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El blog literario latinoamericano

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jueves, 20 de noviembre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'filosofia'

Aristocracia del espíritu, democracia de la expresión

Rafael Argullol: En lugar de enterrarse de una manera rancia y claustrofóbica en esa especie de laboratorios teóricos —que pueden servir mucho al gremio de los profesores de filosofía para sus pequeñas vidas y sus pequeños currículums—, debería dedicarse a algo que sirva para la filosofía misma.
 
Delfín Agudelo: ¿Abogarías por una democratización de la filosofía? ¿O por una filosofía que esté más alcance de todos, en cuanto a su lenguaje?
 
R.A.: El mundo del espíritu es aristocrático en la medida en que es una búsqueda individual y se somete a sí mismo a pruebas iniciáticas. No me parece una buena metáfora la democratización del mundo del espíritu; pero sí me parece la de democratizar la expresión de ese mundo a través de lo literario, artístico o imaginista. Para mí el binomio perfecto, por así decirlo, sería el aristócrata del espíritu que se expresa por todos los medios democráticos propios de la ciudad en la que vive. Soy completamente contrario de la secta estilística. Soy partidario del máximo rigor espiritual, pero adversario de la abtrusidad y secta estilística, si bien es cierto que sería buena la máxima democratización de la expresión. Pero eso tampoco es el arte. La conciliación entre espíritu y arte es por un lado lo minoritario del rigor mas lo mayoritario de las sensaciones.

[Publicado el 09/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: espíritu, filosofía, lenguaje filosófico]

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Estilo y espíritu

Rafael Argullol: Pero en general se ha impuesto una abstrusidad lingüística que ha llevado a la filosofía a un cierto callejón sin salida.
Delfín Agudelo: El callejón sin salida del que hablas me recuerda el Affaire Sokal, que consistió en escribir un paper académico en un estilo puramente posmodernista que implicaba una oscuridad sin sentido. ¿Se debe acaso este callejón sin salida a la    investigación filosófica en sí misma, en su sentido temático, o al lenguaje con el cual se escribe, su mero discurso estliístico-académico?
R.A: Me refiero a las dos cosas. Frecuentemente en el siglo XIX, por ejemplo, de la mano del idealismo, como en el siglo XX de la mano de un movimiento contrario y antagónico como lo es neopositivismo lógico, se ha caído en el error de creer que la investigación filosófica llevaba consigo la necesidad de ser un lenguaje de fuerte oscuridad léxica. Creo que en ambos casos, que se trata de movimientos contrarios, es un error. Me da la impresión de que la filosofía, también en la época moderna, ha llegado a lo mejor de sí misma en el momento en que ha recuperado la que creo era su voluntad original, de ser una escuela del saber y por tanto de la vida: en el momento en que la filosofía no pretende ser exclusivamente de conocimiento teorético sino que quiere ser casi diríamos un modo de existencia, un modo de saber la existencia, un modo de penetrar en la existencia.
Para que esto sea así, evidentemente tiene que partir de la experiencia. Dicho con otras palabras, tiene que partir de un reequilibro entre el mundo de las ideas y el mundo de las sensaciones que frecuentemente no se da. Por tanto, creo que para que la filosofía vuelva a asumir su condición armonizadora y mediadora en el terreno espiritual, tiene que renunciar al oscurantismo y eclecticismo, muchas veces propios ámbitos académicos cerrados, y volverse a abrir a esa original visión que sería ser escuela de vida y de conocimiento. Por eso sigue siendo valioso el nombre, filosofía como voluntad de saber más que el dominio del saber, que se va abriendo paso a través de la propia experiencia. Naturalmente por esa cuestión en mi caso siempre he tendido el carácter importantísimo de lo estético como un camino filosófico, porque lo estético es aquello que permite la parte sensitiva de la experiencia humana, y creo que el mundo de las ideas que puede proporcionar la filosofía debe nutrirse fundamentalmente a través de lo sensitivo. Podemos fijarnos en la manera como en un mundo cosmopolita como el nuestro, el verdadero puente de contacto de distintas tradiciones espirituales es el estético. Las creaciones artísticas o experiencias estéticas en mayor medida proporcionan el elementos de conexión entre diversas tradiciones. En cambio, el momento en que cada una de éstas se encierra en sí misma, sea a través de sistemas filosóficos cerrados o de supuestas característica religiosas, el diálogo se hace más y más difícil.

[Publicado el 03/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: filosofía, discurso académico, estilo posmoderno, Sokal]

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Oscurantismo y cultura. Filosofía, teología y ciencia

Rafael Argullol: Una de las posibilidades que ha tenido el pseudo-espiritualismo ha sido precisamente que se ha visto facilitado por el propio oscurantismo de determinada corriente intelectual.
Delfín Agudelo: Hubo un punto en el cual —pensado en términos no de mass marketing sino de espiritualidad pura—la filosofía decididamente se desligó de lo espiritual. ¿Cómo consideras que funciona esa afiliación entre lo filosófico y espiritual, haciendo eco un poco de ese libro titulado Más Platon y menos prozac?
R.A.: Independientemente de lo publicitario de ese título, la idea es buena; la idea que se recurra a uno de los grandes tesoros de la situación humana, que ha sido la filosofía, frente a un recurso muchas veces abusivo de lo que sería la química, me parece una buena propuesta. Pienso que las dificultades de que esto se haga realidad es la trayectoria nefasta que ha tenido el estilo filosófico en la época moderna. En sus orígenes europeos y griegos la filosofía surgió como una búsqueda de saber que abarcaba tanto lo que  ahora llamamos cultura humanística como lo que llamaríamos cultura científica, la ciencia. En la época moderna, sin embargo, a partir del renacimiento reproduce una especialización cada vez más acusada entre por un lado las ciencias y por el otro una cultura filosófica que además de competir con su vieja rival que es la teología, compite con una nueva rival que es la ciencia moderna. Creo que estas dos competencias llevan a la filosofía moderna a un progresivo oscurantismo del lenguaje que ha sido tremendamente perjudicial.
Ese oscurantismo, ese lenguaje abstruso en el cual muchas veces la filosofía moderna ha tomado o usurpado el estilo de su rival, la teología, tampoco le ha servido para mantener a raya a la ciencia, no ha sido hegemónica, y se ha quedado entre dos aguas: por un lado en la abtrusidad de la tradición teológica sin llegar a la claridad e impacto social de la ciencia moderna, cosa que ha sido tremendamente negativo y antifilosófico. El oscurantismo filosófico es creo yo decididamente antifilosófico. Decididamente contrario al propio espíritu del nacimiento de la filosofía. Por tanto, al respecto estoy de acuerdo con lo que decía Witgenstein, “Todo aquello que se puede decir, se puede decir con claridad”. Lo que no se puede hacer no lo digamos, pero lo que sí con claridad. Soy binario de la dupla profundidad-claridad. Creo que en la filosofía moderna muy frecuentemente no ha seguido ese binomio. Naturalmente hay excepciones: hay filósofos como Schopenhauer, Nietzsche o Kierkegaard que tuvieron un estilo literario aplicado a la filosofía que redundó en una auténtica claridad estilística. Pero en general se ha impuesto una abstrusidad lingüística que ha llevado a la filosofía a un cierto callejón sin salida. Por un lado sin llegar a ocupar por completo el ámbito espiritual que tradicionalmente intentaba afrontar la teología y sin llegar tampoco a conquistar el ámbito de la ciencia moderna. Sin embargo, el papel de la filosofía desde el punto de vista del conocimiento y del espíritu me parece imprescindible, porque la filosofía de nuestra época debería ser aquella tendencia nuestra a buscar un saber global, un saber equilibrador, que fuera mas allá de las especializaciones de la ciencia y más allá de las respuestas frecuentemente dogmáticas que la religión da a la cuestión espiritual.

[Publicado el 02/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: filosofía, teología, ciencia, oscurantismo, cultura]

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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