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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 7 de septiembre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'moralidad'

El registro moral

Rafael Argullol: El infierno desde el principio se planteó como extremadamente sensitivo, sensual y sexual dentro de la imaginación cristiana.

Delfín Agudelo: Si bien la literatura y el arte son amorales, es innegable que cualquier movimiento artístico es el termómetro de lo moral y lo inmoral de su época.

R.A.: El arte es amoral en el sentido estricto, no es inmoral: es amoral en el sentido en que no se ocupa de la moral y que, como tal, no tiene que estar prioritariamente preocupado en la jerarquización moral, como lo está la pedagogía. Ahora bien, evidentemente el arte es el termómetro más sensible que hemos inventado para registrar los vaivenes morales de una época, de un momento, de una sociedad. Registrarlo no quiere decir jerarquizarlo; evidentemente, el artista o escritor tendrá él mismo una posición moral. Pero el mecanismo artístico del arte es el del registro moral, registrar lo que sucede. En ese sentido, difiere de la pedagogía: por eso no soy demasiado partidario del arte pedagógico o del arte con facultad pedagógica, porque de inmediato ese arte tenderá a ser moralista y a imponer un argumento que será una jerarquización moral de una sociedad a partir de una visión, de una ideología o de una religión. El artista tiene que situarse al margen de esa voluntad de jerarquización pedagógica, pero evidentemente tiene que ser el mercurio del termómetro: registra exactamente las pulsaciones, la temperatura del cuerpo social y del cuerpo colectivo.

D.A.: Ya lo había dicho Wilde: "No hay tal cosa como un libro inmoral. Los libros están bien escritos, o mal escritos: eso es todo".

[Publicado el 23/1/2008 a las 09:25]

[Etiquetas: moralidad, amoralidad, arte]

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V. El arte y el mal. El claroscuro

Rafael Argullol: Al escritor no se le tiene que pedir un compromiso moral en cuanto a escritor, pero sí en cuanto a ciudadano. En cuanto a escritor hay que dejarle plena libertad para que saque a todos los ángeles y a todos los demonios: no se le puede pedir sólo lo angelical.

Delfín Agudelo: ¿Pero es esto puramente narrativo, o también estético? ¿Estamos hablando de contenidos, o de construcciones poéticas? ¿O acaso es imposible tal diferenciación en la irradiación de estos demonios?

R.A.: Pienso que la literatura ha indagado desde sus inicios en lo que podríamos denominar el lado oscuro de la existencia. Probablemente en la época moderna, desde la Ilustración, sobre todo desde el romanticismo, esa indagación ha sido mucho más explícita y se ha podido hablar de una estética del mal o de una estética de lo oscuro. Pero es muy probable que esa estética de lo oscuro esté ya presente en la literatura griega y sin duda en la tragedia. Incluso yo aludiría a un hecho que siempre me ha llamado la atención y es la luz de la tragedia propuesta por los propios poetas trágicos, que es siempre una penumbra, una semioscuridad porque la tragedia griega, al contrario de la épica -que buscaba resaltar los valores positivos, heroicos, de una determinada comunidad-, la tragedia desde un principio significó contrastar esos valores positivos con los aspectos negativos de la condición humana, la luz y la sombra. Por eso la iluminación genuina de la tragedia es el claroscuro. La mayoría de las escenas transcurren en el claroscuro. Seguramente estos dos grandes filones de la literatura antigua se van reproduciendo a lo largo de los siglos y nos encontramos con que hay una literatura que quiere ser literatura de ejemplo, literatura de altura moral, de elevación moral, que es la literatura épico-heroica; hay una literatura que indaga en la oscuridad, que es más bien la literatura trágica; y hay también lo que podríamos llamar el territorio intermedio al que aludíamos el otro día que es lo tragicómico; la propia fundación de la novela moderna con el Quijote implica un recurso a lo tragicómico. Incluso yo diría ya que Gargantua y Pantagruel de Rabelais.
Esa insistencia en el lado oscuro se va transformando en algo estilístico, formal y estéticamente más explícito a medida que avanzamos hacia los siglos modernos. De manera que al final podemos encontrar en el siglo XVIII un autor como Marqués de Sade, que convierte la estética de la oscuridad en una especie de ideal negativo, y luego nos encontramos con toda la inversión de propósitos que plantea el romanticismo o nos encontramos con el título final que Baudelaire da a su gran antología poética, Las flores del mal, en contraposición al bien como valor elevado clásico. Y en general aquello que Mario Pratz, un ensayista italiano que creo que es gran interés, llamaba una "inversión de alianzas"; ya el escritor o artista no solo aspira a poner sobre la mesa lo que sería la verdad, el bien y la bondad, sino también quiere explicitar la parte tenebrosa, penumbrosa del hombre y del mundo. La obra de Giacomo Leopardi esboza un auténtico cosmos patológico: el ser humano difícilmente puede ser juzgado desde el bien y el mal si vive en medio de una patología universal. O Nietzsche, que en lugar de intentar optar entre el bien y el mal plantea un sujeto que está más allá del bien y del mal. En los dos casos, como en muchos otros, esta búsqueda lleva a visiones de una poeticidad negativa de potencia extraordinaria.

[Publicado el 15/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: oscuridad, claroscuro, Leopardi, moralidad]

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Ángeles y demonios

Gustave Courbet, Retrato de Baudelaire. 1847Rafael Argullol: La literatura moderna ha llegado a hacer explícito ese proceso de representación múltiple.

Delfín Agudelo: La creación literaria es la representación de los yoes del autor —“Madame Bovary c’est moi”. Pero también es representación que a su vez será un posible reflejo del lector—caso pertinaz es Baudelaire llamando a se refiere a Poe como “un espíritu hermano del suyo”.

R. A.: Por eso intrínsecamente la literatura no puede ser moralista porque el moralismo, incluso aquél de altísimo nivel, como puede ser el de Platón, exige que tú decidas entre tus papeles. Exige que haya un protagonista que anule a los demás, como lo es casi siempre el bien, la verdad, la bondad, lo que quieras. La literatura nunca puede ser moralista porque tienes que dejar que afloren todos los personajes. Tiene que aflorar Dr. Jekyll y Mr. Hyde: los contrarios. Siempre ha fracasado este tipo de literatura, no solo la literatura ideológica en el siglo XX—como por ejemplo el realismo social—,porque lo que llamamos literatura no puede cobrar una restricción moral o moralística de los personajes que encierran la condición humana. Tiene que explorarlos. Incluso uno puede explicitar la simpatía que tienen el uno por otro, pero tiene que ponerlos a todos en el escenario. Cuando las estéticas dirigistas, políticas o no políticas, han intentando decir “Sólo eso”, han condenado al arte y a la literatura a la autodestrucción. Por eso al escritor no se le tiene que pedir un compromiso moral en cuanto a escritor, pero sí en cuanto a ciudadano. Pero en cuanto a escritor hay que dejarle plena libertado para que saque a todos los ángeles y a todos los demonios: no se le puede pedir sólo lo angelical. Al moralista sí, al igual que al santo o al filósofo, al sabio; pero al artista no: se le tiene que aceptar que puede con todos los círculos, los angelicales y los demoniacos.

 

[Publicado el 11/1/2008 a las 09:23]

[Etiquetas: moralidad, escritor, Platón, literatura]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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