El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
jueves, 4 de diciembre de 2008
Rafael Argullol: Uno de los precios de la idolatría es la amnesia, le pérdida de la memoria, y por esto el idólatra carece de ésta al adorar constantemente nuevos ídolos.
Delfín Agudelo: ¿Pensarías que esta pérdida de la memoria y constante variación del ídolo implicaría que ya no tengamos ningún tipo de mitología? Hablabas del hiperracionalismo: ante tanta variedad y cambio, ante una satisfacción que nos obligamos a tener, ¿dónde queda parte de ese mundo que te guía más hacia un bienestar propio o realización?
R.A.: Fíjate que una de las dificultades en las que nos encontramos en este mundo es la complejidad y lo arduo que es la construcción de mitos propios. Pienso que la existencia, a medida en que pasan los años, está formada tanto por nuestros actos empíricos cuanto por aquellos mitos que nosotros vamos creando alrededor de estos actos. La libertad es construirse a uno mismo, y uno se construye a través de sus acciones, elecciones, y también su capacidad para crear un mito personal -un universo imaginativo y mítico personal-, cosa que hacemos desde la infancia. En la medida en que existe una gran presión ambiental- en cierto modo uniformadora, idólatra-idolátrica-la cual tiende a ofrecerte mitos exteriores que de alguna manera son para ti, para mí y para mil personas más las mismas. En esa misma medida más dificultad tiene el individuo para crear sus propios mitos personales, sobre todo si eso llega a exacerbarse hasta el punto de que es una invasión del horizonte imaginativo.
En los últimos tiempos me llama mucho la atención que la publicidad o la propaganda -porque a la publicidad siempre la llamo propaganda, que muchas veces está evocada en los mecanismos totalitarios de propaganda que se inventaron en el siglo XX-tiende a abarcar todas las esferas. Hubo un momento en que la publicidad se ocupaba del aspecto vinculado a lo económico o social; ahora ha incorporado también aspectos supuestamente metafísicos o espirituales. Últimamente, por ejemplo hay una publicidad que quiere sintetizar lo que fue Mayo del 68 a través de la consigna "Sed realista, pedid lo imposible". Esto quiere decir que la publicidad que en el fondo es la gran oración idolátrica de nuestra época, la que comparten masas inmensas y la que en cierto modo es creada por los sacerdotes de nuestros días, tiende a invadir la propia imagen individual y tiende a usurpar tu propia libertad para crear tus mitos. Y claro, eso se hace con una tecnología masiva sin precedentes. Si nosotros queremos comparar no es lo mismo suscitar la idolatría del becerro de oro o las idolatrías de sectas que podían tener diez, cien o mil sectarios, que las idolatrías actuales que a través de estas oraciones propagandísticas y colectivas pueden abarcar fulminantemente al mismo tiempo en los cinco continentes las mismas informaciones y al mismo tiempo reciben las mismas interpretaciones míticas. Reciben la realidad y el sueño, o la realidad y el mito, en forma inmediata y simultánea. Esto es lo que podríamos llamar nuestra idolatría a comienzos del siglo XXI; si bien es cierto que guarda conexiones con todo lo que ha sido la actitud idolátrica a la cual ha sido proclive el ser humano en todas las épocas, está regida por unos mecanismos completamente nuevos, sin precedentes en cuanto a su poder de intervención.
[Publicado el 17/7/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: publicidad, idolatría]
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Búsqueda espiritual y culto idolátrico
Rafael Argullol: En este sentido una de las cosas que distingue más claramente la idolatría de la espiritualidad es que mientras que la espiritualidad siempre conserva el misterio y la duda ante la trascendencia del ser humano, la idolatría viene caracterizada por el ofrecimiento de beneficios inmediatos, de resoluciones inmediatas, de regalos inmediatos para quien tenga ese culto o esa adoración.
Delfín Agudelo: La idolatría, tal como la conocemos, no resultaría un producto de la cultura actual. Sin embargo, ¿podríamos decir que esta necesidad de idolatría está conectada con la misma necesidad de espiritualidad, así hayas visto dos elementos diferenciados por el misterio? ¿Por qué el regreso- o quizás en ningún momento ha desaparecido- a la idolatría? 
R.A.: Hay una característica que es inherente a la condición humana, y es la propia necesidad trascendente del hombre que le lleva frecuentemente a erigir ídolos. No creo que sea el camino. Yo pienso que el camino es atravesar el misterio, mas no erigir ídolos a los que adorarás; pero éste ha sido un movimiento muy habitual del hombre ante sus propios miedos y sus propias limitaciones. Ahora bien, esta tendencia idolátrica en nuestra época tiene unas características propias, que casi me atreveré a definir como esa necesidad de actualidad o vértigo permanente en la que vive el habitante de nuestra época. Él cree que de alguna manera entra en posesión del mundo y de las cosas casi de manera mágica e inmediata. Esa posesión inmediata le hace que mientras dura la posesión se sienta a salvaguarda y a salvo; incluso feliz. En el momento en que se le evapora la posibilidad de la posesión es cuando entra en crisis, en ansiedad y angustia. Pero fijémonos que todo está planteado en términos de inmediatez. La realidad es la actualidad, es aquello que sucede inmediatamente; y es aplastada por otra realidad al cabo de dos días. Porque uno de los precios de la idolatría es la amnesia, le pérdida de la memoria, y por esto el idólatra carece de ésta al adorar constantemente nuevos ídolos. Necesitamos alimentar continuamente esa inmediatez de la posesión, esa producción de actualidad. Y eso lo realizamos en todo. Inventamos continuamente acontecimientos que de una manera caníbal vamos devorando, y esa también es otra de las servidumbres de la idolatría respecto a la búsqueda espiritual: que tiene este lado caníbal, o de autocanibalización por parte del idólatra.
La búsqueda espiritual exige reposo, sedimentación, de una estrategia a medio y largo plazo, mientras que la idolatría se plantea siempre en el corto plazo. Por eso oímos hablar tanto de hedonismo, pero de un hedonismo que de alguna manera es de baja intensidad, low-cost, light, fácilmente realizable. Un hedonismo en el cual no hay exploración y aventura. En la idolatría no hay tal cosa: tienes el ídolo, tienes el regalo que inmediatamente te va a dar a partir de tu culto y adoración; no te hace falta la duda, no te hace falta la pausa y la lentitud porque todo se produce inmediatamente. Tienes al ídolo que responde a tus expectativas. Cuando no lo hace, vas a uno nuevo. En cambio, lo que creo que caracteriza la búsqueda o saber espiritual, es algo basado en una dinámica de exploración y aventura en la cual cada conocimiento tiene por otro lado un misterio, en el cual nunca entras en posesión inmediata de las cosas.
[Publicado el 16/7/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: espiritualidad, idolatría]
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La nueva idolatría. Hiperracionalismo idolátrico
Rafael Argullol: Nuestra época presume de un gran racionalismo y sin embargo está repleta de nuevas idolatrías.
Delfín Agudelo: ¿Pero no estamos acaso frente a una idolatría por el mismo hiperracionalismo?
R.A.: En parte el propio hiperracionalismo de nuestra época se ha constituido en una idolatría. Veamos por ejemplo la idolatría que se produce no a través de la ciencia pero sí a través de algunas supuestas consecuencias de la ciencia, como puede ser la medicina estética o toda una serie de suposiciones alrededor de la eterna juventud. Nuestra época ha elegido nuevos ídolos alrededor de mitos que han sido recurrentes en la historia humana como es el alcanzar esta supuesta eterna juventud. En este sentido una de las cosas que distingue más claramente la idolatría de la espiritualidad es que mientras que la espiritualidad siempre conserva el misterio y la duda ante la trascendencia del ser humano, la idolatría viene caracterizada por el ofrecimiento de beneficios inmediatos, de resoluciones inmediatas, de de regalos inmediatos para quien tenga ese culto o esa adoración. Creo que esta es la frontera claramente definible entre la búsqueda espiritual del hombre y la adoración idolátrica que se conoce a través de diversos mecanismos. La danza alrededor del becerro de oro -que es una de las grandes metáforas bíblicas- es una danza en ese sentido permanente, que se va reproduciendo; lo que ocurre es que es una danza que va cambiando de forma y ritmo, incluso de vestiduras, de máscaras. Sin embargo, en nuestra época es una danza que se presenta con gran vértigo.
[Publicado el 15/7/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: idolatría, racionalismo, espíritu]
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Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
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