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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 28 de noviembre de 2020

 Blog de Rafael Argullol

Un juicio personal

Rafael Argullol: En el mundo del sueño eres profundamente responsable, quizás aún más responsable de lo que eres en el terreno de la vigilia.

Delfín Agudelo: Me gusta mucho la idea de la responsabilidad ante los propios sueños, porque es una responsabilidad que se tiene ante uno mismo en plena soledad: es un juicio que se lleva a cabo en las profundidades solitarias del yo en vigilia, aún sacudido por el yo onírico.

R.A.: Sí, de acuerdo, pero creo que para comprender la complejidad de la  responsabilidad humana hay que entender que somos responsables de los sueños así como de los actos de la memoria y de las discriminaciones de la memoria, de la misma manera que somos responsables de los pensamientos más alocados o supuestamente alocados que podamos tener. Un día aquí cité, para negarlo, una aseveración de Platón que me gusta mucho, en la que sentenciaba que los viciosos son los que llevan a la práctica aquello que los virtuosos sólo se atreven a pensar. Es una aseveración muy sabia porque en realidad llega a borrar la distinción entre el virtuoso y el vicioso. El virtuoso es un vicioso en pensamiento y el otro es un vicioso en acto, pero que la diferencia es mínima. Cuando era pequeño en el colegio los curas me decían que podía pecar por acción o por omisión; he estado, como tú sabes, estos últimos 5 años escribiendo un libro en el cual esa cuestión es básica: nosotros somos responsables de esos sueños, somos responsables de los actos de memoria encabritados y desbocados, somos responsables de nuestros pensamientos menos verbalizables, somos responsables del mito que hacemos de nosotros mismos. 

Cuando digo responsables, ¿qué responsabilidad, en qué tribunal? En nuestro tribunal. Allí queda aclarada la distinción que hacía anteriormente. No somos responsables delante del tribunal civil o del derecho penal; ningún juez en su sano juicio te va juzgar por algo que has soñado, ningún juez te juzgará por algo que solo has pensado, ni ningún juez de un tribunal civil te juzgará por una discriminación de la memoria según la cual de acuerdas muchísimo de una mujer que fue una especie de vicio de un día, y te olvidas de una mujer muy buena que te cuidó diez años en los peores momentos. Ningún juez te va a juzgar de todo esto. Estamos hablando de un tribunal que eres tú mismo, que es la auténtica construcción ética. Por eso las grandes religiones que pretendían una constricción brutal y absoluta se permitieron usurpar también este tribunal íntimo tuyo. Entonces por ejemplo en la religión cristiana te decían: "Estaréis en el juicio de dios, pero no es solamente lo que has hecho, sino también lo que has sentido". En cambio las religiones paganas, como el politeísmo griego, actuaban como los tribunales de la ciudad: no llegaban a interferir en ese yo íntimo que luego las grandes religiones intentaron. Pero en una sociedad como la nuestra te juzgan desde el punto de vista de la moral, no desde le punto de vista de tu construcción ética. Pero la responsabilidad del ser ético llega  a los sueños, a los pensamientos íntimos, y a las fantasías más laberínticas que uno pueda trazar.

[Publicado el 18/6/2009 a las 07:00]

[Etiquetas: sueños, juicio, ética, moral]

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Hacia una ética onírica

Rafael Argullol: Muchísimos de los artistas y escritores que han indagado en el mal ha sido precisamente a partir de la preocupación de construir un bien sujeto al dictamen religioso, moralista, puritano del significado del bien.

Delfín Agudelo: ¿En esa medida piensas que la línea que separa  la bondad de la maldad es bastante difusa? Es un dualismo en la medida en que a través de la bondad se demuestra la maldad, y al revés. Hay un punto en que se desaparece, como le sucede al personaje de Good

R.A.: Para mí personalmente sí, y sé que esto puede ser polémico. Desde hace muchos años no me identifico de manera abierta con ninguna legislación positiva ni de una religión ni de un sistema político. Eso no quiere decir que como ciudadano no tenga que respetar las leyes de la sociedad en la que estoy; sin embargo, en mi fuero interno, no creo que haya una frontera clara entre bondad y maldad en estas leyes, de la misma manera que no creo en las leyes dictadas por las distintas religiones. Por ejemplo: puedo comprender los diez mandamientos propuestos en la religión cristiana -el Decálogo-, y puedo entender de dónde surgen, pero no necesariamente su aplicación, aun cuando desde mi punto de vista ético lo respeto. Otro ejemplo: puedo entender el Código Penal español, tal como dictan las leyes es el código penal. Puedo entenderlo, pero en muchos casos yo discrepo que eso sea una auténtica aplicación del bien y del mal.

Cuando uno parte de la idea de que la idea de la construcción ética es puramente personal, a la fuerza haya una especie de territorio difuso entre la bondad y la maldad. Por eso siempre manifiesto que mi gran escuela de formación ética no ha sido ni una religión ni un código civil de ningún país, sino que ha sido la tragedia griega, porque para mí fue la manifestación mental, intelectual -no hace falta ni definirla como género artístico- que a mi modo de ver mejor ha comprendido ese carácter difuso de los territorios que separan el bien y el mal pero que sin embargo ha aceptado el respeto a lo que han sido las leyes positivas de la ciudad o las leyes que comparten los hombres. Una cosa es que comparta contigo o con una tercera persona un consenso acerca de lo que hay o no que hacer, pero eso no es lo que dictamina lo que es éticamente o no malo, porque esto es lo que yo voy construyendo. Otro ejemplo: soy una persona que sueño mucho, quizás porque en las noches no duermo compactamente ocho horas, pero tengo una gran capacidad para soñar que considero un poco alarmante. Pero al soñar a mí se me presenta como vida real más transgresiones que los códigos religiosos y civiles y políticos considerarían verdaderamente dignas de castigo, pero no por eso forman parte de mis opciones libres, así sean estas opciones libres en el mundo onírico, y que yo considero mías. En eso no soy un hipócrita que considero que no soy responsable de mis sueños, puesto que son una extensión de mi vida de vigilia y soy responsable de todas las barbaridades que uno puede hacer en el terreno de las pasiones, en el terreno erótico, en el terreno de la violencia y fantasía e incluso en el terreno de la poesía. En el mundo del sueño eres profundamente responsable, quizás aún más responsable de lo que eres en el terreno de la vigilia.

[Publicado el 15/6/2009 a las 07:00]

[Etiquetas: sueño, vigilia, ética, responsabilidad civil]

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Conversaciones. El lenguaje del insomnio VI

Delfín Agudelo: A pesar de estar postrado en cama, el insomnio es tremendamente fatigante. No hay movimiento, pero el cuerpo al día siguiente atestigua el estado de confusión mental. Es como en el sueño, en el que no encuentras un equilibrio entre lo soñado y el tiempo transcurrido, con la diferencia de que en el caso del insomnio el cuerpo, a la mañana siguiente, evidencia ese supuesto largo tiempo transcurrido, que es precisamente el que te toma para salir definitivamente del insomnio.

Rafael Argullol: Por eso es tan extremadamente inquietante y creativo. Acelera mucho tus sensaciones, incluso corporales. Si uno se fija, en el estado del insomnio los latidos del corazón van más rápido. Así como es muy probable que en el estado de duermevela los latidos sean lentos, porque se trata de una especie de semi-nirvana en el que uno cae y que en todos los refranes de todas las lenguas está vinculado a un estar "colgado", estar "en Babia", estar "en los cerros de Úbeda", estar en algún lugar que te quedas con la conciencia suspendida. Estás como dormido pero estás despierto. En ese momento los latidos van más lentos, porque te quedas apaciguado. Tú mismo bajas las defensas, y al bajarlas los latidos y los ritmos del cuerpo disminuyen. Sin embargo, en el insomnio tú no bajas voluntariamente las defensas, estás desarmado porque te has visto obligado a sentirte desarmado pero tú no las has bajado, estás en lucha. Aceleramos los movimientos del cuerpo, sobre todo guiados por los latidos. Damos vueltas en la cama, necesitamos levantarnos y caminar de arriba abajo: el cuerpo se pone hiperactivo. En ese estado de aceleración del cuerpo que podríamos hacer equiparable a la toma de determinadas drogas, drogas activas, no drogas pasivas (el opio es la droga pasiva por excelencia), todo se acelera y entonces también se acelera la actividad neuronal, la actividad cerebral.

D.A.: Dado su carácter de lugar fronterizo, no todo el mundo puede hablar de él; sin embargo, todos estamos sujetos al insomnio, tanto los niños como los viejos. Es un momento aterradoramente íntimo del cual nadie escapa.

R.A.: Este estado fronterizo nos acompaña de nacimiento a muerte, desde la cuna a la tumba. Los viejos con frecuencia te dicen que tienen insomnio, que no pueden dormir por la noche. Y en los niños se produce también el insomnio mucho antes de que exista un estado llamado con dicho nombre. En todas las edades del hombre el insomnio forma parte de nuestra condición en el umbral del laberinto. Seguramente para el niño estar en el umbral del laberinto es el inquietante reconocimiento de lo que nosotros llamamos vida. Y para el viejo estar en el umbral es el inquietante reconocimiento de lo que llamamos muerte. Cuando estamos en la plena actividad de la vigilia, mantenemos alejada esta percepción porque la plena actividad de la vigilia finalmente nos lleva a una condición pragmática: estamos muy ocupados en cosas singulares, particulares, inmediatas. Si estamos en el sueño, estamos a merced de esas otras leyes en las cuales nosotros apenas podemos intervenir. Yo siempre he creído que el sueño nos toma a nosotros. Sería más apropiado decir que el sueño nos sueña que nosotros soñamos. Porque estamos en una actitud completamente pasiva, en la que no podemos hacer nada. En el estado de vigilia estamos en una actitud activa en la que, como vamos eligiendo, descartamos todo aquello que resulte peligroso. No obstante en el estado del insomnio estamos en una actitud que en parte es activa y en parte es pasiva. En cada época de la vida se nos va informando de ese laberinto que tenemos delante. El laberinto no es siempre el mismo. Éste va variando de acuerdo con nuestra propia variación en la vida.

[Publicado el 23/11/2007 a las 09:24]

[Etiquetas: duermevela, laberinto, Babia, Cerros de Úbeda, sueño, vida]

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Conversaciones. El lenguaje del insomnio III

Delfín Agudelo: Sin lugar a dudas, la experiencia en este caso precede al acto de escritura. El ser experimentado implica que tienes experiencia; pero, ¿qué debe hacer el escritor o poeta con esa experiencia? ¿Cómo debe usarla como materia prima de su creación?

Rafael Argullol: El poeta o el escritor es un taxidermista: diseca emociones. Por eso tiene que ser un hombre que establezca estrategias. En la cultura occidental siempre hemos tenido grandes equívocos pensando que el artista o el poeta es el hombre más sensible, y eso no es verdad: el hombre más sensible es el hombre más sensible. Pero el hombre más sensible que convierte la sensación en poesía o en literatura de alguna manera comete un crimen contra la sensación. Tiene que armarse de cautela, armarse de frialdad, armarse de argumento, armarse de lenguaje para enfrentarse a esa sensación, porque la sensación en estado puro es inexpresable. Ocurre lo mismo con el lenguaje del sueño y con el lenguaje del insomnio. El lenguaje del sueño es nítido: tenemos un sueño, nos despertamos. Tenemos este recuerdo más o menos vaporoso del sueño. Puede que se mantenga o no, porque a veces sueños muy elaborados se disuelven al despertar. Pero supongamos que se recuerda, e incluso se recuerda con precisión. El recuerdo mismo del sueño ya es una racionalización de la propia experiencia del sueño, y allí interviene la frialdad de la estrategia de la razón. Y el insomnio, que no es solamente un estado que sufro sino que me interesa desde el punto de vista de la creación de la imaginación, nos introduce a esos estados intermedios que pueden sugerir expresiones, pero que son expresiones siempre inacabadas, siempre fragmentarias. Y por eso un buen método,  al menos para mí, ha sido dejar pistas que luego vas a recoger sabiendo que estás racionalizando y que estás reinterpretando. Pero toda la poesía y todo el arte es reinterpretación, porque todo el lenguaje es reinterpretación. El lenguaje puro sería el silencio.

[Publicado el 20/11/2007 a las 08:23]

[Etiquetas: lenguaje del sueño, lenguaje del insomnio, razón, silencio]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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