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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de julio de 2020

 Blog de Rafael Argullol

XII. Un blog literario sobre un blog literario. La experiencia virtual de un neófito.

Rafael Argullol: Tras unos meses de realizar un blog literario, tal vez valdría la pena plantearse en qué consiste.

Delfín Agudelo: Desde hace ya casi siete meses venimos teniendo esta serie de conversaciones "a tumba abierta" que conforman el blog. Desde entonces hemos atravesado el dédalo del insomnio, hemos visto la dimensión espectral del arte, las ideas y sensaciones del ritmo de la escritura, las escuelas de creación literaria, los testamentos artísticos; hemos visto las cartas de amor, la expulsión adánica, las geografías de la ciudad, la literatura; y sin contar con los espectros que te han visitado una y otra vez. Todo estos temas desde siempre han estado presentes en tu obra. Pero no su sistema de publicación: la idea del blog es nueva para ti. ¿Cómo ha sido la nueva experiencia de publicación virtual, sin paso previo por el papel?

R.A.: Para mí ha sido un cambio muy importante, porque no soy una persona que tuviera una experiencia previa al respecto, ni tampoco alguien que haya utilizado excesivamente las llamadas "nuevas tecnologías". En ese sentido puedo considerar que he sido un escritor vinculado a la forma tradicional de la escritura, y por otro lado alguien que también ha utilizado el lenguaje oral y la palabra como un componente importante en conferencias y cursos. Pero por primera vez me he planteado esta nueva forma de comunicación; y precisamente la primera sensación que he tenido es que  esa nueva forma de comunicación e intercomunicación es una curiosa síntesis entre la tradición anterior a la escritura, al menos tal como ya la había experimentado, y lo que era la oralidad. Es decir, por un lado -al menos por parte del que realiza el blog- se necesita la pausa, lentitud o reflexión propia de la escritura, en el sentido habitual del término; y por otro lado también se necesita el nerviosismo, la rapidez de reflejos, de alguna manera cazar al vuelo los pensamientos y sensaciones propias de la oralidad. Por tanto, es para mí una experiencia interesante en cuanto a que es una nueva síntesis y en consecuencia ha sido un reto.

[Publicado el 11/6/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Blog literario, publicación, escritura]

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"Hybris"

Puede ser libre una sociedad mientras la codicia, la desmedida ambición y la mentira sean libres? Creo que es el momento oportuno para hacernos una pregunta que desde hace mucho tiempo nos formulamos poco. Sin elecciones a la vista no tenemos por qué atender a la presión de la propaganda. Además, la Crisis -que escribo así, con mayúscula, ya que corremos el peligro de convertirla en una abstracción, como el supuesto Buen Momento de hace poco- debería ser un incentivo para la interrogación.

Por supuesto no nos basta que contesten a la pregunta algunos dirigentes religiosos. Hace poco leí, nada menos que en el Financial Times, el alegato contra la "cruel y arrogante riqueza" realizado por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, con motivo de la Pascua. El día anterior el obispo de Rochester, Michael Nazi-Ali, había publicado un sermón en el que se aludía a la "dificultad de que los ricos entren en el cielo" a propósito del paso enorme de la especulación en la economía británica. Ambas intervenciones fueron bastante comentadas en la prensa inglesa y no faltó quien aludió a Londres como la nueva Babilonia del mercado global.

Estas tomas de posición recordaban en parte la lista de los "nuevos pecados capitales" hecha pública por el Vaticano semanas atrás. En ellos se remarcaba el carácter pecaminoso de la excesiva riqueza. Simbólicamente tenían su interés. Lástima que, como siempre, la Iglesia católica, la institución europea que históricamente ha demostrado menos propensión a la autocrítica, fuera incapaz de aclarar sus oscuras finanzas mientras se erigía en el celador moral de la humanidad. También como siempre la arrogancia moralista y juzgadora de la jerarquía católica debilitaba argumentos de valor

Con todo se tratan, en uno y otro caso, de opiniones religiosas y, por tanto, en nuestra época secularizada, privadas. En cambio la respuesta a la pregunta inicial debería ser pública, una cuestión fundamental en el funcionamiento de la propia democracia. No obstante, en relación a ella, nuestra democracia permanece muda. Tras el hundimiento en el siglo XX de las utopías ilustradas y románticas parece incluso de mal gusto oponerse a los mecanismos de la cruda realidad -el capitalismo sin límites- con la expresión de deseos éticos alternativos. Se opta así por una democracia de las formas, en la que se trata de persuadir a mayorías elección tras elección, y no de los contenidos.

Tengo para mí, sin embargo, que esta opción nos traslada a una falsa libertad, pues al no ejercer la democracia el suficiente control sobre la desmesura cualquier minoría puede acabar estableciendo un poder oligárquico. A este respecto, la gran educadora de la democracia ateniense, la tragedia, expresaba ideas robustas que se reflejan perfectamente en las obras de Esquilo o Sófocles. La hybris -traducible por desmesura- era la fuerza contraria al equilibrio que debían buscar tanto el individuo como la sociedad. Era, en otras palabras, el enemigo primero de la democracia, como demuestra Bruno Snell en El descubrimiento del espíritu, recientemente dedicado aquí. De hacer caso a la enseñanza profunda de la tragedia griega, y quizá no ha habido otra superior en toda la historia de la cultura, deberíamos desterrar el dilema entre distintos tipos de democracia -política, social o moral- para advertir que únicamente un equilibrio entre ellos conduce a un posible orden armónico. Claro que para eso sería necesario recurrir de nuevo al deseo y no conformarnos servilmente con lo que llaman realidad.

Porque, como ustedes saben, la realidad ahora es la Crisis y hasta hace no demasiado era el Bienestar, el Optimismo o el Gran Momento. ¿Qué ha pasado para que, casi súbitamente se produjera esta transformación? No lo sabemos con exactitud. En parte porque nos engañamos. No entendemos lo que pasa y tenemos la impresión de que quienes deberían explicárnoslo o bien tampoco lo entienden o bien fingen. De repente aludes de cifras caen sobre nosotros, y nos desorientan: burbuja inmobiliaria, morosidad, quiebra, posibilidad de recesión, amenaza de paro. Y la democracia que hemos construido y aceptado no nos ayuda en absoluto a hacer transparente lo que los especuladores quieren que permanezca opaco.

No podemos, tampoco, lamentarnos mucho, pues es la democracia que hemos querido, impotente ahora para tranquilizarnos en relación a los fantasmas que acechan. Desde este punto de vista somos prisioneros del hechizo que nosotros mismos hemos edificado o, cuando menos, tolerado.

Nuestra democracia ha sido pasiva ante la hybris de los codiciosos y los ambiciosos, cuando no la ha alentado ciegamente. Durante años el Bienestar, el Optimismo, el Gran Momento se ha medido, en buena parte, con los beneficios de aquéllos. ¿Cuántos titulares de los periódicos de tantos años no han identificado el Gran Momento con obscenos aumentos en los precios de la vivienda, con ganancias casi increíbles de los bancos, con plusvalías grotescas de especuladores de distinto pelaje? ¿Por qué se ha rodeado de silencio, casi hasta el final, la destrucción sistemática del litoral mediterráneo y de muchos otros territorios por parte de depredadores que han exhibido abiertamente su rapiña?

El político ha callado ante la hybris y el ciudadano, por lo general, cómplice de ella, también. En consecuencia, no tendríamos que caer en el fácil consuelo latino de creer en oscuras fuerzas conspirativas o refugiarnos en la inutilidad de los dirigentes políticos. El silencio impotente de la democracia frente a la hybris es responsabilidad, en primer lugar, de los ciudadanos.

Un amigo italiano me lo resumió muy bien en relación al triunfo del nefasto Berlusconi. Para él lo decisivo no era que Berlusconi fuera el hombre más rico de Italia, o que poseyera la casi totalidad de las televisiones, sino que lo que al cabo resultaba determinante era que, como si se tratara de una extraña epidemia, un pequeño Berlusconi habitaba en el cerebro de la mayoría de los italianos.

Si queremos regenerar nuestra democracia debemos atrevernos a condenar la hybris: no podemos aspirar verdaderamente a la libertad mientras la especulación y el engaño sean libres.

En lugar de aceptar la abstracción casi metafísica de la Crisis, ¿no sería aconsejable diseccionar sus causas y obrar en consecuencia?

Quizá tampoco sería una mala idea enunciar los pecados capitales que atentan contra la democracia y meter en la cárcel a los pecadores en lugar de presentarlos como héroes de nuestro tiempo. Está bien que de acuerdo con la parábola evangélica evocada por el obispo de Rochester a los codiciosos les cueste entrar en el cielo. Pero a nosotros nos toca ocuparnos de la tierra.

El País, 26/04/2008

[Publicado el 10/6/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Hybris, religión, Crisis, ]

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La literatura como arte

"La condition humaine", René Magritte, 1935Rafael Argullol: La diferencia es que en cada momento la máscara literaria va actuando a través de esas metamorfosis.
Delfín Agudelo: Metamorfosis que, por demás, consiste en la condición humana. De allí lo importante y valioso de Todorov en su último libro: le gusta leer porque le hace ser mejor persona, y porque todo lo que ha leído le ha permitido una mejor comprensión de la condición humana. Los clásicos funcionan a manera de una gama de espejos que desde siempre nos han reflejado. Cada día nos encontramos con un tipo de Aquiles, o algún tipo de Héctor.
R.A.: Por eso es tan importante que el escritor no sea conformista. Que sea alguien que entienda la literatura no solamente como una técnica u oficio o manera de ganarse la vida, sino también como un arte. Porque así la literatura, al considerarse también como arte, intentará mantener ese equilibrio entre lo actual y lo atemporal. Expresar lo que siempre ha intentado, que es el claroscuro; pero intentará expresarlo de acuerdo con las señales de cada momento. Para hacer eso se necesita siempre recurrir a la experimentación. De lo contrario, lo que hay es una especie de creación o fabricación de simulacros, que sí pueden servir, por ejemplo, para manifestar lo sociológico de un fenómeno. Pero lo artístico no es solo los sociológico de un fenómeno. Tomemos como ejemplo El Avaro de Molière. Claro que la obra nos ayuda a entender la sociología del inicio del capitalismo, que confirma una figura como la del avaro. Pero también nos ayuda a comprender un movimiento pasional negativo o no, como se quiera, de la condición humana, que es completamente atemporal. Un escritor de nuestros días como lo es Tom Wolfe, escribe La hoguera de las vanidades. No es un favorito mío pero sí es adecuado para comprender un broker de Nueva York a finales del siglo XX. Ahora bien, si uno considera esa novela como arte, al mismo tiempo lo que allí se expresa no tiene que ser solo ese dibujo de la codicia a finales del siglo XX, sino también la expresión de la codicia en un sentido universal. De allí lo importante de continuar reivindicando siempre la literatura como arte frente a aquellos que de una manera más o menos oportunista, demagógica o pragmática quieren reducirla siempre a un oficio, una técnica o algo que se puede aprender pero que no hace falta que asuma riesgos.

[Publicado el 05/6/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: literatura, arte, quehacer literario]

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Best-seller y best-teller

Rafael Argullol: Siempre encontraremos esa actualidad de lo atemporal.

Delfín Agudelo: La actualidad de lo atemporal es también no considerar que lo actual es pobre; o como alguien dijo alguna vez, los griegos ya lo escribieron todo, y cualquier escritura posterior es una variación. Sin embargo, muchas veces los clásicos son rechazados precisamente por serlo. Es una tragedia que su atemporalidad sea su condena en el momento de ser leídos- o no leídos. Por ejemplo, en Papa Goriot cualquier inmigrante encontrará una arenga lo suficientemente poderosa al leer uno de los monólogos de Vautrin. Pero estos episodios terminan formando parte de una minoría, puesto que generan una pereza que se apropia del lector infrecuente.

R.A.: Nosotros estamos en la misma situación que los griegos. De aquí que frases como aquella sobre los griegos o que la historia de la filosofía es hacer apostillas o notas a pie de página a Platón, son frases que pueden quedar bien o mal en el marco de una academia o de un debate cultural. Pero evidentemente cualquiera sabe que los griegos también fueron modernos respecto a otras antigüedades anteriores y que lo único que ocurre es que nosotros en muchos casos no conocemos los eslabones de la cadena o los hemos perdido. Pero si fuéramos capaces de rastrear en la genealogía lo que fue la cultura clásica, nos encontraríamos con que los griegos eran modernos respecto a otros que lo habían escrito todo. En ese sentido no hay que tener complejo de inferioridad. El hombre, desde el punto de vista de la expresión literaria y artística, ha estado siempre en la misma situación. Otra cosa es que cada época lo afronte con mayor densidad o fuerza. Si eso es así, estaría de acuerdo en que en lo literario, si antes decía que era la conjunción de lo actual y atemporal, siempre hay una especie de eterno retorno. Naturalmente que leyendo la Comedia Humana encontramos una tipología, geografía o mapamundi exactísimos sobre nuestros arribistas, nuestros nuevo-ricos, nuestros demagogos, nuestros  intrigantes, nuestros  banqueros o especuladores. Claro que sí, eso estaba ya reflejado. Y también estaba reflejado en las comedias de Aristófanes. O en las de Shakespeare. La diferencia es que en cada momento la máscara literaria va actuando a través de esas metamorfosis.

[Publicado el 04/6/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: clásicos, actualidad, recepción]

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XI. La recepción literaria. El santuario de Davos

Davos (tomado de Wikipedia)Rafael Argullol: La verdad es que son muy oscilantes las preferencias literarias de cada época.

Delfín Agudelo: Oscilante también es el gusto inmediato que se puede sentir por una novela. ¿Cuántas veces ha sucedido que al público lector le hace falta algún tipo de desarrollo histórico para poder comprender -o, más importante aún, disfrutar- de una novela? Hay novelas que fueron publicadas en los años equivocados. Algunas reaparecieron después, pero muchas otras, descartadas ahora y olvidadas para siempre, jamás saldrán de la oscuridad. ¿Y si encontráramos ahora novelas rechazadas hace diez o quince años que otorguen algún tipo de fascinación que entonces no detectamos? O visto desde el presente: ¿cómo será esa novela que, publicada ahora, pase desapercibida hasta dentro de unos años, momento en que la podamos leer?

R.A.: No sé exactamente cómo podría ser si hablamos de una novela inédita; es decir, de la novela que en estos momentos se está escribiendo o del libro que en este momento se está escribiendo. Sí me atrevería a decir que hay determinadas obras que en su momento tuvieron un gran impacto, y que en estos momentos serían mucho más difíciles de hacerlas llegar al público. También podría hablar de obras que en su momento no tuvieron un gran impacto pero que sin embargo después, precisamente por esas oscilaciones del gusto, se convirtieron en obras de referencia. Se me ocurre, entre las primeras mencionadas, La montaña mágica de Thomas Mann. Cuando salió, a pesar de su enorme extensión, tuvo una acogida muy buena por parte del público. Si no recuerdo mal se vendieron alrededor de cien o doscientos mil ejemplares, que son números que actualmente otorgamos a estos best sellers prefabricados del mundo literario. Sin embargo, pienso que si ahora se publicara como inédita La montaña mágica, tendría en principio fuertes dificultades de implantación en el público, lo cual no quiere decir que en un inmediato futuro el tratamiento del tiempo y la enfermedad en el sanatorio de Davos- santuario actual de la globalización económica-, como también el tratamiento de la condición humana, no pudiera llevarle a ser una novela de referencia.

El segundo ejemplo es otro clásico, La línea de sombra o incluso El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Cuando salieron no tuvieron un gran éxito inmediato, y sin embargo al cabo de unos años se convirtieron en escenarios literarios de referencia. Por tanto, hay una ley difícil de identificar, una ley invisible no escrita, que vincula la calidad literaria y el impacto. Esa ley tiene distintas consecuencias. A veces se da una especie de sincronía entre la calidad y el impacto, y a veces hay una diacronía absoluta, sea porque en principio no tiene ninguna repercusión, sea porque la tiene y después desaparece. Hay otro efecto que podríamos llamar subterráneo, que es como las aguas subterráneas que desaparecen pero emergen cuando la gente lo exige.

Pienso también en una obra que más de una vez he citado, Bajo el volcán de Malcolm Lowry. Ésta sería una tipología distinta, porque es el tipo de libro que tiene toda una serie de lectores, una minoría que va manteniendo el culto a ese libro, que mantiene viva su memoria, y que probablemente en un momento determinado puede estallar y convertirse en algo que llega a mucha más gente. Es fascinante ver este entrelazamiento entre lo que es la calidad literaria y el impacto, porque hay muchas leyes distintas.

[Publicado el 29/5/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: novela, actualidad, recepción, preferencia literaria]

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Platón "Low Cost"

El otro día un profesor de filosofía me comentó que proyectaba fragmentos de los Diálogos de Platón en la pantalla, a través del power point, con el propósito de que los estudiantes, confundiéndolos con imágenes, se entretuvieran leyéndolos. El pobre profesor, disculpándose, justificó el método: "Sólo se fijan en las imágenes". Naturalmente a él mismo le parecía aberrante. Primero, porque así se descartaba la lectura directa de los libros y, en segundo lugar, porque como profesor de filosofía sabía a la perfección que si algo iba directamente en contra del pensamiento platónico era la desecación de los conceptos en imágenes.

No tenía, por tanto, duda dicho profesor de que un redivivo Platón se pondría las manos en la cabeza al ver sus clases, si es que no la emprendía a bastonazos con el proyector de ídolos. De todos modos, hablando con más calma de esta innovadora didáctica, quedó claro que había otras razones que impulsaban al profesor, además de la confesa idolatría de los estudiantes, que no hacen si no trasladar a la Universidad la idolatría general.

Este profesor, joven y necesitado de promoción profesional, había advertido que su método encajaba con las tendencias y requisitos de la universidad actual. Me dio detalladas explicaciones que ayudan a comprender el perfil del profesor en el inmediato futuro. Me enseñó, por ejemplo, unos formularios dedicados a la evaluación del profesorado en los que aparentemente el mérito mayor radicaba en la capacidad del docente para la renovación tecnológica, sin que la publicación de libros, y cosas así, pareciera tener la menor importancia. Nuestro profesor se había renovado tecnológicamente y soltaba pedazos del Fedro en la pantalla para ver si pillaba a los estudiantes.

Pero era evidente que, para sobrevivir en la universidad, además de la renovación tecnológica, era necesario acumular grandes conocimientos sobre el lenguaje administrativo. La comprensión de los requisitos exigidos por las distintas administraciones -estatales, autonómicas y universitarias- ofrecía más obstáculos que los textos de Kant o Heidegger. Ningún ser ajeno a la universidad podría entender el galimatías de validaciones, acreditaciones, habilitaciones y demás jerga que forma parte del universo mental del profesorado.

Supongo que obligado por las circunstancias el profesor de filosofía había luchado con los sucesivos boletines oficiales y se había convertido en un gran experto en galimatías. No sé si esta lucha a brazo partido con los textos sagrados de la burocracia había ido en detrimento de sus obligaciones para con Aristóteles o Nietzsche. Ni siquiera tuve que preguntárselo porque enseguida me aclaró que en el momento de ser valorados sus méritos el saber burocrático tendría tanta importancia, si no más, que el saber intelectual. Él no estaba de acuerdo pero "las cosas eran así".

Tampoco era un gran amante de las reuniones y sin embargo iba a todas -"a todas", remarcaba- porque no podía permitirse el lujo de quedarse al margen del engranaje. Cierto que había un exceso de las reuniones en las que a menudo las disquisiciones eran mucho más oscuras y complejas que las de las teologías bizantinas. Pero no había más remedio que asistir porque las cosas eran así y, además, podían contar para el currículum.

No se detenían aquí las tribulaciones del joven profesor de filosofía, quien tenía poco tiempo para adentrarse en los vericuetos de Hegel o Kierkegaard porque tenía que buscar afanosamente revistas de impacto donde publicar papers. ¿Qué diablos es todo eso?, preguntarán las almas poco avezadas en el actual espíritu universitario. Un paper es un escrito -valioso o no, depende- que un profesor escribe para que lo lean cuatro gatos de su gremio y, si puede ser, nadie más. Una revista de impacto es una revista especializada que puede tener o no valor científico -depende- y que con frecuencia, sobre todo en el ámbito de las humanidades, es un puro portavoz gremial. Publicar papers en revistas de impacto es el paraíso de quien aspira a hacer carrera universitaria. El aludido profesor de filosofía proclama que le gustaría escribir ensayos de otro tipo, más creativos, pero éstos contarían escasamente para el currículum. "Las cosas son así".

Como en los mejores relatos kafkianos hay algo fatal en esta afirmación. ¿Quiénes son los que hacen que las cosas sean así? ¿Los políticos?, ¿los pedagogos? ¿Cerebros perezosos y agazapados bajo el no menos kafkiano Proceso Bolonia? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Y menos este esforzado profesor de filosofía que corre inquieto de un lado para otro sin horas para dedicar a sus filósofos. Ahora una reunión; ahora un análisis hermenéutico del boletín oficial; ahora la persecución de revistas de impacto; ahora un toque de renovación tecnológica. Y al llegar a clase se pondrá a explicar el mito de la caverna con el power point, a sabiendas de que Platón lo hubiera suspendido sólo con verle hacer eso.

 

El País, 03/05/2008

[Publicado el 28/5/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: educación, profesorado, Proceso Bolonia, Platón]

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El Proteo futuro

"Proteo", Andrea Alciato, 1531Rafael Argullol: Se irá a una especie de nuevo helenismo de carácter universal, en el que conviven distintas estructuras de tradición y de ideología, de religión y lengua, y esa convivencia es lo que llamaremos arte y literatura en el futuro.

D.A.: Las duplas nativo/extranjero y lengua/literatura se verán, por lo tanto, desbordadas. La literatura se promulgará por encima de la lengua en la cual ha sido escrita. Se vaciará para convertirse en un elemento inherente a todas naciones.

R.A.: La idea herderiana, romántica, de la identificación extrema entre la lengua y la literatura ya está desapareciendo. Pero hay muchísimos chicos jóvenes que empiezan a escribir no en la lengua materna, sino en la lengua que han elegido. Ya hay muchos escritores indios, paquistaníes que escriben en inglés, y muestra que cada vez habrá un traspase mayor. Lo importante es que no será la lengua como el lugar o como el escenario patriótico inicial, sino la lengua como el lugar de comunicación entre esos mundos que conviven en la megápolis. Eso será difícil de aceptar. En otras artes ya se ha aceptado, pero en literatura será difícil, porque hay una enorme asimilación literatura-lengua. Incluso nuestras universidades están organizadas así. En el siglo XVIII no era así, y en el XXI tampoco. Sólo en el XIX y en parte del XX se ha producido esa identificación. Uno podrá tener dos o tres lenguas. Lo habitual será que uno tenga dos o tres lenguas. Ya no solo pragmáticas, sino literarias. A algunos nos ocurre, o al menos a mí me ha ocurrido, que generalmente la lengua del amor era la lengua de la mujer con la que estaba en aquél momento, si mínimamente podía conocerlo. Si hablaba francés era el francés, si era italiana era el italiano. Era una especie de Proteo que me adaptaba a la mujer a la que quería. Tenemos que acostumbrarnos a aceptar ese proteísmo para comunicarnos con el mundo que nos rodea, esa especie de orgullo o soberbia más bien romántico-patriótica del español con el español, del catalán con el catalán, o del inglés que camina por el mundo creyendo que no hace falta saber más lenguas que la propia: eso forma parte de una especie de lengua imperial estéril. El futuro estará en el poliglotismo. Habrá policentrismo, politeísmo y poliglotismo.

[Publicado el 27/5/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: lengua, literatura, nación, proteo]

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Galería de espectros: Marat

"La muerte de Marat", Jacques-Louis David, 1793Rafael Argullol: En mi galería de espectros he visto el de Marat en la bañera.

Delfín Agudelo: ¿Te refieres al cuadro de David?

R.A.: Sí, al cuadro de David en que Marat, el líder revolucionario, se convierte en un santo patrono de la revolución francesa. Toda la preparación iconográfica que hace David para la presentación del cadáver de Marat en la bañera va dirigida a conseguir esa sacralización de lo revolucionario. En ese sentido me parece que este cuadro y el protagonismo de Marat sería la culminación de toda la liturgia, de todos los rituales, de lo ceremonial puesto en marcha por parte de la revolución francesa para parecer no solamente un nuevo proceso histórico sino al mismo tiempo una nueva religión pagana del futuro francés y de Europa. Llama la atención toda la escenografía que se construye en la revolución, la apelación al cambio terminológico de los meses, de los días, el hecho de que la propia razón, centro del futuro de la humanidad, se convierte en la diosa razón. En ese ambiente revolucionario de crear una nueva religión evidentemente se necesitaban nuevos santos, y el que está más por encima de toda sospecha es Marat, llamado por todos a considerarlo incorruptible, incluso más allá de los distintos partidos. En cualquier caso a mí me gusta en esa representación de Marat ver cómo David se declara heredero de la propia iconografía de los grandes santos laicos del pensamiento occidental. Creo que la disposición del cadáver en la bañera viene a recordar algunas descripciones de la muerte de Séneca, e incluso más lejos, la de Sócrates, aunque en ese caso se trate de un suicidio y en éste de un asesinato. Creo que esa disposición de procedencia filosófico-pagana en Marat converge con la asunción de toda la herencia sobre el cadáver de Cristo después de la crucifixión, la lamentación sobre su cuerpo, y en ese sentido Marat en la bañera sería una especie de síntesis, de híbrido entre la tradición filosófico-pagana y la propia tradición cristiana, pero secularizada. De manera que a través de una estética clasicista que daría solemnidad a todo el marco, David de alguna manera pintó al principal santo de la revolución, al protomártir, a Jean Paul Marat.

[Publicado el 23/5/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Jean Paul Marat, la muerte de Marat, revolución francesa, David]

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La dispersión urbana: Barcelonas

Carnicería del Raval (www.flickr.com/cabernicola)Rafael Argullol: Hay un evidente dificultad para realizar la novela, la película, incluso el poema de la megápolis, porque no hay este autorreconocimiento, ni su posibilidad.

Delfín Agudelo: La megápolis aniquila entonces el sentido del autorreconocimiento. Me pregunto qué pasa en la megápolis con el oriundo de la ciudad, con aquél que nació y ha vivido todo el tiempo en ella. Pienso, cómo no, en Gangs of New York, de Scorsese: la idea de los nativos contra los irlandeses. Pero vemos entonces este fanatismo de Bill the Butcher, que podemos traer a colación en la actualidad - pensando en puntuales brotes de xenofobia. Vemos así a todos aquellos que dicen que el inmigrante viene a quitar trabajo, a subir índices de criminalidad, a corromper la cultura. Aparentemente olvidan que el inmigrante también hace de la ciudad una megápolis, es uno de sus positivos creadores. La ciudad es impensable sin las voces narrativas que fluctúan dentro suyo.

R.A.: Esto se está viendo muy bien en una ciudad como Barcelona, donde en estos momentos al menos conviven tres Barcelonas pero no siempre en una ósmosis deseable. Por una lado la Barcelona de los nativos barceloneses; la otra es de los centenares de miles de inmigrantes que han llegado en el plazo escaso de diez años; y por otro lado la Barcelona del turismo magnificado, que es otro de los grandes fenómenos de esta época, que hace que centenares de miles de personas se desplacen de un lugar a otro y ocupen escenarios urbanos, que es un factor que desde luego no es para nada despreciable. Estas tres Barcelonas muchas veces tienen una coexistencia difícil y a veces incluso diría inexistente. Y en parte eso es explicable por la violencia del choque. De la misma manera que el ciudadano era hospitalario con el viajero extranjero que llegaba a la ciudad, y había ancestrales leyes de hospitalidad que afectaban en todas las culturas a ese viajero y al anfitrión que tenía que recibirlo, el turismo masivo tiene algo de nueva invasión de los bárbaros, y causa retracción en los nativos. Y con respecto a las migraciones hay que reconocer que son más difíciles de conciliar cuanto más alteridad transportan. Las migraciones campesinas que originaron el proletariado urbano que aparecen en las novelas de Balzac, Zola y Dickens, no dejaba de ser conformada por unos individuos, en muchos casos analfabetos, es verdad, pero cuya lengua era el francés o el inglés, y cuya religión era la misma que la de los burgueses que los estaban esperando en al ciudad. Eso se alteró profundamente en nuestros días. De entrada una enorme cantidad de los inmigrantes transportan otros idiomas, otras religiones, otras tradiciones, otras literaturas, otros artes, otros folclores. Ya no solo otras razas, que en el fondo sería quizá lo que es más fáRaval Power, www.flickr.com/cabernicolacil de congeniar, y de lo que más se ha hablado.

Más allá de la piel hay la identidad profunda. En ese sentido hay que tener en cuenta que las migraciones de nuestra época transportan mucha alteridad. Eso en España y Barcelona se está viendo mucho. Barcelona era una ciudad de continua inmigración, pero por lo general de otros lados de España, de gente que hablaba un idioma que también se hablaba en la ciudad, que compartía una tradición, una religión. En cambio, lo que ha sido chocante, que seguramente será estimulante pero también peligroso y puede desencadenar estallidos, es que las nuevas migraciones transportan alteridades muy fuertes, que se sitúan en el ámbito de la ciudad y generalmente desconocen por completo lo que son las señas de identidad tradicionales de los nativos de la ciudad. Tenemos una especie de juego de estratos demográficos que se está produciendo además a una enorme velocidad y hubiera sido completamente imprevisto hace tres o cuatro décadas.

[Publicado el 20/5/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Barcelona, inmigantes, migraciones]

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Narraciones de Babel

Rafael Argullol: La megápolis es ese interesante organismo desde el punto de vista de la narración.

D.A.: Las distintas lenguas y distintos relatos bien pueden ser vistos como ciudadanos. Habrá aquellos que pueden caminar tranquilamente a sus anchas por las calles, habrá otros más escondidos, saliendo sólo en la noche, y también habrá otros que serán silenciados por los inmuebles centenarios.

R.A.: En nuestras megápolis conviven dos tipos de sustratos narrativos. Por un lado el sustrato que capta esa globalización universal, en el cual se produce esa clonización de la imaginación a la que antes nos referíamos, y, como si hubiera un subsuelo, la diseminación de relatos y de narraciones que provoca la nueva tribalización urbana. Dicho de otro modo: por un lado hay unos medios de comunicación hegemónicos, unas industrias culturales de gran poder que ofrecen una suerte de tiranía continua de la actualidad. Esa tiranía de la actualidad tiende a lo uniforme, a modelos crónicos, a focalizar mucho el presente de manera que se provoca una rápida amnesia respecto al inmediato pasado, y en definitiva lo que provoca esto es una especie de vertiginoso relato vertical de cada uno de nuestros momentos, que se veía acompañado de una perspectiva horizontal sin unos referentes claros. Eso es lo que podríamos llamar lo que está a la superficie, lo que está engarzado en los grandes centro de producción, de comunicación entre culturas de nuestra época. Pero junto con esto, evidentemente, nuestra megápolis ha creado toda una serie de circuitos subterráneos en que se cruzan y fecundan toda una serie de narraciones y de tradiciones narrativas que tienen una vivacidad extraordinaria. Por un lado tenemos el discurso hegemónico, potente, uniforme, cohesionado, estructurado, y por el otro lo que sin duda podríamos llamar el mundo del nuevo subsuelo, en el que hay una extraordinaria vitalidad fragmentada y en el que diseminada se está produciendo muchos diálogos y muchas conversaciones inimaginables del siglo XIX o XX. Hay esa fusión de comunidades que llevan sus propias tradiciones, y esto está originando una especie de caos narrativo que puede ser extraordinariamente fértil en el futuro, pero que evidentemente siempre tenderá a ser asfixiado y obturado por lo que es el discurso monolítico que está gestionado desde los medios del poder.

 

[Publicado el 07/5/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: narraciones, sustratos, comunicaciones]

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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