PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 24 de agosto de 2019

 Blog de Rafael Argullol

La muerte de Edipo

Rafael Argullol: Uno de los aspectos que ha sido menos tratado en el mundo de la cultura antigua pero que me parece interesante desde la propia óptica contemporánea es el de la muerte de Edipo.

Delfín Agudelo: A primera vista podríamos hablar de una muerte de lo visual, que caracteriza en gran medida el peregrinaje posterior del personaje. Pero si bien muere un sentido, los otros se fortalecerán.

R.A.: Se ha hablado mucho de la vida equivocada de Edipo, del error respecto a su identidad, del precio que tiene que pagar por ese error, etc.  Pero después de Edipo Rey, tras la escena final presidida por la auto mutilación de Edipo y previamente por el suicido de Yocasta, empieza un período oscuro y muy largo en el ciclo de Edipo que es el período de su errancia. Se trata de su peregrinaje por las tierras de Grecia, un periodo con del cual no tenemos información literaria más que algunas evocaciones a posteriori. Tenemos la última gran obra de Sófocles escrita  a sus 80 años que es Edipo en Colono, que es una obra alrededor del próximo fin y  muerte de Edipo. En esa obra hay cierta rememoración de lo que han sido todos estos años, pero es una rememoración que no da datos Nos sucede un poco lo que ocurre con el ciclo legendario de Cristo narrado en los evangelios. Tenemos una información detallada del nacimiento de Jesús e incluso de la huída de sus padres con él  a Egipto. Luego tenemos una oscuridad informativa hasta sus últimos tres años. Con Edipo ocurre lo mismo. En Edipo rey se reconstruye al detalle lo que ha sido esa identidad equivocada, y por tanto la falsa sabiduría del hombre reconocido como el más sabio de su época. Tenemos un larguísimo período de oscuridad del cual la literatura no da ninguna información. Nos podemos imaginar algún hombre peregrinando, ciego, de pueblo en pueblo. Tenemos incluso informaciones plásticas y antropológicas para recrear la escena. Probablemente se debía parecer mucho a estos personajes sagrados que aún hoy se pueden divisar por las zonas rurales de la India que van de pueblo en pueblo peregrinando con su bastón. Nos podemos imaginar eso, y finalmente, tras este largo peregrinaje al que según el criterio de Sófocles Edipo adquirió una auténtica sabiduría, que es una sabiduría lenta, de sedimentación, reflexiva a través de estos años de nomadismo, llegamos a esta gran escena culminante que creo que literariamente es extraordinaria pero que curiosamente se cita poco y se representa menos.

[Publicado el 05/3/2010 a las 19:56]

[Etiquetas: Edipo, filosofía, Sófocles, Edipo en Colono]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

Los intermediarios

R.A.: Lo propio de lo filosófico es la vitalidad de la interrogación, y esa vitalidad no puede estar alejada de la esfera sensitiva, y por lo tanto artístico-literaria.

Delfín Agudelo: Pero en esta medida, el que establece estas diferenciaciones entre la escritura filosófica y la escritura literaria, o el que sirve de obstáculo hacia la esfera de lo sensorial, ¿se trataría acaso de esa figura a la cual tanta importancia das tú, como lo es la del intermediario?

R.A.: Sí, fueron los intermediaros que se presentaban como organizadores de la civilización, de la cultura de una sociedad; ellos son quienes han dictaminado estas diferenciaciones. Por ejemplo en la Edad Media claramente la figura del teólogo era una figura hegemónica, situada sobre la figura del filósofo, la cual era a su vez hegemónica sobre la del poeta/trovador. Si el filósofo era teólogo, bien; pero un filósofo que no lo fuera, quedaba en cierto modo marginado de la esfera de la edad media. En el mundo moderno el filósofo en su competencia con el científico ha intentado marginar al poeta y al artista. Y el poeta y el artista, a su vez,  ha buscado su status propio al margen de la filosofía académica. ¿Pero quién es el que ha marcado eso? Los intermediarios.

En el caso de la Edad Media, evidentemente era la propia estructura educativa de la iglesia la que marcaba quién era el teólogo, y también cuál era la cima de la organización del saber y de su transmisión. En el mundo moderno durante mucho tiempo quien ha marcado eso es la academia, las universidades. Hoy quizás eso sería más relativo, pero aún es así. De manera que todos sabemos que un artista contemporáneo es o no importante de acuerdo a unos criterios del marchante, del teórico, de un curador, de un crítico.

Pero creo que la interrogación del saber poco tiene que ver con esas clasificaciones epocales que dependen de criterios ideológicos, de las estructuras de cada época. En nuestro mundo un teólogo apenas tiene importancia desde el punto de vista de la hegemonía o autoridad del saber. En nuestra época la autoridad del saber es del científico, y esta autoridad a veces está peligrosamente en manos de supuestos especialistas y expertos que tienden a la parcialización unidimensional. Frente a ellos la interrogación filosófico-artística o literaria tiene que aspirar de nuevo a ser reconocible lo global y lo conjuntivo que hay en el hombre. Por tanto hay un papel importantísimo en este mundo de la interrogación filosófica y del mito artístico-literario para hacer frente a la hiper-especialización de la ciencia.

[Publicado el 02/3/2010 a las 18:47]

[Etiquetas: intermediarios, filosofía, teología, literatura, hegemonía]

[Enlace permanente] [4 comentarios]

Compartir:

La vitalidad de la interrogación

Rafael Argullol: Por tanto creo que es un gravísimo error, consecuencia de nuestra obsesión clasificatoria, haber separado lo filosófico de lo literario a través de supuestos géneros de escritura.

Delfín Agudelo: Estoy pensando ahora en el ánimo clasificatorio, en esta merecida estigma o carga que implica la filosofía con dos títulos que en los últimos diez años han tenido una interesante relevancia comercial, dirigidos a un público no especializado.  Pienso en Más Platón y menos prozac  y en El mundo de Sofía. Es un intento por volver sobre las antiguas inquietudes en un lenguaje sencillo y que a su vez reconozca, sin hacerle perder su complejidad, su sentido práctico. Pienso, por lo tanto, en una pregunta que nunca va a perder su validez: ¿cuál es la importancia actual de abordar a Platón?

R.A.: Estos libros son divulgativos, y el libro divulgativo ha existido siempre. Aún así, creo que Platón nunca ha dejado de estar en el escenario, incluso desde la época del propio Platón. Podríamos dibujar un árbol con las ramas de los neoplatonismos que han crecido en la cultura europea y sería frondosísimo: los ramajes se han ido cruzando en algunas casos adhiriéndose a los desarrollos cristianos, otros a los desarrollos gnósticos, otros a desarrollos neopaganos, otros laicos, ilustrados modernos, etc. De manera que no hace falta recuperar a Platón- es decir, la gran inquietud filosófica original: nunca se ha perdido en la cultura europea. De nuevo, hay que indicar que toda la literatura desde el renacimiento va ya en esa dirección. En Shakespeare está esa interrogación filosófica, y no digamos ya en Montaigne; luego en Pascal, que es un enrome escritor. El propio Descartes, que pasa por la quintaesencia del racionalismo, en algunos de sus libros tiene una gran brillantez literaria. Si nos enfrentamos a nombres como Diderot, Voltaire, Rousseau, ¿qué eran? ¿filósofos o literatos?

Creo que el gran problema surge en el momento que indicaba antes: acorralados por la nueva importancia de la ciencia y desprotegidos y huérfanos de la religión y de la teología, hay toda una serie de grandes filósofos que intentan crear sistemas filosóficos omniabarcadores en los cuales muchas veces se incurre en una especie de nueva escritura genérica-filosófica que es abstracta, que es conceptual, abstrusa, que está alejada del estilo literario o artístico, y que en el desarrollo educativo de Europa coincide con lo que se ha llamado la filosofía de los profesores, sobre todo en el siglo XIX y parte del veinte, o de los llamados "maestros del pensamiento", el maitre-penseur de los franceses. Yo creo que la auténtica fibra de interrogación filosófica ha circulado más de una manera sinuosa a través de los distintos desarrollos literarios de índole muy diversa. Aquí he citado a Shakespeare, Montaigne, Pascal, pero también podemos recurrir a Nietzsche, a Kierkegaard, Rilke, Baudelaire. Evidentemente se trata de escritores muy diversos, pero en todos ellos evidentemente está presente esta médula de interrogación, por no hablar de casos como Dostoievsky. El caso ruso es particularmente interesante a este respecto, porque los rusos siempre han visto que sus filósofos eran los grandes literatos En ese sentido es muy interesante porque en Rusia nunca se provocó, por razones de desarrollo distinto, la división de funciones entre la supuesta escritura filosófica y la literaria que sí se provocó en la Europa occidental. Todo lo que no fuera seguidor de la terminología de Kant, de Hegel, o de Schelling, era considerado poco riguroso.

Pero repito que esto no era sino una obsesión celosa alrededor de la ciencia, y que no resolvía el tema porque lo propio de lo filosófico es la viveza de la interrogación, y si la matas a través del estilo, es muy difícil que perviva. Pervivirá, quizás, en el primero: pervive en Kant y en Hegel; pero no ha pervivido a través de los miles de neokantianos y neohegelianos que ha habido en las aulas universitarias europeas desde entonces. Es un estilo que por su propia naturaleza seca la interrogación. Quizás no en el modelo original; podría ser antipático pero era el original. Kant era original, y por tanto su estilo lo es. Es como en la música: Schönberg y su dodecafonismo es la ruptura original y marca un sello, y crea toda la estilidad provocada por miles de compositores que se han sentido obligados a usar ese estilo. Lo propio de lo filosófico es la vitalidad de la interrogación, y esa vitalidad no puede estar alejada de la esfera sensitiva, y por lo tanto artístico-literaria.

[Publicado el 25/2/2010 a las 22:38]

[Etiquetas: filosofía, literatura, Platón]

[Enlace permanente] [8 comentarios]

Compartir:

Lo filosófico y lo literario

 

Rafael Argullol: Pienso que grandes filósofos del siglo XX son Rainer María Rilke, son Paul Valéry, son Thomas Mann; son escritores que han puesto esa médula en el escenario y han provocado una interrogación superior a la que muchas veces han provocado los neosofistas.

Delfín Agudelo: ¿Por lo tanto consideras que hay un punto de unión absoluto entre el quehacer literario y el filosófico?

R.A: Absolutamente. No solamente hay una unión sino que hay unas líneas que se superponen. Quizá no enteramente, pero se van intercalando, se van cruzando. Pero eso ya ocurría en la antigüedad. Podemos leer tranquilamente el Fedro o el Banquete de Platón como textos de lo que modernamente hemos llamado literatura. Y sin embargo en estos textos las brillantísimas reflexiones metafóricas se cruzan con deslumbrantes análisis conceptuales. Con lo poco que nos ha quedado de los presocráticos ocurre lo mismo, y en algunos filósofos ya modernos, empezando por Giordano Bruno, continuando con Nietzsche, Schopenhauer, Kierkegaard, etc., ocurre lo mismo. De la misma manera, visto desde el otro lado indudablemente Goethe es alguien que nos sirve igualmente como interlocutor literario que como interlocutor filosófico, y lo mismo me atrevería a decir de nombres que van desde Baudelaire hasta Samuel Beckett. Por tanto creo que es un gravísimo error, consecuencia de nuestra obsesión clasificatoria, haber separado lo filosófico de lo literario a través de supuestos géneros de escritura.

[Publicado el 17/2/2010 a las 13:50]

[Etiquetas: filosofía, literatura]

[Enlace permanente] [6 comentarios]

Compartir:

La médula de interrogaciones

Rafael Argullol: Entonces la filosofía o bien se convierte en el terreno abonado para una nueva sofística, o bien se convierte en el canal a través del cual se produce una nueva aspiración mística a un saber sagrado. Ahí encontraríamos cómo ciertos acercamientos de nuevo a los propósitos de la poesía.

Delfín Agudelo: ¿Cuál crees tú que es la validez o relevancia de un quehacer filosófico en la actualidad?  Y de contemplarlo, ¿qué género sería el más adecuado?

R.A.: El núcleo de cuestiones que suscitó históricamente lo que llamamos filosofía continúa completamente vivo. Este núcleo podría definirse como la médula de las interrogaciones acerca de la condición humana. Plantearse esa médula continúa siendo tan imprescindible como hace veinticinco o treinta siglos, aunque se hayan producido los enormes avances científicos porque, en definitiva, la ciencia tiene algo de centrífuga, va colonizando territorios. Pero esa colonización de vastos territorios no quiere decir que solucione el problema del núcleo. Siguen los interrogantes acerca del sentido de la vida, de nuestro paso por la tierra, el significado de la muerte del ser; de las cuestiones y dudas acerca de la inmortalidad, acerca, incluso en un territorio más cercano, de la amistad, del amor, de las pasiones. Los mismos interrogantes de hace treinta siglos son los nuestros a pesar de que en nuestra época se han conquistado territorios impensables hace veinticinco siglos desde el punto  de vista del científico; pero la médula sigue intacta.

Ahora bien, en mi opinión, la manera de dar respuesta siempre inacabada a esos interrogantes no es tanto la filosofía sistemática o dogmática, sino una filosofía inclinada hacia lo artístico y lo literario. Por eso yo creo que en el mismo siglo XX gran parte de los mejores interrogatorios filosóficos se han dado desde la narrativa o desde la poesía. Pienso que grandes filósofos del siglo XX son Rainer María Rilke, son Paul Valéry, son Thomas Mann; son escritores que han puesto esa médula en el escenario y han provocado una interrogación superior a la que muchas veces han provocado los neosofistas.

[Publicado el 20/1/2010 a las 21:18]

[Etiquetas: quehacer filosófico, filosofía, actualidad]

[Enlace permanente] [36 comentarios]

Compartir:

Hacia un saber sagrado

Rafael Argullol: Sólo ulteriormente una especie de hiperracionalismo que despreció la parte enigmática de la naturaleza y del hombre asentó una división de funciones entre lo que hemos denominado literatura y lo que hemos denominado filosofía, pero creo que esto es una divergencia posterior.

Delfín Agudelo: Porque es esta divergencia la que ha hecho que prácticamente el conocimiento de la sabiduría filosófica actual sea mistérica, en el sentido en que ya ha optado por un estilo y categorías que se alejan completamente de la ejemplificación  que siempre otorga la literatura, quedándose así en un núcleo de palabras que no salen de su propio hermetismo.

R.A.: Bueno, esto ha formado parte de un proceso de conexiones y desconexiones. En ese mundo transitivo que va desde la épica a Platón, lo que llamamos literatura, lo que llamamos filosofía y lo que llamamos ciencia va muy de la mano. A partir de Aristóteles la filosofía se acerca mucho más a un tipo de observación de la vida y de la existencia cercano a nuestra denominación de ciencia. Pero aún así hay un alto grado de convivencia que yo diría se extiende hasta los siglos modernos. ¿Qué ocurre a partir del siglo XVIII, de la Ilustración? La progresiva hegemonía d le ciencia como el territorio supuestamente fiable de conocimiento va arrinconando las posibilidades de la filosofía. La reacción de la filosofía en Kant y en Hegel y en el idealismo es una reacción casi celosa, en el sentido de llegar a formular una posibilidad de sistemas y de rigor que pudieran emular el desafío de la ciencia. Ahí tenemos la creación de  los grandes sistemas filosóficos de la segunda mitad del XVIII y de la primera mitad del XIX, donde la filosofía aún rivaliza con el desbordante poder de la ciencia.

Hay un momento a partir de finales del XIX, más o menos por la época de Nietzsche, en que es tan evidente que el conocimiento que se convierte en fiable, experimental, útil, etc., es lo que llamamos ciencia; que la filosofía recula de esa carrera por erigir sistemas competitivos con la ciencia y se va encerrando en un lenguaje de autoalimentación. Claro, ahí en arte habría un aspecto sumamente crítico que es lo que Schopenhauer denominó "La filosofía de los profesores"; es decir, una filosofía desvinculada de toda la fecundidad inicial y convertida en un oficio de traslación en el fondo de neosofistas. Por otro lado habría una filosofía que se acercaría diríamos al hermetismo, al gnosticismo, a la mística; es decir, no tanto al mundo abierto de la academia universitaria en que el profesor de filosofía actúa como un sofista de gran alcance, sino a través de un camino paralelo en que la filosofía parece aspirar a un nuevo saber sagrado. Ahí vemos que se producen convergencias y divergencias. Yo creo que en el nacimiento de la filosofía, el humus en el que nace es el humus del saber arcaico, y por tanto vinculado al mito y por tanto vinculado a lo poético y a lo que llamamos literatura. Luego hay una desvinculación de ambos caminos, y luego hay una competitividad del la filosofía con el saber científico, y luego el saber científico se convierte en hegemónico en el mundo moderno. Entonces la filosofía o bien se convierte en el terreno abonado para una nueva sofística, o bien se convierte en el canal a través del cual se produce una nueva aspiración mística a un saber sagrado. Ahí encontraríamos como ciertos acercamientos de nuevo a los propósitos de la poesía. 

[Publicado el 16/1/2010 a las 15:47]

[Etiquetas: filosofía, ciencia, literatura]

[Enlace permanente] [9 comentarios]

Compartir:

De lo literario a lo filosófico

Rafael Argullol: Por tanto Hesíodo y Homero serían el punto de inflexión donde la sabiduría enigmática llega  a su formulación más pura y donde se está preparando ya el camino para la sabiduría y escritura filosófica. 

Delfín Agudelo: En esta transición de la sabiduría mistérica hacia la filosófica hablas de la épica como el género más visible; sin embargo, ¿cómo ves esta continuación- que es un tema que en particular te gusta mucho-, el momento en que para bien o para mal la filosofía se parece desconectar de un aspecto literario, incluso en la antigüedad?

R.A.: No es todavía en este momento; creo que todavía hay un fecundísimo período de transición que iría prácticamente desde los primero épicos hasta Platón, en el cual la filosofía y la literatura -lo que llamamos filosofía y literatura, o lo que en otra terminología sería sabiduría enigmática o sabiduría filosófica- están entrelazados, están en una especie de ósmosis continua. Este es el caso en un sentido primero de la épica de Homero y de Hesíodo, es el caso todavía de todo el mundo de los llamados presocráticos, y es el caso de los Diálogos de Platón, en los cuales hay una manifiesta voluntad literaria que se traduce continuamente en la proposición de nuevos mitos, de nuevas formulaciones metafóricas y simbólicas, sin que se produzca un deslinde entre un lenguaje diríamos abstracto conceptual y un lenguaje sensitivo o literario. Naturalmente en ese contexto de transición que iría desde la épica hasta el mundo de Platón, hasta la Atenas inmediatamente después de Pericles, en todo ese mundo la manifestación más privilegiada es la tragedia, porque allí claramente conviven el tipo de razonamiento que será al que aspirará la filosofía en el futuro, y un tipo de razonamiento que aún forma parte del mundo del enigma y del misterio. Por eso algo de razón tenía Nietzsche al utilizar las categorías simbólicas de lo apolíneo y lo dionisíaco, porque a través de lo apolíneo se iría imponiendo este saber filosófico racional y solar, y a través de lo dionisíaco continuaría manifestándose la sabiduría enigmática, la sabiduría vinculada a lo mistérico. Solo ulteriormente una especie de hiperracionalismo que desprecío la parte enigmática de la naturaleza y del hombre asentó una división de funciones entre lo que hemos denominado literatura y lo que hemos denominado filosofía, pero creo que esto es una divergencia posterior. 

[Publicado el 12/1/2010 a las 11:30]

[Etiquetas: literatura, filosofía, mistérico, enigmático]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

Compartir:

Todos somos Edipo

Rafael Argullol: Entonces aparece con todo su esplendor ese claroscuro de las ciegas esperanzas a las que aludió Esquilo en su Prometeo.

Delfín Agudelo: Ante las imágenes del verso referido, la ceguera y sus falsas esperanzas, no puedo dejar de pensar en Edipo. Comprendiéndolo como el tipo de hombre, vemos su liberación de la subjetividad para convertirse precisamente en tal: la relación que se establece de la ceguera tanto con Tiresias el invidente y con su destino ineludible que es terminar ciego. Es un poco esta plancha que se hace sobre el humano: siempre vamos a estar sujetos a nuestra propia ceguera y la verdad, en la medida en que queremos llegar a ella, implica la liberación de la ceguera.

R.A.: Creo que de la misma manera que decía que "ciegas esperanzas" es uno de los versos que más magistralmente resumen la condición humana, creo que el mito de Edipo es el mito más universal. Y evidentemente para reconocer esa universalidad debemos liberarnos un poco del prejuicio moderno del llamado "complejo de Edipo", popularizado por Freud y la psicología moderna, que afronta de una manera sesgada un espacio parcial del mito. El mito de Edipo es el más universal porque todos somos Edipo, ya que es un problema de distancia. Nosotros en general tenemos una excesiva cercanía respecto a nosotros mismos. Esa cercanía hace que creamos que lo que llamamos nuestra identidad sea nuestra identidad real. ¿Por qué? Pues porque nos lo han dicho desde pequeños, porque nos lo han dicho en la escuela, porque tenemos apellidos, porque nos han dado un carné de identidad, porque nos han nombrado con un determinado nombre, etc. Pero el problema es que siempre estamos demasiado cerca de nosotros, y para conocernos realmente es necesario alejarnos de nosotros y mirarnos  no desde un solo punto vista o sitial sino desde muchos sitiales: ver lo que está oculto en nosotros, ser capaces de ver lo inconfensable que hay en nosotros, ser capaces de ver lo que hay en los sueños, en la duermevela, liberar al máximo nuestros pensamientos. En la medida en que somos capaces de mirar desde estos distintos sitiales nuestra propia vida y nuestra propia trayectoria nos damos cuenta que lo que llamábamos identidad era algo absolutamente falso, y que para llegar a un conocimiento medianamente aceptable de lo que es nuestra vida, de lo que es nuestra existencia, tenemos que desarticular muchas evidencias, tenemos que desnudarnos, tenemos que cegarnos, y tenemos que aprender a mirarnos de nuevo sobre lo que es la vida.

Todos somos Edipo en ese sentido. Edipo era un hombre que llegó al máximo de conocimiento respecto a esa identidad falsa en el inicio de la obra de Sófocles, pero que luego ese conocimiento es completamente frágil, fraudulento, como el que tenemos nosotros acerca de nuestra supuesta identidad hasta que la ponemos en cuestión. Y de ahí que en el enfrentamiento, en el clímax de la obra de Sófocles entre Edipo y Tiresias, Edipo, que es el que ve, no está en condiciones de ver, y Tiresias, el adivino ciego, es el que realmente ve. En el desenlace Edipo tiene que arrancarse los ojos para empezar ese aprendizaje de revisión, de volver a mirar de otra manera sobre lo que es la vida. Por tanto no es solo la cuestión que se ha hablado por parte de la psicología de que Edipo incurre en dos de los tabúes más grandes de la cultura antigua y moderna, ya que eso es un problema parcial; el problema más importante de Edipo es que estaba convencido de que era uno que no era, y que para llegar a avanzar respecto a quien es realmente, tiene que cegarse respecto a lo que era la mirada anterior y volver a mirar de otra manera. Edipo quiere decir "el de los tobillos torcidos", pero en realidad debería querer decir, también, "el que tiene que mirar de otra manera", para así llegar a conocerse. A mí además me parece muy interesante el tema de Edipo en el contexto de la cultura europea porque es como el paso de una sabiduría arcaica a una sabiduría moderna que planteó la filosofía en sus orígenes. Cuando Edipo descifra el enigma de la esfinge, él se está enfrentando con métodos arcaicos y míticos al problema del conocimiento, pero eso no es suficiente: a partir de ahí tiene que poner en marcha toda la maquinaria de interrogación que en el terreno de la filosofía llevó a cabo Sócrates y que luego recogió Platón. Si Edipo hubiera solo descifrado mistéricamente el enigma de la esfinge, nos hubiéramos quedado en un universo mítico-arcaico. Si Edipo quiere avanzar mucho más en el conocimiento de la identidad, tiene que empezar a disparar una serie de porqués, como aconsejaba también Sócrates, casi contemporáneo de Sófocles, y eso es porque esto necesariamente lleva a la desarticulación de la propia identidad a poner en cuestión muchos planos de lo que llamaos confidencia, y avanzar hacia otros niveles de la conciencia mucho más complejos pero que a la final dictaminan nuestra identidad real. Por tanto Edipo sería por un lado un problema de distancia, por otro lado el del paso de un tipo de sabiduría mistérica y enigmática a otra sabiduría que es la filosófica. 

[Publicado el 14/12/2009 a las 11:49]

[Etiquetas: Edipo, filosofía, Sófocles]

[Enlace permanente] [27 comentarios]

Compartir:

Aristocracia del espíritu, democracia de la expresión

Rafael Argullol: En lugar de enterrarse de una manera rancia y claustrofóbica en esa especie de laboratorios teóricos —que pueden servir mucho al gremio de los profesores de filosofía para sus pequeñas vidas y sus pequeños currículums—, debería dedicarse a algo que sirva para la filosofía misma.
 
Delfín Agudelo: ¿Abogarías por una democratización de la filosofía? ¿O por una filosofía que esté más alcance de todos, en cuanto a su lenguaje?
 
R.A.: El mundo del espíritu es aristocrático en la medida en que es una búsqueda individual y se somete a sí mismo a pruebas iniciáticas. No me parece una buena metáfora la democratización del mundo del espíritu; pero sí me parece la de democratizar la expresión de ese mundo a través de lo literario, artístico o imaginista. Para mí el binomio perfecto, por así decirlo, sería el aristócrata del espíritu que se expresa por todos los medios democráticos propios de la ciudad en la que vive. Soy completamente contrario de la secta estilística. Soy partidario del máximo rigor espiritual, pero adversario de la abtrusidad y secta estilística, si bien es cierto que sería buena la máxima democratización de la expresión. Pero eso tampoco es el arte. La conciliación entre espíritu y arte es por un lado lo minoritario del rigor mas lo mayoritario de las sensaciones.

[Publicado el 09/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: espíritu, filosofía, lenguaje filosófico]

[Enlace permanente] [4 comentarios]

Compartir:

Estilo y espíritu

Rafael Argullol: Pero en general se ha impuesto una abstrusidad lingüística que ha llevado a la filosofía a un cierto callejón sin salida.
Delfín Agudelo: El callejón sin salida del que hablas me recuerda el Affaire Sokal, que consistió en escribir un paper académico en un estilo puramente posmodernista que implicaba una oscuridad sin sentido. ¿Se debe acaso este callejón sin salida a la    investigación filosófica en sí misma, en su sentido temático, o al lenguaje con el cual se escribe, su mero discurso estliístico-académico?
R.A: Me refiero a las dos cosas. Frecuentemente en el siglo XIX, por ejemplo, de la mano del idealismo, como en el siglo XX de la mano de un movimiento contrario y antagónico como lo es neopositivismo lógico, se ha caído en el error de creer que la investigación filosófica llevaba consigo la necesidad de ser un lenguaje de fuerte oscuridad léxica. Creo que en ambos casos, que se trata de movimientos contrarios, es un error. Me da la impresión de que la filosofía, también en la época moderna, ha llegado a lo mejor de sí misma en el momento en que ha recuperado la que creo era su voluntad original, de ser una escuela del saber y por tanto de la vida: en el momento en que la filosofía no pretende ser exclusivamente de conocimiento teorético sino que quiere ser casi diríamos un modo de existencia, un modo de saber la existencia, un modo de penetrar en la existencia.
Para que esto sea así, evidentemente tiene que partir de la experiencia. Dicho con otras palabras, tiene que partir de un reequilibro entre el mundo de las ideas y el mundo de las sensaciones que frecuentemente no se da. Por tanto, creo que para que la filosofía vuelva a asumir su condición armonizadora y mediadora en el terreno espiritual, tiene que renunciar al oscurantismo y eclecticismo, muchas veces propios ámbitos académicos cerrados, y volverse a abrir a esa original visión que sería ser escuela de vida y de conocimiento. Por eso sigue siendo valioso el nombre, filosofía como voluntad de saber más que el dominio del saber, que se va abriendo paso a través de la propia experiencia. Naturalmente por esa cuestión en mi caso siempre he tendido el carácter importantísimo de lo estético como un camino filosófico, porque lo estético es aquello que permite la parte sensitiva de la experiencia humana, y creo que el mundo de las ideas que puede proporcionar la filosofía debe nutrirse fundamentalmente a través de lo sensitivo. Podemos fijarnos en la manera como en un mundo cosmopolita como el nuestro, el verdadero puente de contacto de distintas tradiciones espirituales es el estético. Las creaciones artísticas o experiencias estéticas en mayor medida proporcionan el elementos de conexión entre diversas tradiciones. En cambio, el momento en que cada una de éstas se encierra en sí misma, sea a través de sistemas filosóficos cerrados o de supuestas característica religiosas, el diálogo se hace más y más difícil.

[Publicado el 03/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: filosofía, discurso académico, estilo posmoderno, Sokal]

[Enlace permanente] [5 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2019 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres