El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
2008 es año de dos elecciones presidenciales que nos afectan: la de EE UU, y la del Consejo Europeo. Los ganadores asumirán ambos sus cargos en enero de 2009. Las primeras tienen fascinado al mundo entero y especialmente a los europeos, porque abren nuevas perspectivas después de los años de Bush y por la dura batalla en las primarias demócratas entre Hillary Clinton y Barack Obama -una mujer y un negro- y un políticamente resucitado candidato republicano, John McCain. Las europeas no están interesando, y a estas alturas ni se sabe quién puede ser candidato. Y sin embargo, la Unión Europea estaría necesitada de un auténtico presidente, y si no es auténtico, al menos con peso político.
Las elecciones americanas no son directas, sino que los ciudadanos elijen unos compromisarios que a su vez designan al nuevo presidente. Pero es un ejercicio democrático. Para el presidente del Consejo Europeo, el colegio de electores sumamente reducido: sólo los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la máxima institución política en la UE. El presidente de EE UU será el hombre o mujer más poderoso del mundo. El de la UE, no, pues, aunque no será un mero florero, sus poderes se limitarán a un cierto control de la agenda, y a asegurar la continuidad entre una reunión y otra, aunque la dinámica del cargo puede llevarle a más. Todo ello suponiendo que los irlandeses o los polacos no metan nuevos sustos, y la ratificación del Tratado de Lisboa (que reemplaza a la non nata Constitución Europea) se culmine a tiempo. Pero no será el suyo el teléfono único al que se pueda llamar desde la Casa Blanca para resolver embrollos o diseñar actuaciones en común con la UE.
En el caso del presidente de EE UU, los ciudadanos votan. En el de Europa, hay sondeos, aunque no es probable que los mandatarios les hagan caso. Así, según una encuesta publicada la semana pasada por el Financial Times en los cinco países más poblados de la UE, los ciudadanos, especialmente los de Francia, Italia y España, preferirían una figura de peso al frente del Consejo Europeo, ya se trate de Tony Blair (aunque hay una campaña en su contra, http://stopblair.eu/), Angela Merkel, Felipe González (el que más apoyos recibe de todos), Romano Prodi, Anders Fogh Rasmussen o Jean Claude Juncker. Incluso se habla de la posibilidad de que Durao Barroso cruce la calle y pase de presidente de la Comisión Europea, al Consejo. La tesis predominante alemana es que el presidente debe provenir de un país de la zona euro y del espacio Schengen, lo que excluiría a Blair (al que no quieren los democristianos alemanes), pero también a cualquiera de casi todos los nuevos Estados miembros. Esta elección requerirá complejos equilibrios entre grandes y pequeños, nuevos y viejos, norte y sur y este y oeste.
En todo caso, no está ni mucho menos garantizado que los 27 vayan a elegir a un político de peso de un gran país, pues lanzarían un mensaje sorprendente de que la UE quiere dotarse de una identidad política fuerte. Por eso quizás el luxemburgués Juncker tendría posibilidades: eficaz, no despierta sin embargo temores, aunque fuera de su país es un desconocido. La campaña -que sólo de una manera preliminar comenzó en la reunión del último Consejo Europeo diez días atrás en Bruselas- será entre bambalinas. La criba aún no ha empezado, pero, indican fuentes comunitarias, los 27 actuales han señalado su voluntad de que sea "uno de ellos" o al menos alguien que conozcan bien, de los que han negociado la Constitución Europea y el Tratado de Lisboa. Así, en el caso europeo, el colegio de electores coincidiría prácticamente con el colegio de elegibles. Pese a que se trata de un grupo de demócratas, no es una elección democrática.
Aunque las presidencias nacionales rotatorias cada seis meses no desaparecen, sí perderán relevancia cuando exista el nuevo presidente del Consejo Europeo. Esto es algo que están sopesando los españoles que han empezado a preparar la próxima presidencia española en el primer semestre de 2010, pues en este sentido será diferente, menos nacional, que las otras presidencias anteriores que ha ejercido este país.
Ni la Convención que preparó la Constitución fue comparable a la de Filadelfia que redactó la Carta Magna de EE UU, ni el texto hizo honor su nombre (y luego se jibarizó en Tratado de Lisboa), ni el presidente es realmente un presidente de Europa. Claro que el ya no así llamado ministro europeo de Asuntos Exteriores, no cambia en atribuciones, sino de nombre, quedándose en alto representante. Pero a la hora de elegir presidente de Europa, ¡quién fuera americano!
Publicado en El País, 24 de marzo de 2008
[Publicado el 24/3/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: presidente, Estados Unidos, Unión Europea]
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¿Qué hubiera pasado en las últimas semanas de no haber existido el euro? Con la crisis política italiana, la lira se hubiera ido al garete, y tras el agujero descubierto en la Société Générale, el franco francés se hubiera tambaleado. No digamos la peseta cuando el Gobierno decidió retirar las tropas españolas de Irak, pues en parte se puede decir que el euro permitió suavizar esa retirada al hacernos menos vulnerables. Y ante las últimas turbulencias en los mercados, pocos no se hubieran dejado tentar por unas devaluaciones competitivas de sus monedas. Sí, estos días podemos ver lo que vale el euro como elemento protector, aunque no sirva para esquivar los vaivenes bursátiles.
"La moneda única nos protege de los shocks exteriores", decía recientemente el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia. Le faltó añadir: también de algunos interiores. Y si la situación económica empeora, la zona euro "dispone de más margen de maniobra para reaccionar" gracias a la consolidación presupuestaria de la mayoría de los países.
Por eso la cumbre informal el pasado martes en Londres del supuesto directorio europeo -Brown, Merkel, Sarkozy y Prodi (más Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, pero que no es la personificación hegeliana de la idea de Europa) había algo de falso. Para empezar, el país anfitrión, el Reino Unido, no está en la moneda única, e incluso su primer ministro pareció utilizar esa cita para tapar su vergonzante firma (tarde, sin los demás) del Tratado de Lisboa y el intento de que su ratificación pase desapercibida en el Parlamento de Westminster. Prodi se tambalea. Y Sarkozy y Merkel no acaban de entenderse. Así, no se hace un directorio que aunque no se llamase así sería algo útil, y al que se tiene que incorporar España.
Ahora bien, con directorio o sin él, en la UE de 27 cuenta hasta el más pequeño. El reparto del peso ha cambiado en el Tratado de Lisboa, con los más poblados con más votos, pero no evitará escapar a la tediosa búsqueda de consensos o mayorías entre 27. Eso es la UE. Para reflejar la nueva realidad, en Londres o en otros lugares, tenía que haber estado presente el Eurogrupo, de los países del euro, al menos su presidente, el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker. Al euro, aún le falta perfil político.
La introducción del euro ha hecho subir los precios en todos los países que lo han adoptado. También trajo consigo una notable bajada de los tipos de interés que si suben ahora es por las turbulencias de los mercados, la contracción crediticia y la subida de los préstamos entre bancos. Pero el euro nos ha protegido, no sólo de hacer tonterías nosotros, sino de que nos las hagan. De momento, el Banco Central Europeo no baja los tipos de interés. Ante el rebrote de inflación, nadie se lo pide, salvo los franceses, y en esto casi nadie les sigue. Lo que haría que el BCE bajara los tipos sería una crisis económica más grave o que el dólar se derrumbase.
Estamos cambiando con el euro. Pero falta pensar en europeo. Hoy, como señalaba un analista español, "el superávit comercial alemán también es nuestro". El propio Almunia cree que la UE, y especialmente el Eurogrupo, tiene que hacer valer su propio peso. Pese a estar prevista en los tratados, no hay supervisión europea, no digamos ya global, de las entidades financieras y crediticias. Sigue siendo básicamente nacional, lo que resulta insuficiente.
Europa puede avanzar sin complejos. Desde hace unos años, EE UU era el ejemplo a seguir. En estos momentos, ya no. Varios de los países europeos, en particular los nórdicos (algunos de los cuales aunque no estén en el euro están pegados a él), están a la cabeza de los logros en materia de competitividad y justicia social. Pero no hay que perder de vista que estamos en una economía globalizada. 400 euros de más para el consumo del contribuyente, si realmente se consumen, acabarán en una gran parte en manos de los chinos u asiáticos si se gastan en la compra de nuevos televisores, móviles o ropa. Lo mismo puede pasar con EE U, con el paquete de estímulo fiscal, pero justamente por eso lo espera el resto del mundo, para que los consumidores americanos sigan tirando del resto.
Hemos cambiado de estructuras monetarias. No aún de estructuras mentales. Aunque quizás el mayor problema de Europa, de la idea europea, es que le falta narrativa y aburre. Se puede morir de éxito; también de aburrimiento.
Publicado en El País, lunes 4 de febrero de 2008
[Publicado el 04/2/2008 a las 07:00]
[Etiquetas: Euro, Brown, directorio, Unión Europea, Eurogrupo]
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Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.
Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.
Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.
Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.
La razón de Europa (1994), Aguilar.
El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.
Artículo
"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)
Entrevista en la edición online de Newsweek.
2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).
02/7/2008 14:14
EL CLUB MOLT DISTINGIT CUINER...
Publicado por: JBVC
02/7/2008 14:04
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Publicado por: JBVC
27/6/2008 18:50
hola mi nombre es Andrea estoy...
Publicado por: Andrea Mejia
24/6/2008 03:36
perdon soy alumna de la facultad...
Publicado por: brenda avendaño
24/6/2008 03:35
hola soy alumna de 8 sem de la...
Publicado por: brenda avendaño
16/6/2008 11:02
hola, que tal estais, soy un...
Publicado por: Patricio Ndjeng Nchama
10/6/2008 22:34
Buenas Tardes, soy egresada de...
Publicado por: Nidia Burciaga
04/6/2008 21:09
Publicado por: Luisa Montero Chable
28/5/2008 00:54
Publicado por: wil
16/5/2008 05:18
Publicado por: Javier
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