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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 23 de noviembre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'turismo'

Encantamientos contemporáneos

Hemingway de cacería. Fotografía tomada de "Honey for the Bears. Essays and commentary by Matthew Asprey", http://matthewasprey.wordpress.com/2007/12/03/

Rafael Argullol: En nuestra época hay otros encantamientos que marcan esa especie de ilusión de las multitudes.

Delfín Agudelo: ¿Qué espacios, o de qué manera estos espacios pueden generar los encantamientos sobre el público masivo? No deja de ser un encantamiento que no esconde nada.

R.A.: Es el encantamiento de la aventura que te ofrece la publicidad de los viajes organizados. Desde los más efectivos de nuestra época, siempre hay que medirlo en términos económicos. No soy marxista, pero aún sigo utilizando uno de los análisis marxistas. Si ves que la industria del turismo organizado es de las principales del mundo, deduces su importancia. Si vez que la industria de salud es de las principales del mundo, deduces su importancia, puedes tener el encantamiento de la salud del cual podemos hablar en otra situación. Uno de los más importantes encantamientos de nuestra época, incluso de los más imprevistos de hace cincuenta años, es el que se produce a través de los deportes y especialmente el fútbol. Ya finalizada la Eurocopa podemos mencionar hasta qué punto de paroxismo se lleva el encantamiento. El espectador que está asistiendo al partido no solo cree que está haciendo deporte, sino que cree que está asistiendo a una lucha épica. El espectador no solo confunde o sustituye al Aquiles antiguo por cualquiera de los futbolistas de nuestra época sino que a él mismo le parece que está participando en la guerra de Troya como los lectores de la Ilíada creían que estaban participando a través de las aventuras más o menos sangrientas de Aquiles.

Aquello era la épica del encantamiento que utilizaban lo que llamamos tiempos homéricos, y para nosotros hay una época del encantamiento que es ésta, pero no deja de ser una encantamiento falseado y fraudulento en el sentido más estricto del término. Aquél que tiene problemas de peso que está en el partido de fútbol ni hace deporte él mismo ni arriesga nada él mismo: es todo a través de la negación. Funciona de la misma manera que al turista organizado que va a Kenya le montan un safari con todas las supuestas emociones del safari, pero no lo dejan matar elefantes porque ya está mal visto hacerlo; le prometen que la emoción será la misma que en la época que Hemingway mataba elefantes. Al gordito espectador de la final de la Eurocopa le hacen crear masivamente la ilusión de que no solamente está contemplando un acontecimiento heroico en la historia del mundo y sus efemérides, sino que él es partícipe de ésta. Y ahí vemos cómo se manifiestan las formas de encantamiento. Por ejemplo con la cirugía estética, que promueve una especie de democratización absoluta de la belleza física a través de una publicidad masiva que se ha convertido en una de las industrias más importantes del mundo, están promoviendo en la gente la idea de que prácticamente son top models, y a través de esto se están convirtiendo en reinas y reyes de la belleza. Para mí es uno de los grandes temas de la condición humana. Pienso que deberían estudiar la historia humana no a través de las cosas que nos han hecho estudiar en las escueles y universidades, que están muy bien, pero el eje de  la forma humana es decir qué formas de encantamiento tenías en esa época y te diré quién eres.

[Publicado el 30/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: encantamiento, cacería, aventura, turismo fast-food]

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Turismo fast-food

Rafael Argullol: El turista masificado es alguien que va para aprovecharse y se encuentra muchas veces con lugares clónicos.

Delfín Agudelo: Lo que iba precisamente a mencionar es que no hay mayor diferencia entre esta espiritualidad fast-food, la nueva idolatría y el turismo masificado, en la medida en que todo consiste en un paquete prefabricado donde se da instrucción de qué hacer, cómo verlo y qué sentir. El turista le da vueltas a lo mismo porque tiene que ir a determinados sitios. Puede que no conozca la historia, puede que desconozca su relevancia histórica o arquitectónica, pero aún así es un sitio que es completamente necesario ir a ver. Y pasa exactamente lo mismo con la obra de arte del museo, porque el museo también es comida del turista: tiene que ir a verlos, y tiene que visitar las obras porque quiere sentir esa extraña tranquilidad al decir: "Yo lo vi".

R.A.: El paradigma universal de nuestra época parece realmente que se inspire en la alimentación fast-food. Lo que ocurre es que en la medida en que se sofistica el viaje organizado, esa alimentación sigue siendo fast-food pero se introduce en el consumidor la ilusión de la diferencia y de la particularidad. Fíjate que continuamente lo que se hace es disfrazar el viaje organizado de refinamiento; o lo que se hace es disfrazar esa especie de fast-food de una publicidad o con una publicidad que alude a supuestos lugares enigmáticos, misteriosos. Lo que se quiere es que el consumidor del viaje, sin realizar ninguna aventura, tenga la ilusión de realizarla. Y eso es una perversión muy interesante de nuestra época, porque significa una especie de desdoblamiento o de esquizofrenia a través de la cual tú estás haciendo una cosa, pero de una manera muy masiva se te ha hecho creer que en ese mismo momento estarías haciendo otra. Es decir, estás tomando una hamburguesa McDondals, para volver al símil, y se te hace creer que estás comiendo en el Bulli. Tú, por ejemplo, vas a un viaje organizado a los fiordos nórdicos o a África, y se te hace creer que vivirás la aventura de ir viviendo los descubrimientos climáticos del polo norte, o la vida de los Massai, cuando en realidad todo forma parte de la misma cadena. Y eso es muy interesante porque creo que la gran trampa es de ilusión. Sin eso ya hubiéramos dado toda la vuelta al circuito, creando una sensación de desencantamiento. Lo importante es que, como es sabido, se mantenga el encantamiento, y esto se ha producido durante todas las épocas de la historia. En otras épocas el encantamiento correspondió fundamentalmente a las religiones, o a los ritos impuestos por distintas aristocracias. En nuestra época hay otros encantamientos que marcan esa especie de ilusión de las multitudes.

[Publicado el 29/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: turismo fast-food, viaje, encantamiento]

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Genealogía de la figura del turista

Rafael Argullol: Esta depredación en detrimento de lo que sería la exploración, tanto en el viaje físico como en lo que podríamos denominar viaje interior. Parece que se opta a esa especie de utilización inmediata al modo de rapiña de las cosas.
Delfín Agudelo: ¿A partir de qué siglo surge el turismo tal como lo conocemos hoy en día? ¿En qué momento histórico la idea del turismo se empezó a desarrollar? ¿A partir de las peregrinaciones, que otorgaban fama a determinadas ciudades? Evidentemente está vinculado con este elemento de reconocimiento de algo que es digno de ser visto, no leído o escuchado.
R.A.: En ese sentido tenemos noticias de turismo, del turismo como viaje de reconocimiento y disfrute de un lugar. En las distintas culturas antiguas, fundamentalmente la clásica europea, incluso hay un maravilloso clásico de viajes, que es el de Pausanias, Descripción de Grecia. Roma, que tenía la pasión por Grecia, incluso una especie de relación casi celosa con Grecia, ya que Roma tenía el poder. Pero siempre tuvo un cierto complejo de inferioridad intelectual con respecto a lo que había sido la creatividad griega. Roma desarrolló -de la misma manera que desarrolló un inicio de coleccionismo para conservar las obras griegas- un auténtico turismo, casi podríamos decir ilustrado, hacia Grecia. La biblia de ese turismo es el libro de Pausanias. Los romanos ilustrados con frecuencia iban a Atenas, que era una ciudad muy de provincias en la época álgida del imperio romano, que mantenía su carácter legendario, y luego iban a los grandes santuarios míticos: Delfos, Olimpia, etc., ya con esa actitud diríamos propia del turista moderno.
Eso se reprodujo después del renacimiento, cuando las culturas más progresivas y dinámicas se fueron situando en el centro y norte de Europa y empezaron a desarrollar una especie de nostalgia de lo que habían sido las culturas mediterráneas antiguas, o de la época renacentista misma, y empezaron esa maravillosa saga de los viajeros. Es evidente que desde el principio hubo viajeros que fueron mucho más francotiradores por su cuenta, y que vivieron experiencias sensacionales desde su propia exploración; y hubo también viajeros a los que se les facilitó de una manera más organizada el viaje. Lo que ocurre es que como en tantos otros factores de nuestra época lo que resulta chocante es la extraordinaria masificación del fenómeno en nuestro momento. En principio el turista viene de tour, del que da vueltas, lo que en español podríamos decir trotamundos. El turista, cuando se convierte en la consecuencia de un engranaje completamente planificado, cada vez pierde más su autonomía. Y, paralelamente, los lugares visitados cada vez también pierden más esta especie de fascinación libre a la que quería acceder el viajero, convirtiéndose así en una especie de cadena universal de parques de atracciones o temáticos, a lo cual evidentemente contribuye mucho el hecho de que en nuestro mundo nos encontramos en globalización urbanística, que hace que muchos edificios de la última arquitectura sean iguales en muchas ciudades, para no hablar de las grandes multinacionales del comercio que hace que existan marcas idénticas en distintas ciudades. El turista masificado es alguien que va para aprovecharse y se encuentra muchas veces con lugares clónicos.

[Publicado el 24/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Pausanias, turismo, Grecia, Roma]

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Aventuras y encantamientos. Turistas y viajeros

Rafael Argullol: A veces parece que la posibilidad de la aventura es muy problemática en un mundo en que todo parece tremendamente planificado, empezando por aquello que parecía más directo en la aventura, que es el desplazamiento físico o el viaje. Parece sustituido por el turismo organizado de masas.

Delfín Agudelo: Creo que cualquier visitante de cualquier ciudad del mundo escoge entre dos posibilidades: sentirse turista, o hacer todo lo posible para desprenderse de la etiqueta que lo acecha.

R.A.: Pienso que es sobre todo una actitud mental radicalmente distinta. Mientras que el viajero es alguien que busca un país a partir muchas veces incluso de toda una serie de ilusiones y sueños previos, busca este país, lo quiere explicar, quiere ir más allá de la superficie, quiere entrar en el matiz y detalle, en las capas del subsuelo. Sabe que tiene que ir penetrando con lentitud, como si fuera sedimentación, en lo que es el conocimiento de ese país. La actitud de lo que podríamos llamar el turista masivo o lumpen turista es el del aprovechamiento rápido del lugar, el de la depredación, coleccionismo fácil y superficial del lugar. En ese sentido creo que hay dos actitudes mentales y espirituales claramente distintas, pero que al manifestarse en nuestra época lo hacen también como un choque en el cual la primera figura, la del viajero, cada vez parece más cercada, rodeada, asfixiada por la segunda figura, que es la del depredador: es un poco la contraposición entre el explorador y el depredador. Eso, a mi modo de ver, no es solo algo que atañe al viaje o al turismo sino que atañe a toda la conducta social de nuestra época en la cual parece continuamente que haya una invitación a esa posesión utilitaria de las cosas, y esta depredación en detrimento de lo que sería la exploración, tanto en el viaje físico como en lo que podríamos denominar viaje interior. Parece que se opta por esa especie de utilización inmediata al modo de rapiña de las cosas.

[Publicado el 23/7/2008 a las 11:01]

[Etiquetas: turismo, viaje, conocimiento, viajero]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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