Galería de espectros: Durero mayestático
Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto el espectro de Durero.[Publicado el 14/11/2008 a las 09:33]
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Galería de espectros: el maestro Frenhofer
Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto el espectro desconocido del maestro Frenhofer
Delfín Agudelo: Te refieres al personaje principal de la pequeña novela La obra de arte desconocida de Balzac
R.A.: Pequeña de tamaño, pero gran novela. Creo que hay muy pocos textos en la literatura moderna que consigan sintetizar un engranaje argumental y una estructura literaria tan compleja en tan pocas páginas. La novela de Balzac es por un lado una especie de narración de la narración; por otro lado es un cuadro dentro de un cuadro; es un ensamblaje casi perfecto entre materia histórica real y materia inventada y de ficción por el propio Balzac. Esto último incluso en la propia escenificación del personaje central: el maestro Frenhofer es un personaje aparentemente salido de la imaginación de Balzac, pero todos los referentes que se dan alrededor del personaje -el que era su maestro Mabuse, el que es su gran interlocutor en el relato del joven Nicolás Poussin que acaba de llegar de París desde su patria normanda, y otros personajes, otros pintores -son realmente históricos en el siglo XVII. Sin embargo, en medio de la trama de personajes históricamente reales, se incluye ese extraordinario personaje de ficción, el maestro Frenhofer, que es un hombre completamente obsesionado por la obtención de una pintura tan perfecta que llegue a ser vida.
Ahí se plantea con toda su crudeza la tensión entre arte y vida. Frenhofer se ha encerrado durante diez años en su estudio con un único cuadro, que tiene que ser perfecto, y le hace despreciar todo lo demás y todas sus demás obras, que aunque eran de un hombre que ya era muy reconocido, él las considera poco menos que basura. Se concentra en una sola obra, esa obra que necesita la perfección e inspiración en toda clase de figuras perfectas. Entra entonces la contradicción muy bonita en el relato, que es cuando Frenhofer le pide a Poussin que su novia y modelo pose desnuda para él dada su belleza. Surge la noción de los celos, pero el propio Poussin, por mora al arte, cede y está dispuesto a que su novia pose desnuda para Frenhofer con tal de poder contemplar esa obra que el maestro tiene escondida desde hace diez años, y que tiene que ser perfecta. Avanzamos hacia el momento final de la novela con un desenlace sensacional, y es que cuando finalmente Poussin accede a esa obra que está rozando una perfección tal que será vida, se encuentra con un enorme amasijo de formas caóticas y desordenadas. Eso le choca inmensamente, le decepciona, hasta que en un rincón del cuadro hay un pie tan perfecto que tiene vida. Es el arte superándose a sí mismo, haciéndose vida. Finalmente todo concluye como debe concluir: Frenhofer enloquecido y quemando la casa y la obra, pero incluso ahí nos encontramos que al mismo tiempo que en esa especie de culminación entre arte y vida es una premonición de todo lo que será el arte moderno y la vanguardia. Y todo concentrado en muy pocas páginas: una auténtica pequeña gran joya de la literatura.
[Publicado el 07/11/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Galería, espectros, Balzac, Maestro Frenhofer, Nicolas Poussin]
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Galería de espectros: el viajero
Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto la silueta en lo alto de la montaña del viajero que contempla las nubes.
Delfín Agudelo: Te refieres sin lugar a dudas al retrato de Friedrich, emblema del romanticismo.
R.A.: Sí, es una pintura que creo ha ido consiguiendo una especie de magnetismo especial e incluso en las retinas contemporáneas quizá más que en su propia época, en que Friedrich fue un pintor muy controvertido. En cambio, en nuestros días ha ido ganando terreno, y en estos momentos es un referente visual indiscutible. A mí lo que me encanta de ese viajero es que es un viajero completamente a contracorriente; si nos fijamos bien, su posición es la habitual de los protagonistas de Friedrich, de espaldas, puesto que prácticamente nunca pintó a sus personajes de cara, lo cual exigía al espectador una suerte de contemplación de la contemplación: sus personajes contemplan y el espectador contemplaba la contemplación de los personajes. Creo que en esa pintura esto se sintetiza de una manera genial porque evidentemente este viajero que está situado en la cima de una montaña contemplando las nubes que están debajo de él, por tanto colocado a una gran altura, va vestido como si estuviera paseando por la ciudad. No va vestido de alpinista, ni va vestido para una escalada, sino que es una contemplación que nosotros observamos como hecha físicamente en la montaña pero al mismo tiempo se nos insinúa que esa montaña es la propia ciudad, porque el viajero va vestido de manera urbana. Ese efecto chocante, esa paradoja visual que nos sirve Friedrich, sintetiza muy bien esa ambición estética del pintor de exigir siempre una contemplación de contemplación, así que evidentemente se sitúa en los prolegómenos del propio surrealismo. Las escenas de Friedrich nunca puedes ser consideradas realistas sino para-reales, surreales o supra-reales, no por que proceda directamente del fondo de los sueños, sino por el hecho de creer que la propia realidad es un sueño.
[Publicado el 03/11/2008 a las 12:00]
[Etiquetas: Galería, espectros, Friedrich, El Viajero]
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Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he vislumbrado el espectro del injustamente tratado Salieri.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres al personaje de la película Amadeus de Milos Forman?
R.A.: Me refiero a un personaje que ha hecho famosa a esa película, pero también me refiero a un personaje que desde muy pronto sufre una extraña deriva en la literatura europea. Ya muy tempranamente un escritor tan importante como Pushkin se hace eco en una leyenda, en una obra que se llama Mozart y Salir, que empezó a circular por Europa según la cual Salieri había envenenado a Mozart por envidia, leyenda que a veces iba acompañada por la sub-leyenda de que era el propio Salieri quien había encargado el Réquiem a Mozart porque quería apoderarse de su música. Esto es lo que recoge Forman en su película; pero a mí Salieri, como reconocerá cualquier melómano que le guste la música de finales del XVIII y comienzos del XIX, me parece un músico notable, a años luz de la genialidad de Mozart, pero aún así notable. Me llama la atención en la película- y creo que es lo que está mejor tratado- esa especie de juego de dependencias que se crea entre el genio supuestamente dotado por la gracia -en el sentido que Schiller hablaba de la gracia, que es una especie de creatividad inocente- y por otro lado el hombre que sin tener ese talento, sin tener esa gracia a través de su esfuerzo, trabajo e intrigas de sus energías, intenta equipararse al genio. El juego entre esas dos personalidades ya Pushkin lo recoge muy bien, y también Forman en la película. Ahí nos encontramos esa interpretación de Salieri que mira a la criatura envidiada, pero la mira casi como una mirada fraternal, una mirada en la cual quisiera absorber los jugos creadores que se le escapan. Creo que hay algo no en el Salieri histórico sino en el recreado tanto por Pushkin como Forman de entrañable: es el hombre que a pesar de que llega a hacer todo su esfuerzo nunca llegará a rozar la suela de los zapatos de Mozart. Es un auténtico drama de la creatividad pero en cierto modo merece un respeto. Naturalmente esos personajes como Salieri acaban de alcanzar el respeto supremo si tienen la capacidad de autodestruirse en lugar de intrigar para ser el músico de corte, que es lo que él fue. Salieri hubiera podido llegar a la grandeza si se hubiera autodestruido; no llegó porque a pesar de todo fue un músico cortesano.
[Publicado el 31/10/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Galería, espectros, Salieri, Mozart, Pushkin]
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Galería de espectros: Fernando VII
Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto el espectro de Fernando VII.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres al espectro salido del cuadro de Goya con el mismo título?
R.A.: Sí, me refiero a ese cuadro, en el cual creo que Goya, maravilloso retratista, llega al clímax de su capacidad de captación sicológica. No creo que haya en toda la historia de la pintura europea otro retrato que llegue a representar y a expresar tan bien esa mezcla de fanatismo, de crueldad, de ignorancia, de que hacía gala ese personaje nefasto de la historia de España. Lo maravilloso del cuadro es cómo Goya es capaz de introducir todos esos atributos, tan negativos todos, y los logra concentrar en una especie de triángulo que va de la frente al mentón de Fernando VII. Esa frente es el paradigma de la ignorancia y la crueldad. Esa nariz retorcida es también el paradigma de esa especie de brutalidad histórica que tantas veces se ha dado en la historia de España. Ese torpe mentón es también el ejemplo de la torpeza del monarca que restauró la monarquía absoluta. Pero lo que ya realmente llega a los extremos son esos ojos, en los que se expresa la oblicuidad que puede tener el alma humana, su condición, unos ojos que exportan los submundos del alma, que en este caso eran submundos que llegaron a tener un poder desmesurado y absoluto. Además me atrevería a decir que Goya era tan buen pintor que no sólo pintó a Fernando VII, sino que logró pintar sombras de los que serían sus descendientes hasta hoy.
[Publicado el 06/10/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Goya, Fernando VII, galería, espectros]
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Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto al espectro loco de Aguirre.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres al protagonista de Aguirre, la cólera de Dios de Werner Herzog?
R.A.: Sí, me refiero a él, y a la vez al personaje que desde mi juventud me fascinó como representativo de una determinada visión, de una determinada voluntad de poder: el conquistador loco y paranoico que era Aguirre, quien marchó a la conquista del Dorado por las tierras del Amazonas y colombianas, siempre con la ambición de llegar a la ciudad de oro, pero al mismo tiempo con la necesidad de forzar hasta el máximo la voluntad del hombre y su lucha con la naturaleza. Creo que debemos agradecer a Herzog que fuera capaz de captar esa especie de quintaesencia del descubridor loco que se lanza a la aventura de una manera prometeica pero también mefistofélica, intentando llegar al final de sus objetivos y sin tener ningún problema en causar todo tipo de destrucciones con tal de llegar a conseguir su trofeo. En la película el personaje de Aguirre, maravillosamente encarnado por Klaus Kinski, concentra toda la gestualidad de esa voluntad de poder -constructiva y destructiva al mismo tiempo-, capaz de las mejores hazañas y peores exterminaciones al mismo tiempo bajo un objetivo que aparentemente es siniestro y sórdido como lo es el oro y la conquista del Dorado. Ese gran objetivo codicioso llega incluso a sublimarse para adquirir un aspecto casi trascendente. Si somos justos con Aguirre -al menos con el Aguirre que nos presenta Herzog-, evidentemente es un loco codicioso, pero finalmente también es alguien que llega a experimentar con los límites mismos de la voluntad humana y de sus posibilidades ante la naturaleza.
[Publicado el 29/9/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Galería, espectros, Aguirre, Werner Herzog]
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Galería de espectros: Hans Castorp

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, me he topado con el de Hans Castorop.
Delfín Agudelo: Te refieres al espectro del protagonista de La montaña mágica de Thomas Mann.
R.A.: La montaña mágica evidentemente ofrece muchas posibilidades de abordaje. Se puede abordar desde el punto de vista del dolor, de la enfermedad; desde el punto de vista incluso de un sentido romántico del amor muy peculiar; desde el punto de vista de una visión sobre lo que puede ser el porvenir en el siglo XX a través de las conversaciones que se dan en ese sanatorio tan especial situado en Suiza. Pero cuando evoco a Hans Castorp siempre me viene el experimento del tiempo, el de un hombre que se acerca unos días a un sanatorio para visitar a un pariente y acaba atrapado en el laberinto del tiempo, de modo que permanece en ese lugar a lo largo de siete años. Durante estos siete años queda como fascinado, excitado por el poder de la montaña, y sólo tras muchos trabajos y muchas contradicciones es capaz de volver al valle para reincorporarse a la vida cotidiana -aunque con la paradoja irónica y trágica de lo que le espera trágicamente es la primera guerra mundial. También me llama la atención la captación que hace Mann del experimento del tiempo. Si un lector atento hace el análisis de los ritmos de la novela, se da cuenta de que de la misma manera que para Castorp el tiempo queda distorsionado, el espacio narrativo también está expresamente distorsionado por Mann. De manera que los primeros días del espacio de Castorp en la montaña mágica duran prácticamente tres cuartos de la novela, y luego lo que son los siete años en que queda atrapado se van deslizando hacia una velocidad y ritmo narrativo cada vez mayor. Ahí nos encontramos algo que literariamente es muy interesante, que creo tiene que ver con el impacto de la novela en la literatura del siglo XX, y es la traducción del tiempo en espacio, incluso en espacio narrativo. Esto sería de algún modo llevar al terreno de la novela y de la narración las propias propuestas que contemporáneamente hacia Einstein sobre la necesidad de la física contemporánea de traducir el espacio en tiempo y viceversa.
[Publicado el 22/9/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: galería, espectros, Hans Castorp, Thomas Mann]
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Galería de espectros: Inocencio X

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto el del Papa Inocencio X.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres al retrato de Bacon o Velázquez?
R.A.: Me refiero fundamentalmente al retrato de Bacon, pero evidentemente no puedo dejar atrás el retrato de Velázquez sobre el cual trabajó Bacon en su obra. A mí me interesa mucho la obra de Bacon como el final de un abanico de amplio espectro que empieza con el retratismo renacentista y en cierto modo tiene su culminación en el propio Bacon. Si los artistas renacentistas buscaban penetrar en el cuerpo, diseccionar lo que era el alma del ser humano a través de la expresividad misma de las emociones que mostraba el cuerpo, Bacon parece ir más allá y quiere hurgar, indagar en lo que es el subsuelo de la epidermis. Quiere en cierto modo diseccionar la propia víscera o entraña del hombre, como si en lugar del alma buscara directamente el instinto en su sentido más animal y también más universal. Creo que la mejor comparación que podemos hacer para ver ese contraste en el gran arco del retrato europeo son los retratos de Cristo crucificado en el renacimiento o barro
co, o aquellos que hizo Bacon a lo largo de su vida, con el tema del crucificado como esencial. Mientras en uno se remarca la dignidad del héroe del cristianismo, en el caso de Bacon Cristo muchas veces es presentado como si fuera un buey abierto en canal, colgado en una carnicería. En ese sentido el contraste entre el Cristo de máxima dignidad pictórica, que es el de Velázquez, y los Cristos de Bacon, es suficientemente elocuente. Y así entendemos también esa gran obra maestra del siglo XX que es el retrato del papa Inocencio X que hace Bacon, recogiendo el prototipo de Velázquez pero de alguna manera desnudando hasta los huesos y vísceras a ese personaje, de manera que esa dignidad teológica, autoritaria, que se muestra en el Inocencio de Velázquez revestida de una gran autoridad y una gran dignidad, queda en Bacon reducida a cenizas: queda en cierto modo el esqueleto interior, el instinto en toda su desnudez del personaje, con lo cual nos muestra en cierto modo algo parecido a este Cristo colgado en la carnicería. Es el retrato de un hombre que tiene un máximo poder terrenal, el Papa, reducido precisamente a lo que es cualquier ser humano: una composición de nervios, músculos, entrañas y organismos primordiales.
[Publicado el 19/9/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: galería, espectros, Inocencio X, Velázquez, Francis Bacon]
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Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, me ha parecido ver el de Ofelia.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres al espectacular cuadro de Millet?
R.A.: Me refiero a este cuadro que parece hecho directamente como una escena de un sueño, pero de un sueño muy elaborado y refinado. Hubo un tiempo en que yo no admiraba demasiado a los prerrafaelitas, pues me parecían al margen de lo que era la genealogía de la corriente moderna en pintura. Pero debo reconocer que desde hace ya unos años he reconocido una importancia e interés en los prerrafaelitas, en su alegato a favor de volver a una pintura como la que se daba en la transición entre la edad media y el renacimiento. Esencialmente pienso que el ideal prerrafaelita en reconvertir al artista en un artesano, con una capacidad para el oficio, para el aprendizaje de ese oficio, una cierta modestia ontológica, etc., es importantísima en un momento, en una época como la nuestra, en que se ha llegado a una especie de hiper-artista, a una especie de metástasis de la propia denominación de artista. Recuperar la esencia original del artista como artesano es un reto de futuro y no es un ideal de pasado.
En ese sentido Millet logra captar muy bien en su cuadro sobre Ofelia el destino de ella misma, que siempre me ha llamado la atención. Como ya comenté al hablar del espectro de Hamlet, él no es uno de mis personajes favoritos. Lo encuentro un personaje caprichoso, una especie de deificación de la adolescencia perpetua, como un ser incapaz de tomar decisiones. En su indecisión y en su carácter dubitativo, su incapacidad para reafirmar una posición frente a la vida, crea todo un engranaje de desgracias a su alrededor que todo lo arrastra: amigos y parientes. Y en ese engranaje lo más injusto es el propio destino de la novia, el destino de Ofelia. En cierto modo es empujada de una manera completamente cruel por parte del personaje Hamlet hacia una locura y hacia una desesperación para la cual ella no está preparada; ni siquiera le encuentra sentido ni raíz a esa desesperación. Es un personaje muy entrañable porque es la desesperada que no sabe muy bien el por qué ha sido arrojada a ese territorio de desesperación, más allá de la caprichosa actitud de Hamlet. Entonces en el cuadro de Millet esa especie de muerte exquisita, elegante, de Ofelia que flota sobre el estanque, rodeada de un lecho casi diríamos paradisíaco, es una especie de justa compensación estética por esa desesperación sin sentido a la que ha sido arrojada, a partir de la propia extravagancia caprichosa de Hamlet. Ofelia no es tanto un personaje de gran entidad en vida sino que la adquiere en el momento inmediatamente anterior a su muerte. También tiene una gran entidad -aunque pueda parecer macabro- como cadáver. Una gran entidad como organismo que mantiene una extrema dignidad en el tránsito entre la vida y la muerte.
[Publicado el 15/9/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Galería, espectros, Ofelia, Millet]
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Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, me pareció ver el espectro de Drácula.
Delfín Agudelo: ¿A cuál de todos sus posibles espectros, variaciones, configuraciones o versiones cinematográficas has visto?
R.A.: He dicho me pareció ver porque técnicamente, quizá, no sea posible ver el espectro de Drácula porque una de sus características es su invisibilidad desde el punto de vista del reflejo especular. Drácula no se refleja en los espejos, no sé hasta qué punto podemos ver el espectro; o únicamente podemos ver una especie de avatar -de encarnación tipo avatar hindú- de Drácula. Pero esa rememoración se me produjo tras ver de nuevo la película de Coppola sobre Drácula, una película que además intenta ser fiel a la novela original, la de Bram Stoker, y que en ese sentido es muy elocuente e interesante. A mí me lleva a mi propia relación personal con el personaje de Drácula, que creo me ha ocurrido como a muchos que tuvo primero una relación visual, cinematográfica, con el personaje Drácula, teniendo en un cierto menosprecio a la fuente original que era la novela. Hasta que la leí y me pareció una novela fascinante desde el punto de vista de lo que en el siglo XIX se llamaba "El terror gótico". Por un lado la culminación de ese terror gótico pero al mismo tiempo una cierta premonición de fenómenos que han envuelto y que han interesado al hombre contemporáneo. En ese sentido, al mito de Drácula le sucede lo que a todos los mitos, y es que verdaderamente logra enraizarse en una época si responde a una necesidad o responde a un dilema propio de la sensibilidad de esa época. Y perduran más allá del tiempo en que fueron creados, si siguen suscitando esos dilemas y preguntas.
Creo que curiosamente el personaje Drácula, un personaje que el cine ha hecho popular, se vincula mucho con preguntas que nosotros nos hacemos acerca del tiempo, de la muerte, acerca de la posibilidad de una juventud eterna por parte del hombre, o de un alargamiento biológico de la vida que pueda llevar a la ilusión de la juventud, sólo que en ese caso se invierten los términos y lo que le ocurre a Drácula es que no puede morir: su condena es una especie de no-vida eterna, una no-vida que también es una no-muerte. En ese sentido es un hombre fronterizo, muy bien visto desde el principio por Stoker porque ese situarlo siempre al filo de la medianoche, como su momento de traspaso, nos ayuda a comprender su carácter: alguien que no vive porque no vive entre los vivientes de su época, pero que tampoco ha muerto ni puede morir. Entonces todos los problemas, todo el submundo que rodea a Drácula está vinculado con esa condición fronteriza. Incluso todos los símbolos y metáforas que le rodean, la necesidad de la sangre. Drácula es un sobreviviente muy especial, un naufrago, que no puedo estar tranquilo en el mundo de los muertos ni evidentemente estar en la civilización o en la sociedad. El cine encontró allí una materia prima excepcional desde el expresionismo con el tratamiento que le da Murnau al tema de Nosferatu, al tema de Drácula, hasta las múltiples encarnaciones cinematográficas, hasta llegar a la de Coppola, que creo que acierta mucho en ese tono operístico, típico de sus películas, y también en la recuperación del espíritu original de Stoker, situado en una sociedad como la nuestra que es una sociedad del espectáculo, una sociedad de la hipervisibilidad. En ese sentido, este espectro imposible de Drácula, errante por los escenarios y pantallas a lo largo del siglo XX, tiene todavía un inmenso porvenir.
[Publicado el 12/9/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: galería, espectros, Drácula, Bram Stoker, Francis Ford Coppola]
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Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
15/5/2013 12:40
The fragrance of the flavorists...
Publicado por: under
10/5/2013 00:11
Definitivamente, sin la belleza...
Publicado por: Saray Nunez
09/5/2013 22:39
buenas tarde Me intereso este...
Publicado por: ana cecilia davila
08/5/2013 16:34
Publicado por: Salomé Urbán Franco
08/5/2013 03:42
Publicado por: Erika Fragoso
06/5/2013 16:18
Como granadina y entusiasta de...
Publicado por: Celia Correa Góngora
05/5/2013 06:53
Publicado por: reynaldo vazquez c.
05/5/2013 06:52
Publicado por: reynaldo vazquez c.
28/4/2013 23:15
La lectura me dejo fascinada, es...
Publicado por: NORMA RODRIGUEZ RIVERA
28/4/2013 06:28
Excelente lectura que nos lleva...
Publicado por: Elisa Saavedra
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