Rafael Argullol: Se crean simulacros de relatos de la megápolis que son iguales en todos lados, y es muy probable que el relato de nuestros días sobreviva en los entresijos de la gran ciudad.
Delfín Agudelo: La supervivencia de cualquier relato, sin importar su microcosmos o macrocosmos, debe superar la barrera de la rapidez informática, del asombroso en cuanto excesivo dinamismo de la información, del mismo relato, que muchas veces es un fruto inmediato y poco maduro. Adheridos aún a la poética del paseante, que es la enemistad absoluta con la idea del time is money, existe la esperanza de la supervivencia del relato en la ciudad.
R. A.: Esta mañana estaba paseando con un amigo bajo este sol magnífico y llevábamos una hora conversando, paseando lentamente, tranquilamente, por una de las pocas calles que en el centro de Barcelona es posible porque ha tenido poco éxito comercial a pesar de su amplitud, que es el paseo Sant Joan. Estábamos caminando tranquilamente y nos hemos encontrado a un tercer amigo, a quien hacía mucho tiempo que no veía. Se ha acercado a nosotros, y nos ha dicho: "¿Vosotros tenéis tiempo todavía de ir caminando tranquilamente por la ciudad?" Yo le respondí que en el momento en que no tienes tiempo para ir caminando tranquilamente por la ciudad lo mejor que puedes hacer es dejar de vivir, porque has abandonado la vida previamente. Me gusta mucho el lema de ese maravilloso fotógrafo que era Cartier-Bresson, "La prisa es de miserables". Hay algo en estos momentos profundamente revolucionario en el detenimiento, en la comida: saboreas el alimento en lugar de engullirlo. En el detenimiento que significa la sensualidad y el erotismo frente al fast food de la pornografía. El detenimiento que significa la cultura frente a la falsa religión de los bestsellers, y grandes artefactos editoriales. Detenimiento que significa una película de estructura clásica frente a los juegos artificiales de los efectos especiales. El detenimiento significa la conversación con un amigo frente a una especie de comunicación con signos, puramente utilitaria, que es en la que creo que hemos degenerado. El paseo, aunque sea difícil, sigue siendo algo reivindicable porque es la base misma de nuestra capacidad de pensar y de expresar a los otros. Por tanto, creo que el ritmo lento es profundamente revolucionario. Casi estamos en una época de anti-Marinetti, anti-futurismo, contraria a esa fascinación de los futuristas por la velocidad, por lo rápido. Podríamos exaltar la lentitud, el detenimiento, la capacidad de atravesar la complejidad de la vida, acosados como estamos desde todos los frentes por el fast-food.
Barcelona es una ciudad en la que todavía habría posibilidades de pasear por su tamaño, pero en los últimos diez años ha estado completamente acosada y casi diríamos abrumada por la presencia masiva del turismo. Es una ciudad que en estos momento está sufriendo un grave deterioro desde el punto de vista de ese detenimiento y de esa lentitud, aunque evidentemente no se puede comparar todavía con las grandes megápolis tipo Ciudad de México, Sao Paulo o Bogotá. Pero creo que uno de los grandes fracasos del hombre contemporáneo ha sido precisamente dejarse arrebatar la figura del paseante. Y eso llama la atención porque a veces, en determinadas ciudades del norte de África, Alejandría, Marrakech, ves todavía que existe esta amistad traducida en paseo, esa cultura del café, esas horas dedicadas al amor propio y al detenimiento. Aquí muchas veces no existen. Las horas que no se pueden dedicar al paseo o a la amistad son horas que ya no se dedican al amor propio.
[Publicado el 24/9/2009 a las 12:13]
[Etiquetas: megápolis, paseante, ciudad, relato]
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Rafael Argullol: Por eso el paseo urbano era básico como territorio del descubrimiento y debo reconocer que en los últimos años el paseo se está convirtiendo físicamente imposible. Por lo menos en Barcelona, con la densidad demográfica, por la cantidad de habitantes por metro cuadrado, por la presencia de determinados obstáculos cada vez más difíciles.
Delfín Agudelo: Ahora contemplamos el paseo como actividad entre un lugar en la ciudad y otro- caminar hasta el trabajo, caminar hasta la universidad, caminar hasta la plaza. Pero en este caso el paseo no se lleva a cabo en sí mismo, sino que es una alternativa a no tomar cualquier medio de transporte. Se lleva a cabo como alternativa de movimiento, mas no como núcleo creador de la cultura.
R.A.: Casi lo llevaría a un último capítulo de la historia del paseante, porque la relación entre cultura y paseo es una relación que viene de la Grecia clásica, y que el peripatético era alguien que conversaba, filosofaba o militaba a través del paseo individual o de la complejidad con amigos, y atravesaría distintos siglos. Quisiera recordar un texto maravilloso de Petrarca en el cual explica su ascensión al Mount-Ventoux en Provença y esa ascensión es un auténtico modelo de paseo entre la edad media y el renacimiento. Y no digamos la importancia del paseo en el siglo XVIII y siglo XIX. Ahora en determinadas ciudades francesas, alemanas y españolas nos encontramos con el "paseo de los artistas", o "el paseo de los poetas", que tenía mucho que ver con la creación de cultura. O alrededor del café o de la copa, o caminando. Creo que eran las dos actitudes, y la tercera escribiendo. La cultura se ha hecho con los pies caminando, conversando, y con la pluma escribiendo. Y esto ha entrado en una situación de colapso en estos días.
Por esto me da la impresión que en nuestras grandes ciudades lo literario ha dado una vuelta de tuerca, y en lugar de aspirar a ser la ciudad colectivamente, la multitud colectivamente el protagonista, como puede ser Berlin Alexanderplatz de Döblin, ahora cada vez tendremos más el pequeño relato fragmentario de la micrópolis o del barrio, y por eso no tiene que llamarnos la atención que por ejemplo en ciudades como Barcelona vayan a convivir relatos magrebíes, dominicanos, etc., cada uno en el pequeño territorio del entorno, mientras que por el otro lado el conjunto orgánico de la ciudad es profundamente amnésico, profundamente enemigo del relato. Se crean simulacros de relatos de la megápolis que son iguales en todos lados, y es muy probable que el relato de nuestros días sobreviva en los entresijos de la gran ciudad.
[Publicado el 16/9/2009 a las 10:23]
[Etiquetas: multitud, ciudad moderna, simulacro, relato]
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Rafael Argullol: Es muy probable que los movimientos metropolitanos de los años sesenta, con la fecha emblemática de mayo del 68, fueran en realidad uno de los últimos movimientos en que se intentó identificar ciudad-cultura, creación de civilización-utopía, etc., y que del último tercio del siglo XX haya ido viviendo una agonía de esta identificación, al mismo tiempo que se iba reforzando la red de comunicación universal.
Delfín Agudelo: Esta evolución de la identidad de una ciudad es de las maneras más certeras de analizar cualquier época, y todavía más en un pasado más reciente, como puede ser desde 1830 hasta nuestros días. El flâneur o paseante surge, entre otras cosas, ya que el individuo necesita reconocer la ciudad que ha cambiado o que está en constante cambio, como se puede ver en el poema "Le cygne" de Baudelaire: es mediante su atravesamiento que se logra su conquista, y así adquirir, de alguna manera, un sentido de pertenencia. Pero en el caso del flâneur es una conquista falsa, porque jamás logra conquistarla, es ella quien lo conquista a él en el capitalismo naciente, en las cadenas, como recuerda Benjamin: el flâneur ya no se pierde en las calles, sino en los grandes centros comerciales. En China o Estados Unidos está el centro comercial más grande del mundo. Me cuesta imaginarlo porque precisamente lo imagino como una ciudad, que es, pasando desde el pasaje parisino donde se exhibió por primera vez la mercancía, a hablar ya "del más grande del mundo".
R. A.: Yo hace ya bastantes años escribí un texto que era también un pequeño homenaje a Edgar Allan Poe, que se llamaba "La ciudad Maelstrom". Partía del ejemplo concreto que me había impresionado mucho en aquel momento, en Atlanta, Estados Unidos, pero también reflexionando en torno a la evolución de la metrópolis. Me llamó la atención que esta ciudad, con un clima excelente, que invitaba al paseo y al aire libre, había organizado la trama urbana de manera que había micrópolis cerradas, confinadas alrededor de grandes centros comerciales que incluían torres, restaurantes, cines, etc. Esas distintas micrópolis estaban cuarteadas por autopistas urbanas. Entonces te encontrabas que una ciudad apta para hacer una vida al aire libre prácticamente diez u once meses al año, se sumergía en estos gigantescos sótanos micropolitanos, allí metía todo, y comunicaba esas distintas islas a través de autopistas urbanas que no dejaban de ser medios de comunicación e incomunicación, porque también servía para tener separados y escindidos barrios o fragmentos de la ciudad no deseable.
Eso es lo que ocurre con nuestras megápolis: nos organizamos en islas cuarteadas a través de islas urbanas, y así tenemos un fuerte armazón de discriminación social entre los distintos grupos que pueblan la ciudad. Lo que de Atlanta en aquél momento me pareció muy llamativo, negativamente llamativo, luego se ha convertido en un modelo universal que lo he visto reproducir y dibujar en todos los continentes. Y en unas estructuras de este tipo, la importantísima figura para la literatura, para la cultura, para la ciencia y para el espíritu, que ha sido el paseante, entra en una crisis casi irreducible. Casi podría decir que he sentido en carne propia ese cambio, y he procurado vivir siempre en el centro de la ciudad porque el paseo urbano para mí es algo extraordinariamente importante porque soy alguien nacido en la ciudad, que mis padres y abuelos también eran de la ciudad, así que tengo una mentalidad muy urbana. Por eso el paseo urbano era básico como territorio del descubrimiento y debo reconocer que en los últimos años el paseo se está convirtiendo físicamente imposible.
[Publicado el 08/9/2009 a las 12:41]
[Etiquetas: ciudad, paseo, flâneur, ]
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[Publicado el 26/8/2009 a las 10:00]
[Etiquetas: multitud, ciudad moderna, baudelaire, poe, megápolis, Kafka]
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[Publicado el 20/8/2009 a las 09:29]
[Etiquetas: multitud, ciudad moderna, baudelaire, poe]
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[Publicado el 15/1/2009 a las 09:00]
[Etiquetas: azar objetivo, Breton, calle, ciudad]
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La ciudad como enciclopedia cultural
[Publicado el 08/1/2009 a las 09:00]
[Etiquetas: París, Roma, ciudad, creatividad, capitalidad cultural]
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Galería de espectros: el flâneur
Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto un espectro difuso, un espectro que puede ser el perfil de muchos espectros; el espectro del flâneur-
Delfín Agudelo: Sin duda te puedes estar refiriendo a ese ojo de la ciudad, o a ese homme de foules que es el flâneur de Baudelaire.
R.A.: Sí, alguien que no acaba de tener un nombre y un apellido, porque precisamente una de las características que Baudelaire supo ver en la nueva condición urbana era la de precisamente los nombres y los apellidos -esas identidades tan marcadas del mundo anterior, del mundo rural, del mundo feudal- quedaban difuminados en el nuevo oleaje de la multitud. Creo que el flâneur, ese hombre que se deja ir, que pasea pero dejándose ir por la ciudad, que se deja arrastrar por la marea de la ciudad, sin un propósito claramente determinado pero secretamente albergando muchos propósitos de captación del ritmo de la ciudad, es un personaje que a la fuerza está acompañado por ese otro gran protagonista de la ciudad que es la multitud. Si la multitud es el protagonista por excelencia de la nueva metrópolis, el flâneur sería el individuo que se mueve en medio de esa multitud buscando unas señas de identidad que cree desconocer, buscándolas pero como el náufrago va agarrado a la madera y dejándose arrastrar por la corriente, con una clara esperanza de salvación pero no sabiendo en qué esquina de la ciudad va a aparecer esa salvación. La experiencia del flâneur no será tanto esa esquina en la que encontrará reposo provisional sino que la experiencia del flâneur es aquello que le ocurre en la medida en que va agarrado de la madera en la corriente del oleaje, por el cual le arrastra la ciudad.
[Publicado el 27/10/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Flâneur, Baudelaire, ciudad, metrópolis]
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Rafael Argullol: Tenemos una especie de juego de estratos demográficos que se está produciendo además a una enorme velocidad y hubiera sido completamente imprevisto hace tres o cuatro décadas.
Delfín Agudelo: Me llama la atención el nativo, en relación con la idea tuya de la patria: no es aquella en la que se nace, sino a la que uno llega, la que se construye. Estas reacciones un tanto peligrosas, por xenofobia, intolerancia, a esta alteridad que llega a la ciudad, en apariencia terminan siendo que el nativo es uno más, que no tiene por qué sentirse con la exclusividad distinta al que llega. Oímos decir: "Yo sí soy de acá". ¿Pero qué es ser de "acá"? ¿Qué implica que haya vivido toda la vida en la ciudad?
R.A.: Este es un tema extraordinariamente interesente y sobre el que he escrito a raíz de la lectura de una biografía maravillosa de Alí Bey, un viajero barcelonés que a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX fue el segundo o tercer europeo en entrar en la Meca. Este hombre, que se llamaba Domingo Badía, y que adoptó para trasladarse a África y Asia el nombre de Alí Bey, es un hombre extraordinario, y que la obra que finalmente escribió -la recopilación de sus viajes por África y Asia, publicadas en París, me parece, en 1816- es una de las grandes obras maestras de la literatura de viajes. Me fascina la personalidad de Domingo Badía, alias Alí Bey- o al revés, Alí Bey, alias Domingo Badía- porque tenía esa enorme capacidad de metamorfosis. Fue un hombre que tuvo la capacidad de ponerse en el otro extremo de sí mismo continuamente. Como cristiano tenía una enorme facilidad de verse como musulmán; como alguien que hablaba francés o español, podía vestirse como alguien que hablaba árabe. O como alguien que nació en una clase social medianamente modesta, y que siempre tuvo dificultades para vivir, se veía muy bien y los otros lo veían muy bien como príncipe turco. De hecho hay una maravillosa anécdota en que se encuentran en Alejandría Chateaubriend y Alí Bey, y éste, cuando tiene la cita con Chateaubriend, le dice "¡Atala, René!" Chateaubriend, explotando en vanidad literaria -que él mismo después tendrá que justificar- dirá: "Por fin he encontrado al turco más sabio que pueda concebirse, que está familiarizado con mis personajes literarios." Cuando vuelve a Europa, Chateaubriend se entera de que el príncipe turco familiarizado con sus obras es en realidad un barcelonés llamado Domingo Badía, pero que había logrado ser el camaleón perfecto, no en el sentido peyorativo del término, sino en el sentido interno del viajero. Para mí la esencia del viajero es aquél que es capaz de mirarse desde distintos lugares y sabe situarse en distintas pieles. Y este personaje lo hizo hasta grados maravillosos, porque tenía esa capacidad de sentirse nativo, y para intercambiar el papel del nativo y el extranjero. Esto es lo que debemos acostumbrarnos a hacer: relativizar las denominaciones nativo y extranjero.
[Publicado el 21/5/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: Ali Bey, metamorfosis, ciudades, nativo, extranjero]
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Rafael Argullol: Esa fusión de comunidades está originando una especie de caos narrativo que puede ser extraordinariamente fértil en el futuro, pero siempre tenderá a ser asfixiado y obturado por lo que es el discurso monolítico que está gestionado desde los medios del poder.[Publicado el 09/5/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: metrópolis, megápolis, identidad, Baudelaire, ciudad]
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Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
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