantescas sería un alivio poder reducir la partida de gastos militares globales por algún lado. El tablero nuclear tiene una ventaja respecto a los otros frentes abiertos, pero es a la vez su mayor inconveniente: si no se avanza, se retrocede; si no se termina de una vez con el peligro de la proliferación, nos adentramos en el mundo oscuro y amenazante de un rearme caótico y en cascada que nos acercará peligrosamente al umbral en el que el uso del arma será altamente probable. Por eso Obama no puede perder esta partida. Ni siquiera hacer tablas, como le sucederá en muchos otros ámbitos. No tiene más remedio que ganarla, aunque no signifique obtener durante su presidencia ese mundo idílico sin armas nucleares. Él mismo ya dijo en Praga que no lo verá en vida. Pero debe al menos revertir de forma definitiva la pulsión proliferadora que ha seguido e incluso se ha intensificado durante los 20 años transcurridos desde que la caída del Muro dio fin a la guerra fría.

[Publicado el 04/3/2010 a las 09:24]

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Dinero, fama y tecnología

Es lo que se necesita ahora para lanzar una carrera política. Mucho dinero, por supuesto, con el objetivo en algunas ocasiones de seguir alimentando la máquina del dinero: véase el caso de Berlusconi y su móvil original y básico, seguir haciendo dinero y evitar la cárcel que amenazaba a su avariciosa carrera. Fama, sin duda: una buena imagen, proporcionada por el mundo del espectáculo o del deporte constituye un buen cimiento para una carrera política; aunque obviamente, el primer componente, el dinero, puede echar una mano dentro de unos ciertos límites. El tercer elemento es el más nuevo de todos: el fetichismo tecnológico se ha incorporado al mundo político y sobre todo de los políticos de laboratorio, de forma que la utilización de los móviles, las redes sociales en Internet y, por supuesto, una página web parecen como las varitas mágicas para alcanzar el poder. Con dinero, fama y tecnología se puede ir muy lejos. Pero el modelo no ofrece novedad alguna. Lo conocemos en versiones más o menos serias o grotescas desde hace años. No serán facebook o twitter los que aporten al político de laboratorio lo que éste no sepa ofrecer por sí mismo. Normalmente, la mayor vaciedad rodea las ambiciones políticas de los famosillos que se creen llamados por la historia para desempeñar un papel relevante en su país. Levantan una bandera, por lo común genérica y mitificada, y luego la rodean de lugares comunes y de sentimentalismo. En el mejor de los casos: por la misma regla de tres pueden esgrimir reivindicaciones teñidas de xenofobia o de sentimientos excluyentes. Lo único que cuenta siempre es su capacidad para movilizar emocionalmente a un público más o menos extenso. Dinero, fama y tecnología permiten tapar las vergüenzas de la falta de ideas, valores y propuestas efectivas por parte de quienes se lanzan osadamente, impulsados por una irrefrenable ambición, por supuesto personal, a salvar patrias y erigirse en lidercillos de pueblos irredentos. Si les queda un atisbo de sensatez y no se dejan engañar por sus asesores, leerán atentamente los estudios de opinión, escucharán el consejo de los expertos, y evitarán convertirse en monstruos políticos, aprendices de brujo destinados a atizar las bajas pasiones sobre las que se construyen las carreras de los políticos populistas.

[Publicado el 03/3/2010 a las 07:16]

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El partido de los incorrectos

Lo que se lleva ahora es la incorrección, no sigamos engañándonos. Quienes disfrutan llevando la contraria, navegando contra corriente, ya pueden cambiar de guión. Lo normal, lo habitual, es atreverse a establecer alguna relación entre inmigración y delincuencia, tomar las medidas del país para decir que no cabemos todos, echar en la cuenta de la religión más ajena --el islam-- todos los estigmas, o incluso atreverse a descalificar a alguien por su origen o su lengua. Los artistas de este fuera de juego lo tienen ahora más difícil: son multitud quienes les emulan. En fuera de juego quedan ahora los otros. Aunque pocos: tanto palo al progre ha liquidado prácticamente la especie y los títeres que quedan parecen contratados para recibir gorrazos de sus denigradores. Es lógico: los incorrectos ya tienen partido y quizás van a tener pronto internacional. Están en el poder o a punto de alcanzarlo en muchos países europeos. Son parte, vaya por Dios, del establisment, todo lo contrario de lo que querían ser cuando mozalbetes. Hay primeros ministros y ex presidentes que compiten entre sí para ver quien lo es más, aunque nadie supera a Berlusconi, el emperador de los incorrectos. En su caso, el mérito artístico va acompañado del premio pecuniario. Nadie le ha sacado nunca tanto partido: este pasado 2009 de nuestras crisis ha sido un año de oro en beneficios empresariales para Silvio y los suyos. Para algo está en el Gobierno: forrado ya, para evitar la cárcel; y mientras va evitándola, para seguir forrándose. Los incorrectos son quienes marcan ahora las agendas. Se les puede llamar populistas o incluso de extrema derecha si se quiere, pero son denominaciones demasiado antiguas. Viene de lejos eso de decir en voz alta lo que los demás murmuran, aunque ahora sea al revés: el murmullo aislado es el de los que conservan todavía algunas reglas absurdas de la buena educación, las voces escandalizadas de quienes no quieren invertir la jerarquía de la palabra sobre las heces. Son tantos en tertulias y columnas los que reivindican su voz políticamente incorrecta que es hora ya de pedirles que revisen su vocabulario: se creen incorrectos, pero la suya es una nueva corrección política. En el caso más leve, la de los prejuicios, los tópicos y estereotipos, y en el más grave la de la xenofobia, el racismo y la exclusión. Lo que faltaba era que alguien que reivindica la ciudadanía utilizara la descalificación excluyente de la incorrección y exigiera después a los insultados un poco más de sentido del humor. Negro, se supone.

[Publicado el 02/3/2010 a las 07:37]

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Las personas del verbo

Nosotros y vosotros. El conflicto salta cuando la frontera de la identidad se convierte en la determinante de las relaciones sociales. En el municipio de Salt, en la periferia de Girona, se ha podido ver estos días. ?A mí me robasteis vosotros?, le dice un autóctono a un joven magrebí. ?Erais tres de los tuyos?, remacha. La frontera está trazada. De un lado: nosotros, víctimas de vuestros robos. Del otro: nosotros, víctimas de vuestro racismo. Y sin embargo, unos y otros son víctimas, pero no exactamente de sus mutuas pulsiones excluyentes. Este suburbio es una olla a presión, a punto de estallar. La crisis económica y el desempleo golpean siempre a los más débiles. Digan lo que digan unos y otros, ellos son los primeros en pagar por la crisis. Y los más débiles son los inmigrantes y sus vecinos humildes, las familias autóctonas obligadas a compartir la franja de viviendas más baratas, los que todavía no han podido subir en la escala social buscando un piso en una zona más acomodada. La búsqueda de un puesto de trabajo o a veces de una minúscula ayuda pública puede suscitar la competencia entre ellos y, como resultado, la reacción racista. Pero también la gestión de la vida de cada día en la comunidad de vecinos. O el incremento de la delincuencia, directamente vinculada al nivel socioeconómico y al paro. Hay problemas de orden público, es evidente. Y también de vivienda, educación, servicios sociales, que han permitido la concentración de la inmigración en determinados barrios, impiden la rápida integración y amenazan con la aparición de guetos comunitarios, aislados y ajenos a las leyes y a la cultura de la sociedad de llegada. Los europeos conocemos de sobra todo esto. Lo extraño es que conociéndolo tan bien y desde hace tantos años no seamos capaces de prever estos estallidos y permitamos lo contrario, que estos conflictos alimenten a una derecha extrema y excluyente. En Francia las ideas racistas y xenófobas de Le Pen llevan avanzado en los barrios humildes desde hace un cuarto de siglo: han devorado al electorado comunista y condicionado la agenda política, hasta obligar al presidente de la República a la ceremonia de la confusión que significa el debate sobre la identidad francesa. En Italia las ideas xenófobas son indisociables del Gobierno de Berlusconi y se han traducido en una panoplia de leyes discriminatorias y culpabilizadoras, que han convertido a los inmigrantes sin papeles en delincuentes. También en la legislación europea ha producido estragos este mal, como demuestra la directiva del retorno, que permite la detención en centros de internamiento de los inmigrantes sin documentación hasta 18 meses sin que sea obligado el control judicial. Hay quien cree que el futuro de España y de Cataluña se juega en el Tribunal Constitucional o en las consultas sobre la independencia. La política y el periodismo suministran abundantes señuelos para que los ciudadanos se angustien por falsos problemas. El futuro de nuestras sociedades se juega en la integración de los inmigrantes. Han llegado para quedarse, ya son imprescindibles para nuestro desarrollo económico y nuestro estado de bienestar, y constituyen el aspecto más próximo y más humano de la nueva realidad de un mundo globalizado. Quien quiera soñar en que las cosas no sean así puede hacerlo, pero seguirá siendo un sueño. Salt no es un síntoma ni un laboratorio. Es el espejo donde debemos mirarnos para observar hacia dónde vamos. En este azogue ahora convulso podemos ver sólo un problema de orden público. Los municipios piden más policía, la policía más contundencia a los jueces, y los jueces se encogen de hombros y aseguran que el castigo a los multireincidentes no es cosa suya sino del Ministerio de Justicia o del gobierno autonómico, que no han creado los registros de quienes cometen faltas en serie para dejarles en la cárcel en aplicación del Código Penal vigente. Nótese que municipio y policía, las autoridades de proximidad, son los que cargan con el peso de la dificultad, mientras que el poder judicial se lava las manos y transfiere la responsabilidad hacia arriba. En realidad estamos, como siempre, ante un problema político: integrar a los inmigrantes es construir un nosotros incluyente que no deje a nadie fuera. Esto es la polis, la democracia, a la que deben someterse todos, jueces incluidos. Lo extraño es que estos temas no lleguen apenas a los parlamentos, ocupados en otras tareas.

[Publicado el 01/3/2010 a las 08:33]

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Oraciones para Orlando

No se puede estar en la lista de quienes han llenado su boca con lamentaciones sobre la muerte de Orlando: también están en ella los asesinos. Cuba no es un Estado soberano sino un país sometido. Soberano es quien protege a sus ciudadanos y garantiza sus derechos, empezando por el derecho a la vida y a la palabra. Mohamed VI tuvo más piedad que los hermanos Castro. La comunidad internacional tuvo más piedad con Aminetou que con Orlando. Cuba libre y Sahara libre: ¿qué libertad es ésa que cambia según las latitudes? Para Raúl Castro la culpa de la muerte es de Obama. Para el PP es de Zapatero. La madre no tiene duda alguna. Tampoco la tienen sus compañeros de cárcel y de disidencia. ¿Y de quién es la culpa según Zapatero y Moratinos? Dos vidas tan próximas y tan lejanas: el metalúrgico Luis Inazio Lula da Silva y el albañil Orlando Zapata Tamayo. Es una muerte inútil, claro que sí. Siempre será inútil la muerte. Pero no es inútil la rebelión ni la protesta. No hay mito alguno ni izquierda de ningún tipo, latinoamericana o europea, que puedan explicar la cruel indiferencia con que los hermanos Castro han dejado morir a Orlando Zapata Tamayo. Un esfuerzo más, no se puede estar en la lista de las lamentaciones: hay que exigir la libertad para los presos políticos cubanos, como hizo ayer, al fin, Zapatero. Pero tampoco basta con eso: hay que pedir la libertad, a secas, para quienes están presos en las cárceles, y para quienes están presos en las calles: para todos los cubanos. (Y oración final para los Castro: Craso error, además de crimen: habéis dado vida a la disidencia, arruinado los esfuerzos de Moratinos por cambiar la posición europea, dilapidado la última moneda que guardaba la miserable hucha de una Revolución que encandiló a medio mundo y ha desengañado luego al mundo entero. Que alguien tan pobre y sencillo como Orlando constituya un peligro para un régimen militar y totalitario; que su palabra, su resistencia y su desacato sean insoportables, son todos ellos indicios de una debilidad extrema de los déspotas opresores y un signo de esperanza sobre su próximo derrumbamiento.)

[Publicado el 26/2/2010 a las 00:42]

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Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

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