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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 10 de octubre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'autor'

Galería de espectros: Van Gogh

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto el espectro de Van Gogh.
 
Defín Agudelo: ¿Te refieres a sus autorretratos?

R.A.: Sí, pero fundamentalmente me refiero a sus últimos autorretratos, lo que pintó en los dos o tres últimos años de su vida en Provenza —fundamentalmente en el último año— en los cuales se produjo una suerte de crescendo en la necesidad de Van Gogh de autorretratarse a medida en que se producía su propio deterioro físico— y para los demás su propio deterioro mental. Es como si este hombre que había realizado un itinerario en extrema soledad que le hizo pasar por las minas de los países Bajos, que le hizo llegar finalmente a los campos de Midi de Provença, buscando siempre una especie de aliento nuevo, un aire que le faltaba; que primero trató de encontrar a través de una fraternidad humana con los miserables y luego a través de su conexión con el espíritu de la naturaleza; como si a pesar de todo al final de su vida le faltara el aire, el aliento, y tuviera necesidad de autorretratarse continuamente para dar testimonio de su paso por la tierra. Es muy impresionante la colección de autorretratos finales de Van Gogh en que él mismo va ejecutando una pequeña escenografía, como si fuera una ópera de bolsillo, personal, de teatro de sombras, en la cual a veces se autorretrata como marinero, como campesino, con calavera, sin calavera, fumando o con la oreja cortada. Es como si tuviera la necesidad de recogerse a sí mismo porque se sigue desconociendo a pesar de toda su búsqueda: necesita plasmarse como si requiriera de ese aire que le ha faltado siempre. Los autorretratos de Van Gogh parecen siempre los de un personaje que está en el momento final; cada uno de ellos parece terminal, a pesar de que son decenas los que realizó en estos últimos años. Buscaba saltar hacia ese otro lado donde finalmente tuviera el reposo de un aire y atmósfera que siempre le había faltado.

[Publicado el 14/7/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Van Gogh, autorretratos, Provenza]

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Diálogos diseminados

Centro de BogotáRafael Argullol: Más que un autorreconocimiento de la megápolis, se da una especie de resistencia, casi diríamos de guerrilla de la imaginación o del relato que remite a las propias raíces y tradiciones, que es lo que transcurre en ese mundo diseminado y subterráneo.
Delfín Agudelo: ¿Guerrillas de la imaginación?
R.A.: Para decirlo más claramente: de la misma manera que nosotros vamos a una ciudad y nos encontramos con las mismas cadenas, las mismas empresas, los mismos anuncios de publicidad y las mismas grandes producciones cinematográficas, y que en los televisores de los hoteles de esas ciudades encontramos las mismas teleseries, que forman parte ya no de esa megápolis o de la otra, sino de una sola que se mimetiza universalmente, de la misma manera hay una especie de guerra de guerrillas interna desde el punto de vista de la imaginación o de la narración de las propias huellas en las cuales cada uno de estos núcleos busca profundizar en su pasado, busca ahondar en los restos por encima de la amnesia. Y lo que es más importante: a partir de las migraciones universales de nuestra época lo que con frecuencia se produce es una especie de convergencia de esas guerrillas, de esos juegos. Es entonces cuando estamos entrando en algo que será decisivo para evaluar el arte de nuestra época. Seguramente no será tanto el arte oficial, que de una manera espectacular se está ofreciendo en los grandes circuitos, que de alguna manera reproduce esos mimetismos de la megápolis, sino que lo más creativo de nuestra época serán los frutos de esa guerra de guerrillas estéticas que se está produciendo, que es la confluencia de esos diálogos diseminados en ese mundo que sin embargo tiene enormes dificultades para el autorreconocimiento. Por eso se hicieron novelas que reflejaban la metrópolis, como por ejemplo Berlin Alexanderplatz de Döblin. Se hicieron películas que la reflejaban, como Metrópolis de Fritz Lang, y tantas otras en Nueva York, por ejemplo. En cambio hay un evidente dificultad para realizar la novela, la película, incluso el poema de la megápolis, porque no hay este autorreconocimiento, ni su posibilidad. Personalmente, no conozco ninguna película de la megápolis. Conozco películas que me interesan bastante poco, situadas en una especie de futuro aséptico. Pero no de ese escenario que en estos momentos estamos viviendo.

[Publicado el 14/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: autorreconocimiento, arte, actualidad]

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Rituales

Rafael Argullol: Pero a pesar de todo, Zweig realiza una especie de testamento diciendo que él había crecido y vivido en un mundo que había desaparecido, y cree que no puede seguir viviendo en éste que ya no es el suyo.
Delfín Agudelo: Me llama la atención pensar en el escritor que es consciente de estar escribiendo su última carta. No dejarán de interesar nunca los motivos de muerte prematura de un escritor: desde aquél que puede escribir su última obra hasta aquél en que muere en un accidente. Pienso en el caso de Camus en ese coche. Hay cierta indignación con el destino por no haber dado esa oportunidad...
R.A.: Hay casos completamente distintos. En el caso primero del escritor que no solamente lega un testamento artístico porque se va a suicidar sino que crea una auténtica ritualidad y escenografía alrededor de este acto, está el caso muy notable de Heinrich von Kleist. No solamente se suicidó, sino que se fue a un balneario, acompañado de una mujer que no era su amante sino una amiga, una cómplice de suicidio que era enferma terminal. Estuvieron una semana en el balneario, todos los huéspedes comentaron luego que parecían la pareja más feliz que habían visto, que siempre reían y jugaban. Al cabo de una semana, se suicidaron. Ella, enferma terminal; él, por la voluntad del suicidio. En ese sentido, nos encontramos con un suicido de extraña ritualidad, porque no es de 24 horas, es de muchos días en el cual, además, manifiesta una extraña y misteriosa alegría que jamás seremos capaces de desvelar. Pero el caso de Kleist culminó toda una trayectoria literaria y poética.
El otro caso, el de la muerte por accidente, es completamente distinto: muerte por accidente lo es todo, hasta cuando tienes noventa años y muerAlbert Camuses es un accidente, porque no la has buscado y ella viene a ti: el accidente cardiovascular que te liquida. La muerte por accidente en plena madurez o edad adulta, como es el caso de Camus, tiene algo de jugarreta del destino que en su caso en particular había una extraña aceleración en su vida última, ya que jamás dio por descontado la inminencia de la muerte, pero parecía que se estaba preparando para ella. Su propia relación con la velocidad... Murió, pero no murió de manera completamente casual; él tenía una faceta relativamente desconocida, y era que le gustaba mucho la velocidad. Sus amigos decían que cada vez la practicaba de manera más temeraria. En ese sentido, el último Camus era alguien que si no buscaba la muerte directamente, sí jugaba ya muy temerariamente con la vida. Pero podemos llamar a sus últimos textos "Últimos testamentos" en el sentido estricto del término. Lo son, porque se ha visto truncada su vida, pero no claramente porque haya una voluntad de que los sea, como es el caso bastante espectacular de Zweig o de von Kleist.

[Publicado el 05/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Heinrich von Klein, Camus, suicidio, muerte, autor]

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Fuego, hielo

Rafael Argullol: Sí es un acto de vanidad pero también puede ser un acto más dignificado: puede ser un acto de amor propio.
Delfín Agudelo: Para legitimar o forjar este amor propio, el autor tiene dos opciones: que su escritura esté destinada al cajón, o destinada al estante de librería. El libro que sale del cajón debe aspirar a algo: de hecho, el texto que se cree literario debe tener alguna aspiración.
R. A: Un texto tiene que aspirar a ser el resultado de una gran verdad y una gran mentira. ¿Por qué tiene que ser una gran verdad? Porque tiene que partir de una radical experiencia propia. ¿Por qué una gran mentira? Porque tiene que aspirar a ser una construcción artística, y por tanto artificiosa, lo más rigurosa posible. Por un lado la verdad quema; por otro lado el artificio y la mentira son gélidos. Por lo tanto, un texto literario tiene que aspirar a ser hirviente y gélido al mismo tiempo, gran verdad y gran mentira. Y eso, donde se ve estupendamente, es en la literatura que ha tenido o quiere tener vocación directamente confesional o autobiográfica. Ahí vemos que el registro, el espectro es muy amplio. Un texto confesional, literario, que se queda en la gran verdad y en el fuego, es generalmente como un vómito que irá a parar a la papelera o al cajón, que no llega a publicarse. Saco las tripas, las entrañas de dentro, pero no las complemento con ninguna construcción distante, enfriadora, artificiosa. Esto es lo que podríamos llamar desde el punto de vista literario "Literatura Autobiográfica Suicida": desaparecerá, a pesar de ser una magnífica confesión. En la medida en que vas enfriando ese fuego, que vas añadiendo artificio a esa verdad, llegarás a construcciones que son cada vez más precisas. Hay escritos supuestamente confesionales que creo que han pasado por tantos filtros de construcción artificiosa, artística, que la verdad primera queda extremadamente reelaborada. Lo ideal, evidentemente, es el equilibrio entre la gran verdad y la gran mentira, entre ese fuego y ese hielo.

[Publicado el 07/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: escritura, creación, autor, cajón, artificio, verdad, mentira]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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