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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 18 de septiembre de 2019

 Blog de Rafael Argullol

El registro moral

Rafael Argullol: El infierno desde el principio se planteó como extremadamente sensitivo, sensual y sexual dentro de la imaginación cristiana.

Delfín Agudelo: Si bien la literatura y el arte son amorales, es innegable que cualquier movimiento artístico es el termómetro de lo moral y lo inmoral de su época.

R.A.: El arte es amoral en el sentido estricto, no es inmoral: es amoral en el sentido en que no se ocupa de la moral y que, como tal, no tiene que estar prioritariamente preocupado en la jerarquización moral, como lo está la pedagogía. Ahora bien, evidentemente el arte es el termómetro más sensible que hemos inventado para registrar los vaivenes morales de una época, de un momento, de una sociedad. Registrarlo no quiere decir jerarquizarlo; evidentemente, el artista o escritor tendrá él mismo una posición moral. Pero el mecanismo artístico del arte es el del registro moral, registrar lo que sucede. En ese sentido, difiere de la pedagogía: por eso no soy demasiado partidario del arte pedagógico o del arte con facultad pedagógica, porque de inmediato ese arte tenderá a ser moralista y a imponer un argumento que será una jerarquización moral de una sociedad a partir de una visión, de una ideología o de una religión. El artista tiene que situarse al margen de esa voluntad de jerarquización pedagógica, pero evidentemente tiene que ser el mercurio del termómetro: registra exactamente las pulsaciones, la temperatura del cuerpo social y del cuerpo colectivo.

D.A.: Ya lo había dicho Wilde: "No hay tal cosa como un libro inmoral. Los libros están bien escritos, o mal escritos: eso es todo".

[Publicado el 23/1/2008 a las 09:25]

[Etiquetas: moralidad, amoralidad, arte]

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V. El arte y el mal. El claroscuro

Rafael Argullol: Al escritor no se le tiene que pedir un compromiso moral en cuanto a escritor, pero sí en cuanto a ciudadano. En cuanto a escritor hay que dejarle plena libertad para que saque a todos los ángeles y a todos los demonios: no se le puede pedir sólo lo angelical.

Delfín Agudelo: ¿Pero es esto puramente narrativo, o también estético? ¿Estamos hablando de contenidos, o de construcciones poéticas? ¿O acaso es imposible tal diferenciación en la irradiación de estos demonios?

R.A.: Pienso que la literatura ha indagado desde sus inicios en lo que podríamos denominar el lado oscuro de la existencia. Probablemente en la época moderna, desde la Ilustración, sobre todo desde el romanticismo, esa indagación ha sido mucho más explícita y se ha podido hablar de una estética del mal o de una estética de lo oscuro. Pero es muy probable que esa estética de lo oscuro esté ya presente en la literatura griega y sin duda en la tragedia. Incluso yo aludiría a un hecho que siempre me ha llamado la atención y es la luz de la tragedia propuesta por los propios poetas trágicos, que es siempre una penumbra, una semioscuridad porque la tragedia griega, al contrario de la épica -que buscaba resaltar los valores positivos, heroicos, de una determinada comunidad-, la tragedia desde un principio significó contrastar esos valores positivos con los aspectos negativos de la condición humana, la luz y la sombra. Por eso la iluminación genuina de la tragedia es el claroscuro. La mayoría de las escenas transcurren en el claroscuro. Seguramente estos dos grandes filones de la literatura antigua se van reproduciendo a lo largo de los siglos y nos encontramos con que hay una literatura que quiere ser literatura de ejemplo, literatura de altura moral, de elevación moral, que es la literatura épico-heroica; hay una literatura que indaga en la oscuridad, que es más bien la literatura trágica; y hay también lo que podríamos llamar el territorio intermedio al que aludíamos el otro día que es lo tragicómico; la propia fundación de la novela moderna con el Quijote implica un recurso a lo tragicómico. Incluso yo diría ya que Gargantua y Pantagruel de Rabelais.
Esa insistencia en el lado oscuro se va transformando en algo estilístico, formal y estéticamente más explícito a medida que avanzamos hacia los siglos modernos. De manera que al final podemos encontrar en el siglo XVIII un autor como Marqués de Sade, que convierte la estética de la oscuridad en una especie de ideal negativo, y luego nos encontramos con toda la inversión de propósitos que plantea el romanticismo o nos encontramos con el título final que Baudelaire da a su gran antología poética, Las flores del mal, en contraposición al bien como valor elevado clásico. Y en general aquello que Mario Pratz, un ensayista italiano que creo que es gran interés, llamaba una "inversión de alianzas"; ya el escritor o artista no solo aspira a poner sobre la mesa lo que sería la verdad, el bien y la bondad, sino también quiere explicitar la parte tenebrosa, penumbrosa del hombre y del mundo. La obra de Giacomo Leopardi esboza un auténtico cosmos patológico: el ser humano difícilmente puede ser juzgado desde el bien y el mal si vive en medio de una patología universal. O Nietzsche, que en lugar de intentar optar entre el bien y el mal plantea un sujeto que está más allá del bien y del mal. En los dos casos, como en muchos otros, esta búsqueda lleva a visiones de una poeticidad negativa de potencia extraordinaria.

[Publicado el 15/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: oscuridad, claroscuro, Leopardi, moralidad]

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Ángeles y demonios

Gustave Courbet, Retrato de Baudelaire. 1847Rafael Argullol: La literatura moderna ha llegado a hacer explícito ese proceso de representación múltiple.

Delfín Agudelo: La creación literaria es la representación de los yoes del autor —“Madame Bovary c’est moi”. Pero también es representación que a su vez será un posible reflejo del lector—caso pertinaz es Baudelaire llamando a se refiere a Poe como “un espíritu hermano del suyo”.

R. A.: Por eso intrínsecamente la literatura no puede ser moralista porque el moralismo, incluso aquél de altísimo nivel, como puede ser el de Platón, exige que tú decidas entre tus papeles. Exige que haya un protagonista que anule a los demás, como lo es casi siempre el bien, la verdad, la bondad, lo que quieras. La literatura nunca puede ser moralista porque tienes que dejar que afloren todos los personajes. Tiene que aflorar Dr. Jekyll y Mr. Hyde: los contrarios. Siempre ha fracasado este tipo de literatura, no solo la literatura ideológica en el siglo XX—como por ejemplo el realismo social—,porque lo que llamamos literatura no puede cobrar una restricción moral o moralística de los personajes que encierran la condición humana. Tiene que explorarlos. Incluso uno puede explicitar la simpatía que tienen el uno por otro, pero tiene que ponerlos a todos en el escenario. Cuando las estéticas dirigistas, políticas o no políticas, han intentando decir “Sólo eso”, han condenado al arte y a la literatura a la autodestrucción. Por eso al escritor no se le tiene que pedir un compromiso moral en cuanto a escritor, pero sí en cuanto a ciudadano. Pero en cuanto a escritor hay que dejarle plena libertado para que saque a todos los ángeles y a todos los demonios: no se le puede pedir sólo lo angelical. Al moralista sí, al igual que al santo o al filósofo, al sabio; pero al artista no: se le tiene que aceptar que puede con todos los círculos, los angelicales y los demoniacos.

 

[Publicado el 11/1/2008 a las 09:23]

[Etiquetas: moralidad, escritor, Platón, literatura]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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