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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 6 de septiembre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'suicidio'

El acto más radical

Rafael Argullol: Y sin embargo no se habla jamás del suicidio.
 
Delfín Agudelo: Guardan silencio aquellos que lo han vivido de cerca; los demás, a duras penas podrían decir algo.
 
R.A.: Desde pequeño he estado rodeado de susurros suicidas: es decir, a veces oías el murmullo, el susurro, una conversación indirecta de que en tu familia o en otra hubo un suicidio, pero se ocultaba de manera muy celosa la verdad real del suicidio Aquí, recientemente, ha habido personajes de relevancia que se han suicidado y se ha negado y ocultado. Recuerdo el caso de hace unos años el caso del poeta   José Agustín Goytisolo, aquí en Barcelona. Esto pesa mucho. Respecto al suicidio artístico, habría un matiz: un artista se suicida más allá de las infelicidades personales que pueden determinarlo bien porque ya no tiene nada que decir, o tiene tanto que decir de manera que no puede decirlo por medios artísticos. Hay un suicidio por déficit, y hay otro por exceso. Eso, en el personaje que se suicida. Para el espectador, o para el lector que sigue la obra de ese artista, tiene algo siempre de interrupción de un proceso en el cual se sentía copartícipe. Te quedas solo porque claro, el lector, en el sentido fuerte del término, acaba siendo un coautor, y por lo tanto un cómplice muy íntimo del escritor o del artista.
El suicido es un acto radical, quizás el más radical de la vida humana. Hay un cierto suicido falso adolescente, en el cual el adolescente no piensa tanto en matarse sino asistir desde atrás a su entierro para ver cómo sus padres están sufriendo. Pero este suicidio, o pseudosuicidio narcisista del adolescente es un falso suicidio: el radical es aquél que se emprende como un acto irreversible. Es verdad que nuestra época también se ha propagado de lo que podríamos llamar nuestro suicidio narcisista e inducido que es suicidarse después de matar. Por ejemplo, recientemente el caso de aquél estudiante en Estados Unidos, que se mató después de matar a decenas de estudiantes, y filmándose todo: ha llegado a nuestra época el cultivo del narcicismo de la imagen hasta tal punto que ha incluido en algunos casos lo que podríamos llamar ejemplos de este pseudosuicidio. Pero esto lo considero excluido del testamento artístico del suicidio.
 
D.A.: ¿Cuál sería el inmediato contrario de la nota de suicidio? ¿La carta de amor? Imaginemos una nota de suicidio que a la vez fuera una carta de amor. Habría tanta tensión en esa escritura que sería de difícil legibilidad

R.A.: Yo creo que si. De la misma manera que antes hablaba de la alegría que se manifestó en estos días anteriores al suicidio de Kleist, él mismo, mientras estaba a punto de suicidarse, le envió a su amante una carta de amor preciosa. En ese sentido creo yo que cuando se llega al tipo de madurez en la cultura del suicidio que tuvo Kleist o Zweig es muy posible que aquí rece una energía que también se pueda traducir en amor. También es bueno recordar el poema de Leopardi: el amor y la muerte tienen una comunicación estrechísima. Yo, que pienso que todo amor es amor propio, no creo que pueda amar aquél que no tiene una dosis sólida de amor propio porque el amor es un exceso. Por tanto, no lo veo como la negación del amor.

[Publicado el 13/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: nota de suicidio, carta de amor]

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El estigma

Rafael Argullol: El enemigo último es la muerte porque si no existiera podríamos reiniciar el intento cuantas veces quisiéramos.

Delfín Agudelo: Quizás debido a esta concepción del arte y su protesta por no tener ese tiempo extra en vida es que encontramos constantemente una incomprensión -a veces rechazo- frente a la idea del suicidio. Y en el caso de un artista, existiría una sensación de rabia por parte del lector/espectador que pensará en la privación de ese "extra de vida ajeno" que bien pudo haber dado más creaciones.
 
R. A.: Acabas de decir una cosa muy interesante: el arte es ese tiempo extra frente a la muerte con el que nos dotamos. Lo que subyace a cualquiera de las miles de definiciones que se han dado sobre el arte es que el hombre en algún momento determinado se dota de lo que hemos llamado arte para concederse un extra de tiempo frente a la radical falta de tiempo que es la muerte. Pero el suicidio es otra cosa. La incomprensión es doble: el suicidio en general y el artístico. El general implica una incomprensión que supongo que se ha estudiado muchas veces, vinculada a la propia moral cristiana y fundamentalmente a la moral católica, y de otras consciencias religiosas que de alguna manera marcó con fuego a los suicidas y al entorno familiar del suicida, que quedaban marcados. Tenía algo de estigma. En ese sentido, dentro de la propia mitología aún acrecentó más la negatividad del suicido, el hecho simbólico de que Judas el traidor se suicidaba. Ese sustrato mental cristiano se ha proyectado. Este hecho, por ejemplo, rompía muy claramente con la percepción del suicido en sociedades como la griega o la romana, que no eran solo más abiertas al suicidio, sino que muchas veces se le concedía una función noble. En Roma se instituyeron incluso rituales de suicido en que el amigo íntimo ayudaba al otro a suicidarse, muy lejos de considerarse un atentado contra el honor.
 
Aquí, en nuestra cultura, el suicidio ha tenido muy mala prensa, sobre todo en el área católica, y curiosamente la sigue teniendo en un momento en que se han desacralizado tantas herencias de la cultura católica. El suicidio sigue siendo un tema tabú. No solamente porque no se podían enterrar en campo santo es que todavía es un tabú. Hace unos meses me llamó la atención un titular de La Vanguardia que informaba del suicidio como primera causa de muerte entre las personas que tenían entre 20 y 55 años, lo que lo situaba en la primera causa de muerte, incluso por encima del cáncer y de enfermedades cardiopáticas. Y sin embargo no se habla jamás del suicidio.

 

[Publicado el 12/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: suicidio, tabú, artista]

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Últimos sonidos

Rafael Argullol: El caso de Kleist culminó toda una trayectoria literaria y poética.

Delfín Agudelo: ¿Cómo sería, entonces, una última nota de suicidio de un músico, escrita en un lenguaje musical? La música que más me gusta es aquella que puede ser la más triste o la más alegre, siendo la misma pieza.

Rafael Argullol: He oído algunas "piezas de suicidio", pero es evidente que así como hay una última mirada, hay un último sonido. Tenemos el caso, muy tópico, del Réquiem de Mozart, que tiene mucho de testamento musical. Mozart era un hombre que claramente prefiguraba la inminencia de la muerte seguramente porque se sentía muy enfermo, a pesar de que no tenía diagnóstico objetivo alguno. En el caso de Mozart, el Réquiem y La flauta mágica atestiguan esa dicotomía entre la muerte y la alegría, muy placentero en muchos momentos, y luego ese rigor mortis del Réquiem, que también, en algunos momentos, exalta. Luego están los últimos cuartetos de Beethoven, donde vemos la constancia de la proximidad de la muerte. La Sinfonía inacabada de Schubert; la última sinfonía de Mahler, donde la muerte parece estar muy presente dada la íntima relación que estableció con ésta: a partir de la muerte de su hija escribió las Canciones de los niños muertos, una música terrible. Pero en su última sinfonía la diferencia en la relación con la muerte se debe a que está frente a frente con su propia muerte.
Con esto quiero decir que el arte, en sus distintas facetas de la literatura o la música, ha manifestado el dolor por la muerte de seres queridos quizás más de lo que se ha aproximado a la propia muerte. Generalmente ha sido más patético el dolor por los seres queridos. La aproximación a la propia muerte en el arte daría lugar a un espectro sorprendente de lenguajes, desde el dolor a la alegría, desde lo cómico a un cierto travestismo moral, o una gran serenidad. En cambio, el dolor por la muerte ajena es la que ha concentrado la pulsión más patética.

 

[Publicado el 06/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: música, suicidio, Mahler, Mozart]

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Rituales

Rafael Argullol: Pero a pesar de todo, Zweig realiza una especie de testamento diciendo que él había crecido y vivido en un mundo que había desaparecido, y cree que no puede seguir viviendo en éste que ya no es el suyo.
Delfín Agudelo: Me llama la atención pensar en el escritor que es consciente de estar escribiendo su última carta. No dejarán de interesar nunca los motivos de muerte prematura de un escritor: desde aquél que puede escribir su última obra hasta aquél en que muere en un accidente. Pienso en el caso de Camus en ese coche. Hay cierta indignación con el destino por no haber dado esa oportunidad...
R.A.: Hay casos completamente distintos. En el caso primero del escritor que no solamente lega un testamento artístico porque se va a suicidar sino que crea una auténtica ritualidad y escenografía alrededor de este acto, está el caso muy notable de Heinrich von Kleist. No solamente se suicidó, sino que se fue a un balneario, acompañado de una mujer que no era su amante sino una amiga, una cómplice de suicidio que era enferma terminal. Estuvieron una semana en el balneario, todos los huéspedes comentaron luego que parecían la pareja más feliz que habían visto, que siempre reían y jugaban. Al cabo de una semana, se suicidaron. Ella, enferma terminal; él, por la voluntad del suicidio. En ese sentido, nos encontramos con un suicido de extraña ritualidad, porque no es de 24 horas, es de muchos días en el cual, además, manifiesta una extraña y misteriosa alegría que jamás seremos capaces de desvelar. Pero el caso de Kleist culminó toda una trayectoria literaria y poética.
El otro caso, el de la muerte por accidente, es completamente distinto: muerte por accidente lo es todo, hasta cuando tienes noventa años y muerAlbert Camuses es un accidente, porque no la has buscado y ella viene a ti: el accidente cardiovascular que te liquida. La muerte por accidente en plena madurez o edad adulta, como es el caso de Camus, tiene algo de jugarreta del destino que en su caso en particular había una extraña aceleración en su vida última, ya que jamás dio por descontado la inminencia de la muerte, pero parecía que se estaba preparando para ella. Su propia relación con la velocidad... Murió, pero no murió de manera completamente casual; él tenía una faceta relativamente desconocida, y era que le gustaba mucho la velocidad. Sus amigos decían que cada vez la practicaba de manera más temeraria. En ese sentido, el último Camus era alguien que si no buscaba la muerte directamente, sí jugaba ya muy temerariamente con la vida. Pero podemos llamar a sus últimos textos "Últimos testamentos" en el sentido estricto del término. Lo son, porque se ha visto truncada su vida, pero no claramente porque haya una voluntad de que los sea, como es el caso bastante espectacular de Zweig o de von Kleist.

[Publicado el 05/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Heinrich von Klein, Camus, suicidio, muerte, autor]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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