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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 22 de septiembre de 2017

 Blog de Rafael Argullol

Medicina y humanismo

Glosa de Rafael Argullol en la entrega de la Medalla de Oro al Mérito Cívico al Hospital del Mar de Barcelona. Saló de Cent, Ayuntamiento de Barcelona, 2 de febrero de 2015

 

Alcalde, regidores, señoras, señores.

Es para mí un honor y un placer dirigirme a ustedes para rendir homenaje al Hospital del Mar con motivo de su centenario y de la concesión de la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Barcelona. Aunque no soy médico, sino escritor y profesor de Humanidades, he tenido una relación muy cercana con la medicina. Primero, cuando era muy joven, porque inicié la carrera, interrumpida. Más tarde, en búsqueda de otros conocimientos, y posteriormente porque he utilizado numerosas metáforas médicas en mis textos a lo largo de mi trayectoria literaria. Siempre he creído que el mundo de la palabra y el mundo del cuerpo tienen historias paralelas y que, si la medicina busca curar lo que los antiguos denominaban la physis, la literatura y la filosofía buscan la curación del espíritu.

No soy médico, pero estoy en condiciones de valorar la ética y la épica de la medicina. Y la historia del Hospital del Mar es, también, una historia de épica y de ética, desde su fundación hasta la actualidad.

También es una historia en la cual la ciudad, Barcelona, y el mar juegan un papel fundamental. Respecto a este último, podríamos recordar que estamos hablando de un hospital con una situación única, casi adentrado en las aguas del Mediterráneo, rodeado por un barrio que había tenido una fuerte vocación marinera. El mar tiene, creo, un importante poder terapéutico y catártico. Es, para la vista, lo que la música para el oído. Una vez, hace algunos años, conocí a un gran médico y escritor polaco que había organizado la unidad de curas intensivas del Hospital General de Cracovia. Desde el primer momento, incluyó la música entre estas curas. Cuando le dije que el mar sería el complemento visual idóneo, aprobó la idea con entusiasmo. El Hospital del Mar es, y con todas las consecuencias, mar. Y es Barcelona. Aunque en la actualidad está a la espera de nuevos aggiornamenti, propios del siglo XXI, en 1992 se presentó ya, con motivo de los Juegos Olímpicos, como un moderno establecimiento dedicado a la medicina, la cirugía y la investigación. Antes, la crónica se remonta a 1914, fecha de su fundación, un año en que Europa se llenaba de tinieblas y Barcelona conoció un trienio dorado. El Hospital del Mar, nacido como Hospital de Infecciosos, está más cerca de las tinieblas que de lo otro, más próximo a los miserables que a los poderosos. Quiere ser el muro sanitario que ha de defender la ciudad de las epidemias. Esto nos muestra cuál es la primera voluntad del Hospital del Mar y, también, del vínculo con la ciudad.

Porqué, aunque sea brutal decirlo así, las epidemias marcan a una ciudad tanto como sus sueños. El maravilloso sueño del Renacimiento florentino se engendra entre los estragos de la peste negra que asoló Europa y, en particular, la capital toscana. Para vivir sueños una ciudad ha de hacer frente a sus epidemias, también a las espirituales, que están siempre al acecho. Como Hospital de Infecciosos, título oscuro y maldito, el Hospital del Mar nace en 1914 para luchar contra las epidemias físicas y, desde entonces, tiene una larguísima tradición al servicio de la ciudad, hasta llegar a ser, después, un hospital generalista. Hay muchos episodios de esta lucha donde se confirma la ética y la épica de la medicina. Déjenme hoy rememorar solo uno: aquel que nos explica el bombardeo del Hospital durante la Guerra Civil y su traslado, más o menos improvisado, al Hotel Florida, al pie del Tibidabo. Leer esta narración de hechos, ver la actitud de los médicos y del personal sanitario, observar cómo, en condiciones durísimas, se quiso mantener el funcionamiento hospitalario emociona, reconcilia y demuestra la fortaleza del ser humano frente a las adversidades, aquello que, en medio de decepciones y escepticismos, nos hace que nos sintamos orgullosos de pertenecer a la humanidad. Lejos de su mar, en la otra parte de la ciudad, en la precariedad del Hotel Florida, el Hospital selló su pacto de sangre, su compromiso con la ciudad.

Este compromiso continúa, aunque ya hace muchos años que no se denomina el Hospital de Infecciosos y que no se circunscribe a combatir epidemias sino que se ha extendido a todas las ramas de la medicina. Y el compromiso continúa gracias al carácter social y comunitario del Hospital, a su voluntad innovadora y a la apuesta por la investigación. La medicina ha de estar al servicio de la sociedad. No es un trabajo más, no es un negocio ni es solo una profesión. No es una actividad privada. O no debería serlo. Debería ser un servicio y debería ser una pasión porque concierne a uno de los territorios más frágiles y fascinantes de la existencia: aquel donde confluyen el miedo y la esperanza. Si leen o releen los principios de Hipócrates comprobarán hasta qué punto estos términos juegan entre ellos. Ahora ha desaparecido la declaración hipocrática de las salas de espera. Antes nos la encontrábamos habitualmente y, como enfermo, era tranquilizador.

A propósito de las salas de espera, déjenme hacer una reflexión literaria y filosófica. En uno de mis libros indiqué, un poco provocadoramente, que las salas de espera serían los espacios idóneos para hacer representaciones de teatro antiguo y, también, posiblemente del moderno. En ninguna otra parte se concentra tanta quinta esencia del miedo y la esperanza. En ellas se vive la condición humana en estado puro. Hombres, mujeres... sentados o de pie, arriba y abajo. Esperan. Pero ¿qué esperan? En ocasiones noticias más o menos triviales; otras veces noticias que cambiarán para siempre sus vidas. Esperan. Con miedo y con esperanza. Las puertas se abren y se cierran. Para algunos es la rutina; para otros el destino que puede trastocarlo todo. A menudo es la condición humana llevada al límite.

Afortunadamente, junto con el miedo hay esperanza. Si algún hospital -el Hospital del Mar, por ejemplo- se propusiese hacer realidad mi propuesta se podría representar el Prometeo encadenado de Esquilo, con su escena central, cuando el titán filántropo explica cómo ha alejado a los hombres del no-sentido y del nihilismo. Dice: "Les he dado ciegas esperanzas". Les he dado fuerzas en medio de la oscuridad para fundar la civilización. El lector de Esquilo se encuentra con la concepción griega de la cultura humana. Surgen la agricultura, la ganadería, la minería, el lenguaje, las matemáticas, la astronomía y... la medicina.

En la sala de espera se representaría, el surgimiento de la medicina.

La medicina es, si creemos a Prometeo, hija del miedo y de la esperanza. Hija del dolor que provoca el miedo y de la esperanza de superar, de curar, este dolor. Los griegos utilizaban la misma palabra, elpis, para espera y esperanza. Por ello las salas de espera son, metafóricamente, los pasajes de confluencia entre el enfermo y el médico, entre los dos protagonistas de este relato. El médico no existe sin el enfermo y la medicina tampoco existe sin la tensa dialéctica entre dolor y curación. Como consecuencia, la medicina no puede ser meramente una actividad o un negocio privado. Ha de estar al servicio de la comunidad, del hombre. Y quien lo ejerce ha de hacerlo con la pasión por aquello que es humano, dispuesto siempre a reconocer el protagonismo del enfermo.

Junto con la medicina comunitaria, se hace más necesario que nunca reivindicar al médico humanista. ¿Y que es un médico humanista a principios del siglo XXI? Hace cuatro años tuve la fortuna de escribir un libro de conversaciones con el Dr. Moisès Broggi.

En aquel entonces él tenía 103 años y, como es sabido, una dilatadísima dedicación a la medicina y a la cirugía. Había visto la evolución de la figura del médico y los cambios en la consideración del enfermo. Le preocupaban fundamentalmente dos aspectos: la separación entre especialidad y visión unitaria del cuerpo, por una parte y, por otra, el alejamiento entre enfermo y médico. Creo que un médico humanista en nuestros días es aquel que trata de superar estas dualidades. Durante el Renacimiento la gran conquista fue la unificación entre teoría y práctica. Ya no eran el herrero o el barbero, como en los cuadros de Brueghel o El Bosco, los que operaban sino que era el médico quien se enfrentaba directamente al cuerpo. El reto hoy en día es leer de nuevo el cuerpo en su integridad con el respaldo de los revolucionarios saberes que proporciona la especialización. La medicina es conocimiento y catarsis, curación para la técnica y curación para la palabra.

Tengo amigos muy apreciados en el Hospital del Mar y sé que, en buena parte, comparten estos criterios. Cien años después de su nacimiento, el propio Hospital es una buena muestra de aquella épica y de aquella ética de las cuales hablaba al principio. Con una historia difícil, dura y gloriosa, el Hospital del Mar se ha ganado el prestigio científico y médico que tiene ahora. También se ha ganado un lugar privilegiado en el corazón de los barceloneses, que ven este recinto del dolor y la esperanza, casi bañado por el mar, un elemento indispensable de su memoria urbana y de su paisaje sentimental.

Muchas gracias al Ayuntamiento de Barcelona por este merecidísimo reconocimiento. Y muchas felicidades a los amigos del Hospital del Mar. El reconocimiento del esfuerzo siempre nos hace más grandes.

Rafael Argullol
2 de febrero de 2015

[Publicado el 07/6/2015 a las 17:40]

[Etiquetas: medicina, humanismo, hospital del mar]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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