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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de julio de 2020

 Blog de Rafael Argullol

Un viaje de Semana Santa

Entre las múltiples propuestas viajeras que se ofrecen por Semana Santa, tan exóticas muchas que parecen agotar toda posibilidad de la imaginación, hay una que nunca se plantea pese a ser la más prodigiosa y económica. Es un viaje que dura tres días –rememoración de otro viaje que también duró tres días- con la particularidad de que no hace falta salir de casa ni sufrir las aglomeraciones tan inevitables en ese período. Se lo cuento porque un año yo realicé este viaje del que volví muy satisfecho, lo cual quizá anime a alguno.
Se trata de imitar a Dante, de la única forma en que es posible imitarlo: leyéndolo. Dante contó a un confidente que la entera travesía de la Divina Comedia duró tres días, del Viernes Santo al Domingo de Resurrección del año 1300. Al confesar esto el poeta, naturalmente, quería dejar claro que su modelo era otro viajero, Cristo, que tras morir en la cruz el viernes recorrió el ultramundo antes de resucitar el domingo. Deducimos, por tanto, que si bien, al decir de los estudiosos, la composición de la obra se extendería de 1304 a 1321, fecha en la que se produce el fallecimiento de Dante, éste invitaba a creer que el auténtico viaje había durado únicamente tres días, una visión recuperada luego en los versos de la Comedia.
Cierta o no la confidencia a mí me parece sugerente seguirle el juego a Dante y buscar tras el texto la visión de aquella Semana Santa de 1300. Lo mejor, en consecuencia, es leer la Divina Comedia durante tres días seguidos, a poder ser Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección: Inferno, Purgatorio y Paradiso, un mundo cada día. Y al leer, además, no quedarse únicamente con la letra sino, de acuerdo con aquel juego, tratar de establecer la orilla visionaria de los versos, que lógicamente aparecerá distinta a cada lector. No es necesario en absoluto ser creyente o erudito; basta con tener un cierto espíritu viajero. Tengo la impresión de que el verdadero viajero, incluso desde la inmovilidad, es capaz de ver donde los otros, sometidos al vértigo y al ajetreo, no ven.
Como quiera que sea al empezar a leer la Divina Comedia pronto llegamos muy lejos. Que el protagonista y el cronista coincidan en la misma persona facilita las cosas pues da verosimilitud a nuestra posición. Si logramos sortear los escollos de las interpretaciones alegóricas nos sentimos muy cerca de Dante al principio de la aventura. No hay que leer por tanto ninguna nota a pie de página, al menos en este tipo de desafío. La “selva oscura” es, en efecto, una selva y las temibles fieras que acechan al protagonista, fieras de verdad. En el juego sobran las alegorías: Virgilio es un maestro admirado en el que se puede confiar y Beatriz, una mujer deseable.
Ninguna guía de viaje tiene la sabiduría y el encanto de la que se va desplegando ante nuestros ojos en el Inferno. Pintores y grabadores han intentado captarla, siempre, insuficientemente, por más que se llamen Botticelli o Gustavo Doré. La visión que el viajero puede extraer del subsuelo del poema tiene mayor riqueza. Al seguir a Dante y Virgilio en su descenso al infierno nos transformamos en espeleólogos que nos dirigimos a un tenebroso centro de la Tierra. La geografía es maravillosamente concreta: los ríos Aqueronte y Flegetonte, la laguna Estigia, el Pozo de los Gigantes, la ciudad de Dite. Y al descender vamos atravesando los sucesivos círculos del infierno hasta llegar al noveno, sede de Lucifer.
No obstante, si bien nos fijamos, es decir, prescindiendo de la mirada teológica o del arrebato metafísico, los círculos del infierno son muy poco dantescos. Con el talante del viajero no son comprensibles las terroríficas lecturas de la Divina Comedia que nuestra cultura ha asumido desde el Romanticismo. Es verdad que la inigualable imaginación de Dante se pone al servicio de la disección de la oscuridad, y también es cierto que el poeta florentino carga con sus propias fobias y opiniones los hombros de los condenados. Pero creo que ningún lector, ni del presente ni del pasado, puede sentir terror alguno ante las descripciones de Dante. Demasiado bellas, demasiado irónicas.

Dante, aunque pueda ser brutal en sus condenas, no es un moralista. En los otros mundos los hombres se comportan como en este. Los avariciosos siguen siendo avariciosos; los aduladores continúan aduladores; los dignos, como el altivo Farinata degli Uberti, no pierden su dignidad. Esto nos ayuda a los otros viajeros pues también nosotros, en nuestras vidas, habitamos junto a avariciosos, a aduladores, a gentes dignas, y a contrastarlos con nuestros deseos no nos cuesta comprender las suertes reservadas por Dante para ellos.

En la lectura del Sábado Santo los efectos de la visión son distintos. Recordamos el Inferno como pictórico, plástico, con colores sombríos que pesan en la retina del lector. Dante y Virgilio atraviesan el submundo con prisas, como si también ellos temieran quedar aplastados por la pesadez ambiental. Como contraste el Purgatorio es notablemente más ligero. El espeleólogo es sustituido por el escalador. A medida en que ascendemos por la montaña en la que purgan los semicondenados Dante y Virgilio aminoran su marcha. El poeta se siente más apaciguado, tal vez percibiendo que aquel es el territorio, suma de dolor y de esperanza, que como ser humano le corresponde. El viajero actual que sigue el mismo itinerario siente algo semejante.
El purgatorio es más musical que pictórico. En repetidas ocasiones se escuchan cantos, algunos melancólicos, algunos alegres. A menudo se celebre la amistad. Dante conoce allí, por fin, a sus queridos Guido-Guinizelli y Arnaut Daniel, quien habla en occitano. También es el lugar que le sirve para especificar en que consiste el dolce stil nuovo. La música parece apropiada para este mundo intermedio. Particularmente emotivo es el momento en que el poeta se topa con su amigo el músico florentino Casella. El ambiente es tan relajado que éste acaba cantando una canción compuesta por Dante.
En la lectura del tercer día, Domingo de Resurrección, la música continúa pero deslizándose hacia la danza y, finalmente, hacia la luz. El Paradiso tiene fama de ser excesivamente especulativo y abstracto, y yo mismo lo recordaba así de una lectura remota. Sin embargo en aquel viaje de Semana Santa cambié de opinión. Me tranquilizó que también en el cielo, al igual que en los otros dos reinos, los seres humanos se comportaran como en la Tierra. En consecuencia Dante charla tranquilamente con su tatarabuelo Cacciaguida o su amiga Picarda. También habla con reyes y papas, y hasta con Adán, con quien discute temas estilísticos. El Paradiso es un ágora celestial.
Y una danza de amor, aunque sea de ese extraño amor que Dante sintió por Beatriz y que culmina con la más excepcional coreografía concebida, la construida al relatar la Rosa de los Bienaventurados ¿Hay alguna opción a esta altura entre los distintos viajes de Semana Santa?
 
El País, 20/03/2008

 

[Publicado el 02/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: semana santa, viaje, interioridad]

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Hombres y dioses

Rafael Argullol: Esta es la paradoja: cuando nosotros sentimos nostalgia del paraíso, queremos crear un paraíso, pero quisiéramos que este paraíso fuera tan perfecto que no incorporara nuestras propias contradicciones. Pero inevitablemente, como en un juego de contagio, se lo damos; es una rueda cósmica que parece que rige toda la vida.

Delfín Agudelo: Así como en estos ejemplos de ciencia ficción la criatura quiere eliminar al hombre, también el hombre ha querido eliminar a dios. De la misma manera podemos contemplar las veces que los dioses han querido eliminar a los hombres.

Rafael Argullol: En los mitos antiguos sucedía exactamente lo mismo: los dioses creaban a los hombres, pero cuando éstos se volvían insolentes, los querían eliminar. Con Hesíodo, los hombres se hacen con el fuego gracias a Prometeo, y lo primero que quieren hacer los dioses es liquidar a los hombres. En la Biblia son innumerables las veces en que dios se plantea liquidar a los hombres. En un proceso absolutamente similar al que ha recogido la ciencia ficción moderna. Y es un poco la situación en que estamos nosotros ahora, cuando manejamos más o menos frívolamente mitos como la inmortalidad, eterna juventud, en nuestra idea de perfección nuestras cosas perfectas siempre son contaminadas por nosotros de imperfección, para que tengan vida. Porque lo perfecto no tiene vida, que es lo que decíamos antes del dios autocreativo: no tiene vida. Yahvé no tiene vida, es una lama, un halo; Dios tiene vida en el cristianismo porque se encarna en Cristo: a partir de allí empieza todo el juego dramático del cristianismo, pero de lo contrario no tiene vida. Los dioses griegos cobran vida una vez incorporan esa imperfección.

D.A.: Me recuerda una frase de Terra Nostra de Carlos Fuentes; Dios, llorando, dice: “Soy el más Viejo entre los viejos. No existe nadie que me conociese joven.”

R.A.: No solamente el más viejo, sino también el más solo: no tiene con quién pensar y no tiene nadie a quién amar. En cambio, en toda la tradición bíblica cristiana, esa soledad y ese amor le lleva a exigir unas dosis sobrenaturales de amor hacia él.

 

[Publicado el 01/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: dios, paraíso, Prometeo]

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Galería de espectros: La muchacha de la tempestad

Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto el de la muchacha de la tempestad.

Delfín Agudelo: Sin lugar a dudas, te refieres a la enigmática Tempestad de Giorgione.

R.A.: Sí, al cuadro de Giorgione, que es sin duda uno de los más enigmáticos y oscuros de toda la historia de la pintura. Cuando lo vi por primera vez en el caos del museo de Venecia apenas se podía distinguir en el agolpamiento de cuadros y me resultó casi decepcionante que fuera un cuadrito tan pequeño. Había visto reproducciones y esperaba algo de más tamaño. Posteriormente lo pude ver con mayor detención en una exposición que se hizo en la misma Venecia, donde se tomaba La tempestad y se rodeaba de toda una serie de estudios radiográficos modernos sobre la ejecución de la pintura, que en lugar de apaciguar el misterio añadía aún más ingredientes misteriosos. Por ejemplo se reconocían en la radiografías que Giorgione había pintado sobre el puente del fondo unas figuras humanas que posteriormente habían desaparecido. Pero junto con la turbulencia del paisaje, que creo que es uno de los primeros paisajes en los cuales se expresa una suerte de romanticismos avant la lettre, lo que continuaba inmune a cualquier interpretación eran las dos figuras que se presentan en primer plano: a la izquierda la figura del soldado vertical, rígida, mirando a la muchacha, y en segundo lugar la más enigmática de las figuras, quizás de la pintura europea: esta muchacha semidesnuda, sentada al borde del río, amamantando a su hijo, lo que nos sugiere que es una mujer que ha sido recientemente madre, y que mira al espectador con una mirada exquisitamente extraña, llena de perplejidad, impasibilidad y perplejidad. Esa figura que por otro lado me ha hecho evocar siempre otro misterio que tiene otro de las grandes tempestades, que es la de Shakespeare. En mi mente los espectros se unen, y aunque evidentemente temáticamente no están conectados, siempre que contemplo el cuadro de Giorgione presidido por esa muchacha tan absolutamente indescifrable, recuerdo el propio enigma que atraviesa la obra de Shakespeare, y que nos lleva un poco a la conclusión que nuestro estado habitual no es el de razón o conocimiento, sino el de perplejidad ante el mundo que nos rodea.

 

[Publicado el 31/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Galería, espectros, Giorgione, La Tempestad]

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Angustia de la perfección

Rafael Argullol: En nuestro mundo, llegar al paraíso es una especie de juego sin reglas, cosa que se advierte en nuestros días en que renacen los mitos de la inmortalidad y la eternidad en la medicina, en la genética, en la bioquímica, y hay una especie de lucha de todos contra todos y una incorporación plena de la rapiña capitalista a lo que es la formulación contemporánea de estos mitos.


Delfín Agudelo: En estos mitos siempre se da la misma condición: el humano toma el papel de Dios. Tu mención a Blade Runner repite lo de Frankenstein: la creación se rebela ante el creador. Por esto se considera la novela de Mary Shelley como una de las primeras obras de ciencia ficción, puesto que es un tema muy recurrente, casi el juego teatral del hombre como dios y su criatura que se va en contra suyo, que no es más que una puesta en escena que sucede una vez se derrumba el esquema cristiano, o la muerte del dios teológico Otro caso claro es 2001: Odisea al espacio, sobre todo cuando el computador central Hal no deja entrar al hombre a la nave espacial, y es la “criatura” diciéndole al creador: “Usted está alterado, no puedo dejarlo entrar, quiero mucho a esta máquina”; es prácticamente la máquina hablando del humano como un virus que no quiere dejar entrar en su cuerpo. La humanidad se ha encargado de hacer variaciones sobre la idea del paraíso perdido, del ser primigenio una vez desarrollado que va en contra.

Rafael Argullol: Son variaciones sobre un esquema mucho más antiguo que el que puede formular la ciencia ficción moderna. En realidad la ciencia ficción moderna es hija directa de la ciencia ficción antigua, que eran los mitos antiguos, incluidos los bíblicos. El problema de Hal en 2001, de los replicantes en Blade Runner o de la criatura en Frankenstein es que nosotros pretendemos la perfección: cuando queremos reconstruir el paraíso queremos reconstruir una perfección respecto a la cual tenemos nostalgia. Al reconstruir esa perfección intentamos precisamente que no tenga nuestros sentimientos imperfectos, nuestras sensaciones e angustias imperfectas. Lo que ocurre es que a través de ese juego de espejos al que antes aludía, resulta que todas esas criaturas, cuanto más perfectas técnicamente las creamos, más incorporan nuestras propias imperfecciones o tensiones y contradicciones espirituales. ¿Qué ocurre con la criatura Frankenstein? Que incorpora problemas típicamente humanos cuando su creador había querido para su criatura una gran perfección física, pero sin las tensiones espirituales típicas humanas. ¿Qué ocurre con los replicantes? Su creador también quería de alguna manera cuerpos perfectos dotados de belleza extraordinaria para funciones determinadas, pero no quería que se incorporara la ambivalencia e inestabilidad emocional, que es lo que finalmente se incorpora, y ellos mismos acaban preguntándose por el tiempo y la muerte. Hasta el ordenador Hal es tan perfecto que en un momento determinado sus combinaciones técnicas le llevan a concebir sentimientos, entre éstos el de los celos, uno de los más manifiestos de nuestra herida simbólica inicial. Esta es la paradoja: cuando nosotros sentimos nostalgia del paraíso, queremos crear un paraíso, pero quisiéramos que este paraíso fuera tan perfecto que no incorporara nuestras propias contradicciones. Pero inevitablemente, como en un juego de contagio, se lo damos; es una rueda cósmica que parece que rige toda la vida.

 

[Publicado el 27/3/2008 a las 07:50]

[Etiquetas: 2001: odisea al espacio, Blade Runner, Frankenstein, paraíso]

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La renovación

Rafael Argullol: . Llega un momento en que el tema de ese juego nostálgico del paraíso lleva a la necesidad de recuperarlo. Es cuando nace esa fuerza fundamental, demoníaca y llena de contradicciones del hombre moderno.

Delfín Agudelo: De alguna manera es crear un paralelismo de renovación del paraíso mediante creaciones artísticas, pero que de una u otra manera son viciadas por la condición humana misma: al pretender una recuperación impoluta, al buscar una neutralidad que permita traer a colación de nuevo el tema de la recuperación, las características de nuestra condición terrenal subyacen en la creación misma.

Rafael Argullol: Es el proceso de la búsqueda de la renovación del paraíso sin aclarar instancias ultramundanas, sino en la propia tierra. Es muy significativo, yendo a la referencia del Paraíso perdido de Milton, que es una obra que no podía haber surgido antes de la época cuando surgió. El Paraíso Perdido surge en el momento justo en que se ha destrozado el universo medieval, en que aquél juego de esferas perfectas que era la Divina Comedia ha saltado por los aires. Y en ese sentido, Milton plantea con una grandeza literaria extraordinaria una especie de inversión de alianzas: si ya Dios no es el que tiene que conducirnos al nuevo paraíso, dirijámonos a Satán, al demonio. Se produce una inversión de alianzas del hombre que pasa de estar aliado con Dios al demonio para ver si realmente, a efectos de la construcción del paraíso en la tierra, sirve. El Doctor Frankenstein y Fausto tienen su vocación en esa inversión de alianzas. Te diría Maquiavelo, incluso: "El fin justifica los medios"; el fin es llegar al paraíso, no importa cómo. En el camino de la tradición religiosa cristiana llegar al paraíso estaba calificado de manera muy estricta. En nuestro mundo, llegar al paraíso es una especie de juego sin reglas, cosa que se advierte en nuestros días en que renacen los mitos de la inmortalidad y la eternidad en la medicina, en la genética, en la bioquímica, y hay una especie de lucha de todos contra todos y una incorporación plena de la rapiña capitalista a lo que es la formulación contemporánea de estos mitos.

[Publicado el 26/3/2008 a las 10:47]

[Etiquetas: Milton, paraíso, Dante, recuperación]

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Galería de espectros: André Rubliov

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto el del pintor André Rubliov.

Delfín Agudelo: ¿Lo ves acaso a través de la película de Tarkovsky?

Rafael Argullol: Lo veo fundamentalmente a través de la película de Tarkovsky pero no solo a través de ella. A este espectro le tengo dos historias personales que se cruzan. La primera es cuando contemplé por primera vez los iconos de André Rubliov en la Galería Tretiakov de Moscú —sobre todo cuando contemplé su icono de Cristo, y especialmente el de la "Santísima Trinidad"—, tuve una conmoción casi sin precedentes, sobre todo porque no iba preparado respecto a la importancia de los iconos o la importancia que para mí tendrían. La "Santísima Trinidad" de Rubliov me pareció una de las obras más perfectas de la historia del arte, y la que quizá encierra de mejor manera toda la magia de perfección del círculo, es como si lo divino y lo humano quedaran estrechamente unificados en el interior de un círculo mágico. Y esta historia se me entrecruza con la visión de la película de Tarkovsky André Rubliov, con la cual me sucedió lo mismo: la vi hace algunos años sin tener una idea muy clara de la importancia de esa película, y dejó en mí un sello realmente imperecedero. Me impresionó sobre todo que la película pudiera recoger algo que para mí es de los misterios más duros del arte, o quizás más fuertes de la creación artística: el punto de sutura, la línea de unión entre técnica y fe. Al contar la historia de Rubliov, Tarkovsky perfila a un hombre dotado de un extraordinario talento como pintor que hereda una técnica prodigiosa de sus maestros pero que en un momento determinado pierde no solo la fe religiosa sino la fe en el hombre y el arte. Luego, a través de una secuencia absolutamente genial de la película, se nos muestra la metáfora de la recuperación de esta fe: un chico, un adolescente hijo de un constructor de campanas, es obligado por parte del duque de Moscú a fundir y construir una campana, actividad que el asegura que hará. Logra construir la campana, y al final se descubre que no conocía la técnica para poder hacerlo. A través de la propia fuerza que tiene su fe, le hace llevar a cabo la realización de algo tan difícil como es la fusión y construcción de una campana. Al contemplar eso, Rubliov recupera la fe y se lanza a la pintura de esos maravillosos iconos. Para mí, el nombre de Rubliov no solo va unido al de una extraordinaria muestra de la pintura, sino también a algo que me parece absolutamente imprescindible desde el punto de vista de la creación, que es conservar la fe.

 

[Publicado el 24/3/2008 a las 08:00]

[Etiquetas: galería, espectros, André Rubliov, Tarkovsky]

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El caos creador

Rafael Argullol: Aunque pueda parecer una paradoja, el deseo es una nostalgia.
Delfín Agudelo: Me resulta muy interesante la idea de la nostalgia de la eternidad, y la condición de caída que implica nostalgia. Siempre me ha llamado la atención —y es una pregunta que surge cuando pienso en el Paraíso Perdido de Milton—el momento de la expulsión, el momento en que Eva come de la fruta luego del acto de seducción por parte de la serpiente emplumada. ¿A partir de qué momento surge el amor entre Adán y Eva? Adán también decide comer de la fruta, porque se reconoce como el compañero de Eva por un designio divino: “Lo que tú hagas, también lo haré yo.” Pero hay una ambigüedad: Adán, sin haber comido de la fruta, ¿a quién está amando? ¿A Dios o a su esposa? A partir de ahí, surge la pregunta: ¿en qué momento se anhela el amor que no se ha tenido, así suene a tautología?
Rafael Argullol: En el momento en que entra en acción la conciencia de separación y escisión. Creo que nuestras figuras bíblicas de Adán y Eva responden a la figura del andrógino en otras culturas. Es decir, Adán y Eva eran dos componentes del andrógino como todo ser que vive en el sonambulismo del paraíso o de la edad de oro. Entre Adán y Eva no hay auténtico erotismo en el paraíso. El erotismo se manifiesta en el momento de la expulsión, en que son capaces de reconocer aquellas contradicciones que antes hemos indicado. No hay erotismo si no hay constancia de escisión, de separación. No hay erotismo si no hay constancia de la muerte y del tiempo, porque el erotismo no deja de ser siempre una especie de convocatoria desesperada frente a esa conciencia de la muerte y del tiempo. Por eso te diría que no hay erotismo si no puede haber lenguaje, el juego del lenguaje, el intercambio. Entonces Adán y Eva estaban en la misma condición del andrógino. De hecho, Adán y Eva forman una unidad andrógina antes de ser expulsados del paraíso. Por tanto, no hay auténtico Eros. Para que haya Eros, y eso Heráclito lo veía muy bien, es necesario que haya eris, discordia: para que haya cosmos que haya caos; en ese sentido, es el reconocimiento del caos, una vez has puesto la patita fuera del paraíso, lo que te lleva al erotismo, al sentimiento de lo sagrado y fundamentalmente al amor, que es una palabra desigual que creo que integra todos estos niveles que hemos hablado. Es la consecuencia del lenguaje, del juego de los cuerpos de su tensión violenta, y el amor es la consecuencia de la confrontación entre muerte e inmortalidad.
Pero todo eso no se puede dar antes de la caída, antes de la expulsión. De la misma manera que las almas platónicas antes de caer en el cuerpo no aman, viven en una especie de espacio sideral, asimismo andrógino, o espacio divino andrógino; es como el dios de la Biblia, que no ama, es incapaz de amar. Exige que le amen, pero es incapaz de amar, porque al ser omnipresente y todopoderoso, nunca se ha desglosado de sí mismo, no se ha enajenado de sí mismo, y por tanto no reconoce el sentimiento de separación, por tanto no tiene la nostalgia fundamental que exige el amor y la hospitalidad. No lo tiene, es una especie de monstruosa máquina autogenerante y autoreproductiva, pero incapaz de amar. Los dioses griegos sí eran capaces de amar porque todos ellos estaban dotados de las mismas escisiones de las que estaban los hombres; en ese sentido, sí eran capaces de amar, como es capaz de amar Cristo: la teología cristiana bien lo ha visto, que en cuanto a hijo de Dios, es una especie de escisión unitiva con Dios pero escindido con Dios, que es capaz de sentir la contradicción con Dios—“Padre, padre, ¿por qué me has abandonado?” le dice en la cruz—, que es capaz de sentir sufrimiento y que tiene necesidad de amor. Pero en cambio un ser autosuficiente es incapaz de amar: para que haya amor tiene que haber caída, y tiene que haber castigo.

[Publicado el 18/3/2008 a las 08:00]

[Etiquetas: Adán, Eva, MIlton, Paraíso Perdido, Dios, expulsión, caída]

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Inglés para idiotas

En el gran bazar en que se ha convertido el proceso electoral puede encontrarse de todo, como hemos podido comprobar estas últimas semanas. El político, disfrazado de prestidigitador, hace los trucos que están a su alcance, e incluso —patéticamente— los que no lo están, con tal de convencer a los electores. Para conseguir sus propósitos se valen de buenas y malas artes, creciendo en sofisticación estos últimos a medida en que avanza la campaña. Los clientes más deseados son los “desmovilizados”, los “indecisos”, los “abstencionistas” y los que, si esto tuviera algún valor, votarían en blanco.

Precisamente con respecto al voto en blanco hemos asistido a uno de los pocos fenómenos remarcables de esta campaña electoral: el silenciamiento de la propuesta de Pascual Maragall. No es que yo crea que es fácil de aceptar que quien ha sido hasta hace poco presidente de la Generalitat y del partido socialista proponga a los electores el voto en blanco; sin embargo, esta circunstancia hubiera debido avivar el debate pues si alguien con su dilatada experiencia y responsabilidad políticas ha llegado a esta conclusión es que nos hallamos ante un caso de alerta considerable sobre el funcionamiento de nuestra vida pública.

Lo remarcable es que, en lugar de avivarse el debate, se ha producido una auténtica conspiración del silencio en la que han participado los medios de comunicación, al recoger un eco rápidamente debilitado, los partidos, encabezados por el propio partido socialista, y muchos de los amigos políticos de Pasqual Maragall, que apenas han intervenido en su defensa o así me lo ha perecido a mí. No han faltado, además, siniestras manifestaciones de supuesta “compasión”, sobretodo por parte de aquellos que viven y medran en estos aparatos de poder que exigen la opacidad y el camuflaje.
Fuera del “caso Maragall” —un personaje, Pasqual Maragall, que para bien o para mal remueve las aguas del pantano— no ha habido nada en el gran bazar que no fuera previsible. Entre ataque y ataque lo más vistoso ha sido la subasta que los candidatos han hecho con el dinero de los ciudadanos, unos regalando cheques y otros promesas de reducciones impositivas. En todos los casos está claro que en las arcas del Estado sobra dinero y no se entiende porqué éste no se emplea en arreglar las injusticias que el mismo Estado detecta gracias a sus sacrosantas estadísticas.
Pero si el segmento más filibustero de la campaña ha sido la tómbola que se ha realizado con el dinero público el segmento más estúpido ha sido, sin duda, el arrebato en torno a la enseñanza del inglés. De repente casi todos los candidatos, mirándose probablemente en el espejo de sus propias carencias, han encontrado en el aprendizaje del inglés el talismán de nuestro porvenir. Pronto toda Catalunya, toda España hablará inglés si hacemos caso a lo que nos aseguran los señores Zapatero, Rajoy, Montilla,… (todos al parecer menos ellos).
 
No vamos a negar ahora la importancia del inglés como lengua científica, económica o de comunicación pero de ahí a transformar ese idioma en la panacea de las virtudes futuras media un universo. Sin ir más lejos, y para recordar un tema doméstico, las turbas de simpáticos hooligans británicos vociferan en inglés entre cerveza y cerveza y no por eso los vamos a poner de ejemplo –creo- para esas escuelas llenas de niños angloparlantes que vamos a crear. Tampoco resulta conveniente, por ejemplo, inculcarles el himno de los marines para que lo canten en el recreo, por más que su letra algo tosca sea perfectamente inglesa.
 
Con todo, la verdad, el problema no estriba ni en los hooligans ni en los marines sino en nosotros: ¿Qué importa el idioma si lo que se dice es el fruto de la ignorancia? ¿Qué habremos avanzado si un estudiante universitario manifiesta en maravilloso inglés que no sabe quién es el emperador Carlos V o el pintor Piero della Francesca, que tampoco sabe, ni desde luego le importa cuál es el teorema de Pitágoras o el número pi, que confunde con absoluta impunidad la Revolución Francesa y el Mayo del 68? Estas pequeñas lagunas —en catalán, español o inglés— son fácilmente constatables para cualquiera que se entretenga en charlar con nuestros estudiantes, actividad que quizá sería de provecho para quien pretendiera presentarse candidato.
 
Sin embargo, lejos de hacer este trabajo de campo, el candidato prefiere ofrecer inglés para todos de modo que el mal sistema educativo actual derive en una peor academia de un único idioma. Tras el goteo apocalíptico de informes europeos y mundiales sobre el pésimo estado de educación en España hubiera sido de esperar que la enseñanza fuera el asunto central de la campaña. No ha sido así en absoluto, o únicamente lo ha sido en lo referente a la enseñanza del inglés, tema en el que la farsa guarda paralelismos con la subasta de talones y reducciones de impuestos: “Yo haré que todos sepan inglés en diez años”, “yo haré que sea en cinco”, “yo en dos”, y así sucesivamente.
 
Sospecho un par de razones. La primera, fácil de adivinar, es que proponer el inglés universal es una tarea bastante menos complicada que realizar una auténtica reforma educativa. La segunda es un poco más maliciosa: ¿saben nuestros candidatos quién es Piero della Francesca o cuál es el teorema de Pitágoras? ¿Les importa? English for idiots.

                                                                                               El País, 23/02/08

[Publicado el 06/3/2008 a las 08:00]

[Etiquetas: Artículos, elecciones, inglés]

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El juego

Rafael Argullol: El instinto solo es algo que también anula esa capacidad de riqueza de lo erótico y que, por lo tanto, también domina la máscara.
 
Delfín Agudelo: ¿Es instintiva en el humano la comunicación amorosa?
 
R. A.: La comunicación amorosa, históricamente, ha estado rodeada de elementos crípticos porque en definitiva nuestra comunicación amorosa es la continuidad de la comunicación amorosa animal, y el galanteo o ritual de galanteo está lleno de signos en los que, por un lado, se hacen evidentes estos elementos crípticos, y por el otro, se disimulan. En ese sentido citaba a Darrell, que estudió a fondo los usos amorosos entre las especies animales, y una de las conclusiones centrales es que en esa ritualidad hay siempre el juego entre lo que se esconde y lo que se explicita. Pienso que toda la historia del intercambio amoroso humano y del diálogo amoroso humano ha estado siempre lleno de este doble juego. Si nosotros atendemos a la historia de la poesía amorosa, toda ella es una historia bastante críptica. Quizá además por un hecho muy evidente, y es que la poesía amorosa por regla general ha sido dirigida a la amante mas no a la esposa,  al amante mas no al esposo. Una vez un profesor norteamericano, —no recuerdo el nombre— analizó gran parte de la poesía amorosa de occidente, y destacó que el noventa por ciento de las veces la voz poética le hablaba a la pareja no legal.
En ese sentido, lo que llamamos amor ha estado envuelto de un claroscuro que a la fuerza se ha traducido en todas las comunicaciones verbales. En nuestros usos amorosos actuales también ocurre eso. Vamos revelando piezas para ver cómo se muestra el otro. En definitiva, el diálogo amoroso tiene que ser siempre un juego de desenmascaramientos mutuos; dos amantes están enmascarados, y el ritmo del juego los desenmascara. Uno queda fuera del juego en la medida en que se desenmascara completamente, y en cambio el otro se guarda la máscara por completo: queda completamente fuera de juego. Para que permanezca este juego sería necesario que actuara esa doble dimensión, esta especie de dialéctica entre lo velado y lo descubierto, incluso en el caso hipotético de que pudiera haber un amor entre dos personas que continuara con gran intensidad a lo largo de los años, y hubiera una comunicación escrita, poética y literaria entre estas dos personas. De ahí que yo piense que la manera de condenar cualquier relación amorosa es decirle al otro “Sé exactamente cómo eres, sé exactamente lo que piensas; ya no tienes ninguna máscara, estás desnuda/o ante mí”. Es como el propio juego erótico: el cuerpo desnudo tiene importancia porque se puede desnudar. Pero el cuerpo desnudo en sí mismo sería completamente antierótico, como lo es una playa nudista, porque el desnudo erótico es importante por el proceso de desnudarse, revestirse y desnudarse.
 
D.A.: El juego de la máscara me recuerda una historia de Alphonse Allais relatada en un libro de Baudrillard. A dos amantes les llega una carta diciéndoles que su pareja le es infiel: si quieren comprobarlo, sólo tendrían que ir a un baile de máscaras que se celebrará dentro de poco. A él le la carta le dice que ella irá disfrazada de Piragua congolesa; a ella, que él irá vestido de Arlequín. Ya entrada la noche en el baile, dos personajes se aburren en un rincón: un Arlequín y una Piragua congolesa. Bailan, se hablan, terminan en un reservado. Cuando el uno se abalanza sobre el otro y le arranca la máscara, ¡no eran ni el uno ni la otra!  A veces, en el juego del desenmascaramiento, quien en realidad respira bajo el rostro artificioso no es ni la representación ni el representado.

[Publicado el 28/2/2008 a las 08:00]

[Etiquetas: el juego, Darrel, comunicación amrosoa, ritual amoroso]

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Galería de espectros: Diotima

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he vislumbrado el de Diótima.


Delfín Agudelo: ¿Viste acaso a la Diotima de Platón, o la de Hölderlin?

R.A.: Creo que ambas son la misma: una es la reencarnación de la otra. Hölderlin, en Hyperion, utiliza ese nombre misterioso y magnético que sale de El Banquete de Platón, y lo utiliza directamente como inspiración de lo eterno femenino en su obra. A mí Diótima siempre me ha parecido un personaje muy enigmático, incluso tal como se presenta literariamente en la obra de Platón, que es como un juego de muñecas rusas, ya que en ésta obra Platón evoca una reunión que le han contado; a su vez, en esa reunión, ha habido distintas voces; y al final la voz de Sócrates, las muchas voces discutiendo sobre Eros, sobre el Amor. Pero Sócrates no habla sobre la teoría del amor, sino que dice haber sido iniciado por un personaje realmente enigmático, Diótima. Es la única vez que aparece en toda la literatura griega una supuesta mujer que era sacerdotisa en Mantinea, y ya la ciudad en sí misma es muy evocadora porque conlleva mántica, adivinación: comparten la misma raíz. Nos encontramos con un juego de sombras en que vamos avanzando desde la narración de Platón a lo que dice El Banquete, sus distintas voces y la voz de Diótima trasladada a través de la voz de Sócrates. Por lo tanto es un personaje que se mueve en unos entresijos muy interesantes. Además, es el personaje que traslada uno de los núcleos de la visión platónica de la belleza, ya que en todo El Banquete hay una discusión acerca del significado de Eros. Sócrates da su propia versión, pero cuando alude a la iniciación que le ha hecho Diótima en los misterios del amor, alude a un camino que es en principio racional, una escalera en la que cada uno de los peldaños es racional, y se pasa del amor físico al espiritual. El último peldaño, el que significa el salto hacia la belleza en sí misma, es un peldaño completamente mistérico, oscuro, y es ese peldaño el que Diotima en cierto modo rige, en el cual ella ha introducido iniciáticamente a Sócrates. Lo que hace Hölderlin con ese maravilloso personaje es retomarlo y convertirlo en el amor ideal, el amor romántico ideal de Hyperión que no deja de ser su alter-ego en esa novela de formación. Hölderlin cierra el círculo iniciado por Platón y de alguna manera Diotima nos evoca quizá el rasgo más limítrofe, más enigmático de lo erótico.

[Publicado el 25/2/2008 a las 08:00]

[Etiquetas: galería, espetros, Diotima, Hölderlin, Platon]

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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