El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 22 de agosto de 2008
Rafael Argullol: ¿Qué sucedería en caso de rasgar el velo de Isis, es decir, que accedamos al centro del laberinto? ¿Qué veríamos? Una respuesta mayoritaria es que nos vemos a nosotros mismos.
Delfín Agudelo: Entramos, posiblemente, bajo el hechizo del espejo. Una vez no me reconocí a mí mismo en un espejo, y me supuse otro. Implicó la separación absoluta de mi realidad. Buscamos el descentramiento, pero cuando lo vislumbramos, resulta tenebroso. Forma parte de la búsqueda. Siempre hay algo misterioso en la percepción de nuestra imagen frente a nuestra propia mirada.
R. A.: Esta podría ser una aproximación: nos vemos a nosotros mismos pero nos vemos de una manera completamente distinta a como generalmente nos podemos mirar en la vida cotidiana. Si nos vemos es a través de un profundo descentramiento; si nos vemos es después de un larguísimo peregrinaje; si nos vemos es viéndonos desde otro mirador completamente distinto que el de la vida cotidiana. Por tanto, creo que siempre estamos dando vueltas alrededor de ese centro. Podemos establecer una hipótesis acerca del habitante que sin duda somos nosotros mismos. Pero somos nosotros mismos descolocados, descentrados por completo con respecto a nuestra situación cotidiana, o lo que llamamos generalmente nuestra vida habitual. Por eso el arte es una punta del iceberg, tiene una cabecita que sobresale; pero lo que potencialmente pueda ser el arte -que siempre gira alrededor de esa pregunta, el centro del laberinto- es una montaña sumergida y espectral.
[Publicado el 30/11/2007 a las 12:18]
[Etiquetas: El arte y sus espectros, espejo, peregrinaje, reflejo, centro del laberinto]
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II. El arte y sus espectros. 1. El velo de Isis
Rafael Argullol: El científico seguramente te dirá: "Puesto que nunca llegarás al centro o corazón del laberinto, no hace falta preguntarte por el centro o corazón del laberinto." Pero la obligación del artista es preguntarse por el centro. Preguntárselo no quiere decir ni que llegue ni que tenga una respuesta sobre la naturaleza del corazón del laberinto.
Delfín Agudelo: Entremos en el laberinto. ¿Qué encontraremos en su centro, en su corazón?
Rafael Argullol: Esto es una cuestión de imposible respuesta porque en definitiva lo que ha hecho el arte a lo largo de la historia es ir trazando círculos concéntricos alrededor de un centro. El arte prácticamente está basado en una especie de doble dinámica; por un lado una dinámica incursiva en que uno va siguiendo los círculos, intentando aproximarse a ese corazón, a ese centro; y por otro lado una dinámica de excursión, en que uno se siente expulsado de ese centro y retorna de alguna manera a las periferias. Una dinámica entre centros y periferias. Yo creo que todo el arte no deja de ser un tejido entre esos centros y estas periferias, entre esas incursiones y esas excursiones. Pero de todos modos hubo una época en que había una metáfora privilegiada en la poesía europea acerca de esa pregunta-sobre el centro del laberinto-, que se da a finales del siglo XVIII y a comienzos del XIX, en la Ilustración, en el primer Romanticismo. Esa pregunta se tradujo con la metáfora de "El velo de Isis". El "velo de Isis", de la diosa egipcia de la sabiduría, era algo así como una pregunta acerca de si era conveniente correr o no, rasgar o no el velo que oculta a Isis. Hubo dos bandos en la poesía europea; unos decían que no era prudente rasgarlo, como por ejemplo Schiller, mientras que Novalis creía que era necesario. Goethe, al contrario, se quedaba en una posición intermedia: había que rasgar pero con prudencia. Una vez formulada esta metáfora y esta toma de posición de dos grandes bandos, se hacía la ulterior pregunta: en caso de que nosotros rasguemos el velo de Isis, es decir, que accedamos al centro del laberinto, ¿qué es lo que vemos? Ahí también había diversos bandos respecto a qué es lo que vemos en el centro mismo del enigma. Y una respuesta mayoritaria era que nos vemos a nosotros mismos.
[Publicado el 29/11/2007 a las 12:08]
[Etiquetas: El arte y sus espectros, Centro del laberinto, Velo de Isis, arte, pregunta]
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El lenguaje del insomnio. Mapa de preguntas VIII
Delfín Agudelo: Quien se interesa en el arte camina acompañado de alguien más, haciéndose las preguntas que ya se han hecho, pero no por esto contestado. El arte es el consuelo de que no estamos solos, de que no somos los únicos en sentir esto o aquello: consuelo o maldición, es un preguntarse acompañado.
Rafael Argullol: Exacto. Por ejemplo la historia de la poesía o de la literatura sería un mapa de las preguntas. Y pienso que ésta es la gran diferencia entre las aspiraciones de la ciencia y del arte. La ciencia aspira a contestar las preguntas; y aquellas preguntas a las que no aspira a contestar, procura no hacérselas. A mí me gusta mucho seguir la información científica, sin ser un científico, pero me frustra el límite de esas preguntas. Nosotros los no-científicos siempre desearíamos que el científico se preguntara aquellas cosas que la ciencia dice que no tiene que preguntarse. Por ejemplo, el por qué del Big Bang, cuál fue la causa, qué hubo antes -si es que hubo un antes-; entonces ellos te dicen que eso no hay que preguntárselo, porque no podemos contestarlo. O te dicen cosas que ahora están mucho más de moda, como por ejemplo el otro día leí una información que apuntaba que nuestras actividades y conductas sexuales no son para nada libres sino que están determinadas por los genes, por el hipotálamo, etc., esas cosas que a los neurobiólogos les gusta tanto contar. Todo estaba muy bien, prácticamente se llegaba a un determinismo absoluto: el hipotálamo en un momento determinado enviaba dos mil neuronas que iban al ataque a partir de la pubertad. Y mira que todo eso se concretaría en el deseo, todo estaba muy bien. Pero desearíamos preguntarle al científico por qué esas neuronas las lanzamos al ataque con esa mujer y no con esa otra, y por qué en ese momento y no en este otro.
La ciencia, que goza de tanto prestigio en nuestra época, tiene siempre algo muy frustrante y es que se auto-reprime determinadas preguntas que el arte no se ha auto-reprimido, porque el arte ha partido de que lo suyo no son las respuestas. No hay que refrenarse en las preguntas. Cuando yo estoy en el umbral del laberinto, y voy a decir: "Entro en el laberinto", no tengo por qué refrenarme en las preguntas. Yo las haré todas. Y si me encuentro al Minotauro en el corazón del laberinto, voy a preguntarle por su condición. En cambio el científico seguramente te dirá "Nunca llegarás al centro o corazón del laberinto, entonces no hace falta preguntarte por el centro o corazón del laberinto." Pero la obligación del artista es preguntarse por el centro. No obstante, preguntárselo no quiere decir ni que llegue ni que tenga una respuesta sobre la naturaleza del corazón del laberinto.
[Publicado el 27/11/2007 a las 14:38]
[Etiquetas: arte, preguntas, ciencia, laberinto, centro, minotauro, científico]
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El lenguaje del insomnio. Lugares fronterizos VII
Delfín Agudelo: Es entonces ver la puerta del laberinto, reconocerla como tal, pero no lograr entrar en él. Me recuerda la escena de Eneas que, antes de entrar en el Inframundo, encuentra una representación del laberinto de Creta en su puerta. Una analogía válida en la medida en que es en el estado insomne cuando vienen los fantasmas. El lugar del fantasma es el lugar del infierno, tortuoso, difícilmente soportable.
Rafael Argullol: Por eso la angustia del insomnio es extrema. En parte nosotros hemos inventado el arte frente a la angustia del insomnio; es decir, frente a la angustia de los lugares fronterizos. Porque el arte nos otorga una relación parecida a la de Eneas cuando ve el mapa del infierno. El arte trabaja con materia fronteriza, trabaja con materia que en parte forma parte de nuestra razón de vigilia y en parte es puramente onírica, es materia mezclada. Pero el arte es una defensa mayor que lo que podemos tener en el estado de insomnio porque el arte tiene sus propios mapas. Nadie, ningún artista, ningún escritor, ningún poeta se ha enfrentado puramente a lo que sería ese lugar fronterizo porque cada uno de ellos goza del mapa que tenía Eneas. ¿Qué es ese mapa? Ese mapa es la propia historia del arte, la historia de la poesía, la historia del lenguaje poético. Cuando tú te enfrentas a la frontera de lo erótico, de lo sexual, de lo místico, de lo religioso, no te enfrentas por primera vez y completamente solo: te enfrentas como Eneas, pudiendo ver un mapa, gozando de un mapa. Este mapa es la experiencia humana común ante esa frontera, ante esa inquietud. Por eso el arte es entrar en el laberinto pero dejando de alguna manera una especie de hilo; o entrar estando conectados a un hilo, aunque sea invisible y muy ligero, que es el hilo de la propia historia humana que se refleja a través de la historia del arte. Uno puede llegar a zonas muy extremas y radicales, pero ni está completamente solo ni es el primero en llegar a ellas. Éste es uno de los grandes valores simbólicos del arte. Una vez dentro te planteas, por ejemplo, el finis terrae de la vida, la pregunta sobre la existencia, el significado de las cosas, el qué haces aquí, por qué vale la pena o no; pero no eres el primero que se hace estas preguntas. No solamente no eres el primero sino ya tienes una cartografía, unos planos, unos mapas de todos aquellos que ya se han hecho esa pregunta. Desde luego no tienes un mapa de las respuestas, porque no las hay. Tienes un mapa de las preguntas.
[Publicado el 26/11/2007 a las 10:35]
[Etiquetas: mapa, historia humana, arte, Eneas, Laberinto de Creta, preguntas]
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Conversaciones. El lenguaje del insomnio VI
Delfín Agudelo: A pesar de estar postrado en cama, el insomnio es tremendamente fatigante. No hay movimiento, pero el cuerpo al día siguiente atestigua el estado de confusión mental. Es como en el sueño, en el que no encuentras un equilibrio entre lo soñado y el tiempo transcurrido, con la diferencia de que en el caso del insomnio el cuerpo, a la mañana siguiente, evidencia ese supuesto largo tiempo transcurrido, que es precisamente el que te toma para salir definitivamente del insomnio.
Rafael Argullol: Por eso es tan extremadamente inquietante y creativo. Acelera mucho tus sensaciones, incluso corporales. Si uno se fija, en el estado del insomnio los latidos del corazón van más rápido. Así como es muy probable que en el estado de duermevela los latidos sean lentos, porque se trata de una especie de semi-nirvana en el que uno cae y que en todos los refranes de todas las lenguas está vinculado a un estar "colgado", estar "en Babia", estar "en los cerros de Úbeda", estar en algún lugar que te quedas con la conciencia suspendida. Estás como dormido pero estás despierto. En ese momento los latidos van más lentos, porque te quedas apaciguado. Tú mismo bajas las defensas, y al bajarlas los latidos y los ritmos del cuerpo disminuyen. Sin embargo, en el insomnio tú no bajas voluntariamente las defensas, estás desarmado porque te has visto obligado a sentirte desarmado pero tú no las has bajado, estás en lucha. Aceleramos los movimientos del cuerpo, sobre todo guiados por los latidos. Damos vueltas en la cama, necesitamos levantarnos y caminar de arriba abajo: el cuerpo se pone hiperactivo. En ese estado de aceleración del cuerpo que podríamos hacer equiparable a la toma de determinadas drogas, drogas activas, no drogas pasivas (el opio es la droga pasiva por excelencia), todo se acelera y entonces también se acelera la actividad neuronal, la actividad cerebral.
D.A.: Dado su carácter de lugar fronterizo, no todo el mundo puede hablar de él; sin embargo, todos estamos sujetos al insomnio, tanto los niños como los viejos. Es un momento aterradoramente íntimo del cual nadie escapa.
R.A.: Este estado fronterizo nos acompaña de nacimiento a muerte, desde la cuna a la tumba. Los viejos con frecuencia te dicen que tienen insomnio, que no pueden dormir por la noche. Y en los niños se produce también el insomnio mucho antes de que exista un estado llamado con dicho nombre. En todas las edades del hombre el insomnio forma parte de nuestra condición en el umbral del laberinto. Seguramente para el niño estar en el umbral del laberinto es el inquietante reconocimiento de lo que nosotros llamamos vida. Y para el viejo estar en el umbral es el inquietante reconocimiento de lo que llamamos muerte. Cuando estamos en la plena actividad de la vigilia, mantenemos alejada esta percepción porque la plena actividad de la vigilia finalmente nos lleva a una condición pragmática: estamos muy ocupados en cosas singulares, particulares, inmediatas. Si estamos en el sueño, estamos a merced de esas otras leyes en las cuales nosotros apenas podemos intervenir. Yo siempre he creído que el sueño nos toma a nosotros. Sería más apropiado decir que el sueño nos sueña que nosotros soñamos. Porque estamos en una actitud completamente pasiva, en la que no podemos hacer nada. En el estado de vigilia estamos en una actitud activa en la que, como vamos eligiendo, descartamos todo aquello que resulte peligroso. No obstante en el estado del insomnio estamos en una actitud que en parte es activa y en parte es pasiva. En cada época de la vida se nos va informando de ese laberinto que tenemos delante. El laberinto no es siempre el mismo. Éste va variando de acuerdo con nuestra propia variación en la vida.
[Publicado el 23/11/2007 a las 10:24]
[Etiquetas: duermevela, laberinto, Babia, Cerros de Úbeda, sueño, vida]
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Conversaciones. El lenguaje del insomnio IV
Delfín Agudelo: En esa medida podríamos afirmar que estar insomne es entrar en un laberinto. Hay movimiento pero no hay ninguna lógica que te permita tomar una decisión. Entras a un espacio en apariencia desordenado, tienes la conciencia de estar habitando ese espacio, pero careces de herramientas para poder establecer tu Norte o Sur.
Rafael Argullol: Pienso que si hacemos esta comparación, si el tiempo del estado de vigilia es un tiempo lineal, basado en el presente, pasado, futuro y en las coordenadas espacio-temporales que habitualmente aceptamos, lo que sería un tiempo completamente laberíntico sería el tiempo del sueño. El tiempo del sueño rompe por completo nuestras coordenadas de espacio, de tiempo y de causalidad y nos introduce en un laberinto lógico y lingüístico. En un sueño no solamente no sabemos por qué suceden las cosas, sino que tampoco sabemos por qué se producen o presentan determinados paisajes, y por qué se mezclan de esa manera tan desaforada los tiempos históricos de nuestra experiencia. Por lo tanto, diría que hay un tiempo lineal que es el de vigilia; un tiempo laberíntico que es el del sueño; y el del insomnio sería un estado del cual se ha debatido muy poco, que sería estar en la puerta del laberinto. Es decir, cuando estamos en el insomnio es como si tuviéramos un pie fuera del laberinto, y un pie dentro. Estamos en una situación intermedia y en parte participamos de las leyes del estado de vigilia y en parte participamos de las leyes del estado laberíntico, del estado del sueño. Eso es lo que ha convertido de alguna manera el insomnio en un tabú. No es algo de lo que guste mucho hablar. Se habla en cierto lenguaje médico, se habla por parte de algunos escritores, de algunos artistas, pero el hombre en su vida cotidiana habla relativamente poco del insomnio. Nos hemos comunicado muy poco acerca de lo que sucede en el estado del insomnio. En teoría nos comunicamos en la vigilia, a veces nos hemos explicado sueños, pero en cambio nos hemos intercomunicado muy poco acerca de lo que nos sucede en el estado del insomnio, de lo que nos sucede cuando tenemos un pie dentro y un pie fuera del laberinto.
[Publicado el 21/11/2007 a las 11:41]
[Etiquetas: laberinto, insomnio, vigilia]
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Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
21/8/2008 17:02
Publicado por: hermann
21/8/2008 12:08
Publicado por: doble
20/8/2008 22:51
Publicado por: escarola
20/8/2008 19:06
Entonces los monstruos son como...
Publicado por: amalia
20/8/2008 06:07
Ese lado de lo monstruoso, lleno...
Publicado por: amalia
19/8/2008 21:26
Publicado por: Sheila
19/8/2008 20:32
Al objetivar nuestros miedos en...
Publicado por: escarola
18/8/2008 17:40
Publicado por: carla
18/8/2008 13:04
Acabo de ver que se consigue en...
Publicado por: amalia
18/8/2008 09:13
sin afan de ser pretencioso,...
Publicado por: carlos
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