
Delfín Agudelo: Los ejemplos de la esfera privada y Tony Blair me recuerdan los casos que sucedieron en Madrid hace unos meses en los cuales hubo una guerra de publicidad en los autobuses: por un lado los ateos le hacían publicidad al ateísmo por el otro lado los creyentes le hacían publicidad a Dios. Me pareció alucinante.
R.A.: A mí me pareció grotesco. El eslogan ya había aparecido previamente, ya lo había visto yo en autobuses de Londres: "Dios probablemente no existe, por tanto vive tranquilamente la vida"; frente a eso contestaron los católicos con una contrapropaganda. Me parece estúpida tanto una cosa como la otra. La consigna puesta en marcha por los ateos es absurda porque tú puedes vivir el placer de la vida igualmente creyendo o no en la existencia de dios. En el fondo depende también de la calidad de ese dios, de la idea que tienes de ese dios. No me considero tanto ateo como agnóstico: tengo una idea personalísima de lo divino. Necesito esa idea de lo divino para trascender lo puramente utilitario y pragmático de la vida cotidiana. Ahora, no es un dios canónico, no es un dios doctrinal: tengo un dios muy personal. En ese sentido me parece estúpido que se hubiera generado esa propaganda anti-dios en los autobuses; sin embargo, me pareció más estúpido que la iglesia católica contestara con una contrapropaganda, dado que la iglesia ya tiene suficientes canales de publicidad habituales como para tener que gasta el dinero en autobuses. Ya sabemos en qué la iglesia cree y que a través de esos canales, universidades y escuelas, defiende esa existencia. Me pareció una polémica típica de una época como la nuestra en el que la ausencia de grandes ideales y de valores fuertes lleva muchas veces a lo que podríamos llamar polémicas o debates de lavadero, esto es, de escasísima altura. El tema de fondo es aquél de la espiritualidad. Se puede tener una espiritualidad riquísima y completísima siendo agnóstico, y se puede también tener siendo religioso. Pero conozco muchísima gente que se declara religiosa y ultrarreligiosa, pero aún son así de espiritualidad nula.
Volviendo a los cambios recientes que aparentemente se están dando en Estados Unidos me parece que es saludable (y no nos informa para nada de la espiritualidad de Obama, que probablemente es un tipo mucho más espiritual que Bush) esa especie de salida de Dios del escenario del poder; me parece muy saludable que el consejo de ministros americanos no empiece y termine rezando como hacían Bush y sus ministros ultraconservadores, porque en definitiva cuando dios está más a salvaguarda, cuando está en su mejor momento, es cuando no se le hace estar en el escenario del poder. Y el cambio de telepredicadores por científicos, en principio, debería estar muy bien recibido. Es muy pronto para hablar del tema de la política internacional o del terreno de las supuestas soluciones económicas; por esto, lo mejor que ha hecho simbólicamente ha sido la eliminación de lo religioso de la esfera íntima del poder.
[Publicado el 28/5/2009 a las 14:36]
[Etiquetas: publicidad, espiritualidad, Dios]
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Búsqueda espiritual y culto idolátrico
Rafael Argullol: En este sentido una de las cosas que distingue más claramente la idolatría de la espiritualidad es que mientras que la espiritualidad siempre conserva el misterio y la duda ante la trascendencia del ser humano, la idolatría viene caracterizada por el ofrecimiento de beneficios inmediatos, de resoluciones inmediatas, de regalos inmediatos para quien tenga ese culto o esa adoración.
Delfín Agudelo: La idolatría, tal como la conocemos, no resultaría un producto de la cultura actual. Sin embargo, ¿podríamos decir que esta necesidad de idolatría está conectada con la misma necesidad de espiritualidad, así hayas visto dos elementos diferenciados por el misterio? ¿Por qué el regreso- o quizás en ningún momento ha desaparecido- a la idolatría? 
R.A.: Hay una característica que es inherente a la condición humana, y es la propia necesidad trascendente del hombre que le lleva frecuentemente a erigir ídolos. No creo que sea el camino. Yo pienso que el camino es atravesar el misterio, mas no erigir ídolos a los que adorarás; pero éste ha sido un movimiento muy habitual del hombre ante sus propios miedos y sus propias limitaciones. Ahora bien, esta tendencia idolátrica en nuestra época tiene unas características propias, que casi me atreveré a definir como esa necesidad de actualidad o vértigo permanente en la que vive el habitante de nuestra época. Él cree que de alguna manera entra en posesión del mundo y de las cosas casi de manera mágica e inmediata. Esa posesión inmediata le hace que mientras dura la posesión se sienta a salvaguarda y a salvo; incluso feliz. En el momento en que se le evapora la posibilidad de la posesión es cuando entra en crisis, en ansiedad y angustia. Pero fijémonos que todo está planteado en términos de inmediatez. La realidad es la actualidad, es aquello que sucede inmediatamente; y es aplastada por otra realidad al cabo de dos días. Porque uno de los precios de la idolatría es la amnesia, le pérdida de la memoria, y por esto el idólatra carece de ésta al adorar constantemente nuevos ídolos. Necesitamos alimentar continuamente esa inmediatez de la posesión, esa producción de actualidad. Y eso lo realizamos en todo. Inventamos continuamente acontecimientos que de una manera caníbal vamos devorando, y esa también es otra de las servidumbres de la idolatría respecto a la búsqueda espiritual: que tiene este lado caníbal, o de autocanibalización por parte del idólatra.
La búsqueda espiritual exige reposo, sedimentación, de una estrategia a medio y largo plazo, mientras que la idolatría se plantea siempre en el corto plazo. Por eso oímos hablar tanto de hedonismo, pero de un hedonismo que de alguna manera es de baja intensidad, low-cost, light, fácilmente realizable. Un hedonismo en el cual no hay exploración y aventura. En la idolatría no hay tal cosa: tienes el ídolo, tienes el regalo que inmediatamente te va a dar a partir de tu culto y adoración; no te hace falta la duda, no te hace falta la pausa y la lentitud porque todo se produce inmediatamente. Tienes al ídolo que responde a tus expectativas. Cuando no lo hace, vas a uno nuevo. En cambio, lo que creo que caracteriza la búsqueda o saber espiritual, es algo basado en una dinámica de exploración y aventura en la cual cada conocimiento tiene por otro lado un misterio, en el cual nunca entras en posesión inmediata de las cosas.
[Publicado el 16/7/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: espiritualidad, idolatría]
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La nueva idolatría. Hiperracionalismo idolátrico
Rafael Argullol: Nuestra época presume de un gran racionalismo y sin embargo está repleta de nuevas idolatrías.
Delfín Agudelo: ¿Pero no estamos acaso frente a una idolatría por el mismo hiperracionalismo?
R.A.: En parte el propio hiperracionalismo de nuestra época se ha constituido en una idolatría. Veamos por ejemplo la idolatría que se produce no a través de la ciencia pero sí a través de algunas supuestas consecuencias de la ciencia, como puede ser la medicina estética o toda una serie de suposiciones alrededor de la eterna juventud. Nuestra época ha elegido nuevos ídolos alrededor de mitos que han sido recurrentes en la historia humana como es el alcanzar esta supuesta eterna juventud. En este sentido una de las cosas que distingue más claramente la idolatría de la espiritualidad es que mientras que la espiritualidad siempre conserva el misterio y la duda ante la trascendencia del ser humano, la idolatría viene caracterizada por el ofrecimiento de beneficios inmediatos, de resoluciones inmediatas, de de regalos inmediatos para quien tenga ese culto o esa adoración. Creo que esta es la frontera claramente definible entre la búsqueda espiritual del hombre y la adoración idolátrica que se conoce a través de diversos mecanismos. La danza alrededor del becerro de oro -que es una de las grandes metáforas bíblicas- es una danza en ese sentido permanente, que se va reproduciendo; lo que ocurre es que es una danza que va cambiando de forma y ritmo, incluso de vestiduras, de máscaras. Sin embargo, en nuestra época es una danza que se presenta con gran vértigo.
[Publicado el 15/7/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: idolatría, racionalismo, espíritu]
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Aristocracia del espíritu, democracia de la expresión
[Publicado el 09/7/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: espíritu, filosofía, lenguaje filosófico]
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El mercado del espíritu: verdad y persuasión
Rafael Argullol: La búsqueda espiritual, la lucha por lo espiritual es un proceso duro, lento, complejo, en el que cada individuo se implica en la medida que puede a través de su vida cotidiana o a través de sus esfuerzos espirituales o artísticos, sin esperar esas fórmulas de "Sea usted espiritual en diez días", que es como aprender un idioma en diez días.
Delfín Agudelo: Me parece que esos pseudo-espiritualismos fast-food tienen la gran característica de ser un objeto de mercado, de consumo, para las librerías, tiendas esotéricas, etc. Pensando en esto que hablábamos del thriller histórico-religioso, recuerdo en El péndulo de Foucault de Eco el momento en que un personaje se imagina a los cuatro evangelistas sentados en la mesa de un bar inventando a un personaje histórico, cuyo nombre sería Jesús. Cada uno decide qué decir y cómo decirlo: la creación de un personaje histórico al enumerar determinadas características para que sea llamativo e interesante para el público. Lo mismo sucede con la espiritualidad, cuyo gran problema es que es un producto concebido en el cual, después de una gigantesca estrategia de mercadeo, se reconoce cuáles son las carencias del público, qué le falla, qué le hace falta a la vida normal de un ejecutivo, empresario o estudiante, entre muchos otros. En esa medida se crea una espiritualidad no muy diferente a la plantilla del zapato que necesitas si tienes el pie plano, o del café descafeinado que puedes tomar después de las seis de la tarde. La espiritualidad es un producto más, masticado, en una dinámica de consumo y mercado.
R.A.: Eso está muy bien visto. En realidad el espiritualismo fast-food depende estrictamente de la oferta y la demanda y hay un estudio previo de las necesidades de la sociedad, un estudio de aquellos mecanismos a través de los cuales se puede persuadir a la sociedad. Por eso es un terreno en el cual queda particularmente en evidencia una contradicción básica en todo lo que ha sido el desarrollo de la civilización humana, que es la contradicción entre persuasión y verdad. Lo que busca el pseudo-espiritualismo es la persuasión. Persuadirnos los unos a los otros. Es un poco también lo que busca el autor de esta literatura de best-sellers, el comunicador: "cómo puedo persuadir a mis semejantes a través del estudio de sus propias necesidades", y es evidente que muchas religiones organizadas en la historia han actuado también así. Frente a eso creo que hay otra actitud que sería, para decirlo de manera sencilla, la búsqueda de la verdad propia- no de la absoluta sino de la propia-, en la cual uno está dispuesto a enfrentarse a la búsqueda de esa verdad, dispuesto a enfrentarse incluso a la incomprensión de los otros, dispuesto a enfrentarse al hecho de lo que en un momento determinado expresa no es lo que los otros quieren escuchar, que es como en cierto modo creo yo ha actuado siempre el artista auténtico, y también como ha actuado el espiritual auténtico- el místico auténtico-: no tanto por la voluntad de la persuasión sino mucho más por la expresión de la verdad. Pero si repasamos toda las facetas de este espiritualismo fast-food veríamos que las ideas que hay en común sería esa búsqueda asfixiante y casi totalitaria de la persuasión. Por supuesto en su utilización por parte del neoconservadurismo; por supuesto y evidentemente en su utilización en la publicidad o en las sectas; pero diría también en lo que podía ser una utilización en apariencia más inocente como es el de esos folletines que intentan aglutinar la imaginación de la gente en una determinada dirección. Todo está dominado por una gran retórica de la persuasión. Frente a eso creo que la espiritualidad que nosotros podemos otorgar al arte está mucho más basada en esa especie de investigación o explotación de la verdad y por eso tiene que ser más lenta, un proceso de sedimentación.
[Publicado el 26/6/2008 a las 09:01]
[Etiquetas: espiritualidad, mercado, fast-food, verdad, persuasión]
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Rafael Argullol: Por eso tenemos todo ese contexto que conforma un cuadro de lo que podríamos llamar espiritualidad de comida rápida, que en cierto modo distorsiona la auténtica necesidad espiritual que tiene el hombre. [Publicado el 25/6/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: folletines, espiritualidad, thriller, esoterismo]
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Los pseudoespiritualismos de nuestra época
Rafael Argullol: Uno de los fenómenos más agobiantes de nuestra época es la propagación de una espiritualidad fast-food.
R.A.: No, creo que es la consecuencia de un doble fenómeno. Por un lado la quiebra de la religiosidad tradicional, quiebra que viene de lejos y en cierto modo se inicia con el renacimiento, llega a su punto culminante con la ilustración y a su fase de máxima lanzada con la modernidad. Sería un fenómeno que viene de lejos. Y el segundo fenómenos sería el de la quiebra de las grandes utopías ideológicas de la propia modernidad, originadas en la misma ilustración y romanticismo. Utopías que en cierto modo se presentaron como alternativas a la religiosidad tradicional. En ese sentido, por ejemplo habría que recordar que gran parte de las formulaciones de esas utopías, anarquistas, liberadas y socialistas, comunistas -incluso las utopías vinculadas en general a todo lo que es el mito del progreso son utopías que cuando vamos a los documentos textuales o prácticos muchas veces se presentan como una especie de nueva religiosidad.
[Publicado el 24/6/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: espiritualidad, fast-food, utopías]
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Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
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Bien lo dijo Albert Einstein:...
Publicado por: Edgar
22/5/2012 20:18
http://www.youtube.com/watch?v=d...
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07/5/2012 19:17
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05/5/2012 20:17
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