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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 20 de agosto de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'platon'

Platón "Low Cost"

El otro día un profesor de filosofía me comentó que proyectaba fragmentos de los Diálogos de Platón en la pantalla, a través del power point, con el propósito de que los estudiantes, confundiéndolos con imágenes, se entretuvieran leyéndolos. El pobre profesor, disculpándose, justificó el método: "Sólo se fijan en las imágenes". Naturalmente a él mismo le parecía aberrante. Primero, porque así se descartaba la lectura directa de los libros y, en segundo lugar, porque como profesor de filosofía sabía a la perfección que si algo iba directamente en contra del pensamiento platónico era la desecación de los conceptos en imágenes.

No tenía, por tanto, duda dicho profesor de que un redivivo Platón se pondría las manos en la cabeza al ver sus clases, si es que no la emprendía a bastonazos con el proyector de ídolos. De todos modos, hablando con más calma de esta innovadora didáctica, quedó claro que había otras razones que impulsaban al profesor, además de la confesa idolatría de los estudiantes, que no hacen si no trasladar a la Universidad la idolatría general.

Este profesor, joven y necesitado de promoción profesional, había advertido que su método encajaba con las tendencias y requisitos de la universidad actual. Me dio detalladas explicaciones que ayudan a comprender el perfil del profesor en el inmediato futuro. Me enseñó, por ejemplo, unos formularios dedicados a la evaluación del profesorado en los que aparentemente el mérito mayor radicaba en la capacidad del docente para la renovación tecnológica, sin que la publicación de libros, y cosas así, pareciera tener la menor importancia. Nuestro profesor se había renovado tecnológicamente y soltaba pedazos del Fedro en la pantalla para ver si pillaba a los estudiantes.

Pero era evidente que, para sobrevivir en la universidad, además de la renovación tecnológica, era necesario acumular grandes conocimientos sobre el lenguaje administrativo. La comprensión de los requisitos exigidos por las distintas administraciones -estatales, autonómicas y universitarias- ofrecía más obstáculos que los textos de Kant o Heidegger. Ningún ser ajeno a la universidad podría entender el galimatías de validaciones, acreditaciones, habilitaciones y demás jerga que forma parte del universo mental del profesorado.

Supongo que obligado por las circunstancias el profesor de filosofía había luchado con los sucesivos boletines oficiales y se había convertido en un gran experto en galimatías. No sé si esta lucha a brazo partido con los textos sagrados de la burocracia había ido en detrimento de sus obligaciones para con Aristóteles o Nietzsche. Ni siquiera tuve que preguntárselo porque enseguida me aclaró que en el momento de ser valorados sus méritos el saber burocrático tendría tanta importancia, si no más, que el saber intelectual. Él no estaba de acuerdo pero "las cosas eran así".

Tampoco era un gran amante de las reuniones y sin embargo iba a todas -"a todas", remarcaba- porque no podía permitirse el lujo de quedarse al margen del engranaje. Cierto que había un exceso de las reuniones en las que a menudo las disquisiciones eran mucho más oscuras y complejas que las de las teologías bizantinas. Pero no había más remedio que asistir porque las cosas eran así y, además, podían contar para el currículum.

No se detenían aquí las tribulaciones del joven profesor de filosofía, quien tenía poco tiempo para adentrarse en los vericuetos de Hegel o Kierkegaard porque tenía que buscar afanosamente revistas de impacto donde publicar papers. ¿Qué diablos es todo eso?, preguntarán las almas poco avezadas en el actual espíritu universitario. Un paper es un escrito -valioso o no, depende- que un profesor escribe para que lo lean cuatro gatos de su gremio y, si puede ser, nadie más. Una revista de impacto es una revista especializada que puede tener o no valor científico -depende- y que con frecuencia, sobre todo en el ámbito de las humanidades, es un puro portavoz gremial. Publicar papers en revistas de impacto es el paraíso de quien aspira a hacer carrera universitaria. El aludido profesor de filosofía proclama que le gustaría escribir ensayos de otro tipo, más creativos, pero éstos contarían escasamente para el currículum. "Las cosas son así".

Como en los mejores relatos kafkianos hay algo fatal en esta afirmación. ¿Quiénes son los que hacen que las cosas sean así? ¿Los políticos?, ¿los pedagogos? ¿Cerebros perezosos y agazapados bajo el no menos kafkiano Proceso Bolonia? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Y menos este esforzado profesor de filosofía que corre inquieto de un lado para otro sin horas para dedicar a sus filósofos. Ahora una reunión; ahora un análisis hermenéutico del boletín oficial; ahora la persecución de revistas de impacto; ahora un toque de renovación tecnológica. Y al llegar a clase se pondrá a explicar el mito de la caverna con el power point, a sabiendas de que Platón lo hubiera suspendido sólo con verle hacer eso.

 

El País, 03/05/2008

[Publicado el 28/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: educación, profesorado, Proceso Bolonia, Platón]

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Galería de espectros: Heráclito

Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he vislumbrado al de Heráclito.

Delfín Agudelo: ¿De qué manera se te ha presentado? ¿Cómo él mismo o como alguna representación ajena?

Rafael Argullol: Me ha parecido ver a Heráclito, al único Heráclito que soy capaz de visualizar, que es el que hizo aparecer Rafael en su pintura La Escuela de Atenas, un personaje enigmático, oscuro y atormentado como las leyendas nos indican que era el propio Heráclito histórico. En la pintura de Rafael, aunque la presidencia de toda la escena la ostenten Platón y Aristóteles, creo que uno de los personajes que más llaman la atención al espectador es el personaje que está sentado en primer plano en las escaleras, apoyándose la cabeza en la mano, en la iconografía habitual de la melancolía. Y ese personaje que representa Heráclito según se dijo desde la propia época del renacimiento tenía la cara de Miguel Ángel. Si eso es así, me da la impresión de que La escuela de Atenas de Rafael se convierte en un documento decisivo de la cultura europea porque por un lado es una suerte de manifiesto visual de lo que ha sido el humanismo y por el otro de lo que había sido el arte renacentista hasta el momento en que Rafael pinta esta obra. Allí se sintetizan las dos grandes corrientes en las que se apoyan el renacimiento, que son la teología cristiana y el pensamiento griego y romano. Sería un retrato de las raíces de Europa y del renacimiento.

Pero por otra parte si las sugerencias y conjeturas que se han hecho son ciertas, sería también un retrato de época, en el cual Rafael capta las diversas topologías del artista que a principios del siglo XVI se están asentando en la Italia y Europa renacentistas. Y allí encontraríamos un gran antagonismo entre Leonardo da Vinci, que aparentemente es el que es retratado en la cabeza de Platón presidiendo la escena con toda la apariencia del artista sabio, que ha llegado al final de su vida a la armonía —de hecho el Platón con la cabeza de Leonardo de La Escuela de Atenas se parece muchísimo al autorretrato que hizo Leonardo de sí mismo—; y por el otro lado tendríamos a Miguel Ángel, en su encarnación de Heráclito, como el artista melancólico, como el artista atormentado, como el artista dramático. Y allí tendríamos la gran dualidad con la que finalmente culmina el renacimiento y que había sido captada por Rafael. La creatividad artística, como la consecuencia de esa tragicidad melancólica, sería la que nos vendría dada por la identificación Platón-Leonardo-sabio; y por otro lado la creatividad trágica, contradictoria y oscura que nos venía dado por la identificación Heráclito-Miguel Ángel-tensión y contradicción dolorosa. Si ese juego de conjeturas es cierto, por tanto Rafael no únicamente habría recogido el principal manifiesto de lo que es el arte renacentista, sino que también habría dado uno de los primeros retratos psicológicos colectivos de la historia de la pintura.
 

[Publicado el 14/4/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Galería, espectros, Heráclito, Rafael, Platón, Leonardo, Miguel Ángel]

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Galería de espectros: Diotima

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he vislumbrado el de Diótima.


Delfín Agudelo: ¿Viste acaso a la Diotima de Platón, o la de Hölderlin?

R.A.: Creo que ambas son la misma: una es la reencarnación de la otra. Hölderlin, en Hyperion, utiliza ese nombre misterioso y magnético que sale de El Banquete de Platón, y lo utiliza directamente como inspiración de lo eterno femenino en su obra. A mí Diótima siempre me ha parecido un personaje muy enigmático, incluso tal como se presenta literariamente en la obra de Platón, que es como un juego de muñecas rusas, ya que en ésta obra Platón evoca una reunión que le han contado; a su vez, en esa reunión, ha habido distintas voces; y al final la voz de Sócrates, las muchas voces discutiendo sobre Eros, sobre el Amor. Pero Sócrates no habla sobre la teoría del amor, sino que dice haber sido iniciado por un personaje realmente enigmático, Diótima. Es la única vez que aparece en toda la literatura griega una supuesta mujer que era sacerdotisa en Mantinea, y ya la ciudad en sí misma es muy evocadora porque conlleva mántica, adivinación: comparten la misma raíz. Nos encontramos con un juego de sombras en que vamos avanzando desde la narración de Platón a lo que dice El Banquete, sus distintas voces y la voz de Diótima trasladada a través de la voz de Sócrates. Por lo tanto es un personaje que se mueve en unos entresijos muy interesantes. Además, es el personaje que traslada uno de los núcleos de la visión platónica de la belleza, ya que en todo El Banquete hay una discusión acerca del significado de Eros. Sócrates da su propia versión, pero cuando alude a la iniciación que le ha hecho Diótima en los misterios del amor, alude a un camino que es en principio racional, una escalera en la que cada uno de los peldaños es racional, y se pasa del amor físico al espiritual. El último peldaño, el que significa el salto hacia la belleza en sí misma, es un peldaño completamente mistérico, oscuro, y es ese peldaño el que Diotima en cierto modo rige, en el cual ella ha introducido iniciáticamente a Sócrates. Lo que hace Hölderlin con ese maravilloso personaje es retomarlo y convertirlo en el amor ideal, el amor romántico ideal de Hyperión que no deja de ser su alter-ego en esa novela de formación. Hölderlin cierra el círculo iniciado por Platón y de alguna manera Diotima nos evoca quizá el rasgo más limítrofe, más enigmático de lo erótico.

[Publicado el 25/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: galería, espetros, Diotima, Hölderlin, Platon]

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Ángeles y demonios

Gustave Courbet, Retrato de Baudelaire. 1847Rafael Argullol: La literatura moderna ha llegado a hacer explícito ese proceso de representación múltiple.

Delfín Agudelo: La creación literaria es la representación de los yoes del autor —“Madame Bovary c’est moi”. Pero también es representación que a su vez será un posible reflejo del lector—caso pertinaz es Baudelaire llamando a se refiere a Poe como “un espíritu hermano del suyo”.

R. A.: Por eso intrínsecamente la literatura no puede ser moralista porque el moralismo, incluso aquél de altísimo nivel, como puede ser el de Platón, exige que tú decidas entre tus papeles. Exige que haya un protagonista que anule a los demás, como lo es casi siempre el bien, la verdad, la bondad, lo que quieras. La literatura nunca puede ser moralista porque tienes que dejar que afloren todos los personajes. Tiene que aflorar Dr. Jekyll y Mr. Hyde: los contrarios. Siempre ha fracasado este tipo de literatura, no solo la literatura ideológica en el siglo XX—como por ejemplo el realismo social—,porque lo que llamamos literatura no puede cobrar una restricción moral o moralística de los personajes que encierran la condición humana. Tiene que explorarlos. Incluso uno puede explicitar la simpatía que tienen el uno por otro, pero tiene que ponerlos a todos en el escenario. Cuando las estéticas dirigistas, políticas o no políticas, han intentando decir “Sólo eso”, han condenado al arte y a la literatura a la autodestrucción. Por eso al escritor no se le tiene que pedir un compromiso moral en cuanto a escritor, pero sí en cuanto a ciudadano. Pero en cuanto a escritor hay que dejarle plena libertado para que saque a todos los ángeles y a todos los demonios: no se le puede pedir sólo lo angelical. Al moralista sí, al igual que al santo o al filósofo, al sabio; pero al artista no: se le tiene que aceptar que puede con todos los círculos, los angelicales y los demoniacos.

 

[Publicado el 11/1/2008 a las 09:23]

[Etiquetas: moralidad, escritor, Platón, literatura]

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Un tercer camino

Rafael Argullol: El artista juega con una materia prima que comparte con los demás y con algo que él mismo va construyendo, con su propia sombra personal.

Delfín Agudelo: ¿Cómo vería el sabio esa sombra?

R.A.: La figura del sabio que tenemos -que tiene una raíz muy platónica-, es de aquel que se coloca más allá de toda sospecha, que conquista un espacio más allá de toda sombra. Donde Platón mejor relata esto es en El banquete, en la intervención de Sócrates. Explica un erotismo en que pasa del erotismo concreto del cuerpo al erotismo de varios cuerpos, al erotismo de las normas de conducta, y finalmente acaba con un erotismo esencial, que es el de la belleza en sí misma, que prescinde de toda pasión particular. Hemos heredado con mucha fuerza esa figura, creemos que el sabio es el que se coloca más allá de toda sospecha y más allá de toda sombra, mientras que el artista es aquél que se pasa el tiempo trabajando entre las sombras y entre las sospechas. Por eso hemos tendido a otorgar al sabio una especie de figura musical de equilibrio y armonía, mientras que hemos tendido a otorgar al artista una silueta mucho más desequilibrada, mucho más apasionada, mucho más de ángel caído. Esas son herencias que podemos compartir o no, ya que están muy presentes. Yo, por ejemplo, no las comparto. Pero a nuestro alrededor esos dos arquetipos funcionan continuamente. Los malos profesores y malas facultades de filosofía enseñan una filosofía que está más allá de todas las pasiones. Y los malos artistas creen que el arte está más allá de toda idea, o que tiene que prescindir de las ideas. El autodenominado filósofo cree detentar un mundo de purezas conceptuales que no está para nada contaminado por las sensaciones. El autodenominado artista, el que va de artista, cree que es alguien que siente de una manera muy especial, y que goza del privilegio de ese sentir especial, y que no tiene que dar ninguna explicación de ese sentir. Es muy habitual encontrarse un artista que dice: "Yo no explico lo que hago; mi obra habla por mí". A mí no me resulta del todo convincente. A mí me gusta el artista que es capaz de explicar aquello que realiza, de la misma manera que me gusta el filósofo que es capaz de partir del propio cuerpo, de las sensaciones. Por lo tanto, personalmente me declaro contrario a esa escisión, pero a menudo he tenido que padecer los prejuicios desde uno y otro lado. Y ese prejuicio es de una raíz muy antigua: al menos desde que se ha atribuido a Platón el hecho de que los artistas no pueden educar a la juventud porque están corroídos por las pasiones, maleducando así a la juventud. Y al contrario: cuando los filósofos han creído que eran los educadores por excelencia, eran educadores abstractos y han hecho caer a la filosofía moderna en una especie de jerga completamente críptica, abstracta, alejada de la propia experiencia de la vida. Este es un tema fundamental de nuestra cultura porque lo seguimos padeciendo. Aún ahora en el mundo de las letras tiene gran prestigio el escritor que parece ser incapaz de explicar racionalmente aquello que está haciendo; y entre los filósofos aún tiene un gran prestigio académico el filósofo, por así decirlo, inconmovible ante las emociones. Siempre he intentado luchar, no sé si con éxito o no, por un tercer camino, por un camino intermedio.

[Publicado el 21/12/2007 a las 09:00]

[Etiquetas: sabio, artista, filósofo, Platón, erotismo]

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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