El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

jueves, 4 de diciembre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'lector'

Amor propio, dolor propio

Retrato de Robert Louis Stevenson, fotografía tomada por Samuel Lloyd OsbourneRafael Argullol: El acto de escribir es una gran escenografía, aunque sea muy íntima y aparentemente solitaria, en la que entran en juego la representación de muchos roles y personajes distintos.

Delfín Agudelo: ¿Es acaso la escritura un acto de vanidad, debido a su completo encerramiento por parte del escritor—nada existe fuera de él?

R.A.: Es un acto de vanidad, es un acto de desespero, es un acto de supervivencia, es un acto de trascendencia implícita, es un acto de amor propio. Y es un acto de masoquismo, de dolor propio. Es un acto que implica muchas actitudes psicológicas al mismo tiempo, incluso extremas: uno escribe porque siente en un momento determinado un desamparo respecto al mundo y a la vida, uno escribe porque no es capaz de enfrentarse a la vida, o incluso por un superávit de vida, que es como me gusta más la escritura. Si tuviera que hacer una clasificación de escritores —que no haré de una manera canónica—, tomaría esta frontera imposible de averiguar: qué literatura parte del superávit de vida y cuál del déficit de vida. En los dos casos encontraríamos ejemplos muy valiosos. Típico ejemplo extraordinario de literatura que parte del déficit de vida es por ejemplo Borges; otro ejemplo extraordinario es Nietzsche, dos extraordinarios escritores desde este punto de vista. Sin embargo, Joseph Conrad o Stevenson parecen escribir desde el superávit de vida. ¿Implica alguno de los dos mayor vanidad o desesperación? No lo sé porque los fuegos pueden estar cruzados: es muy probable que Borges, que fue un hombre infeliz, y Nietzsche que también fue un hombre infeliz, encontrara grandes momentos de felicidad en el acto de escribir. Y Sófocles, que se declaraba un hombre feliz y que toda la sociedad ateniense de su época lo tenía por feliz, era profundamente infeliz por tener que escribir sobre la falta de identidad de Edipo. Sí es un acto de vanidad pero también puede ser un acto más dignificado: puede ser un acto de amor propio.

[Publicado el 04/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: escritura, lector]

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El primer lector

René Magritte, "La reproduction interdite", 1937Rafael Argullol: El autor, aunque quiera llegar a comunicar lo más ampliamente posible, no tiene que doblegarse ni a las exigencias del mercado ni tan siquiera a las exigencias del hipotético lector.

Delfín Agudelo: En ese caso, la escritura sería completamente solitaria en la medida en que si ni siquiera se tiene en cuenta al hipotético lector, no se piensa en nadie más que él mismo. Sin embargo, el hipotético lector sería el escritor mismo; habría una separación, por decirlo de alguna manera. El creador es al mismo tiempo un lector.

R.A.: Como yo parto de la idea de que lo que llamamos nuestra identidad es una multiplicidad conformada por múltiples yoes, tantas veces contradictorios y opuestos entre sí, aventuraría que es muy posible que en el escritor, en el momento en que está escribiendo, una parte de su yo se dirija a otra parte de su yo, que incluye al lector. El escritor es también su lector. En ese sentido, evidentemente cuando se escribe, y se tiene ambición -que es lo opuesto a guardar el manuscrito en un cajón y no mostrarlo a nadie- hay un primer modelo para esa comunicación en el propio autor. Hay un primer lector dentro del propio autor, hay un primer distanciamiento y por lo tanto un primer vínculo comunicativo que está dentro del propio autor. Entonces el acto de escritura es un acto necesariamente solitario, pero quizá no tan tópicamente solitario como se acostumbra a decir si partimos de esa idea de la multiplicidad de yoes que entran en juego en el momento en que estás escribiendo. Estás escribiendo, hay un personaje que está escribiendo en ordenador o a mano, como es mi caso, que es alguien que está realizando una actividad física; hay otro personaje que le está poniendo trampas del lenguaje, trampas lingüísticas y lógicas a ese otro; hay otro personaje que es el que le está diciendo "Lo estás haciendo bien", "Lo estás haciendo mal", "Deberías ir por este camino o por este otro". Hay otro personaje que simplemente está negando rotundamente todo lo que el otro está escribiendo. Hay otro personaje en la representación que está diciendo todo lo que podría ser y no es. Y así.
El acto de escribir es una gran escenografía, aunque sea muy íntima y aparentemente solitaria, en la que entran en juego la representación de muchos roles y personajes distintos. Y entre estos roles, el del lector está claramente presente. Yo escribo dirigiéndome a alguien; ese alguien no necesariamente tiene que tener nombre y apellido, no tiene que ser el cliente de determinada editorial y tampoco necesariamente tiene que pertenecer a un grupo social o cultural. Pero ese alguien está presente en el acto de la escritura.

[Publicado el 03/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: escritura, lector, personaje, ]

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IV. Lo cósmico y lo cómico. Riesgo y verdad

Rafael Argullol: En el ámbito de la literatura, muchas veces la creación de estructuras artificiosas ahoga la propia creatividad. No defiendo la espontaneidad, porque cuanto más culto el escritor, mejor; pero en cuanto a escritor, nunca recibirá una instrucción literaria que le proporcione la escritura.

Delfín Agudelo: Las escuelas de creación literaria enseñan, entre otras cosas, aquello que se debe evitar. Esto implica necesariamente que hay un tipo de escritura preestablecido para cada género. Desde siempre se ha tendido a una fosilización de las estrategias, llegando así a callejones sin salida: se olvida de la innovación, produciendo pocas veces estrategias nuevas.

R.A.: Pienso que uno de los ejemplos de nuestra época es que se está viviendo una especie de resaca con respecto a lo que fue la vanguardia moderna. Es muy probable que en el último tercio del siglo XX hubiera una especie de hipertrofia del vanguardismo, y ahora nos dirigimos al lado contrario. Tengo la impresión de que en los focos de creación literaria de la actualidad se experimenta poco. Hay una cierta obediencia a mecanismos reguladores, como pueden ser la academia, las supuestas escuelas de creación literaria, y sobre todo el mercado editorial, que parece exigir un determinado tono a la literatura. Lo que es preocupante es que también tengo la impresión de que una gran mayoría de escritores asume ese tono monocorde que se le exige basado en la ley de la oferta y la demanda, mientras que en el último tercio del siglo XX parecía que el escritor sólo podía ser rabiosamente vanguardista. Ahora parece que se hubiera impuesto pendularmente un movimiento de índole conservadora que hace que el escritor experimente muy poco. Recuerdo un ejemplo que en su momento resultaba llamativo: el libro de un crítico italiano titulado Kafka o Thomas Mann. El autor evidentemente se inclinaba por Kafka. Actualmente parece que las opciones se han vuelto más conservadoras cuando yo creo que lo auténticamente deseable es Kafka y Thomas Mann: por un lado hacer una literatura inteligible que tenga como ambición llegar a un público lo más amplio posible, pero al mismo tiempo que sea una literatura que se exija continuamente a sí misma un rigor, una experimentación y se exija algo que a mí me parece imprescindible, y es que el autor, aunque quiera llegar a comunicar lo más ampliamente posible, no tiene que doblegarse ni a las exigencias del mercado ni tan siquiera a las exigencias del hipotético lector. El pequeño prefacio de Montaigne a sus Ensayos es claro: dice que se investigará a sí mismo pero que el lector no espere que se esté doblegando servilmente a lo que él desearía. Ya mucho más radical fue en el siglo XIX Baudelaire, cuando se refirió al hipócrita lector, que no dejaba de ser una fórmula provocadora. El autor tiene que buscar la comunicación pero creo que nunca se ha superado la fórmula tradicional de que el lector sobre todo tiene que buscar su propia verdad. No la verdad, en abstracto, sino su propia verdad, su propia sinceridad, o, si se quiere, su propia mentira auténtica, siendo algo que le sea radicalmente propio, sin ceder a la presión exterior y eso exige sin duda un gran grado de experimentación y de riesgo. La literatura tiene que ser riesgo necesariamente, el arte tiene que ser riesgo si quiere implicar esa dosis central de verdad.

[Publicado el 02/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Franz Kafka, Thomas Mann, escritor, lector]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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