El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

jueves, 4 de diciembre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'epifania'

La nostalgia

Rafael Argullol: Diálogo, relación erótica y conciencia de lo sagrado nacen de la misma herida epifánica que está míticamente encajada, bien espacialmente en la idea del paraíso, bien temporalmente en la idea de la pérdida de la edad de oro.

Delfín Agudelo: El producto de esa herida es ante todo el anhelo de trascendencia. La noción de epifanía la veo como el acto puntual en el cual se lleva a cabo un proceso humano que permite la oportunidad de trascender.

Rafael Argullol: El anhelo de trascendencia, como el anhelo erótico o el anhelo que implica el lenguaje y el diálogo, es el resultado de una nostalgia. Nosotros buscamos la inmortalidad más allá de la muerte porque se desarrolla en nosotros una idea nostálgica de la eternidad: buscamos en el otro cuerpo una unidad con nuestro cuerpo porque tenemos una idea de división. Buscamos el diálogo porque nuestros monólogos son insuficientes. En el mito del andrógino que relata Aristófanes esto es muy claro: se habla de una humanidad dividida en dos, y cada una busca a la otra: el erotismo sería la búsqueda de esa otra mitad perdida. Por tanto, aunque pueda parecer una paradoja, el deseo es una nostalgia. En el caso de nuestros distinto delirios e ilusiones de trascendencia inmortal, está muy bien explicado por el propio Platón al hablar de la caída del alma. El alma tiene nostalgia de cuando participaba de ese mundo de las ideas. Por tanto, la herida epifánica de la pérdida, que es una caída, implica una nostalgia en todos los terrenos. De ahí que muy probablemente, si ahora nosotros desarrolláramos un juego darwiniano o evolucionista de preguntarnos en qué momento ese otro animal desarrolló por fin el salto hacia lo que llamamos hombre, diríamos que fue en el momento en que ese animal al que llamamos hombre se sintió expulsado del paraíso, y al sentirse así fue desarrollando todos esos poderes genuinamente humanos que al mismo tiempo son todas sus contradicciones trágicas.

 

[Publicado el 13/3/2008 a las 09:33]

[Etiquetas: epifanía, paraíso, caída, nostalgia]

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Epifanías

Rafael Argullol: La última mirada contiene esa doble faceta de testamento y de poética de todo lo que ha sido su obra. En todos los casos, creo que se da esa doble vertiente, y esto también sucede en la literatura.

Delfín Agudelo: Siento que existe en nuestra cultura una obsesión con lo “último”, ya sea a sabiendas del autor o por un acto inesperado. Obsesiona la última carta que escribió, la última fotografía, la última composición. Quizás sea así porque es contrastar al artista con el absoluto de la muerte.

R.A.: Lo que llamamos testamento artístico ha sido muy importante en la mayoría de las culturas. De hecho, determinadas culturas como la Griega antigua, especialmente en la época helenística, llegan a inventar una síntesis maravillosa de este testamento artístico en el epitafio —que a veces ponía otra persona, pero que normalmente lo ponía el propio autor. El epitafio son las últimas palabras, y en cuatro o cinco versos, es necesario resumir lo que he sido y cómo quiero que me vean los otros tal como he sido. Entonces el epitafio empieza en el mundo antiguo, continúa en el renacimiento, y llega a la cúspide en el romanticismo. No creo que se haya escrito un epitafio superior al de John Keats: Here lies One Whose Name was writ in Water. Quiere que sean las últimas palabras, y a la vez síntesis.

El último legado ha sido importante, incluso se ha convertido en género literario a lo largo de los siglos. Lo que ocurre es que nuestra época, como es tan atenta al consumo inmediato de todo lo que sea novedad, paradójicamente se presenta como la novedad superior la última creación de un artista. En nuestro tiempo las editoriales siempre quieren algo original, actual y último del autor. Evidentemente no hay nada más último que lo último, no hay nada más aparentemente definitivo que la última obra. Hay toda una mitología alrededor de lo último. Esto ha creado no únicamente en el terreno del arte sino de la cultura de masas popular un auténtico cultivo de la “novedad última”, contradictoriamente: nada mejor que el último disco, la última foto de los Beatles, o de John Lennon. Pero fíjate que en el siglo XIX había un auténtico furor por algo más macabro que esto: las máscaras mortuorias. A los grandes artistas se les hizo una máscara mortuoria que luego se exhibía, y gracias a esto tenemos la de Beethoven, de Leopardi. Ahí estaba de alguna manera un último que sintetizaba todo.

 

[Publicado el 30/1/2008 a las 09:01]

[Etiquetas: epifanías, epitafio, muerte]

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Armarse, desarmarse

Rafael Argullol: En un momento determinado tú dices: "Era un error" o, como ya estás tan empecinado en esto, te niegas a reconocerlo, y sigues avanzando. A partir de ahí puede resultar una obra catastrófica o una obra fallida.

Delfín Agudelo: Cuando era pequeño, la mejor estrategia para sentir miedo era contar cuentos de terror en la noche en compañía de amigos: existía la predisposición, y luego del cuento, venían los sonidos extraños, los momentos de terror, el miedo a la oscuridad. Esa predisposición funciona igualmente cuando esperas sentir el momento epifánico. Habrá quienes tienen elementos específicos: caminar por tal calle a tal hora de la noche, o visitar determinada ciudad en cierta estación del año.

Rafael Argullol: Nos movemos en planos distintos: por un lado tiene que haber la predisposición, y por otro tiene que existir la captación del acontecimiento, la visión de esa luz especial. Y luego cuando te lanzas a toda la construcción, tienes que haber acertado en la condición epifánica... Si bien reconocemos al escritor como esencialmente un voyeur, que es un mirón de la vida, yo nunca me he visto a través de esta imagen. He querido ser partícipe de la vida y al mismo tiempo dar testimonio literario de esa participación. Dicho de una manera muy presuntuosa, esa tensión casi imposible entre ser Odiseo y escribir la Odisea: participar y al mismo tiempo dar testimonio. Esto hace que cada uno reconozca de una manera muy particular esos estados de posible captación. En el mío, los viajes me han servido mucho porque son momentos en que uno está particularmente desarmado pero armado de otra manera. Si estás viajando solo y por parajes desconocidos, quedas desarmado de todas las protecciones de tu realidad cotidiana. Pero por otro lado, lo abordas con los cinco sentidos completamente en tensión, y tienes la facultad de captar plenamente. Para la literatura es muy importante esa doble función de desarmarse y armarse de una manera distinta. Desarmarse, quitarse corazas y al mismo tiempo ser capaz de estar en una tensión especial, en un estado de receptividad especial. En el momento ya no solo de captación de la posible materia prima literaria sino el momento mismo de la escritura, se tiene que estar relajado y tenso. Si estás exclusivamente relajado, no funciona nada: es la indolencia, sería mucho mejor il dolce far niente, no te dediques a escribir porque no saldrá nada. Pero si estás demasiado tenso, demasiado crispado, es posible que tampoco el texto fluya ni respire, ni lo que estés escribiendo tenga el distanciamiento, incluso la ironía suficiente o la auto-ironía suficiente. Me parece necesario ese estado doble de armarse y desarmarse, y cada uno lo produce acorde sus propios métodos y técnicas.

[Publicado el 09/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: epifanía, escritura, predisposición, viaje]

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Epifanías

Rafael Argullol: Lo ideal, evidentemente, es el equilibrio entre la gran verdad y la gran mentira, entre ese fuego y ese hielo.

Delfín Agudelo: Es entonces una mezcla entre lo gélido y lo hirviente, que demarca la existencia de contrarios. Uno de ellos, tu ejemplo de la presencia de la epifanía-lo que has llamado anteriormente "una radical experiencia propia"-implica necesariamente dos contrarios: un mundo real y un mundo trascendente. La epifanía precede a la experiencia de escritura, cerrando así un círculo entre la realidad y ficción. Ineludiblemente, esa epifanía surge en un mundo real. Me pregunto si un escritor puede inducir una epifanía.

R. A.: El escritor va con la caña de pescar. La diferencia del escritor con cualquier otra profesión es que está predispuesto a captar la presencia de esas epifanías. Yo tengo muchos amigos que se dedican a otras profesiones, y están mucho menos atentos que yo a los acontecimientos de la memoria, a lo que yo llamo acontecimientos de mi propia memoria. El escritor es alguien predispuesto y como va con la caña de pescar, va poniendo cebos a esas epifanías y acontecimientos hasta que alguno de ellos pica, y en ese momento empiezas a transfigurar ese acontecimiento o epifanía. Tienes que mostrar la predisposición, si bien ésta no asegura la presencia del acontecimiento a partir del cual puedes intentar forjar un texto. La predisposición es lo que de alguna manera distingue al escritor o artista del no escritor o artista. ¿Cómo reconoces la presencia? Pues porque brillan de alguna manera especial, aunque sean acontecimientos negros: no tienen que ser necesariamente luminosos, puesto que pueden ser buenos o malos, siempre y cuando tengan un toque o luz especial que en un momento determinado captas y a partir de dicha luz entran en funcionamiento todos los mecanismos de reelaboración que llamamos escritura o literatura. ¿Cómo se presentan esos momentos de luz especial? A partir de sueños, a partir de, como decíamos días atrás, intuiciones en el insomnio, de asociaciones de ideas que realizas durante el día, a partir de correspondencias que tú realizas a lo largo de tu vida diaria en la que ves una planta y eso lo puedes llegar a relacionar con un jardín que viste en otro momento, o que es un cuadro con unos personajes, con una multitud de gente de un mercado y eso se relaciona con algo más. Continuamente actúan diversos elementos de captación de esos instantes de luz especial. Sueño, insomnio, correspondencias, evocaciones, libre asociación de ideas... no hay un solo método, no hay un solo procedimiento: hay muchos, y reconoces alguno. A partir de ahí, discriminas. ¿Vale la pena que ese acontecimiento sea epifánico? Para saberlo te lanzas. En un alto porcentaje de veces, te lanzas y te equivocas: tomas como epifánico acontecimientos que no merecen la pena o que tú no logras hacerlos merecer la pena. Lo imagino como en cualquier otra actividad de la vida: el saltador de altura, por un gran salto que hace, falla nueve. Es igual el caso de escritor: de diez intuiciones de grandes acontecimientos que lo llevarán a textos sólidos, nueve o más están errados. El error puede ser muy grande: puede llegar a implicar meses o años de tu vida en un acontecimiento raro. Y eso ha pasado mucho, y nos ha pasado a todos. En un momento determinado tú dices: "Era un error" o, como ya estás tan empecinado en esto, te niegas a reconocer el error, y sigues avanzando. A partir de ahí puede resultar una obra catastrófica o una obra fallida.

[Publicado el 08/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: escritor, artista, epifanía, escritura]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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