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El blog literario latinoamericano

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jueves, 4 de diciembre de 2008

Blog de Rafael Argullol / entradas etiquetadas como 'ali bey'

Las metamorfosis de Ali Bey

Rafael Argullol: Tenemos una especie de juego de estratos demográficos que se está produciendo además a una enorme velocidad y hubiera sido completamente imprevisto hace tres o cuatro décadas.

Delfín Agudelo: Me llama la atención el nativo, en relación con la idea tuya de la patria: no es aquella en la que se nace, sino a la que uno llega, la que se construye. Estas reacciones un tanto peligrosas, por xenofobia, intolerancia, a esta alteridad que llega a la ciudad, en apariencia terminan siendo que el nativo es uno más, que no tiene por qué sentirse con la exclusividad distinta al que llega. Oímos decir: "Yo sí soy de acá". ¿Pero qué es ser de "acá"? ¿Qué implica que haya vivido toda la vida en la ciudad?

R.A.: Este es un tema extraordinariamente interesente y sobre el que he escrito a raíz de la lectura de una biografía maravillosa de Alí Bey, un viajero barcelonés que a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX fue el segundo o tercer europeo en entrar en la Meca. Este hombre, que se llamaba Domingo Badía, y que adoptó para trasladarse a África y Asia el nombre de Alí Bey, es un hombre extraordinario, y que la obra que finalmente escribió -la recopilación de sus viajes por África y Asia, publicadas en París, me parece, en 1816- es una de las grandes obras maestras de la literatura de viajes. Me fascina la personalidad de Domingo Badía, alias Alí Bey- o al revés, Alí Bey, alias Domingo Badía- porque tenía esa enorme capacidad de metamorfosis. Fue un hombre que tuvo la capacidad de ponerse en el otro extremo de sí mismo continuamente. Como cristiano tenía una enorme facilidad de verse como musulmán; como alguien que hablaba francés o español, podía vestirse como alguien que hablaba árabe. O como alguien que nació en una clase social medianamente modesta, y que siempre tuvo dificultades para vivir, se veía muy bien y los otros lo veían muy bien como príncipe turco. De hecho hay una maravillosa anécdota en que se encuentran en Alejandría Chateaubriend y Alí Bey, y éste, cuando tiene la cita con Chateaubriend, le dice "¡Atala, René!" Chateaubriend, explotando en vanidad literaria -que él mismo después tendrá que justificar- dirá: "Por fin he encontrado al turco más sabio que pueda concebirse, que está familiarizado con mis personajes literarios." Cuando vuelve a Europa, Chateaubriend se entera de que el príncipe turco familiarizado con sus obras es en realidad un barcelonés llamado Domingo Badía, pero que había logrado ser el camaleón perfecto, no en el sentido peyorativo del término, sino en el sentido interno del viajero. Para mí la esencia del viajero es aquél que es capaz de mirarse desde distintos lugares y sabe situarse en distintas pieles. Y este personaje lo hizo hasta grados maravillosos, porque tenía esa capacidad de sentirse nativo, y para intercambiar el papel del nativo y el extranjero. Esto es lo que debemos acostumbrarnos a hacer: relativizar las denominaciones nativo y extranjero.

[Publicado el 21/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Ali Bey, metamorfosis, ciudades, nativo, extranjero]

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Nuestro hombre en La Meca

A principios de mayo de 1806 tuvo lugar en Alejandría un encuentro memorable y en más de un sentido cómico: al escritor francés F. de Chateaubriand, que estaba en la ciudad egipcia camino de Jerusalén, última etapa de su Itinéraire, se reunió con un príncipe abasí que ante su gran sorpresa demostró conocer muy bien su obra. Chateaubriand se mostró encantado de que su celebridad, tras cruzar Europa, hubiera alcanzado Oriente y así lo apuntó en sus notas de viaje: “En Alejandría tuve uno de esos pequeños gozos de amor propio que tanto halagan a los escritores. Un rico turco, viajero y astrónomo, llamado Alí Bey el Abasí, había oído mi nombre y pretendía conocer mis obras. Le fui a hacer una visita con el cónsul. Cuando me vio, gritó: ¡Ah, mi querido Atala y mi querida René! En aquel momento, Alí Bey me pareció descender del gran Saladito. Pensé que era el turco más sabio y educado que existía en el mundo”.

Únicamente tras su regreso a Francia Chateaubriand supo que su vanidad le había ayudado a confundirse. El hombre que con tanta familiaridad había tratado a sus personajes literarios no era en absoluto el que simulaba ser. El magnánimo e ilustrado príncipe abasí no tenía nada de príncipe abasí. Tampoco era rico, turco o astrónomo, aunque viajero sí era, y extraordinario. El príncipe abasí era en realidad Domingo Badía y Leblich, un hombre nacido en Barcelona en 1767 y que, pese a sus denodados esfuerzos, nunca alcanzó una posición económica desahogada.

Sin embargo, la suculenta confusión que sufrió Chateaubriand nos informa muy bien sobre las dotes para el camuflaje de nuestro Domingo Badía, o Alí Bey, uno de los mayores aventureros de esta magnífica época de aventureros que es la transición entre la Ilustración y el Romanticismo, tiempo tutelado, no lo olvidemos, por el tragicómico genio aventuresco de Napoleón Bonaparte, a quien, por cierto,Domènec Badia i Leblich-Ali Bey Badía conoció personalmente. Quien quiera sumergirse en la proteica personalidad de éste, así como en el mundo que le rodeaba, debe leer el estudio definitivo recientemente publicado por Patricia Almarcegui, Alí Bey y los viajeros europeos a Oriente, un libro ejemplar para reconocer los nexos entre descubrimiento y cultura.

Lo más fascinante de la biografía de Alí Bey es la multitud de vidas que puede abarcar un hombre a lo largo de su existencia. Badía, en buena parte autodidacta y siempre rozando la pobreza, es alguien que parece necesitar una continua metamorfosis para sobrevivir en un escenario cuyos márgenes le resultan permanentemente estrechos. Quiere ser político, diplomático, espía, geómetra, conspirador, cartógrafo de las estrellas y una docena de profesiones más, sin ver en absoluto la menor contradicción entre sus distintos oficios. Expresa una ambición que no acaba de conformarse con ninguna de las ambiciones particulares que acostumbran a guiar las energías de los seres humanos, y así su destino es ir de aquí para allá, nunca cristalizando en ningún lugar, nunca aceptado definitivamente por ningún medio.

Badía se mueve entre militares, sin tener para nada espíritu militar; malvive entre burócratas mientras odia el sedentarismo; se ve obligado a tareas diplomáticas con poca comprensión del verdadero objetivo de la diplomacia; está ávido de conocimientos pero sin apoyos sólidos en los círculos académicos; tiene que mantener una familia a la que contempla desde las sucesivas lejanías; sueña con grandes proyectos, en los que incluso consigue inmiscuir a hombres de enorme poder, como el ministro Godoy o el rey José Bonaparte, sin llevar a la práctica ninguno de ellos, forma parte de una clase social y aparentemente también de la contraria.

No hay duda que a Badía le iba muy bien llamarse así mismo Alí Bey, y a Alí Bey recordar de tanto en tanto a Badía. Impresiona su capacidad de ósmosis. El europeo puede hacerse africano y asiático antes de volver a ser europeo. Lo que es posible realizar con los continentes y las civilizaciones también lo es con patrias e identidades: a Badía parece importarle muy poco ser cristiano o musulmán, español, afrancesado o directamente francés. Aquello que para algunos es motivo de experiencia puesto que el hombre salta naturalmente de una vida a otra.

En consecuencia Domingo Badía tenía la madera necesaria para ser el viajero excepcional que fue, la única de sus facetas que adivinó Chateaubriand en el encuentro memorable de Alejandría. La parte más emocionante de la biografía de Badía, minuciosamente reconstruida por Patricia Almarcegui en su libro, se refiere siempre a los viajes: a las descomunales ensoñaciones de un gran fantasioso y, con justicia, a las audaces realizaciones de algunos de los sueños.

Badía, ya Alí Bey, nunca llegará a las profundidades del interior de África, como había previsto, pero conocerá con envidiable detalle la vida de Marruecos y de otros lugares del norte africano. Desplazado hacia oriente culminará su peligrosa aventura en La Meca, uno de los primeros europeos en entrar en la vedada ciudad santa musulmana. En este punto es donde Badía alcanza su camuflaje máximo: un barcelonés transformado en príncipe abasí, un cristiano metamorfoseado en creyente musulmán, alguien que, por fin, llegaba al otro extremo de sí mismo.

De vuelta a Europa, primero a España y luego a Francia, en medio de turbulencias sin fin, Domingo Badía consigue llevar a término el mayor proyecto de su vida que es, en definitiva, la publicación de su obra. En julio de 1814 aparece, en francés e impreso en París, su Viajes de Alí Bey el Abbassi por África y Asia durante los años 1803, 1804, 1805, 1806 y 1807, una obra en tres volúmenes acompañada de un cuarto, el Atlas, que reproducía las láminas y mapas compuestos durante la travesía. Alí Bey, alias Badía, o viceversa, había escrito una obra maestra de la literatura de viajes.

Desde el olvido actual resulta elocuente el éxito de esta obra, que fue inmediatamente traducida a las principales lenguas europeas si bien Badía no vio en vida una versión de su libro en español. Gracias a este éxito Alí Bey gozó de cierto crédito en los ambientes científicos y en las sociedades geográficas, lo cual no eliminó sus permanentes estrecheces económicas. Siguió malviviendo en París siempre atento a proyectos poco asumibles y a conexiones políticas de dudosa eficacia. En cualquier caso el viajero, pese a la magnitud de la obra escrita, sentía que algo permanecía incompleto.

Faltaba el episodio más conmovedor, al final de su biografía: el segundo viaje a oriente. Badía era demasiado viejo, llegaba demasiado tarde y llevaba sobre sus espaldas demasiados fracasos. La muerte en Jordania, de ser cierta la crónica que la relata, parece la adecuada al hombre. “La caravana partió el 31 de agosto de 1818 hacia Galát al Balgā. A medianoche anunció que se estaba muriendo y, quitándose el anillo del dedo, se lo dio a sus criados. Badia les dio su último adiós y mandó que le cerraran la litera sobre la que yacía. Dos horas antes del amanecer abrieron sus cortinas y lo encontraron muerto”.

 

Publicado en El País, 12/12/2007

 

[Publicado el 28/12/2007 a las 09:00]

[Etiquetas: Ali Bey, Chateaubriand, Domingo Badía, ]

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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