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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 26 de agosto de 2019

 Blog de Rafael Argullol

La masa "megapolitana"

Rafael Argullol: Creo que la multitud en Poe o en Baudelaire todavía tiene unas ciertas características de identidad propia.
Delfín Agudelo: Pensaría, de esta manera, que es precisamente el protagonismo de la calle, la manera como ésta actúa sobre la multitud y las distintas posibilidades que ella acarrea, el gran elemento coyuntural de dicha transformación. Ya desde mediados del siglo XIX la idea que contrapone a la multitud, el flâneur, se daba por obsoleta: ya él mismo formaba parte anónima de la masa.
R.A.: Exacto. Consiste en ese segundo estadio en que la multitud se convierte completamente en masa; es decir, que ya pierde todo perfil individualizador, como si perdiera toda el alma, y casi nos trasladamos al escenario urbano del primer tercio del siglo XX que acogerá los grandes totalitarismos, el nacional-socialismo, el estalinismo, y que desde el punto de vista literario dará lugar a una literatura como la de Kafka, puesto que el personaje de La metamorfosis no deja de ser el individuo en una época de hegemonía absoluta de la masa. Un individuo que no puede sostener su propia resistencia moral e individual, y se hunde y queda sometido en cierto modo a los engranajes que lo rodean. El gran poeta de la época en que la literatura recoge la transformación de la multitud en masa es precisamente Kafka, con todo su sentido de la para-realidad, de lo onírico, de lo absurdo. En general lo que en el siglo XX se llamó la literatura del absurdo, entre muchas otras cosas no dejaba de ser la imposibilidad del individuo en un momento de predominio de lo masivo. Pienso por ejemplo en los textos de Albert Camus, incluso en un texto como El extranjero, donde el acto gratuito, absurdo, se convierte en protagonista. Eso no sería posible sin que hubiera reinado ya el mundo de los grandes totalitarismos masivos. Pienso también en la gratuité y la absurdité de André Gide, donde también se refleja esto: por un lado la presencia de ese elemento absolutamente socavador de perfiles individuales que es la masa, y por el otro la dificultad de la resistencia individual a no ser que sea muchas veces a través de lo absurdo.
Me da la impresión que en la segunda mitad del siglo XX, y sobre todo a finales del siglo XX y principios del XXI, nos hemos trasladado a otro escenario, que sería el más genuino de la megápolis, en el cual ni siquiera la masa, la multitud-masa, interviene disciplinadamente en la calle como había sido bajo los totalitarismos, sino que esa multitud-masa se convierte fundamentalmente en masa a través de las conexiones de nuestros medios de comunicación y de nuestras pantallas. En nuestros días no hace falta que haya grandes manifestaciones de la masa en la calle para que la conciencia se comporte de una manera arbitrariamente masiva porque creo que la complicidad masiva en nuestra época se da desde los hogares individuales a través de las terminales infinitamente no repetidas de los medios de comunicación. En la época de Mussolini o Hitler, la masa era convocada a la calle y de alguna manera el poder de la masa se manifestaba visualmente a través de su presencia en la calle. Creo que nuestros días el poder de la masa ya no metropolitana, sino megapolitana, por así decirlo, se manifiesta precisamente a través de esa uniformidad de las conciencias, provocadas no por su asistencia masiva, sino por esa especie de uniformización que producen los terminales de los medios de comunicación.   

[Publicado el 26/8/2009 a las 10:00]

[Etiquetas: multitud, ciudad moderna, baudelaire, poe, megápolis, Kafka]

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El paseante entre la multitud

Rafael Argullol: Uno de los aspectos más remarcables de las variaciones que se han dado en la ciudad en los siglos XX y XXI es también la transformación del protagonista del relato urbano, que junto con el héroe o personaje individual ha sido la multitud y que a principios del siglo XXI tiene unas características profundamente distintas de las que se pudo apreciar en el momento en que se formularon las ideas sobre la modernidad.
Delfín Agudelo: La multitud, además de sufrir una evolución como tema o personaje literario, ha tenido un desarrollo en las calles mismas de la ciudad: de la ciudad moderna a metrópolis y de ésta a la megápolis siempre ha sido el sinónimo del ligar público y de las reflexiones solitarias de un caminante urbano.
R.A.: A este respecto pienso que es interesante recordar que probablemente el primer relato literario en que la multitud se convierte en protagonista es precisamente una narración de Edgar Allan Poe, "La multitud". Es una narración que e gusta mucho, en muchos aspectos. Primero por su calidad literaria, pero también porque creo que es el punto de salida de ese nuevo protagonismo o de lo colectivo-urbano. En "El hombre de la multitud" Poe presenta algo que no deja de ser muy contemporáneo, y es el devenir de un hombre que no puede estar separado de la multitud. Él lo plantea en la ciudad de Londres, y ese hombre siempre tiene que estar cerca de donde hay multitud, durante el día o la tarde, en Oxford Street, después tiene que ir a los bajos fondos de la vida noctámbula y prostitución, y al amanecer tiene que ir al mercado central... Siempre tiene que estar cercano a la multitud, inmerso en ella, porque no es nadie sin la multitud. Creo que en ese sentido Poe hace una especie de visión profética de lo que será la relación entre la literatura y la ciudad en los tiempos futuros, a pesar de que en la experiencia urbana de Edgar Allan Poe no es muy metropolitana. Él no era de Nueva York sino de Boston, que era una ciudad muy pequeña en relación a las nuevas metrópolis que se estaban configurando en el siglo XIX. Así que aquí, como en otros aspectos, es tan interesante establecer ese paralelismo, esa intimidad entre Baudelaire y Poe, sobre todo porque Baudelaire la reivindicó respecto a Poe. Ya no solo es que estemos hablando de una literatura que deriva directamente de lo rural a lo urbano, sino de la advertencia de que en adelante la multitud tiene que ser un personaje absolutamente fundamental dentro de la literatura. Y eso tiene su equivalencia y traducción inmediata en el hecho cierto de que En las flores del mal de Baudelaire el protagonista individual es muchas veces la multitud, quien está presente en esa especie de carnaval urbano y crítico del progreso que plantea Baudelaire en sus poemas. Se ve una multitud que evidentemente es la consecuencia de la última urbanización, del paso de tantos campesinos a  barrios proletarios de París, de la revolución industrial, de la politización. Una multitud que es a la vez carne de cañón y sujeto de la nueva poesía. Una multitud que está impregnándose en esa metrópolis pero que también de alguna manera se convierte en la que da un cierto sentido a la nueva poesía moderna que reivindica Baudelaire. Creo que la multitud en Poe o Baudelaire todavía tiene unos ciertos características de identidad propia.

[Publicado el 20/8/2009 a las 09:29]

[Etiquetas: multitud, ciudad moderna, baudelaire, poe]

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Galería de espectros: Sherlock Holmes

"The Man with the Twisted Lip", Sydney Paget, 1891 (Strand Magazine)Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto el perfil afilado del espectro de Sherlock Holmes.
Delfín Agudeo: Te refieres al ya clásico y eternamente variado personaje de Arthur Conan Doyle.
R.A.: Sí, me refiero a él, que evidentemente es un personaje en nuestros días muy popular pero que en su momento debió crear una extraña sensación dentro de la propia genealogía del detective en la literatura occidental. Holmes no dejaba de ser el heredero del primer gran detective que se presenta en la literatura y de la primera novela policíaca, que está planteada como tantos otros géneros modernos por Edgar Allan Poe. Poe, en el Los crímenes de la calle Morgue, seguramente plantea lo que es el inicio de la génesis de la novela policíaca. Conan Doyle, a través de una creación genial, adapta esta figura que evidentemente forma parte del mundo moderno y de una literatura que necesariamente deja de ser rural para ser urbana, adapta esa figura a lo que sería el mundo victoriano del último tercio del siglo XIX, y lo dota de una característica que la ha hecho muy atractiva en el siglo y medio posterior. Y es que es un personaje por un lado que lleva su racionalismo a unos extremos neuróticos y paranoicos, de una meticulosidad extrema; es un hombre que aparentemente está desprovisto de todas las otras pasiones que no sea la pasión de ese racionalismo deductivo y observador, aunque curiosamente ese hombre también oculta un mundo quizá expresamente soterrado en su caso, a través de su propia condición de drogadicto. Entonces es una especie de Jano bifronte extraordinario: por un lado un hombre cuya racionalidad desborda todo el ideal racionalista moderno, todo aquello de lo que hubiera podido presumir Descartes en sus escritos sobre la razón. Holmes está en el extremo mismo de lo que pudo plantear Descartes, pero ese hombre que aparentemente ha superado todas las pasiones para concentrarse en una sola parece que tenga que equilibrar esas otras pasiones de la vida a través de esa condición oscura de drogadicto que Conan Doyle no oculta. Esto es lo que da, creo, todo el espesor al personaje, y le da esa capacidad para proyectarse más allá de su época.

[Publicado el 20/10/2008 a las 09:43]

[Etiquetas: Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, Edgar Allan Poe]

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Galería de espectros: "El hombre de la multitud"

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, me he topado con el fugaz espectro del hombre de la multitud.

Delfín Agudelo: El hombre de la multitud tiene tantas caras como la misma multitud, y tanto tiempo como el del día y la noche. ¿En qué momento de su recorrido te pareció verlo?

Rafael Argullol: Es curioso que aunque en el relato de Edgar Allan Poe van pasando todas las horas del día, yo siempre tengo una imagen del hombre de la multitud como alguien que vive en un claroscuro, en una penumbra. Su hora favorita es el atardecer, cuando está declinando el sol, o en las primeras luces de la aurora, aunque evidentemente él necesita la multitud a todas horas. Lo que me parece absolutamente turbador de ese personaje es que no puede vivir sin la presencia de los otros convertidos ya en masa, sea en Oxford Street, sea en el Covent Garden, sea en los mercados, bajos fondos, calles comerciales. Es alguien que tiene tal terror a la soledad que necesita estar ensartado continuamente en medio de la masa. Ahí creo que estriba la enorme capacidad de anticipación de Edgar Allan Poe al presentarnos a un hombre que no sólo tiene miedo a la soledad, sino que tiene miedo, pienso, a la individualidad, a la subjetividad, tiene miedo fundamentalmente a la intimidad. Es alguien que, como un dibujo muy propio del hombre contemporáneo y moderno, tiene terror a enfrentarse a su a su propio yo, y en ese sentido busca desesperadamente la compañía, el ruido, la voz de los otros, pero no entendido en cuanto a conjunto de individuos, sino entendidos como una masa informe que es como una suerte de monstruo que se va deslizando por las calles de la ciudad.
En la narración de Poe por primera vez la masa se convierte en el héroe, aunque sea un héroe que actúa como contrapunto de ese hombre sumido en un torbellino y en una inquietud permanentes, y que en cierto modo anuncia lo que serán los futuros personajes kafkianos que ya muestran monstruosamente la consecuencia de la sumisión de la conciencia individual al poder de lo masivo. Resulta impresionante cómo desde una ciudad ordenada, pequeña, apacible, tan civilizada como Boston yen una región como Massachussets, Edgar Allan Poe sin haberlo vivido directamente fuera capaz de captar de una manera tan fehaciente lo que es el pulso de la metrópolis que se está configurando en el siglo XIX, y que llega a su máxima distorsión a principios del siglo XXI. El hombre de la multitud nos guste o no, a mí personalmente me gusta poco, es uno de los grandes protagonistas de nuestro escenario.

[Publicado el 14/3/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Edgar Allan Poe, Hombre de la multitud, espectros, galería]

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El escándalo

Rafael Argullol: No sé si se puede ser Homero y Ulises al mismo tiempo.

Delfín Agudelo: Me parece que un buen punto de partida para esta reflexión es la figura de Rimbaud, que representa esa búsqueda visceral y un súbito desprecio a todo lo artístico. Rimbaud dice: "Toda mi búsqueda fue un intento fallido, me retiro de todo". Pero intuimos un vaho de silencio, un estado de privación. ¿Qué vio cuando fue Ulises? ¿Qué dejó de ver al ser Homero? ¿Qué habrá visto luego de haberse retirado de la escritura?

Rafael Argullol: Todo el escándalo que significa Rimbaud es muy coherente. Quizás para nuestra tradición ese escándalo ha aumentado por el hecho de que tenemos determinados héroes artísticos a los que precisamente adoramos más por haber escrito o compuesto obras extraordinarias con una edad muy corta, como lo es también el caso de Mozart o el caso de Schubert. /upload/fotos/blogs_entradas/portada_de_una_temporada_en_el_infierno.jpgEsto hace particularmente incomprensible que alguien a los 20 o 21 años, con una conducción poética prodigiosa a sus espaldas, en una edad tan corta, haya abandonado la escritura. Hay un verso en Una temporada en el infierno que siempre me ha llamado mucho la atención: Plus de mots, "Basta de palabras". Es como si en un momento determinado Rimbaud hubiera llegado a la conclusión de que las palabras -ya no lo que llamamos poesía o lenguaje poético, sino el lenguaje en sentido estricto- no son suficientes para expresar una experiencia, y en ese mismo momento renuncia. Y entre Homero y Ulises elige ser Ulises, un extraño Ulises. En su momento yo leí con avidez sus Cartas abisinias, y se confirma más el escándalo en todas esas cartas que envía desde Etiopía, puesto que no hay una sola mención ni a la literatura ni al arte. Se aleja por completo: pide manuales de jardinería, pide cosas prácticas para su vida en África, y ni una sola palabra más sobre la cultura. Son dos los elementos que han doblado el carácter de escándalo en el caso Rimbaud: su renuncia en la juventud y el haber elegido el camino del destierro o peregrinaje, de una vida prosaica, sin hacer la menor alusión a la cultura o la literatura. Ahí se plantea también el tema de qué es lo que dedujo Rimbaud, qué es lo que vio. Nunca lograremos entender aquello que vio ya que es una especie de visión o mística invertida en la cual tiene una necesidad absoluta de sumirse en una vida completamente prosaica y alejada de toda trascendencia. Es comprensible porque, si volvemos al lenguaje espectral del arte, hay algo en lo que llamamos arte que quema mucho, que consume, y la elección de una vida alejada del arte es una lección completamente plausible. Uno de los capítulos del arte espectral es aquel en que el artista abandona el arte. /upload/fotos/blogs_entradas/gogol.jpgRimbaud abandonó la poesía; siempre he intentado imaginar la escena de Gogol quemando la segunda parte de Almas muertas, que le había costado un inmenso trabajo. Incluso el hecho de quemar o destruir la obra -que se ha repetido tanto en la literatura, en la pintura e incluso en la composición musical- no lo deberíamos comprender como un acto masoquista o autodestructivo en el sentido habitual del término, sino que lo deberíamos entender como la escritura de un capítulo de esa historia espectral. Hay un momento determinado en que uno renuncia a la forma palabra o a la forma pintura en el sentido en que los otros creen, y sigue una visión y un camino completamente distinto. Por eso te hablaba de una suerte de mística invertida.

[Publicado el 10/12/2007 a las 12:01]

[Etiquetas: Rimbaud, experiencia, mística invertida, poesía, quemar la obra]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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