El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 23 de noviembre de 2008
Vuelvo de Italia, país en el que viví varios años y al que regreso siempre que puedo. La mayoría de mis amigos están desolados porque no entienden cómo un personaje de la catadura de Berlusconi, siendo un fenómeno político, muy tangible por tanto, se ha convertido casi en un problema metafísico sobre el que se hacen todo tipo de cábalas. Por lo general estos amigos tienden a creer que se trata de una anomalía "muy italiana" y, paralelamente, expresan una curiosa envidia por la situación española: Zapatero está en boca de muchos como antídoto benéfico de su Berlusconi.
A mí me parece que el personaje Berlusconi -no sé a quién se le pudo ocurrir llamarle Il Cavaliere-, aunque posee características genuinamente italianas, trasciende el escenario político de Italia y en este sentido se ha transformado en un arquetipo que nos afecta a todos. Lo más preocupante es que en muchos aspectos Berlusconi se perfila, no tanto como una rémora del pasado inmediato, cuanto como un anticipador de tiempos futuros.
En el juego de hipótesis acerca del personaje yo he apostado ante mis amigos italianos por una que explicaría el éxito inédito de alguien como él: Berlusconi habría tenido la habilidad de apoderarse de dos papeles contrapuestos del escenario para erigirse en rey-bufón. Esta síntesis le daría una ventaja de grandes proporciones pues asumiría las funciones de las dos figuras, el poder del rey y el contrapoder del bufón. Basta recordar las obras de Shakespeare o las pinturas de Velázquez para rememorar en qué consistía dicho contrapoder y cómo la bufonada canalizaba y redondeaba el absolutismo real. El bufón necesitaba del rey para difundir su visión grotesca -y popular- del mundo; el rey requería del bufón una ironía brutal que hiciera soportable su arbitrariedad.
La jugada maestra de Berlusconi ha sido usurpar muchos papeles y presentarlos superpuestos ante sus adversarios. De un lado, el rey absoluto que se apodera de la mayoría de los resortes del poder; de otro lado, el bufón que distorsiona grotescamente el paisaje, aunque no para proclamar la verdad -como harían los bufones medievales o barrocos-, sino para reforzar la mentira.
En cuanto rey, Berlusconi es el hombre más rico de Italia y el propietario casi monopolístico de los medios de comunicación. En cuanto bufón, es el encargado de ironizar sobre su propio poderío mediante la continua manipulación del lenguaje.
Creo que lo catastrófico para la sociedad italiana ha sido dejar que se cerrara el círculo permitiendo que Berlusconi dispusiera del poder y del contrapoder. Eso hace que muchos perciban la situación política como una enfermedad espiritual y moral. Yo puedo estar de acuerdo con este diagnóstico siempre que al sopesar los síntomas de la epidemia Berlusconi se advierta que junto con ciertos factores locales, genuinamente italianos, hay factores de peso y gravedad universales.
El rey-bufón ha sabido explotar con enorme astucia los demonios familiares de Italia, desde la endémica ruptura entre el Norte y el Mezzogiorno hasta la interferencia constante del Vaticano. También ha aprovechado sin contemplaciones el hundimiento de la clase política italiana de posguerra, la más culta y gastada de Europa, y especialmente del Partido Comunista, que después de ser un microcosmos casi perfecto se sumió en un proceso suicida con sucesivas autoaniquilaciones hasta llegar a la patética confusión actual.
Mientras el viejo sistema se deterioraba, Berlusconi aprendía a ser rey-bufón: se hacía rico por medios opacos, esquivaba juicios, compraba televisiones y, por encima de todo, distorsionaba el lenguaje público. Sus oponentes, enredados en disimular la quiebra de sus ideologías con denominaciones vegetales -que si Olivo, que si Margarita-, hubieran debido de advertir a quién tenían delante cuando Berlusconi le puso a su partido el grito de guerra de los tifosi: Forza Italia.
especuladores, con argucias y suerte os libraréis de los tribunales; ignorantes, ni tenéis cultura ni os hace falta tenerla; vulgares, haced ostentación de vuestra vulgaridad; triviales, benditos seáis por vuestra trivialidad. Todo aderezado con la astracanada y la pirueta circense aunque férreamente sustentado en el poder del dinero.
Es decir, el berlusconismo, del cual el propio Berlusconi debe opinar que existe no tanto por él como por la voluntad de los ciudadanos: el berlusconismo en cuanto estado espiritual. Y si así opina no le falta razón porque, desde luego, él no ha inventado el despiadado pragmatismo de estos últimos años, sino que, gracias a su condición de rey-bufón, le ha sabido dar forma de una manera particularmente dañina y espectacular.
Sin embargo, en lo que se equivocan, pienso, mis amigos italianos es en creer que la epidemia Berlusconi es únicamente local. Influye en esta apreciación que en Italia los síntomas presenten una singular virulencia en estas primeras semanas posteriores al triunfo electoral de la derecha. De pronto, los ciudadanos ven en televisión escenas que recuerdan otros tiempos: jóvenes vociferando con el saludo romano o ataques populares a los campamentos de inmigrantes ilegales. Todo esto es llamativo pero no sorprendente dado el espectacular aumento de las opiniones xenófobas en el seno de la sociedad. Sin salir de Europa encontramos indicios de la misma enfermedad moral que conmueve Italia en Francia u Holanda.
Hay una fórmula para describir la ceguera ante la propia enfermedad, una ceguera que entraña enormes peligros: los enfermos son los otros. Es decir, como siempre, los extranjeros. Con respecto a España, a la que sorprendentemente muchos citan como tierra de promisión, es verdad que nuestro engranaje político, por fortuna, no ha llegado al grado de deterioro del de Italia, ni ha aparecido todavía -esperemos que no aparezca- un rey-bufón como Il Cavaliere. Pero la tragicómica endogamia de los partidos es ya similar. ¿Y qué decir del novorriquismo, la corrupción, la vulgaridad o la ignorancia? Competimos en ser la Octava Potencia Económica del Mundo. Zapatero dice que es España. El pobre Prodi decía que todavía era Italia. Y también, según todos los estudios, competimos en ser uno de los países con la peor educación de Europa.
El País, 23/05/2008
[Publicado el 19/6/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Berlusconi, Italia, política, Europa]
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Hace unos días leí en el periódico que a la audiencia pública, convocada por el Ayuntamiento de Barcelona para explicar a los ciudadanos los aumentos para el próximo año de los impuestos, había asistido únicamente una vecina. Y ello pese a que habían sido enviadas 4000 invitaciones y se había gastado un considerable dinero en anuncios publicitarios ¡Una vecina!: ni siquiera, por tanto, se logró que acudieran los padres, madres, amigos, esposos o amantes de quienes habían suscrito la convocatoria.
Una sola, única e intransferible vecina. Mi primera reacción fue pensar que esto era un escándalo que exigía dimisiones. Pero luego me calmé al recordar que esta no es tierra de dimisiones y que además no había duda de que el Ayuntamiento había conseguido el escenario ideal de una democracia sin ciudadanos.
Esto tiene su interés. Ya sé que politólogos, sociólogos e incluso psicólogos están preocupados por la apatía ciudadana ante la política, que se ilustra perfectamente en el caso de la heroica vecina y de la espectral audiencia municipal. A mí, además de esto, me resulta llamativa la tendencia creciente a la ocultación y al camuflaje de nuestros políticos. No es que no den la cara, es que aparentan no tenerla, y quizá por eso la ceden tan gustosamente a los cómicos que los imitan (creo que hay ciudadanos que conocen mucho más a los parodiadores que a los parodiados). En cierto modo el avestruz de otro tiempo ha dado paso directamente al topo.
Topo, y ya no sólo avestruz, es el Ayuntamiento de Barcelona ante cualquier conflicto que se presente. Da lo mismo que se vaya la luz, o que no vengan los trenes; igual da que la invasión sea de lumpenturistas o de lumpenaficionados al fútbol, aquella simpática escoria que en los buenos tiempos de Stevenson o Conrad era embarcada en buques mercantes cuyas travesías duraban dos o tres años y que ahora nosotros recibimos hospitalariamente; lo mismo da si de repente somos una de las ciudades más contaminadas del mundo o si de pronto se nos descubre que el agua que consumimos nos liquidará.
Nunca hay dimisiones porque esta no es tierra de dimisiones. Pero ¿por qué se ocultan como los topos? El alcalde de Barcelona ha manifestado que él no trabaja para las hemerotecas y que por eso lo hemos visto en prudente silencio ante los sucesivos desastres que el hado nos ha proporcionado.
Esto nos ayuda a entender las vicisitudes de nuestros dirigentes. Fijémonos en el hecho de que el hado se ha convertido en algo importante, no quizá con este término excesivamente culto y pretencioso, pero sí como mala suerte, mala pata o mal fario. Que se nos hunda una estación es mala pata, así como que nos toque el Glasgow Rangers es un mal fario.
El destino, tenebroso, actúa mientras nuestros gobernantes nos defienden en secreto. Esta es la consigna: trabajar en secreto. Así deben interpretarse las soledades de las audiencias municipales o las fantasmagorías del Parlament, donde con frecuencia el trabajo es tan secreto que los no mal renumerados fantasmas se ocultan de sí mismos y dejan vacíos los democráticos asientos.
La mayoría de nuestros representantes están agazapados en algún rincón del poder trabajando secretamente para nosotros. Naturalmente el agazapado par excéllence es el señor Montilla, president de la Generalitat, un hombre que, digan lo que digan, ha creado un estilo propio que los otros se ven obligados a imitar. Es posible que si el señor Montilla, campeón del anticarisma, convocara espontáneamente una audiencia pública no consiguiera ni siquiera a la vecina que consiguió el señor Hereu, pero, como contrapartida, hay que reconocerle una tan singular capacidad para el topismo políticamente que ha obtenido que los demás, incluso aquellos que tienen vocación de pavos reales, se muevan como topos.
A todo eso podríamos preguntarnos el porqué de estas conductas subterráneas. ¿Falta de ideas? Eso parece al juzgar por la mediocridad ¿Miedo a los ciudadanos? También podría ser, una consecuencia de la falta de ideas. Sin embargo hay una tercera razón que no se debería desestimar: a estas alturas casi todos nuestros políticos son hombres de aparato que no han visto la vida pública sino a través de la servidumbre de sus partidos, mundos con poca transparencia y escasa luz en los que el disimulo y la astucia acaban siendo más decisivos que el talento o la pasión por las ideas. Es una cuestión de aire libre.
Diccionario. Gazapo: hombre disimulado y astuto. Agazapar: agacharse, encogiendo el cuerpo contra la tierra, como lo hace el gazapo cuando quiere ocultarse de los que le persiguen.
Publicado en El País, 24/12/2007
[Publicado el 12/12/2007 a las 09:30]
[Etiquetas: política, Barcelona]
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Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
23/11/2008 17:00
Publicado por: Shakira Kurosawa
23/11/2008 12:45
Publicado por: opinión
23/11/2008 10:07
Publicado por: Deresaca
23/11/2008 06:28
Publicado por: amalia
23/11/2008 00:30
En un reducido espectro, el...
Publicado por: Trybal
23/11/2008 00:05
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