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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 20 de septiembre de 2019

 Blog de Rafael Argullol

La disolución del paseante

Rafael Argullol: Creo que en nuestros días el poder de la masa se manifiesta precisamente a través de esa uniformización que producen los terminales de los medios de comunicación.  

Delfín Agudelo: Pienso en "À une passante" de Baudelaire. Siguiendo el análisis de Benjamin, la mujer de mirada penetrante cobra vida gracias a la multitud, porque es ésta quien le da vida al individuo. En el siglo XIX existía la necesidad de formar parte de la masa, para así ser conscientes de la modernidad. Pero ahora hay una serie de elementos que te permiten retirarte de la masa, y no puedo dejar de pensar en ciertas modalidades de turismo: olvidarse de la masa, evadirla a toda costa. Y no solamente en turismo: más de una vez, en la ciudad misma, optamos por las calles que la multitud no ha conquistado.  

Rafael Argullol: Yo creo que se ha producido un cambio profundo en la percepción en lo que puede ser civilización o cultura. El escenario de la modernidad del siglo XIX y comienzos del XX encontramos dos protagonistas. Un caso es la multitud, y otra el paseante, que en Baudelaire adquiere el perfil de flâneur, o en Benjamin de conocedor de los pasajes de París. Ese paseante, en un momento determinado, detiene el paseo o su itinerario en un café. Si por un lado es la multitud y por otro el paseante, éste, a su vez, tiene dos escenarios privilegiados: la acera o el café. Ya es casi un tópico que gran parte de la cultura moderna ha sido de los cafés, de París, de Viena, de Buenos Aires. Creo que en nuestra época de la megápolis y globalización no existe ni la multitud en sentido histórico-moderno, porque no es englobada, ni en organizaciones obreras, o sindicatos, sino que es una masa de productores y consumidores que deambulan por la ciudad sin la conciencia anterior. Se ha destruido la figura del paseante, que se ha convertido en una figura casi imposible en nuestras ciudades altamente agredidas por los vehículos, por la enorme cantidad de gente, por la densidad demográfica. El paseante que iba conociendo cosas inesperadas en la ciudad está casi desapareciendo, porque hay pocas cosas inesperadas y porque lo que encuentra en su ciudad es lo que encuentra en otra ciudad, que es lo mismo a través de las grandes cadenas.

En tercer lugar, el espacio del paseante reposado en el café recibió una estocada de muerte también por las cadenas, por el fast-food, por la presencia del turismo masivo, por las migraciones, etc. Es por esto que en nuestro momento creo que ha dejado de identificarse ciudad y civilización o ciudad y creación de cultura, que es una identificación muy vieja y que llega  a su extremo en el París, Viena, y Londres del XIX y casi hasta los años cincuenta del siglo XX. En el momento en que deja de identificarse se está produciendo una especie de nuevo retorno a una naturaleza no urbana, o una naturaleza que, para ser más justos, deberíamos llamar semi-urbana. Para muchos, el ideal de hábitat actual es un lugar en el cual se goce de ciertas ventajas de la comunicación mundial, de la presencia del cine y de la música mundiales, pero al mismo tiempo retirándose de las desventajas de una megápolis que ya no aporta aquella condición de creación cultural que el siglo XIX y hasta la década de 1950 se había hecho bandera.

[Publicado el 03/9/2009 a las 00:01]

[Etiquetas: Benjamin, Baudelaire, multitud, megápolis]

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La masa "megapolitana"

Rafael Argullol: Creo que la multitud en Poe o en Baudelaire todavía tiene unas ciertas características de identidad propia.
Delfín Agudelo: Pensaría, de esta manera, que es precisamente el protagonismo de la calle, la manera como ésta actúa sobre la multitud y las distintas posibilidades que ella acarrea, el gran elemento coyuntural de dicha transformación. Ya desde mediados del siglo XIX la idea que contrapone a la multitud, el flâneur, se daba por obsoleta: ya él mismo formaba parte anónima de la masa.
R.A.: Exacto. Consiste en ese segundo estadio en que la multitud se convierte completamente en masa; es decir, que ya pierde todo perfil individualizador, como si perdiera toda el alma, y casi nos trasladamos al escenario urbano del primer tercio del siglo XX que acogerá los grandes totalitarismos, el nacional-socialismo, el estalinismo, y que desde el punto de vista literario dará lugar a una literatura como la de Kafka, puesto que el personaje de La metamorfosis no deja de ser el individuo en una época de hegemonía absoluta de la masa. Un individuo que no puede sostener su propia resistencia moral e individual, y se hunde y queda sometido en cierto modo a los engranajes que lo rodean. El gran poeta de la época en que la literatura recoge la transformación de la multitud en masa es precisamente Kafka, con todo su sentido de la para-realidad, de lo onírico, de lo absurdo. En general lo que en el siglo XX se llamó la literatura del absurdo, entre muchas otras cosas no dejaba de ser la imposibilidad del individuo en un momento de predominio de lo masivo. Pienso por ejemplo en los textos de Albert Camus, incluso en un texto como El extranjero, donde el acto gratuito, absurdo, se convierte en protagonista. Eso no sería posible sin que hubiera reinado ya el mundo de los grandes totalitarismos masivos. Pienso también en la gratuité y la absurdité de André Gide, donde también se refleja esto: por un lado la presencia de ese elemento absolutamente socavador de perfiles individuales que es la masa, y por el otro la dificultad de la resistencia individual a no ser que sea muchas veces a través de lo absurdo.
Me da la impresión que en la segunda mitad del siglo XX, y sobre todo a finales del siglo XX y principios del XXI, nos hemos trasladado a otro escenario, que sería el más genuino de la megápolis, en el cual ni siquiera la masa, la multitud-masa, interviene disciplinadamente en la calle como había sido bajo los totalitarismos, sino que esa multitud-masa se convierte fundamentalmente en masa a través de las conexiones de nuestros medios de comunicación y de nuestras pantallas. En nuestros días no hace falta que haya grandes manifestaciones de la masa en la calle para que la conciencia se comporte de una manera arbitrariamente masiva porque creo que la complicidad masiva en nuestra época se da desde los hogares individuales a través de las terminales infinitamente no repetidas de los medios de comunicación. En la época de Mussolini o Hitler, la masa era convocada a la calle y de alguna manera el poder de la masa se manifestaba visualmente a través de su presencia en la calle. Creo que nuestros días el poder de la masa ya no metropolitana, sino megapolitana, por así decirlo, se manifiesta precisamente a través de esa uniformidad de las conciencias, provocadas no por su asistencia masiva, sino por esa especie de uniformización que producen los terminales de los medios de comunicación.   

[Publicado el 26/8/2009 a las 10:00]

[Etiquetas: multitud, ciudad moderna, baudelaire, poe, megápolis, Kafka]

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El paseante entre la multitud

Rafael Argullol: Uno de los aspectos más remarcables de las variaciones que se han dado en la ciudad en los siglos XX y XXI es también la transformación del protagonista del relato urbano, que junto con el héroe o personaje individual ha sido la multitud y que a principios del siglo XXI tiene unas características profundamente distintas de las que se pudo apreciar en el momento en que se formularon las ideas sobre la modernidad.
Delfín Agudelo: La multitud, además de sufrir una evolución como tema o personaje literario, ha tenido un desarrollo en las calles mismas de la ciudad: de la ciudad moderna a metrópolis y de ésta a la megápolis siempre ha sido el sinónimo del ligar público y de las reflexiones solitarias de un caminante urbano.
R.A.: A este respecto pienso que es interesante recordar que probablemente el primer relato literario en que la multitud se convierte en protagonista es precisamente una narración de Edgar Allan Poe, "La multitud". Es una narración que e gusta mucho, en muchos aspectos. Primero por su calidad literaria, pero también porque creo que es el punto de salida de ese nuevo protagonismo o de lo colectivo-urbano. En "El hombre de la multitud" Poe presenta algo que no deja de ser muy contemporáneo, y es el devenir de un hombre que no puede estar separado de la multitud. Él lo plantea en la ciudad de Londres, y ese hombre siempre tiene que estar cerca de donde hay multitud, durante el día o la tarde, en Oxford Street, después tiene que ir a los bajos fondos de la vida noctámbula y prostitución, y al amanecer tiene que ir al mercado central... Siempre tiene que estar cercano a la multitud, inmerso en ella, porque no es nadie sin la multitud. Creo que en ese sentido Poe hace una especie de visión profética de lo que será la relación entre la literatura y la ciudad en los tiempos futuros, a pesar de que en la experiencia urbana de Edgar Allan Poe no es muy metropolitana. Él no era de Nueva York sino de Boston, que era una ciudad muy pequeña en relación a las nuevas metrópolis que se estaban configurando en el siglo XIX. Así que aquí, como en otros aspectos, es tan interesante establecer ese paralelismo, esa intimidad entre Baudelaire y Poe, sobre todo porque Baudelaire la reivindicó respecto a Poe. Ya no solo es que estemos hablando de una literatura que deriva directamente de lo rural a lo urbano, sino de la advertencia de que en adelante la multitud tiene que ser un personaje absolutamente fundamental dentro de la literatura. Y eso tiene su equivalencia y traducción inmediata en el hecho cierto de que En las flores del mal de Baudelaire el protagonista individual es muchas veces la multitud, quien está presente en esa especie de carnaval urbano y crítico del progreso que plantea Baudelaire en sus poemas. Se ve una multitud que evidentemente es la consecuencia de la última urbanización, del paso de tantos campesinos a  barrios proletarios de París, de la revolución industrial, de la politización. Una multitud que es a la vez carne de cañón y sujeto de la nueva poesía. Una multitud que está impregnándose en esa metrópolis pero que también de alguna manera se convierte en la que da un cierto sentido a la nueva poesía moderna que reivindica Baudelaire. Creo que la multitud en Poe o Baudelaire todavía tiene unos ciertos características de identidad propia.

[Publicado el 20/8/2009 a las 09:29]

[Etiquetas: multitud, ciudad moderna, baudelaire, poe]

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Las flores del bien y del mal

Rafael Argullol: La presencia de los bárbaros en nuestro mundo generalmente se hace a través de la reivindicación de la suprema bondad de lo divino, de la suprema bondad de lo religioso. El fanatismo casi siempre es un fanatismo que se presenta como fanatismo del bien, no del mal, pero cómo a través del bien se puede llegar al mal.

Delfín Agudelo: Pero si bien a través del bien se llega al mal, y el interés en el mal en sí mismo no resulta interesante como anotabas anteriormente, se me viene un tema que también ha surgido en otra conversación, que consiste en la fascinación que sintieron los románticos por el diablo de Milton.

R.A.: Pero ahí está muy claro el caso de Baudelaire. Las monjas que atendían la residencia u hospital donde murió Baudelaire fumigaron la habitación porque había muerto alguien verdaderamente vinculado con un lado maligno. Pero yo después de, cuando era muy joven, de tener una primera lectura de Baudelaire en la que me magnetizó mucho por su estética transgresora, con el tiempo he hecho una lectura de Baudelaire como un auténtico campeón de la bondad, como un campeón del bien. Si uno lee con atención las obras de Baudelaire se encontrará  que en ellas hay una ética del bien disfrazada de ética del mal; una estética del bien disfrazada de flores del mal; y finalmente una metafísica del bien presentada como una gran ontología maligna. Pero es el caso contrario, y Baudelaire es la culminación de la fascinación romántica. Es la presentación de la máscara del mal por una especie de obsesión por la bondad, por conseguir el bien, pero un bien que va más allá de moralismos. No el bien sometido al juicio moral ajeno, sino el bien más allá de moralismos.

Pero esto sería una figura simétrica a lo que estábamos comentando, a la figura del que se considera partícipe de los círculos de la bondad y del bien, pero que en realidad se va hundiendo en los distintos círculos del mal, en las alcantarillas del mal. Eso es lo que verdaderamente preocupa de los textos que estamos visitando. Cuando Todorov analiza por un lado la figura de la nueva barbarie que podría ser fanatismo religioso, éste se hace con la excusa del bien. Pero es que la defensa que ha hecho el neoconservadurismo norteamericano, por ejemplo, contra el fanatismo religioso ha sido otro fanatismo maligno que salía también de una supuesta defensa del bien. El hombre de bien, por tanto, que hace el mal, es la topología simétrica inversa de la figura baudelariana de la indagación del mal para ser un bien libre, para construir o para construirse a sí mismo a través de una bondad no moralista, de una bondad libre. Creo que muchísimos de los artistas y escritores que han indagado en el mal ha sido precisamente a partir de la preocupación de construir un bien sujeto al dictamen religioso, moralista, puritano del significado del bien.

[Publicado el 11/6/2009 a las 09:00]

[Etiquetas: Baudelaire, Bondad]

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Cineastas avant la lettre

Rafael Argullol: Kubrick no se encalló en ninguna de los géneros, sino que fue trasladándose de uno a otro y en cada uno intentó en cierto modo legar una obra definitiva.

Delfín Agudelo: Se me viene a la cabeza una idea de Brassaï en la que apunta a que el tipo de artista que en realidad imaginaba Baudelaire refiriéndose a Constantin Guys en El pintor de la vida moderna es como un cinematógrafo o fotógrafo. Siempre la dimensión ideal del artista es planteada en relación con los avances técnicos y tecnológicos de la época, razón por la cual Baudelaire se refiere al artista como un pintor. Pero Brassaï defiende la idea de que a lo que Baudelaire le apunta es al cineasta como artista. Lo veo en conexión con tomar diez películas y de allí llevar a cabo ocho géneros- cada género atañendo un rasgo de la  condición humana.

R.A.: Creo que hubo dos artistas del siglo XIX que en cierto modo se adelantaron al cine, que necesitaron del cine antes de que el cine se hubiera inventado; lo que sí se había inventado era la fotografía, que en cierto modo les fascinaba- pero en el fondo necesitaban el cine. Esos dos son el que tú comentas, Baudelaire, que claramente en sus ensayos y poemas se pone de manifiesto el impacto que le produce la fotografía e incluso llega a oler e intuir en algunos momentos de Las flores del mal una especie de cinematógrafo avant la lettre, por eso a él mismo le gustaba mucho el teatro de sombras y todo ese artificio que preludió el advenimiento del invento de los hermanos Lumiere. Luego hay otro artista que en el fondo hubiera necesitado de la cinematografía, que era Wagner; cuando Wagner se propuso hacer el drama musical como obra de arte total, en realidad para que su proyecto se hubiera podido llevar a la práctica no hay duda que le hubiera ido muy bien la existencia de la cinematografía. Es más, en el siglo XX, sobre todo en el cine de tipo épico tiene algo de muy wagneriano, y jugando simétricamente, en Wagner hay algo del cine épico o de la épica del cine incluso antes de la invención del cine. En Baudelaire hay mucho diríamos de la lírica del cine, de una lírica que podríamos llamar una urbana, que es la que define en cierto modo ha tratado con mucha profundidad el cine negro de los años cuarenta y cincuenta. Creo que a Baudelaire, de la misma manera que le encantaban los pioneros de detective que puso en marcha Edgar Allan Poe, le hubiera encantado o así nos lo podemos figurar, las películas de cine negro por su tratamiento del espacio urbano fragmentado por el tratamiento de la mirada.

Y en el momento en que hablamos de Stanley Kubrick, y jugando con esos dos precedentes del siglo XIX, creo que en Kubrick hay algo de esa mirada épica anticipada por la obra de arte total de Wagner y hay algo de esa mirada lírica urbana anticipada por las flores del mal de Baudelaire. Como director muy riguroso entremezcla continuamente esos dos elementos, y es lo que a mí me fascina mucho de Stanley Kubrick: pongamos por caso, a mí la ciencia ficción no es un género que me fascine. Hay tres películas que me gustan mucho: Blade Runner, Solaris y 2001. Lo que hace que 2001 sea una obra maestra es que planteando una especie de gran sinfonía épica que incluso se apoya en la música de Strauss y en una caracterización nietzscheana de lo que sería el cosmos es capaz de retrotraerse de la dimensión lírica planteando ese problema en el que el ordenador por primera vez en nuestra cultura se hace la pregunta de si puede llegar a tener emociones o sentimientos, planteando el trasfondo de la propia situación humana. Una gran película épica como 2001 consigue toda su eficacia en el momento en que también logra apuntar el aspecto lírico. Una película maravillosa del cine negro como El atraco perfecto es una de los mejores engranajes cinematográficas en la concepción del cine negro pero el atraco perfecto maravillosamente planificado y concebido finalmente falla por el elemento lírico de la atracción que causa una chica en uno de los miembros de la banda, y eso lleva a la perdición. Por otro lado,  Senderos de gloria es una de de las películas más crudas que se han filmado Kubrick por un lado nos muestra la épica negra de la guerra pero no con un distanciamiento objetivo, o desde una mirada diríamos exclusivamente macroscópica o a vuelo de pájaro, sino nos la muestra también yendo al interior de la herida, yendo al dolor interiorizado, singular. Senderos de gloria es también la mezcla de la negritud de la épica guerrera contrastada con el dolor individual singular que es el aspecto más lírico de la película y que en general  caracteriza a la obra de Kubrick. Creo que esta dinámica, este vaivén, mirada doble o tensión entre estas dos miradas es lo que da una gran profundidad y eficacia al cine de Kubrick.

 
 

[Publicado el 23/3/2009 a las 09:00]

[Etiquetas: Stanley Kubrick, Baudelaire, Wagner]

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Galería de espectros: el demonio de lo irreparable

Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros me ha parecido percibir el espectro del demonio de lo irreparable.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres a ese personaje metafórico que aparece en Las flores del mal de Baudelaire?
R.A.: Sí, me parece que es el protagonista de Las flores del mal. Y cuando hablo del demonio de lo irreparable no hablo quizá de demonio en sentido de diablo, sino en un sentido más socrático, más griego, más antiguo: de demonio como daimon, de una fuerza que penetra la existencia y la vida humana. Si algo está continuamente presente en las poesías de Baudelaire, en Las flores del mal, es el desgaste al que nos somete el tiempo, el hecho de que el hombre, en lugar de irse enriqueciendo por la experiencia del paso del tiempo, se va hundiendo, y eso Baudelaire lo supo resumir muy bien en un verso sintetiza muy bien su sentir poético: Descendemos al orco un escalón diario. Es esa idea del descenso, que sólo se puede frenar a través de determinados cortes en el tiempo, o cortes en la caída en el tiempo, que es cuando se produce por un éxtasis, por una alegría, por un goce, por una curiosidad, por un descubrimiento. Si el hombre está fuera de ese estado de descubrimiento, de tensión por la curiosidad que le produce el mundo que le rodea, inevitablemente en la opinión de Baudelaire va cayendo. Y eso en sus poesías lo mostró muy bien en un personaje alegórico si se quiere pero vivo, que es ese demonio de lo irreparable. De ahí que en los poemas encontramos esas expresiones que siempre se refieren al carácter irreversible del tiempo. Lo irreparable, lo irreversible, lo irremediable: detrás de todas esas expresiones hay siempre ese daimon, ese demonio que dirige al hombre no curioso, que dirige al hombre no aventurero, que dirige al hombre dominado por la monotonía, tedio y la rutina, lo dirige irreparablemente hacia el orco.

[Publicado el 19/1/2009 a las 09:00]

[Etiquetas: galería, espectros, Baudelaire, demonio de lo irreparable]

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Galería de espectros: el flâneur

Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto un espectro difuso, un espectro que puede ser el perfil de muchos espectros; el espectro del flâneur-

Delfín Agudelo: Sin duda te puedes estar refiriendo a ese ojo de la ciudad, o a ese homme de foules que es el flâneur de Baudelaire.

R.A.: Sí, alguien que no acaba de tener un nombre y un apellido, porque precisamente una de las características que Baudelaire supo ver en la nueva condición urbana era la de precisamente los nombres y los apellidos -esas identidades tan marcadas del mundo anterior, del mundo rural, del mundo feudal- quedaban difuminados en el nuevo oleaje de la multitud. Creo que el flâneur, ese hombre que se deja ir, que pasea pero dejándose ir por la ciudad, que se deja arrastrar por la marea de la ciudad, sin un propósito claramente determinado pero secretamente albergando muchos propósitos de captación del ritmo de la ciudad, es un personaje que a la fuerza está acompañado por ese otro gran protagonista de la ciudad que es la multitud. Si la multitud es el protagonista por excelencia de la nueva metrópolis, el flâneur sería el individuo que se mueve en medio de esa multitud buscando unas señas de identidad que cree desconocer, buscándolas pero como el náufrago va agarrado a la madera y dejándose arrastrar por la corriente, con una clara esperanza de salvación pero no sabiendo en qué esquina de la ciudad va a aparecer esa salvación. La experiencia del flâneur no será tanto esa esquina en la que encontrará reposo provisional sino que la experiencia del flâneur es aquello que le ocurre en la medida en que va agarrado de la madera en la corriente del oleaje, por el cual le arrastra la ciudad.

[Publicado el 27/10/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Flâneur, Baudelaire, ciudad, metrópolis]

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Guerrilla de la imaginación

Claude Monet, "Boulevard des Capucines", 1873Rafael Argullol: Esa fusión de comunidades está originando una especie de caos narrativo que puede ser extraordinariamente fértil en el futuro, pero siempre tenderá a ser asfixiado y obturado por lo que es el discurso monolítico que está gestionado desde los medios del poder.
Delfín Agudelo: Esta gigantesca mezcla de narraciones y narrativas se crea en la megápolis y, si bien muchos de estos textos creados no hacen referencia explícita a la megápolis como tal, muchos sí la caracterizan. En esa medida, para que esto suceda, creo que hay un momento en que la megápolis tiene que caer en cuenta de que lo es; el ciudadano de la metrópolis lo supo en su momento, a finales de siglo XIX. El parisino se reconoce en una capital cultural de occidente. Hay un caso distinto en el siglo XX, que es de quien se reconoce en la megápolis.
R.A.: Creo que hay una gran diferencia respecto al paso de la ciudad tradicional a la metrópolis, y de ésta a la megápolis La metrópolis todavía tuvo mecanismos de autorreconocimiento, muy convulsos, porque en muchos casos implicaron grandes cismas, revolucionarios y contrarrevolucionarios. En el terreno del arte, luchas sin cuartel entre vanguardias y núcleos de conservación y tradición. Pero hubo todo un proceso de autorreconocimiento y es ahí donde podemos encontrar la gloria creativa, por así decirla, de ciudades como París, Londres, Nueva York, Viena o Londres, en ese proceso. En definitiva, desde Baudelaire en adelante, el arte moderno forma parte de ese caudal de autorreconocimiento. No creo que hubiera podido ser posible lo que llamamos vanguardia histórica si no hubiera sido en el seno de ese autorreconocimiento de la metrópolis. A pesar de que aumentaba de manera gigantesca sus proporciones, conservaba la posibilidad de establecer señas de identidad, aunque fueran muy elásticas. En cambio, en el caso de la megápolis, una de sus características es que impide el autorreconocimiento a sus propios pobladores. Es decir, el poblador de la megápolis solo en parte tiene un vínculo emocional de conexión con ese habitad. Y lo tiene en cuanto diríamos aún recuerda el momento en que era una ciudad. Pero por lo general lo que se impone es ese alud de amnesia, continuamente cortado por grandes borracheras de actualidad, y con unos habitantes que giran alrededor de esas borracheras. Más que un autorreconocimiento de la megápolis, se da una especie de resistencia, casi diríamos de guerrilla de la imaginación o del relato que remite a las propias raíces y tradiciones, que es lo que transcurre en ese mundo diseminado y subterráneo.

[Publicado el 09/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: metrópolis, megápolis, identidad, Baudelaire, ciudad]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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