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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 14 de mayo de 2008

Blog de Rafael Argullol

Diálogos diseminados

Centro de BogotáRafael Argullol: Más que un autorreconocimiento de la megápolis, se da una especie de resistencia, casi diríamos de guerrilla de la imaginación o del relato que remite a las propias raíces y tradiciones, que es lo que transcurre en ese mundo diseminado y subterráneo.
Delfín Agudelo: ¿Guerrillas de la imaginación?
R.A.: Para decirlo más claramente: de la misma manera que nosotros vamos a una ciudad y nos encontramos con las mismas cadenas, las mismas empresas, los mismos anuncios de publicidad y las mismas grandes producciones cinematográficas, y que en los televisores de los hoteles de esas ciudades encontramos las mismas teleseries, que forman parte ya no de esa megápolis o de la otra, sino de una sola que se mimetiza universalmente, de la misma manera hay una especie de guerra de guerrillas interna desde el punto de vista de la imaginación o de la narración de las propias huellas en las cuales cada uno de estos núcleos busca profundizar en su pasado, busca ahondar en los restos por encima de la amnesia. Y lo que es más importante: a partir de las migraciones universales de nuestra época lo que con frecuencia se produce es una especie de convergencia de esas guerrillas, de esos juegos. Es entonces cuando estamos entrando en algo que será decisivo para evaluar el arte de nuestra época. Seguramente no será tanto el arte oficial, que de una manera espectacular se está ofreciendo en los grandes circuitos, que de alguna manera reproduce esos mimetismos de la megápolis, sino que lo más creativo de nuestra época serán los frutos de esa guerra de guerrillas estéticas que se está produciendo, que es la confluencia de esos diálogos diseminados en ese mundo que sin embargo tiene enormes dificultades para el autorreconocimiento. Por eso se hicieron novelas que reflejaban la metrópolis, como por ejemplo Berlin Alexanderplatz de Döblin. Se hicieron películas que la reflejaban, como Metrópolis de Fritz Lang, y tantas otras en Nueva York, por ejemplo. En cambio hay un evidente dificultad para realizar la novela, la película, incluso el poema de la megápolis, porque no hay este autorreconocimiento, ni su posibilidad. Personalmente, no conozco ninguna película de la megápolis. Conozco películas que me interesan bastante poco, situadas en una especie de futuro aséptico. Pero no de ese escenario que en estos momentos estamos viviendo.

[Publicado el 14/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: autorreconocimiento, arte, actualidad]

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Galería de espectros: Kane

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto la silueta cansada del agónico Kane.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres al ciudadano Kane de Orson Welles?
R.A.: Sí, pero de una manera bastante sorprendente. Siempre que pienso en Kane pienso fundamentalmente en el personaje que al parecer fue la inspiración de Welles para dibujar la silueta de Kane, y pienso en una visita que hice al castillo-refugio de ese personaje, que era el gran magnate de la prensa, como recuerda Welles en la película, Hearst, el primer hombre que dominó de manera masiva los medios de comunicación norteamericanos y la opinión pública. Hearst era un hombre que aparte del poder quería también la gloria. Como le era difícil conseguirla, pensó –y ese aspecto es interesante- hacerlo a través de la acumulación de obras de arte compradas en Europa. Una vez visité su castillo, que fue donde se retiró y murió, y que Orson Welles de alguna manera reconoce en Ciudadano Kane, que está en la localidad californiana de San Simeón. Allí acumuló diez mil obras traídas desde Europa. El propio castillo fue la consecuencia de trasladar piedra con piedra desde Segovia. Reconstruyó el castuillo en California, lo llenó con las miles de cajas procedentes de Europa que en un ochenta por ciento nunca llegó a abrir. Para mí, el personaje Kane que tiene muchos aspectos fascinantes como personificación del poder y del mal que implica la manipulación desde el poder que nos puede llevar a verlo en su ascenso y maduración como magnate en el capitalismo norteamericano. Tiene sin embargo este final inquietante, este final fascinante que Orson Welles mismo intentó mantener con la famosa palabra rosebud, que es la bola que le cae a Kane cuando muere: es ese hombre encerrado en medio de su riquezas artísticas no abiertas. El hombre que ha alcanzado el máximo poder intentando ahora conseguir la gloria, pero que no se acaba de atrever a abrir las cajas que para él la representaban.

 

[Publicado el 13/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Galería, espectros, Kane, Hearst]

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Galería de espectros: el Monje

Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto a lo lejos el del Monje.
Delfín Agudelo: ¿Hablas de “El monje a la orilla del mar” de Friedrich?
R.A.: Sí, en efecto. Ese monje que prácticamente se pierde en los azules oscuros del cuadro y que a mi modo de ver representa un sentimiento muy contradictoria pero en cierto sentido también complementario. De un lado la sensación de separación de la naturaleza, la sensación de escisión respecto al cosmos, pero por otro lado paralelamente el sentimiento de nostalgia, el sentimiento de anhelo de unión con lo cósmico, el anhelo de unión con lo universal. De manera que en ese cuadro la propia actitud de esa figura casi sobre insinuada del monje me parece que se concentra muy bien toda la pulsión trágica del romanticismo en la cual se produce ese antagonismo entre la sensación de lejanía y al mismo tiempo el deseo de comunión con la naturaleza. Por otro lado es un cuadro que tiene unas características a mi modo de ver revolucionarias porque en él Friedrich lo que hace es revocar lo que es la tradición renacentista de la perspectiva, intenta que el espacio sea un espacio que en lugar de adquirir la profundidad de la perspectiva caiga sobre el propio espectador, y en ese sentido rompe con lo que es la tradición pictórica europea. En el recuerdo del monje y en el recuerdo de esa pintura en que hay esos tres reinos –el de la tierra, el del mar y el del cielo, entremezclándose- siempre me traslada al comentario que hizo el escritor Heinrich Von Kleist cuando contempló por primera vez este cuadro que fue un cuadro que provocó un gran escándalo en su época cuando fue expuesto por primera vez. Dijo: “Contemplar la pintura de Friedrich es lo mismo que mirar sin párpados”. Eso me impresionó por la sensación de la retina del espectador que deja de estar encuadrara por los mimos párpados y creo que tiene que ver con este efecto avasallador de la pintura de Friedrich.

[Publicado el 12/5/2008 a las 14:57]

[Etiquetas: El monje frente el mar, Friedrich, galería, espectros]

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Guerrilla de la imaginación

Claude Monet, "Boulevard des Capucines", 1873Rafael Argullol: Esa fusión de comunidades está originando una especie de caos narrativo que puede ser extraordinariamente fértil en el futuro, pero siempre tenderá a ser asfixiado y obturado por lo que es el discurso monolítico que está gestionado desde los medios del poder.
Delfín Agudelo: Esta gigantesca mezcla de narraciones y narrativas se crea en la megápolis y, si bien muchos de estos textos creados no hacen referencia explícita a la megápolis como tal, muchos sí la caracterizan. En esa medida, para que esto suceda, creo que hay un momento en que la megápolis tiene que caer en cuenta de que lo es; el ciudadano de la metrópolis lo supo en su momento, a finales de siglo XIX. El parisino se reconoce en una capital cultural de occidente. Hay un caso distinto en el siglo XX, que es de quien se reconoce en la megápolis.
R.A.: Creo que hay una gran diferencia respecto al paso de la ciudad tradicional a la metrópolis, y de ésta a la megápolis La metrópolis todavía tuvo mecanismos de autorreconocimiento, muy convulsos, porque en muchos casos implicaron grandes cismas, revolucionarios y contrarrevolucionarios. En el terreno del arte, luchas sin cuartel entre vanguardias y núcleos de conservación y tradición. Pero hubo todo un proceso de autorreconocimiento y es ahí donde podemos encontrar la gloria creativa, por así decirla, de ciudades como París, Londres, Nueva York, Viena o Londres, en ese proceso. En definitiva, desde Baudelaire en adelante, el arte moderno forma parte de ese caudal de autorreconocimiento. No creo que hubiera podido ser posible lo que llamamos vanguardia histórica si no hubiera sido en el seno de ese autorreconocimiento de la metrópolis. A pesar de que aumentaba de manera gigantesca sus proporciones, conservaba la posibilidad de establecer señas de identidad, aunque fueran muy elásticas. En cambio, en el caso de la megápolis, una de sus características es que impide el autorreconocimiento a sus propios pobladores. Es decir, el poblador de la megápolis solo en parte tiene un vínculo emocional de conexión con ese habitad. Y lo tiene en cuanto diríamos aún recuerda el momento en que era una ciudad. Pero por lo general lo que se impone es ese alud de amnesia, continuamente cortado por grandes borracheras de actualidad, y con unos habitantes que giran alrededor de esas borracheras. Más que un autorreconocimiento de la megápolis, se da una especie de resistencia, casi diríamos de guerrilla de la imaginación o del relato que remite a las propias raíces y tradiciones, que es lo que transcurre en ese mundo diseminado y subterráneo.

[Publicado el 09/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: metrópolis, megápolis, identidad, Baudelaire, ciudad]

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Con o sin el diablo

Hace un par de semanas asistí a un concierto inusual. Fue en el pequeño auditorio de Santa Coloma de Gramanet, una población del cinturón barcelonés. En el transcurso del concierto la violinista ucraniana Ala Voronkova interpretó, seguidos, los veinticuatro caprichos de Niccolò Paganini, algo completamente excepcional dada la extrema dificultad de muchos de ellos. Fueron dos horas de música difícil y magnética en las que Voronkova, plantada en el centro de un escenario de madera desnudo y sin ornamentación alguna, hacía luchar el arco con las cuerdas en una equilibrada combinación de virtuosismo y furia. Aparte de la habilidad técnica el esfuerzo físico de la interpretación era tan grande que los espectadores permanecíamos en vilo, temerosos de que algo interrumpiera aquel derroche sonoro.
Entre capricho y capricho era imposible no pensar en la enorme cantidad de horas de aprendizaje y ensayo ocultas bajo aquella interpretación que tras la forma apasionada de la escuela rusa, en la que se ha educado Voronkova, dejaba adivinar un milimétrico rigor. Si la música que llega a los oyentes es siempre la pulcra y brillante cabeza del iceberg que destaca sobre la enorme montaña sumergida de los ensayos y repeticiones que los intérpretes han debido realizar para que acabe brillando aquella luz, en el caso de los caprichos de Paganini el amontonamiento de horas necesario para llegar al concierto al que estábamos asistiendo debió de ser descomunal.
Voronkova se había enfrentado a los sonidos limítrofes de una música casi imposible. Paganini mismo, a pesar de su proverbial desmesura, no parece que interpretara nunca los veinticuatro caprichos en un único concierto y es bien conocido el terror de los violinistas de su época ante las envenedadas partituras del maestro de Génova. En algunos de los caprichos la andadura hacia las fronteras musicales por parte de Paganini es tan decididamente temeraria que queda en entredicho su propia capacidad para conseguir que aquello sea música.
Y en efecto, en manos de Ala Voronkova, y a través de su violín, la música de Paganini parecía expandirse por el pequeño auditorio como una música que luchara contra sí misma, un juego de mil disonancias en busca de una secreta armonía. En muchos momentos los caprichos se erigían en una premonición del estilo futuro, anunciando las salvajes alegrías y los tormentos de la música del siglo XX. Había algo simultáneamente diabólico y angelical en aquella persecución del gozo en medio del caos.
Recordé el delicioso relato Noches florentinas de Heinrich Heine en el que se alude a la leyenda que rodeaba a Niccolò Paganini y se recrea uno de sus conciertos en la ciudad de Hamburgo. Heine, buen conocedor del ambiente musical de su tiempo, encuadra su narración en los días de la muerte inesperada del joven Bellini y de la muerte falsa del viejo Paganini, un sonado error periodístico que fue la comidilla de la época. La anécdota le sirve para introducir al lector en el supuesto pacto de Paganini con el diablo para llegar a componer una música imposible. (Un siglo después Thomas Mann haría uso de retazos de esta leyenda para describir un pacto semejante aunque de consecuencias más dolorosas en su novela Doctor Faustus).
El gran talento narrativo de Heine hace que se desplieguen con precisión las siluetas que conforman el demonismo de Paganini. De entrada ninguno de los mejores pintores ha logrado plasmar el rostro del músico. O lo embellecen demasiado o por el contrario lo afean en exceso. La personalidad de Paganini se escabulle ante la mirada de sus contemporáneos. Hay, sin embargo, una excepción, la del oscuro pintor John Meter Lyser, quien con escasos trazos de lápiz supo representar tan bien al violinista que, según Heine, la gente que veía la obra no sabía si reírse o aterrorizarse ante la fidelidad del dibujo.
La particularidad de este retrato tan fiel es que ha sido llevado a cabo por un pintor que jamás pudo escuchar la música de Paganini pues era sordo. La sordera de Lyser, amigo personal de Heine, le sirve a éste para trasladar al lector la idea de que la música imaginada por el compositor estaba más allá de los sonidos emitidos por el violín: un pintor sordo lo había captado con más hondura que los otros pintores. Lyser, por su parte, está seguro de que es el mismo diablo quien ha guiado su mano.
Heine enlaza esta declaración con la fantasmagórica historia que se contaba en Italia acerca del criado que acompañaba siempre a Paganini, una especie de Mefistófeles que se había convertido en la sombra del compositor fáustico. Quedaba claro así que Paganini había vendido el alma y que el diablo le hacía compañía para que no se le escapara. Con su ironía habitual Heine se ríe de la leyenda del sospechoso criado, un tipo vulgar y adulador que bailotea alrededor de la delgada e imponente figura de Paganini, quien para confirmar su fama siempre va vestido con una lúgubre levita. Aunque en apariencia el criado o secretario se llama Georg Harrys, un escritor de comedias, en la realidad es el diablo quien ha ocupado el cuerpo del pobre Harrys dejando su alma, junto con otros trastos, en un arcón de Hannover.
El resto de la primera noche florentina de Heine es una sensacional recreación de un concierto de Paganini en Hamburgo. En ella queda claro que para el escritor alemán – quien al parecer asistió a varios conciertos del violinista –el demonismo de Paganini no es otra cosa que la exploración apasionada de los límites de la música. A lo largo de su descripción los sonidos arrancados al violín tanto hacen descender al espectador a abismos infernales, transformados ellos mismos en ángeles caídos, cuanto lo elevan a esferas celestiales, partícipes de una gracia imperecedera. En su enfrentamiento con los sonidos Paganini no toca el violín, como se suele afirmar, sino que batalla con él, lo arremete y se deja agredir. En el instante culminante del concierto da la impresión de que se rompe una de las cuerdas debido al continuo pizzicato. Pero nadie puede afirmarlo a ciencia cierta pues, tras la supuesta ruptura, Paganini continúa su interpretación, aun más vibrante y vigorosa de lo que había sido hasta entonces.
Creo que en su relato Heinrich Heine resume inmejorablemente la alegría y la ansiedad de la búsqueda de armonía en medio del torbellino. Quizá esto pueda resultar hoy día incomprensible para una época con cierta tendencia a la perversión pragmática y en la que la acumulación tecnológica amenaza con oscurecer los esplendores del misterio.
Pero si realmente resulta incomprensible –o como los espíritus acomodaticios repiten “demasiado utópico”- tanto más es de agradecer que alguien siga recogiendo el único reto que realmente vale la pena. Me hubiera gustado que Heine hubiera asistido al concierto de Ala Voronkova en el pequeño auditorio de Santa Coloma. Con diablo o sin diablo.
 
El País, 24/02/2008

[Publicado el 08/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Heinrich Heine, Paganini, capricho]

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Narraciones de Babel

Rafael Argullol: La megápolis es ese interesante organismo desde el punto de vista de la narración.

D.A.: Las distintas lenguas y distintos relatos bien pueden ser vistos como ciudadanos. Habrá aquellos que pueden caminar tranquilamente a sus anchas por las calles, habrá otros más escondidos, saliendo sólo en la noche, y también habrá otros que serán silenciados por los inmuebles centenarios.

R.A.: En nuestras megápolis conviven dos tipos de sustratos narrativos. Por un lado el sustrato que capta esa globalización universal, en el cual se produce esa clonización de la imaginación a la que antes nos referíamos, y, como si hubiera un subsuelo, la diseminación de relatos y de narraciones que provoca la nueva tribalización urbana. Dicho de otro modo: por un lado hay unos medios de comunicación hegemónicos, unas industrias culturales de gran poder que ofrecen una suerte de tiranía continua de la actualidad. Esa tiranía de la actualidad tiende a lo uniforme, a modelos crónicos, a focalizar mucho el presente de manera que se provoca una rápida amnesia respecto al inmediato pasado, y en definitiva lo que provoca esto es una especie de vertiginoso relato vertical de cada uno de nuestros momentos, que se veía acompañado de una perspectiva horizontal sin unos referentes claros. Eso es lo que podríamos llamar lo que está a la superficie, lo que está engarzado en los grandes centro de producción, de comunicación entre culturas de nuestra época. Pero junto con esto, evidentemente, nuestra megápolis ha creado toda una serie de circuitos subterráneos en que se cruzan y fecundan toda una serie de narraciones y de tradiciones narrativas que tienen una vivacidad extraordinaria. Por un lado tenemos el discurso hegemónico, potente, uniforme, cohesionado, estructurado, y por el otro lo que sin duda podríamos llamar el mundo del nuevo subsuelo, en el que hay una extraordinaria vitalidad fragmentada y en el que diseminada se está produciendo muchos diálogos y muchas conversaciones inimaginables del siglo XIX o XX. Hay esa fusión de comunidades que llevan sus propias tradiciones, y esto está originando una especie de caos narrativo que puede ser extraordinariamente fértil en el futuro, pero que evidentemente siempre tenderá a ser asfixiado y obturado por lo que es el discurso monolítico que está gestionado desde los medios del poder.

 

[Publicado el 07/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: narraciones, sustratos, comunicaciones]

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X. Palabras en la megápolis. Literatura y megápolis

Imágen aérea del DF, www.imagenesaereasdemexico.comRafael Argullol: Pero hay un peligro de esa clonación de la imaginación.
Delfín Agudelo: Pensemos directamente en la megápolis latinoamericana. ¿Cómo crees que funciona esta clonación de la imaginación en una ciudad que ha rebasado todos los límites de lo que es una metrópolis?
R.A.: Habría que meditar sobre los cambios del lenguaje y sobre los cambios del relato en la ciudad que es protagonista de principios del siglo XXI, que sin duda no es ya la metrópolis sino la megápolis. Habría que reflexionar porque nosotros tradicionalmente hemos vinculado “civilización” a “ciudad”. Incluso en nuestras raíces históricas, civitas y civilización provienen de la misma raíz, y en el momento en que hemos intentado sintetizar el paisaje de la modernidad se ha aludido repetidamente a la metrópolis como el gran laboratorio de la modernidad. Así, por ejemplo, si consideramos el asentamiento de las grandes metrópolis en el siglo XIX vemos que el relato del universo burgués, pero también los relatos alternativos, o relatos subversivos, tienen lugar de una manera preferente en esa nueva metrópolis que origina la revolución industrial. Ahí es fácil ver cómo la literatura europea se organiza alrededor de ciudades como París, Londres, Berlín y Viena, y la literatura americana se organiza alrededor de ciudades como Nueva York, México, Buenos Aires, Bogotá o Río de Janeiro. Esto es todavía el panorama del siglo XX. El cambio radical se produce en éste último tercio, cuando nuevos desplazamiento migratorios, nuevas revoluciones demográficas transformarán por completo el tejido urbano, de manera paralela a como se produce todo el sistema de globalización de la comunicación en el que tanto insistimos en los últimos decenios. Y eso da lugar a ese organismo que es especial no solamente desde el punto de vista del hábitat sino desde el punto de vista de la narración: la megápolis.

[Publicado el 06/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: literatura, megápolis, relato]

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Galería de espectros: "La danza de Salomé"

"La aparición", Moreau, 1875Rafael Argullol: Hoy, en mi galería de espectros, he visto el de “La danza de Salomé”.

Delfín Agudelo: ¿Piensas en Salomé o en San Juan Bautista?

R.A.: Cuando pienso en Salomé pienso en San Juan Bautista, y cuando pienso en San Juan pienso en Salomé: creo que es una de las negras parejas de baile más íntimas de toda la historia del arte, y el arte lo que ha querido así. Hay todo aquello que nosotros podamos ver representado desde el punto de vista de lo erótico y lo tanático en sus fronteras más limítrofes. Y pienso en la cautivante bailarina Salomé, que ha hecho volver loco a Herodes, y que por iniciativa de su madre finalmente acepta que sea decapitado San Juan Bautista; en la danza de Salomé con la cabeza de San Juan Bautista en la bandeja; en las múltiples pinturas que han querido interpretar esto o en la propia música de Strauss en su ópera sobre el tema. Tiendo a pensar la extraña seducción que ha tenido la pintura por las decapitaciones. La pintura ha representado ampliamente a David y Goliat, a Judit y Holofernes, y precisamente también a San Juan Bautista —o su cabeza ya decapitada— en manos de Salomé. Pienso en Salomé como esa mujer extremadamente joven, una adolescente que encarna a las mil maravillas la inocencia perversa porque tal como nos lo cuenta la historia bíblica, de la misma manera como ha sido recogido en las sucesivas interpretaciones, es por un lado completamente inocente porque cede a la presión de los adultos, en este caso la de su propia madre, y a partir de esta inocencia desarrolla una de las coreografías o bailes más perversos que puedan concebirse. En consecuencia, creo que ahí se llega a la ecuación más exacta, meticulosa del erotismo, que es la ecuación que dosifica de manera exacta la inocencia y la perversidad. Sería en cierto modo la femme fatale pero malgré lui.

[Publicado el 05/5/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: galería, espectros, Salomé, San Juan Bautista]

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El peligro de la clonación

Rafael Argullol: La migración tiende a dinamizar la imaginación. Son dos movimientos contrapuestos y estamos metidos entre ambos.
Delfín Agudelo: El único salvamento sería que cada uno de los elementos que conforman la nueva ciudad cargue con su propio terruño.
R.A.: Es muy importante mantener señas de identidad en medio de un gran viaje universal o que el viaje universal sirva para crear las señas de identidad. Es muy importante comprender que el viaje de la experiencia humana es un viaje que ha ampliado mucho sus horizontes. El viaje no es únicamente conocer tu comarca, tu país o tu región, sino que tienes de alguna manera el derecho y el deber de contrastarte con todas las tradiciones del mundo, no para disolverte en una especie de nada homogénea, sino crear unas señas de identidad propias, para crear una nueva patria. Soy de los que cree que la patria no está al inicio sino al final, es lo que vamos construyendo. Claro que hay una patria natalicia, donde hemos nacido cada uno, pero de alguna manera ahora tenemos la posibilidad y obligación de tener un viaje iniciático, un viaje de la experiencia que tiene unas posibilidades amplísimas, no para disolvernos en él y quedar clonados en una especie de falta de identidad universal, que es lo que a veces parece que es la invitación del capitalismo y de los medios de comunicación actual, sino para ir construyendo tu propia patria personal a partir de mimbres mucho más variados y ricos de los que podía tener como posibilidades alguien del siglo XIX. Por tanto hay una dialéctica muy delicada entre lo universal y lo particular, que creo que es lo que podemos enriquecer, porque de lo contrario esas grandes posibilidades que nos plantea la comunicación universal se pueden anular por la presencia infinitamente repetida de lo mismo. Y ese peligro se está produciendo entre nosotros por ejemplo en el cine, donde hay una especie de clonismo argumental terrorífico, que muchas veces vive contra el estado porque tenemos acceso a tradiciones cinematográficas mucho más ricas que hace 50 años.  Pero hay un peligro de esa clonación de la imaginación.

[Publicado el 30/4/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: clonación, imaginación, identidad, viaje iniciático]

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Flujos, trampas

Rafael Argullol: La música europea del siglo XX, la mala música clásica, se ha empeñado en una especie de experimentación hasta el abismo de la propia tradición europea a lo largo del siglo XX. En el siglo XXI será completamente distinto: la experimentación será mezclarse con las otras tradiciones del mundo, con lo cual cambia completamente la perspectiva.

Delfín Agudelo: En principio no había más diferente que a música clásica y la música latinoamericana tropical. El imaginario de cada uno de estos elementos es completamente distinto: la clásica inspira el genio musical europeo del siglo XIX, mientras que el tropical funciona más bien como ese imaginario de no hacer más que bailar y disfrutar de la vida.

R.A.: La diferencia es que en el momento en que un compositor culto, un llamado compositor clásico de música clásica, bebía en las propias fuentes folclóricas y populares para renovar su misma música, cosa que han hecho prácticamente todos los grandes compositores, desde Mozart, Beethoven, Mahler y Tchaikovsky. En América, Héctor Villalobos: todos los hicieron. En estos momentos el folclore y lo popular para un compositor musical es la cultura popular y la cultura popular de todo el mundo. Esta es la gran variación: no es falta decir que se renovará a través del folclore español, o Villalobos a partir del brasileño. Ahora un compositor de cualquier lugar del mundo tiene como materia prima popular para la renovación de su música todas las tradiciones musicales del mundo.

D.A.: Lo más interesante será la caracterización nueva de esa ciudad en la que está transcurriendo todo entre el sigo XX y XXI, Barcelona y Madrid, que están no sé si recuperando, pero sí obteniendo un protagonismo a nivel latinoamericano que no se había tenido a través del siglo XX o XIX. Después de las independencias, Latinoamérica mira a todas partes menos a España. Ninguno quiso ir a Madrid: quería ir a París, como cualquier otro joven, pero si no es París es otra ciudad. Ahora, luego de la migración, se retoma un flujo que es volver al antiguo país conquistador, pero se está creando una mezcla muy grande precisamente en Barcelona. Me encanta ver cómo Barcelona, sujeta a estas migraciones, se va metamorfoseando, ampliando sus limites físicos, musicales y literarios, y abre espacios a más culturas: la calle Trafalgar es calle china, en ciertas partes del Eixample ves supermercados latinos, en fin, se abre un dinamismo…
 
R.A.: Sí, puede ser un fenómeno creativo de carácter revolucionario, con un peligro que evidentemente se está advirtiendo y cada vez más es que la fuerza oscura respecto a esa fuerza positiva es el peligro de la homogeneización, es decir, que todo se parezca demasiado. El proceso de globalización que implica también una globalización del imaginario, origina dos movimientos contrapuestos completamente distintos: uno de carácter positivo, y otro muy peligroso. El positivo es el que ya referimos, el de la creación de nuevos monstruos de la imaginación a través de nuevas mezclas que a la fuerza renuevan las propias tradiciones. El peligro es que esto sea en cierto modo masacrado por esta especie de Moloch universal que es el capitalismo actual con sus medios aplastantes e uniformadores de comunicación, y que creo eso que de alguna manera ya estamos padeciendo cuando viajamos de una ciudad a otra: los mismos anuncios, los mismos comercios, las mismas películas… vivimos en un mundo sometido a una tensión de dos movimientos muy contrapuestos, uno por así decirlo fáustico, y otro mefistofélico. Uno muy creativo y otro que está siendo muy destructivo por el hecho de que está clonando las ciudades. Los medios de comunicación masivos en su dimensión global tienen a clonar la imaginación. La migración viva de las personas con sus historias, con sus relatos orales, etc, tienden a dinamizar la imaginación, son dos movimientos contrapuestos y estamos metidos completamente entre ambos.

 

[Publicado el 29/4/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Europa, Latinoamérica, Barcelona, música]

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Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

 

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

Bibliografía

El Hijo y el Único
 

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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