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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 26 de agosto de 2019

 Blog de Rafael Argullol

¿Renunciar a la espera?

Rafael Argullol: Si el hombre fuera capaz de crear absolutamente la vida anularía las incertidumbres del futuro y llegaría a una situación de dominio sobre su propia existencia y sobre lo que hemos llamado destino.

Delfín Agudelo: Pero el hombre avanza como el caracol con su casa a espaldas: nunca podrá librarse del destino, de su temor y de su zozobra, porque a lo largo de los siglos el destino ha sido precisamente una de sus grandes preocupaciones inherentes a su esencia misma. Nuestros tiempos modernos nos han inundado de nuevas y más complejas incertidumbres.  

R.A.: Evidentemente lo que ponen de relieve las obras modernas en las que se reformula el mito prometeico desde Frankenstein a Blade Runner y a tantas películas es que la zozobra humana, en la medida en que intenta dominar ese territorio de incertidumbre que es la relación del presente y futuro, se genera en nuevos territorios de incertidumbre.  Es la lógica del Prometeo griego, es la lógica del moderno Prometeo; pero en la medida en que el doctor Frankenstein creía que había dominado la vida, esa vida plantea nuevos problemas, y es la misma lógica que nos afecta en nuestro siglo XXI en el momento en que todos nuestros avances científicos parecen espectaculares al corto plazo. Por ejemplo en el terreno de la genética, de la neurología, de la comunicación, de la astronomía vemos avances que en lugar de llevarnos a un dominio de esta incertidumbre mediante su anulación lo que hace es crear nuevos territorios de incertidumbre. Es la lógica de lo que llamo el archipiélago: colonizar una isla y cuando ya estás en la otra punta te das cuenta de que hay más islas esperando. Saltas, colonizas, y cuando llegas al final te das cuenta de que hay en racimo otras esperando. Y eso nos lleva al principio: la esperanza que es lo que plantea Prometeo, la esperanza en la posibilidad de reducir al máximo la angustia es buena o mala.

Es muy difícil dar una respuesta, porque por un lado parece que nos lleve a una carrera sin fin, pero por otro lado sería mejor, quizás, como han dicho algunos filósofos y pensadores y escritores, sería quizás mejor desprenderse de la esperanza y en ese sentido no emprender esa carrera sin fin de isla en isla y archipiélago en archipiélago. Es difícil y ese dilema, esa dificultad de optar, ha guiado a la humanidad desde un principio y nos sigue llevando en nuestros días. Te daré un ejemplo muy claro, que es de la llamada ecología, cambio climático, etc.: literalmente no sabemos qué hacer con eso, pero no solo porque haya enormes intereses creados al respecto, sino porque al hombre le cuesta mucho auto-otorgarse un estatuto de quietud, de pasividad. No es solo que el capitalismo, el mercado, etc., con sus intereses dificulten una fórmula universal sobre el cambio climático o sobre la ecología, sino porque la propia lógica de la condición humana hace que sea muy difícil que el hombre llegue a plantearse una especie de detención el la carrera y se diga: "No voy a avanzar más en determinados territorios, renuncio a la colonización y transformación porque a la larga sé que serán negativas". Eso será muy difícil porque el hombre a la corta espera -y de nuevo sale el término esperanza- pretende que esas colonizaciones le reporten ventajas no solo económicas, sino de felicidad, de bienestar, etc. El tema de la esperanza también nos lleva a esa dificultad humana de medir los ritmos. El largo plazo y el corto plazo. Al hombre se le puede decir al largo plazo "lo conveniente es esto", pero claro, nosotros, por nuestra propia incertidumbre, nos movemos en el corto plazo. Es muy difícil convencer al hombre que renuncie al corto plazo. 

[Publicado el 03/12/2009 a las 09:00]

[Etiquetas: avances tecnológicos, espera, Frankenstein, Prometeo, ecología]

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Espera y conciencia del tiempo

Rafael Argullol: En nuestro momento también nos movemos en esa especie de doble dirección. A veces nos parece que esperar es muy bueno y a veces no.

Delfín Agudelo: Pienso en la esencia misma de la esperanza o la espera como un elemento inherente al hombre mismo. En términos prometeicos pienso en Frankenstein o el moderno Prometeo, que tiene esta dimensión un tanto profética sobre lo que será el devenir científico. Es casi como si la esperanza implicara un pesimista destino irreprimible del cual nunca podrá deshacerse. Si pensamos en el doctor Frankenstein, con esa increíble facultad visionaria de muchas de las cuestiones que se nos plantean en la actualidad- los clones, la creación de la vida, una gigantesca sobreproducción humana con fines determinados-, contemplaríamos ese destino ineludible, ya que su avance estará vinculado a la desgracia.

R.A.: Creo que el hombre es fundamentalmente un animal que tiene conciencia del tiempo, y evidentemente por tanto de la muerte, pero sobre todo del tiempo. Y como tal ese animal que ha llegado a una conciencia del tiempo más o menos refinada tiene dos enormes preocupaciones: el tiempo como pasado y el tiempo como futuro. La primera preocupación se refleja en la gran meditación humana alrededor de la memoria y del recuerdo, tanto individual como colectivamente: el recuerdo de la memoria de nuestro pasado o infancia, el recuerdo de la memoria del pasado colectivo, a lo que llamamos Historia, el recuerdo y la memoria de los antepasados que ha generado ritos funerarios; en definitiva, esa relación entre el presente y el pasado que ha marcado el nacimiento y desarrollo del arte. Por eso era oportuno entre los antiguos griegos que la memoria, Mnemósine, fuera la patrona de las artes y de las musas.

Ahora, por otro lado, el hombre ha tenido la otra dimensión de preocupación: la relación entre le presente y el futuro, y es ahí donde ya no solo entra la meditación sino la acción, y la acción quiere decir el intento humano de reducir al máximo los territorios de la incertidumbre, porque el futuro se ve siempre como una incertidumbre radical, y en la medida en que nosotros nos ilusionamos con la idea de poner coto a esa incertidumbre, en esa misma medida el hombre ha creído que sería más feliz. En cierto modo toda la evolución de lo prometeico va en esa relación. Prometeo ya quiere decir "el que prevé", el que intenta de cierto modo reducir el riesgo del futuro. Predecir, prever: eso lo encontramos en todas las grandes opciones prometeicas modernas, empezando por la obra literaria a la que has aludido y que ha reformulado el mito de Prometeo en el mundo moderno que es el Frankenstein. Allí el mito de la técnica y el mito del conocimiento científico es trasladado a un intento de reducir al máximo esa incertidumbre. De hecho, si el hombre fuera capaz de crear absolutamente vida, es decir, de recrearse absolutamente él mismo, en teoría anularía prácticamente lo que son las incertidumbres del futuro y llegaría a una situación de dominio sobre su propia existencia y sobre lo que hemos llamado destino.

[Publicado el 30/11/2009 a las 21:04]

[Etiquetas: Prometeo, Frankenstein, espera, esperanza]

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Galería de espectros: el doctor Frankenstein

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto al del doctor Frankenstein.

Delfín Agudelo: Te refieres al personaje de la novela de Shelley.

R.A.: Sí, me refiero a la conocida historia de Mary Shelley, y a uno de los momentos que me parece más conmovedor de la historia, que es cuando el doctor Frankenstein, el creador del monstruo, de la criatura, lo va persiguiendo por loKenneth Branagh como Doctor Frankenstein, s confines de la tierra, por los desiertos, por las llanuras heladas del norte. Lo va persiguiendo para acabar con él; al mismo tiempo, la criatura o monstruo creado trata de vengarse de su creador. Ahí se origina un círculo en el cual nos espejeamos todos los hombres. Desde el principio los hombres han creado a sus dioses y han creado la  noción de Dios para, por un lado, poder tener una idea de poder absoluto que ellos no poseen; y para, por otro lado, poder responsabilizar a otra instancia de aquello de lo que carece. Este juego entre hombres y dioses es sintetizado en la época del progreso, en la época de la tecnología o el inicio de la tecnología moderna, a través de la figura de este doctor Frankenstein que intenta llegar a la creación absoluta- y al llegar a ésta crea también sus propias sombras. Desde el punto de vista de la criatura nos reconocemos también porque siendo como somos, en cierto modo, la consecuencia de la unión de diversos fragmentos que nunca logramos tener completamente unidos, nos sentimos siempre enajenados, desasistidos, carentes de una protección, de un amor, de una verdad. Es a través de estos mecanismos que el monstruo Frankenstein sabe asumir muy bien que no reflejamos nosotros. Por eso también él, como nosotros, aspira a un mayor amor, a unos mayores y más profundos sentimientos, y aspira a conocer un destino que evidentemente nunca logrará conocer.

[Publicado el 01/8/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Galería, espectros, Mary Shelley, Frankenstein]

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Angustia de la perfección

Rafael Argullol: En nuestro mundo, llegar al paraíso es una especie de juego sin reglas, cosa que se advierte en nuestros días en que renacen los mitos de la inmortalidad y la eternidad en la medicina, en la genética, en la bioquímica, y hay una especie de lucha de todos contra todos y una incorporación plena de la rapiña capitalista a lo que es la formulación contemporánea de estos mitos.


Delfín Agudelo: En estos mitos siempre se da la misma condición: el humano toma el papel de Dios. Tu mención a Blade Runner repite lo de Frankenstein: la creación se rebela ante el creador. Por esto se considera la novela de Mary Shelley como una de las primeras obras de ciencia ficción, puesto que es un tema muy recurrente, casi el juego teatral del hombre como dios y su criatura que se va en contra suyo, que no es más que una puesta en escena que sucede una vez se derrumba el esquema cristiano, o la muerte del dios teológico Otro caso claro es 2001: Odisea al espacio, sobre todo cuando el computador central Hal no deja entrar al hombre a la nave espacial, y es la “criatura” diciéndole al creador: “Usted está alterado, no puedo dejarlo entrar, quiero mucho a esta máquina”; es prácticamente la máquina hablando del humano como un virus que no quiere dejar entrar en su cuerpo. La humanidad se ha encargado de hacer variaciones sobre la idea del paraíso perdido, del ser primigenio una vez desarrollado que va en contra.

Rafael Argullol: Son variaciones sobre un esquema mucho más antiguo que el que puede formular la ciencia ficción moderna. En realidad la ciencia ficción moderna es hija directa de la ciencia ficción antigua, que eran los mitos antiguos, incluidos los bíblicos. El problema de Hal en 2001, de los replicantes en Blade Runner o de la criatura en Frankenstein es que nosotros pretendemos la perfección: cuando queremos reconstruir el paraíso queremos reconstruir una perfección respecto a la cual tenemos nostalgia. Al reconstruir esa perfección intentamos precisamente que no tenga nuestros sentimientos imperfectos, nuestras sensaciones e angustias imperfectas. Lo que ocurre es que a través de ese juego de espejos al que antes aludía, resulta que todas esas criaturas, cuanto más perfectas técnicamente las creamos, más incorporan nuestras propias imperfecciones o tensiones y contradicciones espirituales. ¿Qué ocurre con la criatura Frankenstein? Que incorpora problemas típicamente humanos cuando su creador había querido para su criatura una gran perfección física, pero sin las tensiones espirituales típicas humanas. ¿Qué ocurre con los replicantes? Su creador también quería de alguna manera cuerpos perfectos dotados de belleza extraordinaria para funciones determinadas, pero no quería que se incorporara la ambivalencia e inestabilidad emocional, que es lo que finalmente se incorpora, y ellos mismos acaban preguntándose por el tiempo y la muerte. Hasta el ordenador Hal es tan perfecto que en un momento determinado sus combinaciones técnicas le llevan a concebir sentimientos, entre éstos el de los celos, uno de los más manifiestos de nuestra herida simbólica inicial. Esta es la paradoja: cuando nosotros sentimos nostalgia del paraíso, queremos crear un paraíso, pero quisiéramos que este paraíso fuera tan perfecto que no incorporara nuestras propias contradicciones. Pero inevitablemente, como en un juego de contagio, se lo damos; es una rueda cósmica que parece que rige toda la vida.

 

[Publicado el 27/3/2008 a las 08:50]

[Etiquetas: 2001: odisea al espacio, Blade Runner, Frankenstein, paraíso]

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Criaturas y creadores

Rafael Argullol: Adán y Eva estaban en la misma condición del andrógino. De hecho, Adán y Eva forman una unidad andrógina primigenia antes de ser expulsados del paraíso.
Delfín Agudelo: Pensando en variaciones o episodios de seres primigenios, se me viene a la cabeza Frankenstein. Me parece interesante traerlo a colación cuando se tiene en mente la situación de Adán y Eva, puesto que tiene el irredimible y trágico castigo de la soledad—no tiene ninguna religión a la cual acudir para solventar su estado y sabe que nunca tendrá una compañía amorosa. Así como Adán y Eva cuando caen tienen la noción epifánica del amor a sí mimos— la conciencia del ser—, Frankenstein desarrolla lo contrario, que es el rechazo a sí mismo, y es casi una mezcla, me atrevería a decir, entre Job y la pareja edénica, porque es el reclamo absoluto al Doctor Frankenstein del por qué lo ha creado, pregunta que surge con todas las connotaciones que la obra implica: la facultad del lenguaje, y sobre todo del lenguaje poético. No le pide la muerte, pero sí la explicación de su creación.
Rafael Argullol: Es un poco las cajas de muñecas rusas en las que estamos colocados a lo largo de la modernidad, al menos desde le renacimiento: el hombre nostálgico, sintiendo la profunda escisión que ha significado la caída, quiere llegar de nuevo al paraíso. La pérdida del paraíso implica el intento de llegar de nuevo al paraíso. En la tradición religiosa, llegar de nuevo significa llegar a la nueva Jerusalén, o a la resurrección de la carne, al cuerpo glorioso, toda una serie de figuras escatológicas de la tradición cristina que vendrían a ser la resolución de la simetría paraíso-paraíso perdido-paraíso recobrado. Lo que ocurre es que llega un momento justo en el renacimiento, con la entrada en crisis del edificio espiritual cristiano en Europa, y el funcionamiento de las nuevas fuerzas liberadoras—el racionalismo y la iluminación—, que el tema de ese juego nostálgico del paraíso que lleva a la necesidad de recuperarlo se traslada del cielo a la tierra, de lo ultraterreno a lo terreno. Es cuando nace esa fuerza fundamental, demoníaca y llena de contradicciones del hombre moderno. Se intenta entonces realizar el paraíso en la tierra a través de las fuerzas de la técnica, del progreso y la técnica, de la revolución social, de diversos ámbito a través de los cuales el hombre aspirará a crear este nuevo paraíso. El caso Mary Shelley es evidente: sigue una idea que ya expuso el joven Goethe en el poema “Prometeus”, que inspiró mucho su obra —Frankenstein o el moderno Prometeo. El joven Goethe, que aún se movía en la órbita del sturm und drang, dice: “Ahora no te necesitamos, Dios. Ya tenemos la autonomía, la fuerza suficiente para crear absolutamente, o hundirnos en el intento”. Creo que en la novela de Shelley el Doctor Frankenstein es el producto de ese proceso. Crear una criatura perfecta, pero se cuela la imperfección del mal por medio. Entonces el resultado es híbrido, y esta criatura perfecta reproduce los mismo problemas que tiene la misma conciencia humana. Esta saga ha tenido varias continuaciones, y una de ellas, obvia, es Blade Runner. Se remonta a los replicantes que siguen el mismo proceso, a crear la criatura perfecta que entra en contradicción: empieza a pensar en términos de escisión, compañía, muerte, y quiere saber, el juego de espejos del hombre que también quería saber, el tema del Doctor Frankenstein y Prometeo.

[Publicado el 25/3/2008 a las 09:52]

[Etiquetas: Frankenstein, Adan y Eva, Prometeo, Goethe, Mary Shelley]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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