El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
jueves, 4 de diciembre de 2008
Rafael Argullol: En mi galería de espectros he visto el de Marat en la bañera.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres al cuadro de David?
R.A.: Sí, al cuadro de David en que Marat, el líder revolucionario, se convierte en un santo patrono de la revolución francesa. Toda la preparación iconográfica que hace David para la presentación del cadáver de Marat en la bañera va dirigida a conseguir esa sacralización de lo revolucionario. En ese sentido me parece que este cuadro y el protagonismo de Marat sería la culminación de toda la liturgia, de todos los rituales, de lo ceremonial puesto en marcha por parte de la revolución francesa para parecer no solamente un nuevo proceso histórico sino al mismo tiempo una nueva religión pagana del futuro francés y de Europa. Llama la atención toda la escenografía que se construye en la revolución, la apelación al cambio terminológico de los meses, de los días, el hecho de que la propia razón, centro del futuro de la humanidad, se convierte en la diosa razón. En ese ambiente revolucionario de crear una nueva religión evidentemente se necesitaban nuevos santos, y el que está más por encima de toda sospecha es Marat, llamado por todos a considerarlo incorruptible, incluso más allá de los distintos partidos. En cualquier caso a mí me gusta en esa representación de Marat ver cómo David se declara heredero de la propia iconografía de los grandes santos laicos del pensamiento occidental. Creo que la disposición del cadáver en la bañera viene a recordar algunas descripciones de la muerte de Séneca, e incluso más lejos, la de Sócrates, aunque en ese caso se trate de un suicidio y en éste de un asesinato. Creo que esa disposición de procedencia filosófico-pagana en Marat converge con la asunción de toda la herencia sobre el cadáver de Cristo después de la crucifixión, la lamentación sobre su cuerpo, y en ese sentido Marat en la bañera sería una especie de síntesis, de híbrido entre la tradición filosófico-pagana y la propia tradición cristiana, pero secularizada. De manera que a través de una estética clasicista que daría solemnidad a todo el marco, David de alguna manera pintó al principal santo de la revolución, al protomártir, a Jean Paul Marat.
[Publicado el 23/5/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Jean Paul Marat, la muerte de Marat, revolución francesa, David]
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Galería de espectros: Aschenbach
Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he observado al de Aschenbach deambulando por Venecia.
Delfín Agudelo: Cuando pienso en Aschenbach, de La muerte en Venecia, no sé si pensar en él como un escritor o como un músico en íntima relación con Mahler.
[Publicado el 11/2/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Gustav Von Aschenbach, Thomas Mann, Luchino Visconti, Muerte en Venecia, galería]
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[Publicado el 07/2/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: muerte, escritor, vida]
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Rafael Argullol: Pero a pesar de todo, Zweig realiza una especie de testamento diciendo que él había crecido y vivido en un mundo que había desaparecido, y cree que no puede seguir viviendo en éste que ya no es el suyo.
es es un accidente, porque no la has buscado y ella viene a ti: el accidente cardiovascular que te liquida. La muerte por accidente en plena madurez o edad adulta, como es el caso de Camus, tiene algo de jugarreta del destino que en su caso en particular había una extraña aceleración en su vida última, ya que jamás dio por descontado la inminencia de la muerte, pero parecía que se estaba preparando para ella. Su propia relación con la velocidad... Murió, pero no murió de manera completamente casual; él tenía una faceta relativamente desconocida, y era que le gustaba mucho la velocidad. Sus amigos decían que cada vez la practicaba de manera más temeraria. En ese sentido, el último Camus era alguien que si no buscaba la muerte directamente, sí jugaba ya muy temerariamente con la vida. Pero podemos llamar a sus últimos textos "Últimos testamentos" en el sentido estricto del término. Lo son, porque se ha visto truncada su vida, pero no claramente porque haya una voluntad de que los sea, como es el caso bastante espectacular de Zweig o de von Kleist. [Publicado el 05/2/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Heinrich von Klein, Camus, suicidio, muerte, autor]
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Rafael Argullol: La última mirada contiene esa doble faceta de testamento y de poética de todo lo que ha sido su obra. En todos los casos, creo que se da esa doble vertiente, y esto también sucede en la literatura.
Delfín Agudelo: Siento que existe en nuestra cultura una obsesión con lo “último”, ya sea a sabiendas del autor o por un acto inesperado. Obsesiona la última carta que escribió, la última fotografía, la última composición. Quizás sea así porque es contrastar al artista con el absoluto de la muerte.
R.A.: Lo que llamamos testamento artístico ha sido muy importante en la mayoría de las culturas. De hecho, determinadas culturas como la Griega antigua, especialmente en la época helenística, llegan a inventar una síntesis maravillosa de este testamento artístico en el epitafio —que a veces ponía otra persona, pero que normalmente lo ponía el propio autor. El epitafio son las últimas palabras, y en cuatro o cinco versos, es necesario resumir lo que he sido y cómo quiero que me vean los otros tal como he sido. Entonces el epitafio empieza en el mundo antiguo, continúa en el renacimiento, y llega a la cúspide en el romanticismo. No creo que se haya escrito un epitafio superior al de John Keats: Here lies One Whose Name was writ in Water. Quiere que sean las últimas palabras, y a la vez síntesis.
El último legado ha sido importante, incluso se ha convertido en género literario a lo largo de los siglos. Lo que ocurre es que nuestra época, como es tan atenta al consumo inmediato de todo lo que sea novedad, paradójicamente se presenta como la novedad superior la última creación de un artista. En nuestro tiempo las editoriales siempre quieren algo original, actual y último del autor. Evidentemente no hay nada más último que lo último, no hay nada más aparentemente definitivo que la última obra. Hay toda una mitología alrededor de lo último. Esto ha creado no únicamente en el terreno del arte sino de la cultura de masas popular un auténtico cultivo de la “novedad última”, contradictoriamente: nada mejor que el último disco, la última foto de los Beatles, o de John Lennon. Pero fíjate que en el siglo XIX había un auténtico furor por algo más macabro que esto: las máscaras mortuorias. A los grandes artistas se les hizo una máscara mortuoria que luego se exhibía, y gracias a esto tenemos la de Beethoven, de Leopardi. Ahí estaba de alguna manera un último que sintetizaba todo.
[Publicado el 30/1/2008 a las 09:01]
[Etiquetas: epifanías, epitafio, muerte]
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VI. Testamentos artísticos. La última mirada
Rafael Argullol: Más que la muerte de un autor, lo que realmente es significativo es la última etapa, que puede ser años, días u horas.
Delfín Agudelo: Si bien se trata de una última etapa, lo es en relación con la muerte. La muerte parece ser ese abismo en el que intentamos ver la última batalla del artista contra el absoluto. Absolutamente nada pasará en vano.
aria en esa última mirada, se quiere sintetizar aquello que se desea legar hacia el futuro. Aunque se trate de un autor aparentemente poco deseoso de gloria y trascendencia, creo que en el hecho de autorretratarse en un período terminal hay esa idea del legado, del regalo o de la oferta hacia el futuro. Cada una de estas obras, de estas últimas miradas, eran pequeñas síntesis de poética o estética de lo que había sido la obra del autor. A través de esta última mirada veíamos mucho de lo que había sido el lenguaje, la evolución, el talente, la idiosincrasia del autor. [Publicado el 29/1/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: testamento, artista, muerte, última etapa, creación]
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Rafael Argullol: Por eso quizá la palabra más adecuada es "enigma", a través de lo mismo que significa: revelarse y velarse.
Delfín Agudelo: Si volvemos sobre la diferencia entre lo diabólico y lo angelical, existiría una relación entre la muerte como concepto absoluto y lo diabólico: siempre hay una atmósfera que el enigma que no se ha revelado implica. Quizás en lo diabólico la muerte no tiene tanto valor porque lo diabólico sí puede ser una experiencia en sí misma.
R.A.: Tengo la hipótesis de que la muerte como supuesta experiencia ha tenido tanta importancia en la literatura occidental por la presencia fundamental del cristianismo, por el sustrato de creencia en la inmortalidad del alma y de creer en la existencia de un intramundo paradisiaco o infernal, que ya ha atravesado todos los siglos a raíz del cristianismo. Me he fijado a lo largo de estos años que las culturas en las cuales la presencia del intramundismo es baja o nula, la muerte no genera experiencia artística o literaria. La generó mucho en Egipto, la genera mucho en toda la literatura occidental de raíz cristiana, pero la genera muy poco en Homero, en la épica griega. Los griegos creían que después de la muerte había una especie de exilio vaporoso sin personalidad o sustancia, y allí no había experiencia. En cambio, las grandes culturas trascendentalistas han situado la auténtica experiencia más allá de la experiencia de la vida en la tierra. Y en esa experiencia ha habido todo tipo de pobladores (celestes, infernales, ángeles, demonios). Cuando era bachiller, me sabía cuarenta o cincuenta nombres distintos de demonios, y tenía una idea muy clara de las jerarquías angelicales, desde querubines, serafines, arcángeles, etc. En mi imaginario tenía todo un mundo intramundano perfectamente organizado. Con ese mundo intramundano hacía lo mismo que ha hecho la cultura occidental a lo largo de los siglos: lo trasladaba del cielo o del infierno a la tierra. Y en ese sentido evidentemente el mundo no solamente era un juego de hombres, sino también de demonios y de ángeles. Pero si nosotros nos fijamos en la procedencia del ángel o del demonio, por ejemplo en Grecia, los dos proceden de los sátiros y los faunos: de experiencias quizás heterodoxas o prohibidas, pero no intramundanas.
Eso sería interesante: la importancia de la muerte como foco creador en una cultura depende del trascendentalismo o no de esa cultura.
[Publicado el 18/1/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: ángeles, demonios, literatura occidental, muerte]
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presentarse como un misterio absoluto. Pero en cambio a medida que madura una obra poética o literaria, uno va contrastándose con los matices de la vida, se da cuenta de que la vida no tiene nada que ver con el dilema del todo o la nada o la existencia o la muerte absoluta, sino que la vida es una especie de caos de matices, de caos cromático y en ese sentido se va orientando a través de esa poética de la vida. Por eso depurará mucho más su lenguaje, se hará más cauto, más prudente, y buscará probablemente el misterio que hay en cada uno de sus matices. Por eso quizá la palabra más adecuada es "enigma", a través de lo mismo que significa: revelarse y velarse. La muerte no es enigmática porque no plantea esa gimnasia de revelación y velación. La vida es continuamente enigmática porque de manera permanente plantea esa dialéctica entre lo que se vela y revela. Luego la muerte en sí es poco interesante. Es interesante si se la toma simbólicamente, pero como acto físico es un acto que ha producido escasa experiencia porque nadie nos ha contado nada ni desde la muerte ni desde después de la muerte. Por lo tanto no ha producido experiencia. Una poética de la muerte es una poética sin experiencia, una poética de la pura sugestión, de un presentimiento probablemente forzado. Una poética dominada por lo metafórico pero sin experiencia. Es un elemento central en la medida en que defendamos una literatura a la que me referí en alguna otra conversación: experiencia más experimento. Sin embargo, la muerte ni produce experiencia ni produce experimento, a no ser que sea la muerte como tantas veces se ha utilizado en el arte y la literatura, que es una forma de la vida. No la vida una forma de la muerte, sino la muerte una forma de la vida, y por tanto se la toma como una especie de presencia radical de la vida en un sentido negativo o invertido.[Publicado el 17/1/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: vida, muerte, escritor joven, absolutos]
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Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
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