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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 24 de marzo de 2017

 Blog de Rafael Argullol

Intimidad forzosa

Cuenta Boris Pasternak que a medida que se degradaba la Revolución Rusa y se imponía el totalitarismo, se generalizaba el uso del tuteo como forma cotidiana de dominación. En El doctor Zhivago, en efecto, los comisarios del pueblo quieren reducir la resistencia de sus supuestos adversarios con un "oye, tú, camarada" que, tras el aparente igualitarismo, implica la transformación de las personas en meros componentes de una masa que debe ser aleccionada y doblegada. El objetivo es claro: la intimidad forzosa, lejos de ser una muestra de amistad o familiaridad, es un método de sometimiento.

Por eso me alarma que en nuestra sociedad nada igualitaria se prodiguen cada vez con mayor frecuencia las expresiones de una intimidad no voluntaria. Esto es particularmente claro si te hallas en manos de quien va a imponer su intimidad, lo quieras o no. Llama la atención, por ejemplo, que una mayoría de médicos y enfermeros se permitan tutear a sus pacientes, sobre todo en los grandes hospitales y clínicas. Quien ha entrado en el recinto siendo una "señora" o un "señor" es convertido, mediante el tuteo, en un ser al que no sólo le falta la salud, sino también el respeto y la dignidad. Y algo semejante pasa en el transporte aéreo. Como también estás en sus manos, cada vez hay más pilotos y azafatas que se dirigen a los pasajeros con la familiaridad que antes se reservaba para los niños. Acaso porque en ambas situaciones sobrevuela la sombra de la parca, lo cierto es que se hace progresivamente difícil mantener el estatuto de persona en una cama de hospital o en un asiento de avión.

Pero lo decididamente insoportable es que el Estado se haya sumado al festín de la mala educación, con fórmulas que recuerdan lo evocado por Pasternak o, como ficción futurista, por Orwell en 1984. "Ponte el cinturón de seguridad", "si bebes, no conduzcas", "disminuye la velocidad", etcétera. En medio del capitalismo más feroz, el Estado (casi podríamos decir "el camarada Estado") se comporta como si el comunismo hubiera triunfado, aunque únicamente en el terreno de la vulgaridad.

Y quizá los publicitarios de esas campañas tuteadoras lleven razón y sea cierto que el comunismo de la banalidad ha triunfado. Sin embargo, no quiero esta intimidad forzosa con el Estado. Mis amigos los elijo yo mismo, y es con ellos con quienes comparto mi intimidad.

 

El País, 10/04/2010

[Publicado el 20/5/2010 a las 13:38]

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Cuerpos especiales

Tras cursar sus estudios universitarios, master incluido, tenía la ilusión de trabajar en la conservación del patrimonio artístico. Le aconsejaron que lo mejor era presentarse a las correspondientes oposiciones. A la joven aspirante esto no le hacía mucha gracia, pues suponía que los estudios que había realizado ya debían abrirle las puertas del llamado mercado laboral. Al comprobar que no era así, tras varios intentos y muchos currículos enviados, se avino a examinarse en las malditas oposiciones. Según el ritual, debía superar una prueba general, primero, y, luego, una específica, restringida al ámbito en el que aspiraba a trabajar.

Para enfrentarse a la prueba general, paso inexcusable para acceder a la segunda prueba, la joven aspirante tenía que estudiar un amplio temario recogido en un volumen que costaba nueve euros. Para adquirirlo se dirigió a la librería oficial de la Generalitat, donde le informaron de que el volumen estaba agotado y que tenía, como alternativa, la posibilidad de comprar un libraco de centenares de páginas en el que el temario se hallaba generosamente desarrollado. El libraco costaba 60 euros y había sido editado por el centro de estudios Adams (nombre que debe de ser, sin duda, prestigioso en su campo pero que a mí, al conocer esta historia, me evocó aquellos centros pedagógicos que en verano amargaban la vida a los repetidores). Con todo, el libraco tenía un título sugerente: Cuerpos especiales.

Al volver a su casa, cargada con Cuerpos especiales, la aspirante se consolaba de los 60 euros depositados en la librería oficial pensando en lo mucho que aprendería con aquel ladrillo tan recomendado. Seguramente, allí encontraría todo lo concerniente a la conservación del patrimonio artístico, a sus condiciones y a su legislación. Pero su sorpresa fue mayúscula al observar algunos de los contenidos. El examen era de un rigor científico difícil de superar. Tanto que no pude evitar la tentación de copiar para ustedes un par de temas recogidos en el libraco (tema 22.3, "¿Cuál es la edad media de la maternidad en Cataluña?" a) 29,4 años; b) 30,8 años; c) 31,2 años; d) 31,8 años. Tema 24.10: "De acuerdo con el calendario previsto para el despliegue de los Mossos d'Esquadra, ¿en qué fecha estaba previsto ultimar el despliegue en las tierras del Ebro?" a) Durante 2008; b) durante 2007; c) durante 2009; d) durante 2010.

Según pueden ver, una delicia. ¿Cómo cabría calificar a los cerebros del asunto? a) Mentes estúpidas; b) mentes perversas; c) mentes ignorantes; d) imbéciles puros y duros.

El País, 27/03/2010


[Publicado el 13/5/2010 a las 14:35]

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Catarsis y curación

En una época en que el entrañable y tranquilizador Juramento Hipocrático ha desaparecido de clínicas y hospitales, y en que la cuestión médica está en manos de las llamadas autoridades sanitarias -a menudo burócratas que lo ignoran todo del hombre, excepto que es un animal al que se le pueden extraer impuestos y votos-, resultan aleccionadoras las resistencias de ciertos médicos a considerar que la enfermedad es una pura mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda. A este respecto, por ejemplo, soy siempre un entusiasta seguidor de las opiniones del doctor Moisès Broggi, tan buen memorialista en este último periodo como cirujano a lo largo de toda su vida. Hay una lucidez especial en este hombre que ha alcanzado los 102 años.

En su última entrevista -realizada por Núria Navarro- hacía dos manifestaciones aparentemente muy alejadas entre sí pero que a mí me parecieron perfectamente unidas por un hilo invisible. Por un lado, siguiendo a los antiguos griegos, recordaba que "la fuerza que mueve las estrellas es la misma que hace palpitar el corazón del hombre"; por otra, respondiendo a la última pregunta de la periodista -"¿por qué querría ser recordado"- manifestaba lacónicamente: "por ser una buena persona". Las dos respuestas ensambladas significaban una magistral lección de medicina.

Por los mismos días en que el doctor Broggi hacía estas declaraciones cayó en mis manos un libro excepcional que, en cierto modo, venía a desarrollar el amplio espectro de interrogantes alojado entre aquellas dos respuestas. Se trataba del ensayo Catarsis. Sobre el poder curativo de la naturaleza y del arte, escrito por el cardiólogo y humanista polaco Andrzej Szczeklik, recién traducido entre nosotros. Debo confesar que el enigmático asunto de la catarsis es algo que siempre ha llamado mi atención desde que en los años estudiantiles leí -o me hicieron leer- la Poética de Aristóteles. En ella se contiene aquella famosa definición de la tragedia griega a partir de la que, precisamente a propósito del término catarsis, se han suscitado numerosas controversias. ¿En qué consistía esta catarsis que, según Aristóteles, se conseguía en los escenarios griegos? ¿Una purificación de las pasiones?; ¿una depuración de los desarreglos morales?; ¿una curación de las enfermedades del alma? Las traducciones no se ponían de acuerdo. Con el paso del tiempo, y como reincidente lector de tragedias -en especial de Esquilo y Sófocles-, llegué a la conclusión de que la catarsis perseguida por el teatro ático era una suerte de efecto de shock que conducía a los espectadores a un alivio anímico, a un relajamiento sensorial, después de haber sido llevados a la máxima tensión tras ver representadas las turbulentas peripecias de los héroes.

Dicho de otro modo: la tragedia griega, que lejos de ser un espectáculo elitista era una celebración popular (en el teatro de Dionisos cabía una cuarta parte de los ciudadanos libres de Atenas), tenía como objetivo poner ante el público un espejo terrible en el que el hombre pudieracontemplar todas sus contradicciones y límites, pero no para hundirlo en el sinsentido, sino para liberarlo del peso que pudiera albergar su conciencia. El espectador, a través de las vicisitudes de los héroes, era arrastrado hasta el punto de ebullición que pone en peligro cualquier equilibrio y luego, por la propia ejemplaridad trágica, era reflotado hasta la salvación. De ahí que fuera usual, tras la representación de una tragedia, que se celebrara festivamente el alivio de los espectadores con la puesta en escena de una pieza satírica. Para el público ateniense el efecto colectivo de una tragedia se parecía mucho a lo que, individualmente, se conseguía con el principio hipocrático de la "curación por la palabra". En ambos casos puede hablarse de catarsis.

Y es este segundo plano, el del principio hipocrático, el que sirve a Andrzej Szczeklik como punto de partida para construir un fascinante espacio en el que convergen médico y paciente. Evidentemente, el doctor Szczeklik, cardiólogo de renombre internacional y pionero de las unidades de reanimación en su Cracovia natal, no ignora en absoluto los últimos avances de la ciencia y la tecnología médicas. Éstos están constantemente presentes en su libro. Sin embargo, su reivindicación principal se dirige al establecimiento de una complicidad entre el enfermo y el médico. Las palabras, y lo que alienta detrás de las palabras, son tan importantes como los más refinados instrumentos de diagnóstico o como los medicamentos más potentes.

Así, en Catarsis, se cruzan paso a paso todos los ámbitos de relación existencial, con la particularidad de que Szczeklik, en lugar de conformarse con los límites de su especialidad médica, se introduce en múltiples esferas de la historia de la cultura. La operación es altamente estimulante porque el alfabeto críptico con el que los médicos juegan a ser brujos se transforma, de pronto, en un lenguaje tan preciso como comprensible. Nuestro cuerpo deja de estar en manos de especialistas que ejercen de especialistas que ejercen un monopolio exclusivo para volver a ser "nuestro cuerpo". Desde esta perspectiva, la medicina es fundamentalmente la escucha del cuerpo, algo que cada hombre hace por sí mismo y que sólo en segunda instancia corresponde a los sofisticados aparatos que se hacen eco de nuestro organismo (en el sentido estricto de la expresión ecografías, resonancias magnéticas).

De acuerdo con Szczeklik aquella escucha es posible porque nuestro cuerpo no deja de ser el campo de experimentación del universo entero. En Catarsis el lector puede encontrar significativos paralelismos que lo confirman: el pulso del cosmos, como también ha sugerido el doctor Broggi, late al mismo ritmo que el pulso del corazón. Melómano convencido, Szczeklik tiende continuos puentes entre música y medicina. Memorable la correspondencia que establece entre el rubato de Chopin y la melodía del corazón. Pero no son menos interesantes sus sugerencias poéticas y sus alusiones pictóricas, con páginas dedicadas, a la Sibila de la Capilla Sixtina o a Velázquez. Me quedo, por encima de todo, con la exquisita comparación que atraviesa el libro entre la descripción de los síntomas por parte del enfermo y el camino del conocimiento defendido por Platón. Es decir, en ambos casos, la amnesis si para Platón conocer es recordar para el médico nada hay más valioso, para la tentativa de curación, que los recuerdos del cuerpo que sólo el paciente puede relatar.

Podría así decirse que la memoria del cuerpo, narrada verbalmente por el enfermo y rescatada por el médico (con sus propios ojos y oídos, además de los "ojos" y "oídos" de la técnica), sirve para aislar los síntomas, establecer el diagnóstico y preparar el organismo para la curación de un modo similar a cómo la representación trágica, al poner en escena las incertidumbres del hombre, lo educaba para la reconquista del equilibrio espiritual.

Sea como fuere, Catarsis, además de ser recomendable para pacientes y potenciales pacientes -"todos nosotros" como dice irónicamente Czeslaw Milosz en el prólogo-, debería ser obligatorio para todos aquellos médicos que no se conforman con ser únicamente especialistas o curanderos.

El País, 21/03/2010

[Publicado el 06/5/2010 a las 10:47]

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El Partenón, en venta

Que la Unión Europea no pasa por sus mejores momentos es fácil de deducir contemplando la foto de sus actuales dirigentes: al provisional Zapatero, ese hábil vendedor de humo al que sus adversarios toman por ingenuo, y al incombustible Durão Barroso, de nulo carisma, se les suman ahora un presidente del Consejo con cara de estar permanentemente desbordado y una "ministra de Asuntos Exteriores" que en sus mejores momentos parece una de esas puritanas amas de llave de las novelas de Agatha Christie. Poca cosa, como se ve, para afrontar lo que pomposamente siempre llaman "retos del siglo XXI".

Sin embargo, que los asuntos vayan mal, sobre todo en Grecia, no justifica la afrenta contra este país por parte de la prensa amarilla británica y alemana. El Bild, por ejemplo, un periódico que envenena diariamente a millones de lectores, además de afirmar que los griegos son genéticamente manirrotos, ha sugerido que se pongan a la venta bienes patrimoniales helénicos, e incluso islas, para paliar el desastre de la actual crisis. Con respecto a las islas, el tema no debería sorprendernos, pues hace unos años ya se debatió en el Parlamento alemán la posibilidad de adquirir Mallorca.

Con relación a los bienes patrimoniales, supongo que lo que más apreciarían los compradores alemanes es el Partenón. Pero no sería de desear que pagaran justos por pecadores y la sociedad griega, la primera en sufrir la rapacidad de sus especuladores, no debería ser privada, también, de sus tesoros artísticos. ¿Venderíamos la Sagrada Familia o la Alhambra para hacer frente a los desmanes de Fèlix Millet, el Pocero y la gente de esa ralea que con tanto ahínco ha trabajado para nuestro bienestar? Sería un escándalo. Pero la prensa alemana y británica no considera escandaloso que Grecia se desprenda de sus bienes patrimoniales para pagar su deuda. Se me ocurre una idea: Gran Bretaña y Alemania podrían enjuagar esa deuda pagando el "alquiler" de los tesoros griegos depositados desde hace siglos en el British Museum o en el Pergamon. Tener los frisos del Partenón en casa es un lujo al alcance de pocos y los lujos, hoy, deben pagarse.

El País, 13/03/2010


[Publicado el 30/4/2010 a las 10:45]

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La muerte y el paraíso interior

Rafael Argullol: El arte ya no recoge solo la dignidad o el honor de la vida efímera, sino que tiene que preocuparse también por recoger las expectativas, ilusiones, esperanzas y quimeras de una vida nueva, de otra vida, de una metempsicosis, de un retorno al mundo de las ideas como lo dice Platón.

Delfín Agudelo: ¿Y cuál fue, entonces, el efecto?

R.A.: Cambiaron por completo las expectativas de ese gran documento de la vida del hombre que es el arte. Si nosotros ya no solo en Grecia estudiamos las repercusiones  de las concepciones en los documentos del arte, nos daremos cuenta de que sus intereses y actitudes varían en relación a esto. No es lo mismo el monopolio de la inmortalidad a través de la memoria, que es el caso de la épica homérica, que un arte como la Divina comedia de Dante, en el cual hay una clara afirmación de la existencia de un mundo interior. En la Divina Comedia la inmortalidad no viene tanto a través de la memoria y de los hechos pasados sino de encontrar un paraíso interior. Como lo dice bien en la comedia y muchos documentos todo el mundo cristiano medieval. Pienso que la tragedia está colocada justo en el momento en que lo que era esa concepción homérica o clásica, antigua, y que se concretaba en la idea del arte hijo de Mnemosina, hijo de la memoria, como vehículo de la inmortalidad, pasa a una nueva concepción en que el arte tendrá que tener en cuenta las expectativas de futuro de nueva o nuevas vidas, o las expectativas en que la parte espiritual del hombre sea mucho más importante que la cultura. En el caso de los pitagóricos y el último Platón desatan con toda su fuerza y luego tendrán tanta influencia. Evidentemente después de la tragedia, en el siglo IX a.C., el hecho de que se rompa el mundo de las polis griegas y se dé lugar al cosmopolitismo alejandrino, al cosmopolitismo helenista, aún va a provocar una mayor atomización de las concepciones de muerte, y diría yo una función mucho más multilateral del arte como documento.

[Publicado el 20/4/2010 a las 08:30]

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La tragedia luego de la muerte

Rafael Argullol: En la época de Alejandro las concepciones acerca de la vida y de la muerte de distintos pueblos y culturas penetraron en el acervo griego.

Delfín Agudelo: Después de la muerte de Edipo -que es la muerte de un sistema de pensamiento, de una tipología del humano-, ¿a qué se dedica la tragedia? ¿Hacia dónde se dirige?

R.A.: Creo que la tragedia es el gran punto de inflexión entre una concepción anterior relativamente identificable y unívoca en la cual el esquema del hombre y su existencia es relativamente fácil de entender. El hombre nace, crece y muere. En el crecimiento del hombre se identifica su posibilidad de alcanzar un honor, una dignidad, una gloria, y tras la muerte el recuerdo de ese hombre a través de los otros hombres, de su memoria, es su única posibilidad de inmortalidad. Si eso lo trasladamos al arte, que siempre es testimonio del paso del hombre por la tierra, tenemos que encontrarnos con un arte que está sobre todo construido o bien buscando afirmar el carácter efímero de la vida del hombre, caso de Hesíodo  en Trabajos y días, o bien buscando afirmar la dignidad que tiene esa existencia efímera, el honor que se puede adquirir, y la inmortalidad que a través de la memoria de los otros hombres puede conceder el arte.

Y es allí donde la épica en cierto modo es la explicación de esa memoria, de ese hacer inmortalidad en la vida colectiva de los hombres y del pueblo, y encontramos en este enorme peso todo lo que sería arte funerario, necrológico, elegíaco, en el cual se exalta esa dignidad y ese honor de algo que ha sido efímero pero que se convierte en inmortal gracias a la labor de la memoria. Ahí descartamos toda idea de inmortalidad en sentido trascendente: todo funciona a través del propio circuito, de la afirmación de la existencia en sí misma, en la memoria y documento o testimonio de esto que es el arte. En el momento en que se trastoca esa idea del esquema del hombre en la tierra -que es que el hombre nace, vive fugazmente, muere pero alcanza otro tipo de vida- en el momento en que introduces ese elemento cambias evidentemente el propio testimonio del arte. El arte ya no recoge solo la dignidad o el honor de la vida efímera, sino que tiene que preocuparse también por recoger las expectativas, ilusiones, esperanzas y quimeras de una vida nueva, de otra vida, de una metempsicosis, de un retorno al mundo de las ideas como lo dice Platón.

[Publicado el 16/4/2010 a las 11:42]

[Etiquetas: muerte, Edipo, tragedia]

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El monje entre la basura

Hay imágenes que tienen la capacidad de erigirse en diagnósticos fulminantes de una época, por más que parezcan reflejar únicamente un pequeño fragmento de la misma. Esas imágenes nunca son "oficiales" y, frecuentemente, tienen un aire de improvisación, de marginalidad, como si, en efecto, hubieran sido captadas en el margen de la historia mientras los grandes protagonistas acaparan el escenario. Al tiempo que la magna representación tiene lugar en el pórtico, alguna sale o entra por la puerta de atrás.

En la que me ocupa alguien sale por la puerta de atrás: es un viejo monje con mirada entre sonriente y desamparada, el Dalai Lama nada menos, para muchos un campeón de la espiritualidad, y para otros un parásito religioso. Los periódicos han reproducido esa triste salida del Iluminado, por la puerta de servicio, solo, sin ruedas de prensa y entre grandes bolsas de basura. El mensaje no ha podido ser más claro.

Ha sido recibido en la Casa Blanca porque no había más remedio si se quería guardan las formas, pero recuerda que la recepción no ha tenido lugar en el Salón Oval, como corresponde a los auténticos poderosos, sino en una habitación contigua, destinada a invitados subalternos o a visitantes molestos. Recuerda también que, aunque de vez en cuando simpaticemos con tu causa y hagamos películas sobre ella, porque realmente lo del Tíbet es un atropello brutal, estamos obligados a halagar a China, al menos, a no irritarle en demasía. Nuestro corazón está con el Tíbet, como lo está con la libertad, con el honor y con todas esas cosas que tanto nos gusta citar. Sin embargo, comprende que nuestro bolsillo y nuestro miedo nos exigen ser comprensivos con China, pese a que murmuremos sobre su totalitarismo. Tanto es así que, en adelante, y sintiéndolo mucho, ya no podrás salir por la puerta de atrás porque ni siquiera entrarás en el edificio.

Un mensaje bien claro: para el viejo monje y para cualquiera de nosotros.

El País, 27/02/2010

[Publicado el 12/4/2010 a las 19:29]

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Giacometti y la gitana

Las noticias que nos transmiten los medios de comunicación, aun las dedicadas a hechos recientes, son fósiles sobre los que se abate un tiempo geológico. Si leemos en el periódico que un muchacho "ha sido herido en la franja de Gaza" nuestra recepción de la verdadera historia que encierra este hecho es emotivamente tan superficial como la punta del iceberg respecto a la montaña sumergida. Una noticia es una historia disecada, empaquetada, contada en láminas tan finas que fácilmente resbalan por la conciencia del receptor, acostumbrado a consumir diariamente decenas de informaciones que tratan de una realidad adelgazada al máximo para ser convertida en producto de comunicación.

El otro día leí que una escultura de Giacometti se había vendido por 74 millones de euros, la obra de arte más cara jamás subastada. ¡Qué gran noticia y qué historia tan pobre! Apenas quedaba rastro alguno del primer impulso que había rodeado la construcción de El hombre que camina I por parte de Giacometti. Ni el lector esforzado aspira a la captura de una emoción, que no sea puramente mercantil, en aquellos párrafos en los que, entre una danza de millones, el escultor suizo y Picasso compiten como caballos de carreras en busca del mayor premio monetario.

El mismo día, el periódico traía una noticia relacionada con el arte de mayores posibilidades para el lector imaginativo: la compra por parte del MNAC del cuadro de Marià Fortuny Carmen Bastián. Se indicaba que la obra era "eróticamente transgresora", ya que la gitana adolescente aparecía con la falda arrebujada en el regazo, de manera que su sexo quedaba al descubierto. Se añadían datos sobre la muchacha: tenía 15 años cuando fue modelo de Fortuny en su Granada natal y, al parecer, se suicidó bajo la presión de su familia.

La noticia, el fósil, no daba para más, pero permitía levantar el vuelo de la imaginación hacia la historia. ¿Qué sintió Fortuny, dos años antes de morir, ante ese cuerpo desnudo y esa mirada sombría y enigmática? ¿Qué sintió Carmen Bastián, también destinada a morir pronto, exhibiendo su desnudez ante el pintor? Lo que sintieron no lo encontraremos recogido en ninguna noticia.

El País, 13/02/2010


[Publicado el 30/3/2010 a las 22:42]

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La muerte en claroscuro

Rafael Argullol: Es un gran laboratorio en el que se experimentan lo que luego serán distintas actitudes del hombre delante de la muerte y la inmortalidad, de la memoria y del propio arte.

Delfín Agudelo: En relación a su idea de la muerte, recordé que en la tragedia griega, si no me equivoco, nunca se escenificaba la muerte violenta. Sin embargo si bien está esta ausencia visual, igual acarrea esta cantidad de elementos. ¿Habría algún sentido que iría a más por no estar escenificada?

R.A.: La muerte como acto no se presentaba porque todo acto con violencia era considerado obsceno. La violencia se narraba. Ahora, no sabría decir si en el conjunto de las tragedias nunca hay una muerte en directo, no lo sé. Lo que no hay es actos de brutalidad en directo, sino narrados. Se explicaba la muerte y al explicar efectivamente se incurría en ese claroscuro, en esa ambigüedad, en la cual nunca tenemos una clara certidumbre de que se mantenga la idea anterior del Hades, o bien la muerte esté conectada a ideas de trascendencia, y por tanto de la posibilidad de que haya una psiqué inmortal  o un alma inmortal, lo que cambiaría por completo la actitud. El momento en que tú varías tu relación con la muerte y tu relación con una posible ulterioridad tras ésta, como antes decía, todas las piezas de una arquitectura se desencajan o cambian. Tú estás variando muchísimas cosas: pasas del valor absoluto de la vida como un hecho único e irrepetible en sí mismo, a un valor quizá relativo de la vida, a un valor mayor que la psiqué sobre lo físico. Entran en viraje, en giro, muchos elementos.

Me inclino por creer que no chocaban solo dos concepciones: era un momento en que por influencia de un cosmopolitismo que ya en la época de Alejandro hacía que las concepciones acerca de la vida y de la muerte de distintos pueblos y culturas estuvieran penetrando en el acervo griego.

[Publicado el 19/3/2010 a las 17:24]

[Etiquetas: muerte, claroscuro, Atenas, psiqué, alma]

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El Hades y su destino

Rafael Argullol: Edipo se convierte en un destino en sí mismo, y en la última tragedia hace la representación del significado de ese destino. 

Delfín Agudelo: ¿Pensarías que en este nomadismo y ceguera habría alguna variación del concepto del Hades? Sería, por lo tanto, también una variación o transformación del concepto de la muerte.

R.A.: Yo creo sinceramente que toda la tragedia, toda las tragedias de los tres grandes poetas -Esquilo, Sófocles y Eurípides- significaron en el fondo una especie de colisión entre lo que era el modelo más genuinamente homérico, griego, procedente de la épica, con una mentalidad extra-homérica que en términos muy amplios podríamos llamar órfica y dionisíaca, mentalidad en la cual se introdujeron elementos extáticos, elementos en los cuales se insinuaba la posibilidad de la inmortalidad del alma o al menos la posibilidad de la metempsicosis. Es decir: el mundo de la tragedia es un mundo en el que confluye lo oriental y lo occidental; en que confluye lo que era griego arcaico con elementos probablemente procedentes de Asia, de oriente medio, incluso de la India. Los historiadores contemporáneos ya empiezan a recoger la enorme influencia de esas doctrinas, de esas teorías.

Creo que la tragedia sin definirse está reestructurando la visión que se tiene de la muerte en la sociedad griega. Lentamente se pasa de es idea fría, de exilio, que es el Hades homérico, a esas nuevas ideas que reflejan los escritos metafóricos y místicos de los pitagóricos y sobre todo que recogerá de manera tan impactante para la posteridad Platón: la idea de que quizás la condición humana no sea mortal exclusivamente, como era la creencia homérica, sino que junto con la mortalidad haya una dimensión inmortal.

¿La traducción de esa dimensión inmortal? No la había unívoca: había muchas cristalizaciones distintas de esta posible inmortalidad. Pero al variar esa piedra angular, variaron todos los engranajes de la arquitectura griega, o se trastocaron, porque en la medida en que tú cambiabas,  relativizabas o transfigurabas la relación del hombre con la muerte, también cambiabas la relación del hombre con la memoria, la relación del hombre con el significado de la gloria, del honor, de toda una serie de elementos que marcan la antropología antigua griega. Y todo eso creo que son piezas que entran en choque en lo que llamamos tragedia: entendida ahora en su conjunto, significó una especie de gran escenario donde se fue escenificando esta colisión de mentalidades y de sensibilidades y de espiritualidades, para una comunidad en la cual las ideas habían dejado de ser unívocas y se demostraban muy deslizantes y muy contradictorias entre sí. En el mundo de la tragedia, que es el mundo álgido de la Atenas clásica, conviven personajes y corrientes de opinión que siguen reafirmando la idea del Hades homérico y de la muerte absoluta del hombre a través del acto de la muerte, con otros que introducían elementos vinculados a una mortalidad personalista, con otros que vinculados a los que introducían una idea inmortalidad podríamos llamar más abstracta, más vinculada hacia lo que modernamente llamaríamos energía o reintegración en el cosmos.

Había distintas posiciones y todas ellas chocaban en el mundo de la tragedia. Esto queda muy bien demostrado en Las bacantes de Eurípides, donde lo que eran las visiones tradicionales de la muerte y la condición humana son abruptamente modificadas por ideas extranjeras ya tan influyentes que pueden considerarse locales. Es un gran laboratorio en el que se experimentan lo que luego serán distintas actitudes del hombre delante de la muerte y la inmortalidad, de la memoria y del propio arte.

[Publicado el 17/3/2010 a las 15:42]

[Etiquetas: Hades, tragedia, mundo antiguo, inmortalidad, mortalidad]

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida (2013) y Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza (2013).

Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar. 

Bibliografía

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio
y la celebración de la belleza
(Acantilado, 2013)

 
Una educación sensorial. Historia personal del desnudo
femenino en la pintura
(Acantilado 2012)
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).
MICROSITE DEL LIBRO

 

Publicaciones principales

POESÍA
- Disturbios del conocimiento. Barcelona: Icaria Editorial, 1980.
- Duelo en el Valle de la Muerte. Madrid: Editorial Ayuso, 1986.
- El afilador de cuchillos. Barcelona: El Acantilado. Quaderns Crema, 1999.
- El poema de la serpiente. Badajoz: Asociación Cultural Littera Villanueva, 2010.
- Cantos del Naumon. Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado, núm. 5, 2010.

NARRATIVA
- Lampedusa. Barcelona: Editorial Montesinos, 1981.
- El asalto del cielo. Barcelona: Editorial Plaza & Janés, 1986.
- Desciende, río invisible. Barcelona: Editorial Destino, 1989.
- La razón del mal. Premio Nadal 1993. Barcelona: Editorial Destino, 1994.
- Transeuropa. Madrid: Alfaguara Ediciones, 1998.
- Davalú o el dolor. Madrid: RBA, 2001.
- Moisès Broggi, cirurgià, l'any 104 de la seva vida. Barcelona: Quaderns Crema, 2013.

ENSAYO
- El Quattrocento. Barcelona: Editorial Montesinos, 1982.
- La atracción del abismo. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Reeditado 2006.
- El Héroe y el Único. Madrid: Taurus Editorial, 1984.
- Tres miradas sobre el arte. Barcelona: Icaria Editorial, 1985.
- Leopardi. Infelicidad y titanismo. Barcelona, 1986
- Territorio del nómada. Barcelona: Ediciones Destino, 1986.
- El fin del mundo como obra de arte. Barcelona: Ediciones Destino, 1990. Reeditado 2007.
- El cansancio de Occidente (en colaboración con Eugenio Trías). Barcelona: Ediciones Destino, 1994.
- Sabiduría de la ilusión. Madrid: Taurus Editorial, 1994.
- Aventura. Una filosofía nómada. Barcelona: Nuevas Ediciones Debolsillo, 2000.
- Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura. Madrid-México: Fondo de Cultura Económica, 2002. Barcelona: Editorial Acantilado, 2012.
- Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra. Barcelona: Ediciones Destino, 2003.
- Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (en colaboración con Vidya Nivas Mishra). Madrid: Siruela, 2004.
- Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Barcelona: Editorial Acantilado 2013.

ESCRITURA TRANSVERSAL
- El cazador de instantes. Barcelona: Ediciones Destino, 1996. Reeditado 2007.
- El Puente de Fuego. Cuaderno de Travesía, 1996-2002. Barcelona: Ediciones Destino, 2004.
- Enciclopedia del crepúsculo. Madrid: El Acantilado, 2006.
- Breviario de la aurora. Barcelona: El Acantilado, 2006.
- Visión desde el fondo del Mar. Barcelona: Editorial Acantilado, 2010. Premio Cálamo 2010. Premio Ciudad de Barcelona 2010.

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